El 9 de agosto de 1888, Santiago de Chile vivió una extraordinaria coincidencia histórica. Mientras durante el gobierno de José Manuel Balmaceda se concretaba una reforma constitucional que eliminaba los requisitos de renta y capital para votar y ampliaba el sufragio masculino a los chilenos mayores de 21 años que supieran leer y escribir y estuvieran inscritos, las autoridades debían tomar una decisión mucho más urgente a orillas del Mapocho: cerrar completamente el legendario Puente de Cal y Canto. El diario El Ferrocarril informaba que quedaba prohibido atravesarlo tanto a vehículos como a peatones porque uno de sus pilares se encontraba en muy mal estado. No se trataba de un puente cualquiera. El Cal y Canto, cuya construcción comenzó en tiempos coloniales y fue inaugurado hacia 1782, era una de las grandes obras de ingeniería del antiguo Santiago: alcanzaba aproximadamente 202 metros de longitud, superaba los 12 metros de altura y tenía unos 8,5 metros de ancho, suficiente para el tránsito de carruajes y peatones. Durante más de un siglo había comunicado el centro de Santiago con La Chimba y Recoleta, resistiendo incluso violentas crecidas del río. En 1883 todavía había sido adoquinado, empedradas sus rampas y renovado mediante un estucado general. Pero en 1888 su destino quedó ligado a una de las grandes transformaciones urbanas de Santiago. Bajo Balmaceda comenzó la canalización del río Mapocho, obra dirigida por el ingeniero Valentín Martínez. Según el Archivo Nacional de Chile, los trabajos realizados en las riberas fueron erosionando las bases de los pilares del viejo puente y contribuyeron a debilitarlos. A comienzos de agosto empezó a llover con creciente intensidad; el 9 de agosto llegó la clausura, el 10 la lluvia ya se había convertido en temporal y finalmente, el 12 de agosto de 1888, a las 14:30, la fuerza del Mapocho derribó parte del sector norte de la estructura. La intervención asociada a la canalización, sumada a la crecida del río, precipitó el derrumbe de aquel símbolo urbano. Y aquí aparece el extraordinario vínculo con Mendoza. Aquel puente había sido testigo del tránsito de protagonistas decisivos de la historia rioplatense y chilena. El Cal y Canto llegó desde Mendoza el Ejército Libertador encabezado por José de San Martín, después de aquella gigantesca operación militar que había llevado hombres, caballos, armas y suministros a través de los Andes. También lo atravesó en distintas ocasiones José Miguel Carrera; según el mismo organismo, la última fue en el trayecto que terminaría conduciéndolo hacia su fatal destino en Mendoza. Por allí pasaron además Bernardo O'Higgins, Manuel Rodríguez y Diego Portales: durante décadas, el puente fue mucho más que una construcción sobre el Mapocho; fue un verdadero corredor de la historia de Chile y de las comunicaciones transandinas. Pero existe un detalle todavía más insólito y perfecto para la memoria popular. El historiador chileno Justo Abel Rosales, autor en 1888 de Historia i tradiciones del Puente de Cal y Canto, recogió una antigua tradición relacionada con el intenso comercio que atravesaba la cordillera. Yerba mate, frutas secas y manufacturas llegaban desde el área rioplatense, pasando por la provincia de Cuyo, hacia Santiago. Y, según aquel relato tradicional, escondidas entre las mercancías habrían llegado también desde Buenos Aires y Cuyo chinches y “baratas”, nombre usado entonces para las cucarachas, mientras que en sentido contrario habrían viajado pulgas que después se propagaron por Argentina. Debe entenderse, sin embargo, como lo que Rosales registró: una tradición histórica y popular del siglo XIX, no una demostración científica sobre el origen o propagación de esos insectos. Así, aquel 9 de agosto de 1888 reunió dos mundos en una misma jornada: mientras Chile reformaba las reglas de participación política, Santiago cerraba una construcción colonial cargada de memoria. Tres días más tarde, el Mapocho terminaría quebrando el puente que había sobrevivido durante más de un siglo y que, entre millones de pasos anónimos, había soportado también las pisadas y cabalgaduras de hombres llegados desde Mendoza para cambiar la historia de América. Del formidable Cal y Canto quedaron ruinas, fotografías y relatos; entre ellos, uno capaz de unir en la misma historia a San Martín, Carrera, Balmaceda, una inundación, la yerba mate, Cuyo… y hasta una improbable invasión transandina de cucarachas. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #HistoriaDeChile #PuenteDeCalYCanto #JoseDeSanMartin #SanMartin #EjercitoDeLosAndes #EjercitoLibertador #CruceDeLosAndes #JoseMiguelCarrera #SantiagoDeChile #RioMapocho #Balmaceda #Efemerides #9DeAgosto #HistoriaLatinoamericana #PatrimonioHistorico #Cuyo #Argentina #Chile #MendozaHistory #ArgentineHistory #ChileanHistory #SanMartin #ArmyOfTheAndes #LatinAmericanHistory #HistoricBridge #SantiagoChile #HistoricalPhotography
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
etiquetas
- Efemérides (9237)
- Otras Provincias (4664)
- Curiosidades Históricas (2908)
- Década de 1920 (2721)
- otros paises (2479)
- Década de 1930 (2391)
- Década de 1910 (1963)
- Sociales (1885)
- Década de 1970 (1810)
- Década de 1900 (1622)
- Década de 1940 (1509)
- Publicidades (1393)
- Deportes en el Recuerdo (1344)
- Década de 1950 (1227)
- Videos (1142)
- Década de 1960 (906)
- Década de 1980 (854)
- Letra chica (709)
- antes de 1900 (659)
- Moda (635)
- Vendimia (603)
- graduados (398)
- solo mujer (286)
- frases (251)
- Conociendo Mendoza (247)
- policiales (238)
- hechos hist. de Mza (221)
- Pioneros de la Vitivinicultura en Mendoza (216)
- Década de 1990 (209)
- Mendoza desde Arriba (111)
- Toponimias (87)
- década del 2000 (77)
- portadas (46)
- coloreadas (37)
- el mundo desde arriba (31)
- bienes patrimoniales (25)
- Constitución de Mendoza (12)
- boletin oficial (12)
- gastronomia (11)
- Joyas sobre Ruedas (5)
- edificios religiosos (3)
domingo, 9 de agosto de 2026
9 DE AGOSTO DE 1888: CERRARON EL PUENTE POR DONDE HABÍA ENTRADO SAN MARTÍN DESDE MENDOZA — TRES DÍAS DESPUÉS EL MAPOCHO LO QUEBRÓ Y UNA VIEJA LEYENDA CULPABA A CUYO HASTA DE LAS CUCARACHAS
El 9 de agosto de 1888, Santiago de Chile vivió una extraordinaria coincidencia histórica. Mientras durante el gobierno de José Manuel Balmaceda se concretaba una reforma constitucional que eliminaba los requisitos de renta y capital para votar y ampliaba el sufragio masculino a los chilenos mayores de 21 años que supieran leer y escribir y estuvieran inscritos, las autoridades debían tomar una decisión mucho más urgente a orillas del Mapocho: cerrar completamente el legendario Puente de Cal y Canto. El diario El Ferrocarril informaba que quedaba prohibido atravesarlo tanto a vehículos como a peatones porque uno de sus pilares se encontraba en muy mal estado. No se trataba de un puente cualquiera. El Cal y Canto, cuya construcción comenzó en tiempos coloniales y fue inaugurado hacia 1782, era una de las grandes obras de ingeniería del antiguo Santiago: alcanzaba aproximadamente 202 metros de longitud, superaba los 12 metros de altura y tenía unos 8,5 metros de ancho, suficiente para el tránsito de carruajes y peatones. Durante más de un siglo había comunicado el centro de Santiago con La Chimba y Recoleta, resistiendo incluso violentas crecidas del río. En 1883 todavía había sido adoquinado, empedradas sus rampas y renovado mediante un estucado general. Pero en 1888 su destino quedó ligado a una de las grandes transformaciones urbanas de Santiago. Bajo Balmaceda comenzó la canalización del río Mapocho, obra dirigida por el ingeniero Valentín Martínez. Según el Archivo Nacional de Chile, los trabajos realizados en las riberas fueron erosionando las bases de los pilares del viejo puente y contribuyeron a debilitarlos. A comienzos de agosto empezó a llover con creciente intensidad; el 9 de agosto llegó la clausura, el 10 la lluvia ya se había convertido en temporal y finalmente, el 12 de agosto de 1888, a las 14:30, la fuerza del Mapocho derribó parte del sector norte de la estructura. La intervención asociada a la canalización, sumada a la crecida del río, precipitó el derrumbe de aquel símbolo urbano. Y aquí aparece el extraordinario vínculo con Mendoza. Aquel puente había sido testigo del tránsito de protagonistas decisivos de la historia rioplatense y chilena. El Cal y Canto llegó desde Mendoza el Ejército Libertador encabezado por José de San Martín, después de aquella gigantesca operación militar que había llevado hombres, caballos, armas y suministros a través de los Andes. También lo atravesó en distintas ocasiones José Miguel Carrera; según el mismo organismo, la última fue en el trayecto que terminaría conduciéndolo hacia su fatal destino en Mendoza. Por allí pasaron además Bernardo O'Higgins, Manuel Rodríguez y Diego Portales: durante décadas, el