Mucho antes de que Mendoza tuviera calles, plazas, viñedos y grandes arboledas, el agua ya recorría este territorio siguiendo caminos construidos por manos indígenas. Cuando los españoles llegaron al valle donde surgiría la ciudad en el siglo XVI, no encontraron simplemente un espacio árido esperando ser transformado: encontraron poblaciones originarias que conocían el territorio y una red de canales y acequias que permitía conducir el agua, regar cultivos y sostener asentamientos. Las investigaciones históricas y arqueológicas confirman la existencia de sistemas hidráulicos prehispánicos vinculados a las comunidades huarpes y al mundo andino; algunos especialistas también señalan una importante influencia incaica sobre parte de aquella infraestructura. Es decir, el oasis mendocino comenzó a construirse mucho antes de la fundación española. Un documento extraordinario lo demuestra: un acta del Cabildo de Mendoza de 1566 menciona varias acequias principales indígenas, entre ellas Allayme, Tabalque, Guaymaye y otra que pasaba junto a un pucará, posteriormente relacionada con la acequia de Anato. Aquellos cauces no eran simples zanjas: constituían una verdadera infraestructura para distribuir un recurso vital en un territorio donde cada gota podía significar alimento, cultivo y supervivencia. La presencia de esta red fue tan importante que condicionó la ubicación y el desarrollo inicial de la ciudad. Con el paso de los siglos, los españoles ampliaron, modificaron y reorganizaron aquella estructura; después llegaron nuevas obras, canales, diques y leyes. En 1884 Mendoza sancionó su histórica Ley General de Aguas, promulgada el 16 de diciembre, y en 1894 se consolidó institucionalmente el organismo encargado de administrar las aguas públicas de la provincia. Aquella antigua relación entre sociedad y agua terminó convirtiéndose en uno de los pilares de la identidad mendocina. Hoy contemplamos calles cubiertas por túneles de árboles, fincas, viñedos y ciudades verdes y quizás olvidamos lo extraordinario que resulta todo esto: Mendoza pertenece naturalmente a una región árida. Su paisaje de oasis no apareció solo; fue construido durante siglos mediante conocimiento, trabajo colectivo y una compleja cultura del agua que comenzó mucho antes de 1561. Cada acequia que todavía corre junto a una vereda es, en cierto modo, descendiente de aquella larguísima historia. Debajo del Mendoza moderno permanece una memoria hidráulica indígena que ayudó a hacer habitable el desierto y que todavía nos recuerda una verdad fundamental: aquí, más que en casi ningún otro lugar, el agua no solamente riega la tierra… también escribió nuestra historia. 💧🏔️🌿 #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Acequias #Huarpes #PueblosOriginarios #HistoriaArgentina #Agua #CulturaDelAgua #OasisMendocino #PatrimonioMendocino #MendozAntigua #MendozaHistory #Huarpe #IndigenousHistory #WaterHistory #Irrigation #AncientEngineering #Andes #ArgentinaHistory #CulturalHeritage
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
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lunes, 31 de agosto de 2026
🔥💧🏔️ MENDOZA ANTES DE MENDOZA: EL ANTIGUO SECRETO DEL AGUA QUE TRANSFORMÓ EL DESIERTO EN OASIS 🌿🌽
Mucho antes de que Mendoza tuviera calles, plazas, viñedos y grandes arboledas, el agua ya recorría este territorio siguiendo caminos construidos por manos indígenas. Cuando los españoles llegaron al valle donde surgiría la ciudad en el siglo XVI, no encontraron simplemente un espacio árido esperando ser transformado: encontraron poblaciones originarias que conocían el territorio y una red de canales y acequias que permitía conducir el agua, regar cultivos y sostener asentamientos. Las investigaciones históricas y arqueológicas confirman la existencia de sistemas hidráulicos prehispánicos vinculados a las comunidades huarpes y al mundo andino; algunos especialistas también señalan una importante influencia incaica sobre parte de aquella infraestructura. Es decir, el oasis mendocino comenzó a construirse mucho antes de la fundación española. Un documento extraordinario lo demuestra: un acta del Cabildo de Mendoza de 1566 menciona varias acequias principales indígenas, entre ellas Allayme, Tabalque, Guaymaye y otra que pasaba junto a un pucará, posteriormente relacionada con la acequia de Anato. Aquellos cauces no eran simples zanjas: constituían una verdadera infraestructura para distribuir un recurso vital en un territorio donde cada gota podía significar alimento, cultivo y supervivencia. La presencia de esta red fue tan importante que condicionó la ubicación y el desarrollo inicial de la ciudad. Con el paso de los siglos, los españoles ampliaron, modificaron y reorganizaron aquella estructura; después llegaron nuevas obras, canales, diques y leyes. En 1884 Mendoza sancionó su histórica Ley General de Aguas, promulgada el 16 de diciembre, y en 1894 se consolidó institucionalmente el organismo encargado de administrar las aguas públicas de la provincia. Aquella antigua relación entre sociedad y agua terminó convirtiéndose en uno de los pilares de la identidad mendocina. Hoy contemplamos calles cubiertas por túneles de árboles, fincas, viñedos y ciudades verdes y quizás olvidamos lo extraordinario que resulta todo esto: Mendoza pertenece naturalmente a una región árida. Su paisaje de oasis no apareció solo; fue construido durante siglos mediante conocimiento, trabajo colectivo y una compleja cultura del agua que comenzó mucho antes de 1561. Cada acequia que todavía corre junto a una vereda es, en cierto modo, descendiente de aquella larguísima historia. Debajo del Mendoza moderno permanece una memoria hidráulica indígena que ayudó a hacer habitable el desierto y que todavía nos recuerda una verdad fundamental: aquí, más que en casi ningún otro lugar, el agua no solamente riega la tierra… también escribió nuestra historia. 💧🏔️🌿 #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Acequias #Huarpes #PueblosOriginarios #HistoriaArgentina #Agua #CulturaDelAgua #OasisMendocino #PatrimonioMendocino #MendozAntigua #MendozaHistory #Huarpe #IndigenousHistory #WaterHistory #Irrigation #AncientEngineering #Andes #ArgentinaHistory #CulturalHeritage
🔥💧🏔️ EL PODER INVISIBLE QUE MUEVE A MENDOZA: EL AGUA QUE SOSTIENE LA VIDA, LA PRODUCCIÓN Y EL FUTURO 🌿🍇⚡
Desde el vaso que bebemos cada mañana hasta la acequia que mantiene vivo un árbol, el agua participa silenciosamente en casi todo lo que hacemos. La utilizamos para cocinar, limpiar, ducharnos, lavar, regar, producir alimentos y garantizar condiciones básicas de higiene y saneamiento. Pero su importancia va mucho más allá de nuestros hogares: impulsa la agricultura, abastece al ganado, permite la acuicultura y resulta indispensable para que los campos, viñedos, frutales y huertas puedan desarrollarse. También interviene en numerosos procesos industriales como materia prima, refrigerante, elemento de limpieza, generadora de vapor o parte de actividades productivas, petroleras y mineras. Su fuerza permite producir energía hidroeléctrica y también se emplea para la refrigeración de centrales térmicas. El agua sostiene parques, plazas, jardines y el arbolado público; conserva humedales, paisajes y ecosistemas; hace posibles la pesca, la natación, el canotaje, el rafting, el turismo y la recreación, y en diferentes lugares del mundo funciona como vía de transporte. Las aguas termales, por su parte, son aprovechadas con fines de bienestar, recreación y tratamientos complementarios. En Mendoza, donde más del 95 % del agua disponible depende de la nieve invernal de alta montaña, cada río, embalse, dique, canal, hijuela y acequia forma parte de una gigantesca red que convirtió el desierto en oasis. En la cuenca del río Mendoza, Potrerillos regula los caudales; Las Compuertas participa en el abastecimiento de agua potable y la refrigeración industrial, mientras el dique Cipolletti deriva el recurso hacia el riego y las poblaciones. No es casual que la agricultura sea el principal uso del agua en la provincia: sin ella no existirían nuestros cultivos, nuestros vinos, nuestras ciudades arboladas ni buena parte de nuestra economía. El agua no solamente calma la sed: alimenta, produce, genera energía, protege la naturaleza y construye comunidad. Cuidarla, reutilizarla responsablemente y evitar su contaminación significa defender el presente y asegurar el futuro de Mendoza. ¿Imaginaste alguna vez cuántas actividades de tu vida cotidiana dependen de una sola gota? #Mendoza #Agua #CulturaDelAgua #CuidemosElAgua #OasisMendocino #Acequias #Riego #Agricultura #CordilleraDeLosAndes #MedioAmbiente #WaterIsLife #SaveWater #WaterConservation #SustainableWater #Irrigation #MendozaArgentina #AndesMountains #ClimateAwareness
domingo, 30 de agosto de 2026
🔥💧🏔️ MENDOZA, EL OASIS NACIDO DE CADA GOTA: EL AGUA QUE BAJA DE LOS ANDES Y SOSTIENE NUESTRA VIDA 🌿🍇⚡
