Esta extraordinaria fotografía nos abre una ventana hacia uno de los escenarios fundamentales de la historia artística mendocina: el patio de la palmera del primer edificio de la Academia de Bellas Artes vinculada a la Universidad Nacional de Cuyo, ubicado en Sarmiento 120, en pleno centro de Mendoza. Aquel inmueble estaba organizado alrededor de tres espacios que terminaron formando parte de la memoria cotidiana de generaciones de estudiantes: el patio de la palmera, el patio de la higuera y el patio de la administración; en torno a ellos se distribuían aulas, galerías y dependencias donde comenzaba a consolidarse una enseñanza artística de nivel universitario en la provincia. El contexto permite comprender mejor la importancia de esta imagen: en 1939, junto con el nacimiento de la Universidad Nacional de Cuyo, se creó la Academia Nacional de Bellas Artes —denominación utilizada para diferenciarla de la Academia Provincial fundada en 1933—, institución que se convertiría en el núcleo histórico del que décadas después surgiría la actual Facultad de Artes y Diseño. Allí la formación artística alcanzó una dimensión inédita para Mendoza, combinando la práctica del dibujo, la pintura, el grabado y la escultura con una sólida enseñanza histórica y teórica. El primer curso de Historia del Arte estuvo a cargo del arquitecto Manuel Víctor Civit, y el 17 de junio de 1940 la Academia recibió nada menos que al prestigioso historiador francés Henri Focillon, profesor de La Sorbona y Yale, quien ofreció una conferencia acompañada por proyecciones, toda una innovación para aquellos años. Por sus aulas también pasaron maestros decisivos para el arte argentino y cuyano, entre ellos Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez, Francisco Bernareggi y Ramón Gómez Cornet; uno de aquellos jóvenes alumnos sería Carlos Alonso, quien ingresó con apenas catorce años y terminaría convirtiéndose en una de las grandes figuras de la plástica argentina. Con el paso del tiempo la institución atravesó diferentes denominaciones y transformaciones: en 1949 fue Instituto Superior de Artes Plásticas, desde 1953 Escuela Superior de Artes Plásticas y, en 1980, sus disciplinas se integraron junto con Música, Teatro, Cerámica y Diseño en la Facultad de Artes, antecedente directo de la actual Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo. Por eso esta fotografía es mucho más que una apacible escena de un antiguo patio mendocino: la enorme palmera, las galerías, las columnas, el damero del piso y aquellas silenciosas aulas formaron parte de un espacio donde se educaron artistas, circularon nuevas ideas y comenzó a escribirse una parte esencial de la historia cultural de Mendoza. Hoy, más de ocho décadas después, aquel patio de Sarmiento 120 permanece detenido en esta imagen como testimonio de los primeros años de una tradición universitaria artística que continúa viva. FUENTES CONSULTADAS: Universidad Nacional de Cuyo, “Encuentro de Saberes”, historia institucional de la Academia de Bellas Artes y fotografía del patio de Sarmiento 120; Revista Huellas, Facultad de Artes y Diseño, UNCuyo; repositorio Biblioteca Digital UNCuyo; Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo; Ministerio de Cultura de la Nación/Argentina.gob.ar, biografía de Carlos Alonso. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #AcademiaDeBellasArtes #BellasArtes #UNCuyo #ArteMendocino #HistoriaDelArte #PatrimonioMendocino #MemoriaDeMendoza #FotografiaHistorica #CulturaMendocina #Sarmiento120 #FacultadDeArtesYDiseño #OldMendoza #MendozaHistory #FineArts #ArtHistory #HistoricalPhotography #CulturalHeritage #ArgentinaHistory
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sábado, 3 de octubre de 2026
EL PATIO DONDE MENDOZA APRENDIÓ A MIRAR: LA CUNA UNIVERSITARIA DEL ARTE EN SARMIENTO 120
Esta extraordinaria fotografía nos abre una ventana hacia uno de los escenarios fundamentales de la historia artística mendocina: el patio de la palmera del primer edificio de la Academia de Bellas Artes vinculada a la Universidad Nacional de Cuyo, ubicado en Sarmiento 120, en pleno centro de Mendoza. Aquel inmueble estaba organizado alrededor de tres espacios que terminaron formando parte de la memoria cotidiana de generaciones de estudiantes: el patio de la palmera, el patio de la higuera y el patio de la administración; en torno a ellos se distribuían aulas, galerías y dependencias donde comenzaba a consolidarse una enseñanza artística de nivel universitario en la provincia. El contexto permite comprender mejor la importancia de esta imagen: en 1939, junto con el nacimiento de la Universidad Nacional de Cuyo, se creó la Academia Nacional de Bellas Artes —denominación utilizada para diferenciarla de la Academia Provincial fundada en 1933—, institución que se convertiría en el núcleo histórico del que décadas después surgiría la actual Facultad de Artes y Diseño. Allí la formación artística alcanzó una dimensión inédita para Mendoza, combinando la práctica del dibujo, la pintura, el grabado y la escultura con una sólida enseñanza histórica y teórica. El primer curso de Historia del Arte estuvo a cargo del arquitecto Manuel Víctor Civit, y el 17 de junio de 1940 la Academia recibió nada menos que al prestigioso historiador francés Henri Focillon, profesor de La Sorbona y Yale, quien ofreció una conferencia acompañada por proyecciones, toda una innovación para aquellos años. Por sus aulas también pasaron maestros decisivos para el arte argentino y cuyano, entre ellos Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez, Francisco Bernareggi y Ramón Gómez Cornet; uno de aquellos jóvenes alumnos sería Carlos Alonso, quien ingresó con apenas catorce años y terminaría convirtiéndose en una de las grandes figuras de la plástica argentina. Con el paso del tiempo la institución atravesó diferentes denominaciones y transformaciones: en 1949 fue Instituto Superior de Artes Plásticas, desde 1953 Escuela Superior de Artes Plásticas y, en 1980, sus disciplinas se integraron junto con Música, Teatro, Cerámica y Diseño en la Facultad de Artes, antecedente directo de la actual Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo. Por eso esta fotografía es mucho más que una apacible escena de un antiguo patio mendocino: la enorme palmera, las galerías, las columnas, el damero del piso y aquellas silenciosas aulas formaron parte de un espacio donde se educaron artistas, circularon nuevas ideas y comenzó a escribirse una parte esencial de la historia cultural de Mendoza. Hoy, más de ocho décadas después, aquel patio de Sarmiento 120 permanece detenido en esta imagen como testimonio de los primeros años de una tradición universitaria artística que continúa viva. FUENTES CONSULTADAS: Universidad Nacional de Cuyo, “Encuentro de Saberes”, historia institucional de la Academia de Bellas Artes y fotografía del patio de Sarmiento 120; Revista Huellas, Facultad de Artes y Diseño, UNCuyo; repositorio Biblioteca Digital UNCuyo; Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo; Ministerio de Cultura de la Nación/Argentina.gob.ar, biografía de Carlos Alonso. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #AcademiaDeBellasArtes #BellasArtes #UNCuyo #ArteMendocino #HistoriaDelArte #PatrimonioMendocino #MemoriaDeMendoza #FotografiaHistorica #CulturaMendocina #Sarmiento120 #FacultadDeArtesYDiseño #OldMendoza #MendozaHistory #FineArts #ArtHistory #HistoricalPhotography #CulturalHeritage #ArgentinaHistory
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viernes, 2 de octubre de 2026
¡PRESENTES EN LOS MUROS DE LA UNCUYO! EL ARTE QUE DEVOLVIÓ ROSTRO, NOMBRE E IDENTIDAD A DIEZ ESTUDIANTES VÍCTIMAS DE LA DICTADURA
En uno de los muros del corazón de la Ciudad Universitaria de Mendoza quedó plasmada una obra que convirtió una enorme pared de hormigón en un espacio permanente de memoria. Durante 2015, estudiantes de la Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Nacional de Cuyo, en articulación con la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, realizaron el mural “¡Presente!”, dedicado a recordar a diez estudiantes de ambas facultades desaparecidos y asesinados durante la última dictadura cívico-militar argentina. La obra ocupa la pared sur del Bloque de Aulas Comunes y Tecnológicas —BACT— y alcanza dimensiones monumentales: 8 metros de alto por 22 de ancho, unos 176 metros cuadrados en los que una multitud de figuras rodea los rostros de Adriana Bonoldi, Ana Beatriz Corsino, Blanca Santamaría, Gladys Castro, Carlos Gregori, José Vila Bustos, Josefina Becerra, Leonor Mercuri, Marta Saroff y Miguel Pointeau. El proyecto no consistió solamente en reproducir fotografías. Antes de llevar los retratos al muro, los jóvenes artistas investigaron las historias personales, familiares, universitarias y sociales de cada homenajeado y, en varios casos, establecieron contacto con sus familiares. Valentina Palacios, por ejemplo, trabajó sobre la figura de Marta Saroff después de conocer su tarea como alfabetizadora; Carla Gómez representó a Adriana Bonoldi, vinculada con la enseñanza de la música; y Anabel Orán se ocupó de Ana Beatriz Corsino, pianista y profesora de Música cuya actividad también se extendía fuera del ámbito académico. El mural fue realizado por Sergio Benegas, Martín Bisceglia, Carla Gómez, Ignacio Fernández, Marcos Macho, Valentina Palacios, Anabel Orán, José Pavez, Sebastián Sosa y Catalina Vergne Jatuff, estudiantes de Artes Plásticas y Artes Visuales, bajo la supervisión del profesor Eduardo González. La ejecución se desarrolló principalmente entre junio y septiembre de 2015 y la obra fue presentada públicamente el 29 de octubre de aquel año, con la participación de artistas, autoridades universitarias y familiares. Su realización estuvo vinculada además con un proceso mucho más amplio de recuperación documental de la propia historia de la UNCUYO: ese mismo año la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales difundía “Apuntes de la Memoria. Relatos de una Universidad Posible”, resultado de la primera investigación oficial encargada por la Universidad para reconstruir quiénes habían sido sus estudiantes desaparecidos y asesinados y qué había sucedido dentro de la institución durante aquellos años y el período inmediatamente anterior. Una publicación institucional de 2015 contextualizó aquella investigación señalando más de treinta estudiantes desaparecidos, más de doscientos trabajadores dados de baja y cerca de trescientos estudiantes expulsados durante ese proceso de persecución, intervención y censura universitaria. Más de una década después, el mural continúa integrado a la vida cotidiana de la Universidad: en febrero de 2026 la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales volvió a reunir allí a sus ingresantes como cierre del módulo “Construimos Presente con Memoria”. Así, aquella gigantesca pintura nacida del encuentro entre dos facultades trascendió su condición de obra artística: los nombres que alguna vez quedaron dispersos entre expedientes, fotografías familiares y archivos universitarios pasaron a ocupar un lugar visible en el campus mendocino, frente a nuevas generaciones de estudiantes que diariamente atraviesan el mismo espacio universitario que aquellos jóvenes habitaron décadas atrás. #MendozAntigua #UNCuyo #UniversidadNacionalDeCuyo #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MemoriaHistorica #HistoriaArgentina #ArteYMemoria #Mural #ArtePublico #CiudadUniversitaria #HistoriaUniversitaria #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricalMemory #PublicArt #UniversityHistory #ArtAndMemory Fuentes consultadas: Prensa de la Universidad Nacional de Cuyo, publicaciones institucionales sobre la inauguración y realización del mural “¡Presente!”; Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCUYO; Facultad de Artes y Diseño de la UNCUYO; actualización institucional de la FCPyS del 26 de febrero de 2026.
