Nacía en Caucete, San Juan, Francisco Gerónimo Ibáñez, uno de los grandes pioneros del montañismo argentino y protagonista de una aventura que terminaría llevando a nuestro país hasta las puertas de una de las cumbres más formidables del planeta. Desde muy joven su vida quedó ligada a Mendoza: estudió con los Hermanos Maristas y, siendo todavía adolescente, comenzó a internarse en la Precordillera y el Cordón del Plata junto a compañeros del Club Andinista Mendoza. Antes de cumplir veinte años ya acumulaba ascensiones que anunciaban una carrera extraordinaria. El 1 de marzo de 1947 ingresó al Colegio Militar de la Nación, eligió el arma de Artillería y el 14 de diciembre de 1949 egresó como subteniente; poco antes, durante sus vacaciones como cadete, había alcanzado por primera vez la cima del Aconcagua el 13 de enero de 1949 junto a Edmundo Pérez Crivelli y Alejandro Cassis. Aquella hazaña le valió el Cóndor de Plata y, según la biografía preservada por el Centro Cultural Argentino de Montaña, se convirtió en el primer cadete del Colegio Militar en recibir esa distinción. Su primer destino fue el Grupo de Artillería de Montaña de Uspallata, escenario perfecto para multiplicar entrenamientos y expediciones. En 1952 su nombre quedó asociado a otro capítulo legendario: fue designado oficial de enlace de la expedición francesa que realizó la primera ascensión del Fitz Roy o Chaltén, cuya cordada de cumbre integraron Lionel Terray y Guido Magnone. Después acompañó a los europeos al Aconcagua y, como reconocimiento, recibió el Cóndor de Oro Honoris Causa. Francia concedió además becas a Ibáñez, Alfredo Magnani y Carlos Sontag para perfeccionarse en la Escuela de Ski y Alpinismo de Chamonix; allí obtuvo la calificación de Aspirante Guía Profesional y escaló varias cumbres de los Alpes, entre ellas el Mont Blanc. Pero Ibáñez soñaba todavía más alto. Durante aquellos años comenzó a impulsar una expedición argentina al Himalaya y el proyecto obtuvo un importante respaldo del Gobierno Nacional presidido por Juan Domingo Perón. En enero de 1954 partió la Primera Expedición Argentina al Himalaya, comandada por Ibáñez, con un objetivo que entonces parecía gigantesco: intentar el Dhaulagiri, cuya cumbre todavía permanecía invicta. La montaña tiene una altitud actualmente aceptada de unos 8.167 metros —las fuentes de la época publicaron cifras ligeramente diferentes— y era una de las grandes incógnitas del alpinismo mundial. Durante casi dos meses los argentinos abrieron y equiparon una complejísima línea por la vertiente norte conocida como Ruta de la Pera o Ruta Argentina, levantando sucesivos campamentos en condiciones extremas. El intento culminante fue protagonizado por Gerardo Watzl y el mendocino Alfredo “Tito” Magnani, acompañados por sherpas: la expedición alcanzó aproximadamente los 8.050 metros, apenas 117 metros por debajo de la cumbre según la altitud de 8.167 metros utilizada actualmente. Una tormenta y las condiciones de la montaña obligaron al grupo a retroceder; aquella ruta no sería completada hasta décadas después. Mientras sus compañeros realizaban el intento final, Ibáñez sufrió graves congelaciones en los pies. Comenzó entonces una desesperada evacuación montaña abajo, transportándolo durante jornadas por nieve, hielo y luego por los difíciles caminos de Nepal. Finalmente llegó a Katmandú, donde debieron practicarle amputaciones. El 30 de junio de 1954 murió a consecuencia de las severas lesiones producidas por el frío y complicaciones posteriores. Tenía solamente 26 años. Una circunstancia vuelve aún más conmovedor aquel final: durante la evacuación recibió la noticia de que el 16 de junio había nacido en Argentina Guillermo, su primer hijo, al que nunca llegaría a conocer. La expedición no conquistó el Dhaulagiri, pero escribió una página fundacional del alpinismo nacional: fue la primera expedición argentina al Himalaya y abrió una ruta de enorme dificultad en una montaña que recién sería conquistada por primera vez en 1960. Décadas después, el Ejército Argentino continúa preservando su memoria: su sable fue incorporado al Museo Histórico del Grupo de Artillería de Montaña 8, mientras fotografías y documentos recuerdan al joven oficial que hizo de Mendoza su escuela de montaña y del Himalaya el escenario de su última gran aventura. Fuente de origen y consulta: Presidencia de la Nación–Ejército Argentino; Centro Cultural Argentino de Montaña; Club Argentino de Buenos Aires; The Himalayan Club y revista Andina, con el relato de Roberto Busquets sobre la expedición de 1954. #FranciscoIbáñez #HistoriaArgentina #HistoriaDeMendoza #Mendoza #SanJuan #Caucete #Uspallata #Aconcagua #Dhaulagiri #Himalaya #Montañismo #Andinismo #EjércitoArgentino #MendozAntigua #ArgentineHistory #Mountaineering #Himalayas #Dhaulagiri #Aconcagua #MountainHistory #ArgentineMountaineering
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
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martes, 29 de septiembre de 2026
30 DE SEPTIEMBRE DE 1927 — NACE FRANCISCO IBÁÑEZ: EL CÓNDOR ARGENTINO QUE DESAFIÓ AL HIMALAYA Y QUEDÓ A 117 METROS DE LA GLORIA
Nacía en Caucete, San Juan, Francisco Gerónimo Ibáñez, uno de los grandes pioneros del montañismo argentino y protagonista de una aventura que terminaría llevando a nuestro país hasta las puertas de una de las cumbres más formidables del planeta. Desde muy joven su vida quedó ligada a Mendoza: estudió con los Hermanos Maristas y, siendo todavía adolescente, comenzó a internarse en la Precordillera y el Cordón del Plata junto a compañeros del Club Andinista Mendoza. Antes de cumplir veinte años ya acumulaba ascensiones que anunciaban una carrera extraordinaria. El 1 de marzo de 1947 ingresó al Colegio Militar de la Nación, eligió el arma de Artillería y el 14 de diciembre de 1949 egresó como subteniente; poco antes, durante sus vacaciones como cadete, había alcanzado por primera vez la cima del Aconcagua el 13 de enero de 1949 junto a Edmundo Pérez Crivelli y Alejandro Cassis. Aquella hazaña le valió el Cóndor de Plata y, según la biografía preservada por el Centro Cultural Argentino de Montaña, se convirtió en el primer cadete del Colegio Militar en recibir esa distinción. Su primer destino fue el Grupo de Artillería de Montaña de Uspallata, escenario perfecto para multiplicar entrenamientos y expediciones. En 1952 su nombre quedó asociado a otro capítulo legendario: fue designado oficial de enlace de la expedición francesa que realizó la primera ascensión del Fitz Roy o Chaltén, cuya cordada de cumbre integraron Lionel Terray y Guido Magnone. Después acompañó a los europeos al Aconcagua y, como reconocimiento, recibió el Cóndor de Oro Honoris Causa. Francia concedió además becas a Ibáñez, Alfredo Magnani y Carlos Sontag para perfeccionarse en la Escuela de Ski y Alpinismo de Chamonix; allí obtuvo la calificación de Aspirante Guía Profesional y escaló varias cumbres de los Alpes, entre ellas el Mont Blanc. Pero Ibáñez soñaba todavía más alto. Durante aquellos años comenzó a impulsar una expedición argentina al Himalaya y el proyecto obtuvo un importante respaldo del Gobierno Nacional presidido por Juan Domingo Perón. En enero de 1954 partió la Primera Expedición Argentina al Himalaya, comandada por Ibáñez, con un objetivo que entonces parecía gigantesco: intentar el Dhaulagiri, cuya cumbre todavía permanecía invicta. La montaña tiene una altitud actualmente aceptada de unos 8.167 metros —las fuentes de la época publicaron cifras ligeramente diferentes— y era una de las grandes incógnitas del alpinismo mundial. Durante