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jueves, 23 de abril de 2026

Chacras de Coria: cómo el agua, el vino y el avance urbano transformaron para siempre su paisaje e identidad


En Chacras de Coria, el aprovechamiento del agua no solo modeló el territorio: también hizo posible, desde tiempos muy tempranos, el desarrollo económico de sus habitantes y la formación de un conjunto de bienes materiales e inmateriales que todavía hoy sostienen buena parte de su identidad. La Guía de Bienes Patrimoniales de Chacras de Coria. Un paisaje con identidad, elaborada desde la UNCuyo, destaca justamente que el recurso hídrico fue decisivo en la configuración del paisaje cultural local y que hacia fines del siglo XVII la ampliación del oasis de riego asociado al zanjón, hoy ligado al sistema del Cacique Guaymallén, permitió pasar de un esquema huarpe de subsistencia a otro de autoabastecimiento y de intercambio con Chile. En ese proceso crecieron los alfalfares para engorde de ganado, los cultivos de trigo y maíz, y también los viñedos y olivares. A partir de la década de 1830, ese mundo productivo se enriqueció con la instalación de molinos harineros accionados por la fuerza hidráulica del canal Cacique Guaymallén. El desarrollo de la ganadería y de los cereales favoreció la aparición de esta actividad, y aunque hoy quedan pocos testimonios materiales, la memoria patrimonial todavía recuerda molinos en el área de estudio, entre ellos los de Ortiz y Godoy sobre la margen izquierda y el molino Reynaud en la margen derecha. Así, el paisaje de Chacras de Coria no fue solo vitivinícola: durante mucho tiempo combinó agua, forraje, cereales, ganado y molienda, formando un entramado económico mucho más diverso de lo que suele imaginarse. Ese modelo ganadero-molinero se mantuvo hasta aproximadamente la década de 1870, mientras la vitivinicultura abastecía sobre todo al mercado local y una parte del regional. Luego, varios factores —entre ellos la pérdida de rentabilidad del negocio ganadero— empujaron a concentrar los esfuerzos en un viejo cultivo ya conocido: el viñedo. Con la incorporación de la Argentina al mercado internacional, la llegada del ferrocarril y el impacto de la inmigración, el territorio y las formas de vida comenzaron a cambiar de manera profunda. La elaboración tradicional del vino dio paso a formas modernas de producción y se consolidó un nuevo patrón de crecimiento: el de la agroindustria vitivinícola, que transformó el paisaje construido y desplazó progresivamente el antiguo paisaje protoindustrial agrícola hacia otro de industrialización del vino. Con el correr del tiempo, Chacras de Coria reforzó además su papel como lugar de veraneo y de descanso de fin de semana, para más tarde transformarse en un espacio de residencia permanente. Ese cambio se aceleró de manera decisiva desde la década de 1990, cuando la proliferación de barrios privados y urbanizaciones de baja densidad comenzó a alterar con fuerza el carácter del paisaje. Investigaciones del INCIHUSA-CONICET sobre el paisaje vitivinícola del Área Metropolitana de Mendoza señalan que, desde entonces, la metropolización y el cambio de uso del suelo destruyeron progresivamente superficies agrícolas y modificaron de forma vertiginosa el paisaje tradicional de zonas como Chacras de Coria y Vistalba. A las crisis sucesivas de la vitivinicultura durante el siglo XX se sumó así otro actor decisivo: el negocio inmobiliario. La erradicación y el abandono de viñedos dieron paso a nuevos núcleos habitacionales que, en muchos casos, se implantaron sin un plan ordenador previo, alterando de manera definitiva la fisonomía del distrito. En otras palabras, el paisaje de Chacras dejó de estar organizado principalmente por la lógica agrícola y pasó a ser tensionado por la presión urbana, un fenómeno que hoy forma parte central de los debates patrimoniales y territoriales sobre el área. Por otra parte, desde alrededor de 1940, las inmediaciones del canal Cacique Guaymallén y de calle Besares comenzaron a concentrar un pequeño polo industrial. Allí se instalaron establecimientos como Carbometal, la fábrica de fibrocemento REALIT S.A., la usina hidroeléctrica Pablo Casale / Electra, además de otras plantas químicas e industriales que marcaron una nueva etapa en la evolución económica del distrito. La guía patrimonial de Chacras destaca que varias de estas instalaciones quedaron luego inmersas en la trama urbana: algunas conservaron funciones semejantes, otras cambiaron de uso y varias entraron en abandono, convirtiéndose también en parte del patrimonio industrial y de la memoria del lugar. Vista en conjunto, la historia de Chacras de Coria muestra un recorrido tan fascinante como complejo: del agua huarpe al oasis de riego, de los alfalfares y molinos a la vitivinicultura industrial, del pueblo de fin de semana al suburbio residencial y al avance del mercado inmobiliario. Por eso, hablar de Chacras no es solo hablar de un barrio atractivo o de un rincón tradicional de Mendoza: es hablar de un paisaje cultural construido durante siglos por el agua, el trabajo, la producción, la memoria y las tensiones del crecimiento urbano. #ChacrasDeCoria #Mendoza #PaisajeCultural #PatrimonioMendocino #CanalCaciqueGuaymallén #HistoriaDeMendoza #Vitivinicultura #AguaYTerritorio #PatrimonioIndustrial #MemoriaDelPaisaje #ChacrasDeCoria #CulturalLandscape #MendozaHistory #WineHeritage #WaterAndTerritory #BuiltHeritage #UrbanTransformation #IndustrialHeritage (fuente: https://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/16796/chacrasdecoria-guiadebienespatrimoniales.pdf) 

Cómo los concursos y la investigación transformaron para siempre la arquitectura en Mendoza


