viernes, 2 de noviembre de 2018

Menem, Palito y el ataúd de Alberdi - Por Luciana Sabina


El cuerpo de Alberdi llegó a Tucumán por decisión de Menem para apoyar la candidatura de Palito Ortega. Luego de la derrota fue olvidado.

Juan Bautista Alberdi falleció el jueves 19 de julio de 1884 a las 11.30 de la mañana, en un hospicio de París. Sus amigos lo retiraron del pequeño cuarto donde pasó sus últimos instantes. 
Tres días más tarde se lo embalsamó. Sus restos se depositaron en un nicho de iglesia, para ser llevado el 18 de octubre al cementerio de Neuilly, aunque el abogado había comprado previamente un sepulcro, con busto y lápida incluidos, en el cementerio más importante de Francia: Père Lachaise. El lugar lleva este nombre en homenaje al Padre (Père) La Chaise, confesor de Luis XIV, el rey Sol. La tumba vacía del tucumano aún existe, se encuentra cercana a la de Edith Piaff y en el mismo lugar están los restos de Balzac, Bizet, Bourdieu, María Callas, Chopin, Comte, Delacroix, Molière, Oscar Wilde, Rossini y Jim Morrison, entre otros, como los famosos amantes Abelardo y Eloísa. 
Lo cierto es que, contrariando sus deseos en vida, Juan Bautista no ocupó aquel espacio parisino jamás. En 1889 su cuerpo fue trasladado a Argentina -a donde no deseaba regresar- y depositados en la bóveda de José F. Ledesma mientras se erigía un mausoleo aprobado por el Congreso Nacional, en La Recoleta. Alberdi ocuparía el mausoleo homenaje hasta 1991, cuando Carlos Menem decidió trasladar sus restos para apoyar la candidatura de Ramón "Palito" Ortega a la gobernación de la provincia.
El entonces presidente lo extirpó sin dar explicación alguna. El hecho de que los papeles del traslado se hicieran muchos días después de haberse concretado, dan muestra de aquella total carencia de sensatez, tan característica del menemismo. 
Pero el desfalco institucional al buen gusto y la solemnidad no terminó allí. El cuerpo del prócer llegó a Tucumán y cinco días antes de las elecciones se realizó un fastuoso desfile para homenajearlo. "Una vez terminados los actos -señala el historiador Eduardo Lazzari-, ganó el candidato oficialista. Entonces, el ataúd de Alberdi fue olvidado en una oficina de la Casa de Gobierno tucumana y comenzaron a apilar expedientes sobre él. Luego de diez años y por la queja de un ministro de la Corte Provincial le hicieron el catafalco actual". No dejamos de imaginar lo que hubiese escrito el Padre de la Constitución al respecto. 
En su obra teatral "La Revolución de Mayo-Crónica dramática", Alberdi pone en boca de Belgrano estas palabras ficticias: "Somos locos, porque pensamos que hay una justicia eterna que es llamada a gobernar el mundo. (…  ) Somos locos, porque pensamos que el reino de la razón ha de venir algún día, porque no queremos creer que los tiranos, y la impostura y la infamia, han de gobernar eternamente sobre la tierra (…  ) yo me lleno de orgullo de ser loco de ese modo. Yo me ennoblezco con la locura de creer como creo". 
Sin duda esa manía fue compartida por los grandes hombres que, como Juan Bautista Alberdi, levantaron nuestro país sobre la nada misma. Locos, sí. De los que no necesitaron de despojos humanos para montar farsas populistas. De los que supieron amar a su Patria y -por eso- aún son correspondidos.

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