casi dos meses los argentinos abrieron y equiparon una complejísima línea por la vertiente norte conocida como Ruta de la Pera o Ruta Argentina, levantando sucesivos campamentos en condiciones extremas. El intento culminante fue protagonizado por Gerardo Watzl y el mendocino Alfredo “Tito” Magnani, acompañados por sherpas: la expedición alcanzó aproximadamente los 8.050 metros, apenas 117 metros por debajo de la cumbre según la altitud de 8.167 metros utilizada actualmente. Una tormenta y las condiciones de la montaña obligaron al grupo a retroceder; aquella ruta no sería completada hasta décadas después. Mientras sus compañeros realizaban el intento final, Ibáñez sufrió graves congelaciones en los pies. Comenzó entonces una desesperada evacuación montaña abajo, transportándolo durante jornadas por nieve, hielo y luego por los difíciles caminos de Nepal. Finalmente llegó a Katmandú, donde debieron practicarle amputaciones. El 30 de junio de 1954 murió a consecuencia de las severas lesiones producidas por el frío y complicaciones posteriores. Tenía solamente 26 años. Una circunstancia vuelve aún más conmovedor aquel final: durante la evacuación recibió la noticia de que el 16 de junio había nacido en Argentina Guillermo, su primer hijo, al que nunca llegaría a conocer. La expedición no conquistó el Dhaulagiri, pero escribió una página fundacional del alpinismo nacional: fue la primera expedición argentina al Himalaya y abrió una ruta de enorme dificultad en una montaña que recién sería conquistada por primera vez en 1960. Décadas después, el Ejército Argentino continúa preservando su memoria: su sable fue incorporado al Museo Histórico del Grupo de Artillería de Montaña 8, mientras fotografías y documentos recuerdan al joven oficial que hizo de Mendoza su escuela de montaña y del Himalaya el escenario de su última gran aventura. Fuente de origen y consulta: Presidencia de la Nación–Ejército Argentino; Centro Cultural Argentino de Montaña; Club Argentino de Buenos Aires; The Himalayan Club y revista Andina, con el relato de Roberto Busquets sobre la expedición de 1954. #FranciscoIbáñez #HistoriaArgentina #HistoriaDeMendoza #Mendoza #SanJuan #Caucete #Uspallata #Aconcagua #Dhaulagiri #Himalaya #Montañismo #Andinismo #EjércitoArgentino #MendozAntigua #ArgentineHistory #Mountaineering #Himalayas #Dhaulagiri #Aconcagua #MountainHistory #ArgentineMountaineering
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J5442 Caucete, San Juan, Argentina
30 DE SEPTIEMBRE DE 1801 — NACE GERÓNIMO ESPEJO: EL MENDOCINO DE 15 AÑOS QUE CRUZÓ LOS ANDES Y TERMINÓ ESCRIBIENDO LA EPOPEYA DE SAN MARTÍN
Nacía en Mendoza Gerónimo Espejo, uno de aquellos hombres cuya vida quedó atravesada de principio a fin por la epopeya de la Independencia americana. A diferencia de algunas biografías que lo presentan como proveniente de una familia pobre y con educación rudimentaria, la reseña institucional del Liceo Militar General Espejo señala que perteneció a una familia de cierta posición económica y social y recibió una educación poco común para la época. Su vocación militar apareció muy temprano: con apenas 14 años intentó ingresar al Ejército Libertador, pero fue rechazado por su corta edad; insistió y el 1 de noviembre de 1816, ya con 15 años, fue incorporado como cadete al Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Andes. Desde El Plumerillo comenzó una aventura que parecía imposible para un adolescente: atravesó la Cordillera con las fuerzas organizadas por José de San Martín, recibió su bautismo de fuego en Chacabuco y luego estuvo en las operaciones de Talcahuano, Cancha Rayada y Maipú. Pero Espejo no solamente combatía: escribía. Llevaba anotaciones sobre las operaciones y acontecimientos que presenciaba, y el propio San Martín llegó a interesarse por aquellas crónicas, revisándolas y sugiriendo correcciones o agregados. La noche de la derrota de Cancha Rayada, en marzo de 1818, perdió sus primeros apuntes y parte de sus papeles, pero volvió a reconstruir y reunir documentación, una obsesión que décadas más tarde convertiría al antiguo cadete en una fuente excepcional de la historia sanmartiniana. En agosto de 1820 se embarcó en Valparaíso como ayudante del Ejército Expedicionario al Perú y quedó vinculado a tareas del Estado Mayor y a distintas misiones durante la campaña libertadora. Sus escritos terminarían registrando organización militar, movimientos, documentos y recuerdos de aquella empresa que llevó a San Martín hasta Lima. También viajó en la expedición que condujo a San Martín hasta Guayaquil en 1822, aunque existe una precisión importante: Espejo no estuvo dentro de la entrevista privada entre San Martín y Simón Bolívar. Permaneció en el buque Macedonia y posteriormente reconstruyó aspectos de aquel encuentro a partir del relato de Rufino Guido, uno de los hombres próximos al Libertador, material que décadas después nutrió su obra Recuerdos históricos. San Martín y Bolívar. Entrevista de Guayaquil, publicada en 1873. Su vida militar continuó mucho más allá de la Independencia: participó posteriormente en la Guerra del Brasil y en las guerras civiles argentinas, atravesando exilios, cambios políticos y buena parte del turbulento siglo XIX. Con los años aquel joven soldado se transformó en cronista e historiador autodidacta. En 1867 publicó Apuntes históricos sobre la Expedición Libertadora del Perú; en 1873 apareció su obra sobre Guayaquil y en 1882 dio a conocer su monumental El paso de los Andes. Crónica histórica de las operaciones del Ejército de los Andes para la restauración de Chile en 1817, una obra de más de 700 páginas que incluso incorporó documentación original y que hoy conserva la Biblioteca Nacional de Chile como fuente histórica. Su memoria, sus papeles y su correspondencia también resultaron fundamentales para Bartolomé Mitre, con quien mantuvo durante años un intenso diálogo sobre San Martín y las campañas emancipadoras; estudios de la Academia Nacional de la Historia destacan que información suministrada por Espejo fue utilizada en la elaboración de Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana. Gerónimo Espejo murió en Buenos Aires el 18 de febrero de 1889. Sus restos permanecieron primero en la Recoleta, fueron trasladados a Mendoza en 1934 y finalmente, el 15 de noviembre de 1980, quedaron depositados en el Liceo Militar que lleva su nombre. Aquel adolescente que salió de Mendoza dispuesto a cruzar una cordillera terminó haciendo algo extraordinario: sobrevivió a las grandes campañas de la emancipación y, cuando casi todos sus protagonistas habían desaparecido, convirtió sus propios recuerdos, documentos y testimonios en un puente directo hacia la historia. El soldado había terminado convirtiéndose en uno de los grandes guardianes escritos de la epopeya sanmartiniana. #GerónimoEspejo #Mendoza #EjércitoDeLosAndes #JoséDeSanMartín #CruceDeLosAndes #Chacabuco #CanchaRayada #Maipú #HistoriaArgentina #HistoriaDeMendoza #Independencia #MendozAntigua #ArmyOfTheAndes #CrossingOfTheAndes #ArgentineHistory #MendozaHistory #SouthAmericanIndependence #SanMartin #History. Fuentes principales consultadas: Liceo Militar General Espejo; Academia Nacional de la Historia; Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos; Biblioteca Nacional de Chile; repositorio documental de la Independencia del Perú y Universidad Nacional de Lanús. Para ilustrar la publicación, además del retrato de Espejo, la fotografía de 1864 atribuida a Meeks y Kelsey es especialmente valiosa porque se encuentra identificada como de dominio público.