Las transformaciones en la práctica liberal de la arquitectura en Mendoza durante la segunda mitad del siglo XX no pueden entenderse sin dos procesos decisivos: la consolidación de las sociedades profesionales y el crecimiento de la investigación científica. El impulso a los Concursos de Arquitectura, tanto para obras públicas como privadas, venía gestándose desde comienzos del siglo XX en la Sociedad Central de Arquitectos, que ya desde 1904 difundía llamados entre sus asociados y organizaba reglamentos para ordenar el sistema. Con el paso del tiempo, ese modelo se extendió por el país y quedó respaldado por entidades profesionales y por la Federación Argentina de Entidades de Arquitectos (FADEA), cuya normativa fijó criterios de jurisdicción, participación, jurados, premios y garantías del proceso. En Mendoza, esta dinámica supuso algo más que convocar proyectos: implicó crear normas, designar jurados y asesores y construir una cultura profesional capaz de regular la labor del arquitecto en el diseño y la ejecución de obras. Esa tarea fue asumida primero por la Sociedad de Arquitectos de Mendoza y luego por el Colegio de Arquitectos de Mendoza, instituciones que ayudaron a profesionalizar el campo disciplinar local. Desde alrededor de 1960, además, comenzó a volverse cada vez más habitual la asociación entre arquitectos —o entre arquitectos e ingenieros— en estudios profesionales, una forma de trabajo que terminó siendo representativa del ejercicio de la profesión en la provincia durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX. La multiplicación de concursos fue una de las razones centrales de esas alianzas: algunas surgieron para encargos puntuales; otras se consolidaron y perduraron durante décadas. Estas asociaciones potenciaron notablemente la profesión, porque permitieron reunir especialistas con experiencias y saberes distintos para responder a programas cada vez más complejos. Muchos de esos estudios se destacaron en concursos regionales, nacionales e internacionales, y varios de sus miembros integraron también cuerpos de jurados organizados por la SAM o el CAM. Entre los equipos ganadores de concursos organizados entre las décadas del sesenta y del ochenta pueden mencionarse, entre otros, los del Palacio Policial (1966, Raúl Panelo Gelly, Rodolfo Sardi y Miguel Rosso, construido), la Municipalidad de Mendoza (1965, Gilberto Olguín, Simón Lacerna y Raúl Maroi, construido), el Banco de Previsión Social, sede central (1969, Gilberto Olguín y Raúl Maroi, construido), la Dirección Provincial de Vialidad (1971, Grupo 10), el Consejo Profesional de Ingenieros y Colegio de Arquitectos (1971, Carlos Caporalini y Carlos Gainza, construido), el Banco Nacional de Desarrollo, sucursal Mendoza (1972, Grupo 10), el Banco Unión Comercial e Industrial, sede central (1973, Grupo 10, construido), el Banco de Previsión Social, sucursal Guaymallén (1975, Grupo 10, construido), el Centro de Prensa para el Mundial 78 (1977, Simón Lacerna, Miguel Rosso y Julio Díaz Valentín, construido), la sede social del Club de Campo Mendoza (1977, Grupo 10, construido), la Alianza Francesa (1983, Grupo 10, construido), las torres de departamentos, locales comerciales y cocheras de Amaro S.A. (1980, Grupo 10) y el edificio de departamentos Lomas Blancas, en Los Penitentes (1984, Grupo 10, construido). Pero la evolución del campo arquitectónico mendocino no pasó solo por el ejercicio profesional. Otra irrupción clave fue la de la investigación. En Mendoza, el CRICYT comenzó a tomar forma con el anuncio oficial de su creación el 2 de octubre de 1972, y su convenio constitutivo fue firmado el 22 de marzo de 1973 por el CONICET, la Universidad Nacional de Cuyo y el Gobierno provincial. Allí encontró un nuevo espacio Enrico Tedeschi tras su salida de la FAU-UM, y desde ese ámbito impulsó el desarrollo del Laboratorio de Ambiente Humano y Vivienda (LAHVI). Aquel grupo se concentró en temas decisivos para la región: la arquitectura en zonas áridas, el aprovechamiento de la energía solar y la asismicidad de las construcciones. Entre sus primeros integrantes estuvieron los arquitectos Carlos de Rosa, Esteban Fernández y Rodolfo Vilapriño. Desde la década de 1980 se incorporaron al CRICYT otros arquitectos que comenzaron a trabajar sobre Historia, Territorio y Patrimonio Cultural de Mendoza. Esa ampliación de temas fue decisiva: la arquitectura dejó de pensarse solo desde la estética urbana o la obra nueva y empezó a incluir con más fuerza la valoración patrimonial, la defensa de edificios y sitios significativos, y la incorporación de la historia de la arquitectura como parte del propio proceso de diseño. En otras palabras, la ciudad, el paisaje y la memoria comenzaron a volverse problemas centrales para un número creciente de profesionales. En el plano formativo, otro hito llegó en 1992 con la creación del Instituto de Cultura Arquitectónica y Urbana (ICAU) dentro de la FAU-UM, por Resolución Nº 473 del 26 de agosto de 1992. Su directora fundadora, Eliana Bórmida, impulsó allí numerosas líneas de investigación con participación de docentes y alumnos. La propia Universidad de Mendoza destaca que el ICAU nació para dar marco científico a trabajos que ya venían desarrollándose desde las cátedras de Historia de la Arquitectura y el Urbanismo, y que desde mediados de los años ochenta esos equipos ya publicaban estudios sobre el patrimonio de Mendoza y de la región de Cuyo. Entre las líneas que se afianzaron en ese ámbito estuvieron el urbanismo en zonas áridas, el patrimonio del vino, la arquitectura de la inmigración italiana y la valoración de los paisajes culturales de la región andina. En definitiva, a lo largo del siglo XX se fue tejiendo en Mendoza una red de vínculos entre agencias estatales, asociaciones profesionales e instituciones educativas que resultó fundamental para la arquitectura pública, la arquitectura privada y la consolidación del campo profesional local. En ese entramado se hicieron visibles trayectorias destacadas, se fortalecieron oficinas técnicas estatales, se consolidaron estudios profesionales competitivos y comenzaron a formarse generaciones de investigadores ligados a la historia de la arquitectura mendocina, la preservación del patrimonio y la arquitectura bioclimática. Por eso, más que un proceso aislado, la arquitectura en Mendoza debe leerse como el resultado de una construcción colectiva, compleja y sostenida, que fue ganando peso en la escena nacional e internacional. #ArquitecturaEnMendoza #HistoriaDeLaArquitectura #ConcursosDeArquitectura #PatrimonioMendocino #CRICYT #ICAU #ElianaBormida #ArquitecturaBioclimática #PatrimonioDelVino #MendozaArquitectónica #ArchitectureInMendoza #ArchitecturalHistory #ArchitectureCompetitions #BuiltHeritage #BioclimaticArchitecture #WineHeritage #UrbanHistory.  (fuente: file:///C:/Users/eduar/Downloads/raffa-arquitectosenmendoza.pdf)

miércoles, 15 de abril de 2026

La Payunia, el reino de fuego escondido en Malargüe: el paisaje volcánico que asombra al mundo. Mendoza, Argentina


La Payunia, en el sur de Mendoza, es uno de los territorios volcánicos más extraordinarios del planeta y, según la difusión oficial de la provincia, la región con mayor densidad de volcanes del mundo, con un promedio de 10,6 volcanes cada 100 km². Esta reserva natural se ubica en el departamento de Malargüe, a unos 570 kilómetros de la ciudad de Mendoza, y reúne un paisaje impactante dominado por tonos negros y rojizos, producto de la enorme cantidad de materiales volcánicos que cubren planicies, laderas y campos de lava. Por su singularidad geológica y escénica, gran parte del área integra además un sitio propuesto ante la UNESCO como candidato a Patrimonio Mundial Natural. La reserva —también conocida como Payún o Payén— es mucho más que un gran campo volcánico: representa uno de los paisajes más valiosos de la estepa patagónica mendocina y combina interés turístico, científico, ambiental y educativo. Allí se contabilizan más de 800 volcanes, con presencia de distintos tipos de edificios volcánicos, entre ellos conos, calderas y escudos. El más imponente es el Payún Matrú, un estratovolcán que alcanza unos 3.715 metros de altura y que, según la presentación ante la UNESCO, posee una gran caldera de 8 kilómetros de diámetro; junto a él sobresale también el Payún Liso, otra de las cumbres emblemáticas del área. El suelo de La Payunia conserva por todas partes las huellas de su origen eruptivo: cenizas, lapilli, coladas de lava y bombas volcánicas forman parte del terreno, por lo que el tránsito debe hacerse con precaución y siempre respetando las indicaciones del área protegida. El visitante se encuentra con pampas negras, lomas rojizas y vastas extensiones donde la geología parece dominarlo todo. Aun así, la vida se abre paso con fuerza: fuentes oficiales destacan allí una de las mayores concentraciones de guanacos del centro-oeste argentino, con registros de más de 11.000 ejemplares en la propuesta ante UNESCO y menciones provinciales a una población superior a 14.000. También aparecen especies vegetales adaptadas a este ambiente extremo, como el solupe negro, la pichanilla, la melosa, jarillas y diversos pastos de altura. Desde el punto de vista territorial, La Payunia suele describirse en tres grandes sectores. El sector norte o septentrional ocupa una porción menor del conjunto y presenta manifestaciones volcánicas más antiguas. El sector central, el más extenso y representativo, concentra dos campos volcánicos principales: Llancanelo, con unos 10.700 km² y alrededor de 200 centros eruptivos, y Payún Matrú, con cerca de 5.200 km², abundantes conos basálticos y los grandes volcanes compuestos del área. Entre ambos se han identificado alrededor de 827 conos volcánicos. Hacia el sur, el sistema se prolonga hasta incluir el escudo basáltico de Auca Mahuida, ya en el norte neuquino. La llegada a la reserva ya funciona como una experiencia en sí misma. El acceso se realiza primero por la Ruta Nacional 40 y luego por la Ruta Provincial 186, atravesando un camino donde se multiplican las señales del vulcanismo: arenales oscuros formados por lava fragmentada, rocas expulsadas desde antiguos cráteres y extensiones casi negras que sólo contrastan con algunos coirones amarillos. Para ingresar y recorrer el área se recomienda circular únicamente por senderos habilitados, registrarse con los guardaparques, no fumar, no arrojar residuos y no desviarse de las trazas autorizadas. Además, para alcanzar sectores internos o puntos culminantes del campo volcánico suele requerirse la compañía de un guía habilitado, ya que buena parte del interior no está señalizado. El nombre también guarda una historia propia. La forma “Payunia” deriva de Payén, voz vinculada al mundo pehuenche y mapuche. Distintas interpretaciones lo relacionan con un “lugar donde hay cobre”, mientras que en la tradición lingüística mapuche Payén y Payún también han sido asociados con la idea de “barba”; de allí que Payún Matrú haya sido interpretado como “barba de chivo”. En el uso más extendido, Payén quedó asociado al macizo y Payún a sus volcanes, mientras que pillán es una antigua voz mapuche vinculada al volcán o a la potencia sagrada del fuego interior. En definitiva, La Payunia no es solo un destino turístico notable: es uno de los grandes santuarios geológicos de la Argentina, un territorio donde Mendoza exhibe una de sus maravillas naturales más poderosas y singulares. #LaPayunia #Payunia #PayúnMatrú #Malargüe #Mendoza #Volcanes #ReservaNatural #PatrimonioNatural #PatrimonioMundial #EstepaPatagónica #TurismoMendoza #Geología #NaturalezaArgentina #Volcanoes #VolcanicLandscape #NaturalHeritage #PatagoniaSteppe #MendozaArgentina #UNESCO #AdventureTravel #NostalgiaCore, #Throwback, #TBT, #ThrowbackThursday, #Vintage, #Retro, #VintagePhotography, #HistoricalPhotos, #HistoricPhotos, #ArchivePhoto, #ArchivalPhoto, #OnThisDay, #TodayInHistory, #ThisDayInHistory, #OTD

Cuando el agua dibujó Chacras de Coria: la trama urbana que nació entre acequias, ríos secos y viñedos. Mendoza, Argentina (Imagen Ilustrativa)