En Mendoza, el agua no es simplemente un recurso natural: es la fuerza que hizo posible la vida en medio del desierto. Proveniente principalmente de las lluvias, las nieves y los glaciares de la Cordillera de los Andes, desciende por nuestros ríos, alimenta los acuíferos y recorre diques, canales, hijuelas y acequias hasta llegar a las ciudades, los campos y las industrias. Según el Departamento General de Irrigación, en una emergencia hídrica los principales usos se ordenan por prioridad: 1.º uso poblacional, destinado a beber, preparar alimentos, garantizar la higiene, el saneamiento y los servicios públicos; 2.º uso agrícola, que sostiene el riego de viñedos, frutales, olivos, hortalizas, cultivos y actividades ganaderas; 3.º uso energético —antes llamado fuerza motriz—, mediante el cual el movimiento del agua permite generar electricidad; 4.º uso industrial, indispensable como materia prima, para refrigeración, limpieza, producción de vapor y diferentes procesos productivos; 5.º uso ambiental y ecológico, fundamental para conservar la biodiversidad, los humedales y los paisajes; y 6.º uso recreativo, vinculado con los deportes, la pesca, el turismo y el esparcimiento en lugares habilitados. La dimensión de esta obra colectiva resulta asombrosa: las áreas cultivadas, empadronadas y regadas con aguas superficiales representan apenas alrededor del 2,5 % del territorio provincial, mientras que las superficies sistematizadas y antropizadas bajo riego alcanzan aproximadamente el 4,8 %; sin embargo, en los oasis se concentra casi el 95 % de la población mendocina. La histórica Ley de Aguas de 1884, redactada por Manuel Bermejo y pionera en la Argentina, cimentó la administración pública del recurso y acompañó una transformación extraordinaria: durante sus primeros treinta años se duplicó la superficie cultivada de la provincia. Por eso, detrás de cada vaso de agua, cada racimo de uva, cada árbol, cada alimento, cada industria y cada paisaje verde existe un recorrido que comienza en lo más alto de los Andes. Cuidar el agua no es solamente ahorrar: es proteger la historia, la economía, el ambiente y el futuro de Mendoza. En esta tierra árida, cada gota cuenta… porque cada gota crea oasis. 💧🏔️🌿 #Mendoza #MendozAntigua #AguaDeMendoza #CadaGotaCuenta #CulturaDelAgua #RíosDeMontaña #CordilleraDeLosAndes #Acequias #OasisMendocino #Irrigación #HistoriaDeMendoza #CuidemosElAgua #WaterIsLife #MendozaWater #AndesWater #MountainRivers #WaterConservation #SustainableWater #Irrigation #ClimateResilience
sábado, 29 de agosto de 2026
🔥💧🏔️ ANTES DE MENDOZA YA CORRÍA EL AGUA: LA RED INDÍGENA QUE VENCIÓ AL DESIERTO Y DIO VIDA AL OASIS 🌿🌽
Antes de la fundación española de Mendoza en 1561, el valle de Huentata o Guentata ya estaba atravesado por una red indígena de canales y acequias. Los huarpes milcayac, dentro de un territorio que también recibió la influencia del Tawantinsuyu, aprovecharon el agua de origen andino para cultivar maíz, quínoa, porotos y zapallos en medio de una región naturalmente árida. Aquellos cauces no eran simples zanjas: ordenaban las tierras, abastecían los cultivos y expresaban la organización territorial de las comunidades. Varios quedaron registrados con nombres indígenas vinculados con caciques, asentamientos o espacios de dominio, como Allayme, Tabalqué y Guaymaye. Documentos coloniales tempranos demuestran que, cuando llegaron los conquistadores, el sistema de riego ya existía; los españoles lo utilizaron, ampliaron, modificaron y rebautizaron para sostener la nueva ciudad. El investigador del CONICET Jorge Ricardo Ponte reconstruyó una interpretación todavía más fascinante: sostuvo que un tramo del antiguo cauce principal habría sido conocido como Goazap Mayu —“río del cacique Goazap”— y lo relacionó con el posterior Canal-Zanjón, actualmente llamado Cacique Guaymallén. Incluso propuso recuperar aquel nombre originario. Sin embargo, investigaciones etnohistóricas más recientes advierten que la ubicación de las tierras de Goazap y la equivalencia exacta entre ambos cursos todavía son discutidas. Goazap sí aparece mencionado en documentación de 1574, pero el alcance de su autoridad y su vínculo preciso con el canal continúan bajo estudio. Lo indiscutible es que Mendoza no nació sobre un desierto vacío: se levantó aprovechando una obra hidráulica indígena preexistente, fundamento del oasis que siglos después permitiría desarrollar ciudades, chacras, arboledas y viñedos. Parte de este legado puede conocerse en el Museo del Área Fundacional, cuyas muestras abordan a los huarpes, los incas y el agua, y en el Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Juan Cornelio Moyano, que conserva importantes colecciones arqueológicas y antropológicas. La cestería tradicional de las comunidades huarpes de Lavalle también mantiene vivas técnicas ancestrales ligadas al junquillo y a la antigua cultura de las lagunas. La próxima vez que observes correr el agua por una acequia mendocina, recordá que no estás viendo únicamente una obra de riego: estás contemplando uno de los testimonios vivos más antiguos de nuestra identidad. ¿Ya visitaste estos museos y descubriste esta historia? #Mendoza #MendozAntigua #AcequiasDeMendoza #HistoriaDeMendoza #PuebloHuarpe #Huarpes #GoazapMayu #CaciqueGuaymallén #CulturaDelAgua #PatrimonioMendocino #PueblosOriginarios #HistoriaArgentina #MendozaHistory #HuarpePeople #IndigenousHistory #WaterHeritage #AncientIrrigation #ArgentinaHistory #CulturalHeritage #AndeanCulture
🔥💧🏔️ MENDOZA, EL MILAGRO CONSTRUIDO CON AGUA: SIGLOS DE HISTORIA VENCIENDO AL DESIERTO 🌿🍇
Mendoza nació, creció y organizó su territorio siguiendo el camino del agua. Mucho antes de la fundación española de 1561, los pueblos originarios —especialmente los huarpes milcayac— ya habían comprendido que sobrevivir en esta tierra árida dependía de conducir el recurso más valioso. Mediante acequias alimentaban sus chacras de maíz, quínoa, porotos y zapallos; algunos de aquellos cauces recibían los nombres de los caciques cuyas tierras atravesaban, como Guaymallén, Tobar y Allaime. No eran simples zanjas: aquella red hídrica determinaba la ubicación de los cultivos y los pequeños asentamientos, conectaba comunidades y comenzaba a dibujar sobre el desierto la futura geografía mendocina. Sobre esa base indígena, las generaciones coloniales y posteriores ampliaron canales, hijuelas y acequias, construyeron diques, organizaron los turnos de riego y desarrollaron una verdadera cultura del agua. En 1884, Mendoza sancionó una Ley de Aguas pionera en la Argentina, que consolidó principios fundamentales para ordenar y administrar un recurso del que dependía toda la producción provincial. Así surgieron los grandes oasis alimentados por los ríos Mendoza, Tunuyán, Diamante y Atuel, además del pequeño oasis de Malargüe. El dato revela la magnitud de esta construcción colectiva: según el criterio de medición, las superficies irrigadas y transformadas ocupan apenas entre el 2,5 % y el 4,8 % del territorio provincial, pero concentran casi el 95 % de la población. Allí prosperaron ciudades, viñedos, frutales, olivares, huertas, industrias y la inmensa arboleda que distingue a Mendoza. Por eso, cuando el agua corre por una acequia no circula solamente un recurso natural: fluye una herencia de siglos, el esfuerzo de quienes hicieron habitable el desierto y la posibilidad de que las próximas generaciones continúen viviendo en esta tierra. Cuidarla, no contaminar los cauces, evitar el derroche y emplearla responsablemente no es una elección secundaria: es defender nuestra historia, nuestra identidad y nuestro futuro. En Mendoza, cada gota guarda memoria; y cada gota que desperdiciamos es una parte de la vida que no podremos recuperar. #Mendoza #MendozAntigua #CulturaDelAgua #HistoriaDeMendoza #Acequias #Huarpes #OasisMendocino #PatrimonioHídrico #AguaEsVida #CuidemosElAgua #HistoriaArgentina #WaterCulture #MendozaHistory #IrrigationHeritage #AncientWaterways #WaterConservation #Andes #ArgentinaHistory
jueves, 20 de agosto de 2026
🔥💧🏔️ EL CANAL QUE YA ESTABA AQUÍ ANTES DE MENDOZA: LA MILENARIA HISTORIA DEL CACIQUE GUAYMALLÉN, LA ARTERIA DE AGUA QUE HIZO POSIBLE EL OASIS —
