¡Muchísimo antes de la llegada de los conquistadores españoles, de la fundación de Mendoza y del nacimiento de nuestras ciudades, los antiguos habitantes del norte mendocino protagonizaron una de las transformaciones tecnológicas más extraordinarias de su historia! ¡Hace aproximadamente 2.100 años, algunas comunidades ya habían incorporado una innovación que modificaría profundamente sus formas de preparar alimentos, aprovechar los recursos naturales y organizar la vida doméstica: la fabricación de recipientes de cerámica! ¡Aquellas manos anónimas aprendieron a transformar la arcilla mediante técnicas de modelado y cocción, convirtiéndola en vasijas capaces de resistir el calor y desempeñar funciones fundamentales en la vida cotidiana! No se trataba simplemente de fabricar objetos, sino de desarrollar conocimientos sobre las propiedades de los materiales, el comportamiento del fuego y las posibilidades que ofrecía una tecnología destinada a adquirir una enorme importancia cultural y económica. ¡Y lo verdaderamente fascinante es que las huellas de aquella revolución permanecieron enterradas durante casi dos milenios bajo el suelo de la actual ciudad de Mendoza! ¡Uno de los descubrimientos arqueológicos más extraordinarios ocurrió en 2011, durante las excavaciones destinadas a construir el Memorial de la Bandera, frente a la Casa de Gobierno, en pleno Centro Cívico mendocino! Allí, a más de cuatro metros de profundidad, los especialistas identificaron vestigios de antiguas ocupaciones humanas que revelaron una historia prácticamente desconocida de aquel sector urbano. Las investigaciones encabezadas por Horacio Chiavazza, junto con Cristina Prieto-Olavarría, Lorena Puebla y otros integrantes de un equipo interdisciplinario, permitieron documentar ocupaciones comprendidas aproximadamente entre 2.100 y 1.200 años antes del presente, mediante estudios arqueológicos y dataciones radiocarbónicas. ¡Los resultados fueron verdaderamente sorprendentes! Durante los trabajos se supervisaron unos 2.400 metros cuadrados y se identificaron 15 estructuras o rasgos arqueológicos en un sector de aproximadamente 130 metros cuadrados. Entre ellos se reconocieron tres posibles viviendas semisubterráneas, espacios de combustión, hornillos y estructuras interpretadas preliminarmente como instalaciones vinculadas con el manejo del agua. ¡Allí, donde hoy se levantan edificios gubernamentales y circulan miles de mendocinos, existieron asentamientos indígenas cuyos habitantes desarrollaron sus actividades cotidianas siglos antes de que Mendoza apareciera en los mapas coloniales! En los niveles profundos se recuperaron 195 fragmentos cerámicos, algunos de los cuales pudieron ensamblarse. Sus superficies presentaban principalmente tonalidades grises y marrones, mientras ciertas piezas conservaban decoraciones incisas, motivos geométricos en forma de espiga o chevrón y aplicaciones de arcilla. ¡Cada uno de aquellos pequeños fragmentos constituía una auténtica ventana hacia un pasado extraordinariamente remoto! ¡Pero uno de los hallazgos más reveladores surgió cuando los investigadores comenzaron a examinar las marcas que el uso cotidiano había dejado sobre aquellas antiguas vasijas! El análisis determinó que aproximadamente el 67 % de los fragmentos presentaba alteraciones producidas por la exposición al calor, mientras que 31 conservaban depósitos de hollín grueso y adherido, indicios compatibles con recipientes utilizados para cocinar y hervir alimentos. ¡Y todavía apareció una evidencia más extraordinaria! Los estudios arqueobotánicos identificaron microscópicos granos de almidón de maíz y algarrobo asociados con un fragmento cerámico, confirmando que estos vegetales formaban parte de los recursos alimenticios utilizados por aquellas poblaciones. ¡Imaginemos por un instante las escenas que estos descubrimientos permiten reconstruir: familias reunidas alrededor del fuego, recipientes de barro empleados para preparar alimentos y comunidades que transmitían sus conocimientos técnicos de una generación a otra! Las excavaciones también permitieron recuperar herramientas de piedra, restos de animales y vestigios vegetales que contribuyeron a comprender sus estrategias de subsistencia. El paisaje de entonces tampoco era idéntico al que conocemos actualmente: las investigaciones sugieren que, en las proximidades del antiguo cauce aluvional del Zanjón Frías, pudieron existir ambientes húmedos que ofrecían recursos naturales hoy ausentes de ese sector urbanizado. La presencia de viviendas semisubterráneas y determinadas estructuras domésticas permite plantear una mayor estabilidad en algunos asentamientos, aunque no necesariamente una ocupación permanente. Del mismo modo, los restos de maíz y otras evidencias abren la posibilidad de prácticas agrícolas tempranas, pero todavía no permiten determinar con certeza si aquellos productos eran cultivados localmente o también obtenidos mediante intercambios con otras comunidades. ¡Con el transcurso de los siglos, la alfarería mendocina continuó evolucionando y adquirió una extraordinaria diversidad de formas, técnicas y estilos decorativos! Entre las tradiciones arqueológicas reconocidas en el norte y centro provincial se destaca Agrelo, caracterizada por producciones cerámicas generalmente vinculadas con sociedades del período alfarero medio, en las que aparecen superficies grises o marrones y diversas decoraciones realizadas mediante incisiones, estriados y otras técnicas. Sin embargo, las investigaciones contemporáneas demostraron que la historia de la cerámica regional fue considerablemente más compleja que una simple sucesión de culturas. Los especialistas también identificaron otros conjuntos tecnológicos, entre ellos los denominados Gris/Marrón y Anaranjado Rojizo, además de materiales relacionados con regiones vecinas, cuya presencia permite estudiar los contactos, desplazamientos e intercambios entre distintas poblaciones. ¡Muchos siglos después, durante la expansión del Imperio incaico hacia el centro oeste argentino y los primeros tiempos de la dominación española, las comunidades locales desarrollaron la célebre cerámica Viluco! Esta producción, vinculada con las poblaciones huarpes, se caracterizó por sus formas particulares, aplicaciones decorativas y diseños pintados que reflejan influencias de distintas tradiciones del mundo andino. Sus principales manifestaciones se registran en contextos correspondientes a los siglos XV, XVI y XVII, aunque las investigaciones también examinan su continuidad y transformación durante la época colonial. ¡Pero existe una distinción fundamental! Las cerámicas tempranas del norte mendocino, las producciones clasificadas como Agrelo y las posteriores manifestaciones Viluco no deben interpretarse como etapas de una evolución necesariamente lineal. Cada conjunto responde a circunstancias históricas, conocimientos tecnológicos y procesos de interacción que continúan siendo investigados. ¡Detrás de cada vasija existieron decisiones, aprendizajes, experiencias y relaciones sociales que permiten reconstruir una parte esencial de nuestro pasado! ¡Hoy, gracias al trabajo de arqueólogos e investigadores de la Universidad Nacional de Cuyo, el CONICET y otras instituciones científicas, aquellos humildes fragmentos de barro vuelven a hablarnos desde las profundidades del tiempo! Los descubrimientos del Memorial de la Bandera, junto con las evidencias recuperadas en otros sitios del norte mendocino, constituyen testimonios fundamentales para comprender los cambios tecnológicos y las formas de vida de las antiguas poblaciones de nuestra provincia. ¡Porque muchísimo antes de las avenidas, los edificios monumentales y la Mendoza moderna, estas tierras ya eran escenario de extraordinarias experiencias humanas, de conocimientos transmitidos entre generaciones y de comunidades capaces de transformar los recursos de su entorno! ¡Y entre las huellas más conmovedoras de aquella historia milenaria se encuentran las de quienes aprendieron a modelar la tierra y endurecerla mediante el fuego, dejando un legado arqueológico que todavía nos permite descubrir cómo vivían los antiguos habitantes de Mendoza! ¡UNA HISTORIA ESCRITA EN ARCILLA, CONSERVADA BAJO NUESTROS PIES Y RESCATADA DEL OLVIDO POR LA ARQUEOLOGÍA! Fuentes: Chiavazza, H., Prieto-Olavarría, C. y colaboradores, «Ocupaciones alfareras tempranas», Estudios Atacameños, vol. 67 (2021); Prieto-Olavarría, C., Chiavazza, H. y Musaubach, M. G., «Microrrestos de vegetales cultivados y silvestres», Arqueología, 25(1), 2019; Prieto-Olavarría, C. y colaboradores, «Estado actual de las investigaciones de la cerámica indígena del norte de Mendoza», Revista del Museo de Antropología (2017); Carosio, S. y Ots, M. J., «Prácticas de manufactura cerámica», Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología, 45(2), 2020; Prieto-Olavarría, C. y Tobar, V., «Interacciones y lenguajes visuales», Estudios Atacameños, n.º 55 (2017); CONICET Mendoza, «Cerámica huarpe, una ventana hacia el pasado» (2021). #AncientMendoza, #AncientPottery, #Archaeology, #IndigenousHistory, #PreColumbianHistory, #AncientCivilizations, #CulturalHeritage, #AndeanHistory, #PotteryHistory, #HistoriaDeMendoza, #ArqueologíaArgentina, #PueblosOriginarios, #CerámicaPrehispánica, #CulturaAgrelo, #CulturaViluco, #HistoriaHuarpe, #PatrimonioArqueológico, #MendozAntigua
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sábado, 7 de noviembre de 2026
🏺🔥🏔️🇦🇷 ¡HACE 2.100 AÑOS, LA ARCILLA REVOLUCIONÓ MENDOZA! LOS ANTIGUOS ALFAREROS QUE TRANSFORMARON LA VIDA COTIDIANA Y DEJARON UNA HERENCIA MILENARIA MUCHO ANTES DE VILUCO
¡Muchísimo antes de la llegada de los conquistadores españoles, de la fundación de Mendoza y del nacimiento de nuestras ciudades, los antiguos habitantes del norte mendocino protagonizaron una de las transformaciones tecnológicas más extraordinarias de su historia! ¡Hace aproximadamente 2.100 años, algunas comunidades ya habían incorporado una innovación que modificaría profundamente sus formas de preparar alimentos, aprovechar los recursos naturales y organizar la vida doméstica: la fabricación de recipientes de cerámica! ¡Aquellas manos anónimas aprendieron a transformar la arcilla mediante técnicas de modelado y cocción, convirtiéndola en vasijas capaces de resistir el calor y desempeñar funciones fundamentales en la vida cotidiana! No se trataba simplemente de fabricar objetos, sino de desarrollar conocimientos sobre las propiedades de los materiales, el comportamiento del fuego y las posibilidades que ofrecía una tecnología destinada a adquirir una enorme importancia cultural y económica. ¡Y lo verdaderamente fascinante es que las huellas de aquella revolución permanecieron enterradas durante casi dos milenios bajo el suelo de la actual ciudad de Mendoza! ¡Uno de los descubrimientos arqueológicos más extraordinarios ocurrió en 2011, durante las excavaciones destinadas a construir el Memorial de la Bandera, frente a la Casa de Gobierno, en pleno Centro Cívico mendocino! Allí, a más de cuatro metros de profundidad, los especialistas identificaron vestigios de antiguas ocupaciones humanas que revelaron una historia prácticamente desconocida de aquel sector urbano. Las investigaciones encabezadas por Horacio Chiavazza, junto con Cristina Prieto-Olavarría, Lorena Puebla y otros integrantes de un equipo interdisciplinario, permitieron documentar ocupaciones comprendidas aproximadamente entre 2.100 y 1.200 años antes del presente, mediante estudios arqueológicos y dataciones radiocarbónicas. ¡Los resultados fueron verdaderamente sorprendentes! Durante los trabajos se supervisaron unos 2.400 metros cuadrados y se identificaron 15 estructuras o rasgos arqueológicos en un sector de aproximadamente 130 metros cuadrados. Entre ellos se reconocieron tres posibles viviendas semisubterráneas, espacios de combustión, hornillos y estructuras interpretadas preliminarmente