El 25 de septiembre de 1898 nacía en el entonces departamento de Belgrano —actual Godoy Cruz— Julio Genaro Quintanilla, una de las figuras más singulares, sensibles y olvidadas de la cultura mendocina del siglo XX. Poeta, escritor y periodista, Quintanilla perteneció a aquella generación que convirtió la montaña, las acequias, los viñedos, los gauchos, los arrieros, la historia sanmartiniana y las noches de guitarras en materia poética. Fuentes mendocinas lo recuerdan como un bohemio de figura inconfundible, vestido habitualmente de negro, de sombrero amplio y corbata, recorriendo cafés y barrios de una Mendoza que todavía conservaba mucho de pueblo. Escribía versos en cualquier papel que tuviera a mano y, según testimonios recogidos por sus biógrafos, muchas veces los entregaba a músicos y cantores sin preocuparse demasiado por conservarlos o reclamar su autoría. Esa generosidad hizo que una parte considerable de su producción quedara dispersa o inédita. Su madre fue Emilia Quintanilla Orozco. Sobre su padre existe una antigua versión biográfica, recogida incluso por el filósofo e historiador mendocino Arturo Andrés Roig, según la cual habría sido José Néstor Lencinas; se trata, sin embargo, de una tradición transmitida por testimonios y no de una filiación documentalmente demostrada. Desde niño mostró inclinación por las letras: estudió en el colegio Santo Tomás de Aquino y, según la reconstrucción biográfica de Gregorio Torcetta, a los doce años ya presidía un centro de exalumnos y publicaba poemas. Con el tiempo se convirtió en un ferviente defensor de las tradiciones cuyanas y en 1936 participó en la fundación de la Sociedad Nativa de Cuyo, dedicada a organizar festivales y encuentros nativistas. Pero fue en la canción popular donde parte de su poesía logró sobrevivir. Una recopilación de La Melesca basada en registros de SADAIC consigna 24 composiciones atribuidas a Quintanilla: nueve realizadas junto a Hilario Cuadros, seis con Milodar y Antonio Burmaz y tres con el bandoneonista Adolfo Cía. Entre las piezas documentadas aparecen “Alma vencida”, “Desde el abismo”, “La Generala”, “Mi terruño”, “Los zorzales de Tunuyán”, “Montañas mías”, “El Plumerillo”, “Sargento de Ayacucho” y “Lirio negro”; también figura “Canción de piedra”, con música de Alberto Rodríguez. Otra de sus creaciones más recordadas fue “Como se adora al sol”, realizada con Hilario Cuadros y llevada al repertorio popular mucho más allá de Mendoza. Su obra no se limitó al amor o a la nostalgia. Quintanilla escribió sobre San Martín, Picheuta, El Plumerillo, la Bandera de los Andes, los huarpes, los criollos, el paisaje y la historia regional. Una investigación académica reciente incluso recuperó que en agosto de 1944 Los Andes anunciaba la representación radial de “Un mulato de Chacabuco”, una estampa histórica escrita por él, demostrando que también trabajó con textos destinados al radioteatro. Su existencia estuvo atravesada por dificultades económicas y períodos que sus biógrafos describieron como de profunda tristeza y depresión. Falleció en Mendoza el 3 de mayo de 1950, con apenas 51 años. Su despedida fue tan humilde como dramática: un pequeño cortejo acompañó sus restos y su amigo Jesús González Lemos intervino para evitar que terminaran en una fosa común, impulsando posteriormente su traslado al panteón del Círculo de Periodistas. El tiempo, sin embargo, terminó concediéndole parte del reconocimiento que la vida le negó. Hoy un teatro municipal ubicado en la Plaza Independencia lleva el nombre Julio Quintanilla, al igual que una escuela mendocina, mientras sus versos continúan viviendo cada vez que una guitarra vuelve a interpretar aquellas canciones nacidas entre montañas, cafés y madrugadas. El Gobierno de Mendoza lo incluye entre los nombres destacados de las letras provinciales y ha dedicado encuentros específicos al estudio de su obra dentro del patrimonio lírico cuyano. A 128 años de su nacimiento, recordar a Julio Quintanilla es rescatar a un hombre que escribió mucho más de lo que pudo publicar y que dejó algo todavía más difícil de medir: palabras que terminaron mezclándose para siempre con la música, la memoria y el paisaje de Mendoza. #JulioQuintanilla #Mendoza #MendozAntigua #GodoyCruz #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #CulturaCuyana #FolkloreCuyano #MusicaCuyana #HilarioCuadros #LosTrovadoresDeCuyo #PoesiaArgentina #PatrimonioCultural #Efemerides #Cuyo #ArgentineHistory #MendozaHistory #ArgentineFolklore #CuyoMusic #CulturalHeritage #ArgentinePoetry #OnThisDay
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viernes, 25 de septiembre de 2026