Mucho antes de que existieran las calles, las plazas y los edificios de Mendoza, el agua ya recorría este territorio siguiendo cauces naturales y una red de acequias que permitió transformar un ambiente árido en tierra cultivable. Las comunidades huarpes que habitaban Cuyo desarrollaron una profunda relación con el agua y practicaron la agricultura mediante sistemas de riego; hacia fines del siglo XV, la expansión del Tahuantinsuyo alcanzó el valle de Huentata y la influencia inca quedó ligada a la tradición hidráulica regional. Investigaciones históricas señalan, sin embargo, que la famosa versión según la cual “ingenieros incas enviados por Yupanqui” construyeron personalmente estos canales forma parte de una tradición transmitida durante siglos y no puede considerarse documentalmente comprobada. Cuando Francisco de Villagra atravesó Cuyo en 1551 encontró una región ya habitada y aprovechada por comunidades huarpes. Diez años después, Pedro del Castillo llegó al valle de Huentata y el 2 de marzo de 1561 fundó oficialmente la “Ciudad de Mendoza del Nuevo Valle de La Rioja”. Un año más tarde, el 28 de marzo de 1562, Juan Jufré trasladó el asentamiento algunos cientos de metros y realizó una segunda fundación. La existencia previa de agua y tierras irrigadas fue decisiva para que la ciudad pudiera sobrevivir en pleno ambiente semidesértico. Documentos coloniales tempranos demuestran que en aquella Mendoza del siglo XVI funcionaban distintas acequias vinculadas a nombres indígenas, mientras que el gran cauce oriental terminaría siendo conocido durante siglos simplemente como el Zanjón. Su historia es fascinante porque no se trataba solamente de una obra de riego: también cumplía funciones de drenaje y conducción de crecientes, convirtiéndose con el paso del tiempo en una verdadera columna vertebral hidráulica de la ciudad. Estudios especializados indican que el sistema hídrico prehispánico debe reconstruirse parcialmente mediante documentos posteriores, arqueología y trazas territoriales, por lo que muchas afirmaciones tradicionales sobre sus constructores exactos deben tomarse con cautela. Y existe otra sorpresa: durante buena parte de su historia nadie lo llamó “Canal Cacique Guaymallén”. El Departamento General de Irrigación señala que fue en 1950 cuando el Concejo Deliberante de Guaymallén solicitó que el antiguo Canal Zanjón recibiera esa denominación, aparentemente siguiendo una tradición popular que atribuía su creación a un supuesto cacique Guaymallén. Los documentos del siglo XVI sí registran, en cambio, al cacique Hernando Goaymaye, nombre estrechamente relacionado con la historia fundacional de la zona. Entre las décadas de 1940 y 1950 amplios sectores del viejo Zanjón fueron revestidos e impermeabilizados, entrando definitivamente en la era de las grandes obras hidráulicas modernas. Hoy las aguas del río Mendoza son reguladas aguas arriba y derivadas en el histórico Dique Cipolletti, inaugurado en 1940; desde ese sistema se alimentan los grandes canales Cacique Guaymallén y San Martín. El Cacique Guaymallén atraviesa Luján de Cuyo, Godoy Cruz, Capital, Guaymallén y Las Heras y continúa hacia Lavalle, siendo todavía una pieza esencial del sistema de riego metropolitano. Irrigación señala además que el Área Metropolitana posee miles de kilómetros de acequias y que buena parte del agua destinada a ese gigantesco entramado procede del río Mendoza y es conducida principalmente por este canal. Pero el agua también transportó personas, comercio e historias. Desde las Lagunas de Guanacache, los antiguos laguneros y pescadores viajaban hacia Mendoza llevando pescado y otros productos. El camino utilizado para entrar y salir de la ciudad sobrevivió en la memoria urbana con un nombre extraordinario: calle Los Pescadores. Investigaciones del CONICET confirman que aquella vía comunicaba Mendoza con Guanacache y era transitada por indígenas huarpes, criollos, españoles y afrodescendientes; otros trabajos recuerdan que la actividad pesquera de las lagunas dejó precisamente su huella en esa denominación. Así, cada vez que vemos correr el agua por el Cacique Guaymallén no estamos contemplando simplemente un canal de hormigón: estamos frente a la evolución de un paisaje hidráulico construido durante siglos, nacido de la necesidad de sobrevivir en el desierto, aprovechado por pueblos originarios, reorganizado durante la colonia y transformado por generaciones de mendocinos. Antes de las bodegas, antes del arbolado, antes de las grandes avenidas e incluso antes de la propia Ciudad de Mendoza, estuvo el agua. Y alrededor de ella comenzó a construirse el oasis que todavía habitamos. 💧🌳🏔️ #MendozAntigua #Mendoza #CanalCaciqueGuaymallén #CaciqueGuaymallén #CanalZanjón #Huarpes #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #Acequias #CulturaHuarpe #PueblosOriginarios #Huentata #Guaymallén #Guanacache #DiqueCipolletti #PatrimonioMendocino #MemoriaHistórica #MendozaHistory #ArgentineHistory #IndigenousHistory #WaterHistory #IrrigationHistory #CulturalHeritage #HistoricMendoza
sábado, 20 de junio de 2026
La plaza donde Mendoza convirtió el desierto en memoria: los secretos verdes de la Plaza San Martín
En pleno corazón de la Ciudad de Mendoza existe una plaza que no se entiende solamente mirando su monumento. Hay que leerla completa: en sus árboles, en sus senderos, en sus jardines, en sus placas, en las sombras que la cruzan y en ese diálogo silencioso entre historia, arquitectura y naturaleza. La Plaza San Martín no es apenas un lugar de paso. Es un museo vivo al aire libre. Un espacio donde Mendoza guarda parte de su identidad más profunda: la ciudad reconstruida después del terremoto de 1861, la memoria del Libertador, el orgullo sanmartiniano, la cultura del arbolado urbano y esa obsesión mendocina por transformar el desierto en oasis. Su origen se remonta a la Ciudad Nueva, planificada en 1863 por el agrimensor Julio Balloffet, dentro de un trazado de 64 manzanas y cinco plazas: una central, la Plaza Independencia, y cuatro plazas equidistantes pensadas también como espacios de resguardo ante posibles catástrofes. Aquella decisión urbana marcó para siempre el rostro de Mendoza: calles amplias, plazas estratégicas, acequias, árboles y espacios abiertos como parte de una ciudad que debía volver a nacer. Antes de llamarse San Martín, este sitio fue conocido como Plaza Cobo, en homenaje a Juan Francisco Cobo, recordado por haber introducido el álamo en Mendoza. Ese árbol, de crecimiento rápido y madera versátil, terminó siendo mucho más que una especie forestal: ayudó a cambiar la construcción, el paisaje y hasta la vida cotidiana de la provincia. En una tierra árida, plantar árboles no era decoración: era futuro. Con el tiempo, la plaza también fue llamada popularmente “Plaza del Reloj”, porque en 1883 se levantó allí una torre con reloj de cuatro esferas. Aquella estructura marcaba el ritmo de una Mendoza que crecía entre bancos, comercios, instituciones y vida cívica. Pero en 1903 la torre fue demolida para dejar lugar a una obra mayor: el monumento ecuestre al General José de San Martín. El 5 de junio de 1904, durante la gobernación de Elías Villanueva, Mendoza inauguró oficialmente la plaza con su gran homenaje al Libertador. La escultura, realizada en bronce por José F. García, muestra a San Martín montado a caballo y señalando hacia el oeste, hacia la Cordillera de los Andes, el horizonte de la gesta libertadora. Es una réplica de la obra original de José Luis Daumas ubicada en Buenos Aires. Aquel día, según testimonios patrimoniales citados por Los Andes, una multitud de más de 10.000 personas se reunió para rendir homenaje al Padre de la Patria. Pero el monumento también guarda secretos materiales. Su basamento fue construido con grandes bloques de granito traídos desde el Valle de Uspallata y trasladados por el Ferrocarril Trasandino. La obra estuvo a cargo del ingeniero Jacinto Anzorena. Incluso los pilares que sostienen las cadenas alrededor del monumento fueron realizados con cuerpos de cañones de hierro fundido, donados por el Ejército de la Nación. Es decir: piedra andina, memoria militar y símbolo patriótico reunidos en un mismo conjunto. A los pies del Libertador, el verde también habla. El diseño vegetal que rodea el monumento no es un simple adorno. Allí conviven plantas, formas y símbolos que dialogan con la figura de San Martín. El boj, tradicionalmente asociado a la permanencia y a la inmortalidad, aparece como una presencia solemne. La llamada estrella federal, formada por vegetación ornamental, puede leerse como una alusión a la unidad nacional después de los años de divisiones internas. En esa combinación de piedra, bronce, agua y plantas, la plaza construye un mensaje silencioso: la patria también se recuerda desde la tierra. Otro de sus tesoros es el pino de San Lorenzo, plantado en 1925 a partir de un hijuelo vinculado al histórico árbol del convento de San Lorenzo, en Santa Fe, bajo cuya sombra la tradición ubica a San Martín redactando el parte de la victoria del combate de 1813. Así, Mendoza incorporó a su plaza una reliquia vegetal: no solo un árbol, sino una memoria viva de la independencia. La forestación de la plaza también revela una Mendoza abierta al mundo. Plátanos, moreras, palmeras, arbustos, especies ornamentales y árboles exóticos fueron formando un paisaje urbano inspirado en modelos europeos y adaptado al clima local gracias al sistema de riego. No es casualidad: en Mendoza, el arbolado público es parte esencial de la identidad. Investigadores del CONICET destacan que los árboles dan sombra, refrescan el aire, atenúan vientos, reducen ruidos, retienen partículas y están profundamente asociados a las acequias que los riegan, un legado vinculado a la cultura hídrica huarpe. Entre sus curiosidades botánicas aparece también el algarrobo europeo, la Ceratonia siliqua. Sus semillas están ligadas a una historia sorprendente: de ellas deriva la palabra “quilate”, usada para pesar piedras preciosas. Aunque muchas veces se dice que cada semilla pesa exactamente 0,2 gramos, los estudios modernos aclaran que ese peso no es perfecto ni idéntico en todos los casos; lo que sí quedó fijado es el quilate métrico moderno como 200 miligramos. La Plaza San Martín también dialoga con su entorno arquitectónico. Frente a ella se alzan edificios históricos y religiosos que completan su fuerza simbólica. La Basílica de San Francisco, por ejemplo, se vincula directamente con la memoria sanmartiniana: allí descansan los restos de Merceditas, la hija del Libertador, junto