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30 DE SEPIEMBRE DE 1973 🔥⛪ MENDOZA DESPEDÍA A SU PRIMER ARZOBISPO: LA MUERTE DE ALFONSO MARÍA BUTELER, EL HOMBRE QUE CONDUJO TRES DÉCADAS DE HISTORIA ECLESIÁSTICA
Mendoza cerraba aquel día uno de los capítulos más extensos de su historia religiosa con la muerte de Monseñor Alfonso María Buteler, segundo obispo diocesano y primer arzobispo de Mendoza. Había nacido en Los Molinos, Córdoba, el 11 de septiembre de 1892, estudió en el Seminario Conciliar Nuestra Señora de Loreto y completó su formación en Roma, donde obtuvo doctorados en Filosofía y Teología. Ordenado sacerdote en 1915, fue profesor y rector del seminario cordobés antes de que el papa Pío XII lo designara obispo de Mendoza el 11 de octubre de 1940. Fue consagrado el 1 de diciembre y tomó posesión de la diócesis el 21 de diciembre de aquel año. Durante más de tres décadas su nombre quedó ligado a una profunda expansión de la estructura eclesiástica mendocina: impulsó el Seminario Diocesano, promovió vocaciones sacerdotales, alentó la Acción Católica, favoreció la instalación y crecimiento de congregaciones religiosas y la creación de nuevos centros de evangelización, mientras durante su etapa se consolidó también Cáritas en Mendoza. La propia Arquidiócesis recuerda aquellos años como una etapa decisiva de crecimiento institucional. El gran punto de inflexión llegó el 10 de abril de 1961, cuando la sede mendocina fue elevada a Arquidiócesis Metropolitana y Buteler se convirtió así en el primer arzobispo de Mendoza, un título que conservaría hasta su muerte. Ese mismo año recibió además en España la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort, distinción documentada oficialmente en el Boletín Oficial del Estado español. Sus últimos años coincidieron con una etapa particularmente compleja para la Iglesia local, marcada por las transformaciones derivadas del Concilio Vaticano II y fuertes tensiones dentro del clero mendocino. En marzo de 1967, Monseñor Olimpo Santiago Maresma fue nombrado Administrador Apostólico “sede plena” y asumió el gobierno efectivo de la Arquidiócesis; Buteler, sin embargo, continuó siendo arzobispo y quedó vinculado especialmente al ejercicio de las funciones propias del orden episcopal, origen de aquella antigua expresión de las efemérides que señalaba que permanecía a cargo de la “jerarquía del orden” y de las actividades sagradas episcopales. Seis años después, el 30 de septiembre de 1973, murió en Mendoza a los 81 años. Sus restos quedaron depositados en la Catedral Nuestra Señora de Loreto, cerrándose una trayectoria que había acompañado la transformación de una joven diócesis creada apenas en 1934 hasta convertirla en sede metropolitana. Incluso la bibliografía histórica mendocina registra que Los Andes dedicó su edición del 1 de octubre de 1973 a informar su fallecimiento. Una figura imprescindible —y también protagonista de años de intensos cambios y controversias— para comprender casi un tercio de siglo de historia de la Iglesia en Mendoza. Fuente: Arquidiócesis de Mendoza; Agencia Informativa Católica Argentina (AICA); Gloria Videla de Rivero y colaboradores, Aportes para la Historia de la Iglesia en Mendoza, Biblioteca Digital UNCuyo; Boletín Oficial del Estado de España, Decreto 1888/1961; estudios académicos sobre la renovación posconciliar en Mendoza. #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #Efemérides #30DeSeptiembre #AlfonsoMariaButeler #ArzobispadoDeMendoza #IglesiaCatólica #HistoriaArgentina #PatrimonioMendocino #MemoriaHistórica #MendozaHistory #September30 #CatholicChurch #ArgentineHistory #HistoricalMendoza #Archbishop #LocalHistory
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30 DE SEPTIEMBRE DE 1816 — EL PLUMERILLO: EL DÍA EN QUE SAN MARTÍN ENCENDIÓ LA FORJA DEL EJÉRCITO QUE CRUZARÍA LOS ANDES (IMAGEN ILUSTRATIVA)
Aquel día Mendoza se convirtió definitivamente en el corazón militar de una de las empresas más extraordinarias de la independencia sudamericana. El Ejército de los Andes entró en el Campo de Instrucción de El Plumerillo, mientras José de San Martín trasladaba allí el centro de la preparación de las fuerzas destinadas a cruzar la Cordillera y combatir al poder realista en Chile. La fecha está expresamente registrada por la Cronología Sanmartiniana del Instituto Nacional Sanmartiniano, que además aporta una precisión importante: ingresó el Ejército de los Andes con excepción del Batallón de Cazadores, que en ese momento permanecía en San Juan. Apenas semanas antes, el 1 de agosto, San Martín había sido nombrado oficialmente General en Jefe del Ejército de los Andes y, el 24 de septiembre, el mando político de Cuyo había pasado al coronel Toribio de Luzuriaga, permitiendo que el Libertador concentrara sus esfuerzos en la gigantesca operación militar que preparaba. El Plumerillo, en el actual departamento de Las Heras, había sido escogido como campo de acuartelamiento e instrucción por sus terrenos llanos. Su construcción fue también una verdadera empresa colectiva: los vecinos mendocinos aportaron cueros, maderas, sauces, cañas y otros materiales indispensables para levantar las instalaciones destinadas a las tropas. Allí, dentro de barracas proyectadas con participación del ingeniero José Antonio Álvarez Condarco, los reclutas fueron sometidos a una intensa preparación militar; se practicaron movimientos de ataque, tiro y ejercicios de artillería, mientras los oficiales recibían formación en tácticas y estrategias militares. Durante aquellos meses El Plumerillo dejó de ser simplemente un paraje mendocino: se transformó en una gigantesca escuela de guerra, disciplina y logística. En torno al ejército funcionaron talleres, depósitos, servicios sanitarios y actividades vinculadas a la fabricación y reparación de armamento, municiones y equipos necesarios para afrontar una cordillera que constituía por sí misma un enemigo formidable. Allí permanecieron las tropas completando su preparación hasta enero de 1817. El 5 de enero, el ejército participó en Mendoza de la solemne ceremonia vinculada con la Bandera de los Andes y, pocos días después, comenzaron los movimientos que desembocarían en el histórico Cruce de la Cordillera. Por eso, aquel 30 de septiembre de 1816 representa mucho más que un simple cambio de campamento: fue el momento en que hombres provenientes de distintos lugares comenzaron a concentrarse y perfeccionarse en el escenario desde donde San Martín terminaría lanzando una operación militar destinada a modificar para siempre la historia de Chile y del proceso emancipador sudamericano. Fuente de origen: Instituto Nacional Sanmartiniano, “Cronología Sanmartiniana”; Gobierno de Mendoza, Dirección de Patrimonio, Museos y Bibliotecas, investigaciones sobre El Plumerillo; portal educativo oficial Mendoza.edu.ar; Museo Histórico Nacional y Educ.ar. #Mendoza #MendozAntigua #SanMartín #JoséDeSanMartín #EjércitoDeLosAndes #ElPlumerillo #LasHeras #CruceDeLosAndes #HistoriaArgentina #HistoriaDeMendoza #GestaLibertadora #Independencia #AndesArmy #JoseDeSanMartin #ArgentineHistory #MendozaHistory #CrossingOfTheAndes #SouthAmericanHistory
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29 DE SEPIEMBRE DE 1980 - EL TESORO QUE SOBREVIVIÓ AL TERREMOTO: LOS HERMANOS NACIF WEISS Y EL LEGADO QUE SAN JUAN CONVIRTIÓ EN MEMORIA
En esta fecha, las efemérides cuyanas sitúan la inauguración del Museo Histórico y Biblioteca “Hermanos Nacif Weiss” de San Juan, mientras que los registros del Sistema de Información Cultural distinguen 1974 como año de creación institucional y 1980 como el de su inauguración. Detrás de aquellas fechas existe una historia extraordinaria de coleccionismo, perseverancia y amor por el patrimonio. Fortunato Alejandro y José Santiago Nacif Weiss comenzaron desde la década de 1940 a reunir objetos capaces de contar la historia social, artística y cultural de San Juan y de otras regiones del país. Con el tiempo acumularon más de cuatro mil piezas y organizaron aquel patrimonio en una casa-museo denominada “Ceferino Namuncurá”, instalada en la finca La Falda, en el actual departamento San Martín. Fuentes vinculadas a la familia señalan que también Teresa y “Chatita” Nacif Weiss participaron activamente en aquella aventura cultural. El momento decisivo llegó el 29 de septiembre de 1974: Fortunato Alejandro y José Santiago donaron formalmente el patrimonio del Museo Ceferino Namuncurá a la Universidad Católica de Cuyo, que decidió rebautizarlo Museo y Biblioteca Hermanos Nacif Weiss y transformarlo en una institución abierta al público. Tres años después, el terremoto de Caucete de 1977 provocó la caída de los techos de la antigua vivienda y obligó