como instalaciones vinculadas con el manejo del agua. ¡Allí, donde hoy se levantan edificios gubernamentales y circulan miles de mendocinos, existieron asentamientos indígenas cuyos habitantes desarrollaron sus actividades cotidianas siglos antes de que Mendoza apareciera en los mapas coloniales! En los niveles profundos se recuperaron 195 fragmentos cerámicos, algunos de los cuales pudieron ensamblarse. Sus superficies presentaban principalmente tonalidades grises y marrones, mientras ciertas piezas conservaban decoraciones incisas, motivos geométricos en forma de espiga o chevrón y aplicaciones de arcilla. ¡Cada uno de aquellos pequeños fragmentos constituía una auténtica ventana hacia un pasado extraordinariamente remoto! ¡Pero uno de los hallazgos más reveladores surgió cuando los investigadores comenzaron a examinar las marcas que el uso cotidiano había dejado sobre aquellas antiguas vasijas! El análisis determinó que aproximadamente el 67 % de los fragmentos presentaba alteraciones producidas por la exposición al calor, mientras que 31 conservaban depósitos de hollín grueso y adherido, indicios compatibles con recipientes utilizados para cocinar y hervir alimentos. ¡Y todavía apareció una evidencia más extraordinaria! Los estudios arqueobotánicos identificaron microscópicos granos de almidón de maíz y algarrobo asociados con un fragmento cerámico, confirmando que estos vegetales formaban parte de los recursos alimenticios utilizados por aquellas poblaciones. ¡Imaginemos por un instante las escenas que estos descubrimientos permiten reconstruir: familias reunidas alrededor del fuego, recipientes de barro empleados para preparar alimentos y comunidades que transmitían sus conocimientos técnicos de una generación a otra! Las excavaciones también permitieron recuperar herramientas de piedra, restos de animales y vestigios vegetales que contribuyeron a comprender sus estrategias de subsistencia. El paisaje de entonces tampoco era idéntico al que conocemos actualmente: las investigaciones sugieren que, en las proximidades del antiguo cauce aluvional del Zanjón Frías, pudieron existir ambientes húmedos que ofrecían recursos naturales hoy ausentes de ese sector urbanizado. La presencia de viviendas semisubterráneas y determinadas estructuras domésticas permite plantear una mayor estabilidad en algunos asentamientos, aunque no necesariamente una ocupación permanente. Del mismo modo, los restos de maíz y otras evidencias abren la posibilidad de prácticas agrícolas tempranas, pero todavía no permiten determinar con certeza si aquellos productos eran cultivados localmente o también obtenidos mediante intercambios con otras comunidades. ¡Con el transcurso de los siglos, la alfarería mendocina continuó evolucionando y adquirió una extraordinaria diversidad de formas, técnicas y estilos decorativos! Entre las tradiciones arqueológicas reconocidas en el norte y centro provincial se destaca Agrelo, caracterizada por producciones cerámicas generalmente vinculadas con sociedades del período alfarero medio, en las que aparecen superficies grises o marrones y diversas decoraciones realizadas mediante incisiones, estriados y otras técnicas. Sin embargo, las investigaciones contemporáneas demostraron que la historia de la cerámica regional fue considerablemente más compleja que una simple sucesión de culturas. Los especialistas también identificaron otros conjuntos tecnológicos, entre ellos los denominados Gris/Marrón y Anaranjado Rojizo, además de materiales relacionados con regiones vecinas, cuya presencia permite estudiar los contactos, desplazamientos e intercambios entre distintas poblaciones. ¡Muchos siglos después, durante la expansión del Imperio incaico hacia el centro oeste argentino y los primeros tiempos de la dominación española, las comunidades locales desarrollaron la célebre cerámica Viluco! Esta producción, vinculada con las poblaciones huarpes, se caracterizó por sus formas particulares, aplicaciones decorativas y diseños pintados que reflejan influencias de distintas tradiciones del mundo andino. Sus principales manifestaciones se registran en contextos correspondientes a los siglos XV, XVI y XVII, aunque las investigaciones también examinan su continuidad y transformación durante la época colonial. ¡Pero existe una distinción fundamental! Las cerámicas tempranas del norte mendocino, las producciones clasificadas como Agrelo y las posteriores manifestaciones Viluco no deben interpretarse como etapas de una evolución necesariamente lineal. Cada conjunto responde a circunstancias históricas, conocimientos tecnológicos y procesos de interacción que continúan siendo investigados. ¡Detrás de cada vasija existieron decisiones, aprendizajes, experiencias y relaciones sociales que permiten reconstruir una parte esencial de nuestro pasado! ¡Hoy, gracias al trabajo de arqueólogos e investigadores de la Universidad Nacional de Cuyo, el CONICET y otras instituciones científicas, aquellos humildes fragmentos de barro vuelven a hablarnos desde las profundidades del tiempo! Los descubrimientos del Memorial de la Bandera, junto con las evidencias recuperadas en otros sitios del norte mendocino, constituyen testimonios fundamentales para comprender los cambios tecnológicos y las formas de vida de las antiguas poblaciones de nuestra provincia. ¡Porque muchísimo antes de las avenidas, los edificios monumentales y la Mendoza moderna, estas tierras ya eran escenario de extraordinarias experiencias humanas, de conocimientos transmitidos entre generaciones y de comunidades capaces de transformar los recursos de su entorno! ¡Y entre las huellas más conmovedoras de aquella historia milenaria se encuentran las de quienes aprendieron a modelar la tierra y endurecerla mediante el fuego, dejando un legado arqueológico que todavía nos permite descubrir cómo vivían los antiguos habitantes de Mendoza! ¡UNA HISTORIA ESCRITA EN ARCILLA, CONSERVADA BAJO NUESTROS PIES Y RESCATADA DEL OLVIDO POR LA ARQUEOLOGÍA! Fuentes: Chiavazza, H., Prieto-Olavarría, C. y colaboradores, «Ocupaciones alfareras tempranas», Estudios Atacameños, vol. 67 (2021); Prieto-Olavarría, C., Chiavazza, H. y Musaubach, M. G., «Microrrestos de vegetales cultivados y silvestres», Arqueología, 25(1), 2019; Prieto-Olavarría, C. y colaboradores, «Estado actual de las investigaciones de la cerámica indígena del norte de Mendoza», Revista del Museo de Antropología (2017); Carosio, S. y Ots, M. J., «Prácticas de manufactura cerámica», Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología, 45(2), 2020; Prieto-Olavarría, C. y Tobar, V., «Interacciones y lenguajes visuales», Estudios Atacameños, n.º 55 (2017); CONICET Mendoza, «Cerámica huarpe, una ventana hacia el pasado» (2021). #AncientMendoza, #AncientPottery, #Archaeology, #IndigenousHistory, #PreColumbianHistory, #AncientCivilizations, #CulturalHeritage, #AndeanHistory, #PotteryHistory, #HistoriaDeMendoza, #ArqueologíaArgentina, #PueblosOriginarios, #CerámicaPrehispánica, #CulturaAgrelo, #CulturaViluco, #HistoriaHuarpe, #PatrimonioArqueológico, #MendozAntigua
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🏛️☕💃🎶🇦🇷 ¡1926: EL PASAJE SAN MARTÍN TODAVÍA NO HABÍA ABIERTO SUS PUERTAS Y YA PREPARABA UNA ELEGANTE FIESTA DE TÉ, BAILE Y SOLIDARIDAD EN EL CORAZÓN DE MENDOZA!
📜🏛️🇦🇷 ¡El 9 de noviembre de 1926, la ciudad de Mendoza vivía las horas previas a la inauguración de una de las construcciones más extraordinarias y revolucionarias de su historia! ¡El monumental Pasaje San Martín, que estaba a punto de transformar para siempre la fisonomía del centro mendocino, ya despertaba una enorme expectativa y comenzaba a convertirse en escenario de iniciativas sociales y benéficas! Aquel día se anunciaba la organización de un elegante té danzante a beneficio del Taller de Costura de la Parroquia del Corazón de María, previsto para el domingo 14 de noviembre, a las 18 horas, en las instalaciones del flamante edificio. ¡Una reunión que prometía combinar el refinamiento de las tradicionales tertulias de los años veinte con el espíritu solidario de una comunidad comprometida con sus instituciones! El interés que había despertado la convocatoria era tan considerable que sus organizadores confiaban en alcanzar un lucido éxito. ¡Pero detrás de aquella sencilla invitación se escondía una coincidencia histórica verdaderamente fascinante! Apenas dos días después del anuncio, el 11 de noviembre de 1926, durante la gobernación de Alejandro Orfila, se inauguraría oficialmente el Pasaje San Martín, una obra monumental impulsada por el empresario vitivinícola de origen español Miguel Escorihuela Gascón. Su historia había comenzado a tomar forma después de un incendio ocurrido en octubre de 1924, que destruyó varios comercios ubicados sobre terrenos pertenecientes al empresario, quien decidió impulsar allí un ambicioso complejo comercial y residencial inspirado en las grandes galerías europeas. ¡Aquella iniciativa parecía desafiar los límites de una ciudad que todavía conservaba el recuerdo del devastador terremoto de 1861 y donde las construcciones de gran altura despertaban profundos temores! El proyecto fue desarrollado por el ingeniero Ludwig Freude y ejecutado por la firma F. H. Schmidt-John Becker y Cía., bajo la dirección técnica del ingeniero mendocino Edmundo Guillermo Romero. ¡Así nació uno de los primeros grandes símbolos de la modernidad arquitectónica mendocina! Construido con una innovadora estructura de hormigón armado, el edificio incorporó locales comerciales, oficinas, viviendas, ascensores y una imponente torre de siete pisos coronada por una elegante mansarda. Sus magníficos vitrales franceses, de inspiración Art Nouveau, sus ornamentaciones y sus galerías cubiertas, que permitían comunicar la avenida San Martín con las calles Sarmiento y 9 de Julio, lo convirtieron en una verdadera joya del patrimonio provincial. ¡Y todavía le aguardaba una prueba decisiva! El 14 de abril de 1927, un poderoso terremoto sacudió la región, pero el Pasaje San Martín resistió con daños menores, consolidando su importancia como antecedente fundamental de la arquitectura sismorresistente en altura. ¡De este modo, aquella invitación a compartir una tarde de té y baile adquiere, cien años después, un significado mucho más profundo! Nos permite descubrir cómo, mientras Mendoza estrenaba uno de sus mayores orgullos arquitectónicos, también encontraba en sus nuevos espacios lugares destinados a la beneficencia, la sociabilidad y el compromiso comunitario. La participación del Taller de Costura de la Parroquia del Corazón de María constituye un valioso testimonio de aquellas iniciativas solidarias que formaban parte de la vida cotidiana de la época. ¡En noviembre de 2026, cuando el Pasaje San Martín alcanza su primer siglo de existencia, sus galerías, vitrales, ascensores históricos y elegantes fachadas continúan conservando la memoria de innumerables generaciones de mendocinos! ¡Porque la historia de nuestra provincia no solamente se escribió mediante grandes construcciones y acontecimientos trascendentales, sino también a través de aquellas pequeñas reuniones, celebraciones y gestos de solidaridad que llenaron de vida sus edificios y sus calles! ¡Un siglo después, el Pasaje San Martín continúa recordándonos aquella Mendoza que soñaba con crecer, modernizarse y conquistar las alturas sin perder el espíritu de comunidad que le daba identidad! 🏛️❤️🇦🇷 #MendozaHistory, #HistoricMendoza, #ArgentinaHistory, #PasajeSanMartin, #HistoricArchitecture, #VintageMendoza, #1926, #LocalHistory, #CulturalHeritage, #OldMendoza, #HistoriaDeMendoza, #MendozAntigua, #PasajeSanMartín, #Mendoza1926, #PatrimonioMendocino, #HistoriaArgentina, #ArquitecturaHistórica, #MendozaDeAyer, #EfeméridesMendocinas, #MemoriaHistórica
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viernes, 6 de noviembre de 2026
¡12.000 AÑOS DE HISTORIA BAJO NUESTROS PIES! MENDOZA Y EL EXTRAORDINARIO MISTERIO DE SUS PRIMEROS HABITANTES