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miércoles, 30 de septiembre de 2026
CUANDO GENERAL ALVEAR SEMBRÓ UNA ESCUELA: LA HISTORIA DE LA “AGRICULTURA” QUE FORMÓ GENERACIONES DE MENDOCINOS
30 DE SEPTIEMBRE DE 1958 — La imagen retrata el acceso de una de las instituciones educativas más emblemáticas del sur mendocino: la Escuela de Agricultura de General Alvear, perteneciente a la Universidad Nacional de Cuyo. Su historia había comenzado algunos años antes, cuando vecinos y familias alvearenses comprendieron que una región profundamente vinculada con la agricultura, la fruticultura y la vitivinicultura necesitaba formar a sus propios técnicos. A comienzos de la década de 1950 muchos jóvenes que terminaban la primaria debían trasladarse a otras localidades para continuar estudiando, algo que numerosas familias no podían afrontar. De aquella necesidad nació una comisión promotora en la que tuvo un papel destacado el maestro Jorge Leguizamón, recordado como el “Napoleón de la comisión” por su empuje, junto al legislador Gilberto Carlocchia, el Rotary Club y numerosos vecinos que aportaron desde ladrillos y álamos hasta trabajo de carpintería y crédito para levantar la futura escuela. Las clases comenzaron formalmente el 19 de abril de 1954 con apenas 33 alumnos de primer año. El establecimiento funcionaba en el predio de la antigua Corporación de Frutihorticultores de Alvear Oeste: una vivienda y las paredes de un viejo secadero fueron transformadas en aquella primera aula. La institución recibió inicialmente el nombre de “Irineo Fernando Cruz”, en homenaje al fallecido rector de la UNCuyo, y durante la inauguración se descubrieron placas en el arco de acceso y se entregaron medallas a estudiantes que habían participado en la construcción. Pero existe una fecha especialmente significativa: el 30 de septiembre de 1958, exactamente un día como hoy, una ley provincial dispuso el traspaso a la Universidad Nacional de Cuyo de cuatro hectáreas y fracción de tierras pertenecientes a la Provincia, consolidando territorialmente aquel proyecto educativo nacido del esfuerzo comunitario. Dos años antes, mediante la Ordenanza 16/56, la escuela había pasado a depender de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo. Con el tiempo, aquella pequeña escuela agrícola se convirtió en una verdadera cantera de técnicos y enólogos. Desde 1959 sus egresados comenzaron a desempeñarse en bodegas y establecimientos productivos de diferentes lugares del país; en 1965 nacieron sus tradicionales Olimpíadas estudiantiles y en 1970 se construyó la Bodega Piloto, posteriormente declarada Patrimonio Histórico y Cultural Departamental. En 1989 se inauguró el edificio principal que luego sería ampliado en 2007. El establecimiento posee además una finca experimental de 1,5 hectáreas donde los estudiantes trabajan con viñedos de Bonarda y Cabernet Sauvignon, cultivos forrajeros y distintas prácticas agropecuarias; allí la enseñanza sale del aula para encontrarse directamente con la tierra. Incluso su producción vitivinícola continúa viva: alumnos de quinto y sexto año participan desde la cosecha hasta la elaboración en bodega del vino “Egresados”, una tradición que conecta las nuevas generaciones con más de siete décadas de educación agrícola. Aquella entrada que vemos en la fotografía es, entonces, mucho más que la puerta de una escuela: representa el resultado de vecinos que aportaron materiales, profesores que durante los primeros tiempos llegaron a trabajar sin cobrar, estudiantes que aprendieron haciendo y una comunidad que decidió sembrar conocimiento para transformar el futuro de General Alvear. Desde 33 alumnos y un viejo secadero hasta convertirse en una institución profundamente ligada a la identidad productiva del sur mendocino, la Escuela de Agricultura demuestra que algunas de las obras más perdurables también comienzan colocando un ladrillo, plantando una vid y creyendo en la educación. Fuente de origen: Escuela de Agricultura–Universidad Nacional de Cuyo; Prensa UNCUYO; Honorable Cámara de Diputados de Mendoza; Gobierno de Mendoza. #MendozAntigua #Mendoza #GeneralAlvear #EscuelaDeAgricultura #UNCuyo #HistoriaDeMendoza #Educación #Agricultura #Vitivinicultura #Enología #MemoriaMendocina #PatrimonioMendocino #HistoriaArgentina #MendozaHistory #GeneralAlvear #AgriculturalSchool #ArgentinaHistory #WineHistory #Viticulture #AgriculturalEducation
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M5620 Gral. Alvear, Mendoza, Argentina
EL GIGANTE DE BELGRANO Y SOBREMONTE: LA ESCUELA QUE DEJÓ SU HUELLA EN GENERACIONES DE MENDOCINOS
Esta imagen nos lleva al interior de uno de los establecimientos educativos más emblemáticos de la Ciudad de Mendoza: la Escuela del Magisterio de la Universidad Nacional de Cuyo. Sus galerías abiertas, sus largas barandas y los estudiantes asomados desde los distintos pisos forman parte de una escena que quedó grabada en la memoria de miles de mendocinos. La institución nació oficialmente el 29 de diciembre de 1947 mediante la Ordenanza Nº 252 de la UNCuyo, impulsada desde la Escuela de Lenguas Vivas y la Facultad de Filosofía y Letras, con una misión fundamental: preparar maestros y brindar una sólida formación humanística. Desde 1951 sus egresados podían obtener los títulos de Maestro Normal Superior y Bachiller Nacional, y en 1953 la incorporación del ciclo básico permitió desarrollar una formación completa desde primero hasta sexto año. Durante aquellos años la escuela funcionó en diferentes inmuebles del centro mendocino, entre ellos propiedades próximas a Rivadavia y avenida España, y más tarde un edificio de calle Mitre; el crecimiento fue tan grande que llegó a utilizar aulas cedidas por otros establecimientos universitarios. En 1959, durante la gestión de Carmen Vera Arenas, se profundizó su carácter experimental: se organizaron la escuela primaria y jardín de infantes, cursos de especialización y perfeccionamiento docente, laboratorios y servicios psicopedagógicos, mientras se impulsaba su vinculación con el programa de escuelas asociadas para la comprensión internacional promovido en torno a UNESCO. El gran cambio llegó en la década de 1970. El Gobierno de Mendoza donó a la Universidad una fracción de 3.681,30 metros cuadrados perteneciente a terrenos del antiguo Ferrocarril Trasandino, entre Belgrano, Sobremonte y Coronel Rodríguez. El acta de donación fue firmada el 10 de agosto de 1971 y el 14 de octubre se colocó la piedra fundamental. Tres años después, en 1974, quedó inaugurado el edificio definitivo diseñado por el arquitecto Mario Pagés junto al equipo técnico de la Dirección de Obras de la UNCuyo: una estructura de tres plantas, amplias galerías, aulas, espacios especiales, salón de actos y sectores deportivos. La fotografía que acompaña esta publicación resulta especialmente valiosa porque una imagen prácticamente coincidente aparece reproducida e identificada como “Escuela del Magisterio” en Encuentro de saberes. Historia de las facultades, institutos y colegios de la Universidad Nacional de Cuyo, obra institucional publicada por EDIUNC en 2017. La publicación permite asociar con seguridad la escena al establecimiento de Belgrano y Sobremonte, aunque no fija allí una fecha precisa para la toma; por eso resulta prudente considerarla posterior a la inauguración del edificio en 1974 sin adjudicarle un año exacto. Aquellos años fueron además el cierre de una etapa decisiva: la última promoción de Maestros Superiores egresó en 1976, luego de que la formación docente comenzara a trasladarse al nivel terciario. La escuela continuó transformándose, pero conservó aquel nombre que ya pertenecía a la historia educativa mendocina. Mirar hoy estos corredores llenos de jóvenes es mucho más que contemplar una vieja fotografía: es volver a escuchar el bullicio de los recreos, los pasos sobre las galerías y las voces de generaciones que atravesaron estas aulas. En el corazón de Mendoza, la Escuela del Magisterio sigue siendo parte de esa enorme memoria colectiva construida pupitre por pupitre, maestro por maestro y promoción tras promoción. Fuente de origen: Escuela del Magisterio–Universidad Nacional de Cuyo; Secretaría Académica UNCuyo; EDIUNC, Encuentro de saberes. Historia de las facultades, institutos y colegios de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2017. #MendozAntigua #Mendoza #EscuelaDelMagisterio #UNCuyo #HistoriaDeMendoza #Educación #Docentes #Maestros #CiudadDeMendoza #FotosAntiguas #MemoriaMendocina #PatrimonioMendocino #HistoriaArgentina #OldMendoza #MendozaHistory #SchoolHistory #EducationHistory #HistoricPhotography #ArgentineHistory #CulturalHeritage
EL BÚHO QUE VIO PASAR GENERACIONES: EL CUC, MÁS DE OCHO DÉCADAS FORMANDO PARTE DE LA HISTORIA DE MENDOZA
Esta imagen del Colegio Universitario Central “General José de San Martín”, con estudiantes recorriendo sus galerías y el inconfundible búho del CUC dominando uno de los muros, retrata una escena cotidiana de una institución profundamente ligada a la historia educativa mendocina. Sus orígenes se remontan al 16 de marzo de 1943, cuando el presidente Ramón S. Castillo firmó el Decreto Nº 145.358 que creó el entonces Colegio Nacional Central, a partir de una iniciativa impulsada desde la Universidad Nacional de Cuyo por su rector Edmundo Correas. La inauguración formal se realizó el 19 de abril de aquel año y desde el comienzo se buscó algo mucho más ambicioso que sumar otro establecimiento secundario: la intención era experimentar con una enseñanza capaz de preparar a los jóvenes para los estudios superiores y, al mismo tiempo, contribuir a renovar la educación media argentina. En aquellos primeros tiempos el colegio funcionó en antiguas construcciones del centro mendocino; tuvo dependencias en Patricias Mendocinas y Montevideo y aulas en el sector de Rivadavia y 9 de Julio. En 1947 se creó el Bachillerato Nocturno, pensado especialmente para quienes necesitaban trabajar durante el día, y en 1948 egresó la primera promoción de bachilleres. En 1952 adoptó la denominación Colegio Universitario Central “General José de San Martín”, nombre que atravesaría generaciones enteras de mendocinos. Otro capítulo decisivo comenzó en 1964, cuando el Consejo Superior de la UNCuyo resolvió construir una sede propia sobre avenida San Martín. Después de varios años de obras, el 24 de mayo de 1967 quedó inaugurado el edificio de San Martín 290 que todavía hoy identifica al CUC y cuyos patios, corredores y galerías aparecen en fotografías como ésta. Pero la historia del colegio también se escribió fuera de las aulas: desde comienzos de la década de 1960 surgieron actividades coprogramáticas y la tradicional organización de estudiantes en las “Tribus” Huarpes y Pehuenches, una costumbre que terminaría convirtiéndose en una de las marcas culturales de la institución. Y sobre muchas de aquellas historias aparece siempre la misma figura: el búho, símbolo tradicional del CUC, asociado por la propia institución con la curiosidad, la búsqueda del conocimiento y la sabiduría. Así, detrás de una sencilla fotografía de alumnos caminando por un pasillo aparece una historia mucho mayor: miles de estudiantes, profesores y egresados que desde 1943 fueron dejando sus pasos en uno de los colegios más reconocibles de la educación pública universitaria de Mendoza. Fuente de origen de los datos históricos: Colegio Universitario Central “General José de San Martín” – Universidad Nacional de Cuyo, sección Historia y reseña institucional; Prensa UNCUYO, “Los 70 años del CUC”. Fotografía: imagen aportada para esta publicación. #MendozAntigua #Mendoza #ColegioUniversitarioCentral #CUC #UNCuyo #HistoriaDeMendoza #Educación #EscuelasDeMendoza #MemoriaMendocina #JoséDeSanMartín #FotosDeMendoza #HistoriaArgentina #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricMendoza #EducationHistory #SchoolHistory #UNCuyo