a cerrar aquellas salas. La colección, sin embargo, sobrevivió. En 1980 las piezas fueron trasladadas al edificio dispuesto por la Universidad Católica de Cuyo en su complejo de Rivadavia, en avenida José Ignacio de la Roza 1516 Oeste; el registro cultural nacional consigna precisamente 1980 como año de inauguración de esa etapa del museo. Allí quedó resguardado un verdadero universo del pasado: armas, fotografías, lámparas, planchas, abanicos, monedas, mobiliario, vestimentas, pinturas, objetos arqueológicos, adornos y armas indígenas, además de documentos de enorme interés histórico, entre ellos cartas manuscritas de Domingo Faustino Sarmiento y Julio Argentino Roca. La Universidad informó además que el inventario llegó a unas 4.700 piezas cuidadosamente conservadas, catalogadas y fotografiadas, mientras que otras fuentes históricas describen una biblioteca de alrededor de 5.000 volúmenes y una pinacoteca de más de cuarenta obras. Y aquel legado continúa vivo: en 2026 el museo sigue desarrollando actividades patrimoniales y exposiciones desde la Universidad Católica de Cuyo, demostrando que la colección iniciada por aquellos hermanos hace más de ocho décadas no quedó congelada detrás de una vitrina, sino que continúa dialogando con nuevas generaciones. FUENTES DE ORIGEN: Universidad Católica de Cuyo, “Antecedentes del Museo Hnos. Nacif Weiss” y reseña institucional del Museo; Guía Nacional de Museos, Secretaría de Cultura de la Nación; Sistema de Información Cultural de Argentina; La Melesca, Efemérides de Cuyo; San Juan al Mundo. #SanJuan #HistoriaDeSanJuan #NacifWeiss #MuseosArgentinos #PatrimonioCultural #MemoriaHistórica #UniversidadCatólicaDeCuyo #CulturaCuyana #HistoriaArgentina #Efemérides #SanJuanHistory #ArgentineHistory #CulturalHeritage #MuseumHistory #HistoricalMemory #ArgentinaHeritage
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MALARGÜE, DONDE LA TIERRA GUARDA VOCES: ÁNIMAS QUE LLORAN, LAGUNAS QUE SE ENOJAN Y BRUJAS BAJO LA MONTAÑA - MENDOZA
En el extremo sur de Mendoza existe un territorio donde la geología y la memoria popular parecen haber hecho un pacto. Malargüe no sólo posee volcanes, cavernas, lagunas y paredones extraordinarios: también conserva un formidable universo de relatos transmitidos durante generaciones, algunos de los cuales fueron registrados directamente de antiguos pobladores y hoy constituyen verdaderos documentos del folklore argentino. Uno de los testimonios más impresionantes aparece en Cuentos y leyendas populares de la Argentina, de la investigadora Berta Elena Vidal de Battini. En 1974, Delfín Arroyo, de 57 años y residente de Puerto Arroyo, Malargüe, relató que en el Pozo de las Ánimas se escuchaban los lamentos de personas que habrían muerto en sus profundidades; aquel relato popular explicaba así su inquietante nombre. Otro vecino, Manuel Antonio Jofré, también entrevistado en Malargüe ese año, hablaba de ayes y quejidos y de la vieja creencia de que el pozo era un misterioso “ojo de mar” comunicado por debajo de la Cordillera. La ciencia cuenta otra parte de la historia: el Pozo de las Ánimas está formado por dos grandes dolinas originadas por la disolución de materiales subterráneos y posteriores hundimientos del terreno; las mediciones difundidas por Turismo Malargüe indican aproximadamente 80 metros hasta el nivel del agua y otros 20 metros bajo ella. El viento que atraviesa semejantes cavidades produce sonidos que seguramente ayudaron a alimentar durante décadas la imaginación de quienes vivían en aquellas soledades. Pero Battini dejó registrado algo todavía menos conocido: la leyenda de la Laguna del Negro, en Cajón Grande. Jofré afirmaba que aquella laguna “se enojaba” cuando se acercaban desconocidos, levantando sus aguas con violencia, y que su nombre provenía de la aparición fantasmal de un hombre que muchos lugareños aseguraban haber visto. El mismo narrador contó otra historia malargüina, la de Curilauna: una laguna rodeada de oscuras rocas que, según la tradición, podía rechazar a ciertas personas, levantando sus aguas y produciendo un fuerte chillido. La propia obra de Vidal de Battini anotó que “Curilauna” era interpretado localmente como un nombre híbrido asociado a la idea de “Laguna Negra”. Y si hay un escenario donde el amor, la tragedia y lo sobrenatural se mezclan, es la Laguna de la Niña Encantada. Material educativo de la Dirección General de Escuelas de Mendoza conserva una versión presentada como tradición puelche: Elcha, una joven enamorada de un muchacho que no pertenecía a la nobleza, habría huido con él para evitar un matrimonio impuesto. Perseguidos durante una tormenta, ambos llegaron hasta la laguna y se arrojaron a sus aguas; la hechicera que encabezaba la persecución habría quedado convertida en piedra por un rayo, mientras la imagen de Elcha continuaría reflejándose en el agua. Pero ésa no es la única historia: la misma fuente registra una joven transformada en piedra por un amor imposible, relatos de misteriosas sirenas y hasta una extraordinaria narración criolla según la cual aquel espejo de agua era llamado “Laguna de las Siete Apuestas”: allí un jugador chileno habría pactado con el Diablo por siete bolsas de pepitas de oro y, en la apuesta final, logró engañarlo mostrando la cruz formada por la empuñadura de su daga. Más al sur, la Caverna de las Brujas suma otro capítulo. El Gobierno de Mendoza recoge tradiciones narradas por guías y pobladores sobre ceremonias realizadas alrededor del fuego en la llamada Sala de la Virgen, sombras gigantescas proyectadas sobre las paredes, extrañas luces y dos mujeres cautivas que habrían encontrado refugio dentro de la montaña; con el tiempo, la presencia de grandes lechuzas alimentó la creencia de que aquellas mujeres se habían transformado en aves. Más allá de la leyenda, existen indicios arqueológicos de utilización de la caverna por poblaciones originarias como refugio temporario o para determinadas prácticas, mientras la geología explica sus más de 3.000 metros de galerías como el resultado de la acción del agua sobre antiguas calizas jurásicas de origen marino. Y están también los Castillos de Pincheira, enormes paredones de hasta unos 50 metros que parecen fortalezas construidas por seres humanos pero que SEGEMAR explica como el resultado de la erosión fluvial y eólica sobre rocas volcánicas y sedimentarias del Mioceno. El nombre conserva el eco de los Pincheira, protagonistas reales del convulsionado mundo fronterizo posterior a las guerras de independencia, cuya presencia y redes alcanzaron también territorios del actual sur mendocino. Así, detrás del Malargüe turístico sobrevive otro Malargüe: el de los puesteros que aseguraban que las lagunas reconocían a los viajeros, el de las almas que gemían desde las profundidades, el de muchachas encantadas, pactos con el Diablo, apariciones, brujas y montañas convertidas en castillos. La geología puede explicar cómo nacieron las cavernas, las dolinas y los paredones; la historia puede reconstruir quiénes fueron los hombres que atravesaron aquellos territorios. Pero las leyendas revelan algo diferente y acaso igualmente valioso: la forma en que generaciones enteras intentaron explicar, recordar y poblar de significado uno de los paisajes más extraordinarios de Mendoza. Fuente de origen: Berta Elena Vidal de Battini, Cuentos y leyendas populares de la Argentina, tomo VII, Ediciones Culturales Argentinas, 1984; Dirección General de Escuelas de Mendoza, Geografía de Mendoza; Ministerio de Energía y Ambiente de Mendoza, Reserva Caverna de las Brujas; Municipalidad/Turismo de Malargüe; SEGEMAR, Mapa Geológico de la Provincia de Mendoza; estudios históricos publicados por universidades nacionales. #Malargüe #Mendoza #MendozAntigua #LeyendasDeMendoza #LeyendasDeMalargüe #PozoDeLasÁnimas #NiñaEncantada #CavernaDeLasBrujas #CastillosDePincheira #HistoriaDeMendoza #FolkloreArgentino #TradiciónOral #MisteriosDeMendoza #Argentina #MalargueLegends #MendozaHistory #ArgentineFolklore #LegendsOfArgentina #AncientMendoza #MysteriesOfArgentina
CAVERNA DE LAS BRUJAS: BAJO MALARGÜE, UN LABERINTO JURÁSICO DE SOMBRAS, RITUALES Y LEYENDAS