🏔️🌎🏹🇦🇷 ¡Muchísimo antes de la llegada de los conquistadores españoles, del surgimiento de las sociedades que conocemos por sus nombres históricos y de la existencia de nuestras ciudades, Mendoza ya era escenario de una extraordinaria aventura humana! ¡Bajo sus montañas, valles y extensas planicies permanecen las huellas de una historia que se remonta a más de 12.000 años y que todavía continúa revelando descubrimientos fascinantes! Las investigaciones arqueológicas desarrolladas durante décadas permiten reconstruir distintos períodos de ocupación del territorio, desde las etapas finales de la última glaciación hasta las sociedades indígenas que encontraron los europeos en el siglo XVI. Uno de los testimonios más antiguos procede de Agua de la Cueva, un imponente abrigo rocoso situado a unos 2.900 metros sobre el nivel del mar, en la precordillera mendocina, cerca de la Pampa de Canota, en el departamento de Las Heras. Allí, los arqueólogos recuperaron instrumentos de piedra, restos de fogones y huesos de animales que documentan actividades humanas desarrolladas hace aproximadamente 11.000 años radiocarbónicos, equivalentes a más de 12.000 años al aplicar las calibraciones cronológicas correspondientes. ¡Aquellos antiguos grupos de cazadores y recolectores recorrían amplios territorios, aprovechaban refugios naturales, fabricaban sus propias herramientas y encontraban en la caza de guanacos uno de sus principales recursos para sobrevivir en un ambiente desafiante! En el sur provincial, la célebre Gruta del Indio, ubicada en el Rincón del Atuel, departamento de San Rafael, aportó otra secuencia fundamental para comprender el poblamiento temprano y las profundas transformaciones ambientales de la región. Durante el Holoceno temprano, las comunidades humanas exploraron y ocuparon diferentes ambientes cordilleranos, precordilleranos y de piedemonte, desarrollando estrategias de movilidad y aprovechamiento de los recursos naturales. Sin embargo, entre aproximadamente 7.000 y 4.000 años antes del presente, numerosos sectores muestran una notable disminución de evidencias arqueológicas, un fenómeno que continúa siendo investigado y que podría relacionarse con cambios climáticos, períodos de mayor aridez, desplazamientos poblacionales y modificaciones en las formas de utilización del territorio. ¡Un capítulo enigmático de nuestra prehistoria que demuestra cuánto queda todavía por descubrir! ¡Pero la historia estaba lejos de terminar! Durante los últimos cuatro milenios aumentaron considerablemente los testimonios de ocupación humana y se intensificó el aprovechamiento de animales, frutos silvestres, semillas y recursos acuáticos. Desde hace aproximadamente 2.500 años comenzaron a registrarse productos vegetales domesticados, como maíz, zapallo, poroto y quínoa, cuya incorporación y utilización adquirieron distinta importancia según las regiones y los períodos. En los siglos posteriores también se extendieron prácticas alfareras, tecnologías de molienda y diversas modalidades de producción de alimentos. ¡Fue una transformación profunda, heterogénea y no simultánea en todo el territorio mendocino! Mientras algunas poblaciones desarrollaban actividades hortícolas y asentamientos más estables, otras conservaron economías predominantemente cazadoras y recolectoras, con importantes desplazamientos estacionales. ¡La Mendoza prehispánica no fue una realidad uniforme, sino un verdadero mosaico de experiencias humanas! Con el transcurso de los siglos surgieron nuevas tradiciones tecnológicas, formas de organización social y redes de intercambio que configuraron el panorama prehispánico tardío. Entre ellas se encuentran las poblaciones indígenas del norte y centro provincial, generalmente agrupadas en las fuentes históricas bajo la denominación de huarpes, cuyas formas de vida estuvieron estrechamente relacionadas con los oasis, los cursos de agua y los recursos disponibles en sus respectivos territorios. Durante las últimas etapas prehispánicas, parte del centro y norte de Mendoza también quedó incorporada a la esfera de dominación del Tawantinsuyu, el Estado incaico, cuya expansión dejó testimonios arqueológicos en caminos, instalaciones y espacios vinculados con la organización territorial andina. ¡Miles de años de experiencias acumuladas habían transformado profundamente las relaciones entre las sociedades humanas y el paisaje mendocino! ¡Sin embargo, existe una cuestión fundamental que la arqueología moderna destaca especialmente: aquellas primeras comunidades de hace más de 12.000 años no pueden identificarse de manera lineal ni automática con los grupos étnicos registrados en las crónicas del siglo XVI! Las transformaciones demográficas, los desplazamientos poblacionales, las discontinuidades del registro arqueológico y los extensos procesos de cambio social y cultural impiden establecer una continuidad simple e ininterrumpida durante tantos milenios. ¡Cada artefacto de piedra, cada antiguo fogón, cada resto de alimento y cada fragmento de cerámica constituyen una pieza fundamental de ese inmenso rompecabezas histórico! La arqueología, mediante excavaciones, análisis científicos y dataciones, continúa reconstruyendo las múltiples historias de quienes habitaron nuestro territorio mucho antes de que existieran los documentos escritos. ¡Porque la historia de Mendoza no comenzó en 1561 con la fundación de la ciudad por Pedro del Castillo! ¡Sus raíces humanas se hunden miles de años antes, en un pasado extraordinario que continúa desafiando nuestros conocimientos y ampliando nuestra comprensión del poblamiento americano! ¡Bajo la tierra que pisamos diariamente descansan las huellas de innumerables generaciones que enfrentaron glaciaciones, transformaciones ambientales y enormes desafíos para sobrevivir! ¡Doce milenios de historia, adaptación, conocimientos y experiencias humanas que forman parte inseparable del patrimonio arqueológico de Mendoza! #MendozaHistory, #Archaeology, #Prehistory, #FirstPeoples, #AncientHistory, #HistoriaDeMendoza, #MendozAntigua, #Arqueología, #PueblosOriginarios, #AguaDeLaCueva, #GrutaDelIndio, #Huarpes Fuentes: Iniesta, Ots y Manchado (2020), RIVAR; Castro y Cortegoso (2013), Anales de Arqueología y Etnología, UNCuyo; García (2002), estudios sobre poblamiento temprano; Neme y Gil (2022), Arqueología del sur de Mendoza; Prieto y Chiavazza (2005), estudios huarpes, UNCuyo; García (2020), Revista TEFROS; CONICET (2023), investigaciones sobre agricultura prehispánica.
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🏔️🔥 ¡ANTES DE QUE EXISTIERA LA CIUDAD DE MENDOZA: HACE MÁS DE 11.000 AÑOS, LOS PRIMEROS HUMANOS DESAFIARON UNA TIERRA SALVAJE Y COMENZARON A ESCRIBIR NUESTRA HISTORIA!
🌎🏔️🇦🇷 ¡Mucho antes de que existieran la ciudad de Mendoza, las fronteras actuales o los caminos modernos, nuestra tierra ya era escenario de una extraordinaria aventura humana! ¡HACE MÁS DE 11.000 AÑOS, PEQUEÑOS GRUPOS DE CAZADORES Y RECOLECTORES RECORRÍAN LOS VALLES, LAS MONTAÑAS Y OTROS AMBIENTES DEL ACTUAL TERRITORIO MENDOCINO, ENFRENTANDO UN MUNDO RADICALMENTE DISTINTO DEL QUE CONOCEMOS! Aquellos antiguos habitantes ocuparon nuestra región durante la transición entre el Pleistoceno y el Holoceno, cuando finalizaba la última glaciación y los paisajes sudamericanos experimentaban profundas transformaciones. Los glaciares retrocedían, las temperaturas cambiaban y extensas regiones presentaban ambientes fríos, estepas, pastizales, vegas y zonas áridas cuya distribución difería de la actual. ¡En aquel escenario comenzó una historia cuyos testimonios permanecerían enterrados durante miles de años! Uno de los registros arqueológicos más extraordinarios se encuentra en Agua de la Cueva, un enorme refugio rocoso situado en la precordillera de Las Heras, en las proximidades de la Pampa de Canota, a unos 2.900 metros sobre el nivel del mar. Allí, las investigaciones arqueológicas identificaron ocupaciones humanas cuya antigüedad se remonta aproximadamente a 11.000 años antes del presente, según las cronologías publicadas. Entre los vestigios recuperados aparecen instrumentos de piedra, restos de talla, carbón de antiguos fogones y huesos de animales consumidos por aquellas comunidades. ¡Cada fragmento constituye una pieza fundamental para reconstruir los orígenes humanos de Mendoza! Los guanacos representaban uno de sus principales recursos alimenticios, mientras que las herramientas de piedra permitían cortar carne, procesar cueros y realizar numerosas tareas indispensables para sobrevivir. En el sur provincial, la célebre Gruta del Indio, situada en las proximidades del río Atuel, en San Rafael, conserva igualmente evidencias de ocupaciones humanas antiquísimas, investigadas especialmente por el arqueólogo Humberto Lagiglia. En sus depósitos se identificaron testimonios de actividad humana y restos de animales de la megafauna extinguida, como el milodón y el megaterio. ¡Un descubrimiento verdaderamente fascinante! La posible coexistencia temporal de seres humanos y estos gigantes prehistóricos ha sido objeto de importantes investigaciones científicas, aunque todavía existen interrogantes acerca de la relación directa entre ambos y no se ha demostrado que aquellas comunidades cazaran sistemáticamente estos enormes animales. Otros yacimientos, como Arroyo el Chancho, Arroyo Malo 3 y la Gruta de El Manzano, esta última situada en Malargüe, permiten reconstruir distintas etapas de la expansión humana hacia los ambientes cordilleranos, los valles y las planicies del sur mendocino. ¿Cómo llegaron hasta aquí? Una de las hipótesis arqueológicas propone desplazamientos desde la vertiente occidental de los Andes, aprovechando corredores cordilleranos que habrían quedado accesibles conforme cambiaban las condiciones ambientales, aunque las rutas precisas del poblamiento todavía se investigan. Aquellas comunidades pertenecían a períodos muy anteriores a los primeros testimonios históricos sobre los huarpes y otros pueblos indígenas de la región, por lo que no es posible atribuirles automáticamente una identidad étnica conocida en tiempos de la conquista española. Su supervivencia dependía de la caza, la recolección y un profundo conocimiento del entorno natural. Se desplazaban en busca de recursos, aprovechaban refugios rocosos, conocían la ubicación de las fuentes de agua y transmitían sus saberes y experiencias entre generaciones. ¡Y AQUÍ RESIDE LA VERDADERA GRANDEZA DE ESTA HISTORIA! Muchísimo antes de que Pedro del Castillo fundara la ciudad de Mendoza en 1561, antes de la llegada de los españoles y del surgimiento de los viñedos coloniales, seres humanos ya habían dejado sus huellas en nuestras montañas. ¡Una piedra tallada, un antiguo fogón y los huesos de un guanaco nos revelan que la historia humana de nuestra tierra comenzó miles de años antes de los primeros documentos escritos! Aquellos remotos pobladores protagonizaron los primeros capítulos conocidos de una historia que la arqueología continúa reconstruyendo, descubrimiento tras descubrimiento, desde las profundidades del tiempo. ¡Porque Mendoza no nació con su fundación española: su historia humana se remonta a miles de años atrás, cuando pequeños grupos aprendieron a vivir, desplazarse y sobrevivir entre las inmensas montañas de los Andes! #AncientHistory, #FirstSettlers, #PrehistoricArgentina, #MendozaHistory, #Archaeology, #HumanOrigins, #AndesMountains, #HunterGatherers, #HistoriaDeMendoza, #MendozAntigua, #PrimerosPobladores, #ArqueologíaArgentina, #Prehistoria, #PueblosOriginarios, #PatrimonioArqueológico, #AguaDeLaCueva, #GrutaDelIndio, #HistoriaArgentina Fuentes: CONICET–UNCuyo, Lucía G. Yebra (2016); Iniesta, Ots y Manchado, revista RIVAR (2020); Neme y Gil, revista Chungará (2008); García y Lagiglia, Cuadernos del INAPL; Gil y colaboradores, Latin American Antiquity; Neme y colaboradores, revista Magallania (2011).