a Mariano Balcarce y María Mercedes. Además, conserva la imagen de la Virgen del Carmen de Cuyo, declarada por San Martín Patrona y Generala del Ejército de los Andes. Con el paso del tiempo, la plaza fue cambiando. Conservó su memoria original, pero también se adaptó a nuevas épocas. En 1970 se inauguraron obras con desniveles, escalones y jardines asimétricos. En 2018 fue remodelada y reinaugurada con mejoras de accesibilidad, iluminación moderna, conexión urbana y puesta en valor de sus sectores históricos, manteniendo como ejes el monumento central, el pino de San Lorenzo y sus espacios ceremoniales. Por eso, caminar por la Plaza San Martín no es simplemente atravesar una manzana verde del centro mendocino. Es recorrer más de 160 años de historia urbana. Es recordar la Mendoza que se levantó de las ruinas. Es ver cómo una plaza pasó de llamarse Cobo, a ser Plaza del Reloj, hasta convertirse en uno de los grandes altares cívicos del Libertador. Cada árbol, cada cantero, cada piedra y cada sombra cuentan algo. Hablan de la ciudad que eligió plantar vida donde había aridez. De una provincia que hizo del agua una cultura. De una sociedad que convirtió sus plazas en refugio, identidad y memoria. La Plaza San Martín no es solo un espacio público. Es una síntesis de Mendoza: historia, patria, arquitectura, acequias, árboles y símbolo. Un rincón donde el pasado sigue respirando bajo la sombra de sus jardines. #PlazaSanMartinMendoza, #MendozaAntigua, #MendozAntigua, #HistoriaDeMendoza, #CiudadDeMendoza, #SanMartin, #GeneralSanMartin, #PatrimonioMendocino, #MendozaHistorica, #PlazasDeMendoza, #ArboladoUrbano, #AcequiasDeMendoza, #OasisMendocino, #CulturaMendocina, #MemoriaHistorica, #TurismoMendoza, #ArgentinaHistorica, #MendozaHistory, #HistoricMendoza, #SanMartinSquare, #UrbanHeritage, #UrbanForest, #HeritageTrees, #ArgentineHistory, #CulturalHeritage, #MendozaCity, #HistoricalPlaces, #LivingHistory
EL TREN QUE CAMBIÓ EL DESTINO DEL VINO: CUANDO MENDOZA SE SUBIÓ A LOS RIELES DE LA HISTORIA
Hubo un tiempo en que Mendoza producía vino, pero todavía no tenía el camino suficiente para conquistar el país. Las bodegas, los viñedos, los carros, las mulas, las acequias y el esfuerzo de miles de trabajadores formaban parte de una economía que miraba hacia el futuro, pero que necesitaba una fuerza capaz de romper las distancias. Esa fuerza llegó sobre rieles. El ferrocarril no fue solamente un medio de transporte. Fue una revolución silenciosa. Allí donde antes el traslado dependía de la tracción a sangre, de caminos difíciles y de viajes largos, el tren abrió una nueva etapa: permitió mover grandes volúmenes, conectar regiones, abaratar tiempos, ordenar mercados y transformar la producción. En la Argentina de fines del siglo XIX, los rieles no solo llevaron pasajeros: llevaron trigo, ganado, azúcar, vino, inmigrantes, maquinaria, ideas y modernidad. En Mendoza, su impacto fue decisivo. La llegada del ferrocarril en 1885 marcó el comienzo de una transformación profunda. La provincia, ubicada al pie de la Cordillera y sostenida por sus oasis de riego, empezó a integrarse con mayor fuerza al mercado nacional. El vino mendocino dejó de ser solamente una producción regional para proyectarse hacia los grandes centros de consumo, especialmente Buenos Aires y Rosario. La vitivinicultura moderna no nació de un solo factor. Fue el resultado de una combinación poderosa: inmigración europea, nuevas técnicas agrícolas, inversión bodeguera, expansión del viñedo, transformación industrial, protección estatal, crecimiento urbano y, sobre todo, transporte ferroviario. Sin el tren, la expansión del vino mendocino habría tenido límites mucho más estrechos. Por eso, estudiar el ferrocarril es estudiar el corazón económico de una época. En distintas partes del mundo, los historiadores han demostrado que los rieles cambiaron la forma de producir, vender y ocupar el territorio. En España, las regiones vitivinícolas encontraron en el tren una herramienta para llevar sus vinos a mercados que antes parecían lejanos. En México, la expansión ferroviaria mostró la fuerte relación entre el Estado, las empresas privadas y los centros productivos. En Bolivia, los ferrocarriles vinculados a la minería revelaron cómo las élites buscaron nuevos mercados, aunque muchas veces los beneficios quedaron en manos extranjeras. Mendoza vivió su propia versión de esa historia. Aquí, el ferrocarril se convirtió en un verdadero organizador del espacio productivo. No solo unía ciudades: también acercaba bodegas, estaciones, depósitos, viñedos y mercados. Los desvíos ferroviarios fueron una pieza clave de ese engranaje. Esos ramales secundarios, muchas veces tendidos hacia establecimientos bodegueros, permitieron que el vino pasara de la bodega al vagón con mayor rapidez y eficiencia. La imagen es poderosa: la uva llegaba en carro, el vino salía en vagones. De los viñedos al tonel, del tonel al tren, del tren a los grandes mercados. Cada estación se transformaba en una puerta de salida. Cada desvío ferroviario podía significar ahorro, velocidad y competitividad. Cada bodega conectada a los rieles ganaba una ventaja en una economía cada vez más exigente. Pero el tren también mostró las tensiones de la modernidad. El progreso no fue puro ni perfecto. Las tarifas, los monopolios, la administración extranjera de muchas líneas y la dependencia de los grandes centros consumidores también condicionaron a los productores mendocinos. El ferrocarril abría puertas, pero también podía marcar límites. Permitía crecer, pero obligaba a competir. Acercaba mercados, pero también exponía a crisis de precios, especulación y dependencia comercial. Aun así, su papel fue monumental. Sin los rieles, la Mendoza vitivinícola no habría crecido con la misma fuerza ni con la misma velocidad. El ferrocarril ayudó a dibujar una nueva geografía: bodegas cerca de estaciones, pueblos alrededor de vías, trabajadores moviéndose hacia zonas productivas, maquinaria entrando a los establecimientos y vino saliendo hacia el resto del país. La historia ferroviaria mendocina no es solo una historia de locomotoras. Es una historia de transformación económica, de empresarios bodegueros, de obreros, de viñateros, de estaciones cargadas de movimiento, de toneles, bordelesas, humo, silbatos y esfuerzo colectivo. Es la historia de una provincia que encontró en el tren una herramienta para dejar atrás una economía más cerrada y entrar de lleno en la era de la agroindustria moderna. Los estudios internacionales permiten comparar esa experiencia con otros territorios. España, México y Bolivia muestran que el ferrocarril fue mucho más que infraestructura: fue poder, mercado, política y territorio. Mendoza, con su vino, sus bodegas y sus desvíos ferroviarios, forma parte de esa gran historia mundial del transporte y la producción. Cada vía tendida fue una promesa de futuro. Cada estación, un punto de encuentro entre el campo y la ciudad. Cada vagón cargado de vino, una señal de que Mendoza ya no estaba aislada. El tren llevó la producción mendocina más allá de sus montañas, pero también trajo una nueva forma de pensar la economía, el espacio y el progreso. Por eso, cuando hablamos del ferrocarril en Mendoza, hablamos de mucho más que rieles. Hablamos del momento en que la provincia empezó a moverse a otra velocidad. Hablamos del instante en que el vino encontró su camino hacia el país. Hablamos de una Mendoza que dejó de mirar el mercado desde lejos y comenzó a conquistarlo vagón por vagón. El ferrocarril no solo transportó vino: transportó el destino moderno de Mendoza. #MendozAntigua #Ferrocarril #FerrocarrilMendoza #FerrocarrilAndino #HistoriaFerroviaria #MendozaHistorica #HistoriaDeMendoza #Vitivinicultura #VinoMendocino #BodegasMendocinas #DesviosFerroviarios #UvaEnCarroVinoEnVagones #IndustriaDelVino #PatrimonioFerroviario #Mendoza #Cuyo #ArgentinaHistorica #EconomiaRegional #Bodegas #Viñedos #HistoriaArgentina #PatrimonioMendocino #RailwayHistory #MendozaHistory #ArgentineHistory #WineHistory #RailroadHistory #WineIndustry #CulturalHeritage #HistoricMendoza
jueves, 18 de junio de 2026
HUMILITAS: SAN CARLOS BORROMEO, EL PATRONO QUE HIZO DE LA FE UN ACTO DE SERVICIO. SAN CARLOS - MENDOZA