En el extremo sur de Mendoza, cerca de Bardas Blancas y a unos 65 kilómetros de la ciudad de Malargüe, la montaña esconde uno de los escenarios naturales más extraordinarios y misteriosos de la provincia: la Caverna de las Brujas, un gigantesco laberinto subterráneo abierto en antiguas rocas calcáreas de origen marino. Aquellas calizas pertenecen a la Formación La Manga y fueron depositadas durante el Jurásico Tardío, cuando un mar poco profundo cubría esta región; todavía hoy las rocas conservan fósiles que recuerdan aquel océano desaparecido. Muchísimo después, el levantamiento de los Andes dejó esos estratos inclinados, fracturados y expuestos a la infiltración del agua. La circulación subterránea fue disolviendo lentamente la caliza y ampliando grietas y conductos; hacia el final del último período glacial, una mayor presencia de nieve y hielo habría favorecido nuevas infiltraciones y el desarrollo de los pasadizos. Así fueron apareciendo salas, chimeneas, estrechísimas gateras y formaciones minerales de calcita, yeso y hasta ópalo: estalactitas que descienden desde los techos, estalagmitas que crecen desde el suelo, columnas, velos, coladas y concreciones que parecen haber sido modeladas deliberadamente. Hay incluso una extraordinaria escala temporal escondida en sus minerales: investigaciones sobre sus espeleotemas de yeso obtuvieron edades de aproximadamente 90.200 a 64.300 años para algunos depósitos de las salas inferiores, mientras otras formaciones serían posteriores y estarían relacionadas con períodos áridos del Holoceno. Es decir: las rocas que contienen la caverna son jurásicas, pero el laberinto y sus decoraciones minerales se desarrollaron muchísimo después. La presencia humana también dejó huellas. Estudios arqueológicos indican ocupaciones o utilización del sitio en tiempos prehispánicos, y una investigación difundida por CONICET estudió una secuencia arqueológica fechada aproximadamente entre 3.800 y 5.000 años antes del presente. El análisis mostró además que buena parte de los pequeños restos animales acumulados allí fue producto de aves rapaces, una evidencia que ayuda a reconstruir el ambiente de aquel pasado remoto. Pero donde termina la arqueología comienza el territorio de la tradición oral, y allí nace el nombre que convirtió a esta caverna en leyenda. No encontramos en las fuentes oficiales consultadas una fecha histórica precisa que documente cuándo comenzó a llamársela “Caverna de las Brujas”; el propio Gobierno de Mendoza presenta su denominación vinculada a relatos transmitidos por pobladores y guías. Una de las versiones sostiene que la primera gran cámara, hoy conocida como Sala de la Virgen, era utilizada por pueblos originarios y que allí los machis o especialistas rituales celebraban ceremonias alrededor de grandes fogatas. Las llamas agitadas por el aire proyectaban figuras enormes y deformadas contra las paredes; vistas desde lejos, aquellas sombras parecían seres que bailaban dentro de la montaña. A ello se habrían sumado lamentos, voces, llantos y misteriosos destellos identificados en el imaginario popular con la “luz mala”. De esa combinación de fuego, oscuridad, ecos y temor habría surgido la asociación con las “brujas” y, con el tiempo, el nombre del lugar. Existe, sin embargo, una segunda leyenda todavía más inquietante. La tradición de Bardas Blancas habla de dos mujeres blancas mantenidas cautivas a quienes habrían herido las plantas de los pies para impedirles escapar. Las mujeres consiguieron huir y encontraron refugio dentro de la caverna. Durante algún tiempo, según el relato, pobladores de la zona afirmaban ver al atardecer dos figuras femeninas, desgreñadas y cubiertas de suciedad, que salían de la oscuridad y regresaban posteriormente al interior; desde la montaña se oían quejidos y gritos, mientras extrañas luces y sombras aumentaban el miedo. Cuando las fugitivas desaparecieron, grandes lechuzas comenzaron a salir de la boca de la cueva y nació la historia de que aquellas mujeres se habían transformado en aves para escapar definitivamente. Esta versión continúa formando parte del relato tradicional difundido por el propio Gobierno provincial. Hay además otra variante de la tradición: antiguos viajeros que transitaban por las cercanías habrían observado desde abajo el resplandor de fogatas y sombras humanas proyectándose en la entrada sin poder distinguir a quienes se encontraban dentro; la imaginación terminó convirtiendo aquellas siluetas en supuestas brujas celebrando sus ritos en la montaña. Ciencia y leyenda, por lo tanto, se encuentran aquí sin necesidad de confundir una con otra: la geología explica el origen del laberinto y de sus increíbles formas; la arqueología demuestra una historia humana milenaria en el lugar; y la tradición oral conserva el miedo, las creencias y los relatos con los que generaciones de habitantes interpretaron aquella enorme boca negra abierta en el cerro. En 1990, Mendoza protegió oficialmente este patrimonio mediante la Ley Provincial Nº 5.544, sancionada el 26 de julio de ese año.Actualmente la reserva se encuentra a unos 1.840 metros sobre el nivel del mar y su visita se realiza de manera controlada y con guía habilitado, precisamente porque este ambiente subterráneo es extremadamente frágil. Allí, en absoluta oscuridad, cada gota continúa trabajando sobre la roca mientras las viejas historias siguen acompañando al visitante. Porque en la Caverna de las Brujas hay una explicación científica para la piedra, el agua y las formas minerales; lo que permanece suspendido entre la historia y la imaginación son aquellas sombras que, durante generaciones, hicieron creer que algo —o alguien— habitaba en las profundidades de Malargüe. FUENTES DE ORIGEN: Gobierno de Mendoza, Ministerio de Energía y Ambiente, “Caverna de Brujas” y Prensa Gobierno de Mendoza. Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR), Silvia Barredo, “La Caverna de las Brujas. Un laberinto subterráneo”, Sitios de Interés Geológico de la República Argentina, Anales 46, 2008, y Mapa Geológico de la Provincia de Mendoza. CONICET: Gasco, Rosi y Durán, análisis arqueofaunístico de Caverna de las Brujas. Municipalidad de Malargüe, Dirección de Turismo. Secretaría de Ambiente y Ordenamiento Territorial de Mendoza, legislación de Áreas Naturales Protegidas. #CavernaDeLasBrujas #Malargüe #Mendoza #BardasBlancas #HistoriaDeMendoza #LeyendasDeMendoza #MendozAntigua #PatrimonioNatural #Geología #Espeleología #LeyendasArgentinas #SurMendocino #Brujas #Caves #CaveLegends #Malargue #MendozaArgentina #ArgentineHistory #NaturalHeritage #Geology #Speleology #UndergroundWorld
29 DE SEPTIEMBRE DE 1968, NACE LAURA VALDIVIESO: DEL CORAZÓN DE MENDOZA AL MAPA DEL ARTE ARGENTINO, UNA VIDA ENTRE LA MEMORIA, LA CREACIÓN Y LA CULTURA
29 DE SEPTIEMBRE DE 1968 — Nace en Mendoza Laura Valdivieso, artista visual, investigadora, crítica, curadora, gestora cultural y docente que con el paso de las décadas se convertiría en una figura de referencia para comprender y difundir el arte contemporáneo mendocino. Formada en Artes Visuales en la Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Nacional de Cuyo, profundizó sus estudios en Historia del Arte Argentino y Estética Contemporánea, mientras desarrollaba una trayectoria que terminaría atravesando la creación artística, la enseñanza, la escritura y la gestión cultural. Uno de los capítulos más visibles de aquella historia quedó literalmente grabado en el corazón de la Ciudad de Mendoza: Valdivieso participó, junto con Eneida Roso, en la realización de “La Libertad, esa gesta anónima”, monumental friso concebido por Eliana Molinelli para la fuente de Plaza Independencia e inaugurado el 5 de mayo de 1995. La obra, realizada en bronce, posee un sector central de aproximadamente 5,50 por 5,30 metros y dos grandes murales laterales de unos 3 por 6 metros cada uno, convirtiéndose en uno de los conjuntos de arte público más reconocibles de la capital mendocina. Pero su trayectoria continuó mucho más allá de aquella intervención urbana. Desde fines de la década de 1990 escribe e investiga sobre el arte de Mendoza y, según información oficial del Centro Cultural Borges, sus publicaciones abarcan más de cien catálogos de exposiciones, además de artículos en revistas especializadas y medios de Mendoza y Buenos Aires. También integró el equipo de investigación y escribió para “C/Temp Arte contemporáneo mendocino”, publicación editada en 2008 que buscó documentar y analizar la producción artística de la provincia. Desde 2005 desarrolla una intensa labor como curadora independiente; fue co-curadora de la colección de arte contemporáneo mendocino incorporada al MACRO de Rosario, estuvo vinculada en 2006 al proyecto nacional “Interfaces: diálogos visuales entre regiones” y en 2007 al Proyecto Pertenencia del Fondo Nacional de las Artes. También actuó como jurado en concursos, becas y subsidios de distintas provincias argentinas. Entre 2011 y 2016 dirigió el Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza, el MMAMM, etapa que la colocó al frente de una de las instituciones fundamentales de las artes visuales mendocinas. Su relación con la enseñanza tampoco se detuvo: es docente de la Escuela Regional Cuyo de Cine y Video y actualmente