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martes, 29 de septiembre de 2026
MALARGÜE, DONDE LA TIERRA GUARDA VOCES: ÁNIMAS QUE LLORAN, LAGUNAS QUE SE ENOJAN Y BRUJAS BAJO LA MONTAÑA - MENDOZA
En el extremo sur de Mendoza existe un territorio donde la geología y la memoria popular parecen haber hecho un pacto. Malargüe no sólo posee volcanes, cavernas, lagunas y paredones extraordinarios: también conserva un formidable universo de relatos transmitidos durante generaciones, algunos de los cuales fueron registrados directamente de antiguos pobladores y hoy constituyen verdaderos documentos del folklore argentino. Uno de los testimonios más impresionantes aparece en Cuentos y leyendas populares de la Argentina, de la investigadora Berta Elena Vidal de Battini. En 1974, Delfín Arroyo, de 57 años y residente de Puerto Arroyo, Malargüe, relató que en el Pozo de las Ánimas se escuchaban los lamentos de personas que habrían muerto en sus profundidades; aquel relato popular explicaba así su inquietante nombre. Otro vecino, Manuel Antonio Jofré, también entrevistado en Malargüe ese año, hablaba de ayes y quejidos y de la vieja creencia de que el pozo era un misterioso “ojo de mar” comunicado por debajo de la Cordillera. La ciencia cuenta otra parte de la historia: el Pozo de las Ánimas está formado por dos grandes dolinas originadas por la disolución de materiales subterráneos y posteriores hundimientos del terreno; las mediciones difundidas por Turismo Malargüe indican aproximadamente 80 metros hasta el nivel del agua y otros 20 metros bajo ella. El viento que atraviesa semejantes cavidades produce sonidos que seguramente ayudaron a alimentar durante décadas la imaginación de quienes vivían en aquellas soledades. Pero Battini dejó registrado algo todavía menos conocido: la leyenda de la Laguna del Negro, en Cajón Grande. Jofré afirmaba que aquella laguna “se enojaba” cuando se acercaban desconocidos, levantando sus aguas con violencia, y que su nombre provenía de la aparición fantasmal de un hombre que muchos lugareños aseguraban haber visto. El mismo narrador contó otra historia malargüina, la de Curilauna: una laguna rodeada de oscuras rocas que, según la tradición, podía rechazar a ciertas personas, levantando sus aguas y produciendo un fuerte chillido. La propia obra de Vidal de Battini anotó que “Curilauna” era interpretado localmente como un nombre híbrido asociado a la idea de “Laguna Negra”. Y si hay un escenario donde el amor, la tragedia y lo sobrenatural se mezclan, es la Laguna de la Niña Encantada. Material educativo de la Dirección General de Escuelas de Mendoza conserva una versión presentada como tradición puelche: Elcha, una joven enamorada de un muchacho que no pertenecía a la nobleza, habría huido con él para evitar un matrimonio impuesto. Perseguidos durante una tormenta, ambos llegaron hasta la laguna y se arrojaron a sus aguas; la hechicera que encabezaba la persecución habría quedado convertida en piedra por un rayo, mientras la imagen de Elcha continuaría reflejándose en el agua. Pero ésa no es la única historia: la misma fuente registra una joven transformada en piedra por un amor imposible, relatos de misteriosas sirenas y hasta una extraordinaria narración criolla según la cual aquel espejo de agua era llamado “Laguna de las Siete Apuestas”: allí un jugador chileno habría pactado con el Diablo por siete bolsas de pepitas de oro y, en la apuesta final, logró engañarlo mostrando la cruz formada por la empuñadura de su daga. Más al sur, la Caverna de las Brujas suma otro capítulo. El Gobierno de Mendoza recoge tradiciones narradas por guías y pobladores sobre ceremonias realizadas alrededor del fuego en la llamada Sala de la Virgen, sombras gigantescas proyectadas sobre las paredes, extrañas luces y dos mujeres cautivas que habrían encontrado refugio dentro de la montaña; con el tiempo, la presencia de grandes lechuzas alimentó la creencia de que aquellas mujeres se habían transformado en aves. Más allá de la leyenda, existen indicios arqueológicos de utilización de la caverna por poblaciones originarias como refugio temporario o para determinadas prácticas, mientras la geología explica sus más de 3.000 metros de galerías como el resultado de la acción del agua sobre antiguas calizas jurásicas de origen marino. Y están también los Castillos de Pincheira, enormes paredones de hasta unos 50 metros que parecen fortalezas construidas por seres humanos pero que SEGEMAR explica como el resultado de la erosión fluvial y eólica sobre rocas volcánicas y sedimentarias del Mioceno. El nombre conserva el eco de los Pincheira, protagonistas reales del convulsionado mundo fronterizo posterior a las guerras de independencia, cuya presencia y redes alcanzaron también territorios del actual sur mendocino. Así, detrás del Malargüe turístico sobrevive otro Malargüe: el de los puesteros que aseguraban que las lagunas reconocían a los viajeros, el de las almas que gemían desde las profundidades, el de muchachas encantadas, pactos con el Diablo, apariciones, brujas y montañas convertidas en castillos. La geología puede explicar cómo nacieron las cavernas, las dolinas y los paredones; la historia puede reconstruir quiénes fueron los hombres que atravesaron aquellos territorios. Pero las leyendas revelan algo diferente y acaso igualmente valioso: la forma en que generaciones enteras intentaron explicar, recordar y poblar de significado uno de los paisajes más extraordinarios de Mendoza. Fuente de origen: Berta Elena Vidal de Battini, Cuentos y leyendas populares de la Argentina, tomo VII, Ediciones Culturales Argentinas, 1984; Dirección General de Escuelas de Mendoza, Geografía de Mendoza; Ministerio de Energía y Ambiente de Mendoza, Reserva Caverna de las Brujas; Municipalidad/Turismo de Malargüe; SEGEMAR, Mapa Geológico de la Provincia de Mendoza; estudios históricos publicados por universidades nacionales. #Malargüe #Mendoza #MendozAntigua #LeyendasDeMendoza #LeyendasDeMalargüe #PozoDeLasÁnimas #NiñaEncantada #CavernaDeLasBrujas #CastillosDePincheira #HistoriaDeMendoza #FolkloreArgentino #TradiciónOral #MisteriosDeMendoza #Argentina #MalargueLegends #MendozaHistory #ArgentineFolklore #LegendsOfArgentina #AncientMendoza #MysteriesOfArgentina
CAVERNA DE LAS BRUJAS: BAJO MALARGÜE, UN LABERINTO JURÁSICO DE SOMBRAS, RITUALES Y LEYENDAS
En el extremo sur de Mendoza, cerca de Bardas Blancas y a unos 65 kilómetros de la ciudad de Malargüe, la montaña esconde uno de los escenarios naturales más extraordinarios y misteriosos de la provincia: la Caverna de las Brujas, un gigantesco laberinto subterráneo abierto en antiguas rocas calcáreas de origen marino. Aquellas calizas pertenecen a la Formación La Manga y fueron depositadas durante el Jurásico Tardío, cuando un mar poco profundo cubría esta región; todavía hoy las rocas conservan fósiles que recuerdan aquel océano desaparecido. Muchísimo después, el levantamiento de los Andes dejó esos estratos inclinados, fracturados y expuestos a la infiltración del agua. La circulación subterránea fue disolviendo lentamente la caliza y ampliando grietas y conductos; hacia el final del último período glacial, una mayor presencia de nieve y hielo habría favorecido nuevas infiltraciones y el desarrollo de los pasadizos. Así fueron apareciendo salas, chimeneas, estrechísimas gateras y formaciones minerales de calcita, yeso y hasta ópalo: estalactitas que descienden desde los techos, estalagmitas que crecen desde el suelo, columnas, velos, coladas y concreciones que parecen haber sido modeladas deliberadamente. Hay incluso una extraordinaria escala temporal escondida en sus minerales: investigaciones sobre sus espeleotemas de yeso obtuvieron edades de aproximadamente 90.200 a 64.300 años para algunos depósitos de las salas inferiores, mientras otras formaciones serían posteriores y estarían relacionadas con períodos áridos del Holoceno. Es decir: las rocas que contienen la caverna son jurásicas, pero el laberinto y sus decoraciones minerales se desarrollaron muchísimo después. La presencia humana también dejó huellas. Estudios arqueológicos indican ocupaciones o utilización del sitio en tiempos prehispánicos, y una investigación difundida por CONICET estudió una secuencia arqueológica fechada aproximadamente entre 3.800 y 5.000 años antes del presente. El análisis mostró además que buena parte de los pequeños restos animales acumulados allí fue producto de aves rapaces, una evidencia que ayuda a reconstruir el ambiente de aquel pasado remoto. Pero donde termina la arqueología comienza el territorio de la tradición oral, y allí nace el nombre que convirtió a esta caverna en leyenda. No encontramos en las fuentes oficiales consultadas una fecha histórica precisa que documente cuándo comenzó a llamársela “Caverna de las Brujas”; el propio Gobierno de Mendoza presenta su denominación vinculada a relatos transmitidos por pobladores y guías. Una de las versiones sostiene que la primera gran cámara, hoy conocida como Sala de la Virgen, era utilizada por pueblos originarios y que allí los machis o especialistas rituales celebraban ceremonias alrededor de grandes fogatas. Las llamas agitadas por el aire proyectaban figuras enormes y deformadas contra las paredes; vistas desde lejos, aquellas sombras parecían seres que bailaban dentro de la montaña. A ello se habrían sumado lamentos, voces, llantos y misteriosos destellos identificados en el imaginario popular con la “luz mala”. De esa combinación de fuego, oscuridad, ecos y temor habría surgido la asociación con las “brujas” y, con el tiempo, el nombre del lugar. Existe, sin embargo, una segunda leyenda todavía más inquietante. La tradición de Bardas Blancas habla de dos mujeres blancas mantenidas cautivas a quienes habrían herido las plantas de los pies para impedirles escapar. Las mujeres consiguieron huir y encontraron refugio dentro de la caverna. Durante algún tiempo, según el relato, pobladores de la zona afirmaban ver al atardecer dos figuras femeninas, desgreñadas y cubiertas de suciedad, que salían de la oscuridad y regresaban posteriormente al interior; desde la montaña se oían quejidos y gritos, mientras extrañas luces y sombras aumentaban el miedo. Cuando las fugitivas desaparecieron, grandes lechuzas comenzaron a salir de la boca de la cueva y nació la historia de que aquellas mujeres se habían transformado en aves para escapar definitivamente. Esta versión continúa formando parte del relato tradicional difundido por el propio Gobierno provincial. Hay además otra variante de la tradición: antiguos viajeros que transitaban por las cercanías habrían observado desde abajo el resplandor de fogatas y sombras humanas proyectándose en la entrada sin poder distinguir a quienes se encontraban dentro; la imaginación terminó convirtiendo aquellas siluetas en supuestas brujas celebrando sus ritos en la montaña. Ciencia y leyenda, por lo tanto, se encuentran aquí sin necesidad de confundir una con otra: la geología explica el origen del laberinto y de sus increíbles formas; la arqueología demuestra una historia humana milenaria en el lugar; y la tradición oral conserva el miedo, las creencias y los relatos con los que generaciones de habitantes interpretaron aquella enorme boca negra abierta en el cerro. En 1990, Mendoza protegió oficialmente este patrimonio mediante la Ley Provincial Nº 5.544, sancionada el 26 de julio de ese año.Actualmente la reserva se encuentra a unos 1.840 metros sobre el nivel del mar y su visita se realiza de manera controlada y con guía habilitado, precisamente porque este ambiente subterráneo es extremadamente frágil. Allí, en absoluta oscuridad, cada gota continúa trabajando sobre la roca mientras las viejas historias siguen acompañando al visitante. Porque en la Caverna de las Brujas hay una explicación científica para la piedra, el agua y las formas minerales; lo que permanece suspendido entre la historia y la imaginación son aquellas sombras que, durante generaciones, hicieron creer que algo —o alguien— habitaba en las profundidades de Malargüe. FUENTES DE ORIGEN: Gobierno de Mendoza, Ministerio de Energía y Ambiente, “Caverna de Brujas” y Prensa Gobierno de Mendoza. Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR), Silvia Barredo, “La Caverna de las Brujas. Un laberinto subterráneo”, Sitios de Interés Geológico de la República Argentina, Anales 46, 2008, y Mapa Geológico de la Provincia de Mendoza. CONICET: Gasco, Rosi y Durán, análisis arqueofaunístico de Caverna de las Brujas. Municipalidad de Malargüe, Dirección de Turismo. Secretaría de Ambiente y Ordenamiento Territorial de Mendoza, legislación de Áreas Naturales Protegidas. #CavernaDeLasBrujas #Malargüe #Mendoza #BardasBlancas #HistoriaDeMendoza #LeyendasDeMendoza #MendozAntigua #PatrimonioNatural #Geología #Espeleología #LeyendasArgentinas #SurMendocino #Brujas #Caves #CaveLegends #Malargue #MendozaArgentina #ArgentineHistory #NaturalHeritage #Geology #Speleology #UndergroundWorld
CASTILLOS DE PINCHEIRA: LA FORTALEZA DE PIEDRA DE MALARGÜE DONDE LA GUERRA, LOS FORAJIDOS Y UN TESORO PERDIDO SE HICIERON LEYENDA - MENDOZA
A unos 27 kilómetros de la ciudad de Malargüe se levanta uno de los paisajes más enigmáticos del sur mendocino: enormes paredones, torres, grietas y cornisas naturales que parecen las ruinas de una fortaleza construida por el hombre, aunque en realidad son el resultado de millones de años de historia geológica. El SEGEMAR describe allí paredones de hasta unos 50 metros de altura, formados en rocas volcánicas y sedimentarias del Mioceno: el río Malargüe fue socavando y descalzando materiales muy fracturados y, posteriormente, los intensos vientos terminaron modelándolos hasta darles esa extraordinaria apariencia de murallas y torreones. La geología argentina reconoce incluso una “Formación Pincheira”, definida originalmente por Criado Roque en 1950 a partir de estos afloramientos del río Malargüe y compuesta por una potente sucesión de tobas, aglomerados volcánicos, conglomerados y areniscas. Así nació la primera mitad del nombre: “Castillos”, porque desde la distancia aquellas moles recuerdan una fortificación medieval. Pero la palabra “Pincheira” conduce directamente a una de las historias más turbulentas de la frontera argentino-chilena del siglo XIX. Fuentes históricas y trabajos posteriores mencionan los “Castillos de Pincheyra, en Malalhue” como uno de los lugares asociados a José Antonio Pincheira y a las fuerzas que actuaban bajo el liderazgo de su familia; incluso una publicación científica de 1962 describía el lugar como las montañas cavernosas donde se ocultaba el caudillo que terminó dando su apellido al paraje. Los Pincheira eran una familia chilena cuyos hermanos varones encabezaron, después de las guerras de independencia, una poderosa organización armada que durante años se desplazó a ambos lados de los Andes. Durante mucho tiempo fueron retratados simplemente como bandidos, cuatreros y salteadores; sin embargo, investigaciones históricas más recientes, especialmente las de Carla Manara, muestran un fenómeno bastante más complejo: una guerrilla realista y multiétnica que continuó defendiendo la causa monárquica después del derrumbe del poder español en Chile, tejiendo alianzas con grupos pehuenches y utilizando una extensa red de pasos cordilleranos, refugios, campos de pastoreo y rutas comerciales que alcanzaba el sur de Mendoza, Neuquén, las pampas y Chile. Eso no elimina los saqueos, apropiaciones de ganado, cautiverios y ataques documentados, pero obliga a entender que detrás del mito del “bandido Pincheira” existió también una verdadera guerra de frontera vinculada al convulsionado nacimiento de las nuevas repúblicas sudamericanas. El vínculo de José Antonio Pincheira con Mendoza llegó a un extremo difícil de imaginar: el 15 de julio de 1829 el gobierno mendocino celebró con él un tratado por el cual fue reconocido como coronel y jefe de las fuerzas del sur; Pincheira se comprometía a defender la provincia y obedecer las órdenes del gobierno, mientras Mendoza prometía suministrar a sus hombres los recursos que permitieran las circunstancias del erario. El texto del acuerdo sobrevivió y constituye una prueba formidable de hasta qué punto aquel caudillo, perseguido en Chile, había adquirido poder político y militar en la frontera mendocina. Un año después, en 1830, el sur provincial volvió a estremecerse con el episodio conocido como la Tragedia del Chacay, en el que murieron el exgobernador Juan Corvalán, Juan Agustín Maza y otros integrantes de su comitiva. La tradición vinculó durante mucho tiempo aquella matanza directamente con los pincheirinos, aunque las investigaciones contemporáneas advierten que el episodio debe entenderse dentro de una trama mucho más compleja de guerras civiles, disputas políticas, alianzas cambiantes y conflictos entre parcialidades indígenas y autoridades criollas; por eso no resulta riguroso reducirlo simplemente a una orden personal de José Antonio Pincheira. El desenlace llegó en 1832. El general chileno Manuel Bulnes atravesó la cordillera y atacó el principal núcleo pincheirino en las lagunas de Epulafquén, en el actual norte neuquino, el 14 de enero. La organización quedó prácticamente destruida; José Antonio logró escapar, continuó desplazándose hacia el área del Atuel y finalmente aceptó entregarse después de obtener garantías de indulto. Las fuentes sitúan su llegada a Chillán en marzo de aquel año. Pero allí termina la historia documental y comienza el territorio fascinante de la leyenda. Durante generaciones se repitió en Malargüe que entre las cuevas y grietas de los Castillos los hombres de Pincheira podían desaparecer ante sus perseguidores, vigilar desde las alturas cualquier movimiento en el valle y utilizar aquella verdadera fortaleza natural como escondite. Otra tradición los convirtió casi en “Robin Hood” cordilleranos que robaban a los poderosos para repartir parte del botín entre los pobres; esa imagen romántica forma parte del relato popular y turístico, pero no está demostrada por los estudios históricos que reconstruyen el funcionamiento de la guerrilla. Y sobre todas ellas sobrevive una leyenda irresistible: EL TESORO DE LOS PINCHEIRA. Se habla de dinero, alhajas, oro y riquezas acumuladas durante años de incursiones y comercio de ganado, ocultadas antes de la derrota definitiva. Algunas versiones sitúan el escondite entre las grietas de los propios Castillos de Malargüe; otras trasladan el tesoro hacia las lagunas de Epulafquén y otros rincones de la Patagonia. El tesoro nunca pasó del terreno de la tradición y justamente por eso continúa alimentando historias de túneles secretos, cuevas clausuradas y fortunas que todavía esperarían bajo las montañas. Hay, además, una coincidencia toponímica extraordinaria: documentación oficial de Malargüe explica que el nombre del departamento deriva de Malal-Hue, expresión interpretada como “corral de piedra” o “lugar de corrales naturales”, en referencia a las bardas que podían funcionar como cerramientos; un nombre que parece hecho a medida para esta tierra de paredones, refugios y fortalezas naturales. Muchísimo antes de los Pincheira, el sur mendocino ya había sido transitado y habitado durante miles de años por poblaciones originarias; en las proximidades de los Castillos se han registrado materiales arqueológicos, incluido material cerámico, evidencia de que la espectacular geografía del lugar formó parte de paisajes humanos mucho más antiguos que la leyenda decimonónica. Finalmente, el 22 de junio de 1999 Mendoza protegió formalmente este patrimonio mediante la Ley Provincial Nº 6691, que creó una Reserva de Paisaje Protegido de 650 hectáreas conocida como Castillos de Pincheira. Hoy el visitante contempla roca, río y montaña; pero detrás de esas silenciosas paredes existe algo mucho mayor: millones de años de volcanismo y erosión, antiguos habitantes del territorio, una guerra que sobrevivió a la Independencia, tratados secretos y públicos, guerrillas realistas, persecuciones a través de la cordillera y, flotando todavía sobre las grietas de piedra, la irresistible promesa de un tesoro que nadie ha podido convertir definitivamente en historia. En los Castillos de Pincheira, Malargüe conserva uno de esos lugares excepcionales donde cuesta descubrir exactamente en qué punto termina el documento… y comienza la leyenda. FUENTES PRINCIPALES: Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR); Gobierno de Mendoza y Ley Provincial Nº 6691; Municipalidad y Dirección de Turismo de Malargüe; Carla Manara, Contrarrevolución en las fronteras. El liderazgo de los hermanos Pincheira en la guerrilla del Sur americano (1818-1832); Revista de Historia del Derecho; Revista CUHSO; investigaciones publicadas en Diálogo Andino y documentación histórica sobre el Tratado de José Antonio Pincheira con el Gobierno de Mendoza. #CastillosDePincheira #Malargüe #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #HermanosPincheira #JoséAntonioPincheira #LeyendasDeMendoza #TesoroDeLosPincheira #SurMendocino #PatagoniaArgentina #CordilleraDeLosAndes #HistoriaYleyenda #PatrimonioMendocino #PincheiraCastles #Malargue #MendozaArgentina #ArgentineHistory #HiddenTreasure #HistoricalLegends #AndesMountains #Patagonia #SouthAmericaHistory #HistoricMendoza
🌑💚 LA LAGUNA DONDE EL AMOR DESAFIÓ A LA MUERTE: ELCHA, BRUJAS, SIRENAS Y UN PACTO CON EL DIABLO EN EL CORAZÓN DE MALARGÜE