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miércoles, 4 de noviembre de 2026
📜🏛️🇦🇷 ¡EL GRAN GUARDIÁN DE LA MEMORIA MENDOCINA! 142 AÑOS CUSTODIANDO DOCUMENTOS, SECRETOS Y TESOROS QUE REVELAN MÁS DE CUATRO SIGLOS DE HISTORIA
📜🇦🇷 ¡En pleno corazón de la Ciudad de Mendoza existe un lugar extraordinario donde el pasado continúa vivo entre miles de documentos, expedientes, fotografías y testimonios que permiten reconstruir la historia de nuestra provincia! ¡Se trata del Archivo General de la Provincia de Mendoza, una institución fundamental para preservar la memoria de generaciones enteras y rescatar acontecimientos que, sin sus valiosos registros, podrían haber desaparecido para siempre! Su creación oficial se remonta al 20 de junio de 1884, durante la gobernación de Rufino Ortega, cuando se decidió reunir dos importantes repositorios: la Oficina Conservadora o Archivo Judicial y el Archivo de Gobierno, que también conservaba documentación del antiguo Cabildo. ¡PERO LO MÁS FASCINANTE ES QUE SUS TESOROS HISTÓRICOS SON MUCHO MÁS ANTIGUOS QUE LA PROPIA INSTITUCIÓN! Entre sus fondos existen documentos fechados desde 1563, apenas dos años después de la fundación de Mendoza, incluyendo cédulas reales, actas capitulares, expedientes judiciales, protocolos notariales, disposiciones gubernamentales, correspondencia, listas militares y bandos relacionados con el general José de San Martín y la Gesta Libertadora. ¡Cada manuscrito constituye una ventana hacia la Mendoza colonial, las luchas por la independencia, los conflictos sociales y la transformación de nuestra tierra! A estos testimonios se suman periódicos históricos, una biblioteca especializada y un extraordinario patrimonio fotográfico que, según información oficial difundida en 2021, comprendía alrededor de 100.000 negativos y fotografías en papel, principalmente del período 1950-2000. ¡Y SU HISTORIA ENCIERRA OTRA SORPRESA! Tras atravesar distintas denominaciones y sedes, en 2002 recuperó oficialmente su nombre original mediante el Decreto 821 y, el 21 de junio de aquel año, inauguró su sede permanente en la antigua estación del Ferrocarril Trasandino, ubicada en Sargento Cabral 10, esquina Belgrano. ¡AQUEL EDIFICIO, INAUGURADO EN 1891 Y VINCULADO A UNA DE LAS MAYORES HAZAÑAS FERROVIARIAS DE SUDAMÉRICA, SE CONVIRTIÓ EN REFUGIO DE LA MEMORIA MENDOCINA! En 2009, la recuperación del conjunto incorporó nuevos depósitos documentales y espacios públicos. Su misión supera ampliamente la conservación de papeles antiguos: comprende la clasificación, preservación, investigación y difusión de documentos históricos, además de facilitar consultas, exposiciones y actividades educativas. La normativa provincial también contempla que determinados organismos públicos pongan a disposición del Archivo su documentación con más de treinta años de antigüedad. ¡HOY, EN 2026, A 142 AÑOS DE SU CREACIÓN, EL ARCHIVO GENERAL CONTINÚA REPRESENTANDO UNO DE LOS GRANDES PILARES DEL PATRIMONIO CULTURAL DE MENDOZA! Porque detrás de cada expediente, fotografía o página amarillenta puede esconderse una historia olvidada, una decisión trascendental o el nombre de alguien que ayudó a construir nuestra identidad. ¡PRESERVAR ESTOS DOCUMENTOS ES IMPEDIR QUE EL TIEMPO BORRE NUESTRAS RAÍCES! 🇦🇷📜🏛️ #MendozAntigua, #ArchivoGeneralDeMendoza, #HistoriaDeMendoza, #MendozaArgentina, #PatrimonioHistorico, #MemoriaHistorica, #DocumentosHistoricos, #MendozaAntigua, #HistoriaArgentina, #FerrocarrilTrasandino, #ArchivosHistoricos, #HistoricalArchives, #MendozaHistory, #ArgentineHistory, #HistoricalDocuments, #CulturalHeritage, #HistoryLovers, #PreservingHistory Fuentes: Gobierno de Mendoza, Archivo General de la Provincia y Dirección de Patrimonio Cultural; Boletín Oficial de Mendoza, Decreto 821/2002 y Decreto 1882/2009; Universidad Nacional de Cuyo.
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viernes, 23 de octubre de 2026
¡LA ESTANZUELA: EL GIGANTESCO BARRIO MENDOCINO QUE NACIÓ DE UN TERREMOTO, TRANSFORMÓ LOS CERROS Y HONRA A UNA HEROÍNA DEL EJÉRCITO DE LOS ANDES!
¡Imaginen un inmenso terreno al pie de los cerros de Godoy Cruz, donde miles de familias terminarían construyendo una nueva vida después de una de las tragedias más recordadas de Mendoza! ¡Lo que hoy conocemos como La Estanzuela esconde una historia extraordinaria que conecta el devastador terremoto de 1985 con la epopeya libertadora del general José de San Martín! Todo comenzó después de la madrugada del 26 de enero de 1985, cuando un poderoso movimiento sísmico sacudió el Gran Mendoza, provocó víctimas, destruyó numerosas viviendas y dejó a miles de personas enfrentadas a la incertidumbre de haber perdido sus hogares. ¡AQUEL DESASTRE CAMBIARÍA PARA SIEMPRE EL PAISAJE DEL OESTE DE GODOY CRUZ! En 1986, durante la gobernación de Santiago Felipe Llaver y con la participación de la Municipalidad de Godoy Cruz, encabezada por Roberto Tuninetti, comenzó la construcción de uno de los mayores conjuntos habitacionales de la provincia. El proyecto comprendía aproximadamente 1.750 viviendas y exigió enormes trabajos de movimiento de suelos para adaptar el terreno del piedemonte a calles, manzanas y construcciones. ¡LAS PENDIENTES NATURALES FUERON MODIFICADAS, SE NIVELARON GRANDES EXTENSIONES Y DONDE ANTES DOMINABA UN PAISAJE IRREGULAR COMENZÓ A LEVANTARSE UNA VERDADERA CIUDAD DE CASAS! Aquella transformación también dejó interrogantes ambientales: investigaciones académicas posteriores analizaron las consecuencias de imponer una trama urbana sobre un terreno naturalmente expuesto a escurrimientos y riesgos aluvionales. Según la historiadora Fabiana Mastrangelo, la primera entrega de viviendas se concretó el 17 de diciembre de 1989, mientras que la documentación del Instituto Provincial de la Vivienda registra el conjunto habitacional en 1990. ¡PERO DETRÁS DE ESTE GIGANTESCO BARRIO EXISTE UN SECRETO HISTÓRICO QUE MUCHOS MENDOCINOS DESCONOCEN! Su nombre original es Dolores Prats de Huisi, en homenaje a una extraordinaria mujer chilena que llegó refugiada a Mendoza en 1814, después de la derrota patriota de Rancagua y la restauración del dominio realista en Chile. Nacida en Valparaíso, Dolores encontró refugio al otro lado de la cordillera y terminó participando en uno de los acontecimientos más importantes de la independencia sudamericana. ¡EN 1816, CUANDO SAN MARTÍN PREPARABA SU EJÉRCITO LIBERTADOR, ESTA MUJER SE CONVIRTIÓ EN UNA DE LAS PROTAGONISTAS DE LA CONFECCIÓN DE LA HISTÓRICA BANDERA DE LOS ANDES! Junto con Laureana Ferrari, Mercedes Álvarez Morón y Margarita Corvalán, colaboró en la realización de aquella enseña que sería bendecida y jurada solemnemente en Mendoza el 5 de enero de 1817, poco antes del inicio de la campaña libertadora. La tradición histórica destaca especialmente su experiencia como bordadora. Después de la victoria de Chacabuco, en febrero de 1817, Dolores pudo regresar a Chile, donde falleció en 1834. ¡Y EXISTE UNA JOYA PATRIMONIAL QUE PERMITE ACERCARNOS A SU ROSTRO! El Museo Histórico Nacional argentino conserva una miniatura realizada por Espinosa en 1824, identificada con el número de inventario 4632. Más de un siglo y medio después de aquella gesta, su nombre quedó asociado a un barrio que también nació de la adversidad. Con el tiempo, La Estanzuela incorporó escuelas, establecimientos sanitarios, espacios deportivos, plazas y actividades culturales, entre ellas el Anfiteatro Cacique Sixto Jofré, concebido para reunir a cientos de vecinos. ¡ASÍ, UN LUGAR QUE SURGIÓ COMO RESPUESTA A UNA CATÁSTROFE TERMINÓ CONVIRTIÉNDOSE EN SÍMBOLO DE RECONSTRUCCIÓN, MEMORIA E IDENTIDAD! Cada calle, cada casa y cada familia forman parte de una historia que une dos épocas muy diferentes: la lucha por la independencia americana y el esfuerzo de los mendocinos por recuperar sus hogares después del terremoto de 1985. ¡LA ESTANZUELA ES MUCHO MÁS QUE UN BARRIO: ES UN TESTIMONIO DE SUPERVIVENCIA Y UN HOMENAJE A UNA MUJER QUE AYUDÓ A BORDAR UNO DE LOS GRANDES SÍMBOLOS DE NUESTRA LIBERTAD! #MendozAntigua #LaEstanzuela #GodoyCruz #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Terremoto1985 #DoloresPratsDeHuisi #PatriciasMendocinas #BanderaDeLosAndes #JoseDeSanMartin #EjercitoDeLosAndes #HistoriaArgentina #PatrimonioHistorico #MemoriaHistorica #MendozaHistory #ArgentinaHistory #AndesArmy #HistoricalMemory #EarthquakeHistory #WomenInHistory #GodoyCruzHistory Fuentes: Instituto Provincial de la Vivienda, historia institucional; Museo Casa Rosada, biografía de Dolores Prats de Huisi; Fabiana Mastrangelo, historia de Godoy Cruz y reconstrucción posterior al sismo; Castillo, Correa y Cantón, investigación sobre urbanización del piedemonte mendocino; Municipalidad de Godoy Cruz; Museo Histórico Nacional, catálogo de miniaturas; Ciudadano News, Alejandro Álvarez.