figura además entre sus autoridades académicas. Al mismo tiempo sostuvo su propia producción como artista. En 2023 el Centro Cultural Borges de Buenos Aires presentó su exposición “L de Laura” dentro del ciclo La Línea Piensa, creado por Luis Felipe Noé y Eduardo Stupía para dar visibilidad al dibujo argentino; su obra integra además las colecciones del MACRO de Rosario y del MMAMM. Una trayectoria que ayuda a comprender por qué hablar de Laura Valdivieso significa hablar no solamente de una artista, sino también de décadas dedicadas a conservar archivos, investigar, escribir, enseñar, vincular creadores y construir una memoria propia del arte mendocino. Desde aquella inmensa obra de bronce que todos los días contempla el movimiento de Plaza Independencia hasta los museos, aulas, libros, exposiciones y espacios de debate que atravesó después, su recorrido forma parte de esa historia cultural de Mendoza que muchas veces permanece silenciosa, aunque esté delante de nuestros ojos. Fuente de origen y consulta: La Melesca, efemérides del 29 de septiembre, donde se consigna su nacimiento en Mendoza en 1968; Centro Cultural Borges–Argentina.gob.ar, “La Línea Piensa – Muestra 120”, 27/04/2023; Universidad Nacional de Cuyo, reseña biográfica de Laura Valdivieso; Facultad de Artes y Diseño–UNCuyo, catálogo “Itinerarios monumentales de Mendoza”; Escuela Regional Cuyo de Cine y Video, autoridades institucionales. La fecha específica del 29 de septiembre aparece en La Melesca, mientras que las fuentes institucionales de Nación y UNCuyo corroboran Mendoza y el año 1968. #LauraValdivieso #Mendoza #MendozAntigua #ArteMendocino #HistoriaDeMendoza #ArteArgentino #CulturaMendocina #MMAMM #PlazaIndependencia #ArteContemporáneo #ArtHistory #ArgentineArt #MendozaArt #ContemporaryArt #VisualArts #CulturalHeritage
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CASTILLOS DE PINCHEIRA: LA FORTALEZA DE PIEDRA DE MALARGÜE DONDE LA GUERRA, LOS FORAJIDOS Y UN TESORO PERDIDO SE HICIERON LEYENDA - MENDOZA
A unos 27 kilómetros de la ciudad de Malargüe se levanta uno de los paisajes más enigmáticos del sur mendocino: enormes paredones, torres, grietas y cornisas naturales que parecen las ruinas de una fortaleza construida por el hombre, aunque en realidad son el resultado de millones de años de historia geológica. El SEGEMAR describe allí paredones de hasta unos 50 metros de altura, formados en rocas volcánicas y sedimentarias del Mioceno: el río Malargüe fue socavando y descalzando materiales muy fracturados y, posteriormente, los intensos vientos terminaron modelándolos hasta darles esa extraordinaria apariencia de murallas y torreones. La geología argentina reconoce incluso una “Formación Pincheira”, definida originalmente por Criado Roque en 1950 a partir de estos afloramientos del río Malargüe y compuesta por una potente sucesión de tobas, aglomerados volcánicos, conglomerados y areniscas. Así nació la primera mitad del nombre: “Castillos”, porque desde la distancia aquellas moles recuerdan una fortificación medieval. Pero la palabra “Pincheira” conduce directamente a una de las historias más turbulentas de la frontera argentino-chilena del siglo XIX. Fuentes históricas y trabajos posteriores mencionan los “Castillos de Pincheyra, en Malalhue” como uno de los lugares asociados a José Antonio Pincheira y a las fuerzas que actuaban bajo el liderazgo de su familia; incluso una publicación científica de 1962 describía el lugar como las montañas cavernosas donde se ocultaba el caudillo que terminó dando su apellido al paraje. Los Pincheira eran una familia chilena cuyos hermanos varones encabezaron, después de las guerras de independencia, una poderosa organización armada que durante años se desplazó a ambos lados de los Andes. Durante mucho tiempo fueron retratados simplemente como bandidos, cuatreros y salteadores; sin embargo, investigaciones históricas más recientes, especialmente las de Carla Manara, muestran un fenómeno bastante más complejo: una guerrilla realista y multiétnica que continuó defendiendo la causa monárquica después del derrumbe del poder español en Chile, tejiendo alianzas con grupos pehuenches y utilizando una extensa red de pasos cordilleranos, refugios, campos de pastoreo y rutas comerciales que alcanzaba el sur de Mendoza, Neuquén, las pampas y Chile. Eso no elimina los saqueos, apropiaciones de ganado, cautiverios y ataques documentados, pero obliga a entender que detrás del mito del “bandido Pincheira” existió también una verdadera guerra de frontera vinculada al convulsionado nacimiento de las nuevas repúblicas sudamericanas. El vínculo de José Antonio Pincheira con Mendoza llegó a un extremo difícil de imaginar: el 15 de julio de 1829 el gobierno mendocino celebró con él un tratado por el cual fue reconocido como coronel y jefe de las fuerzas del sur; Pincheira se comprometía a defender la provincia y obedecer las órdenes del gobierno, mientras Mendoza prometía suministrar a sus hombres los recursos que permitieran las circunstancias del erario. El texto del acuerdo sobrevivió y constituye una prueba formidable de hasta qué punto aquel caudillo, perseguido en Chile, había adquirido poder político y militar en la frontera mendocina. Un año después, en 1830, el sur provincial volvió a estremecerse con el episodio conocido como la Tragedia del Chacay, en el que murieron el exgobernador Juan Corvalán, Juan Agustín Maza y otros integrantes de su comitiva. La tradición vinculó durante mucho tiempo aquella matanza directamente con los pincheirinos, aunque las investigaciones contemporáneas advierten que el episodio debe entenderse dentro de una trama mucho más compleja de guerras civiles, disputas políticas, alianzas cambiantes y conflictos entre parcialidades indígenas y autoridades criollas; por eso no resulta riguroso reducirlo simplemente a una orden personal de José Antonio Pincheira. El desenlace llegó en 1832. El general chileno Manuel Bulnes atravesó la cordillera y atacó el principal núcleo pincheirino en las lagunas de Epulafquén, en el actual norte neuquino, el 14 de enero. La organización quedó prácticamente destruida; José Antonio logró escapar, continuó desplazándose hacia el área del Atuel y finalmente aceptó entregarse después de obtener garantías de indulto. Las fuentes sitúan su llegada a Chillán en marzo de aquel año. Pero allí termina la historia documental y comienza el territorio fascinante de la leyenda. Durante generaciones se repitió en Malargüe que entre las cuevas y grietas de los Castillos los hombres de Pincheira podían desaparecer ante sus perseguidores, vigilar desde las alturas cualquier movimiento en el valle y utilizar aquella verdadera fortaleza natural como escondite. Otra tradición los convirtió casi en “Robin Hood” cordilleranos que robaban a los poderosos para repartir parte del botín entre los pobres; esa imagen romántica forma parte del relato popular y turístico, pero no está demostrada por los estudios históricos que reconstruyen el funcionamiento de la guerrilla. Y sobre todas ellas sobrevive una leyenda irresistible: EL TESORO DE LOS PINCHEIRA. Se habla de dinero, alhajas, oro y riquezas acumuladas durante años de incursiones y comercio de ganado, ocultadas antes de la derrota definitiva. Algunas versiones sitúan el escondite entre las grietas de los propios Castillos de Malargüe; otras trasladan el tesoro hacia las lagunas de Epulafquén y otros rincones de la Patagonia. El tesoro nunca pasó del terreno de la tradición y justamente por eso continúa alimentando historias de túneles secretos, cuevas clausuradas y fortunas que todavía esperarían bajo las montañas. Hay, además, una coincidencia toponímica extraordinaria: documentación oficial de Malargüe explica que el nombre del departamento deriva de Malal-Hue, expresión interpretada como “corral de piedra” o “lugar de corrales naturales”, en referencia a las bardas que podían funcionar como cerramientos; un nombre que parece hecho a medida para esta tierra de paredones, refugios y fortalezas naturales. Muchísimo antes de los Pincheira, el sur mendocino ya había sido transitado y habitado durante miles de años por poblaciones originarias; en las proximidades de los Castillos se han registrado materiales arqueológicos, incluido material cerámico, evidencia de que la espectacular geografía del lugar formó parte de paisajes humanos mucho más antiguos que la leyenda decimonónica. Finalmente, el 22 de junio de 1999 Mendoza protegió formalmente este patrimonio mediante la Ley Provincial Nº 6691, que creó una Reserva de Paisaje Protegido de 650 hectáreas conocida como Castillos de Pincheira. Hoy el visitante contempla roca, río y montaña; pero detrás de esas