La historia urbana de Chacras de Coria no puede entenderse sin el agua. Allí convivieron, desde temprano, dos sistemas hídricos que modelaron el territorio y condicionaron la implantación del poblado: por un lado, el sistema natural de las aguas salvajes, compuesto por ríos temporarios y cauces secos; por otro, el sistema cultural de las aguas conducidas, organizado en canales, hijuelas y acequias. Ambos, con recorridos en gran medida paralelos, dejaron su huella sobre el trazado de la villa y terminaron definiendo buena parte de su forma urbana. La bibliografía patrimonial reciente sobre Chacras de Coria subraya justamente que ese paisaje fue el resultado del cruce entre naturaleza, riego y ocupación humana, y recuerda además que la zona era conocida en tiempos prehispánicos como el Valle de Lanyeni. Los antiguos ríos secos, que concentraban las tormentas estivales y corrían de oeste a este, atravesaban estas tierras antes de ser incorporados progresivamente al sistema vial. Algunos ejemplos de esos cauces temporarios son los que más tarde se asociaron con las actuales calles Almirante Brown, Pueyrredón, Larrea, Liniers y Besares, o con el sector del hoy llamado río seco Viamonte, vinculado al eje de Malvinas y Piedras. Con el avance urbano y con las modificaciones introducidas por la acción humana y los cambios en los límites de las propiedades, esos cursos fueron alterándose, aunque dejaron rastros visibles. Uno de los más elocuentes es el puente de Viamonte y Larrea, que todavía funciona como una marca material de la existencia del viejo cauce y de la dirección que llevaba ese escurrimiento natural. Frente a ese sistema natural se desplegó el sistema cultural del riego, articulado por cauces principales de dirección sur-norte, de los que partía una red de acequias hacia el este siguiendo la pendiente del terreno. Entre las hijuelas más importantes sobresalieron Chacras de Coria y La Falda. La primera estuvo ligada tanto al antiguo sistema huarpe como al riego de las chacras históricas de don Coria; la segunda abasteció, entre otras propiedades, las tierras de José Benito de San Martín, quien desde 1912 convirtió ese sector en el primer parque privado de Mendoza, el parque Angélica. No es casual que, paralelos a esas hijuelas, se afirmaran también dos de los grandes ejes longitudinales de la localidad: Viamonte y Benito de San Martín, cuyas trazas heredaron, en parte, la sinuosidad de aquellos cursos de agua. Con el tiempo, ese entramado hídrico y rural ayudó a convertir a Chacras de Coria en un sitio de recreo privilegiado. Como recuerda la historiografía mendocina citada en la guía patrimonial del distrito, el suburbio agrícola al sur de la ciudad, más irrigado y fresco en verano, comenzó a perfilarse desde temprano como un lugar de paseo de fin de semana para las familias acomodadas. Ya en los inicios del siglo XX, la villa se pobló de casas de verano y residencias distinguidas, algunas próximas a la estación del Ferrocarril Trasandino y otras inmersas entre viñedos, fincas y arboledas. El diario Los Andes incluso daba cuenta de quiénes participaban de esa vida estival y social, en la que se hicieron célebres las tertulias y los encuentros musicales en jardines privados como los de la casa Seippel. La conectividad de Chacras de Coria también estuvo estrechamente vinculada al agua. En tiempos coloniales, el acceso a estas tierras dependía muchas veces de los pasos sobre los cauces secos, y el zanjón —ancho y torrentoso— resultaba difícil de cruzar. Recién hacia fines de la década de 1880 comenzó a consolidarse una conexión más firme con la calle Luján, hoy San Martín, que enlazaba la zona con la ciudad de Mendoza al norte y con Luján al sur. Más adelante, durante la primera mitad del siglo XX, la construcción de nuevos puentes sobre el canal Cacique Guaymallén mejoró la circulación vehicular, y luego la conexión por Darragueira y la apertura de la ruta Panamericana en la década de 1970 terminaron de perfilar la red vial que hoy estructura el distrito. Ese proceso de accesibilidad creciente fue decisivo en la transformación de la antigua villa de veraneo. Hacia los años 1980, Chacras de Coria ya había dejado de ser solamente un refugio estacional para convertirse en un lugar de residencia permanente, con una población estable, vida tranquila, calles arboladas y un entorno todavía rodeado de fincas, viñedos y frutales. Por eso, la trama urbana de la localidad no nació como una cuadrícula impuesta sobre un espacio vacío: surgió de la superposición de cursos de agua, caminos rurales, acequias, puentes y tierras cultivadas. En otras palabras, Chacras de Coria fue una villa donde el paisaje agrario, el sistema hídrico y la urbanización crecieron juntos, dejando una identidad territorial singular que todavía puede leerse en sus calles y en su memoria. #ChacrasDeCoria #MendozaHistórica #HistoriaDeMendoza #PaisajeAgrario #Acequias #PatrimonioMendocino #Riego #FerrocarrilTrasandino #VillaDeVeraneo #UrbanismoHistórico #HistoricMendoza #AgrarianLandscape #WaterHeritage #UrbanHistory #IrrigationCulture #CulturalLandscape #MendozaArgentina #Heritage #NostalgiaCore, #Throwback, #TBT, #ThrowbackThursday, #Vintage, #Retro, #VintagePhotography, #HistoricalPhotos, #HistoricPhotos, #ArchivePhoto, #ArchivalPhoto, #OnThisDay, #TodayInHistory, #ThisDayInHistory, #OTD

sábado, 11 de abril de 2026

De las chacras de Don Coria a la villa que enamoró a Mendoza: la historia del paisaje que dio origen a Chacras de Coria (Imagen Ilustrativa)


Las chacras de los Coria forman parte del origen profundo de uno de los paisajes más emblemáticos de Mendoza. Desde la segunda mitad del siglo XVI, la llegada de los conquistadores españoles modificó de manera decisiva la relación entre sociedad y naturaleza en este oasis árido: impusieron una nueva organización productiva apoyada en la encomienda, incorporaron cultivos como cereales y frutales y sumaron herramientas de laboreo, aunque mantuvieron como base el sistema de acequias que ya utilizaban los pueblos originarios. Esa continuidad del saber hídrico indígena fue decisiva para que el territorio pudiera sostener su expansión agrícola. Hacia fines del siglo XVII y durante el XVIII, la red de riego se amplió con nuevos cauces y tomas. En ese entramado aparece la Toma de Coria, vinculada a la actual hijuela de Chacras de Coria, mientras que la llamada Toma de los Españoles, levantada sobre una antigua toma indígena o “del Inca”, quedó como una de las primeras grandes obras hidráulicas del río Mendoza. Las fuentes consultadas la ubican en la década de 1780, con referencias que la fechan entre 1785 y 1788, lo que muestra la persistencia y también la complejidad de la historia hídrica mendocina.  Las chacras propiamente dichas nacieron a partir de una Merced Real otorgada a Juan Hilario de Coria y Bohórquez, quien estableció allí una encomienda y promovió un sistema de regadío que convirtió tierras secas en un espacio productivo. Aquellos predios, conocidos como “Las Chacras de Don Coria”, gozaban de una posición privilegiada respecto del agua, ya que se beneficiaban de una de las primeras derivaciones de la acequia de la ciudad. Con el tiempo, y bajo el sistema de mayorazgo, las heredades pasaron a manos de sus descendientes y alcanzaron gran desarrollo, con viñas, alfalfares, cereales, frutales, ganadería y una infraestructura que incluía bodega, vasijas, carretas, bueyes y mulas. En su momento de mayor expansión, estas tierras llegaban desde el zanjón hasta los cerros del oeste y desde el río Mendoza hasta sectores de la actual Godoy Cruz. Pero ese esplendor no fue eterno. A mediados del siglo XVIII, las deudas contraídas con los mercedarios terminaron en la ejecución de parte de las propiedades y dieron origen a la Chacarilla de la Merced, en la zona de La Puntilla, donde hubo casa, capilla, escuela de primeras letras, lagares y bodega para producir vino y aguardiente. Después llegaron nuevas subdivisiones, ventas y aperturas de caminos, en un proceso que transformó lentamente la gran chacra original en un tejido más fragmentado. Para la época de la Revolución de Mayo, la zona ya tenía alrededor de 180 habitantes y unas 30 casas, y más tarde la llegada del ferrocarril —fundamental para el desarrollo local— ayudó a convertir aquel antiguo caserío rural en una pequeña villa cada vez más ligada al descanso estival y al crecimiento de Luján de Cuyo.  Así nació el paisaje histórico de Chacras de Coria: un territorio moldeado por el agua, por el trabajo agrícola, por las herencias familiares y por las transformaciones económicas que fueron dejando huella en calles, acequias, fincas y memorias. Detrás del nombre actual sigue latiendo aquella historia original: la de las viejas chacras de Don Coria, nacidas en un oasis trabajado durante siglos hasta convertirse en uno de los rincones con mayor identidad de Mendoza. #ChacrasDeCoria #HistoriaDeMendoza #LujanDeCuyo #LasChacrasDeDonCoria #Acequias #PatrimonioMendocino #HistoriaRegional #PaisajeCultural #MendozaAntigua #MemoriaHistórica #ChacrasDeCoriaHistory #MendozaHistory #CulturalLandscape #WaterHeritage #HistoricMendoza #Heritage #ArgentineHistory #HistoryLovers #VintageMendoza #CulturalMemory #History, #HistoryLovers, #HistoryFacts, #HistoryBuff, #Historical, #HistoricalPhotography, #HistoricalImages, #HistoricalPhotos, #Vintage, #VintageStyle, #VintagePhoto, #VintagePhotography, #Retro, #OldPhotos, #OldPicture, #Archive, #Archives, #PhotoArchive, #BlackAndWhitePhotography, #Photography

jueves, 9 de abril de 2026

El puente que unía dos Mendoza: una postal olvidada de los arrabales entre Capital y Guaymallén (c. 1928–1932.)