En las montañas del sur mendocino, sobre el corredor de la Ruta Provincial 222 y muy cerca de Los Molles, camino a Las Leñas, existe un pequeño espejo de agua que parece imposible entre tanta roca oscura: la Laguna de la Niña Encantada. Tiene aproximadamente 80 metros de diámetro y sus aguas extraordinariamente transparentes adquieren tonalidades verdes, azules y esmeralda según la luz, contrastando con las rocas volcánicas que la rodean. Pero su verdadero misterio comienza debajo de la superficie. La explicación difundida oficialmente por Turismo Malargüe señala que la laguna se encuentra en el escorial volcánico de El Infiernillo y está rodeada por restos de antiguas coladas de lava procedentes de cráteres cercanos. Durante aquellas erupciones, el material volcánico avanzó sobre el curso del arroyo que alimentaba la laguna, cubriéndolo; el agua continuó circulando debajo de aquella masa rocosa y actualmente llega al espejo de agua de manera subterránea. Es decir, la espectacular transparencia que hoy observamos está relacionada con un sistema hídrico oculto bajo las antiguas lavas. Este paisaje extraordinario terminó convirtiéndose en una verdadera fábrica de relatos. La Dirección General de Escuelas de Mendoza conserva en su material Geografía de Mendoza una de las versiones tradicionales más difundidas y la identifica expresamente como una leyenda puelche. Su protagonista es Elcha, una joven de extraordinaria belleza enamorada de un muchacho que no pertenecía a la nobleza. Su pueblo estaba enfrentado con otra comunidad y una hechicera habría convencido al padre de la joven de que un matrimonio acordado entre los hijos de los caciques podría terminar con el conflicto. Elcha, al enterarse de que su destino había sido decidido, buscó a su verdadero amor y ambos escaparon. La persecución comenzó inmediatamente. Era de noche, una tormenta cubría las montañas y, desorientados, los jóvenes terminaron frente a un brusco precipicio cuya caída desembocaba en la laguna. Los relámpagos iluminaron a sus perseguidores acercándose. Sin salida, Elcha y su amado eligieron lanzarse juntos a las aguas. La hechicera llegó poco después al borde del abismo y, según el relato, un rayo cayó sobre ella y la transformó en piedra. Cuando los demás se asomaron al agua encontraron, reflejada como en un espejo, la imagen de Elcha. Desde entonces, asegura la tradición, la muchacha permanece ligada eternamente a aquellas aguas y aquella imagen habría dado origen al nombre de Laguna de la Niña Encantada. Hay, sin embargo, un detalle fascinante que conviene tratar con cautela. La versión escolar tradicional afirma que “Elcha” significaría “espejo” en una lengua originaria, explicación repetida durante décadas en relatos mendocinos; otras recopilaciones, en cambio, sostienen que Elcha tendría un sentido más próximo a “joven” o “niña”. Por eso, desde el punto de vista histórico, lo más prudente es considerar la traducción “espejo” como parte de la tradición legendaria y no como una etimología lingüística definitivamente demostrada. Y aquí aparece otro dato extraordinario: una recopilación que cita al historiador y estudioso de la toponimia mendocina Juan Isidro Maza atribuye al antiguo poblador Francisco Parra el recuerdo de que los pehuenches habrían denominado al lugar “Huecub-Lauquén”, interpretado como “laguna donde se canta”. Si esa tradición oral es correcta, el sitio habría tenido una denominación indígena anterior a la popularización del nombre Niña Encantada, vinculada precisamente con sonidos, cantos y fenómenos misteriosos que luego reaparecerían en otras historias. Porque Elcha no es la única aparición que la memoria popular colocó junto a estas aguas. El mismo material educativo de Mendoza conserva una segunda versión: dos caciques enemigos impedían el amor entre sus hijos y, separada de su enamorado, la joven acudía a la laguna para llorar hasta que finalmente quedó convertida en piedra. Existe además una variante todavía más extraña: antiguos narradores hablaban de mujeres rubias encantadas que habitaban el lugar, seres mitad mujer y mitad pez cuyos cantos podían escucharse desde la orilla. Ante el menor ruido humano se sumergían y desaparecían. Una de aquellas sirenas, especialmente hermosa pero orgullosa, habría recibido un castigo divino y quedado petrificada junto al agua. Esta historia resulta particularmente interesante porque enlaza el supuesto antiguo nombre de “laguna donde se canta” con la tradición posterior de misteriosos cantos femeninos. Pero aún existe otra leyenda, completamente distinta y de origen criollo, que convierte este rincón malargüino en escenario de un enfrentamiento con el mismísimo diablo. Antiguamente, cuenta la tradición, también habría sido llamada “Laguna de las Siete Apuestas”. Un chileno pícaro y jugador habría pactado vender su alma al demonio a cambio de siete pequeñas bolsas llenas de pepitas de oro. El trato debía realizarse de noche junto a la laguna y consistía en disputar siete apuestas. El diablo permitió que el hombre ganara las seis primeras, reservando la última para quedarse con su alma, su cuerpo y el oro. Pero cuando llegó la séptima apuesta, el jugador consiguió distraer al demonio mientras este contemplaba el agua; entonces sacó una daga cuya empuñadura formaba una cruz, invocó el nombre de Jesús y se la mostró. Según la leyenda, el diablo desapareció instantáneamente y el hombre se quedó con su vida y con el oro. La Dirección General de Escuelas de Mendoza conserva esta singular narración junto con las demás tradiciones vinculadas a la laguna. Hay incluso una versión literaria mucho más elaborada que actualmente utiliza la Universidad Nacional de Cuyo en materiales educativos: allí la protagonista aparece con el nombre completo Elchá Chiamal Cané, traducido en ese relato como “Doncella de la Túnica Verde”, y surgen personajes llamados Calilué, Cantipán y la hechicera Ghulcán. Es una muestra extraordinaria de cómo una leyenda oral puede transformarse con cada generación, adquirir nombres, personajes y episodios nuevos y terminar formando varias historias alrededor de un mismo paisaje. Así, detrás de esos apenas 80 metros de agua transparente existe mucho más que un atractivo turístico. La Laguna de la Niña Encantada es el resultado visible de una antigua historia geológica en la que lava, roca y agua subterránea transformaron el paisaje; pero también es un archivo de la imaginación popular del sur mendocino. Allí conviven la joven que prefirió arrojarse al vacío antes que renunciar a su amor, una hechicera petrificada por un rayo, enamorados separados para siempre, sirenas cuyos cantos desaparecen bajo el agua y un jugador que consiguió engañar al diablo en la séptima apuesta. Naturaleza y tradición terminaron fundiéndose hasta hacerse inseparables: las formas oscuras de las rocas, los reflejos del agua y los silencios de la montaña ofrecieron durante generaciones el escenario perfecto para interpretar figuras, escuchar voces y transmitir historias. Quizás por eso la laguna continúa siendo realmente “encantada”: no porque podamos demostrar que Elcha emerge durante las noches de luna o que una bruja permanece convertida en piedra, sino porque durante décadas —y probablemente mucho más— los habitantes del sur mendocino encontraron en este pequeño espejo de agua una forma de conservar sus miedos, amores, creencias y recuerdos. La ciencia explica cómo la lava ocultó el curso de agua; las leyendas intentaron explicar todo lo demás. Fuente de origen y consulta: Turismo Malargüe, Municipalidad de Malargüe; Dirección General de Escuelas del Gobierno de Mendoza, Geografía de Mendoza: Huellas de nuestra identidad; Universidad Nacional de Cuyo, materiales educativos; Universidad Nacional de Cuyo, La complejidad de los ecosistemas del sur de la provincia de Mendoza; referencias de tradición toponímica atribuidas a Juan Isidro Maza. #MendozAntigua #Malargüe #LagunaDeLaNiñaEncantada #NiñaEncantada #Elcha #LosMolles #LasLeñas #Mendoza #LeyendasMendocinas #HistoriaDeMendoza #LeyendasArgentinas #PueblosOriginarios #CordilleraDeLosAndes #MisteriosDeMendoza #PatrimonioCultural #MendozaHistory #ArgentineLegends #EnchantedLagoon #Malargue #AndesMountains #ArgentinaHistory #Folklore #Legends #HiddenMendoza
EL ABISMO QUE LLORA BAJO LOS ANDES: LAS VOCES DE 1974 QUE GUARDARON EL MISTERIO DEL POZO DE LAS ÁNIMAS
En las soledades cordilleranas de Malargüe, donde el viento golpea las paredes de dos enormes cavidades y parece transformar el paisaje en un escenario de otro mundo, el Pozo de las Ánimas conserva historias mucho más inquietantes que la leyenda que habitualmente se cuenta a los visitantes. En 1974, la investigadora argentina Berta Elena Vidal de Battini registró en Malargüe dos testimonios orales extraordinarios que décadas después quedarían publicados en el tomo VII de su monumental obra Cuentos y leyendas populares de la Argentina. La importancia del registro es enorme: la recopilación de Vidal de Battini fue realizada durante más de cuarenta años por pueblos y parajes de todo el país y buscó conservar con la mayor fidelidad posible la manera en que cada narrador contaba sus historias. Una de aquellas voces fue la de Delfín Arroyo, de 57 años, registrado en Puerto Arroyo, Malargüe. Su versión aseguraba que antiguamente habían sido arrojadas personas dentro del enorme abismo y que desde sus profundidades todavía podían escucharse sus gritos y lamentos. Para aquel narrador, los muertos continuaban penando allí y esa presencia explicaba el estremecedor nombre de Pozo de las Ánimas. Pero su relato guardaba todavía un elemento más fantástico: se creía que aquella masa de agua tenía comunicación con el mar. Ese mismo año Vidal de Battini recogió otra versión de labios de Manuel Antonio Jofré, de 55 años, nativo de Malargüe y profundo conocedor de las tradiciones de la región. Jofré recordaba que desde el Pozo se oían ayes y quejidos, como si las almas estuvieran atrapadas en sus profundidades. También transmitió una historia sorprendente: en cierta ocasión habrían hecho descender a un soldado mediante una soga, pero tuvieron que sacarlo rápidamente porque, según la tradición, comenzaba a faltarle el aire antes siquiera de alcanzar el fondo. Jofré agregaba una de las creencias más fascinantes del antiguo imaginario malargüino: el Pozo sería un “ojo de mar”, una masa de agua que nunca se secaba y que estaría comunicada subterráneamente con el océano; quien cayera allí, decía aquella tradición, podría terminar viajando bajo la propia Cordillera. La ciencia ofrece hoy una explicación diferente, aunque igualmente espectacular. El Pozo de las Ánimas está formado por dos enormes dolinas, depresiones producidas por procesos de disolución de materiales solubles como el yeso y posteriores hundimientos del terreno. Turismo Malargüe informa dimensiones cercanas a los 200 metros de diámetro, unos 80 metros desde la superficie hasta el espejo de agua y aproximadamente otros 20 metros bajo ella, medidas obtenidas en 1981 por un equipo encabezado por Rodolfo Rogelio Rocha. Estudios vinculados con la UNCuyo también describen el singular sonido que provoca el viento al penetrar y golpear estas cavidades, un silbido grave que ayuda a comprender por qué generaciones de pobladores pudieron escuchar allí algo parecido a voces, lamentos o llamados provenientes del fondo. Lo verdaderamente extraordinario es separar historia y leyenda: que personas hayan sido arrojadas al Pozo, que un soldado descendiera atado a una soga o que exista un túnel bajo los Andes que comunique sus aguas con el océano forman parte de la tradición oral y no deben presentarse como acontecimientos históricos demostrados. Lo que sí está documentado es que esas creencias circulaban entre pobladores de Malargüe y fueron recogidas directamente en 1974. Así, detrás de la explicación geológica permanece otra realidad igualmente valiosa: durante generaciones hubo mendocinos que contemplaron aquel abismo, escucharon al viento surgir desde sus profundidades y creyeron estar oyendo a quienes jamás habían logrado abandonar el Pozo. Y quizá allí resida el verdadero misterio del lugar: no solamente en lo que existe bajo sus aguas, sino en todas las historias que los hombres imaginaron al asomarse a ellas. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini, Cuentos y leyendas populares de la Argentina, tomo VII, relatos Nº 1346 y 1347, Ediciones Culturales Argentinas; Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes; Biblioteca Nacional Mariano Moreno; Turismo Malargüe; Universidad Nacional de Cuyo. #PozoDeLasÁnimas #Malargüe #Mendoza #MendozAntigua #LeyendasDeMendoza #HistoriaDeMendoza #TradiciónOral #FolkloreArgentino #CordilleraDeLosAndes #MisteriosDeMendoza #PozoDeLasAnimas #Malargue #MendozaArgentina #ArgentineLegends #ArgentineFolklore #OralTradition #AndesMountains #MendozaHistory #LegendsOfArgentina #MysteriesOfTheAndes