Cada 4 de noviembre, la comunidad vuelve a mirar con gratitud y devoción a su Santo Patrono: San Carlos Borromeo, una figura inmensa de la historia de la Iglesia, recordada por su humildad, su firmeza espiritual, su amor por los pobres y su entrega total al pueblo de Dios. San Carlos Borromeo nació el 2 de octubre de 1538 en Arona, en el norte de Italia, dentro de una familia noble e influyente. Sin embargo, su vida no quedó marcada por el lujo ni por los privilegios, sino por una vocación profunda de servicio. Estudió derecho en la Universidad de Pavía y, siendo muy joven, alcanzó una formación brillante que lo llevaría a ocupar responsabilidades decisivas dentro de la Iglesia. Fue cardenal, arzobispo de Milán y uno de los grandes protagonistas de la renovación católica posterior al Concilio de Trento. Su misión no fue cómoda ni sencilla: trabajó por una Iglesia más formada, más cercana, más disciplinada y más comprometida con la vida espiritual del pueblo. Impulsó seminarios, promovió la catequesis, fortaleció la formación de sacerdotes y defendió una fe vivida con coherencia, oración y caridad. Su lema episcopal fue “Humilitas”, una palabra que resume su vida entera: humildad. Pero no una humildad pasiva, sino una humildad fuerte, activa, comprometida. San Carlos entendió que el verdadero pastor no se aleja del dolor de su gente: camina con ella, la consuela, la guía y la sostiene. Ese espíritu se hizo heroico durante la peste de Milán, entre 1576 y 1577. Mientras muchos escapaban del contagio y del miedo, él permaneció junto a su pueblo. Visitó enfermos, organizó ayuda espiritual y material, socorrió a los más necesitados y gastó sus bienes para aliviar el sufrimiento de quienes no tenían nada. Allí quedó grabada para siempre la imagen de un santo que no predicó la caridad desde lejos: la vivió en carne propia. Murió joven, en noviembre de 1584, a los 46 años, dejando una huella espiritual enorme. Fue canonizado en 1610 y su memoria sigue viva en todo el mundo católico como símbolo de entrega, reforma, oración, humildad y amor al prójimo. Hoy, en la Capilla San Carlos Borromeo, su presencia se vuelve cercana y familiar. El campanario que llama a la comunidad, el altar, el crucifijo, los vitrales, la imagen del santo, los bancos de oración y la estatua exterior nos recuerdan que la fe también se construye en los lugares simples, en los gestos cotidianos y en la unión de los vecinos. Cada 4 de noviembre no recordamos solamente una fecha religiosa. Celebramos una herencia espiritual. Celebramos a un patrono que enseñó que la grandeza verdadera no está en mandar, sino en servir; no está en recibir honores, sino en acompañar; no está en alejarse del dolor, sino en acercarse al que sufre. Que San Carlos Borromeo siga inspirando a todos los fieles con su ejemplo de humildad, fortaleza, oración y servicio. Que su lema, Humilitas, siga iluminando el camino de quienes creen que la fe se demuestra con obras, con amor y con entrega verdadera. San Carlos Borromeo, Santo Patrono: ejemplo de fe, humildad y caridad cristiana. #SanCarlosBorromeo #SantoPatrono #Humilitas #CapillaSanCarlosBorromeo #PadreNicoCeballos #FeYServicio #CaridadCristiana #PeregrinosDeEsperanza #HistoriaDeLaIglesia #ComunidadDeFe #Mendoza #MendozAntigua #CatholicHistory #SaintCharlesBorromeo #ChristianFaith #Humility #Charity #CatholicSaints #FaithAndService #ChurchHistory
MENDOZA 1861: LA CIUDAD QUE MURIÓ BAJO LOS ESCOMBROS Y VOLVIÓ A LEVANTARSE MÁS FUERTE (Imagen Ilustrativa)
El 20 de marzo de 1861, Mendoza vivió una de las noches más trágicas de toda la historia argentina. A las 20:36, la tierra se quebró con una violencia devastadora. En apenas minutos, aquella ciudad colonial de adobe, templos, acequias, patios y campanas quedó reducida a ruinas. La vieja Mendoza, levantada sobre su corazón fundacional, fue golpeada por un terremoto feroz. Casas, iglesias, edificios públicos y calles enteras desaparecieron entre polvo, fuego y oscuridad. Miles de personas murieron bajo los escombros. El desastre fue tan profundo que la ciudad no solo perdió habitantes, sino también una parte enorme de su memoria material. Según registros históricos del INPRES, aquel sismo alcanzó intensidad IX en la escala Mercalli y fue el terremoto porcentualmente más destructivo de la historia argentina: cerca de un tercio de la población mendocina perdió la vida. No fue solamente una catástrofe natural. Fue una herida abierta en el alma de una provincia. Pero Mendoza no se rindió. De aquella ciudad destruida nació una nueva idea urbana. La tragedia obligó a pensar una capital distinta, más amplia, más ordenada y preparada para convivir con la fuerza imprevisible de la tierra. En 1863, siguiendo el plan del agrimensor Julio Balloffet, comenzó a tomar forma la Mendoza moderna: un nuevo damero de 64 manzanas, trazado hacia el sudoeste del antiguo asentamiento colonial. En el centro de ese nuevo diseño apareció la actual Plaza Independencia, concebida como gran corazón cívico y espacio abierto. A su alrededor, otras cuatro plazas —España, Chile, San Martín e Italia— completaron una estructura urbana singular para el siglo XIX. No eran simples adornos verdes: eran pulmones, refugios y símbolos de una ciudad que había aprendido, desde el dolor, a pensar su futuro. La Mendoza posterior al terremoto ya no sería la misma. La ciudad colonial quedó en parte enterrada bajo el Área Fundacional, mientras el “Pueblo Nuevo” comenzó a levantar edificios, calles, instituciones y esperanzas. Allí donde hubo escombros, nació una capital con identidad propia. Allí donde hubo muerte, apareció una voluntad colectiva de reconstrucción. Por eso, 1861 no marca solamente una tragedia. Marca una segunda fundación. Mendoza fue destruida, pero no vencida. Tembló la tierra, cayeron los muros, se apagaron miles de vidas… pero quedó en pie algo imposible de derrumbar: la fuerza de su gente. Desde entonces, terremotos, aluviones y crisis fueron moldeando una convicción profunda en los mendocinos: la ciudad puede sufrir, puede caer, puede perderlo todo… pero siempre vuelve a levantarse. Mendoza no nació una sola vez. Mendoza también renació entre ruinas. #Mendoza #MendozAntigua #TerremotoDeMendoza #Mendoza1861 #HistoriaDeMendoza #CiudadDeMendoza #AreaFundacional #PlazaIndependencia #HistoriaArgentina #ArgentinaAntigua #MemoriaUrbana #PatrimonioMendocino #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricMendoza #EarthquakeHistory #UrbanHistory #CulturalHeritage #OldArgentina
miércoles, 17 de junio de 2026
MENDOZA ENTRE DOS MUNDOS: LA CIUDAD QUE MIRÓ AL PACÍFICO Y TERMINÓ FORJANDO LA LIBERTAD (Imagen Ilustrativa del Texto)
1561–1853 | Entre virreinatos, cordillera, barro y patria
Antes de convertirse en la Mendoza arbolada, moderna y abierta al mundo que conocemos hoy, la ciudad fue un pequeño oasis colonial levantado entre el agua, el adobe, la tierra seca y la inmensidad de la cordillera. Mendoza nació en 1561, cuando Pedro del Castillo fundó la ciudad en el valle de Huentata con el nombre de Mendoza del Nuevo Valle de La Rioja. Pero durante más de dos siglos su historia no miró hacia Buenos Aires, sino hacia el oeste. Desde su origen y hasta 1776, Cuyo perteneció administrativamente a la Capitanía General de Chile, como parte de aquel mundo colonial conectado por los pasos cordilleranos, el comercio, las arrierías y la cultura del Pacífico. Esa antigua pertenencia explica mucho de la identidad mendocina: su vocación andina, su mirada hacia Chile, su espíritu de frontera, su economía vinculada al cruce de la montaña y esa sensación permanente de ser una puerta entre dos mundos. La Mendoza colonial era muy distinta a la ciudad actual. No había grandes avenidas forestadas ni veredas amplias ni túneles de plátanos. Era una ciudad blanca, baja y austera, construida en adobe, barro y caña, con casas de una sola planta, techos planos y patios interiores donde crecían frutales, parrales y algunos árboles protegidos del polvo y del sol. Las calles eran angostas, de tierra, casi sin veredas, y la vida transcurría con ritmo lento, entre acequias, solares, iglesias, pulperías, carretas y familias que resistían en un territorio árido, moldeado por el agua. En 1776, con la creación del Virreinato del Río de la Plata, Mendoza dejó de depender de Chile y pasó a integrarse al nuevo orden político rioplatense. Pero su memoria profunda siguió siendo cordillerana. Mendoza ya era una ciudad con alma propia: ni completamente atlántica, ni totalmente pacífica, sino cuyana, andina y fronteriza. Todo cambió de manera decisiva en 1814, cuando José de San Martín fue nombrado Gobernador Intendente de Cuyo. Su llegada sacudió la calma provinciana. Mendoza dejó de ser solo una ciudad de paso y se transformó en el gran taller de la libertad americana. Desde aquí, San Martín organizó recursos, hombres, armas, mulas, uniformes, pólvora, alimentos y voluntades. El pueblo cuyano entregó trabajo, bienes, sacrificio y esperanza para preparar una de las campañas militares más extraordinarias de la historia: el Cruce de los Andes. En 1816 se creó oficialmente el Ejército de los Andes, y en enero de 1817 comenzó la epopeya libertadora. Desde Mendoza partió una fuerza destinada a cambiar el destino de Chile, Perú y América del Sur. Aquella ciudad de barro, acequias y calles polvorientas se convirtió en una capital estratégica de la independencia. Pero después de la gloria también llegaron años duros. Las guerras civiles, los conflictos entre unitarios y federales, las tensiones políticas y la lenta construcción del país marcaron a Mendoza durante décadas. Recién con la sanción de la Constitución Nacional de 1853 y el inicio de la Organización Nacional, la provincia comenzó a mirar hacia una nueva etapa: integración, crecimiento, producción y futuro. Entre 1561 y 1853, Mendoza pasó de ser una aldea colonial vinculada a Chile a convertirse en una pieza fundamental de la historia argentina. Fue frontera, posta, oasis, cuartel, sacrificio y promesa. Fue una ciudad de adobe que miraba la cordillera y terminó entrando en la historia grande como cuna logística de la libertad sudamericana. Porque Mendoza no nació grande. Se hizo grande resistiendo. #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #Cuyo #SanMartin #EjercitoDeLosAndes #CruceDeLosAndes #ArgentinaHistorica #HistoriaArgentina #VirreinatoDelRioDeLaPlata #CapitaniaGeneralDeChile #CordilleraDeLosAndes #IndependenciaAmericana #PatrimonioMendocino #MendozaAntigua #MendozaHistory #ArgentineHistory #SouthAmericanHistory #AndesHistory #SanMartinLegacy #ColonialHistory #HistoricMendoza