La imagen muestra un antiguo puente sobre el Zanjón en Mendoza, una estructura que vinculaba el Departamento de Capital con Guaymallén y que, al mismo tiempo, retrata los arrabales extendidos sobre ambas márgenes. Más que un simple paso, esta escena resume una etapa en la que el borde urbano mendocino todavía conservaba un perfil abierto, con sectores periféricos que crecían alrededor de uno de los cauces más decisivos de la historia local. Ese zanjón corresponde al actual canal Cacique Guaymallén, un curso de agua fundamental para la vida mendocina. La Ciudad de Mendoza recuerda que su límite oriental histórico estuvo dado precisamente por ese canal, mientras que documentos oficiales señalan que el Cacique Guaymallén atraviesa la ciudad con un recorrido de alrededor de 40 kilómetros y cumple funciones centrales de riego y desagüe en el oasis norte. Incluso el primer asentamiento de Mendoza estuvo originalmente sobre el margen este de ese cauce y en 1562 fue trasladado al oeste, lo que muestra hasta qué punto este canal condicionó el desarrollo urbano de la provincia. Vista hoy, esta fotografía conservada por el Archivo General de la Nación no solo documenta un puente: también deja ver una Mendoza de bordes bajos, tránsito escaso y paisaje semirrural, donde la conexión entre Capital y Guaymallén dependía de obras que articulaban ciudad, agua y territorio. En ese sentido, la imagen funciona como una pequeña síntesis del crecimiento mendocino: el avance urbano apoyado sobre una red hídrica que hizo posible habitar y expandir la ciudad en medio del desierto. #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #Guaymallen #CiudadDeMendoza #CanalCaciqueGuaymallen #PatrimonioHistorico #ArchivoGeneralDeLaNacion #MemoriaUrbana #PuentesHistoricos #HistoriaArgentina #OldMendoza #UrbanHistory #HistoricBridge #Guaymallen #MendozaHistory #HistoricPhotography #Archives #CityMemory #VintageArgentina #HistoricalImages #History, #HistoryLovers, #HistoryFacts, #HistoryBuff, #Historical, #HistoricalPhotography, #HistoricalImages, #HistoricalPhotos, #Vintage, #VintageStyle, #VintagePhoto, #VintagePhotography, #Retro, #OldPhotos, #OldPicture, #Archive, #Archives, #PhotoArchive, #BlackAndWhitePhotography, #Photography

martes, 7 de abril de 2026

Lanyení: la huella huarpe que todavía corre bajo Chacras de Coria - Mendoza (Imagen Ilustrativa)


Hablar de los tiempos de Lanyení es volver al momento en que el territorio mendocino comenzó a organizarse a partir del agua mucho antes de la llegada de los españoles. La configuración de este espacio se remonta a épocas prehispánicas, cuando los huarpes trazaron un sistema de irrigación sobre la extensa planicie ubicada al norte del antiguo Río de Cuyo, hoy río Mendoza. A lo largo de ese curso principal, de sus brazos secundarios y de las numerosas acequias derivadas, se asentaban los distintos caciques con sus familias y descendientes. La historiografía mendocina coincide en que el aprovechamiento agrícola del agua es antiquísimo en la región, y que la red hídrica previa a la fundación española ya mostraba un desarrollo notable. Según la tradición histórica y los estudios posteriores, ese sistema se habría perfeccionado bajo influencia de la dominación incaica, a partir de diversas tomas sobre los cauces naturales que hicieron posible el riego y la agricultura. En tiempos tardíos prehispánicos y hasta mediados del siglo XVI, las comunidades combinaron esa agricultura bajo riego con la cría de llamas, la caza y la recolección de frutos, en especial algarrobo y chañar. El registro arqueológico para el área cuyana menciona además cultivos como maíz, zapallo o calabaza, poroto y quínoa, lo que confirma una economía diversa y bien adaptada a las condiciones del oasis. Uno de los rasgos más importantes de ese mundo fue el aprovechamiento de un brazo natural del río Mendoza para crear un sistema de regadío artificial. Desde la llamada Toma del Inca nacía el Goazap-Mayu —identificado más tarde con el actual canal o zanjón Cacique Guaymallén—, del que se desprendían acequias secundarias que, cuando llegaron los españoles, ya conformaban una red de riego preexistente. Los estudios de Jorge Ricardo Ponte, retomados por investigaciones más recientes, describen ese curso como una antigua rama del río de Mendoza que corría por una falla geológica y permitía distribuir el agua por gravedad hacia el oasis norte. Entre las áreas irrigadas más cercanas a aquella Toma del Inca se encontraba una parte del actual distrito de Chacras de Coria. Ese territorio era conocido por los huarpes como Lanyení o Valle de Lanyení, y se ubicaba entre las estribaciones del piedemonte hacia el oeste y el curso del Goazap-Mayu hacia el este. La misma investigación señala que una de las acequias derivadas de ese brazo principal servía precisamente para irrigar esa zona, lo que permite ubicar a Lanyení como uno de los sectores agrícolas más antiguos del área sur del oasis mendocino. El paisaje de entonces no debió parecerse al de una gran ciudad ni al de un poblado concentrado. El patrón de asentamiento era disperso, las superficies cultivadas eran relativamente pequeñas y el grado de integración sociocultural entre núcleos seguramente era más laxo que en otras áreas andinas. Por eso, las huellas materiales visibles pudieron ser limitadas. Sin embargo, aunque la documentación directa sea escasa, la sistematización del recurso hídrico dejó una marca decisiva en el territorio y en la construcción cultural del paisaje. En Mendoza, pocas herencias son tan profundas como esa: la del agua conducida, repartida y organizada desde tiempos indígenas. En ese sentido, Lanyení no es solo un nombre antiguo: es la memoria de una forma temprana de habitar el oasis, de producir en él y de transformar el ambiente a través del agua. Mucho antes de las calles, las chacras modernas o los loteos, ya existía allí una lógica territorial huarpe, y esa lógica siguió influyendo en la organización posterior del espacio mendocino. Comprender Lanyení es, en definitiva, entender que la historia de Mendoza empezó mucho antes de la fundación colonial y que, en buena medida, comenzó siguiendo el curso de sus acequias. #Lanyení #Huarpes #ChacrasDeCoria #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #Acequias #CanalCaciqueGuaymallén #GoazapMayu #RíoMendoza #PaisajeCultural #HuarpeHistory #MendozaHistory #IndigenousHeritage #HistoricIrrigation #CulturalLandscape #History, #HistoryLovers, #HistoryFacts, #HistoryBuff, #Historical, #HistoricalPhotography, #HistoricalImages, #HistoricalPhotos, #Vintage, #VintageStyle, #VintagePhoto, #VintagePhotography, #Retro, #OldPhotos, #OldPicture, #Archive, #Archives, #PhotoArchive, #BlackAndWhitePhotography, #Photography

San José y la Ciudad: la calle que mostró hasta dónde llegaba Mendoza después del terremoto