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sábado, 3 de octubre de 2026
EL PATIO DONDE MENDOZA APRENDIÓ A MIRAR: LA CUNA UNIVERSITARIA DEL ARTE EN SARMIENTO 120
Esta extraordinaria fotografía nos abre una ventana hacia uno de los escenarios fundamentales de la historia artística mendocina: el patio de la palmera del primer edificio de la Academia de Bellas Artes vinculada a la Universidad Nacional de Cuyo, ubicado en Sarmiento 120, en pleno centro de Mendoza. Aquel inmueble estaba organizado alrededor de tres espacios que terminaron formando parte de la memoria cotidiana de generaciones de estudiantes: el patio de la palmera, el patio de la higuera y el patio de la administración; en torno a ellos se distribuían aulas, galerías y dependencias donde comenzaba a consolidarse una enseñanza artística de nivel universitario en la provincia. El contexto permite comprender mejor la importancia de esta imagen: en 1939, junto con el nacimiento de la Universidad Nacional de Cuyo, se creó la Academia Nacional de Bellas Artes —denominación utilizada para diferenciarla de la Academia Provincial fundada en 1933—, institución que se convertiría en el núcleo histórico del que décadas después surgiría la actual Facultad de Artes y Diseño. Allí la formación artística alcanzó una dimensión inédita para Mendoza, combinando la práctica del dibujo, la pintura, el grabado y la escultura con una sólida enseñanza histórica y teórica. El primer curso de Historia del Arte estuvo a cargo del arquitecto Manuel Víctor Civit, y el 17 de junio de 1940 la Academia recibió nada menos que al prestigioso historiador francés Henri Focillon, profesor de La Sorbona y Yale, quien ofreció una conferencia acompañada por proyecciones, toda una innovación para aquellos años. Por sus aulas también pasaron maestros decisivos para el arte argentino y cuyano, entre ellos Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez, Francisco Bernareggi y Ramón Gómez Cornet; uno de aquellos jóvenes alumnos sería Carlos Alonso, quien ingresó con apenas catorce años y terminaría convirtiéndose en una de las grandes figuras de la plástica argentina. Con el paso del tiempo la institución atravesó diferentes denominaciones y transformaciones: en 1949 fue Instituto Superior de Artes Plásticas, desde 1953 Escuela Superior de Artes Plásticas y, en 1980, sus disciplinas se integraron junto con Música, Teatro, Cerámica y Diseño en la Facultad de Artes, antecedente directo de la actual Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo. Por eso esta fotografía es mucho más que una apacible escena de un antiguo patio mendocino: la enorme palmera, las galerías, las columnas, el damero del piso y aquellas silenciosas aulas formaron parte de un espacio donde se educaron artistas, circularon nuevas ideas y comenzó a escribirse una parte esencial de la historia cultural de Mendoza. Hoy, más de ocho décadas después, aquel patio de Sarmiento 120 permanece detenido en esta imagen como testimonio de los primeros años de una tradición universitaria artística que continúa viva. FUENTES CONSULTADAS: Universidad Nacional de Cuyo, “Encuentro de Saberes”, historia institucional de la Academia de Bellas Artes y fotografía del patio de Sarmiento 120; Revista Huellas, Facultad de Artes y Diseño, UNCuyo; repositorio Biblioteca Digital UNCuyo; Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo; Ministerio de Cultura de la Nación/Argentina.gob.ar, biografía de Carlos Alonso. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #AcademiaDeBellasArtes #BellasArtes #UNCuyo #ArteMendocino #HistoriaDelArte #PatrimonioMendocino #MemoriaDeMendoza #FotografiaHistorica #CulturaMendocina #Sarmiento120 #FacultadDeArtesYDiseño #OldMendoza #MendozaHistory #FineArts #ArtHistory #HistoricalPhotography #CulturalHeritage #ArgentinaHistory
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viernes, 2 de octubre de 2026
¡PRESENTES EN LOS MUROS DE LA UNCUYO! EL ARTE QUE DEVOLVIÓ ROSTRO, NOMBRE E IDENTIDAD A DIEZ ESTUDIANTES VÍCTIMAS DE LA DICTADURA
En uno de los muros del corazón de la Ciudad Universitaria de Mendoza quedó plasmada una obra que convirtió una enorme pared de hormigón en un espacio permanente de memoria. Durante 2015, estudiantes de la Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Nacional de Cuyo, en articulación con la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, realizaron el mural “¡Presente!”, dedicado a recordar a diez estudiantes de ambas facultades desaparecidos y asesinados durante la última dictadura cívico-militar argentina. La obra ocupa la pared sur del Bloque de Aulas Comunes y Tecnológicas —BACT— y alcanza dimensiones monumentales: 8 metros de alto por 22 de ancho, unos 176 metros cuadrados en los que una multitud de figuras rodea los rostros de Adriana Bonoldi, Ana Beatriz Corsino, Blanca Santamaría, Gladys Castro, Carlos Gregori, José Vila Bustos, Josefina Becerra, Leonor Mercuri, Marta Saroff y Miguel Pointeau. El proyecto no consistió solamente en reproducir fotografías. Antes de llevar los retratos al muro, los jóvenes artistas investigaron las historias personales, familiares, universitarias y sociales de cada homenajeado y, en varios casos, establecieron contacto con sus familiares. Valentina Palacios, por ejemplo, trabajó sobre la figura de Marta Saroff después de conocer su tarea como alfabetizadora; Carla Gómez representó a Adriana Bonoldi, vinculada con la enseñanza de la música; y Anabel Orán se ocupó de Ana Beatriz Corsino, pianista y profesora de Música cuya actividad también se extendía fuera del ámbito académico. El mural fue realizado por Sergio Benegas, Martín Bisceglia, Carla Gómez, Ignacio Fernández, Marcos Macho, Valentina Palacios, Anabel Orán, José Pavez, Sebastián Sosa y Catalina Vergne Jatuff, estudiantes de Artes Plásticas y Artes Visuales, bajo la supervisión del profesor Eduardo González. La ejecución se desarrolló principalmente entre junio y septiembre de 2015 y la obra fue presentada públicamente el 29 de octubre de aquel año, con la participación de artistas, autoridades universitarias y familiares. Su realización estuvo vinculada además con un proceso mucho más amplio de recuperación documental de la propia historia de la UNCUYO: ese mismo año la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales difundía “Apuntes de la Memoria. Relatos de una Universidad Posible”, resultado de la primera investigación oficial encargada por la Universidad para reconstruir quiénes habían sido sus estudiantes desaparecidos y asesinados y qué había sucedido dentro de la institución durante aquellos años y el período inmediatamente anterior. Una publicación institucional de 2015 contextualizó aquella investigación señalando más de treinta estudiantes desaparecidos, más de doscientos trabajadores dados de baja y cerca de trescientos estudiantes expulsados durante ese proceso de persecución, intervención y censura universitaria. Más de una década después, el mural continúa integrado a la vida cotidiana de la Universidad: en febrero de 2026 la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales volvió a reunir allí a sus ingresantes como cierre del módulo “Construimos Presente con Memoria”. Así, aquella gigantesca pintura nacida del encuentro entre dos facultades trascendió su condición de obra artística: los nombres que alguna vez quedaron dispersos entre expedientes, fotografías familiares y archivos universitarios pasaron a ocupar un lugar visible en el campus mendocino, frente a nuevas generaciones de estudiantes que diariamente atraviesan el mismo espacio universitario que aquellos jóvenes habitaron décadas atrás. #MendozAntigua #UNCuyo #UniversidadNacionalDeCuyo #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MemoriaHistorica #HistoriaArgentina #ArteYMemoria #Mural #ArtePublico #CiudadUniversitaria #HistoriaUniversitaria #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricalMemory #PublicArt #UniversityHistory #ArtAndMemory Fuentes consultadas: Prensa de la Universidad Nacional de Cuyo, publicaciones institucionales sobre la inauguración y realización del mural “¡Presente!”; Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCUYO; Facultad de Artes y Diseño de la UNCUYO; actualización institucional de la FCPyS del 26 de febrero de 2026.
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miércoles, 30 de septiembre de 2026
CUANDO GENERAL ALVEAR SEMBRÓ UNA ESCUELA: LA HISTORIA DE LA “AGRICULTURA” QUE FORMÓ GENERACIONES DE MENDOCINOS
30 DE SEPTIEMBRE DE 1958 — La imagen retrata el acceso de una de las instituciones educativas más emblemáticas del sur mendocino: la Escuela de Agricultura de General Alvear, perteneciente a la Universidad Nacional de Cuyo. Su historia había comenzado algunos años antes, cuando vecinos y familias alvearenses comprendieron que una región profundamente vinculada con la agricultura, la fruticultura y la vitivinicultura necesitaba formar a sus propios técnicos. A comienzos de la década de 1950 muchos jóvenes que terminaban la primaria debían trasladarse a otras localidades para continuar estudiando, algo que numerosas familias no podían afrontar. De aquella necesidad nació una comisión promotora en la que tuvo un papel destacado el maestro Jorge Leguizamón, recordado como el “Napoleón de la comisión” por su empuje, junto al legislador Gilberto Carlocchia, el Rotary Club y numerosos vecinos que aportaron desde ladrillos y álamos hasta trabajo de carpintería y crédito para levantar la futura escuela. Las clases comenzaron formalmente el 19 de abril de 1954 con apenas 33 alumnos de primer año. El establecimiento funcionaba en el predio de la antigua Corporación de Frutihorticultores de Alvear Oeste: una vivienda y las paredes de un viejo secadero fueron transformadas en aquella primera aula. La institución recibió inicialmente el nombre de “Irineo Fernando Cruz”, en homenaje al fallecido rector de la UNCuyo, y durante la inauguración se descubrieron placas en el arco de acceso y se entregaron medallas a estudiantes que habían participado en la construcción. Pero existe una fecha especialmente significativa: el 30 de septiembre de 1958, exactamente un día como hoy, una ley provincial dispuso el traspaso a la Universidad Nacional de Cuyo de cuatro hectáreas y fracción de tierras pertenecientes a la Provincia, consolidando territorialmente aquel proyecto educativo nacido del esfuerzo comunitario. Dos años antes, mediante la Ordenanza 16/56, la escuela había pasado a depender de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo. Con el tiempo, aquella pequeña escuela agrícola se convirtió en una verdadera cantera de técnicos y enólogos. Desde 1959 sus egresados comenzaron a desempeñarse en bodegas y establecimientos productivos de diferentes lugares del país; en 1965 nacieron sus tradicionales Olimpíadas estudiantiles y en 1970 se construyó la Bodega Piloto, posteriormente declarada Patrimonio Histórico y Cultural Departamental. En 1989 se inauguró el edificio principal que luego sería ampliado en 2007. El establecimiento posee además una finca experimental de 1,5 hectáreas donde los estudiantes trabajan con viñedos de Bonarda y Cabernet Sauvignon, cultivos forrajeros y distintas prácticas agropecuarias; allí la enseñanza sale del aula para encontrarse directamente con la tierra. Incluso su producción vitivinícola continúa viva: alumnos de quinto y sexto año participan desde la cosecha hasta la elaboración en bodega del vino “Egresados”, una tradición que conecta las nuevas generaciones con más de siete décadas de educación agrícola. Aquella entrada que vemos en la fotografía es, entonces, mucho más que la puerta de una escuela: representa el resultado de vecinos que aportaron materiales, profesores que durante los primeros tiempos llegaron a trabajar sin cobrar, estudiantes que aprendieron haciendo y una comunidad que decidió sembrar conocimiento para transformar el futuro de General Alvear. Desde 33 alumnos y un viejo secadero hasta convertirse en una institución profundamente ligada a la identidad productiva del sur mendocino, la Escuela de Agricultura demuestra que algunas de las obras más perdurables también comienzan colocando un ladrillo, plantando una vid y creyendo en la educación. Fuente de origen: Escuela de Agricultura–Universidad Nacional de Cuyo; Prensa UNCUYO; Honorable Cámara de Diputados de Mendoza; Gobierno de Mendoza. #MendozAntigua #Mendoza #GeneralAlvear #EscuelaDeAgricultura #UNCuyo #HistoriaDeMendoza #Educación #Agricultura #Vitivinicultura #Enología #MemoriaMendocina #PatrimonioMendocino #HistoriaArgentina #MendozaHistory #GeneralAlvear #AgriculturalSchool #ArgentinaHistory #WineHistory #Viticulture #AgriculturalEducation