puente fue mucho más que una construcción sobre el Mapocho; fue un verdadero corredor de la historia de Chile y de las comunicaciones transandinas. Pero existe un detalle todavía más insólito y perfecto para la memoria popular. El historiador chileno Justo Abel Rosales, autor en 1888 de Historia i tradiciones del Puente de Cal y Canto, recogió una antigua tradición relacionada con el intenso comercio que atravesaba la cordillera. Yerba mate, frutas secas y manufacturas llegaban desde el área rioplatense, pasando por la provincia de Cuyo, hacia Santiago. Y, según aquel relato tradicional, escondidas entre las mercancías habrían llegado también desde Buenos Aires y Cuyo chinches y “baratas”, nombre usado entonces para las cucarachas, mientras que en sentido contrario habrían viajado pulgas que después se propagaron por Argentina. Debe entenderse, sin embargo, como lo que Rosales registró: una tradición histórica y popular del siglo XIX, no una demostración científica sobre el origen o propagación de esos insectos. Así, aquel 9 de agosto de 1888 reunió dos mundos en una misma jornada: mientras Chile reformaba las reglas de participación política, Santiago cerraba una construcción colonial cargada de memoria. Tres días más tarde, el Mapocho terminaría quebrando el puente que había sobrevivido durante más de un siglo y que, entre millones de pasos anónimos, había soportado también las pisadas y cabalgaduras de hombres llegados desde Mendoza para cambiar la historia de América. Del formidable Cal y Canto quedaron ruinas, fotografías y relatos; entre ellos, uno capaz de unir en la misma historia a San Martín, Carrera, Balmaceda, una inundación, la yerba mate, Cuyo… y hasta una improbable invasión transandina de cucarachas. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #HistoriaDeChile #PuenteDeCalYCanto #JoseDeSanMartin #SanMartin #EjercitoDeLosAndes #EjercitoLibertador #CruceDeLosAndes #JoseMiguelCarrera #SantiagoDeChile #RioMapocho #Balmaceda #Efemerides #9DeAgosto #HistoriaLatinoamericana #PatrimonioHistorico #Cuyo #Argentina #Chile #MendozaHistory #ArgentineHistory #ChileanHistory #SanMartin #ArmyOfTheAndes #LatinAmericanHistory #HistoricBridge #SantiagoChile #HistoricalPhotography
1822: SAN MARTÍN Y BOLÍVAR, AL BORDE DE LA RUPTURA — LA CRISIS ARMADA QUE CASI ENFRENTÓ A LOS EJÉRCITOS LIBERTADORES ANTES DE GUAYAQUIL
Guayaquil había roto con la monarquía española el 9 de octubre de 1820 y, bajo la conducción de José Joaquín de Olmedo, había organizado la Provincia Libre de Guayaquil, con gobierno propio y un Reglamento Provisorio. Por eso, cuando comenzó 1822, no llevaba “dos años” independiente, como suele repetirse, sino alrededor de quince meses. Su futuro político seguía abierto y allí estaba el problema: ¿continuaría como Estado independiente, se uniría al Perú o pasaría a formar parte de la República de Colombia? Mientras aquella cuestión incendiaba la diplomacia, los realistas todavía amenazaban la región. Antonio José de Sucre, enviado por Bolívar, había llegado a Guayaquil en 1821 para continuar la campaña sobre Quito, pero sufrió un duro revés en Huachi. Desde el Perú llegaron auxilios; documentación estudiada por la Academia Nacional de Historia del Ecuador registra incluso el arribo desde el Callao de 1.500 fusiles, y San Martín terminó enviando una importante División Auxiliar, comandada por Andrés de Santa Cruz, en la que combatían fuerzas peruanas junto con veteranos rioplatenses y chilenos, entre ellos los célebres Granaderos a Caballo de Juan Lavalle. Así ocurrió una paradoja extraordinaria: mientras los ejércitos de San Martín y Bolívar necesitaban combatir juntos contra España, sus respectivos proyectos políticos chocaban peligrosamente por Guayaquil. El documento que mejor demuestra hasta dónde llegó la presión de Bolívar está fechado en Cali el 2 de enero de 1822. En una carta a Olmedo, el Libertador expresó que “exijo el inmediato reconocimiento de la República de Colombia” y anunció que no entraría en Guayaquil hasta ver allí la bandera colombiana. No es una interpretación posterior: la carta se conserva en el Archivo del Libertador. Olmedo, por su parte, sostenía que correspondía a la representación de Guayaquil decidir el destino de la provincia y llegó a advertir a San Martín sobre la posibilidad de un “golpe de fuerza”. La tensión política ya era enorme, pero en marzo y abril estuvo a punto de trasladarse al terreno militar. Una orden fechada el 2 de marzo de 1822 dispuso el regreso de la División de Santa Cruz. Cuando la instrucción alcanzó al ejército que cooperaba con Sucre, se produjo una crisis gravísima. Aquí conviene separar los documentos de las versiones posteriores: no existe respaldo suficientemente sólido para afirmar como hecho indiscutible que Sucre “rodeó” físicamente a las tropas peruanas para obligarlas a desobedecer; lo que sí está extraordinariamente documentado es su fuerte resistencia al retiro. El índice oficial de los Documentos para la Historia del Libertador General San Martín, conservado por el Instituto Nacional Sanmartiniano, registra que el 2 de abril Santa Cruz informó la “dura oposición de Sucre” y lamentó la orden recibida; al día siguiente escribió sobre la “difícil situación” y su entrevista con el general venezolano. El 11 de abril, en cambio, ya manifestaba su satisfacción porque había recibido una contraorden que permitía continuar la cooperación. Durante aquellos días no existió una declaración de guerra entre Perú y Colombia, pero sí una verdadera crisis de mando, obediencia, soberanía y presencia militar entre dos fuerzas armadas que, paradójicamente, debían permanecer unidas para vencer al enemigo común. Santa Cruz terminó privilegiando la campaña continental y sus hombres siguieron junto a Sucre. Apenas unas semanas después, el 21 de abril de 1822, Juan Lavalle y los Granaderos protagonizaron el extraordinario Combate de Riobamba, una de las acciones de caballería más celebradas de las guerras de independencia; y el 24 de mayo, el ejército aliado de Sucre obtuvo en Pichincha la victoria que aseguró la liberación de Quito. Pero vencer juntos a los españoles no resolvió la disputa por Guayaquil. Bolívar entró en la ciudad el 11 de julio de 1822 y dos días después asumió el mando político y militar, mientras una considerable fuerza colombiana estaba presente en la provincia. Olmedo, profundamente enfrentado con aquella decisión, terminó alejándose. Cuando San Martín desembarcó el 26 de julio para encontrarse finalmente con Bolívar, el problema que esperaba discutir estaba prácticamente decidido sobre el terreno. Las conversaciones privadas de los días 26 y 27 de julio fueron, por lo tanto, la culminación de una tensión que venía creciendo desde mucho antes. Y existe otra corrección importante respecto del relato tradicional: no es exacto afirmar que las tropas enviadas por el Perú nunca fueron devueltas. Documentación reproducida sobre la campaña registra que Sucre ya había dispuesto el retorno de la División de Santa Cruz y, el 1 de julio de 1822, ordenaba incluso que se proporcionaran fondos para su marcha. El contingente regresó por tierra hacia el Perú, pasando por Cuenca y Loja; la ruta elegida evitó Guayaquil, un detalle que demuestra cuánto persistía la desconfianza política después de haber combatido juntos. Por eso, la historia previa a Guayaquil resulta quizá todavía más fascinante que el famoso encuentro entre los dos Libertadores. San Martín y Bolívar nunca llegaron a declararse la guerra, pero durante unas jornadas de 1822 sus ejércitos quedaron atrapados en una crisis suficientemente seria como para poner en riesgo la cooperación militar. Dos corrientes libertadoras que habían recorrido medio continente se encontraban frente a un dilema formidable: disputar territorio y autoridad entre ellas o postergar sus diferencias para destruir primero al último gran poder realista de Sudamérica. Finalmente prevaleció la segunda opción. Riobamba y Pichincha demostraron lo que podían conseguir unidos; Guayaquil revelaría, pocas semanas después, hasta qué punto sus proyectos políticos eran diferentes. La independencia americana también se construyó así: entre victorias, ideales, intereses territoriales, cartas ásperas, órdenes contradictorias y decisiones tomadas cuando una chispa podía haber cambiado toda la historia del continente. #SanMartin #SimonBolivar #Guayaquil #Guayaquil1822 #JoseJoaquinDeOlmedo #AntonioJoseDeSucre #AndresDeSantaCruz #JuanLavalle #GranaderosACaballo #Riobamba #Pichincha #IndependenciaSudamericana #HistoriaArgentina #HistoriaDelPeru #HistoriaDelEcuador #HistoriaDeAmerica #GuerrasDeIndependencia #SouthAmericanHistory #LatinAmericanHistory #IndependenceWars #MilitaryHistory #History
9 DE AGOSTO DE 2003: EL DIARIO QUE MENDOZA NO TENÍA QUE COMPRAR — “JORNADA” SALIÓ A LA CALLE CON 30.000 EJEMPLARES Y HASTA 80 NOTICIAS POR DÍA