El distrito de San José y la Ciudad. Un decreto del 29 de octubre de 1861 dispuso incorporar a la jurisdicción de la Ciudad de Mendoza la entonces llamada calle de San José —la actual Alberdi de Guaymallén— en el tramo comprendido entre la Iglesia de San José y el llamado Puente Nuevo. La medida, firmada por el gobernador Laureano Nazar, buscaba ordenar una zona que, aunque dependía administrativamente de la Villa de Guaymallén, mantenía una relación directa con la ciudad por su continuidad histórica y territorial desde la etapa fundacional. Sin embargo, todo indica que aquella disposición no llegó a aplicarse de manera efectiva. La cuestión volvió a aparecer poco después. En el acta de la sesión legislativa del 9 de junio de 1862 quedó asentado que varios vecinos reclamaban que se hiciera cumplir esa incorporación, justamente en momentos en que la provincia debatía la reubicación de la capital tras el devastador terremoto del 20 de marzo de 1861. Aquel sismo destruyó la vieja ciudad y abrió una intensa discusión sobre dónde y cómo reconstruir Mendoza. Las autoridades terminaron definiendo una nueva capital en otro sector, en una operación urbana guiada por ideas de orden, higiene y modernidad. Ese dato ayuda a entender por qué San José ocupó un lugar tan sensible en aquellos años. Antes y después del terremoto, el área de San José, al este, estaba estrechamente vinculada a la vida urbana mendocina, igual que otros núcleos cercanos como San Vicente o San Miguel. Sin embargo, cuando en 1868 se organizó el primer municipio de la Ciudad, los tradicionales arrabales quedaron excluidos de sus límites, y entre ellos figuraba precisamente San José, hoy en Guaymallén. Es decir: la discusión sobre esa calle y su pertenencia no era menor, sino parte del problema más amplio de cómo redefinir la capital y sus bordes después de la catástrofe. Visto en perspectiva, este episodio revela mucho más que un simple cambio de jurisdicción. Muestra cómo, en la Mendoza posterior al terremoto, la reconstrucción de la ciudad no fue solo una cuestión edilicia, sino también política y territorial. San José quedó en esa frontera cambiante entre la capital y su periferia inmediata, un espacio donde se mezclaban la vieja trama heredada, las nuevas decisiones de gobierno y las tensiones propias de una ciudad que estaba intentando volver a empezar. #SanJosé #Guaymallén #CiudadDeMendoza #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #TerremotoDe1861 #LaureanoNazar #CapitalDeMendoza #HistoriaUrbana #MendozaHistory #UrbanHistory #Guaymallen #HistoricMendoza #CityHistory #ArchiveHistory #History, #HistoryLovers, #HistoryFacts, #HistoryBuff, #Historical, #HistoricalPhotography, #HistoricalImages, #HistoricalPhotos, #Vintage, #VintageStyle, #VintagePhoto, #VintagePhotography, #Retro, #OldPhotos, #OldPicture, #Archive, #Archives, #PhotoArchive, #BlackAndWhitePhotography, #Photography

domingo, 5 de abril de 2026

El mendocino que venció a Santos Vega y desafió al poder con sus versos: la leyenda inmortal de Juan Gualberto Godoy


Juan Gualberto Godoy ocupa un lugar singular en la historia cultural argentina. Arrojado, mordaz y de palabra filosa, fue poeta, periodista, payador y hombre de acción; una figura que dejó huella en Mendoza y en todo el país como uno de los nombres tempranos de la literatura gauchesca. Nacido en Mendoza el 12 de julio de 1793, la provincia lo reconoce como una figura central de su tradición literaria, al punto de conmemorar en su honor el Día de las Letras Mendocinas cada 12 de julio. También la Nación recuerda su importancia: su sepulcro, en el Cementerio de Mendoza, fue declarado sepulcro histórico nacional. La memoria popular lo convirtió, además, en personaje de leyenda. En la tradición gauchesca, Juan Gualberto Godoy quedó unido al mito de Juan Sin Ropa, el forastero que habría derrotado a Santos Vega en una payada memorable. Esa imagen, que mezcla historia, poesía y mito, lo presenta como un cuyano bravo, brillante para improvisar y capaz de imponerse al más célebre de los payadores pampeanos. Por eso su figura aparece envuelta en una atmósfera casi sobrenatural: un hombre real que la imaginación popular terminó emparentando con el diablo, el progreso y la ruptura del viejo mundo gaucho. En esa misma clave legendaria, Gregorio Torcetta lo evocó como un “demonio cuyano” nacido entre viñedos, pulpero en Dolores, payador en el Tuyú y destinado a quedar para siempre en la memoria popular. Pero Godoy no fue solo un mito oral. Fue también un autor de peso, autodidacta y combativo, que llevó su talento a la prensa y a la poesía popular. La documentación legislativa mendocina lo recuerda como un hombre formado con enorme esfuerzo personal, y la historia del periodismo cuyano lo vincula con periódicos fundamentales como El Eco de los Andes en 1824, El Iris Argentino en 1826, El Huracán en 1827 y El Coracero en 1830. En esas páginas desplegó una sátira agresiva y punzante, convirtiendo al periodismo en un verdadero campo de batalla. Su nombre también se sostiene por textos como El Corro, que distintos estudiosos sitúan entre las expresiones más tempranas de la gauchesca rioplatense, motivo por el cual suele ser recordado como precursor de ese género. Su vida estuvo atravesada por la política, las guerras civiles, las persecuciones y el destierro. Se movió entre la militancia, la escritura y la payada, y su pluma resultó tan temida como su talento para improvisar versos. Más tarde, ya en la madurez, fue diputado por San Juan en la primera legislatura del Congreso de la Confederación Argentina, en 1854. Murió en Mendoza en 1864, pero dejó una obra y una figura que sobrevivieron al olvido: la del poeta que escribió para el pueblo, fustigó los abusos de su tiempo y quedó suspendido entre la historia documentada y la leyenda criolla. Dicho de otro modo: Juan Gualberto Godoy no fue solo un mendocino notable, sino uno de esos personajes que parecen nacidos para no desaparecer nunca del todo. Murió en Mendoza el 16 de mayo de 1864. Sobre la causa exacta de su muerte no hay una constancia médica precisa en las fuentes oficiales, aunque algunas reseñas culturales señalan que falleció tras una larga enfermedad. Hoy sus restos descansan en el Cementerio de Mendoza, donde su sepulcro fue declarado Sepulcro Histórico Nacional. #JuanGualbertoGodoy #MendozaHistórica #LetrasMendocinas #LiteraturaGauchesca #SantosVega #Payadores #HistoriaArgentina #LeyendasArgentinas #MendozaAntigua #GauchoPoetry #ArgentineHistory #MendozaHistory #FolkPoetry #HistoricLegends

El Chorro de la Vieja - 🚨 ¡LA CASCADA SECRETA EN LOS ANDES! 🌊🏔️ El tesoro de 40 metros que esconde Mendoza (Y su misteriosa leyenda)


Si creías que Mendoza era únicamente sinónimo de viñedos y bodegas, preparate para descubrir uno de sus rincones naturales más espectaculares y ocultos. Enclavado en el imponente paisaje de la Cordillera de los Andes, se encuentra el Chorro de la Vieja, un salto de agua majestuoso de 40 metros de altura que promete una aventura inolvidable para los amantes del trekking y la naturaleza. Ubicado en el Valle de Uco, este paraíso se alza alejado de cualquier rastro de asfalto y ciudad. El constante rocío de la cascada, arrastrado por la brisa cordillerana, genera un microclima único y refrescante a más de 2.500 metros sobre el nivel del mar. Este ambiente privilegiado permite el estallido de la vida: mientras caminas, te van a rodear helechos, flores autóctonas de alta montaña, ágiles lagartijas, colibríes y, si miras al cielo, es muy probable que te cruces con el imponente vuelo del cóndor andino. Llegar a la base de la cascada requiere de esfuerzo físico, pero es completamente accesible si tenés voluntad. No necesitas ser un montañista experto, pero sí tener un estado físico aceptable. Es una caminata de unos 3 kilómetros, lo que te tomará entre 2 y 3 horas (ida y vuelta) dependiendo de tu ritmo.  El camino te obligará a cruzar el Arroyo de la Guardia Vieja en varias oportunidades, sumándole un toque de adrenalina a la expedición. Además, las paredes rocosas que enmarcan la cascada son el escenario ideal para quienes buscan sumar actividades extremas como rappel, escalada en roca o tirolesa. Te recomendamos ir en primavera o verano, ya que en invierno las nevadas y el hielo pueden complicar el acceso. El punto de partida se encuentra en el Departamento de Tunuyán, a unos 12 kilómetros del icónico Manzano Histórico (donde descansó el General San Martín). Si viajas desde la Ciudad de Mendoza, te espera un trayecto de 125 kilómetros hacia el sur: Toma la mítica Ruta Nacional 40. Desvíate hacia la Ruta Provincial 86 (también puedes enlazar desde la RP 96) hasta llegar al Manzano Histórico. Desde allí, adéntrate en la majestuosa Ruta Provincial 94, un camino de ripio que te sumerge directo en el corazón de los Andes, a un paso de la histórica ruta del Paso del Portillo, hasta llegar al inicio de la picada. Todo lugar mágico tiene su leyenda. Los lugareños cuentan que, hace muchísimos años, una anciana vivía recluida en una cueva muy cerca del arroyo, de donde sacaba agua a diario. Al fallecer, su espíritu hizo un pacto con la montaña: prometió regresar para regar esas laderas de forma eterna y hacer florecer el desierto. Según el mito, la anciana adquirió el poder de derretir las nieves eternas de las cumbres, dando origen a la incesante caída de agua que hoy admiramos. Sin embargo, los registros históricos aportan otra versión más terrenal: la zona era conocida como el Arroyo de la Guardia Vieja, en honor a un antiguo puesto de vigilancia de Gendarmería Nacional que custodiaba este paso fronterizo. #ChorroDeLaVieja #Tunuyan #Mendoza #ValleDeUco #TrekkingArgentina #CordilleraDeLosAndes #Cascadas #Waterfall #AndesMountains #HiddenGem #NatureLovers #MendozAntigua #Wanderlust #HikingAdventures #HistoricalPhotos, #HistoricPhotos, #HistoricalImages, #ArchivePhoto, #ArchivalPhoto, #OldPhotos, #RarePhotos #History, #HistoryLovers, #HistoryFacts, #HistoryBuff, #HistoryNerd, #HistoryGram