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M5620 Gral. Alvear, Mendoza, Argentina
EL GIGANTE DE BELGRANO Y SOBREMONTE: LA ESCUELA QUE DEJÓ SU HUELLA EN GENERACIONES DE MENDOCINOS
Esta imagen nos lleva al interior de uno de los establecimientos educativos más emblemáticos de la Ciudad de Mendoza: la Escuela del Magisterio de la Universidad Nacional de Cuyo. Sus galerías abiertas, sus largas barandas y los estudiantes asomados desde los distintos pisos forman parte de una escena que quedó grabada en la memoria de miles de mendocinos. La institución nació oficialmente el 29 de diciembre de 1947 mediante la Ordenanza Nº 252 de la UNCuyo, impulsada desde la Escuela de Lenguas Vivas y la Facultad de Filosofía y Letras, con una misión fundamental: preparar maestros y brindar una sólida formación humanística. Desde 1951 sus egresados podían obtener los títulos de Maestro Normal Superior y Bachiller Nacional, y en 1953 la incorporación del ciclo básico permitió desarrollar una formación completa desde primero hasta sexto año. Durante aquellos años la escuela funcionó en diferentes inmuebles del centro mendocino, entre ellos propiedades próximas a Rivadavia y avenida España, y más tarde un edificio de calle Mitre; el crecimiento fue tan grande que llegó a utilizar aulas cedidas por otros establecimientos universitarios. En 1959, durante la gestión de Carmen Vera Arenas, se profundizó su carácter experimental: se organizaron la escuela primaria y jardín de infantes, cursos de especialización y perfeccionamiento docente, laboratorios y servicios psicopedagógicos, mientras se impulsaba su vinculación con el programa de escuelas asociadas para la comprensión internacional promovido en torno a UNESCO. El gran cambio llegó en la década de 1970. El Gobierno de Mendoza donó a la Universidad una fracción de 3.681,30 metros cuadrados perteneciente a terrenos del antiguo Ferrocarril Trasandino, entre Belgrano, Sobremonte y Coronel Rodríguez. El acta de donación fue firmada el 10 de agosto de 1971 y el 14 de octubre se colocó la piedra fundamental. Tres años después, en 1974, quedó inaugurado el edificio definitivo diseñado por el arquitecto Mario Pagés junto al equipo técnico de la Dirección de Obras de la UNCuyo: una estructura de tres plantas, amplias galerías, aulas, espacios especiales, salón de actos y sectores deportivos. La fotografía que acompaña esta publicación resulta especialmente valiosa porque una imagen prácticamente coincidente aparece reproducida e identificada como “Escuela del Magisterio” en Encuentro de saberes. Historia de las facultades, institutos y colegios de la Universidad Nacional de Cuyo, obra institucional publicada por EDIUNC en 2017. La publicación permite asociar con seguridad la escena al establecimiento de Belgrano y Sobremonte, aunque no fija allí una fecha precisa para la toma; por eso resulta prudente considerarla posterior a la inauguración del edificio en 1974 sin adjudicarle un año exacto. Aquellos años fueron además el cierre de una etapa decisiva: la última promoción de Maestros Superiores egresó en 1976, luego de que la formación docente comenzara a trasladarse al nivel terciario. La escuela continuó transformándose, pero conservó aquel nombre que ya pertenecía a la historia educativa mendocina. Mirar hoy estos corredores llenos de jóvenes es mucho más que contemplar una vieja fotografía: es volver a escuchar el bullicio de los recreos, los pasos sobre las galerías y las voces de generaciones que atravesaron estas aulas. En el corazón de Mendoza, la Escuela del Magisterio sigue siendo parte de esa enorme memoria colectiva construida pupitre por pupitre, maestro por maestro y promoción tras promoción. Fuente de origen: Escuela del Magisterio–Universidad Nacional de Cuyo; Secretaría Académica UNCuyo; EDIUNC, Encuentro de saberes. Historia de las facultades, institutos y colegios de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2017. #MendozAntigua #Mendoza #EscuelaDelMagisterio #UNCuyo #HistoriaDeMendoza #Educación #Docentes #Maestros #CiudadDeMendoza #FotosAntiguas #MemoriaMendocina #PatrimonioMendocino #HistoriaArgentina #OldMendoza #MendozaHistory #SchoolHistory #EducationHistory #HistoricPhotography #ArgentineHistory #CulturalHeritage
EL BÚHO QUE VIO PASAR GENERACIONES: EL CUC, MÁS DE OCHO DÉCADAS FORMANDO PARTE DE LA HISTORIA DE MENDOZA
Esta imagen del Colegio Universitario Central “General José de San Martín”, con estudiantes recorriendo sus galerías y el inconfundible búho del CUC dominando uno de los muros, retrata una escena cotidiana de una institución profundamente ligada a la historia educativa mendocina. Sus orígenes se remontan al 16 de marzo de 1943, cuando el presidente Ramón S. Castillo firmó el Decreto Nº 145.358 que creó el entonces Colegio Nacional Central, a partir de una iniciativa impulsada desde la Universidad Nacional de Cuyo por su rector Edmundo Correas. La inauguración formal se realizó el 19 de abril de aquel año y desde el comienzo se buscó algo mucho más ambicioso que sumar otro establecimiento secundario: la intención era experimentar con una enseñanza capaz de preparar a los jóvenes para los estudios superiores y, al mismo tiempo, contribuir a renovar la educación media argentina. En aquellos primeros tiempos el colegio funcionó en antiguas construcciones del centro mendocino; tuvo dependencias en Patricias Mendocinas y Montevideo y aulas en el sector de Rivadavia y 9 de Julio. En 1947 se creó el Bachillerato Nocturno, pensado especialmente para quienes necesitaban trabajar durante el día, y en 1948 egresó la primera promoción de bachilleres. En 1952 adoptó la denominación Colegio Universitario Central “General José de San Martín”, nombre que atravesaría generaciones enteras de mendocinos. Otro capítulo decisivo comenzó en 1964, cuando el Consejo Superior de la UNCuyo resolvió construir una sede propia sobre avenida San Martín. Después de varios años de obras, el 24 de mayo de 1967 quedó inaugurado el edificio de San Martín 290 que todavía hoy identifica al CUC y cuyos patios, corredores y galerías aparecen en fotografías como ésta. Pero la historia del colegio también se escribió fuera de las aulas: desde comienzos de la década de 1960 surgieron actividades coprogramáticas y la tradicional organización de estudiantes en las “Tribus” Huarpes y Pehuenches, una costumbre que terminaría convirtiéndose en una de las marcas culturales de la institución. Y sobre muchas de aquellas historias aparece siempre la misma figura: el búho, símbolo tradicional del CUC, asociado por la propia institución con la curiosidad, la búsqueda del conocimiento y la sabiduría. Así, detrás de una sencilla fotografía de alumnos caminando por un pasillo aparece una historia mucho mayor: miles de estudiantes, profesores y egresados que desde 1943 fueron dejando sus pasos en uno de los colegios más reconocibles de la educación pública universitaria de Mendoza. Fuente de origen de los datos históricos: Colegio Universitario Central “General José de San Martín” – Universidad Nacional de Cuyo, sección Historia y reseña institucional; Prensa UNCUYO, “Los 70 años del CUC”. Fotografía: imagen aportada para esta publicación. #MendozAntigua #Mendoza #ColegioUniversitarioCentral #CUC #UNCuyo #HistoriaDeMendoza #Educación #EscuelasDeMendoza #MemoriaMendocina #JoséDeSanMartín #FotosDeMendoza #HistoriaArgentina #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricMendoza #EducationHistory #SchoolHistory #UNCuyo
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martes, 29 de septiembre de 2026
MALARGÜE, DONDE LA TIERRA GUARDA VOCES: ÁNIMAS QUE LLORAN, LAGUNAS QUE SE ENOJAN Y BRUJAS BAJO LA MONTAÑA - MENDOZA
En el extremo sur de Mendoza existe un territorio donde la geología y la memoria popular parecen haber hecho un pacto. Malargüe no sólo posee volcanes, cavernas, lagunas y paredones extraordinarios: también conserva un formidable universo de relatos transmitidos durante generaciones, algunos de los cuales fueron registrados directamente de antiguos pobladores y hoy constituyen verdaderos documentos del folklore argentino. Uno de los testimonios más impresionantes aparece en Cuentos y leyendas populares de la Argentina, de la investigadora Berta Elena Vidal de Battini. En 1974, Delfín Arroyo, de 57 años y residente de Puerto Arroyo, Malargüe, relató que en el Pozo de las Ánimas se escuchaban los lamentos de personas que habrían muerto en sus profundidades; aquel relato popular explicaba así su inquietante nombre. Otro vecino, Manuel Antonio Jofré, también entrevistado en Malargüe ese año, hablaba de ayes y quejidos y de la vieja creencia de que el pozo era un misterioso “ojo de mar” comunicado por debajo de la Cordillera. La ciencia cuenta otra parte de la historia: el Pozo de las Ánimas está formado por dos grandes dolinas originadas por la disolución de materiales subterráneos y posteriores hundimientos del terreno; las mediciones difundidas por Turismo Malargüe indican aproximadamente 80 metros hasta el nivel del agua y otros 20 metros bajo ella. El viento que atraviesa semejantes cavidades produce sonidos que seguramente ayudaron a alimentar durante décadas la imaginación de quienes vivían en aquellas soledades. Pero Battini dejó registrado algo todavía menos conocido: la leyenda de la Laguna del Negro, en Cajón Grande. Jofré afirmaba que aquella laguna “se enojaba” cuando se acercaban desconocidos, levantando sus aguas con violencia, y que su nombre provenía de la aparición fantasmal de un hombre que muchos lugareños aseguraban haber visto. El mismo narrador contó otra historia malargüina, la de Curilauna: una laguna rodeada de oscuras rocas que, según la tradición, podía rechazar a ciertas personas, levantando sus aguas y produciendo un fuerte chillido. La propia obra de Vidal de Battini anotó que “Curilauna” era interpretado localmente como un nombre híbrido asociado a la idea de “Laguna Negra”. Y si hay un escenario donde el amor, la tragedia y lo sobrenatural se mezclan, es la Laguna de la Niña Encantada. Material educativo de la Dirección General de Escuelas de Mendoza conserva una versión presentada como tradición puelche: Elcha, una joven enamorada de un muchacho que no pertenecía a la nobleza, habría huido con él para evitar un matrimonio impuesto. Perseguidos durante una tormenta, ambos llegaron hasta la laguna y se arrojaron a sus aguas; la hechicera que encabezaba la persecución habría quedado convertida en piedra por un rayo, mientras la imagen de Elcha continuaría reflejándose en el agua. Pero ésa no es la única historia: la misma fuente registra una joven transformada en piedra por un amor imposible, relatos de misteriosas sirenas y hasta una extraordinaria narración criolla según la cual aquel espejo de agua era llamado “Laguna de las Siete Apuestas”: allí un jugador chileno habría pactado con el Diablo por siete bolsas de pepitas de oro y, en la apuesta final, logró engañarlo mostrando la cruz formada por la empuñadura de su daga. Más al sur, la Caverna de las Brujas suma otro capítulo. El Gobierno de Mendoza recoge tradiciones narradas por guías y pobladores sobre ceremonias realizadas alrededor del fuego en la llamada Sala de la Virgen, sombras gigantescas proyectadas sobre las paredes, extrañas luces y dos mujeres cautivas que habrían encontrado refugio dentro de la montaña; con el tiempo, la presencia de grandes lechuzas alimentó la creencia de que aquellas mujeres se habían transformado en aves. Más allá de la leyenda, existen indicios arqueológicos de utilización de la caverna por poblaciones originarias como refugio temporario o para determinadas prácticas, mientras la geología explica sus más de 3.000 metros de galerías como el resultado de la acción del agua sobre antiguas calizas jurásicas de origen marino. Y están también los Castillos de Pincheira, enormes paredones de hasta unos 50 metros que parecen fortalezas construidas por seres humanos pero que SEGEMAR explica como el resultado de la erosión fluvial y eólica sobre rocas volcánicas y sedimentarias del Mioceno. El nombre conserva el eco de los Pincheira, protagonistas reales del convulsionado mundo fronterizo posterior a las guerras de independencia, cuya presencia y redes alcanzaron también territorios del actual sur mendocino. Así, detrás del Malargüe turístico sobrevive otro Malargüe: el de los puesteros que aseguraban que las lagunas reconocían a los viajeros, el de las almas que gemían desde las profundidades, el de muchachas encantadas, pactos con el Diablo, apariciones, brujas y montañas convertidas en castillos. La geología puede explicar cómo nacieron las cavernas, las dolinas y los paredones; la historia puede reconstruir quiénes fueron los hombres que atravesaron aquellos territorios. Pero las leyendas revelan algo diferente y acaso igualmente valioso: la forma en que generaciones enteras intentaron explicar, recordar y poblar de significado uno de los paisajes más extraordinarios de Mendoza. Fuente de origen: Berta Elena Vidal de Battini, Cuentos y leyendas populares de la Argentina, tomo VII, Ediciones Culturales Argentinas, 1984; Dirección General de Escuelas de Mendoza, Geografía de Mendoza; Ministerio de Energía y Ambiente de Mendoza, Reserva Caverna de las Brujas; Municipalidad/Turismo de Malargüe; SEGEMAR, Mapa Geológico de la Provincia de Mendoza; estudios históricos publicados por universidades nacionales. #Malargüe #Mendoza #MendozAntigua #LeyendasDeMendoza #LeyendasDeMalargüe #PozoDeLasÁnimas #NiñaEncantada #CavernaDeLasBrujas #CastillosDePincheira #HistoriaDeMendoza #FolkloreArgentino #TradiciónOral #MisteriosDeMendoza #Argentina #MalargueLegends #MendozaHistory #ArgentineFolklore #LegendsOfArgentina #AncientMendoza #MysteriesOfArgentina