El 9 de agosto de 2003, en una Mendoza que comenzaba a convivir cada vez más con Internet pero donde el papel todavía marcaba buena parte de la agenda cotidiana, nació una experiencia periodística diferente: Jornada, un diario que podía leerse sin pasar por la caja. El impulsor fue el periodista Roberto Suárez, quien ya había participado de El Diario de Bolsillo, anterior experiencia de prensa gratuita que había aparecido en Mendoza en diciembre de 2000 y sobrevivido hasta fines de 2002, llegando en algunos momentos a unos 40.000 ejemplares. Suárez retomó aquella idea, pero intentó corregir uno de los grandes problemas del modelo: los costos. Con el respaldo financiero y administrativo de Aldo Ostropolsky, Jornada tercerizó tanto la impresión —realizada por Artes Gráficas Unión— como la distribución. La estrategia era poner el periódico allí donde estuvieran los mendocinos: se establecieron 360 puntos fijos, entre quioscos, farmacias, supermercados, sanatorios, bares y confiterías, además de lugares de enorme circulación institucional como la Casa de Gobierno, la Legislatura y el Poder Judicial. A eso se sumaban promotoras que entregaban ejemplares diariamente en el centro mendocino y una distribución personalizada a figuras conocidas de la provincia. De lunes a viernes, la empresa declaraba una circulación de 30.000 ejemplares. Pero Jornada no pretendía diferenciarse solamente por ser gratuito. Su propuesta editorial buscaba condensar una enorme cantidad de información en textos breves y directos: entre 60 y 80 noticias por edición, con objetividad, concisión y un cierre lo suficientemente tardío como para competir con la velocidad que ya imponían la radio, la televisión y la entonces creciente información por Internet. Entre sus columnistas figuraron nombres de peso como Víctor Hugo Morales, Rodolfo Braceli y Raúl Silanes. Había algo particularmente simbólico en aquella fórmula: mientras comenzaba a discutirse si Internet terminaría desplazando al diario tradicional, Jornada apostaba todavía al papel masivo, pero incorporando algunas de las características del nuevo mundo informativo: muchas noticias, lectura rápida, circulación inmediata y actualización permanente. Y el salto digital no tardó demasiado: desde 2004 contó también con versión online. Años después, aquel emprendimiento había crecido hacia una estructura multimedia; en 2012 ya se describía al Grupo Jornada como propietario del diario, varios portales y radios. La figura de Roberto Suárez, además, excede ampliamente aquella experiencia. Fuentes del Gobierno de Mendoza y de Los Andes registran una trayectoria de más de medio siglo en radio, televisión y prensa gráfica, además de su paso por la comunicación institucional provincial durante el regreso democrático de 1983. Así, aquel 9 de agosto de 2003 no apareció simplemente otro periódico: Mendoza asistió a un experimento que intentaba cambiar una costumbre básica del lector. Jornada no esperaba que alguien entrara a comprar las noticias; salió a buscarlos a la calle, a los cafés, a las farmacias, a las oficinas y a los edificios públicos. Treinta mil ejemplares gratuitos circulando cada día representaban una apuesta audaz para una prensa que ya comenzaba a sentir que el futuro sería digital. Durante algunos años, sin embargo, Jornada demostró que el viejo papel todavía tenía nuevas historias que contar. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #DiarioJornada #Jornada #Periodismo #PeriodismoMendocino #PrensaArgentina #HistoriaDelPeriodismo #Efemérides #MendozaAntigua #ArchivoHistórico #MemoriaMendocina #HistoriaArgentina #NewspaperHistory #JournalismHistory #MendozaHistory #ArgentineHistory #FreePress #MediaHistory
DESCHAVAR: LA PALABRA QUE LE QUITÓ LA LLAVE A LOS SECRETOS — DE GÉNOVA AL LUNFARDO QUE TODAVÍA HABLAMOS (IMAGEN ILUSTRATIVA)
Hay palabras que parecen haber nacido en una esquina porteña, pero detrás esconden viajes de miles de kilómetros, barcos, inmigrantes y lenguas que terminaron mezclándose en el Río de la Plata. Una de ellas es “deschavar”, ese verbo tan argentino que usamos cuando alguien revela algo que estaba oculto, descubre un secreto, deja a otro en evidencia o termina delatándose solo. El Diccionario de americanismos de ASALE registra precisamente esas acepciones para Argentina y Uruguay: descubrir lo que permanecía callado, confesar, revelar o poner a alguien —o a uno mismo— en evidencia. Pero su historia es todavía más fascinante. La explicación tradicional conserva una imagen extraordinariamente gráfica: quitar la llave de un lugar cerrado para poder sacar aquello que estaba guardado y finalmente “darlo a la luz”. De allí nace la metáfora perfecta: abrir una cerradura terminó convirtiéndose, en el habla popular, en abrir un secreto. La investigación lingüística aporta una precisión interesante: el especialista en lunfardo Oscar Conde registra deschavar, con el sentido de “confesar”, como procedente del genovés descciavâ, “abrir”. Por eso, aunque también circula la explicación de deschiava como “sin llave”, la forma documentada por estudios filológicos remite fundamentalmente a la acción de abrir o destrabar. Todo Tango conserva incluso el significado más antiguo y material: abrir una puerta, un objeto cerrado o una cerradura; de allí pasó a conseguir que alguien diga lo que sabe, confesar, revelar lo guardado o “hacer hablar”. ¿Cómo pudo una voz genovesa terminar convertida en una palabra cotidiana argentina? Hay que mirar hacia la Buenos Aires de fines del siglo XIX. La Boca recibió una enorme comunidad italiana, especialmente genovesa, cuyos habitantes hablaban el dialecto xeneize y dejaron una huella profunda en la identidad del barrio; de aquel origen proviene también el célebre apelativo “xeneize”. En conventillos, puertos, talleres, mercados y calles convivieron castellano, dialectos italianos y otras lenguas de la inmigración. El Ministerio de Cultura argentino señala justamente que el lunfardo se alimentó de aquellas corrientes inmigratorias de fines del siglo XIX y comienzos del XX y luego se expandió muchísimo más allá de su ambiente inicial gracias al uso cotidiano, el tango y el sainete. Y “deschavar” llegó al tango: Celedonio Flores ya empleaba deschavés en Atenti pebeta, de 1929, mientras que décadas después Bien pulenta, de Carlos Waiss, utilizaba el verbo para expresar cómo, entre tragos, alguien podía terminar revelando aquello que jamás había pensado contar. La palabra sobrevivió porque la metáfora es brillante: un secreto es algo cerrado; deschavarlo es sacarle la llave, abrirlo y dejar expuesto lo que estaba adentro. Con los años, aquella vieja acción física de abrir una cerradura se volvió confesión, delación, descubrimiento y evidencia. Así, cada vez que decimos “se deschavó”, “lo deschavaron” o “no me deschavés”, estamos repitiendo, casi sin saberlo, una pequeña reliquia lingüística llegada desde la Italia septentrional y transformada por el Río de la Plata. Una palabra capaz de resumir toda una historia de inmigración, mezcla cultural y creatividad popular: abrir una puerta para terminar abriendo un secreto. #Deschavar #Lunfardo #HistoriaDelLunfardo #PalabrasArgentinas #HistoriaArgentina #BuenosAires #LaBoca #InmigraciónItaliana #Genoveses #CulturaArgentina #Tango #LenguajePopular #Etimología #MendozAntigua #ArgentineHistory #LunfardoWords #WordOrigins #Etymology #ItalianImmigration #BuenosAiresHistory #Genoese #TangoHistory #CulturalHistory
9 DE AGOSTO DE 1958: CUATRO CAÑONAZOS EN EL BEAGLE — EL DÍA QUE ARGENTINA OCUPÓ SNIPE Y CHILE PUSO SU FLOTA RUMBO AL SUR