silenciosas paredes existe algo mucho mayor: millones de años de volcanismo y erosión, antiguos habitantes del territorio, una guerra que sobrevivió a la Independencia, tratados secretos y públicos, guerrillas realistas, persecuciones a través de la cordillera y, flotando todavía sobre las grietas de piedra, la irresistible promesa de un tesoro que nadie ha podido convertir definitivamente en historia. En los Castillos de Pincheira, Malargüe conserva uno de esos lugares excepcionales donde cuesta descubrir exactamente en qué punto termina el documento… y comienza la leyenda. FUENTES PRINCIPALES: Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR); Gobierno de Mendoza y Ley Provincial Nº 6691; Municipalidad y Dirección de Turismo de Malargüe; Carla Manara, Contrarrevolución en las fronteras. El liderazgo de los hermanos Pincheira en la guerrilla del Sur americano (1818-1832); Revista de Historia del Derecho; Revista CUHSO; investigaciones publicadas en Diálogo Andino y documentación histórica sobre el Tratado de José Antonio Pincheira con el Gobierno de Mendoza. #CastillosDePincheira #Malargüe #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #HermanosPincheira #JoséAntonioPincheira #LeyendasDeMendoza #TesoroDeLosPincheira #SurMendocino #PatagoniaArgentina #CordilleraDeLosAndes #HistoriaYleyenda #PatrimonioMendocino #PincheiraCastles #Malargue #MendozaArgentina #ArgentineHistory #HiddenTreasure #HistoricalLegends #AndesMountains #Patagonia #SouthAmericaHistory #HistoricMendoza
29 DE SEPTIEMBRE DE 1965 — NACE MIGUEL GANDOLFO: EL MENDOCINO QUE CONVIRTIÓ LA MADERA EN GEOMETRÍA, EQUILIBRIO Y ARTE
Nacido en Mendoza el 29 de septiembre de 1965 —fecha que puede corroborarse incluso en documentación oficial del Boletín Oficial provincial—, Miguel Eduardo Gandolfo construyó una trayectoria singular dentro del arte contemporáneo mendocino, uniendo dos universos que en su obra terminaron siendo inseparables: el conocimiento artesanal de la madera y la experimentación escultórica. Se formó en Artes Plásticas en la Universidad Nacional de Cuyo y fuentes especializadas sitúan su egreso en 1993. Su relación con la madera, sin embargo, había comenzado mucho antes: aprendió el oficio de carpintero y ebanista dentro de su propia familia y profundizó esa formación en el taller de Cayetano Arcidiácono, experiencia decisiva para una producción caracterizada por la precisión de los ensambles, la terminación cuidada y la exploración de las posibilidades expresivas de un material tradicional. Desde 1986 comenzó a exhibir dibujos, historietas, esculturas y posteriormente objetos, muebles y piezas en las que los límites entre arte, artesanía y diseño se volvieron cada vez más difíciles de separar; también realizó trabajos de escenografía teatral. La propia UNCuyo destacó que, desde mediados de los años noventa, su producción escultórica estuvo marcada por una intensa búsqueda constructiva nacida precisamente de su oficio de carpintero.Su obra avanzó hacia una geometría rigurosa pero nunca fría: madera, ángulos, volúmenes, equilibrio y posteriormente color fueron formando un lenguaje reconocible. Parte de su producción ingresó en colecciones como las del Museo Emiliano Guiñazú–Casa de Fader de Mendoza, el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, la colección “20 × 20” de Arte Struktura vinculada al Centro Internacional de Arte Contemporáneo de Milán, el Fondo Nacional de las Artes y diferentes colecciones particulares de Argentina, Francia y Estados Unidos. Su nombre también fue proyectándose hacia algunos de los principales espacios del circuito artístico: en 2016 la UNCuyo eligió una escultura de su Serie Nudos para representar al Museo Universitario de Arte en arteBA, junto a otros creadores mendocinos. En 2024 llegó al Centro Cultural Borges de Buenos Aires con “Ardiente geometría”, exposición dedicada a sus objetos escultóricos y a esa particular convivencia entre saber artesanal, construcción matemática y sensibilidad estética. Su búsqueda siguió evolucionando: entre fines de 2025 y febrero de 2026 el Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza presentó “El Equilibrista”, muestra que reunió obras recientes y trabajos anteriores para explorar cuestiones centrales en su trayectoria como la gravedad, el movimiento, la forma y la tensión. Allí la madera continuó siendo un lenguaje esencial, mientras nuevas curvas y cuerpos geométricos llevaron su investigación hacia una relación cada vez más directa con la figura humana y la historia del arte. Incluso fuera de los museos dejó su marca: el Gobierno de Mendoza documentó que un martillo creado por Gandolfo fue utilizado para amplificar simbólicamente el tradicional “golpe de reja” de una Bendición de los Frutos, demostración de cómo su oficio también pudo integrarse a ceremonias profundamente ligadas a la identidad mendocina. Más de cuatro décadas después de sus primeras exposiciones, la trayectoria de Miguel Gandolfo permite observar una historia profundamente mendocina: la de un oficio transmitido entre generaciones que ingresó al territorio del arte contemporáneo sin renunciar jamás a la materia, al taller ni al trabajo de las manos. Allí donde otros ven simplemente un trozo de madera, Gandolfo construye tensiones, curvas, volúmenes y equilibrios capaces de transformar un antiguo oficio familiar en lenguaje artístico. Para acompañar esta publicación encontramos material fotográfico especialmente valioso en las notas institucionales del MMAMM sobre “El Equilibrista”, en la cobertura de la UNCuyo sobre su participación en arteBA y en los registros del Centro Cultural Borges de “Ardiente geometría”, donde pueden verse tanto al artista como distintas etapas de su producción escultórica. Fuente de origen y consulta: Boletín Oficial del Gobierno de Mendoza; Universidad Nacional de Cuyo; Facultad de Artes y Diseño UNCuyo; Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza; Centro Cultural Borges; Gobierno de Mendoza; Arte-Online y Página/12. #MendozAntigua #MiguelGandolfo #ArteMendocino #Mendoza #ArteContemporaneo #Escultura #Ebanisteria #ArteArgentino #UNCuyo #CasaFader #MMAMM #CulturaMendocina #HistoriaDeMendoza #ArtistaMendocino #MendozaArt #ArgentineArt #ContemporaryArt #Sculpture #WoodArt #WoodSculpture #ArgentineArtist #ArtHistory
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🌑💚 LA LAGUNA DONDE EL AMOR DESAFIÓ A LA MUERTE: ELCHA, BRUJAS, SIRENAS Y UN PACTO CON EL DIABLO EN EL CORAZÓN DE MALARGÜE
En las montañas del sur mendocino, sobre el corredor de la Ruta Provincial 222 y muy cerca de Los Molles, camino a Las Leñas, existe un pequeño espejo de agua que parece imposible entre tanta roca oscura: la Laguna de la Niña Encantada. Tiene aproximadamente 80 metros de diámetro y sus aguas extraordinariamente transparentes adquieren tonalidades verdes, azules y esmeralda según la luz, contrastando con las rocas volcánicas que la rodean. Pero su verdadero misterio comienza debajo de la superficie. La explicación difundida oficialmente por Turismo Malargüe señala que la laguna se encuentra en el escorial volcánico de El Infiernillo y está rodeada por restos de antiguas coladas de lava procedentes de cráteres cercanos. Durante aquellas erupciones, el material volcánico avanzó sobre el curso del arroyo que alimentaba la laguna, cubriéndolo; el agua continuó circulando debajo de aquella masa rocosa y actualmente llega al espejo de agua de manera subterránea. Es decir, la espectacular transparencia que hoy observamos está relacionada con un sistema hídrico oculto bajo las antiguas lavas. Este paisaje extraordinario terminó convirtiéndose en una verdadera fábrica de relatos. La Dirección General de Escuelas de Mendoza conserva en su material Geografía de Mendoza una de las versiones tradicionales más difundidas y la identifica expresamente como una leyenda puelche. Su protagonista es Elcha, una joven de extraordinaria belleza enamorada de un muchacho que no pertenecía a la nobleza. Su pueblo estaba enfrentado con otra comunidad y una hechicera habría convencido al padre de la joven de que un matrimonio acordado entre los hijos de los caciques podría terminar con el conflicto. Elcha, al enterarse de que su destino había sido decidido, buscó a su verdadero amor y ambos escaparon. La persecución comenzó inmediatamente. Era de noche, una tormenta cubría las montañas y, desorientados, los jóvenes terminaron frente a un brusco precipicio cuya caída desembocaba en la laguna. Los relámpagos iluminaron a sus perseguidores acercándose. Sin salida, Elcha y su amado eligieron lanzarse juntos a las aguas. La hechicera llegó poco después al borde del abismo y, según el relato, un rayo cayó sobre ella y la transformó