CAVERNA DE LAS BRUJAS: BAJO MALARGÜE, UN LABERINTO JURÁSICO DE SOMBRAS, RITUALES Y LEYENDAS
En el extremo sur de Mendoza, cerca de Bardas Blancas y a unos 65 kilómetros de la ciudad de Malargüe, la montaña esconde uno de los escenarios naturales más extraordinarios y misteriosos de la provincia: la Caverna de las Brujas, un gigantesco laberinto subterráneo abierto en antiguas rocas calcáreas de origen marino. Aquellas calizas pertenecen a la Formación La Manga y fueron depositadas durante el Jurásico Tardío, cuando un mar poco profundo cubría esta región; todavía hoy las rocas conservan fósiles que recuerdan aquel océano desaparecido. Muchísimo después, el levantamiento de los Andes dejó esos estratos inclinados, fracturados y expuestos a la infiltración del agua. La circulación subterránea fue disolviendo lentamente la caliza y ampliando grietas y conductos; hacia el final del último período glacial, una mayor presencia de nieve y hielo habría favorecido nuevas infiltraciones y el desarrollo de los pasadizos. Así fueron apareciendo salas, chimeneas, estrechísimas gateras y formaciones minerales de calcita, yeso y hasta ópalo: estalactitas que descienden desde los techos, estalagmitas que crecen desde el suelo, columnas, velos, coladas y concreciones que parecen haber sido modeladas deliberadamente. Hay incluso una extraordinaria escala temporal escondida en sus minerales: investigaciones sobre sus espeleotemas de yeso obtuvieron edades de aproximadamente 90.200 a 64.300 años para algunos depósitos de las salas inferiores, mientras otras formaciones serían posteriores y estarían relacionadas con períodos áridos del Holoceno. Es decir: las rocas que contienen la caverna son jurásicas, pero el laberinto y sus decoraciones minerales se desarrollaron muchísimo después. La presencia humana también dejó huellas. Estudios arqueológicos indican ocupaciones o utilización del sitio en tiempos prehispánicos, y una investigación difundida por CONICET estudió una secuencia arqueológica fechada aproximadamente entre 3.800 y 5.000 años antes del presente. El análisis mostró además que buena parte de los pequeños restos animales acumulados allí fue producto de aves rapaces, una evidencia que ayuda a reconstruir el ambiente de aquel pasado remoto. Pero donde termina la arqueología comienza el territorio de la tradición oral, y allí nace el nombre que convirtió a esta caverna en leyenda. No encontramos en las fuentes oficiales consultadas una fecha histórica precisa que documente cuándo comenzó a llamársela “Caverna de las Brujas”; el propio Gobierno de Mendoza presenta su denominación vinculada a relatos transmitidos por pobladores y guías. Una de las versiones sostiene que la primera gran cámara, hoy conocida como Sala de la Virgen, era utilizada por pueblos originarios y que allí los machis o especialistas rituales celebraban ceremonias alrededor de grandes fogatas. Las llamas agitadas por el aire proyectaban figuras enormes y deformadas contra las paredes; vistas desde lejos, aquellas sombras parecían seres que bailaban dentro de la montaña. A ello se habrían sumado lamentos, voces, llantos y misteriosos destellos identificados en el imaginario popular con la “luz mala”. De esa combinación de fuego, oscuridad, ecos y temor habría surgido la asociación con las “brujas” y, con el tiempo, el nombre del lugar. Existe, sin embargo, una segunda leyenda todavía más inquietante. La tradición de Bardas Blancas habla de dos mujeres blancas mantenidas cautivas a quienes habrían herido las plantas de los pies para impedirles escapar. Las mujeres consiguieron huir y encontraron refugio dentro de la caverna. Durante algún tiempo, según el relato, pobladores de la zona afirmaban ver al atardecer dos figuras femeninas, desgreñadas y cubiertas de suciedad, que salían de la oscuridad y regresaban posteriormente al interior; desde la montaña se oían quejidos y gritos, mientras extrañas luces y sombras aumentaban el miedo. Cuando las fugitivas desaparecieron, grandes lechuzas comenzaron a salir de la boca de la cueva y nació la historia de que aquellas mujeres se habían transformado en aves para escapar definitivamente. Esta versión continúa formando parte del relato tradicional difundido por el propio Gobierno provincial. Hay además otra variante de la tradición: antiguos viajeros que transitaban por las cercanías habrían observado desde abajo el resplandor de fogatas y sombras humanas proyectándose en la entrada sin poder distinguir a quienes se encontraban dentro; la imaginación terminó convirtiendo aquellas siluetas en supuestas brujas celebrando sus ritos en la montaña. Ciencia y leyenda, por lo tanto, se encuentran aquí sin necesidad de confundir una con otra: la geología explica el origen del laberinto y de sus increíbles formas; la arqueología demuestra una historia humana milenaria en el lugar; y la tradición oral conserva el miedo, las creencias y los relatos con los que generaciones de habitantes interpretaron aquella enorme boca negra abierta en el cerro. En 1990, Mendoza protegió oficialmente este patrimonio mediante la Ley Provincial Nº 5.544, sancionada el 26 de julio de ese año.Actualmente la reserva se encuentra a unos 1.840 metros sobre el nivel del mar y su visita se realiza de manera controlada y con guía habilitado, precisamente porque este ambiente subterráneo es extremadamente frágil. Allí, en absoluta oscuridad, cada gota continúa trabajando sobre la roca mientras las viejas historias siguen acompañando al visitante. Porque en la Caverna de las Brujas hay una explicación científica para la piedra, el agua y las formas minerales; lo que permanece suspendido entre la historia y la imaginación son aquellas sombras que, durante generaciones, hicieron creer que algo —o alguien— habitaba en las profundidades de Malargüe. FUENTES DE ORIGEN: Gobierno de Mendoza, Ministerio de Energía y Ambiente, “Caverna de Brujas” y Prensa Gobierno de Mendoza. Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR), Silvia Barredo, “La Caverna de las Brujas. Un laberinto subterráneo”, Sitios de Interés Geológico de la República Argentina, Anales 46, 2008, y Mapa Geológico de la Provincia de Mendoza. CONICET: Gasco, Rosi y Durán, análisis arqueofaunístico de Caverna de las Brujas. Municipalidad de Malargüe, Dirección de Turismo. Secretaría de Ambiente y Ordenamiento Territorial de Mendoza, legislación de Áreas Naturales Protegidas. #CavernaDeLasBrujas #Malargüe #Mendoza #BardasBlancas #HistoriaDeMendoza #LeyendasDeMendoza #MendozAntigua #PatrimonioNatural #Geología #Espeleología #LeyendasArgentinas #SurMendocino #Brujas #Caves #CaveLegends #Malargue #MendozaArgentina #ArgentineHistory #NaturalHeritage #Geology #Speleology #UndergroundWorld
CASTILLOS DE PINCHEIRA: LA FORTALEZA DE PIEDRA DE MALARGÜE DONDE LA GUERRA, LOS FORAJIDOS Y UN TESORO PERDIDO SE HICIERON LEYENDA - MENDOZA
A unos 27 kilómetros de la ciudad de Malargüe se levanta uno de los paisajes más enigmáticos del sur mendocino: enormes paredones, torres, grietas y cornisas naturales que parecen las ruinas de una fortaleza construida por el hombre, aunque en realidad son el resultado de millones de años de historia geológica. El SEGEMAR describe allí paredones de hasta unos 50 metros de altura, formados en rocas volcánicas y sedimentarias del Mioceno: el río Malargüe fue socavando y descalzando materiales muy fracturados y, posteriormente, los intensos vientos terminaron modelándolos hasta darles esa extraordinaria apariencia de murallas y torreones. La geología argentina reconoce incluso una “Formación Pincheira”, definida originalmente por Criado Roque en 1950 a partir de estos afloramientos del río Malargüe y compuesta por una potente sucesión de tobas, aglomerados volcánicos, conglomerados y areniscas. Así nació la primera mitad del nombre: “Castillos”, porque desde la distancia aquellas moles recuerdan una fortificación medieval. Pero la palabra “Pincheira” conduce directamente a una de las historias más turbulentas de la frontera argentino-chilena del siglo XIX. Fuentes históricas y trabajos posteriores mencionan los “Castillos de Pincheyra, en Malalhue” como uno de los lugares asociados a José Antonio Pincheira y a las fuerzas que actuaban bajo el liderazgo de su familia; incluso una publicación científica de 1962 describía el lugar como las montañas cavernosas donde se ocultaba el caudillo que terminó dando su apellido al paraje. Los Pincheira eran una familia chilena cuyos hermanos varones encabezaron, después de las guerras de independencia, una poderosa organización armada que durante años se desplazó a ambos lados de los Andes. Durante mucho tiempo fueron retratados simplemente como bandidos, cuatreros y salteadores; sin embargo, investigaciones históricas más recientes, especialmente las de Carla Manara, muestran un fenómeno bastante más complejo: una guerrilla realista y multiétnica que continuó defendiendo la causa monárquica después del derrumbe del poder español en Chile, tejiendo alianzas con grupos pehuenches y utilizando una extensa red de pasos cordilleranos, refugios, campos de pastoreo y rutas comerciales que alcanzaba el sur de Mendoza, Neuquén, las pampas y Chile. Eso no elimina los saqueos, apropiaciones de ganado, cautiverios y ataques documentados, pero obliga a entender que detrás del mito del “bandido Pincheira” existió también una verdadera guerra de frontera vinculada al convulsionado nacimiento de las nuevas repúblicas sudamericanas. El vínculo de José Antonio Pincheira con Mendoza llegó a un extremo difícil de imaginar: el 15 de julio de 1829 el gobierno mendocino celebró con él un tratado por el cual fue reconocido como coronel y jefe de las fuerzas del sur; Pincheira se comprometía a defender la provincia y obedecer las órdenes del gobierno, mientras Mendoza prometía suministrar a sus hombres los recursos que permitieran las circunstancias del erario. El texto del acuerdo sobrevivió y constituye una prueba formidable de hasta qué punto aquel caudillo, perseguido en Chile, había adquirido poder político y militar en la frontera mendocina. Un año después, en 1830, el sur provincial volvió a estremecerse con el episodio conocido como la Tragedia del Chacay, en el que murieron el exgobernador Juan Corvalán, Juan Agustín Maza y otros integrantes de su comitiva. La tradición vinculó durante mucho tiempo aquella matanza directamente con los pincheirinos, aunque las investigaciones contemporáneas advierten que el episodio debe entenderse dentro de una trama mucho más compleja de guerras civiles, disputas políticas, alianzas cambiantes y conflictos entre parcialidades indígenas y autoridades criollas; por eso no resulta riguroso reducirlo simplemente a una orden personal de José Antonio Pincheira. El desenlace llegó en 1832. El general chileno Manuel Bulnes atravesó la cordillera y atacó el principal núcleo pincheirino en las lagunas de Epulafquén, en el actual norte neuquino, el 14 de enero. La organización quedó prácticamente destruida; José Antonio logró escapar, continuó