🚨 ¡EL IMPERIO INCA Y LOS SEÑORES DEL DESIERTO! La increíble historia oculta de los primeros dueños de Cuyo 🏜️🏹


Bajo las ciudades, rutas y viñedos de Mendoza, San Juan y San Luis late una historia de más de 11.000 años de antigüedad.  Mucho antes de que los barcos españoles cruzaran el océano, estas tierras áridas eran dominadas por una civilización fascinante: la cultura Huarpe. Esta nación no era uniforme; estaba dividida por la geografía y las palabras. Desde las míticas y extensas Lagunas de Guanacache hacia el norte, las tribus se comunicaban en el dialecto Allentiac. En cambio, hacia el sur, en el fértil Valle de Huentata (actual Mendoza) y hasta el río Diamante, resonaba la lengua Milcayac. Las investigaciones arqueológicas revelan que los huarpes son el eslabón final de una larga cadena de cazadores y recolectores que caminaban esta región hace 11 milenios. Pero en la segunda mitad del siglo XV, dieron un salto magistral: adoptaron la cerámica, el sedentarismo y la agricultura. Fueron ellos quienes idearon el brillante sistema de acequias para domar el agua del deshielo cordillerano, la misma red de canales que hoy mantiene vivo el oasis de Mendoza. Además, eran expertos navegantes de lagunas utilizando balsas hechas de totora. La historia da un giro de película aproximadamente 80 años antes de la llegada de los europeos (alrededor de 1470). El todopoderoso Imperio Inca descendió por la Cordillera de los Andes hasta llegar al Valle de Huentata. Allí, las tropas y emisarios del Inca establecieron la frontera más austral y extrema de todo el Tahuantinsuyo. Mendoza se convirtió en el límite sur del imperio más grande de América, conectando a los huarpes con Cusco a través del imponente Qhapaq Ñan (El Camino del Inca), generando un riquísimo intercambio de tecnología, cultivos y palabras (como la influencia del quechua) que cambió la región para siempre. #Huarpes #HistoriaArgentina #ImperioInca #PueblosOriginarios #MendozaAntigua #Cuyo #AncientHistory #IncaEmpire #PreColumbian #Archaeology #IndigenousPeoples #SouthAmericaHistory #Vintage, #VintageStyle, #VintagePhotography, #Retro, #RetroVibes, #OldSchool, #Nostalgia, #VintageAesthetic

jueves, 2 de abril de 2026

El parque que perdió su alma: la memoria aborigen que Mendoza aún puede recuperar


Hablar del antiguo Parque Aborigen no es solo hablar de un paseo del Parque General San Martín: es hablar de memoria, paisaje e identidad mendocina. La discusión de fondo apunta a conservar aquello que el tiempo fue borrando o diluyendo: la toponimia indígena, los nombres de los caciques ligados al territorio y el sistema de acequias que dio forma a la ciudad y a su cultura del agua. Estudios históricos de la UNCuyo y materiales oficiales de la provincia recuerdan que varias acequias y canales recibieron nombres asociados a caciques y parajes originarios —como Tabalqué o Guaymaye— y que los huarpes desarrollaron complejos sistemas de riego que inspiraron el actual sistema mendocino de conducción de agua por acequias. En ese marco, el caso del antiguo Parque del Aborigen aparece como un símbolo potente. La documentación oficial del Gobierno de Mendoza señala que este paseo comenzó en 1933, en un predio de 9 hectáreas al noroeste del Parque General San Martín, con una idea muy clara: reunir la mayor cantidad posible de flora regional e incluir una importante sección de cactus. Allí se plantaron especies autóctonas como jarilla, chilca, molle, piquillín, chañar, alpataco, algarrobo, retamillo, garabato y aguaribay, además de cactus traídos de la precordillera. Más tarde se sumó la escultura “Saludo al Sol”, de Luis Perlotti, como homenaje a la cultura americana precolombina. Con los años, ese sector fue perdiendo parte de su sentido original. La propia documentación patrimonial muestra que el oeste del parque atravesó profundas transformaciones desde fines de la década de 1930, cuando Daniel Ramos Correas impulsó la expansión y reorganización de esa área con nuevas obras, entre ellas el zoológico y otras intervenciones en el entorno del Cerro de la Gloria. Por eso hoy vuelve a cobrar fuerza la idea de recuperar el carácter originario del antiguo Parque Aborigen: no solo como homenaje simbólico, sino también como defensa concreta de la flora nativa, la memoria indígena y la relación histórica entre territorio, agua y cultura. Ese reclamo tuvo incluso un reconocimiento institucional: en 2017, y a pedido de comunidades originarias de Mendoza, el histórico “Parque del Aborigen” pasó a llamarse oficialmente “Parque de los Pueblos Originarios”. El gesto fue importante, pero la discusión de fondo sigue abierta: recuperar nombres, proteger las acequias y volver a poner en valor las especies autóctonas no es mirar al pasado con nostalgia, sino defender una parte esencial de la identidad mendocina. #ParqueAborigen #Mendoza #PueblosOriginarios #Toponimia #Acequias #Huarpes #Patrimonio #Memoria #ParqueSanMartin #MendozAntigua

miércoles, 1 de abril de 2026

El terremoto que no solo derrumbó Mendoza: también creó los mitos que la ciudad todavía repite



El terremoto de 1861 fue una tragedia inmensa para Mendoza, pero su impacto no terminó en los escombros. Las cifras oficiales educativas de la provincia hablan de 4.247 muertos y alrededor de 1.000 heridos, muy lejos de los 7.000 fallecidos que más tarde quedaron grabados en la memoria popular. Allí empezó otra catástrofe, menos visible pero igual de poderosa: la construcción de un relato colectivo donde el dolor, la religión, la política y la necesidad de explicar lo inexplicable se mezclaron hasta convertir muchas versiones en verdades aceptadas. Con el paso del tiempo, Mendoza fijó en su imaginario una serie de escenas que la investigación histórica y arqueológica fue poniendo en duda: el supuesto Viernes Santo, el sermón de un jesuita que habría anticipado la ruina, la idea de fieles aplastados dentro de las iglesias, la novia vestida de blanco muerta frente al altar, el terremoto entendido como castigo divino y hasta la leyenda de que Bravard había previsto su propia muerte. Uno de los ejemplos más impactantes es el de las iglesias. Las excavaciones en San Francisco demostraron que los huesos hallados entre los escombros no probaban una multitud muerta durante un oficio religioso, sino restos removidos de antiguos entierros bajo el piso, alterados además por saqueos y aperturas posteriores. La misma investigación concluye que no hay evidencias de personas dentro de las naves al momento del sismo ni pruebas documentales de una boda ocurrida esa noche. También cuestiona la creencia de que el terremoto ocurrió en Viernes Santo: esa asociación quedó instalada en el relato, pero no resistió la revisión documental. La disputa no fue solo religiosa: también fue urbana y política. Distintos estudios remarcan que, tras el terremoto y el traslado de la ciudad, se elaboró un mensaje que oponía la Mendoza nueva a la Mendoza vieja, exaltando la primera como moderna, higiénica y progresista, y relegando la segunda al atraso, la ruina y el olvido. Incluso la idea de que la ciudad nueva fue ocupada enseguida y con apoyo generalizado también ha sido discutida: la documentación muestra un proceso más conflictivo, menos lineal y mucho menos unánime de lo que después se quiso recordar. En ese sentido, el sismo no solo destruyó la capital colonial: también ayudó a reinventarla. La Ciudad de Mendoza y el Museo del Área Fundacional recuerdan hoy que bajo ese espacio aún sobreviven vestigios materiales de la antigua ciudad, mientras la historiografía insiste en que la memoria mendocina fue moldeada por selecciones, silencios y exageraciones. Hasta el paralelo con otros desastres es revelador: se vinculan varios de estos relatos con tradiciones más antiguas del mundo cristiano occidental y recuerda que Voltaire, en Cándido, ya había ironizado sobre la religión, el saqueo y la necesidad de encontrar un sentido moral a las catástrofes. #Mendoza #Terremoto1861 #Historia #Memoria #Mitos #AreaFundacional #CiudadVieja #CiudadNueva #Patrimonio #MendozAntigua

El agua dibujó Mendoza: la historia del territorio donde el oasis le ganó al desierto