🔥 PAREDITAS: EL PUEBLO DONDE MENDOZA HUELE A HISTORIA, ADOBE Y ORÉGANO
En el extremo sur del Valle de Uco, dentro del departamento de San Carlos, Pareditas no es solo un punto en el mapa: es una puerta abierta al sur mendocino. Allí, donde se cruzan caminos históricos como la Ruta Nacional 40 y la Ruta Nacional 143, el paisaje mezcla campos verdes, cielo inmenso, memoria rural y la silueta eterna de la cordillera. Su nombre nace de aquellas pequeñas paredes de adobe, adobones y pircas de piedra que antiguamente servían para cercar potreros y dividir propiedades. Esos restos todavía hablan de tiempos de frontera, de fuertes, de carretas, de hacienda rumbo a Chile y de familias que fueron levantando la vida sancarlina entre tierra, trabajo y perseverancia. Entre las memorias del Fuerte San Juan Nepomuceno, el Paso de las Carretas, La Estafeta, el Bar Ale Frey, el viejo molino harinero de Don Avelino ligado a la familia Derrache y la histórica Escuela Río Negro, Pareditas conserva una identidad profunda, sencilla y poderosa. Pero hay algo más: Pareditas también se reconoce por su aroma. San Carlos es tierra de aromáticas, y el orégano se convirtió en uno de sus grandes emblemas productivos. Sus surcos verdes cuentan una historia de esfuerzo familiar, cosechas, tradición y orgullo local. Hoy, el Orégano de San Carlos posee Indicación Geográfica, un sello que confirma lo que la gente del lugar siempre supo: esta tierra tiene un sabor propio. Y hacia la montaña, la majestuosa Laguna del Diamante completa el espíritu del distrito: agua de deshielo, paisaje volcánico, guanacos, altura y una belleza natural que parece custodiar el alma del sur mendocino. Pareditas es historia viva, paisaje abierto, raíz rural y aroma de identidad. Un rincón sancarlino donde Mendoza no solo se mira: también se recuerda, se trabaja y se siente. #Pareditas #SanCarlos #ValleDeUco #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaMendocina #Ruta40 #Ruta143 #OréganoDeSanCarlos #LagunaDelDiamante #PatrimonioMendocino #CulturaMendocina #MendozaArgentina #ArgentineHistory #ArgentineHeritage #RuralHistory #Oregano #TravelMendoza
martes, 16 de junio de 2026
CHILECITO: EL PUEBLO SANCARLINO QUE GUARDA UNA HISTORIA MÁS GRANDE DE LO QUE IMAGINÁS - MENDOZA
Chilecito, San Carlos, Mendoza. Un rincón del Valle de Uco donde la historia se respira entre calles arboladas, antiguas casonas, acequias, caminos tranquilos y memoria viva. Conocido como “el pueblo que pudo ser Villa Cabecera”, Chilecito aparece como uno de los lugares más antiguos y cargados de identidad dentro del departamento de San Carlos. Su crecimiento estuvo ligado al movimiento de arrieros, comerciantes, familias pioneras y estancias productivas que fueron dejando huella en el paisaje rural mendocino. Entre sus referencias aparecen nombres que forman parte de la memoria local, como Don Ramón Cubillos, vinculado a una antigua estancia productiva, y familias como Farías y Aldecua, asociadas al desarrollo de la zona. También se destacan la Calle Vilches, los caminos internos, la antigua comisaría de 1858, el club, la vieja farmacia, la histórica “Casa Vieja” y el recuerdo de Don Simón Cruz Guevara, vecino ligado a la preservación de ese patrimonio. Pero Chilecito no es solo arquitectura antigua. También es territorio de raíces profundas: allí resuenan las huellas de la cultura Viluco, los hallazgos de utensilios, petroglifos y vestigios que conectan a San Carlos con un pasado indígena, colonial y rural de enorme valor. La plaza, el escudo departamental, las casonas con galerías, los corredores sombreados, los álamos, los frutales, el orégano, la lavanda y la vida tranquila del pueblo convierten a Chilecito en una postal inolvidable del sur del Valle de Uco. Un lugar pequeño en apariencia, pero inmenso en historia. Un pueblo que no solo se visita: se descubre, se escucha y se recuerda. #Chilecito, #SanCarlos, #Mendoza, #ValleDeUco, #MendozAntigua, #HistoriaDeMendoza, #PueblosDeMendoza, #PatrimonioMendocino, #CulturaViluco, #Ruta40, #MendozaRural, #TurismoMendoza, #PueblosConHistoria, #MemoriaMendocina, #SanCarlosMendoza, #MendozaArgentina, #ChilecitoMendoza, #UcoValley, #MendozaHistory, #RuralMendoza, #HistoricTowns, #ArgentinaTravel, #CulturalHeritage, #MendozaTourism
lunes, 15 de junio de 2026
1561: MENDOZA, LA CIUDAD QUE NACIÓ DEL AGUA, EL BARRO Y LA RESISTENCIA (Imagen Ilustrativa)
En 1561, una expedición llegada desde Chile, encabezada por el capitán Pedro del Castillo, fundó una pequeña ciudad al pie de la cordillera: Mendoza, Nuevo Valle de Rioja. Aquel primer asentamiento colonial no nació como una gran capital, sino como una modesta traza de 5 por 5 manzanas, organizada alrededor de una plaza: la actual Plaza Pedro del Castillo, corazón del Área Fundacional. Pero levantar una ciudad en Mendoza era mucho más que marcar calles sobre la tierra. Era sobrevivir en una región árida, de lluvias escasas, donde el agua valía tanto como la vida. Por eso, los españoles aprovecharon un conocimiento anterior y esencial: las acequias indígenas, vinculadas al mundo huarpe y a antiguos sistemas de manejo del agua. Gracias a ellas pudieron beber, cultivar huertas, regar chacras y sostener la vida cotidiana. Así, desde sus primeros años, Mendoza fue definiendo su destino: agrícola, comercial y caminera. Lejos de los grandes centros de poder, la ciudad sobrevivió por su capacidad de producir y por estar ubicada en un punto estratégico entre Buenos Aires, Santiago de Chile y Lima. Durante mucho tiempo tuvo fama de tierra pobre, aislada y difícil. Sin embargo, esa pequeña ciudad de barro, acequias y caminos terminó convirtiéndose en una de las grandes puertas de la Argentina hacia los Andes y el Pacífico. Mendoza nació humilde, pero con una fuerza silenciosa: la del agua conducida por acequias, la del trabajo en la tierra y la de un pueblo capaz de transformar el desierto en oasis. #Mendoza #HistoriaDeMendoza #FundacionDeMendoza #PedroDelCastillo #AreaFundacional #PlazaPedroDelCastillo #Acequias #Huarpes #CiudadOasis #MendozaAntigua #Cuyo #HistoriaArgentina #PatrimonioHistorico #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricMendoza #WaterCulture #UrbanHistory #AndesHistory #ColonialHistory
TRES ESQUINAS: EL PUEBLO QUE NACIÓ DE UN CRUCE Y SE GANÓ SU LUGAR EN LA HISTORIA. SAN CARLOS - MENDOZA
En el corazón rural de San Carlos, Mendoza, en el extremo sur del Valle de Uco, existe un lugar donde los caminos, las familias y la memoria se encontraron para dar origen a una identidad propia: Tres Esquinas. Su nombre nació de un cruce histórico. Allí, donde el antiguo carril nacional se unía con calle La Cancha, tres grandes casonas servían como referencia en medio del campo. Desde el siglo XIX, quienes preguntaban por la zona recibían una indicación simple y poderosa: “allá, donde están las tres esquinas”. Con el tiempo, esa frase dejó de ser una señal del camino para convertirse en nombre, pertenencia y destino. Con apenas 16 km², Tres Esquinas guarda una historia de esfuerzo comunitario. Fue paraje durante décadas, pero sus vecinos no se resignaron. Golpearon puertas, juntaron firmas, defendieron su identidad y, finalmente, el 18 de diciembre de 2014, lograron ser reconocidos oficialmente como distrito. Su espíritu se resume en una palabra: autogestión. Desde 1989 administra su propia red de agua potable y desde 2005 cuenta con planta potabilizadora. En sus calles sobreviven antiguos almacenes de ramos generales, casonas, bares, la memoria de la Posta García, las escuelas Antonio Olivares y Vicente Ortiz, y el recuerdo de generaciones que crecieron entre acequias, arboledas, trabajo rural, encuentros populares y bailes inolvidables. Tres Esquinas no es solo un punto en el mapa. Es un pueblo que hizo de un cruce una bandera, de la unión vecinal una fuerza y de la memoria una forma de seguir creciendo. Tres Esquinas: donde la historia todavía camina por sus calles. #TresEsquinas #SanCarlos #Mendoza #ValleDeUco #HistoriaMendocina #MendozaAntigua #MendozAntigua #PueblosDeMendoza #CulturaMendocina #MemoriaPopular #IdentidadCuyana #Ruta40 #Argentina #MendozaHistory #ValleDeUco #RuralHeritage #ArgentineHistory #CulturalHeritage #HiddenMendoza #HistoricPlaces
sábado, 13 de junio de 2026
VILLA CHACÓN: EL PUEBLO JOVEN DE SAN CARLOS QUE NACIÓ ENTRE VIÑEDOS, RUTAS Y MEMORIA - MENDOZA