DEL SUEÑO DE SARMIENTO AL CORAZÓN DEL VINO: MÁS DE 150 AÑOS FORJANDO EL FUTURO DE MENDOZA
Esta imagen del patio del Liceo Agrícola y Enológico “Domingo Faustino Sarmiento”, con sus estudiantes transitando entre aulas y galerías, retrata mucho más que una jornada escolar: detrás de esas paredes se extiende una de las historias educativas más antiguas y estrechamente ligadas al desarrollo agrícola y vitivinícola de Mendoza. Sus antecedentes se remontan a las experiencias de enseñanza agronómica impulsadas en la provincia desde mediados del siglo XIX y, particularmente, a 1870, cuando durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento la Ley Nº 432 creó un Departamento de Enseñanza de la Agronomía dependiente del Colegio Nacional de Mendoza. Aquel proyecto buscaba formar especialistas capaces de aplicar conocimientos científicos a la agricultura y continuar una tradición iniciada en Mendoza en 1853, cuando el gobernador Pedro Pascual Segura había promovido un establecimiento técnico agrícola cuyo primer director fue Miguel Amado Pouget. En febrero de 1874, el Gobierno mendocino cedió terrenos para instalar la Quinta Normal Experimental, puesta en funcionamiento por el agrónomo Francisco Rosa Sanz. Con el paso de los años la institución fue transformándose al mismo ritmo que la economía provincial: hacia 1880 pasó a ser Escuela Nacional de Agricultura y desde 1897 adoptó la denominación de Escuela Nacional de Viticultura y Enología de Mendoza, una señal inequívoca de la enorme importancia que la vid y el vino habían alcanzado en la región. En marzo de 1939 fue denominada Escuela Nacional de Agricultura y Enología y ese mismo año quedó incorporada a la recientemente creada Universidad Nacional de Cuyo. El 28 de septiembre de 1940 llegó otro momento fundamental: mediante la Resolución Nº 658, el rector Edmundo Correas dispuso que la institución pasara a llamarse oficialmente Liceo Agrícola y Enológico “Domingo Faustino Sarmiento”, reconociendo su vínculo histórico con el proyecto educativo impulsado durante la presidencia del sanjuanino.Desde aquellos primeros ensayos de agronomía hasta la enseñanza moderna, generaciones enteras aprendieron allí a vincular estudio, ciencia y producción. La formación fue evolucionando junto con las necesidades de Mendoza y actualmente el establecimiento, integrado al sistema de escuelas secundarias de la UNCUYO y ubicado en el Parque General San Martín, forma técnicos en Tecnología de los Alimentos, continuando una tradición educativa profundamente relacionada con la agricultura, la vitivinicultura y los procesos productivos de la provincia. Más de un siglo y medio después de aquellos primeros pasos, el Liceo sigue siendo una extraordinaria conexión entre dos Mendozas: aquella que comenzaba a estudiar científicamente sus tierras, sus aguas y sus cultivos, y la actual, que continúa formando jóvenes para transformar esos recursos mediante conocimiento y tecnología. La fotografía conserva justamente ese legado en movimiento: estudiantes caminando por un patio donde cada generación escribe una nueva página de una historia iniciada cuando Mendoza comenzaba a construir las bases de la vitivinicultura moderna. Fuente de origen: Universidad Nacional de Cuyo — Liceo Agrícola y Enológico “Domingo Faustino Sarmiento”, Historia institucional; Secretaría Académica UNCUYO, “El LAE celebra 150 años de vida”; Biblioteca Digital UNCUYO, García, Adriana Aída y otros, Encuentro de saberes: 1939-2017, historia de las facultades, institutos y colegios de la Universidad Nacional de Cuyo, EDIUNC, 2017. La fotografía del Liceo aparece incorporada en esta obra institucional. #MendozAntigua #Mendoza #LiceoAgrícola #LiceoEnológico #DomingoFaustinoSarmiento #UNCuyo #HistoriaDeMendoza #EducaciónTécnica #Vitivinicultura #HistoriaArgentina #PatrimonioEducativo #MemoriaMendocina #Agricultura #Enología #MendozaHistory #ArgentineHistory #WineHistory #AgriculturalEducation #TechnicalEducation #HistoricMendoza
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DE ESCUELA PIONERA A CUNA UNIVERSITARIA: 114 AÑOS DEL MARTÍN ZAPATA EN EL CORAZÓN DE MENDOZA
Esta imagen retrata una escena cotidiana frente a la Escuela de Comercio Martín Zapata, pero detrás de esas paredes existe una historia que se confunde con la propia evolución de la educación mendocina. La institución nació el 29 de junio de 1912 mediante la Resolución Nº 296 del Gobierno de Mendoza, en una época en la que la provincia necesitaba jóvenes preparados para desenvolverse en el comercio, la administración pública, la industria y la actividad bancaria. Su propuesta fue especialmente avanzada para aquellos años porque impulsó también la capacitación de mujeres, abriéndoles posibilidades de formación profesional en ámbitos donde su presencia todavía era limitada. Los primeros planes permitían obtener el título de Tenedor de Libros y, completando cinco años, el de Contador Público Provincial. La historia dio otro giro decisivo en 1937, cuando, después de intensos debates, se consiguió la nacionalización de sus títulos y el establecimiento pasó al ámbito nacional. Apenas dos años más tarde, con la creación de la Universidad Nacional de Cuyo en 1939, el Martín Zapata quedó incorporado a la nueva casa de estudios. La propia reseña institucional de la escuela destaca que, junto con el Liceo Agrícola y Enológico Domingo Faustino Sarmiento, integró la base educativa que acompañó aquel proceso fundacional y señala especialmente la participación de la comunidad del Martín Zapata en la lucha por concretar una universidad para Cuyo. Con el paso de las décadas la escuela siguió transformándose: en 1943 incorporó actividades vinculadas con el deporte y el coro, y en 1969 sumó un sexto año que permitía egresar con el histórico título de Bachiller y Perito Mercantil. Hoy continúa funcionando en Pedro Molina y Perú, en la Ciudad de Mendoza, como escuela secundaria dependiente de la UNCuyo y con orientaciones en Economía y Administración, Ciencias Sociales y Humanidades e Informática. En 2026 alcanzó los 114 años de existencia: más de un siglo de aulas, recreos, exámenes, amistades, docentes y generaciones enteras de mendocinos que atravesaron sus puertas. La fotografía, con estudiantes reunidos frente al edificio y la arboleda característica de la zona, resume justamente eso: detrás de una escena aparentemente común permanece viva una institución nacida en 1912 que logró atravesar profundas transformaciones educativas y convertirse en una de las escuelas emblemáticas de Mendoza. Fuente de origen de la información histórica: Escuela de Comercio Martín Zapata – Universidad Nacional de Cuyo, “Reseña histórica”; Prensa UNCuyo, archivo institucional. #MartínZapata #EscuelaMartínZapata #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #MendozAntigua #UNCuyo #EducaciónPública #HistoriaEducativa #MemoriaMendocina #EscuelasDeMendoza #FotosConHistoria #MendozaHistory #SchoolHistory #ArgentineHistory #PublicEducation #HistoricalMendoza #SchoolMemories
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domingo, 27 de septiembre de 2026
¡DOS CANALES, UN OASIS Y EL SECANO! LA HISTORIA DEL AGUA QUE TRANSFORMÓ LAVALLE
Antes de que existieran los canales, el norte mendocino ya era territorio de agua: los antiguos cauces del río Mendoza alimentaban bañados y lagunas donde vivían comunidades huarpes. Jocolí era uno de sus asentamientos, y Tulumaya, un nombre ligado a la memoria de aquellas tierras. Pero el paisaje cambió. Hacia 1880, los hacendados Maximino Segura y Rodolfo Zapata construyeron el canal Jocolí: partía de la ciénaga de La Pega y avanzaba más de veinte kilómetros hacia el norte. Cuatro años después, la Ley de Aguas de Mendoza dio un nuevo marco a la distribución del recurso; a fines del siglo XIX, la obra de César Cipolletti sobre el río Mendoza fortaleció la red que abastecería al oasis. Hoy, el recorrido puede seguirse desde el dique por el Canal Gran Matriz y el Cacique Guaymallén hasta La Pega, donde las compuertas reparten el caudal entre Jocolí y Tulumaya. El primero sostiene el riego del oasis norte lavallino; el segundo llega a Villa Tulumaya y sectores del este. En 2013, Irrigación calculaba que el sistema beneficiaba a más de 15.000 hectáreas cultivadas. Esa historia también está escrita en los reclamos de quienes esperaban el agua al final del recorrido. En los años treinta, productores de Tres de Mayo y Santa Rita denunciaron interrupciones del riego y pérdidas de cultivos; regantes del Tulumaya encargaron al ingeniero Galileo Vitali un estudio para mejorar el sistema. Mientras el oasis crecía, los antiguos bañados retrocedían: un estudio del Instituto Nacional del Agua relaciona esa reducción con la expansión de los cultivos y las obras de derivación aguas arriba. Para las poblaciones del secano, la llegada del agua siguió siendo una cuestión vital. Desde 2012, Irrigación reabrió y rectificó más de cien kilómetros de cauces del antiguo arroyo Tulumaya, desde la zona de Jocolí hacia Lagunas del Rosario, para conducir retornos y desagües que pudieran aprovechar los puesteros. La historia de Jocolí–Tulumaya es, en definitiva, la de una provincia que trazó canales para hacer florecer la tierra y que todavía enfrenta una pregunta decisiva: cómo hacer llegar el agua hasta quienes viven al final del camino. #Lavalle #Jocolí #Tulumaya #SecanoLavallino #HistoriaDeMendoza #HistoriaDelAgua #Riego #Huarpes #LagunasDelRosario #MendozAntigua #MendozaHistory #WaterHistory #IrrigationHistory Fuentes de origen: Galileo Vitali, Hidrología mendocina (1940), digitalizada por el Departamento General de Irrigación; Juan Gustavo Satlari, Universidad Nacional de Cuyo; Laura Ortega, «Políticas hídricas en el departamento de Lavalle»; Departamento General de Irrigación e Instituto Nacional del Agua.