El 9 de agosto de 1958, en uno de los episodios más tensos y hoy menos recordados de la historia entre Argentina y Chile, un diminuto islote rocoso del canal Beagle se convirtió en el centro de una crisis capaz de enfrentar militarmente a dos países vecinos. Se llamaba Snipe y tenía apenas alrededor de un kilómetro de largo por 300 metros de ancho. Sin embargo, detrás de aquella pequeña formación situada entre Tierra del Fuego y la isla Navarino había algo mucho mayor: dos interpretaciones enfrentadas sobre la soberanía de los canales e islas australes. La crisis no comenzó aquel 9 de agosto. El 12 de enero de 1958, Chile instaló en Snipe una baliza inicialmente sin iluminación y, el 1 de mayo, el patrullero Lientur la convirtió en una señal luminosa. Argentina interpretó aquel acto como una alteración de la situación existente en una zona cuya soberanía consideraba pendiente de resolución. El 7 de mayo, el aviso ARA Guaraní retiró la estructura chilena y colocó otra argentina; pocos días después, marinos chilenos desmontaron la señal argentina. El 8 de junio, Chile volvió a instalar un faro en el islote. En cuestión de meses, aquella roca había pasado de ser casi desconocida a transformarse en un tablero de ajedrez diplomático y naval. La tensión ya había producido una escena extraordinaria el 14 de mayo. Mientras el Lientur trabajaba junto al islote, tres fragatas argentinas aparecieron por el paso McKinley y se acercaron hasta unos 3.000 metros. Los cañones y ametralladoras apuntaban hacia la zona y la situación se volvió peligrosísima. El comandante chileno ordenó reunir a sus hombres mediante tres pitazos; desde las naves argentinas interpretaron la señal como un saludo y respondieron de la misma manera. Aquel curioso malentendido ayudó a que un encuentro cargado de tensión terminara sin disparos. Pero el verdadero salto de escala ocurrió tres meses después. El 7 de agosto, la Cancillería argentina presentó formalmente su posición sobre las islas y el canal Beagle. Dos días después, en la tarde del 9 de agosto, el destructor ARA San Juan, al mando del capitán de fragata Carlos Coda, llegó a Snipe. La documentación naval chilena confirma que el buque efectuó cuatro disparos de cañón sobre el promontorio, tras lo cual desembarcó personal de Infantería de Marina, destruyó la señal chilena y tomó temporalmente el control del islote. Aquí aparece un detalle histórico especialmente interesante: las fuentes no coinciden sobre cuántos argentinos desembarcaron. Una reconstrucción realizada desde Argentina habla de unos 80 infantes de marina, mientras documentación y estudios publicados por la Armada de Chile mencionan una compañía de 120 hombres. La discrepancia merece conservarse, porque muestra cómo incluso un acontecimiento relativamente reciente puede presentar diferencias según los archivos y testimonios utilizados. En Santiago la reacción fue inmediata. El gobierno del presidente Carlos Ibáñez del Campo presentó una dura protesta diplomática, retiró a su embajador en Buenos Aires y ordenó preparar a la Armada para recuperar Snipe. La escuadra chilena, que realizaba ejercicios frente a Coquimbo, recibió instrucciones de reabastecerse y dirigirse hacia el sur. En Talcahuano se embarcaron efectivos de Infantería de Marina y el 14 de agosto una fuerza recibió una orden concreta: embarcar en las fragatas Baquedano y Covadonga, llegar al islote y desalojar a las tropas argentinas. Los preparativos chilenos revelan hasta qué punto aquello había dejado de ser simplemente una discusión diplomática. La fuerza reunida disponía de morteros, ametralladoras, fusiles automáticos y lanzallamas, aunque afrontaba una seria escasez de munición: para parte del armamento inicialmente disponible se calculaba una autonomía de fuego de apenas unos quince minutos, circunstancia que obligó a cambiar fusiles y ametralladoras por modelos de otro calibre para aprovechar mayores reservas. Incluso faltaban mochilas, ropa impermeable y sacos de dormir adecuados para una operación en los canales australes. Al otro lado de la cordillera tampoco se trataba ya de un simple gesto simbólico. Según una reconstrucción argentina basada en testimonios navales, junto con el envío del San Juan se dispuso el traslado desde Punta Indio hacia Río Gallegos de dos divisiones de cazabombarderos F4U-5 Corsair de la Aviación Naval, que permanecieron en alerta por si la crisis derivaba en algo mayor. En otras palabras, mientras los diplomáticos intercambiaban notas, buques, infantes de marina y aviones comenzaban a colocarse en posición. Por fortuna, los cañones no volvieron a hablar. El 17 de agosto de 1958, apenas ocho días después de los disparos del San Juan, Buenos Aires y Santiago acordaron desactivar la crisis. La situación debía retrotraerse a la existente antes del 12 de enero: las fuerzas se retirarían y Snipe quedaría nuevamente sin las señales instaladas unilateralmente durante aquellos meses, mientras ambos gobiernos reiteraban que la controversia debía resolverse por medios pacíficos. Aun así, documentación naval chilena señala que el estado de alerta no desapareció completamente hasta mediados de septiembre. Lo extraordinario es la desproporción entre el tamaño del escenario y la magnitud de lo que estuvo en juego: un islote de aproximadamente 1.000 por 300 metros consiguió movilizar buques de guerra, infantes de marina, aviones, cancillerías, embajadores y gobiernos enteros. Veinte años más tarde, el Beagle volvería a colocar a Argentina y Chile al borde de un conflicto mucho más grave. Finalmente, el Tratado de Paz y Amistad firmado el 29 de noviembre de 1984 estableció el marco definitivo para superar el diferendo austral y consagró el compromiso de solucionar las controversias bilateralmente por medios pacíficos; Snipe quedó bajo soberanía chilena. Snipe demuestra que la historia no siempre necesita un gran territorio para producir una enorme crisis. En agosto de 1958 bastaron una roca perdida en el Beagle, un faro, cuatro cañonazos y dos banderas para que Argentina y Chile comenzaran a mover sus fuerzas. La guerra no llegó, pero durante aquellos días estuvo mucho más cerca de lo que hoy suele recordarse. #IsloteSnipe #CanalBeagle #Argentina #Chile #ArturoFrondizi #CarlosIbáñezDelCampo #ARASanJuan #ArmadaArgentina #ArmadaDeChile #HistoriaArgentina #HistoriaDeChile #HistoriaNaval #TierraDelFuego #Patagonia #Beagle #RelacionesArgentinaChile #MendozAntigua #SnipeIncident #BeagleChannel #ArgentineHistory #ChileanHistory #NavalHistory #ArgentinaChile #SouthAmericanHistory
16 DE MARZO DE 1812: SAN MARTÍN TODAVÍA NO ERA EL LIBERTADOR — PERO EMPEZÓ A FORJAR LA CABALLERÍA QUE HARÍA TEMBLAR A LOS REALISTAS
En marzo de 1812, José de San Martín todavía no había cruzado los Andes, no había combatido en San Lorenzo y nadie podía imaginar hasta dónde llegaría su nombre. Acababa de regresar al Río de la Plata después de pasar casi tres décadas fuera de su tierra natal y de construir en Europa una extensa carrera militar. Había nacido el 25 de febrero de 1778 y se había incorporado al Regimiento de Murcia en 1789: cuando volvió tenía apenas 34 años, pero acumulaba más de veinte años de experiencia en armas. La cronología sanmartiniana tradicional fija su llegada a Buenos Aires el 9 de marzo de 1812, a bordo de la fragata inglesa George Canning, junto con otros militares americanos dispuestos a ofrecer sus servicios a la revolución. Existe, sin embargo, una curiosidad historiográfica: una investigación posterior citada por el propio Instituto Nacional Sanmartiniano sostiene que la nave habría arribado realmente el 6 de marzo, mientras La Gaceta difundió la llegada fechándola el día 9. Apenas una semana después comenzó una de las obras militares más extraordinarias de su carrera. El 16 de marzo de 1812, el Primer Triunvirato reconoció sus conocimientos y servicios, lo nombró teniente coronel de Caballería y le encargó organizar un Escuadrón de Granaderos a Caballo. El 21 de marzo el gobierno aprobó el plan y el pie de fuerza presentado por San Martín. En rigor histórico, aquel primer escuadrón fue el embrión del célebre regimiento: el segundo escuadrón nació el 11 de septiembre, el tercero el 5 de diciembre y dos días más tarde San Martín fue nombrado coronel del ya constituido Regimiento de Granaderos a Caballo. El problema no era encontrar argentinos capaces de montar. Buenos Aires y su campaña tenían extraordinarios jinetes. Lo verdaderamente revolucionario era conseguir que decenas de hombres y caballos dejaran de actuar como individuos y funcionaran como una sola máquina de combate. San Martín introdujo una concepción profesional de la caballería: selección de hombres, disciplina, instrucción permanente, uniformidad de movimientos, cuidado del armamento, formación ecuestre y un reglamento extremadamente exigente que con el tiempo sería recordado como el Código de Honor de los Granaderos. Carlos de Alvear y José Matías Zapiola integraron inicialmente la plana mayor, mientras San Martín se ocupaba personalmente del reclutamiento, los oficiales, el uniforme, las armas y la instrucción. Y existe un detalle poco conocido: los Granaderos no comenzaron en Retiro. Su primer alojamiento fue el Cuartel de la Ranchería, en la esquina sudoeste de las actuales Perú y Alsina, pleno centro porteño. Era un sitio cargado de historia: allí había funcionado el antiguo teatro de la Ranchería y el edificio incluso había alojado tropas británicas durante la invasión de 1806. San Martín comprendió pronto que aquel lugar resultaba insuficiente para formar una fuerza montada y consiguió que el 4 de mayo de 1812 le cedieran el antiguo cuartel de los Dragones de la Patria, en Retiro. Hubo que repararlo: los trabajos fueron presupuestados en 200 pesos y 4 reales. Hasta quedó registrado el pequeño gasto cotidiano que suele desaparecer de las grandes epopeyas: la mudanza necesitó tres carretillas, cuyo flete costó seis reales cada una. Detrás de la futura leyenda había también presupuestos, reparaciones, caballerizas, uniformes y logística. Una vez instalados comenzó el verdadero laboratorio militar de San Martín. Marcha, trote, galope, cambios