🔥🎶 25 DE SEPTIEMBRE DE 1898: NACIÓ JULIO QUINTANILLA, EL POETA BOHEMIO QUE CONVIRTIÓ EL ALMA DE MENDOZA EN CANCIÓN Y CASI SE FUE EN SILENCIO
El 25 de septiembre de 1898 nacía en el entonces departamento de Belgrano —actual Godoy Cruz— Julio Genaro Quintanilla, una de las figuras más singulares, sensibles y olvidadas de la cultura mendocina del siglo XX. Poeta, escritor y periodista, Quintanilla perteneció a aquella generación que convirtió la montaña, las acequias, los viñedos, los gauchos, los arrieros, la historia sanmartiniana y las noches de guitarras en materia poética. Fuentes mendocinas lo recuerdan como un bohemio de figura inconfundible, vestido habitualmente de negro, de sombrero amplio y corbata, recorriendo cafés y barrios de una Mendoza que todavía conservaba mucho de pueblo. Escribía versos en cualquier papel que tuviera a mano y, según testimonios recogidos por sus biógrafos, muchas veces los entregaba a músicos y cantores sin preocuparse demasiado por conservarlos o reclamar su autoría. Esa generosidad hizo que una parte considerable de su producción quedara dispersa o inédita. Su madre fue Emilia Quintanilla Orozco. Sobre su padre existe una antigua versión biográfica, recogida incluso por el filósofo e historiador mendocino Arturo Andrés Roig, según la cual habría sido José Néstor Lencinas; se trata, sin embargo, de una tradición transmitida por testimonios y no de una filiación documentalmente demostrada. Desde niño mostró inclinación por las letras: estudió en el colegio Santo Tomás de Aquino y, según la reconstrucción biográfica de Gregorio Torcetta, a los doce años ya presidía un centro de exalumnos y publicaba poemas. Con el tiempo se convirtió en un ferviente defensor de las tradiciones cuyanas y en 1936 participó en la fundación de la Sociedad Nativa de Cuyo, dedicada a organizar festivales y encuentros nativistas. Pero fue en la canción popular donde parte de su poesía logró sobrevivir. Una recopilación de La Melesca basada en registros de SADAIC consigna 24 composiciones atribuidas a Quintanilla: nueve realizadas junto a Hilario Cuadros, seis con Milodar y Antonio Burmaz y tres con el bandoneonista Adolfo Cía. Entre las piezas documentadas aparecen “Alma vencida”, “Desde el abismo”, “La Generala”, “Mi terruño”, “Los zorzales de Tunuyán”, “Montañas mías”, “El Plumerillo”, “Sargento de Ayacucho” y “Lirio negro”; también figura “Canción de piedra”, con música de Alberto Rodríguez. Otra de sus creaciones más recordadas fue “Como se adora al sol”, realizada con Hilario Cuadros y llevada al repertorio popular mucho más allá de Mendoza. Su obra no se limitó al amor o a la nostalgia. Quintanilla escribió sobre San Martín, Picheuta, El Plumerillo, la Bandera de los Andes, los huarpes, los criollos, el paisaje y la historia regional. Una investigación académica reciente incluso recuperó que en agosto de 1944 Los Andes anunciaba la representación radial de “Un mulato de Chacabuco”, una estampa histórica escrita por él, demostrando que también trabajó con textos destinados al radioteatro. Su existencia estuvo atravesada por dificultades económicas y períodos que sus biógrafos describieron como de profunda tristeza y depresión. Falleció en Mendoza el 3 de mayo de 1950, con apenas 51 años. Su despedida fue tan humilde como dramática: un pequeño cortejo acompañó sus restos y su amigo Jesús González Lemos intervino para evitar que terminaran en una fosa común, impulsando posteriormente su traslado al panteón del Círculo de Periodistas. El tiempo, sin embargo, terminó concediéndole parte del reconocimiento que la vida le negó. Hoy un teatro municipal ubicado en la Plaza Independencia lleva el nombre Julio Quintanilla, al igual que una escuela mendocina, mientras sus versos continúan viviendo cada vez que una guitarra vuelve a interpretar aquellas canciones nacidas entre montañas, cafés y madrugadas. El Gobierno de Mendoza lo incluye entre los nombres destacados de las letras provinciales y ha dedicado encuentros específicos al estudio de su obra dentro del patrimonio lírico cuyano. A 128 años de su nacimiento, recordar a Julio Quintanilla es rescatar a un hombre que escribió mucho más de lo que pudo publicar y que dejó algo todavía más difícil de medir: palabras que terminaron mezclándose para siempre con la música, la memoria y el paisaje de Mendoza. #JulioQuintanilla #Mendoza #MendozAntigua #GodoyCruz #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #CulturaCuyana #FolkloreCuyano #MusicaCuyana #HilarioCuadros #LosTrovadoresDeCuyo #PoesiaArgentina #PatrimonioCultural #Efemerides #Cuyo #ArgentineHistory #MendozaHistory #ArgentineFolklore #CuyoMusic #CulturalHeritage #ArgentinePoetry #OnThisDay
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