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Villa Tulumaya, Mendoza, Argentina
lunes, 31 de agosto de 2026
🔥💧🏔️ MENDOZA ANTES DE MENDOZA: EL ANTIGUO SECRETO DEL AGUA QUE TRANSFORMÓ EL DESIERTO EN OASIS 🌿🌽
Mucho antes de que Mendoza tuviera calles, plazas, viñedos y grandes arboledas, el agua ya recorría este territorio siguiendo caminos construidos por manos indígenas. Cuando los españoles llegaron al valle donde surgiría la ciudad en el siglo XVI, no encontraron simplemente un espacio árido esperando ser transformado: encontraron poblaciones originarias que conocían el territorio y una red de canales y acequias que permitía conducir el agua, regar cultivos y sostener asentamientos. Las investigaciones históricas y arqueológicas confirman la existencia de sistemas hidráulicos prehispánicos vinculados a las comunidades huarpes y al mundo andino; algunos especialistas también señalan una importante influencia incaica sobre parte de aquella infraestructura. Es decir, el oasis mendocino comenzó a construirse mucho antes de la fundación española. Un documento extraordinario lo demuestra: un acta del Cabildo de Mendoza de 1566 menciona varias acequias principales indígenas, entre ellas Allayme, Tabalque, Guaymaye y otra que pasaba junto a un pucará, posteriormente relacionada con la acequia de Anato. Aquellos cauces no eran simples zanjas: constituían una verdadera infraestructura para distribuir un recurso vital en un territorio donde cada gota podía significar alimento, cultivo y supervivencia. La presencia de esta red fue tan importante que condicionó la ubicación y el desarrollo inicial de la ciudad. Con el paso de los siglos, los españoles ampliaron, modificaron y reorganizaron aquella estructura; después llegaron nuevas obras, canales, diques y leyes. En 1884 Mendoza sancionó su histórica Ley General de Aguas, promulgada el 16 de diciembre, y en 1894 se consolidó institucionalmente el organismo encargado de administrar las aguas públicas de la provincia. Aquella antigua relación entre sociedad y agua terminó convirtiéndose en uno de los pilares de la identidad mendocina. Hoy contemplamos calles cubiertas por túneles de árboles, fincas, viñedos y ciudades verdes y quizás olvidamos lo extraordinario que resulta todo esto: Mendoza pertenece naturalmente a una región árida. Su paisaje de oasis no apareció solo; fue construido durante siglos mediante conocimiento, trabajo colectivo y una compleja cultura del agua que comenzó mucho antes de 1561. Cada acequia que todavía corre junto a una vereda es, en cierto modo, descendiente de aquella larguísima historia. Debajo del Mendoza moderno permanece una memoria hidráulica indígena que ayudó a hacer habitable el desierto y que todavía nos recuerda una verdad fundamental: aquí, más que en casi ningún otro lugar, el agua no solamente riega la tierra… también escribió nuestra historia. 💧🏔️🌿 #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Acequias #Huarpes #PueblosOriginarios #HistoriaArgentina #Agua #CulturaDelAgua #OasisMendocino #PatrimonioMendocino #MendozAntigua #MendozaHistory #Huarpe #IndigenousHistory #WaterHistory #Irrigation #AncientEngineering #Andes #ArgentinaHistory #CulturalHeritage
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🔥💧🏔️ EL PODER INVISIBLE QUE MUEVE A MENDOZA: EL AGUA QUE SOSTIENE LA VIDA, LA PRODUCCIÓN Y EL FUTURO 🌿🍇⚡
Desde el vaso que bebemos cada mañana hasta la acequia que mantiene vivo un árbol, el agua participa silenciosamente en casi todo lo que hacemos. La utilizamos para cocinar, limpiar, ducharnos, lavar, regar, producir alimentos y garantizar condiciones básicas de higiene y saneamiento. Pero su importancia va mucho más allá de nuestros hogares: impulsa la agricultura, abastece al ganado, permite la acuicultura y resulta indispensable para que los campos, viñedos, frutales y huertas puedan desarrollarse. También interviene en numerosos procesos industriales como materia prima, refrigerante, elemento de limpieza, generadora de vapor o parte de actividades productivas, petroleras y mineras. Su fuerza permite producir energía hidroeléctrica y también se emplea para la refrigeración de centrales térmicas. El agua sostiene parques, plazas, jardines y el arbolado público; conserva humedales, paisajes y ecosistemas; hace posibles la pesca, la natación, el canotaje, el rafting, el turismo y la recreación, y en diferentes lugares del mundo funciona como vía de transporte. Las aguas termales, por su parte, son aprovechadas con fines de bienestar, recreación y tratamientos complementarios. En Mendoza, donde más del 95 % del agua disponible depende de la nieve invernal de alta montaña, cada río, embalse, dique, canal, hijuela y acequia forma parte de una gigantesca red que convirtió el desierto en oasis. En la cuenca del río Mendoza, Potrerillos regula los caudales; Las Compuertas participa en el abastecimiento de agua potable y la refrigeración industrial, mientras el dique Cipolletti deriva el recurso hacia el riego y las poblaciones. No es casual que la agricultura sea el principal uso del agua en la provincia: sin ella no existirían nuestros cultivos, nuestros vinos, nuestras ciudades arboladas ni buena parte de nuestra economía. El agua no solamente calma la sed: alimenta, produce, genera energía, protege la naturaleza y construye comunidad. Cuidarla, reutilizarla responsablemente y evitar su contaminación significa defender el presente y asegurar el futuro de Mendoza. ¿Imaginaste alguna vez cuántas actividades de tu vida cotidiana dependen de una sola gota? #Mendoza #Agua #CulturaDelAgua #CuidemosElAgua #OasisMendocino #Acequias #Riego #Agricultura #CordilleraDeLosAndes #MedioAmbiente #WaterIsLife #SaveWater #WaterConservation #SustainableWater #Irrigation #MendozaArgentina #AndesMountains #ClimateAwareness
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domingo, 30 de agosto de 2026
🔥💧🏔️ MENDOZA, EL OASIS NACIDO DE CADA GOTA: EL AGUA QUE BAJA DE LOS ANDES Y SOSTIENE NUESTRA VIDA 🌿🍇⚡
En Mendoza, el agua no es simplemente un recurso natural: es la fuerza que hizo posible la vida en medio del desierto. Proveniente principalmente de las lluvias, las nieves y los glaciares de la Cordillera de los Andes, desciende por nuestros ríos, alimenta los acuíferos y recorre diques, canales, hijuelas y acequias hasta llegar a las ciudades, los campos y las industrias. Según el Departamento General de Irrigación, en una emergencia hídrica los principales usos se ordenan por prioridad: 1.º uso poblacional, destinado a beber, preparar alimentos, garantizar la higiene, el saneamiento y los servicios públicos; 2.º uso agrícola, que sostiene el riego de viñedos, frutales, olivos, hortalizas, cultivos y actividades ganaderas; 3.º uso energético —antes llamado fuerza motriz—, mediante el cual el movimiento del agua permite generar electricidad; 4.º uso industrial, indispensable como materia prima, para refrigeración, limpieza, producción de vapor y diferentes procesos productivos; 5.º uso ambiental y ecológico, fundamental para conservar la biodiversidad, los humedales y los paisajes; y 6.º uso recreativo, vinculado con los deportes, la pesca, el turismo y el esparcimiento en lugares habilitados. La dimensión de esta obra colectiva resulta asombrosa: las áreas cultivadas, empadronadas y regadas con aguas superficiales representan apenas alrededor del 2,5 % del territorio provincial, mientras que las superficies sistematizadas y antropizadas bajo riego alcanzan aproximadamente el 4,8 %; sin embargo, en los oasis se concentra casi el 95 % de la población mendocina. La histórica Ley de Aguas de 1884, redactada por Manuel Bermejo y pionera en la Argentina, cimentó la administración pública del recurso y acompañó una transformación extraordinaria: durante sus primeros treinta años se duplicó la superficie cultivada de la provincia. Por eso, detrás de cada vaso de agua, cada racimo de uva, cada árbol, cada alimento, cada industria y cada paisaje verde existe un recorrido que comienza en lo más alto de los Andes. Cuidar el agua no es solamente ahorrar: es proteger la historia, la economía, el ambiente y el futuro de Mendoza. En esta tierra árida, cada gota cuenta… porque cada gota crea oasis. 💧🏔️🌿 #Mendoza #MendozAntigua #AguaDeMendoza #CadaGotaCuenta #CulturaDelAgua #RíosDeMontaña #CordilleraDeLosAndes #Acequias #OasisMendocino #Irrigación #HistoriaDeMendoza #CuidemosElAgua #WaterIsLife #MendozaWater #AndesWater #MountainRivers #WaterConservation #SustainableWater #Irrigation #ClimateResilience
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sábado, 29 de agosto de 2026
🔥💧🏔️ ANTES DE MENDOZA YA CORRÍA EL AGUA: LA RED INDÍGENA QUE VENCIÓ AL DESIERTO Y DIO VIDA AL OASIS 🌿🌽