de formación, manejo del sable, cargas repetidas una y otra vez y maniobras ejecutadas simultáneamente. Los clarines no estaban allí para adornar los desfiles. San Martín incorporó un sistema de señales destinado a transmitir órdenes sin romper la formación: la unidad llegó a disponer de una plana mayor con trece trompetas, y en Retiro se entrenaba combinando señales de sable con toques que indicaban marcha, trote, galope y carga. El propio San Martín insistía en que sin clarines resultaba imposible uniformar los movimientos y actuar coordinadamente. Incluso los registros de diciembre de 1812 conservan gastos por boquillas, reparación y compra de clarines y por el maestro encargado de enseñar a utilizarlos. Eso era precisamente lo que San Martín perseguía: que el jinete no combatiera solo, sino que cincuenta o cien hombres fueran capaces de moverse, acelerar, detenerse y lanzarse sobre el enemigo como si fueran un único cuerpo. Durante meses no hubo gloria ni monumentos. Hubo polvo, caballos, sables, órdenes repetidas cientos de veces y una disciplina que transformaba excelentes jinetes en soldados profesionales. Cuando en septiembre apareció el segundo escuadrón y en diciembre el tercero, aquella idea nacida unos meses antes ya se había convertido en un regimiento. Faltaba solamente algo que ningún ejercicio podía reproducir: el enemigo real enfrente. La respuesta llegó el 3 de febrero de 1813, en San Lorenzo. Allí aproximadamente 120 granaderos dirigidos por San Martín enfrentaron a unos 250 realistas en un combate que duró alrededor de quince minutos. Fue el bautismo de fuego de aquella unidad entrenada durante casi once meses y la primera victoria de San Martín en territorio americano. San Lorenzo suele recordarse por la carga, por Cabral y por el caballo que aprisionó a San Martín; pero la verdadera historia había empezado mucho antes, en los cuarteles de Buenos Aires, cuando un militar recién llegado de Europa decidió que el valor individual no bastaba. Antes de liberar medio continente, San Martín tuvo que enseñar a sus hombres a avanzar juntos. Y antes de la leyenda, hubo entrenamiento. #JoséDeSanMartín #SanMartín #GranaderosACaballo #Granaderos #HistoriaArgentina #HistoriaMilitar #IndependenciaArgentina #SanLorenzo #EjércitoDeLosAndes #Libertador #Patria #Historia #MendozAntigua #JoseDeSanMartin #MountedGrenadiers #ArgentineHistory #MilitaryHistory #SouthAmericanHistory #Independence #Liberator #History
9 DE AGOSTO DE 2007: MENDOZA ROMPIÓ EL “CIERRE” DEL DIARIO — NACIÓ MDZ Y LAS NOTICIAS EMPEZARON A CAMBIAR A CADA MINUTO
El 9 de agosto de 2007, cuando leer noticias por Internet todavía significaba muchas veces entrar en la versión digital de un periódico de papel, apareció en Mendoza una propuesta que nacía directamente para la pantalla: MDZ Online. No era la página web de un diario impreso, sino un medio concebido desde su origen para funcionar exclusivamente en Internet. La propia historia de MDZ lo reconoce como el primer diario nativo digital de Mendoza, un proyecto que salió oficialmente a la red aquel 9 de agosto y buscó alterar las reglas tradicionales del periodismo provincial. Su aparición no fue improvisada. El historiador del periodismo mendocino Jorge Enrique Oviedo, en su obra El periodismo en Mendoza, recuerda que durante 2007 una campaña publicitaria comenzó a sembrar por las calles una incógnita formada apenas por tres letras: MDZ. El misterio terminó el 9 de agosto, cuando el sitio apareció finalmente en las computadoras. El emprendimiento funcionaba entonces en 25 de Mayo 1535, Ciudad de Mendoza, bajo la firma Territorio Digital S.A., vinculada a los hermanos Eduardo y Orlando Terranova (h.). Pero el cambio verdaderamente profundo estaba detrás de las pantallas. El diario tradicional tenía una hora de cierre: las notas debían estar terminadas antes de que comenzaran a funcionar las rotativas. Internet destruyó aquella frontera temporal. Las noticias podían modificarse, ampliarse y publicarse durante todo el día. Una crónica de aquellos primeros tiempos llegó a describir la dinámica de MDZ como equivalente a tener “cincuenta o sesenta cierres por día”, una manera gráfica de explicar una revolución que hoy parece natural: el periódico ya no terminaba nunca. El lector también comenzaba a dejar de ser un receptor pasivo para comentar, participar y reaccionar casi inmediatamente ante lo publicado. Y hay un detalle extraordinario que demuestra hasta qué punto aquel proyecto intentaba pensar como Internet y no como papel: el mismo 9 de agosto de 2007 MDZ publicó una herramienta que permitía observar noticias policiales de Mendoza mediante Google Earth y Google Maps, construyendo una suerte de mapa digital del delito. Para la web argentina de aquellos años, cuando los teléfonos inteligentes aún no dominaban la vida cotidiana y las redes sociales estaban comenzando su expansión, integrar noticias con mapas interactivos representaba una apuesta decididamente innovadora. Las cifras iniciales también retratan la escala del desafío. Los testimonios recopilados sobre aquella primera etapa recuerdan una meta de aproximadamente 10.000 visitas diarias, que posteriormente habría ascendido a unas 35.000 en aquellos años iniciales. Son números que hoy parecen modestos frente a las enormes audiencias digitales, pero que pertenecen a una época en la que el consumo informativo online mendocino todavía estaba construyéndose. El proyecto continuaría ampliándose: en 2011 apareció MDZ Radio, mientras que el diario fue incorporando nuevas plataformas, formatos y herramientas digitales. Y aquella experiencia que en 2007 parecía arriesgada terminó anticipando buena parte del futuro: información permanente, actualización minuto a minuto, interacción con las audiencias, contenidos multimedia y una redacción que ya no espera la edición de mañana porque la edición nunca termina. La tecnología, las redes, los teléfonos y hasta la manera de escribir y distribuir una noticia cambiaron radicalmente desde entonces, pero aquella fecha permanece como un punto singular en la historia de la comunicación mendocina: el día en que un diario provincial decidió nacer sin papel y apostar todo a un territorio que todavía parecía incierto, Internet. #MendozAntigua #Mendoza #MDZ #MDZOnline #HistoriaDeMendoza #Periodismo #PeriodismoDigital #Internet #MediosDeComunicación #Efemérides #9DeAgosto #HistoriaArgentina #MendozaHistoria #DigitalJournalism #JournalismHistory #MediaHistory #InternetHistory #ArgentinaHistory #MendozaArgentina #OnThisDay
MENDOZA ENTRÓ EN LA ERA DE LA NAFTA: AUTOMÓVILES, SURTIDORES Y UNA GUERRA COMERCIAL QUE CAMBIÓ PARA SIEMPRE LAS CALLES DE LA PROVINCIA
Hubo un tiempo en que cargar nafta en Mendoza no significaba detenerse bajo el techo iluminado de una estación de servicio. A comienzos del siglo XX, el combustible podía ser apenas otro artículo vendido por una concesionaria, un corralón o un garaje. Pero durante la década de 1920 todo empezó a cambiar vertiginosamente: llegaron más automóviles, aparecieron nuevas agencias, crecieron los surtidores y las grandes petroleras descubrieron que las calles mendocinas estaban convirtiéndose en escenario de una extraordinaria batalla comercial. La investigación del historiador mendocino Enrique Alberto Timmermann, de la Universidad Nacional de Cuyo, reconstruye precisamente ese proceso y demuestra que la comercialización —el llamado downstream de la actividad petrolera— resulta indispensable para comprender la historia del petróleo. No bastaba con encontrar crudo y extraerlo: había que refinarlo, almacenarlo, transportarlo, publicitarlo y, finalmente, convencer a alguien de detener su automóvil frente a un surtidor y comprarlo. Argentina era ya un consumidor extraordinariamente importante. Un dato citado en los estudios de la época resulta impactante: en 1921 la Argentina, con alrededor de 9 millones de habitantes, consumía unas 800.000 toneladas de derivados del petróleo, prácticamente lo mismo que Francia, que tenía unos 44 millones de habitantes. La nafta alimentaba los motores de combustión; el kerosene servía para iluminar y calefaccionar; los lubricantes mantenían funcionando automóviles y maquinaria agrícola, y el fueloil era fundamental para distintas actividades industriales y ferroviarias. Mendoza se subió de lleno a aquella revolución. Durante los años veinte se instalaron o expandieron agencias de marcas como Studebaker, Fiat, Buick, Chrysler y Hupmobile, que se agregaban a Ford y Chevrolet. El automóvil dejó de ser una rareza y comenzó a modificar no sólo la manera de viajar, sino también la propia ciudad: las calles tuvieron que adaptarse mediante pavimentación, hormigonado y asfaltado. La modernidad empezaba a medirse también en motores, neumáticos y kilómetros recorridos. El negocio evolucionó rápidamente. Primero, la nafta podía