Hay lugares que no necesitan levantar la voz para contar su historia. Les alcanza con una calle arbolada, una casa antigua, una escuela abierta, una bodega silenciosa y la Cordillera mirando desde el fondo. Así aparece Villa Chacón, en San Carlos, Mendoza: un pueblo maravilloso del Valle de Uco, marcado por el trabajo rural, la cultura del vino y la memoria de quienes hicieron crecer este rincón con esfuerzo, arraigo y comunidad. Entre rutas, viñedos y viejas construcciones que todavía conservan el pulso de otros tiempos, Villa Chacón guarda una identidad profunda. Su nombre homenajea a Alfredo Chacón Amigorena, figura ligada al desarrollo sancarlino, la educación y el progreso de su tierra. Según la historia local, fue un hombre que entendió que un pueblo también se construye enseñando, abriendo caminos y dejando algo para los que vienen después. Durante años, este paraje fue uno de los corazones vitivinícolas de la zona. Por allí pasaron nombres importantes de la producción, bodegas, trabajadores, familias, cosechas y sueños. La vid no fue solo economía: fue paisaje, cultura y forma de vida. Con el paso del tiempo llegaron viviendas, escuelas, espacios comunitarios, clubes, salud, servicios, ciclovías y polideportivo. Lo que alguna vez fue un paraje fue tomando fuerza propia hasta convertirse en el séptimo distrito de San Carlos, una señal clara de su crecimiento y de la importancia de su gente. La vieja Ruta 40, los álamos custodiando las calles, paredes que parecen hablar, la Escuela Alfredo Chacón como símbolo de identidad, el cartel de Barrio Chacón y esa calma mendocina que solo tienen los pueblos con historia. Villa Chacón no es solamente un punto en el mapa. Es tierra de viñas, de memoria familiar, de trabajo compartido y de futuro. Un lugar donde San Carlos vuelve a demostrar que la grandeza de Mendoza también vive en sus pueblos pequeños. Villa Chacón, pueblo maravilloso. Corazón joven de San Carlos. Memoria viva del Valle de Uco. #VillaChacon #SanCarlos #Mendoza #ValleDeUco #HistoriaDeMendoza #PueblosDeMendoza #Ruta40 #VillaChacón #Bodegas #Vitivinicultura #MendozAntigua #IdentidadMendocina #Cuyo #Argentina #MendozaArgentina #UcoValley #HistoricMendoza #WineCountry #RuralHeritage #SmallTowns #Andes #ArgentinaTravel #MendozaHistory
lunes, 8 de junio de 2026
CERRO ACONCAGUA: EL CENTINELA DE PIEDRA QUE DOMINA LOS ANDES - PASO DE LOS CONTRABANDISTAS - MENDOZA
Entre la nieve eterna, las rocas oscuras y el silencio inmenso de la cordillera, el Cerro Aconcagua se levanta como una presencia sagrada en el oeste mendocino. Esta imagen del Paso de los Contrabandistas, dentro del Parque Provincial Aconcagua, nos devuelve una postal áspera y majestuosa de la alta montaña: un territorio donde la naturaleza parece hablar en voz baja, pero con una fuerza imposible de ignorar. Ubicado en el departamento de Las Heras, a unos 185 kilómetros de la Ciudad de Mendoza y próximo al límite con Chile, el Aconcagua es mucho más que una montaña: es el gran símbolo de los Andes argentinos. Durante décadas fue reconocido con una altura tradicional de 6.962 metros, aunque mediciones modernas del Instituto Geográfico Nacional establecieron su altura oficial en 6.960,8 metros sobre el nivel medio del mar. Aun así, su imponencia permanece intacta: es el punto más alto de América y una de las cumbres más desafiantes del planeta. El Parque Provincial Aconcagua fue creado como área protegida en 1983 y resguarda un paisaje de enorme valor natural: glaciares, vegas altoandinas, fauna y flora adaptadas al frío, la aridez y los vientos extremos. También conserva una memoria arqueológica profunda, ya que la zona estuvo vinculada al mundo incaico y al antiguo Qhapac Ñan, el Camino del Inca. El nombre Aconcagua suele asociarse a la expresión quechua “Akon-Kahuak”, interpretada como “Centinela de Piedra”, aunque también se lo relaciona con vocablos aymaras que aluden al “Monte Nevado”. Ambas miradas parecen unirse en esta imagen: piedra y nieve, altura y misterio, historia y eternidad. Allí, en ese paisaje donde cada paso parece medir la pequeñez humana frente a la cordillera, el Aconcagua sigue vigilando Mendoza como un gigante inmóvil. No solo atrae a montañistas de todo el mundo: también guarda la memoria de antiguos caminos, viajeros, arrieros, exploradores y hombres que alguna vez cruzaron estas alturas guiados por necesidad, comercio, aventura o supervivencia. Una postal del Aconcagua no es solo una imagen de montaña. Es una invitación a mirar hacia arriba y recordar que Mendoza también tiene un corazón de piedra, nieve y cielo. #Aconcagua #Mendoza #ParqueProvincialAconcagua #PasoDeLosContrabandistas #CordilleraDeLosAndes #AltaMontaña #TechoDeAmerica #CentinelaDePiedra #HistoriaMendocina #MendozAntigua #AndesMountains #AconcaguaMountain #MendozaArgentina #MountainHistory #HighMountain #SouthAmerica #AndeanLandscape
domingo, 7 de junio de 2026
PARED OESTE DEL CERRO ACONCAGUA: LA MURALLA DEL CIELO MENDOCINO
La imagen nos devuelve una postal imponente de la Pared Oeste del cerro Aconcagua, esa mole de roca, nieve y silencio que se levanta como una fortaleza natural en plena Cordillera de los Andes. No es solo una montaña: es uno de los grandes símbolos de Mendoza y una presencia que domina el horizonte con una fuerza casi sagrada. Ubicado dentro del Parque Provincial Aconcagua, en el departamento de Las Heras, este coloso se encuentra sobre el corredor de la Ruta Nacional 7, a unos 185 kilómetros de la Ciudad de Mendoza. El parque protege más de 65.000 hectáreas de ambiente altoandino, con glaciares, vegas, fauna de altura y paisajes extremos que atraen a visitantes y andinistas de todo el mundo. El Aconcagua es reconocido como la montaña más alta de América y del hemisferio occidental. Si bien muchas referencias tradicionales lo señalan con 6.962 metros, el Instituto Geográfico Nacional precisó su altura oficial moderna en 6.960,8 metros sobre el nivel medio del mar, luego de mediciones geodésicas realizadas con GPS y gravimetría. La Pared Oeste está ligada a la ruta normal de ascenso, que parte desde el sector de Plaza de Mulas, uno de los campamentos base más conocidos del Aconcagua. Desde allí, generaciones de montañistas han iniciado el desafío de alcanzar la cumbre del llamado “Coloso de América”, enfrentando altura, viento, frío y una geografía que no perdona improvisaciones. Pero el Aconcagua también guarda una dimensión cultural profunda. El Gobierno de Mendoza recuerda que el cerro fue un sitio ceremonial incaico y forma parte del entorno vinculado al Qhapaq Ñan, el Camino del Inca declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Por eso, cada imagen antigua de sus paredes no muestra solamente piedra y nieve: muestra memoria, territorio, montaña y pertenencia. La Pared Oeste del Aconcagua parece detenida en el tiempo: áspera, inmensa, silenciosa. Una imagen que resume la grandeza de Mendoza y la eterna atracción que ejerce la montaña más poderosa de América. #MendozAntigua #Aconcagua #ParedOeste #CerroAconcagua #Mendoza #LasHeras #CordilleraDeLosAndes #ColosoDeAmerica #AltaMontaña #HistoriaMendocina #PatrimonioNatural #Ruta7 #PlazaDeMulas #Andinismo #Montaña #Argentina #AconcaguaMountain #MendozaArgentina #AndesMountains #HighestPeakInAmerica #MountainHistory #SouthAmerica #ClimbingHistory #NaturalHeritage
miércoles, 6 de mayo de 2026
Antes de YPF, Mendoza ya olía a petróleo: Cacheuta, Fader y la historia olvidada del oro negro cuyano
Mucho antes de que el petróleo se convirtiera en símbolo de soberanía energética, industria moderna y disputa internacional, Mendoza ya conocía el valor de sus aceites minerales, breas y asfaltos naturales. La provincia, identificada casi siempre con la vid, el vino y la montaña, también guarda una historia menos difundida: fue uno de los territorios pioneros en la búsqueda y explotación temprana de hidrocarburos en la Argentina. El conocimiento de estos recursos venía de muy lejos. Según los antecedentes históricos citados en el texto original, los huarpes ya utilizaban la brea con fines prácticos y decorativos. Durante la época hispánica, esos materiales también se emplearon para proteger embarcaciones mediante el calafateado y para impermeabilizar odres destinados al transporte de vinos y aguardientes hacia Buenos Aires. Así, antes de ser combustible moderno, el petróleo mendocino ya formaba parte de la vida productiva colonial. Entre los sitios más antiguos vinculados a estas explotaciones aparecen el Cerro de los Buitres, en San Rafael, y Agua del Corral, zona que más tarde sería conocida por las minas de Cacheuta, en Luján de Cuyo. Estudios sobre la historia geológica argentina recuerdan que, durante el siglo XIX, científicos como Alfredo Stelzner llamaron la atención sobre las manifestaciones petrolíferas de Cuyo y señalaron que las vertientes de petróleo de Mendoza merecían una investigación más profunda. El gran salto llegó en 1886, cuando se constituyó la Compañía Mendocina de Petróleo, impulsada por Carlos Fader, padre del pintor Fernando Fader, e integrada por figuras como Guillermo White, Emilio Civit, Francisco Civit y José V. Zapata. La investigación especializada destaca que esta empresa fue la primera del país en aplicar criterios científicos a la exploración petrolera. Para ello contrató al geólogo Rodolfo Zuber, quien realizó estudios de campo y ayudó a ubicar perforaciones en Cacheuta. Entre 1887 y 1890, la compañía perforó numerosos pozos, algunos con resultados importantes. Uno de ellos llegó a ser surgente, y el petróleo mendocino fue analizado en Europa, donde se destacó su calidad. La empresa construyó además un oleoducto de 35 kilómetros desde Cacheuta hasta Godoy Cruz, instaló