Antes de la fundación española de Mendoza en 1561, el valle de Huentata o Guentata ya estaba atravesado por una red indígena de canales y acequias. Los huarpes milcayac, dentro de un territorio que también recibió la influencia del Tawantinsuyu, aprovecharon el agua de origen andino para cultivar maíz, quínoa, porotos y zapallos en medio de una región naturalmente árida. Aquellos cauces no eran simples zanjas: ordenaban las tierras, abastecían los cultivos y expresaban la organización territorial de las comunidades. Varios quedaron registrados con nombres indígenas vinculados con caciques, asentamientos o espacios de dominio, como Allayme, Tabalqué y Guaymaye. Documentos coloniales tempranos demuestran que, cuando llegaron los conquistadores, el sistema de riego ya existía; los españoles lo utilizaron, ampliaron, modificaron y rebautizaron para sostener la nueva ciudad. El investigador del CONICET Jorge Ricardo Ponte reconstruyó una interpretación todavía más fascinante: sostuvo que un tramo del antiguo cauce principal habría sido conocido como Goazap Mayu —“río del cacique Goazap”— y lo relacionó con el posterior Canal-Zanjón, actualmente llamado Cacique Guaymallén. Incluso propuso recuperar aquel nombre originario. Sin embargo, investigaciones etnohistóricas más recientes advierten que la ubicación de las tierras de Goazap y la equivalencia exacta entre ambos cursos todavía son discutidas. Goazap sí aparece mencionado en documentación de 1574, pero el alcance de su autoridad y su vínculo preciso con el canal continúan bajo estudio. Lo indiscutible es que Mendoza no nació sobre un desierto vacío: se levantó aprovechando una obra hidráulica indígena preexistente, fundamento del oasis que siglos después permitiría desarrollar ciudades, chacras, arboledas y viñedos. Parte de este legado puede conocerse en el Museo del Área Fundacional, cuyas muestras abordan a los huarpes, los incas y el agua, y en el Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Juan Cornelio Moyano, que conserva importantes colecciones arqueológicas y antropológicas. La cestería tradicional de las comunidades huarpes de Lavalle también mantiene vivas técnicas ancestrales ligadas al junquillo y a la antigua cultura de las lagunas. La próxima vez que observes correr el agua por una acequia mendocina, recordá que no estás viendo únicamente una obra de riego: estás contemplando uno de los testimonios vivos más antiguos de nuestra identidad. ¿Ya visitaste estos museos y descubriste esta historia? #Mendoza #MendozAntigua #AcequiasDeMendoza #HistoriaDeMendoza #PuebloHuarpe #Huarpes #GoazapMayu #CaciqueGuaymallén #CulturaDelAgua #PatrimonioMendocino #PueblosOriginarios #HistoriaArgentina #MendozaHistory #HuarpePeople #IndigenousHistory #WaterHeritage #AncientIrrigation #ArgentinaHistory #CulturalHeritage #AndeanCulture
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🔥💧🏔️ MENDOZA, EL MILAGRO CONSTRUIDO CON AGUA: SIGLOS DE HISTORIA VENCIENDO AL DESIERTO 🌿🍇
Mendoza nació, creció y organizó su territorio siguiendo el camino del agua. Mucho antes de la fundación española de 1561, los pueblos originarios —especialmente los huarpes milcayac— ya habían comprendido que sobrevivir en esta tierra árida dependía de conducir el recurso más valioso. Mediante acequias alimentaban sus chacras de maíz, quínoa, porotos y zapallos; algunos de aquellos cauces recibían los nombres de los caciques cuyas tierras atravesaban, como Guaymallén, Tobar y Allaime. No eran simples zanjas: aquella red hídrica determinaba la ubicación de los cultivos y los pequeños asentamientos, conectaba comunidades y comenzaba a dibujar sobre el desierto la futura geografía mendocina. Sobre esa base indígena, las generaciones coloniales y posteriores ampliaron canales, hijuelas y acequias, construyeron diques, organizaron los turnos de riego y desarrollaron una verdadera cultura del agua. En 1884, Mendoza sancionó una Ley de Aguas pionera en la Argentina, que consolidó principios fundamentales para ordenar y administrar un recurso del que dependía toda la producción provincial. Así surgieron los grandes oasis alimentados por los ríos Mendoza, Tunuyán, Diamante y Atuel, además del pequeño oasis de Malargüe. El dato revela la magnitud de esta construcción colectiva: según el criterio de medición, las superficies irrigadas y transformadas ocupan apenas entre el 2,5 % y el 4,8 % del territorio provincial, pero concentran casi el 95 % de la población. Allí prosperaron ciudades, viñedos, frutales, olivares, huertas, industrias y la inmensa arboleda que distingue a Mendoza. Por eso, cuando el agua corre por una acequia no circula solamente un recurso natural: fluye una herencia de siglos, el esfuerzo de quienes hicieron habitable el desierto y la posibilidad de que las próximas generaciones continúen viviendo en esta tierra. Cuidarla, no contaminar los cauces, evitar el derroche y emplearla responsablemente no es una elección secundaria: es defender nuestra historia, nuestra identidad y nuestro futuro. En Mendoza, cada gota guarda memoria; y cada gota que desperdiciamos es una parte de la vida que no podremos recuperar. #Mendoza #MendozAntigua #CulturaDelAgua #HistoriaDeMendoza #Acequias #Huarpes #OasisMendocino #PatrimonioHídrico #AguaEsVida #CuidemosElAgua #HistoriaArgentina #WaterCulture #MendozaHistory #IrrigationHeritage #AncientWaterways #WaterConservation #Andes #ArgentinaHistory
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jueves, 20 de agosto de 2026
🔥💧🏔️ EL CANAL QUE YA ESTABA AQUÍ ANTES DE MENDOZA: LA MILENARIA HISTORIA DEL CACIQUE GUAYMALLÉN, LA ARTERIA DE AGUA QUE HIZO POSIBLE EL OASIS —
Mucho antes de que existieran las calles, las plazas y los edificios de Mendoza, el agua ya recorría este territorio siguiendo cauces naturales y una red de acequias que permitió transformar un ambiente árido en tierra cultivable. Las comunidades huarpes que habitaban Cuyo desarrollaron una profunda relación con el agua y practicaron la agricultura mediante sistemas de riego; hacia fines del siglo XV, la expansión del Tahuantinsuyo alcanzó el valle de Huentata y la influencia inca quedó ligada a la tradición hidráulica regional. Investigaciones históricas señalan, sin embargo, que la famosa versión según la cual “ingenieros incas enviados por Yupanqui” construyeron personalmente estos canales forma parte de una tradición transmitida durante siglos y no puede considerarse documentalmente comprobada. Cuando Francisco de Villagra atravesó Cuyo en 1551 encontró una región ya habitada y aprovechada por comunidades huarpes. Diez años después, Pedro del Castillo llegó al valle de Huentata y el 2 de marzo de 1561 fundó oficialmente la “Ciudad de Mendoza del Nuevo Valle de La Rioja”. Un año más tarde, el 28 de marzo de 1562, Juan Jufré trasladó el asentamiento algunos cientos de metros y realizó una segunda fundación. La existencia previa de agua y tierras irrigadas fue decisiva para que la ciudad pudiera sobrevivir en pleno ambiente semidesértico. Documentos coloniales tempranos demuestran que en aquella Mendoza del siglo XVI funcionaban distintas acequias vinculadas a nombres indígenas, mientras que el gran cauce oriental terminaría siendo conocido durante siglos simplemente como el Zanjón. Su historia es fascinante porque no se trataba solamente de una obra de riego: también cumplía funciones de drenaje y conducción de crecientes, convirtiéndose con el paso del tiempo en una verdadera columna vertebral hidráulica de la ciudad. Estudios especializados indican que el sistema hídrico prehispánico debe reconstruirse parcialmente mediante documentos posteriores, arqueología y trazas territoriales, por lo que muchas afirmaciones tradicionales sobre sus constructores exactos deben tomarse con cautela. Y existe otra sorpresa: durante buena parte de su historia nadie lo llamó “Canal Cacique Guaymallén”. El Departamento General de Irrigación señala que fue en 1950 cuando el Concejo Deliberante de Guaymallén solicitó que el antiguo Canal Zanjón recibiera esa denominación, aparentemente siguiendo una tradición popular que atribuía su creación a un supuesto cacique Guaymallén. Los documentos del siglo XVI sí registran, en cambio, al cacique Hernando Goaymaye, nombre estrechamente relacionado con la historia fundacional de la zona. Entre las décadas de 1940 y 1950 amplios sectores del viejo Zanjón fueron revestidos e impermeabilizados, entrando definitivamente en la era de las grandes obras hidráulicas modernas. Hoy las aguas del río Mendoza son reguladas aguas arriba y derivadas en el histórico Dique Cipolletti, inaugurado en 1940; desde ese sistema se alimentan los grandes canales Cacique Guaymallén y San Martín. El Cacique Guaymallén atraviesa Luján de Cuyo, Godoy Cruz, Capital, Guaymallén y Las Heras y continúa hacia Lavalle, siendo todavía una pieza esencial del sistema de riego metropolitano. Irrigación señala además que el Área Metropolitana posee miles de kilómetros de acequias y que buena parte del agua destinada a ese gigantesco entramado procede del río Mendoza y es conducida principalmente por este canal. Pero el agua también transportó personas, comercio e historias. Desde las Lagunas de Guanacache, los antiguos laguneros y pescadores viajaban hacia Mendoza llevando pescado y otros productos. El camino utilizado para entrar y salir de la ciudad sobrevivió en la memoria urbana con un nombre extraordinario: calle Los Pescadores. Investigaciones del CONICET confirman que aquella vía comunicaba Mendoza con Guanacache y era transitada por indígenas huarpes, criollos, españoles y afrodescendientes; otros trabajos recuerdan que la actividad pesquera de las lagunas dejó precisamente su huella en esa denominación. Así, cada vez que vemos correr el agua por el Cacique Guaymallén no estamos contemplando simplemente un canal de hormigón: estamos frente a la evolución de un paisaje hidráulico construido durante siglos, nacido de la necesidad de sobrevivir en el desierto, aprovechado por pueblos originarios, reorganizado durante la colonia y transformado por generaciones de mendocinos. Antes de las bodegas, antes del arbolado, antes de las grandes avenidas e incluso antes de la propia Ciudad de Mendoza, estuvo el agua. Y alrededor de ella comenzó a construirse el oasis que todavía habitamos. 💧🌳🏔️ #MendozAntigua #Mendoza #CanalCaciqueGuaymallén #CaciqueGuaymallén #CanalZanjón #Huarpes #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #Acequias #CulturaHuarpe #PueblosOriginarios #Huentata #Guaymallén #Guanacache #DiqueCipolletti #PatrimonioMendocino #MemoriaHistórica #MendozaHistory #ArgentineHistory #IndigenousHistory #WaterHistory #IrrigationHistory #CulturalHeritage #HistoricMendoza
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