jueves, 3 de septiembre de 2020

🔥🚨 3 DE SEPTIEMBRE DE 1989: LA BENGALA QUE NUNCA TOCÓ AL “CÓNDOR”… Y EL ENGAÑO QUE DEJÓ A CHILE FUERA DE DOS MUNDIALES 🇨🇱🇧🇷⚽


El 3 de septiembre de 1989, ante más de 140.000 espectadores en un Maracaná desbordado, Brasil y Chile disputaban mucho más que un partido: estaba en juego la clasificación al Mundial de Italia 1990. Ambas selecciones habían llegado a la última fecha del Grupo 3 igualadas en puntos, pero la diferencia de goles favorecía a Brasil; al conjunto local le alcanzaba con empatar, mientras que Chile estaba obligado a ganar. El primer tiempo terminó 0-0 y mantuvo viva la ilusión chilena, pero apenas cuatro minutos después del descanso Careca recibió un pase de Bebeto y marcó el 1-0 que acercaba definitivamente a Brasil al Mundial. Mediado el segundo tiempo ocurrió lo que convertiría aquella eliminatoria en uno de los mayores escándalos de la historia del fútbol sudamericano. Desde la tribuna situada detrás del arco chileno, una joven brasileña de 24 años, Rosenery Mello, lanzó un señalizador que cayó sobre el césped cerca del arquero Roberto “Cóndor” Rojas. Entre humo y confusión, Rojas apareció tendido en el suelo y segundos después mostraba el rostro cubierto de sangre. Sus compañeros rodearon al árbitro argentino Juan Carlos Loustau, denunciaron que el arquero había sido alcanzado y terminaron retirándose del campo. Brasil esperaba; Chile no regresó y el encuentro quedó inconcluso con el marcador 1-0. Durante unas horas la situación parecía gravísima para Brasil: si se demostraba que el arquero había resultado herido por un proyectil procedente de las tribunas, podían abrirse sanciones deportivas severas. Pero una cámara fotográfica había observado aquello que miles de espectadores no pudieron distinguir entre el humo. El fotógrafo argentino Ricardo Alfieri hijo, que aquella noche trabajaba para la revista japonesa Soccer Magazine, había disparado una extraordinaria secuencia de fotografías desde el campo. Las imágenes mostraban que la bengala pasaba detrás de Rojas y caía aproximadamente a un metro de él sin tocarlo. Alfieri recordaría que tomó unas 14 o 15 fotografías del episodio; su documentación fue entregada a los dirigentes brasileños y terminó convertida en una de las pruebas fundamentales utilizadas ante la FIFA. Así, además del árbitro argentino Loustau, otro argentino quedó involuntariamente ligado para siempre a aquella noche: el fotógrafo que ayudó a desmontar la farsa. Entonces apareció la pregunta inevitable: si la bengala nunca había golpeado a Rojas, ¿de dónde provenía la sangre? La investigación terminó revelando que la lesión no correspondía al impacto ni a una quemadura. Rojas había provocado deliberadamente el corte aprovechando la nube de humo. Con el tiempo el propio arquero reconoció que llevaba oculta una hoja cortante en su guante y resumiría su acción con una frase devastadora: al cortarse con la cuchilla también había cortado su propia dignidad. La estrategia pretendía transformar una derrota deportiva casi inevitable en un problema de seguridad que pudiera provocar la anulación del encuentro, su repetición en terreno neutral o alguna sanción contra Brasil. Pero ocurrió exactamente lo contrario. FIFA dio finalmente el encuentro por ganado a Brasil por 2-0, resultado administrativo que aseguró la clasificación brasileña a Italia 1990. Roberto Rojas recibió inicialmente una suspensión de por vida —FIFA le concedería una amnistía en 2001— y el castigo terminó alcanzando a buena parte de la estructura chilena: el entonces presidente federativo Sergio Stoppel fue suspendido de por vida, mientras que el seleccionador Orlando Aravena y Fernando Astengo recibieron largas sanciones. La medida más dolorosa para el fútbol chileno llegó en diciembre de 1989: FIFA excluyó a Chile de las eliminatorias para el Mundial de Estados Unidos 1994. Y todavía quedaba un personaje inesperado. Rosenery Mello, la joven que había arrojado el señalizador, pasó en cuestión de horas del anonimato a convertirse en la célebre “Fogueteira do Maracanã”. Fue detenida y liberada posteriormente, alcanzó una notoriedad extraordinaria en Brasil e incluso apareció meses después en una revista para adultos. Sin proponérselo, había proporcionado la oportunidad perfecta para ejecutar una maniobra preparada para alterar el destino de una eliminatoria mundialista. Aquel 3 de septiembre quedó grabado como el “Bengalazo”, el “Condorazo” o el “Maracanazo” chileno: una noche en la que una bengala que jamás golpeó al arquero terminó provocando consecuencias muchísimo mayores que cualquier impacto. Brasil viajó al Mundial; Chile no sólo perdió Italia 1990 sino también la posibilidad de disputar la clasificación para Estados Unidos 1994; Rojas vio terminar abruptamente su carrera internacional y una secuencia fotográfica tomada por un argentino se convirtió en prueba histórica. Más de tres décadas después, aquella imagen del arquero ensangrentado entre el humo continúa siendo una advertencia extraordinaria de cómo, en apenas unos segundos, una decisión desesperada puede transformar un partido de fútbol en un escándalo mundial. 🇧🇷⚽🇨🇱📸
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