ofrecerse como complemento de la venta de automóviles. Hacia 1919 comenzaron a multiplicarse los garajes, donde además de guardar o reparar vehículos se despachaba combustible. Más tarde apareció el surtidor especializado y, finalmente, una construcción que hoy nos parece absolutamente cotidiana pero que entonces representaba una nueva arquitectura de la modernidad: la estación de servicio. Y allí empezó una guerra de marcas. La West India Oil Company —WICO—, vinculada a Standard Oil, y Shell, con su conocida nafta Energina, poseían experiencia, redes comerciales y clientes acostumbrados a sus productos. Pero desde 1926 apareció un competidor formidable: Yacimientos Petrolíferos Fiscales. YPF había sido creada en 1922 y, bajo la dirección de Enrique Mosconi, convirtió la comercialización del combustible en una cuestión económica y también política: consumir petróleo nacional podía presentarse como una forma de apoyar la independencia energética argentina. En Mendoza aparece entonces un personaje fundamental: Arturo Santoni. Comenzó vendiendo nafta Shell en 1925, dos años después pasó a YPF y en 1928 se convirtió en agente consignatario de los productos refinados de la petrolera estatal. También quedó asociado a una de las primeras estaciones de YPF de la capital mendocina, ubicada en la zona de Necochea y Patricias Mendocinas. Mientras tanto, Shell introducía una innovación decisiva. La investigación histórica señala que a fines de 1928 levantó en Mendoza una estación de servicio en la esquina de Colón y España, concebida expresamente para el expendio y atención del automóvil. Poco después WICO desplegaría también estaciones propias; una de ellas se estableció junto a su planta de almacenamiento en San Martín y Coronel Plaza. El viejo surtidor aislado empezaba a ceder lugar a un negocio especializado, reconocible por su arquitectura, sus colores, cartelería y servicios adicionales. Pero la competencia no se libraba solamente en las esquinas. También se combatía en los diarios. Las compañías recurrían a anuncios, eslóganes, argumentos sobre rendimiento y calidad y promociones para convertir al automovilista en cliente habitual. YPF agregó un elemento poderoso: el nacionalismo económico. Sus campañas insistían en que el petróleo, su refinación, sus trabajadores y su comercialización eran argentinos. Mosconi utilizó además un arma todavía más contundente: el precio. En 1929 la nafta de YPF costaba alrededor de 26 centavos por litro; en sucesivas rebajas pasó a 24, luego a 22 y finalmente, en enero de 1930, a 20 centavos. En febrero de ese año la petrolera estatal estableció además un precio uniforme para todo el territorio nacional, absorbiendo diferencias de transporte que anteriormente encarecían el combustible en el interior. Hasta los impuestos comenzaron a formar parte de esa nueva realidad. Timmermann señala que en 1928, durante el gobierno de Alejandro Orfila, Mendoza aplicó un gravamen provincial sobre la nafta, evidencia de que aquel comercio ya había alcanzado una magnitud imposible de ignorar para el Estado. Lo que había comenzado como la venta casi improvisada de combustible junto a otros productos terminó transformándose en una red comercial cada vez más compleja. Décadas después, el proceso encontraría uno de sus símbolos máximos en territorio mendocino: en 1940 se construyó la destilería de YPF en Luján de Cuyo, que consolidó a Mendoza no sólo como consumidora y productora, sino también como uno de los grandes centros argentinos de refinación de hidrocarburos. Aquellas viejas bombas, garajes y estaciones fueron mucho más que lugares donde llenar un tanque. Detrás de ellas estuvieron la expansión del automóvil, nuevos empresarios, petroleras extranjeras, YPF, campañas publicitarias, impuestos, pavimentos y una competencia feroz por conquistar al conductor. La llegada de la nafta no sólo hizo funcionar motores: modificó el paisaje urbano, los hábitos de consumo y hasta la manera en que los mendocinos comenzaron a medir las distancias. #MendozAntigua #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #Mendoza #YPF #HistoriaDelPetroleo #PetroleoArgentino #Nafta #EstacionesDeServicio #AutomovilesAntiguos #EnriqueMosconi #LujanDeCuyo #MemoriaMendocina #FotosAntiguas #HistoriaArgentina #VintageMendoza #MendozaHistory #ArgentineHistory #OilHistory #VintageCars #GasStationHistory #YPFHistory #HistoricMendoza #ArgentinaVintage
9 DE AGOSTO DE 1927: MENDOZA SE QUEDÓ SIN DIARIOS, SIN TRANVÍAS Y CASI SIN COMERCIO — SACCO Y VANZETTI DESATARON LA HUELGA QUE PARALIZÓ LA PROVINCIA
El 9 de agosto de 1927, Mendoza vivió una de aquellas jornadas capaces de transformar por completo el pulso cotidiano de una ciudad. A miles de kilómetros, en Estados Unidos, los inmigrantes italianos y anarquistas Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti esperaban una ejecución que había provocado una gigantesca campaña internacional de protesta. En Mendoza, aquella causa dejó de ser un acontecimiento lejano: terminó vaciando calles, cerrando fábricas y comercios y deteniendo buena parte de la actividad provincial. El movimiento venía desarrollándose desde días antes, pero el martes 9 alcanzó, según la investigación histórica disponible, su mayor nivel de adhesión, convirtiéndose plenamente en una huelga general. Cerraron establecimientos comerciales y fábricas tanto de la capital como de otros departamentos, mientras en San Rafael el paro adquirió una enorme fuerza y hubo una concentración en la plaza San Martín. La imagen de aquella Mendoza resulta difícil de imaginar hoy. Desde el día anterior, los trabajadores gráficos habían abandonado las imprentas y, como consecuencia, los principales diarios provinciales dejaron de circular: durante varios días los mendocinos se quedaron sin periódicos y las noticias sobre la suerte de Sacco y Vanzetti tuvieron que seguirse incluso mediante las pizarras colocadas frente a las redacciones. Los Andes, La Palabra y los demás diarios recién reaparecieron el 12 de agosto. Ya desde las primeras jornadas habían cerrado confiterías, bares, cafés, cines y otros lugares de reunión pública. La paralización llegó también a uno de los símbolos de la Mendoza urbana de los años veinte: el tranvía. Los trabajadores tranviarios se incorporaron a la protesta y, en medio de la propia huelga, decidieron reorganizarse sindicalmente. Desde el martes, el tráfico quedó completamente detenido. Durante aquellos días también hubo episodios violentos: tranvías fueron apedreados, se registraron disparos y un pasajero recibió una herida en la cabeza; en otro incidente resultó lesionado un motorman. La tensión llevó además a reforzar la vigilancia de puentes, estaciones ferroviarias y puntos considerados estratégicos, entre ellos la usina de Cacheuta y las subusinas de Luz y Fuerza. La Policía permanecía acuartelada desde los primeros días del conflicto y el 9 se duplicó la vigilancia, mientras patrullas recorrían calles y barrios periféricos. Sin embargo, uno de los episodios más singulares ocurrió lejos de cualquier instalación estratégica: un grupo interceptó una carretela que repartía pan, tomó su carga y distribuyó los alimentos entre familias que vivían en un conventillo cercano. En paralelo, un mitin organizado por trabajadores de la Asociación de Prensa habría reunido a unas 5.000 personas, entre obreros, estudiantes y miembros de la juventud de la UCR lencinista. Allí se reclamó por Sacco y Vanzetti y por la liberación de trabajadores detenidos durante la protesta. La magnitud del movimiento fue todavía más llamativa porque no quedó limitada a la capital. En San Rafael el paro fue total y también se plegó el personal del diario Atuel; en Rivadavia se denunciaron daños contra surtidores de empresas petroleras norteamericanas. Finalmente, después de varios días de movilización, la huelga mendocina fue levantada el 11 de agosto a las 13 horas y la actividad comenzó a normalizarse al día siguiente. Poco después habría una segunda protesta provincial, el 22 y 23 de agosto, ante la inminencia de las ejecuciones. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Efemerides #9DeAgosto #SaccoYVanzetti #HistoriaArgentina #MovimientoObrero #HuelgaGeneral #Anarquismo #MendozaAntigua #MemoriaHistorica #Argentina1927 #HistoriaSocial #Trabajadores #Historia #SaccoAndVanzetti #MendozaHistory #ArgentineHistory #LaborHistory #GeneralStrike #WorkersHistory #SocialHistory #HistoricalMemory
Sacco y Vanzetti fueron finalmente ejecutados en Massachusetts durante la noche del 22 al 23 de agosto de 1927, después de un proceso judicial que durante décadas continuaría siendo objeto de una enorme controversia. Exactamente cincuenta años después, el gobernador de Massachusetts Michael Dukakis proclamó el 23 de agosto de 1977 como jornada conmemorativa de Sacco y Vanzetti y buscó eliminar el estigma asociado a sus nombres.