desplazándose hacia el área del Atuel y finalmente aceptó entregarse después de obtener garantías de indulto. Las fuentes sitúan su llegada a Chillán en marzo de aquel año. Pero allí termina la historia documental y comienza el territorio fascinante de la leyenda. Durante generaciones se repitió en Malargüe que entre las cuevas y grietas de los Castillos los hombres de Pincheira podían desaparecer ante sus perseguidores, vigilar desde las alturas cualquier movimiento en el valle y utilizar aquella verdadera fortaleza natural como escondite. Otra tradición los convirtió casi en “Robin Hood” cordilleranos que robaban a los poderosos para repartir parte del botín entre los pobres; esa imagen romántica forma parte del relato popular y turístico, pero no está demostrada por los estudios históricos que reconstruyen el funcionamiento de la guerrilla. Y sobre todas ellas sobrevive una leyenda irresistible: EL TESORO DE LOS PINCHEIRA. Se habla de dinero, alhajas, oro y riquezas acumuladas durante años de incursiones y comercio de ganado, ocultadas antes de la derrota definitiva. Algunas versiones sitúan el escondite entre las grietas de los propios Castillos de Malargüe; otras trasladan el tesoro hacia las lagunas de Epulafquén y otros rincones de la Patagonia. El tesoro nunca pasó del terreno de la tradición y justamente por eso continúa alimentando historias de túneles secretos, cuevas clausuradas y fortunas que todavía esperarían bajo las montañas. Hay, además, una coincidencia toponímica extraordinaria: documentación oficial de Malargüe explica que el nombre del departamento deriva de Malal-Hue, expresión interpretada como “corral de piedra” o “lugar de corrales naturales”, en referencia a las bardas que podían funcionar como cerramientos; un nombre que parece hecho a medida para esta tierra de paredones, refugios y fortalezas naturales. Muchísimo antes de los Pincheira, el sur mendocino ya había sido transitado y habitado durante miles de años por poblaciones originarias; en las proximidades de los Castillos se han registrado materiales arqueológicos, incluido material cerámico, evidencia de que la espectacular geografía del lugar formó parte de paisajes humanos mucho más antiguos que la leyenda decimonónica. Finalmente, el 22 de junio de 1999 Mendoza protegió formalmente este patrimonio mediante la Ley Provincial Nº 6691, que creó una Reserva de Paisaje Protegido de 650 hectáreas conocida como Castillos de Pincheira. Hoy el visitante contempla roca, río y montaña; pero detrás de esas silenciosas paredes existe algo mucho mayor: millones de años de volcanismo y erosión, antiguos habitantes del territorio, una guerra que sobrevivió a la Independencia, tratados secretos y públicos, guerrillas realistas, persecuciones a través de la cordillera y, flotando todavía sobre las grietas de piedra, la irresistible promesa de un tesoro que nadie ha podido convertir definitivamente en historia. En los Castillos de Pincheira, Malargüe conserva uno de esos lugares excepcionales donde cuesta descubrir exactamente en qué punto termina el documento… y comienza la leyenda. FUENTES PRINCIPALES: Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR); Gobierno de Mendoza y Ley Provincial Nº 6691; Municipalidad y Dirección de Turismo de Malargüe; Carla Manara, Contrarrevolución en las fronteras. El liderazgo de los hermanos Pincheira en la guerrilla del Sur americano (1818-1832); Revista de Historia del Derecho; Revista CUHSO; investigaciones publicadas en Diálogo Andino y documentación histórica sobre el Tratado de José Antonio Pincheira con el Gobierno de Mendoza. #CastillosDePincheira #Malargüe #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #HermanosPincheira #JoséAntonioPincheira #LeyendasDeMendoza #TesoroDeLosPincheira #SurMendocino #PatagoniaArgentina #CordilleraDeLosAndes #HistoriaYleyenda #PatrimonioMendocino #PincheiraCastles #Malargue #MendozaArgentina #ArgentineHistory #HiddenTreasure #HistoricalLegends #AndesMountains #Patagonia #SouthAmericaHistory #HistoricMendoza
🌑💚 LA LAGUNA DONDE EL AMOR DESAFIÓ A LA MUERTE: ELCHA, BRUJAS, SIRENAS Y UN PACTO CON EL DIABLO EN EL CORAZÓN DE MALARGÜE
En las montañas del sur mendocino, sobre el corredor de la Ruta Provincial 222 y muy cerca de Los Molles, camino a Las Leñas, existe un pequeño espejo de agua que parece imposible entre tanta roca oscura: la Laguna de la Niña Encantada. Tiene aproximadamente 80 metros de diámetro y sus aguas extraordinariamente transparentes adquieren tonalidades verdes, azules y esmeralda según la luz, contrastando con las rocas volcánicas que la rodean. Pero su verdadero misterio comienza debajo de la superficie. La explicación difundida oficialmente por Turismo Malargüe señala que la laguna se encuentra en el escorial volcánico de El Infiernillo y está rodeada por restos de antiguas coladas de lava procedentes de cráteres cercanos. Durante aquellas erupciones, el material volcánico avanzó sobre el curso del arroyo que alimentaba la laguna, cubriéndolo; el agua continuó circulando debajo de aquella masa rocosa y actualmente llega al espejo de agua de manera subterránea. Es decir, la espectacular transparencia que hoy observamos está relacionada con un sistema hídrico oculto bajo las antiguas lavas. Este paisaje extraordinario terminó convirtiéndose en una verdadera fábrica de relatos. La Dirección General de Escuelas de Mendoza conserva en su material Geografía de Mendoza una de las versiones tradicionales más difundidas y la identifica expresamente como una leyenda puelche. Su protagonista es Elcha, una joven de extraordinaria belleza enamorada de un muchacho que no pertenecía a la nobleza. Su pueblo estaba enfrentado con otra comunidad y una hechicera habría convencido al padre de la joven de que un matrimonio acordado entre los hijos de los caciques podría terminar con el conflicto. Elcha, al enterarse de que su destino había sido decidido, buscó a su verdadero amor y ambos escaparon. La persecución comenzó inmediatamente. Era de noche, una tormenta cubría las montañas y, desorientados, los jóvenes terminaron frente a un brusco precipicio cuya caída desembocaba en la laguna. Los relámpagos iluminaron a sus perseguidores acercándose. Sin salida, Elcha y su amado eligieron lanzarse juntos a las aguas. La hechicera llegó poco después al borde del abismo y, según el relato, un rayo cayó sobre ella y la transformó en piedra. Cuando los demás se asomaron al agua encontraron, reflejada como en un espejo, la imagen de Elcha. Desde entonces, asegura la tradición, la muchacha permanece ligada eternamente a aquellas aguas y aquella imagen habría dado origen al nombre de Laguna de la Niña Encantada. Hay, sin embargo, un detalle fascinante que conviene tratar con cautela. La versión escolar tradicional afirma que “Elcha” significaría “espejo” en una lengua originaria, explicación repetida durante décadas en relatos mendocinos; otras recopilaciones, en cambio, sostienen que Elcha tendría un sentido más próximo a “joven” o “niña”. Por eso, desde el punto de vista histórico, lo más prudente es considerar la traducción “espejo” como parte de la tradición legendaria y no como una etimología lingüística definitivamente demostrada. Y aquí aparece otro dato extraordinario: una recopilación que cita al historiador y estudioso de la toponimia mendocina Juan Isidro Maza atribuye al antiguo poblador Francisco Parra el recuerdo de que los pehuenches habrían denominado al lugar “Huecub-Lauquén”, interpretado como “laguna donde se canta”. Si esa tradición oral es correcta, el sitio habría tenido una denominación indígena anterior a la popularización del nombre Niña Encantada, vinculada precisamente con sonidos, cantos y fenómenos misteriosos que luego reaparecerían en otras historias. Porque Elcha no es la única aparición que la memoria popular colocó junto a estas aguas. El mismo material educativo de Mendoza conserva una segunda versión: dos caciques enemigos impedían el amor entre sus hijos y, separada de su enamorado, la joven acudía a la laguna para llorar hasta que finalmente quedó convertida en piedra. Existe además una variante todavía más extraña: antiguos narradores hablaban de mujeres rubias encantadas que habitaban el lugar, seres mitad mujer y mitad pez cuyos cantos podían escucharse desde la orilla. Ante el menor ruido humano se sumergían y desaparecían. Una de aquellas sirenas, especialmente hermosa pero orgullosa, habría recibido un castigo divino y quedado petrificada junto al agua. Esta historia resulta particularmente interesante porque enlaza el supuesto antiguo nombre de “laguna donde se canta” con la tradición posterior de misteriosos cantos femeninos. Pero aún existe otra leyenda, completamente distinta y de origen criollo, que convierte este rincón malargüino en escenario de un enfrentamiento con el mismísimo diablo. Antiguamente, cuenta la tradición, también habría sido llamada “Laguna de las Siete Apuestas”. Un chileno pícaro y jugador habría pactado vender su alma al demonio a cambio de siete pequeñas bolsas llenas de pepitas de oro. El trato debía realizarse de noche junto a la laguna y consistía en disputar siete apuestas. El diablo permitió que el hombre ganara las seis primeras, reservando la última para quedarse con su alma, su cuerpo y el oro. Pero cuando llegó la séptima apuesta, el jugador consiguió distraer al demonio mientras este contemplaba el agua; entonces sacó una daga cuya empuñadura formaba una cruz, invocó el nombre de Jesús y se la mostró. Según la leyenda, el diablo desapareció instantáneamente y el hombre se quedó con su vida y con el oro. La Dirección General de Escuelas de Mendoza conserva esta singular narración junto con las demás tradiciones vinculadas a la laguna. Hay incluso una versión literaria mucho más elaborada que actualmente utiliza la Universidad Nacional de Cuyo en materiales educativos: allí la protagonista aparece con el nombre completo Elchá Chiamal Cané, traducido en ese relato como “Doncella de la Túnica Verde”, y surgen personajes llamados Calilué, Cantipán y la hechicera Ghulcán. Es una muestra extraordinaria de cómo una leyenda oral puede transformarse con cada generación, adquirir nombres, personajes y episodios nuevos y terminar formando varias historias alrededor de un mismo paisaje. Así, detrás de esos apenas 80 metros de agua transparente existe mucho más que un atractivo turístico. La Laguna de la Niña Encantada es el resultado visible de una antigua historia geológica en la que lava, roca y agua subterránea transformaron el paisaje; pero también es un archivo de la imaginación popular del sur mendocino. Allí conviven la joven que prefirió arrojarse al vacío antes que renunciar a su amor, una hechicera petrificada por un rayo, enamorados separados para siempre, sirenas cuyos cantos desaparecen bajo el agua y un jugador que consiguió engañar al diablo en la séptima apuesta. Naturaleza y tradición terminaron fundiéndose hasta hacerse inseparables: las formas oscuras de las rocas, los reflejos del agua y los silencios de la montaña ofrecieron durante generaciones el escenario perfecto para interpretar figuras, escuchar voces y transmitir historias. Quizás por eso la laguna continúa siendo realmente “encantada”: no porque podamos demostrar que Elcha emerge durante las noches de luna o que una bruja permanece convertida en piedra, sino porque durante décadas —y probablemente mucho más— los habitantes del sur mendocino encontraron en este pequeño espejo de agua una forma de conservar sus miedos, amores, creencias y recuerdos. La ciencia explica cómo la lava ocultó el curso de agua; las leyendas intentaron explicar todo lo demás. Fuente de origen y consulta: Turismo Malargüe, Municipalidad de Malargüe; Dirección General de Escuelas del Gobierno de Mendoza, Geografía de Mendoza: Huellas de nuestra identidad; Universidad Nacional de Cuyo, materiales educativos; Universidad Nacional de Cuyo, La complejidad de los ecosistemas del sur de la provincia de Mendoza; referencias de tradición toponímica atribuidas a Juan Isidro Maza. #MendozAntigua #Malargüe #LagunaDeLaNiñaEncantada #NiñaEncantada #Elcha #LosMolles #LasLeñas #Mendoza #LeyendasMendocinas #HistoriaDeMendoza #LeyendasArgentinas #PueblosOriginarios #CordilleraDeLosAndes #MisteriosDeMendoza #PatrimonioCultural #MendozaHistory #ArgentineLegends #EnchantedLagoon #Malargue #AndesMountains #ArgentinaHistory #Folklore #Legends #HiddenMendoza
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