Como planteó Milton Santos, el territorio no es solo una extensión de suelo: es una trama de recursos naturales y de recursos creados por la sociedad. En Mendoza, esa idea se vuelve evidente. La provincia se formó históricamente bajo una relación decisiva entre naturaleza y ocupación humana, donde el clima árido, el relieve y el agua marcaron el modo de habitar, producir y organizar el espacio. No es casual: Mendoza presenta condiciones áridas a semiáridas y registra precipitaciones promedio cercanas a los 250 milímetros anuales, de modo que los ríos de deshielo y las obras de riego terminaron siendo el verdadero sostén de la vida provincial. Esa realidad fue dando forma a dos grandes mundos dentro de la provincia: las tierras irrigadas y las no irrigadas. En las primeras, el aprovechamiento del agua superficial permitió instalar cultivos, concentrar población y desarrollar buena parte de la economía mendocina. Allí se organizaron los grandes oasis productivos: el Oasis Norte, vinculado a los ríos Mendoza y Tunuyán Inferior; el Oasis Centro o Valle de Uco, alimentado por el Tunuyán Superior; y el Oasis Sur, estructurado por los ríos Diamante y Atuel. Aunque las cifras varían según la fuente, los estudios oficiales y académicos coinciden en que estas áreas irrigadas ocupan apenas alrededor del 4,5% al 4,8% del territorio provincial, pero concentran la mayor parte de la población y de las actividades económicas. En ese esquema territorial se inscribe Chacras de Coria, ubicada en el Oasis Norte, dentro de Luján de Cuyo. Su historia no puede entenderse sin el manejo del agua: incluso el sitio oficial de Turismo de Luján recuerda que hacia 1640 Juan Hilario de Coria y Bohorquez abrió allí un canal de regadío que dio impulso a los primeros cultivos del lugar. El distrito, además, se asentó sobre una amplia planicie aluvional del piedemonte, atravesada por ríos secos y cauces temporarios que bajan desde la precordillera hacia el zanjón y el sistema de canales. Esa combinación entre aridez, riego, acequias, cauces estacionales y expansión humana explica por qué el paisaje chacrense es mucho más que una postal: es el resultado de siglos de adaptación, trabajo y disputa por el territorio. Incluso su borde occidental siguió siendo un tema sensible hasta tiempos recientes, al punto que la Suprema Corte mendocina tomó como referencia la cota de 1.500 msnm para precisar el límite pedemontano en esa franja. #Mendoza #Territorio #Oasis #Agua #ChacrasDeCoria #Historia #Paisaje #Memoria #Piedemonte #MendozAntigua

viernes, 27 de marzo de 2026

El palacio perdido de la montaña: la historia del Gran Hotel Villavicencio, el gigante mendocino que desafió al tiempo


Enclavado en la precordillera de Las Heras, el Gran Hotel Villavicencio es una de las postales más reconocibles de Mendoza. El edificio fue levantado en 1940, en apenas seis meses, y se convirtió en uno de los grandes hoteles termales de montaña del país. El sitio oficial de Monumentos Nacionales lo define como un complejo pintoresquista de estilo normando, con 30 habitaciones, jardines, glorietas, piscina, cancha de tenis y una capilla neocolonial proyectada por Daniel Ramos Correas. Además, fue declarado Monumento Histórico Nacional por el Decreto 784/2013. Pero la historia del lugar venía de mucho antes. A comienzos del siglo XX, las aguas termales de Villavicencio ya habían ganado fama, y en 1923 Ángel Velaz impulsó el emprendimiento de Termas de Villavicencio y el embotellado de agua mineral. El gran giro llegó después del aluvión de 1934, que afectó al Hotel de Cacheuta y dejó fuera de servicio al Ferrocarril Trasandino durante varios años. En ese contexto, se reactivó el camino por Villavicencio y se construyeron los célebres Caracoles, con sus 365 curvas, lo que volvió a poner a la zona en el centro de la escena turística y vial mendocina. El hotel vivió su edad dorada durante casi cuatro décadas y quedó grabado en la memoria colectiva porque su silueta pasó a ilustrar las etiquetas del agua mineral Villavicencio. Sobre el final de su etapa hotelera hay pequeñas diferencias entre las crónicas: algunas ubican el cierre en 1978 y otras en 1979, pero todas coinciden en que el esplendor se apagó hacia fines de los años 70, después de su último gran impulso con el Mundial 78 y de una larga serie de problemas económicos. La recuperación empezó a tomar forma en una nueva etapa. La Reserva Natural Villavicencio quedó formalmente declarada por la Resolución 1065/2000, y hoy el antiguo hotel forma parte del corazón simbólico de un área protegida de 62.244 hectáreas, reconocida además como sitio Ramsar desde 2017. Ya no funciona como hospedaje, pero sigue en pie como uno de los grandes emblemas de la Mendoza termal, turística y de montaña. #Villavicencio #GranHotelVillavicencio #Mendoza #LasHeras #Historia #Patrimonio #Montaña #Termas #Memoria #MendozAntigua

La joya que sobrevivió al tiempo: el histórico edificio mendocino que todavía late como en 1889


En una provincia atravesada por terremotos, reconstrucciones y cambios urbanos profundos, Mendoza conserva una pieza excepcional de su memoria arquitectónica: el edificio donde hoy funciona el Honorable Concejo Deliberante de Godoy Cruz, presentado por la propia municipalidad como el edificio público más antiguo de Mendoza que aún sigue cumpliendo la función para la que fue creado. Ubicado en la esquina de Rivadavia y Perito Moreno, este inmueble comenzó a construirse en 1889, durante la gestión municipal de Agustín Vaquié, y fue inaugurado en 1891. Nació en una etapa clave para la provincia, cuando Mendoza todavía consolidaba su nueva identidad urbana después del gran quiebre que había significado el terremoto de 1861. Su valor no está solo en la antigüedad. El edificio fue proyectado con planta octogonal, responde al estilo italiano y conserva rasgos muy definidos de la arquitectura institucional de fines del siglo XIX: una imponente puerta principal de doble altura, columnas dóricas, frontis triangular y accesos laterales con escalinatas y galerías semicubiertas. Es, en definitiva, una obra que todavía deja ver el lenguaje monumental con el que se pensaba el poder público en aquella época. En sus primeros años funcionó como Palacio Municipal, y con el crecimiento del departamento fue quedando destinado de manera exclusiva al Concejo Deliberante. A lo largo del tiempo atravesó varias intervenciones: su primera restauración comenzó en 1990 y fue reinaugurado en 1991; luego, en 2006, fue declarado Patrimonio Cultural, y en 2017 recibió una de las puestas en valor más importantes de su historia reciente. Los trabajos de restauración incluyeron tratamiento de maderas originales, recuperación de cielorrasos, cenefas, barandas y columnas, restauración de carpinterías, pintura interior y exterior, e instalación de nuevas luminarias para realzar su fachada. Gracias a esas obras, el edificio no solo fue preservado: también volvió a ocupar el lugar simbólico que merece dentro de la historia mendocina. Por eso, más que una sede institucional, este edificio es un testigo vivo de la Mendoza que resistió, se reconstruyó y siguió adelante. En sus muros no solo hay arquitectura: hay memoria, identidad y una parte esencial del pasado provincial que todavía sigue en pie. #Mendoza #GodoyCruz #Patrimonio #Historia #Arquitectura #Memoria #ConcejoDeliberante #Efemérides #MendozAntigua

jueves, 26 de marzo de 2026

La escuela más antigua de Mendoza sigue viva: la increíble historia del Colegio Nacional que resistió al tiempo y marcó a generaciones


Si alguien pregunta cuál es la escuela más antigua de Mendoza que aún sigue en actividad, la respuesta apunta al histórico Colegio Nacional Agustín Álvarez, hoy Escuela 4-083 Agustín Álvarez. Creado por decreto del presidente Bartolomé Mitre el 9 de diciembre de 1864 e inaugurado formalmente el 20 de marzo de 1865, el establecimiento acaba de celebrar 160 años de vida institucional, convertido en una de las grandes referencias de la educación mendocina. Pero su historia no empezó de la nada. La enseñanza secundaria en Mendoza tenía raíces más antiguas: primero con la labor educativa de los jesuitas desde el siglo XVIII y luego con el Colegio de la Santísima Trinidad, inaugurado en 1817, considerado el antecedente más cercano del Nacional. Aquella tradición quedó quebrada por el devastador terremoto de 1861, que arrasó la ciudad y obligó a reconstruir no solo edificios, sino también la vida institucional de la provincia. El decreto fundacional definía al nuevo colegio como una “casa de educación científica”, con formación en Letras y Humanidades, Ciencias Morales y Ciencias Físicas y Exactas. Aunque el inicio de clases estaba previsto para el 15 de marzo de 1865, Mendoza pidió que la apertura oficial se hiciera el 20 de marzo, para hacerla coincidir con el cuarto aniversario del sismo que había cambiado para siempre la historia provincial. Aquel día estuvieron presentes el gobernador Carlos González Pinto, el ministro nacional Eduardo Costa, el diputado Francisco Civit, el primer rector Manuel José Zapata y los familiares de los 81 alumnos inscriptos. Con el paso de los años, el Agustín Álvarez atravesó distintas sedes hasta afincarse frente a Plaza Independencia, en la actual dirección de calle Chile 1050. El edificio histórico fue inaugurado en 1910 y comenzó su ciclo lectivo allí en 1911; además, fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1989. La Nación destaca también que su construcción fue pionera en Mendoza por el uso del hormigón armado y por incorporar criterios antisísmicos avanzados para la época. No se trata solo de una escuela antigua: se trata de un símbolo de la reconstrucción de Mendoza, de la educación pública y de la memoria viva de la provincia. Por sus aulas pasaron generaciones enteras, y su historia sigue recordando que educar también fue, en Mendoza, una forma de volver a ponerse de pie. #Mendoza #Historia #Educación #Patrimonio #AgustínÁlvarez #ColegioNacional #Memoria #Identidad #EscuelaHistórica #MendozAntigua