Así, durante unos días de agosto de 1927, una disputa judicial ocurrida a más de 8.000 kilómetros consiguió algo extraordinario: convertir a Mendoza en uno de los escenarios argentinos más intensos de aquella movilización internacional. Sin diarios, sin tranvías, con comercios cerrados y miles de personas en las calles, el 9 de agosto quedó como el punto máximo de una huelga mendocina que hoy permanece casi olvidada
4 DE AGOSTO DE 1986: ALFONSÍN QUISO CAMBIAR LAS REGLAS DEL TRABAJO — EL AMBICIOSO PLAN QUE PROMETÍA DEVOLVER LAS PARITARIAS, DAR VOZ A LOS OBREROS EN LAS EMPRESAS Y GARANTIZAR SALARIOS ANTE UNA QUIEBRA
El 4 de agosto de 1986, en una Argentina que todavía estaba reconstruyendo sus instituciones laborales después de la dictadura y que atravesaba una relación cada vez más conflictiva entre el gobierno radical y el movimiento sindical, el ministro de Trabajo Hugo Barrionuevo apareció ante el país para presentar una de las iniciativas laborales más ambiciosas del gobierno de Raúl Alfonsín. No se trataba simplemente de modificar algunos artículos: la propuesta pretendía reorganizar el sistema de relaciones del trabajo, modernizar su legislación, vincular la política laboral con la estrategia económica y la transformación del aparato productivo y, al mismo tiempo, hacer más eficaz al propio Ministerio de Trabajo. El proyecto había sido elaborado principalmente por el entonces subsecretario Armando Caro Figueroa, razón por la cual posteriormente sería recordado como el Proyecto Caro Figueroa. La iniciativa contenía ideas extraordinariamente llamativas para la época. El gobierno proponía recuperar y reformular la negociación colectiva, incluyendo también a trabajadores de empresas estatales y de la administración pública; abrir dentro de las compañías mecanismos mediante los cuales los empleados pudieran recibir información y ser consultados sobre determinadas decisiones; e incluso incorporar representantes de los trabajadores en directorios y consejos de administración de empresas públicas. La filosofía oficial buscaba pasar de una relación laboral concebida casi permanentemente desde el enfrentamiento hacia otra basada en negociación, información, participación y responsabilidades compartidas, sin eliminar las facultades de dirección empresaria. Pero había un cuarto elemento particularmente sorprendente: la creación de un Fondo de Garantía de Créditos Laborales. La idea era que un trabajador no quedara completamente desamparado cuando una empresa quebrara o no pudiera pagar salarios e indemnizaciones. Aquella parte del paquete logró avanzar: el Congreso sancionó la Ley 23.472, que creó el fondo y estableció mecanismos para adelantar determinadas remuneraciones e indemnizaciones cuando se comprobara la imposibilidad de pago del empleador. Entre sus disposiciones figuraban la cobertura de hasta cuatro meses de sueldo, con límites vinculados al salario mínimo, además de determinadas indemnizaciones por finalización del contrato. El sistema debía financiarse, entre otras fuentes, mediante contribuciones patronales. El proyecto también tenía un costado que provocó una inmediata controversia: contemplaba que, frente a una emergencia económica, pudiera suspenderse la negociación colectiva hasta por 18 meses. Además, una segunda etapa proyectaba revisar normas sobre accidentes laborales y contrato de trabajo, combatir el fraude y el empleo no registrado y reorganizar técnicamente el Ministerio. Esa combinación explica algo que podría parecer paradójico: la reforma recibió objeciones tanto sindicales como empresarias. La CGT desconfiaba de varios de sus mecanismos y reclamaba que antes se resolviera la legislación sobre asociaciones sindicales y se restableciera plenamente la negociación colectiva; sectores empresarios, por su parte, observaban con recelo especialmente la participación e información de los trabajadores dentro de las compañías. El escenario era explosivo. Pocos meses antes, el 25 de marzo de 1986, la CGT encabezada políticamente por Saúl Ubaldini había realizado otro paro general contra la política económica del gobierno; aquel conflicto sería apenas uno de los numerosos capítulos de una relación profundamente tensa durante la presidencia de Alfonsín. En noviembre de ese mismo año la CGT terminaría normalizando formalmente su conducción y Ubaldini quedaría al frente de la central obrera. La gran reforma de 1986 no consiguió aprobarse como un único bloque. Parte de las iniciativas quedó frenada durante las negociaciones parlamentarias y la salida de Barrionuevo del Ministerio en 1987 modificó el escenario político. Sin embargo, algunas de aquellas discusiones terminaron dejando huella: las leyes 23.545 y 23.546, sancionadas el 22 de diciembre de 1987, reorganizaron aspectos fundamentales de las convenciones y negociaciones colectivas, y en marzo de 1988 llegaría la Ley 23.551 de Asociaciones Sindicales, pieza central del régimen gremial argentino de las décadas siguientes. Por eso aquel discurso de agosto de 1986 resulta hoy un documento histórico fascinante: hace cuarenta años ya se discutían conceptos que siguen reapareciendo una y otra vez en la Argentina —paritarias, productividad, participación de los trabajadores, poder sindical, modernización empresarial, empleo registrado, indemnizaciones y el papel del Estado en las relaciones laborales—. El proyecto no transformó por completo el sistema como pretendían sus autores, pero abrió una batalla política, jurídica y sindical que demuestra algo extraordinario: en la Argentina, cada intento por modificar las reglas del trabajo termina revelando mucho más que una discusión sobre leyes; muestra también cómo se distribuyen el poder, los riesgos y los derechos entre trabajadores, empresarios, sindicatos y Estado. #ReformaLaboral #RaulAlfonsin #HugoBarrionuevo #ArmandoCaroFigueroa #Argentina1986 #HistoriaArgentina #HistoriaLaboral #MovimientoObrero #CGT #SaulUbaldini #Trabajadores #Sindicatos #Paritarias #DerechosLaborales #DemocraciaArgentina #DécadaDel80 #ArchivoHistorico #MendozAntigua #LaborReform #ArgentineHistory #LaborHistory #WorkersRights #TradeUnions #CollectiveBargaining #ArgentinaHistory
9 DE AGOSTO DE 1884: POCITO ENCONTRÓ SU CORAZÓN — LA LEY QUE CONSAGRÓ A VILLA ABERASTAIN COMO CABECERA DE UN OASIS ENTRE VIÑEDOS Y SIERRAS - SAN JUAN - ARGENTINA
El 9 de agosto de 1884 quedó grabada una de las fechas fundamentales de la historia de Pocito. Durante la gobernación de Carlos Doncel se publicó la Ley N.º 0945, que creó Villa Aberastain y la convirtió en cabecera de un territorio cuya historia administrativa era incluso anterior: Pocito ya aparecía entre los departamentos establecidos por la legislación provincial de 1869. Desde entonces, aquel 9 de agosto terminó transformándose en la fecha en que los pocitanos celebran su aniversario. Pero la historia de estas tierras se remonta todavía más atrás. El propio municipio vincula su desarrollo agrícola con la construcción del Canal Pocito y el fraccionamiento de tierras impulsado por José Ignacio de la Roza, en una región donde el agua permitió convertir el árido paisaje sanjuanino en un verdadero oasis productivo. Los antiguos viajeros incluso describían a Pocito como el primer sector verde que aparecía ante quienes llegaban desde Mendoza. Con el tiempo, ese oasis se llenó de viñedos, olivares, almendros, frutales y cultivos hortícolas, formando parte del fértil Valle de Tulum y consolidando una identidad inseparable del trabajo de la tierra. Hoy Pocito continúa siendo uno de los territorios vitivinícolas destacados de San Juan: el sitio oficial de Turismo provincial incluye al departamento entre los principales terruños del Valle de Tulum y dentro de la Ruta del Vino, con bodegas tradicionales, establecimientos boutique, vinos, espumantes y producciones orgánicas. Entre las curiosidades que enriquecen su patrimonio se encuentra la Estatua de la Libertad de Plaza Libertad, adquirida por el Gobierno de San Juan durante los festejos del Centenario de 1910 y trasladada a Pocito en 1931, convertida desde entonces en uno de los símbolos más singulares de Villa Aberastain. Y aquel antiguo oasis continuó creciendo: el Censo 2022 registró 72.915 habitantes en Pocito, frente a 53.162 en 2010, un aumento del 37,2 % en doce años. Así, a 142 años de aquel 9 de agosto de 1884, Pocito es mucho más que una fecha en una ley: es la historia de generaciones que consiguieron hacer fértil el desierto, transformar el agua en cultivos y el cultivo en identidad; un rincón sanjuanino donde las hileras de vid avanzan hacia las serranías y donde cada acequia, finca y bodega conserva una parte de la memoria de Cuyo. Hay un dato histórico importante a tener en cuenta respecto del texto original: el 9 de agosto de 1884 no se creó estrictamente el Departamento Pocito. La documentación oficial de la Municipalidad señala que Pocito ya figuraba como uno de los departamentos de San Juan desde la Ley de Régimen Departamental del 9 de diciembre de 1869. Lo que ocurrió el 9 de agosto de 1884 —fecha que luego quedó consagrada como aniversario pocitano— fue la publicación de la Ley N.º 0945, mediante la cual se creó Villa Aberastain y se la estableció como cabecera de Pocito. #Pocito #VillaAberastain #SanJuan #HistoriaArgentina #HistoriaDeSanJuan #Efemérides #9DeAgosto #Cuyo #ValleDeTulum #RutaDelVino #Vitivinicultura #VinosDeSanJuan #Patrimonio #HistoriaLocal #Argentina #MendozAntigua #PocitoSanJuan #ArgentineHistory #SanJuanArgentina #WineHistory #WineCountry #ArgentineWine #CuyoArgentina #HistoricalArgentina #OnThisDay