tanques de almacenamiento y proyectó una refinería. En sus años de actividad llegó a perforar aproximadamente 30 pozos y produjo alrededor de 8.000 metros cúbicos de petróleo, equivalentes a unos ocho millones de litros. Pero aquella primera aventura petrolera no logró consolidarse. Las dificultades técnicas, los problemas de transporte, la caída del rendimiento de los pozos, la falta de infraestructura y las tensiones financieras terminaron paralizando los trabajos. Hacia fines del siglo XIX, Cacheuta volvía a quedar en suspenso, como una promesa energética adelantada a su tiempo. A comienzos del siglo XX surgieron nuevos intentos. En el sur mendocino, especialmente en la zona de El Sosneado, Cerro de los Buitres y Cerro Alquitrán, se realizaron perforaciones entre 1908 y 1913. Algunas dieron resultados productivos, pero el inicio de la Primera Guerra Mundial frenó las actividades. La misma fuente académica señala que en El Sosneado, la compañía “El Petróleo Argentino” de San Rafael perforó nueve pozos, tres de ellos productivos, hasta que el conflicto mundial interrumpió la continuidad de las tareas. También hubo intentos de capital extranjero. En 1909, en Londres, se formó The Argentine Western Petroleum Syndicate para reactivar áreas de la antigua Compañía Mendocina, aunque sus perforaciones no dieron los resultados esperados y cesó sus actividades en 1911. Luego actuó The Cacheuta Oil Syndicate, que obtuvo resultados favorables en una perforación más al sur, pero los problemas financieros provocados por la guerra hicieron que, desde 1914, Cacheuta quedara prácticamente sin actividad durante años. Todo esto ocurría mientras el mundo cambiaba a gran velocidad. La guerra, el avance de los motores de combustión interna, los automóviles, los camiones, los buques modernos y la competencia entre potencias transformaron al petróleo en un recurso estratégico. Ya no era solo una curiosidad mineral ni un material para impermeabilizar: era energía, transporte, industria, defensa y poder. Esa nueva realidad preparó el terreno para una etapa decisiva. En 1922, durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen, el Estado argentino creó la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, un hito fundamental en la historia energética nacional. Luego, bajo la conducción de Enrique Mosconi, YPF impulsó una visión donde el petróleo se convirtió en asunto de soberanía, desarrollo e interés público. Por eso, la historia petrolera mendocina hasta 1918 no debe verse como un episodio menor. Es la historia de una provincia que, antes de ser pensada como territorio petrolero moderno, ya había visto surgir breas, asfaltos, pozos, oleoductos, empresas pioneras, capitales extranjeros, científicos, técnicos y empresarios que intentaron abrir un camino difícil. Mendoza fue vino, montaña y oasis. Pero también fue petróleo temprano, exploración audaz y una promesa energética que se adelantó a su época. En Cacheuta, San Rafael y el sur provincial quedó escrita una página poco recordada de la Argentina profunda: la del oro negro que empezó a asomar mucho antes de que el país comprendiera todo su valor. #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #PetróleoEnMendoza #Cacheuta #CarlosFader #OroNegro #YPF #HistoriaArgentina #IndustriaPetrolera #SanRafaelMendoza #LujánDeCuyo #AguaDelCorral #CerroDeLosBuitres #HistoriaEnergética #PatrimonioIndustrial #MendozaHistory #ArgentineHistory #OilHistory #PetroleumHistory #EnergyHistory #IndustrialHeritage #CacheutaHistory #BlackGold #ArgentinaEnergy #HistoricalMemory. (https://bdigital.uncu.edu.ar/)
jueves, 23 de abril de 2026
Chacras de Coria: cómo el agua, el vino y el avance urbano transformaron para siempre su paisaje e identidad
En Chacras de Coria, el aprovechamiento del agua no solo modeló el territorio: también hizo posible, desde tiempos muy tempranos, el desarrollo económico de sus habitantes y la formación de un conjunto de bienes materiales e inmateriales que todavía hoy sostienen buena parte de su identidad. La Guía de Bienes Patrimoniales de Chacras de Coria. Un paisaje con identidad, elaborada desde la UNCuyo, destaca justamente que el recurso hídrico fue decisivo en la configuración del paisaje cultural local y que hacia fines del siglo XVII la ampliación del oasis de riego asociado al zanjón, hoy ligado al sistema del Cacique Guaymallén, permitió pasar de un esquema huarpe de subsistencia a otro de autoabastecimiento y de intercambio con Chile. En ese proceso crecieron los alfalfares para engorde de ganado, los cultivos de trigo y maíz, y también los viñedos y olivares. A partir de la década de 1830, ese mundo productivo se enriqueció con la instalación de molinos harineros accionados por la fuerza hidráulica del canal Cacique Guaymallén. El desarrollo de la ganadería y de los cereales favoreció la aparición de esta actividad, y aunque hoy quedan pocos testimonios materiales, la memoria patrimonial todavía recuerda molinos en el área de estudio, entre ellos los de Ortiz y Godoy sobre la margen izquierda y el molino Reynaud en la margen derecha. Así, el paisaje de Chacras de Coria no fue solo vitivinícola: durante mucho tiempo combinó agua, forraje, cereales, ganado y molienda, formando un entramado económico mucho más diverso de lo que suele imaginarse. Ese modelo ganadero-molinero se mantuvo hasta aproximadamente la década de 1870, mientras la vitivinicultura abastecía sobre todo al mercado local y una parte del regional. Luego, varios factores —entre ellos la pérdida de rentabilidad del negocio ganadero— empujaron a concentrar los esfuerzos en un viejo cultivo ya conocido: el viñedo. Con la incorporación de la Argentina al mercado internacional, la llegada del ferrocarril y el impacto de la inmigración, el territorio y las formas de vida comenzaron a cambiar de manera profunda. La elaboración tradicional del vino dio paso a formas modernas de producción y se consolidó un nuevo patrón de crecimiento: el de la agroindustria vitivinícola, que transformó el paisaje construido y desplazó progresivamente el antiguo paisaje protoindustrial agrícola hacia otro de industrialización del vino. Con el correr del tiempo, Chacras de Coria reforzó además su papel como lugar de veraneo y de descanso de fin de semana, para más tarde transformarse en un espacio de residencia permanente. Ese cambio se aceleró de manera decisiva desde la década de 1990, cuando la proliferación de barrios privados y urbanizaciones de baja densidad comenzó a alterar con fuerza el carácter del paisaje. Investigaciones del INCIHUSA-CONICET sobre el paisaje vitivinícola del Área Metropolitana de Mendoza señalan que, desde entonces, la metropolización y el cambio de uso del suelo destruyeron progresivamente superficies agrícolas y modificaron de forma vertiginosa el paisaje tradicional de zonas como Chacras de Coria y Vistalba. A las crisis sucesivas de la vitivinicultura durante el siglo XX se sumó así otro actor decisivo: el negocio inmobiliario. La erradicación y el abandono de viñedos dieron paso a nuevos núcleos habitacionales que, en muchos casos, se implantaron sin un plan ordenador previo, alterando de manera definitiva la fisonomía del distrito. En otras palabras, el paisaje de Chacras dejó de estar organizado principalmente por la lógica agrícola y pasó a ser tensionado por la presión urbana, un fenómeno que hoy forma parte central de los debates patrimoniales y territoriales sobre el área. Por otra parte, desde alrededor de 1940, las inmediaciones del canal Cacique Guaymallén y de calle Besares comenzaron a concentrar un pequeño polo industrial. Allí se instalaron establecimientos como Carbometal, la fábrica de fibrocemento REALIT S.A., la usina hidroeléctrica Pablo Casale / Electra, además de otras plantas químicas e industriales que marcaron una nueva etapa en la evolución económica del distrito. La guía patrimonial de Chacras destaca que varias de estas instalaciones quedaron luego inmersas en la trama urbana: algunas conservaron funciones semejantes, otras cambiaron de uso y varias entraron en abandono, convirtiéndose también en parte del patrimonio industrial y de la memoria del lugar. Vista en conjunto, la historia de Chacras de Coria muestra un recorrido tan fascinante como complejo: del agua huarpe al oasis de riego, de los alfalfares y molinos a la vitivinicultura industrial, del pueblo de fin de semana al suburbio residencial y al avance del mercado inmobiliario. Por eso, hablar de Chacras no es solo hablar de un barrio atractivo o de un rincón tradicional de Mendoza: es hablar de un paisaje cultural construido durante siglos por el agua, el trabajo, la producción, la memoria y las tensiones del crecimiento urbano. #ChacrasDeCoria #Mendoza #PaisajeCultural #PatrimonioMendocino #CanalCaciqueGuaymallén #HistoriaDeMendoza #Vitivinicultura #AguaYTerritorio #PatrimonioIndustrial #MemoriaDelPaisaje #ChacrasDeCoria #CulturalLandscape #MendozaHistory #WineHeritage #WaterAndTerritory #BuiltHeritage #UrbanTransformation #IndustrialHeritage (fuente: https://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/16796/chacrasdecoria-guiadebienespatrimoniales.pdf)











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