La mole que cambió el perfil de Mendoza: la Casa de Gobierno que hizo del Centro Cívico un símbolo para siempre


La Casa de Gobierno de Mendoza es mucho más que un edificio administrativo: es una de las obras más emblemáticas del paisaje urbano mendocino y una pieza clave de la historia arquitectónica de la provincia. Levantada al pie de la Cordillera, en el actual Centro Cívico, su presencia marcó un antes y un después en la imagen moderna de la capital. Detrás de esa mole de hormigón hay una historia que arranca mucho antes de su inauguración, en una Mendoza que todavía arrastraba las consecuencias del terremoto de 1861, cuando la ciudad quedó prácticamente sin sus principales edificios públicos. 8La solución largamente buscada tomó forma recién en la década de 1940. En 1948, el gobierno provincial impulsó el proyecto de concentrar los edificios del poder en los terrenos fiscales de la antigua Quinta Agronómica, dentro de un gran plan urbanístico para ordenar y modernizar la ciudad. La tarea fue encargada al arquitecto Alberto Belgrano Blanco, quien diseñó el futuro Centro de Gobierno con la Casa de Gobierno, el Palacio de Justicia y la Legislatura como piezas centrales, aunque no todo el conjunto original llegaría a concretarse. La obra avanzó con rapidez y el ala este del edificio fue inaugurada en 1951, mientras que las alas central y oeste quedaron terminadas hacia 1958. El edificio quedó compuesto por dos subsuelos, suelo, planta baja, ocho pisos en el cuerpo central y dos cuerpos laterales de cuatro pisos, enlazados por galerías de arcos. Además, fue el primer edificio construido por sistema modular en Mendoza, un dato que explica por qué impactó tanto en su época y por qué todavía hoy conserva un lugar tan fuerte en la memoria urbana provincial. Su arquitectura también ayudó a volverla inolvidable: gran escalinata de acceso, lenguaje clásico y racionalista, recovas, tejas coloniales y un revestimiento de piedra amarilla traída de Cacheuta, rasgos que le dieron una identidad singular dentro del paisaje mendocino. En las reseñas históricas locales también se consigna que en 1995 fue declarada Patrimonio Cultural de la Provincia, consolidando su valor no solo institucional sino también histórico y simbólico. #CasaDeGobierno #Mendoza #CentroCívico #HistoriaMendocina #Patrimonio #Arquitectura #MemoriaUrbana #MendozAntigua

Puente del Inca: la maravilla mendocina que unió leyenda, termas y tragedia en plena Cordillera


En Mendoza hay paisajes que impresionan, y después está Puente del Inca, una de las postales más impactantes de toda la alta montaña. Ubicado en la Cordillera Principal, en el departamento de Las Heras, a unos 193 kilómetros de la Ciudad de Mendoza y a 2.730 metros sobre el nivel del mar, este monumento natural se levanta sobre el río Cuevas y sigue siendo uno de los grandes íconos turísticos de la provincia. Su fama no se explica solo por la belleza. El puente es una formación geológica singular, originada por la acción combinada de aguas termales, depósitos de travertino y procesos físicos, químicos y biológicos que le dieron su forma actual y sus colores tan característicos, entre verdes, amarillos, naranjas y ocres. Investigadores de Mendoza lo describen como un verdadero sistema geobiológico, mientras que el gobierno provincial lo presenta como un arco natural cementado por sales minerales provenientes de las vertientes termales. Además, su nombre no es casual. Puente del Inca está ligado al antiguo Qhapaq Ñan, la red vial andina del mundo incaico. De hecho, el tramo mendocino Ciénaga de Yalguaraz–Puente del Inca forma parte del sistema reconocido como Patrimonio Mundial por la UNESCO desde 2014, dentro de un itinerario cultural transnacional de enorme valor histórico. Pero el lugar no solo fue admirado por su geología. A comienzos del siglo XX, la presencia de aguas termales con fama de curativas convirtió al paraje en uno de los centros termales más renombrados de la Argentina. Junto al monumento natural se desarrolló un conjunto turístico que incluyó baños y un hotel cuya construcción comenzó en 1925. Ese mundo de alta montaña tuvo su final abrupto el 15 de agosto de 1965, cuando un alud destruyó el hotel y marcó para siempre la historia del sitio. Con el tiempo, la fragilidad del lugar obligó a reforzar su protección. El área fue declarada zona intangible en 1991, luego se reguló con mayores restricciones en 1992, y finalmente quedó incorporada formalmente como Área Protegida Provincial, categoría Monumento Natural, por la Ley 7465, sancionada el 7 de diciembre de 2005. Hoy el acceso está condicionado por criterios de conservación y seguridad, y la visita debe hacerse respetando únicamente los sectores habilitados. Por eso, visitar Puente del Inca no es solo hacer una parada turística sobre la Ruta Nacional 7, cerca del ingreso al Parque Provincial Aconcagua. Es asomarse a un sitio donde conviven naturaleza extrema, memoria andina, patrimonio mundial y una de las historias más fascinantes de Mendoza. #PuenteDelInca #Mendoza #AltaMontaña #Cordillera #QhapaqÑan #PatrimonioMundial #Aconcagua #HistoriaMendocina #MendozAntigua. No encontramos en fuentes oficiales sólidas, dentro de lo relevado, una confirmación clara para las cifras exactas de 14.000 años de formación y 8.200 años para la apertura del arco. Lo que sí está bien respaldado es su origen geológico milenario y su formación por acción de aguas termales y depósitos travertínicos.

sábado, 14 de marzo de 2026

El escudo que cuenta quiénes somos: la historia del blasón mendocino que convirtió al vino, la libertad y la unión en símbolo provincial


El Escudo de Mendoza no es solo una imagen oficial: es una síntesis visual de la identidad histórica, política y productiva de la provincia. Su diseño fue establecido por la Ley Nº 1450, sancionada el 25 de octubre de 1941 y publicada en el Boletín Oficial el 6 de noviembre de ese año. Más tarde, su redacción fue modificada por la Ley 5454 de 1989, texto que hoy aparece reproducido por la propia Provincia de Mendoza. Aunque guarda un claro parentesco con el escudo nacional argentino, el mendocino tiene rasgos propios que lo vuelven inconfundible. La diferencia más notable está en la cornucopia o cuerno de la abundancia, que derrama los frutos de la tierra y claveles del cerro, una alusión directa a la riqueza agrícola mendocina y, en especial, a su tradición vitivinícola. El campo oval está dividido en dos mitades: azul arriba y blanco abajo. En el centro, dos brazos desnudos entrelazan sus manos y sostienen una pica coronada por el gorro frigio rojo, símbolos clásicos de unión, trabajo y libertad. También hay un detalle importante que suele aparecer citado de forma incorrecta: el sol del escudo mendocino no tiene 17 rayos, sino 18 rayos flamígeros y rectos, alternados simétricamente, tal como establece el texto legal vigente. Ese número dialoga con la organización territorial actual de la provincia, que tiene 18 departamentos. A ambos lados del óvalo aparecen las ramas de laurel, emblema de victoria, unidas en la base por el tradicional lazo celeste y blanco. Así, cada elemento del escudo habla de Mendoza: el cielo limpio y la nieve andina en los colores, la fraternidad en las manos enlazadas, la libertad en el gorro frigio, la cultura del trabajo en la pica, y la fertilidad provincial en la cornucopia cargada de frutos. Más que un adorno institucional, el blasón mendocino es una declaración de pertenencia: resume en una sola imagen la memoria republicana, la tradición regional y el orgullo de una provincia construida entre montañas, esfuerzo y viñedos #EscudoDeMendoza #MendozaAntigua #SímbolosProvinciales #HistoriaDeMendoza #IdentidadMendocina #Patrimonio #MemoriaHistórica #Viñedos #Libertad #ProvinciaDeMendoza

 

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