24 DE FEBRERO DE 1938: LAS MUJERES QUE EXAMINABAN EL FUTURO DEL CAMPO ARGENTINO — SEMILLAS, MICROSCOPIOS Y CIENCIA EN UNA FOTOGRAFÍA EXTRAORDINARIA
El 24 de febrero de 1938, una cámara ingresó a una dependencia vinculada con la histórica Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires y conservó para siempre una escena que, vista casi nueve décadas después, resulta extraordinariamente moderna: un grupo de mujeres vestidas con guardapolvos blancos trabaja concentradamente alrededor de mesas cubiertas de semillas, recipientes, instrumental de laboratorio y un microscopio, mientras una máquina de escribir espera junto a ellas. La imagen corresponde al personal femenino de la División de Análisis y Clasificación Comercial de Semillas y hoy forma parte del acervo del Archivo General de la Nación, identificada con el número de inventario 19200. Pero aquellas mujeres no estaban realizando una simple tarea administrativa. Detrás de cada pequeña muestra había un problema decisivo para un país cuya economía dependía enormemente de la producción agropecuaria: determinar la calidad, pureza y aptitud de las semillas. La legislación vigente demuestra hasta qué punto aquel trabajo era importante. Un decreto reglamentario del Ministerio de Agricultura, sancionado en junio de 1936, establecía que la División de Análisis y Clasificación Comercial de Semillas debía efectuar análisis físico-botánicos sobre determinadas semillas importadas y que una partida podía ser rechazada si se encontraba adulterada, presentaba baja calidad para la siembra o no alcanzaba los niveles exigidos. Las exigencias eran sorprendentemente precisas. Para la alfalfa, por ejemplo, la reglamentación contemplaba un valor cultural mínimo del 85 % y una pureza del 98 %. Para diferentes gramíneas se establecían porcentajes mínimos de germinación, y también existían límites para la presencia de semillas de malezas u otras especies. Una vez terminado el estudio, la División debía comunicar mediante certificado si la partida podía ingresar al país. Si no cumplía los requisitos, podía ser reembarcada, destruida o sometida a procedimientos de limpieza antes de una nueva evaluación. La fotografía posee además otro detalle histórico formidable: fue tomada precisamente en 1938, un año significativo para la presencia femenina dentro de aquella Facultad. La propia historia institucional de Agronomía de la UBA recuerda que ese año Amalia Pesce de Fagonde se convirtió en la primera mujer en recibirse allí, luego de una trayectoria que incluso estuvo marcada por la competencia por convertirse en la primera egresada. Todo ocurría en una institución que había nacido varias décadas antes. En 1904, durante la presidencia de Julio A. Roca, el Ministerio de Agricultura creó el Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria en terrenos de la antigua Chacarita de los Colegiales. En 1909 fue incorporado a la Universidad de Buenos Aires y pasó a convertirse en la Facultad de Agronomía y Veterinaria. Para 1938 aquel predio se encontraba en plena expansión: existían institutos dedicados a genética, edafología, química, investigaciones agropecuarias, fisiología, mecánica agrícola, frutiviticultura y otras ramas científicas, mientras ese mismo año terminaba de construirse el ala central del Pabellón Central. Por eso esta fotografía es mucho más que una imagen de oficina de hace casi noventa años. Es el retrato silencioso de mujeres trabajando dentro de la estructura científica que respaldaba a una de las actividades fundamentales de la Argentina. Entre lupas, microscopios, bandejas y miles de diminutas semillas se decidían cuestiones de pureza, germinación y calidad que podían terminar afectando cultivos enteros. Una escena cotidiana en 1938 que hoy permite descubrir un capítulo poco conocido de la historia de la ciencia, del trabajo femenino y del desarrollo agrícola argentino. #MendozAntigua #HistoriaArgentina #BuenosAiresAntigua #Agronomía #UniversidadDeBuenosAires #UBA #FacultadDeAgronomía #HistoriaDeLaCiencia #MujeresEnLaCiencia #MujeresArgentinas #Semillas #AgriculturaArgentina #CampoArgentino #ArchivoGeneralDeLaNación #FotografíaHistórica #Argentina1938 #PatrimonioHistórico #HistoriaAgropecuaria #WomenInScience #WomenInHistory #ArgentineHistory #AgriculturalHistory #SeedScience #Agronomy #VintageArgentina #HistoricalPhotography
1876 - EL PALACIO QUE EL PODER QUISO BORRAR: LA CASONA DE ROSAS, DE CENTRO POLÍTICO A COLEGIO MILITAR… Y SU FINAL A DINAMITA
La fotografía es una extraordinaria ventana al Palermo de 1876. Fue tomada por Christiano Junior, uno de los grandes fotógrafos documentales del siglo XIX, y muestra la antigua residencia de Juan Manuel de Rosas cuando ya funcionaba como Colegio Militar de la Nación. La imagen está identificada en Buenos Aires Historia con la referencia AGN B127926 y fechada hacia 1876. Décadas antes de que Palermo adquiriera la fisonomía que hoy conocemos, aquella enorme construcción se levantaba en terrenos bajos y pantanosos que Rosas había hecho rellenar desde mediados de la década de 1830. Miles de cargas de tierra fueron trasladadas desde sectores de Belgrano y Recoleta para nivelar el lugar, mientras se construían canales, terraplenes, jardines y extensas plantaciones. El conjunto de San Benito de Palermo llegó a tener jardines, cultivos, animales y canales de agua, convirtiéndose en una de las propiedades más singulares de Buenos Aires. El caserón se encontraba en el entorno de la actual intersección de las avenidas Del Libertador y General Sarmiento, un sitio completamente transformado por la urbanización posterior. Conviene hacer aquí una precisión interesante: el célebre Monumento a la Carta Magna y las Cuatro Regiones Argentinas, popularmente llamado Monumento de los Españoles, está hoy justamente en ese cruce y fue inaugurado recién en 1927. En cambio, sobre el sector históricamente asociado al antiguo caserón se levantó el monumento a Domingo Faustino Sarmiento realizado por Auguste Rodin, inaugurado el 25 de mayo de 1900, apenas un año después de la desaparición de la residencia. Después de la derrota de Rosas en la batalla de Caseros de 1852, la enorme propiedad cambió radicalmente de destino. Fue utilizada por las fuerzas de Justo José de Urquiza, albergó actividades educativas y en 1858 fue escenario de una exposición agrícola. Pero uno de sus capítulos más llamativos comenzó bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento: el 22 de junio de 1870 un decreto convirtió la antigua residencia de su adversario político Rosas en sede del recién organizado Colegio Militar de la Nación. Los primeros alumnos ingresaron el 19 de julio de aquel año. Durante 22 años, por aquellas galerías caminaron generaciones enteras de cadetes. Según la historia oficial del Colegio Militar, de Palermo egresaron 17 promociones de oficiales, y hacia 1892 el viejo caserón alojaba a 118 cadetes, además de oficiales, profesores, tropas y personal de servicio. Incluso permanecían dentro del edificio muebles, espejos, estufas y otros elementos que habían pertenecido a la época de Rosas. Y existe una pequeña historia deliciosa: cuando en 1883 comenzaron a reabrirse algunos de los grandes arcos que habían sido tapiados, las autoridades militares descubrieron un problema inesperado. Los cadetes podían distraerse observando a las mujeres que paseaban por la avenida y, además, las galerías abiertas facilitaban posibles escapadas nocturnas. Una documentación conservada y estudiada por el Centro de Arqueología Urbana de la UBA recuerda incluso que hubo alumnos castigados por prestar más atención al exterior que a sus clases. El Colegio Militar dejó Palermo en 1892 y el edificio pasó posteriormente a la Escuela Naval, que funcionó allí entre 1893 y 1898. Pero el destino del caserón ya estaba marcado. En la madrugada del 3 de febrero de 1899, exactamente en el aniversario de la derrota de Rosas en Caseros, la vieja residencia fue finalmente demolida y dinamitada durante la intendencia de Adolfo Bullrich. No desaparecía solamente la casa de un gobernador: desaparecía un edificio que había sido residencia, centro político, establecimiento educativo, Colegio Militar y Escuela Naval. Mucho después, la arqueología demostraría que la historia no había desaparecido por completo. En 1985 y 1988, excavaciones dirigidas desde el Centro de Arqueología Urbana de la UBA localizaron bajo el Palermo moderno cimientos, pisos de ladrillo y baldosas, sectores inferiores de muros y restos del antiguo sistema de canales, confirmando que fragmentos materiales de San Benito continuaban bajo tierra. La imagen de Christiano Junior adquiere así un valor extraordinario: no muestra simplemente una construcción desaparecida. Nos permite mirar un lugar donde se cruzaron Rosas, Urquiza, Sarmiento, cadetes del Ejército, alumnos de la Escuela Naval y algunas de las disputas políticas y simbólicas más profundas del siglo XIX argentino. Un edificio que sobrevivió a Caseros durante casi medio siglo, pero no sobrevivió a la voluntad de borrar del paisaje porteño aquello que representaba. #CasonaDeRosas #CaserónDeRosas #JuanManuelDeRosas #Palermo #BuenosAiresAntigua #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #ColegioMilitar #ChristianoJunior #FotografíaHistórica #ArchivoGeneralDeLaNación #ParqueTresDeFebrero #Sarmiento #Caseros #ArgentinaAntigua #PatrimonioHistórico #MendozAntigua #ArgentineHistory #BuenosAiresHistory #HistoricBuenosAires #OldBuenosAires #HistoricalPhotography #JuanManuelDeRosas #ArgentineHeritage #HistoryPhotography






%20Mendoza.jpg)
%20Mendoza.jpg)