en piedra. Cuando los demás se asomaron al agua encontraron, reflejada como en un espejo, la imagen de Elcha. Desde entonces, asegura la tradición, la muchacha permanece ligada eternamente a aquellas aguas y aquella imagen habría dado origen al nombre de Laguna de la Niña Encantada. Hay, sin embargo, un detalle fascinante que conviene tratar con cautela. La versión escolar tradicional afirma que “Elcha” significaría “espejo” en una lengua originaria, explicación repetida durante décadas en relatos mendocinos; otras recopilaciones, en cambio, sostienen que Elcha tendría un sentido más próximo a “joven” o “niña”. Por eso, desde el punto de vista histórico, lo más prudente es considerar la traducción “espejo” como parte de la tradición legendaria y no como una etimología lingüística definitivamente demostrada. Y aquí aparece otro dato extraordinario: una recopilación que cita al historiador y estudioso de la toponimia mendocina Juan Isidro Maza atribuye al antiguo poblador Francisco Parra el recuerdo de que los pehuenches habrían denominado al lugar “Huecub-Lauquén”, interpretado como “laguna donde se canta”. Si esa tradición oral es correcta, el sitio habría tenido una denominación indígena anterior a la popularización del nombre Niña Encantada, vinculada precisamente con sonidos, cantos y fenómenos misteriosos que luego reaparecerían en otras historias. Porque Elcha no es la única aparición que la memoria popular colocó junto a estas aguas. El mismo material educativo de Mendoza conserva una segunda versión: dos caciques enemigos impedían el amor entre sus hijos y, separada de su enamorado, la joven acudía a la laguna para llorar hasta que finalmente quedó convertida en piedra. Existe además una variante todavía más extraña: antiguos narradores hablaban de mujeres rubias encantadas que habitaban el lugar, seres mitad mujer y mitad pez cuyos cantos podían escucharse desde la orilla. Ante el menor ruido humano se sumergían y desaparecían. Una de aquellas sirenas, especialmente hermosa pero orgullosa, habría recibido un castigo divino y quedado petrificada junto al agua. Esta historia resulta particularmente interesante porque enlaza el supuesto antiguo nombre de “laguna donde se canta” con la tradición posterior de misteriosos cantos femeninos. Pero aún existe otra leyenda, completamente distinta y de origen criollo, que convierte este rincón malargüino en escenario de un enfrentamiento con el mismísimo diablo. Antiguamente, cuenta la tradición, también habría sido llamada “Laguna de las Siete Apuestas”. Un chileno pícaro y jugador habría pactado vender su alma al demonio a cambio de siete pequeñas bolsas llenas de pepitas de oro. El trato debía realizarse de noche junto a la laguna y consistía en disputar siete apuestas. El diablo permitió que el hombre ganara las seis primeras, reservando la última para quedarse con su alma, su cuerpo y el oro. Pero cuando llegó la séptima apuesta, el jugador consiguió distraer al demonio mientras este contemplaba el agua; entonces sacó una daga cuya empuñadura formaba una cruz, invocó el nombre de Jesús y se la mostró. Según la leyenda, el diablo desapareció instantáneamente y el hombre se quedó con su vida y con el oro. La Dirección General de Escuelas de Mendoza conserva esta singular narración junto con las demás tradiciones vinculadas a la laguna. Hay incluso una versión literaria mucho más elaborada que actualmente utiliza la Universidad Nacional de Cuyo en materiales educativos: allí la protagonista aparece con el nombre completo Elchá Chiamal Cané, traducido en ese relato como “Doncella de la Túnica Verde”, y surgen personajes llamados Calilué, Cantipán y la hechicera Ghulcán. Es una muestra extraordinaria de cómo una leyenda oral puede transformarse con cada generación, adquirir nombres, personajes y episodios nuevos y terminar formando varias historias alrededor de un mismo paisaje. Así, detrás de esos apenas 80 metros de agua transparente existe mucho más que un atractivo turístico. La Laguna de la Niña Encantada es el resultado visible de una antigua historia geológica en la que lava, roca y agua subterránea transformaron el paisaje; pero también es un archivo de la imaginación popular del sur mendocino. Allí conviven la joven que prefirió arrojarse al vacío antes que renunciar a su amor, una hechicera petrificada por un rayo, enamorados separados para siempre, sirenas cuyos cantos desaparecen bajo el agua y un jugador que consiguió engañar al diablo en la séptima apuesta. Naturaleza y tradición terminaron fundiéndose hasta hacerse inseparables: las formas oscuras de las rocas, los reflejos del agua y los silencios de la montaña ofrecieron durante generaciones el escenario perfecto para interpretar figuras, escuchar voces y transmitir historias. Quizás por eso la laguna continúa siendo realmente “encantada”: no porque podamos demostrar que Elcha emerge durante las noches de luna o que una bruja permanece convertida en piedra, sino porque durante décadas —y probablemente mucho más— los habitantes del sur mendocino encontraron en este pequeño espejo de agua una forma de conservar sus miedos, amores, creencias y recuerdos. La ciencia explica cómo la lava ocultó el curso de agua; las leyendas intentaron explicar todo lo demás. Fuente de origen y consulta: Turismo Malargüe, Municipalidad de Malargüe; Dirección General de Escuelas del Gobierno de Mendoza, Geografía de Mendoza: Huellas de nuestra identidad; Universidad Nacional de Cuyo, materiales educativos; Universidad Nacional de Cuyo, La complejidad de los ecosistemas del sur de la provincia de Mendoza; referencias de tradición toponímica atribuidas a Juan Isidro Maza. #MendozAntigua #Malargüe #LagunaDeLaNiñaEncantada #NiñaEncantada #Elcha #LosMolles #LasLeñas #Mendoza #LeyendasMendocinas #HistoriaDeMendoza #LeyendasArgentinas #PueblosOriginarios #CordilleraDeLosAndes #MisteriosDeMendoza #PatrimonioCultural #MendozaHistory #ArgentineLegends #EnchantedLagoon #Malargue #AndesMountains #ArgentinaHistory #Folklore #Legends #HiddenMendoza
29 DE SEPTIEMBRE DE 1964, NACE UNA GUITARRA CONTRA EL SILENCIO: “TIN” TARQUINI, EL MENDOCINO QUE CONVIRTIÓ HISTORIAS DE ENCIERRO EN CANCIONES
29 DE SEPTIEMBRE DE 1964 — Nacía en Mendoza Ernesto José “Tin” Tarquini, músico, docente y psicólogo social cuya trayectoria terminó uniendo dos mundos que pocas veces se encuentran de una manera tan profunda: la creación artística y el trabajo con jóvenes atravesados por situaciones de extrema vulnerabilidad. Con su voz y su guitarra participó en distintos proyectos de la escena cuyana y dejó además una huella en otros intérpretes: una reseña oficial del Gobierno de Mendoza señala que la reconocida cantante Patricia Cangemi comenzó precisamente junto a Ernesto Tarquini su camino dentro de la música popular latinoamericana, dato que también aparece en documentación biográfica difundida por el SODRE de Uruguay. Pero quizá la faceta más extraordinaria de Tarquini ocurrió lejos de los escenarios. Desarrolló talleres musicales en la biblioteca del entonces COSE, Centro de Orientación Socio-Educativa, trabajando con jóvenes privados de su libertad y utilizando las canciones como una vía para expresar experiencias que muchas veces resultaban difíciles de poner en palabras. El relato biográfico señala que logró que alrededor de una decena de muchachos comenzaran a escribir sus propias letras; Tarquini tomó aquellos textos y los transformó musicalmente, construyendo un espacio donde escribir, cantar y crear significaba recuperar por un momento una voz propia. Un documento oficial permite comprobar que esa relación con el área social del Estado no fue circunstancial: un decreto publicado en el Boletín Oficial de Mendoza registra a Ernesto José Tarquini prestando servicios en el año 2000 dentro de la Dirección de Niñez, Adolescencia, Ancianidad, Discapacidad y Familia del Ministerio de Desarrollo Social y Salud de la provincia. El proyecto fue creciendo y Tarquini consiguió sumar a músicos y productores mendocinos, entre ellos Oscar Puebla y Fernando “Fana” Martínez, además del estudio Loop Record. Uno de aquellos textos llegó todavía más lejos, Goy Ogalde, referente de Karamelo Santo, grabó una de esas canciones, “El Garrón”. La existencia y difusión de esa obra puede seguirse por otras fuentes: “El Garrón” figura como la pista número 10 de Haciendo Bulla, uno de los discos emblemáticos de Karamelo Santo, y en junio de 2004 Página/12 destacó precisamente a esa canción junto con “Vivo en una isla”, señalando cómo ambas tendían un puente musical entre la cumbia y el reggae. Su letra relata desde adentro el mundo del barrio, la detención, la violencia, la culpa y la pérdida de la libertad, una temática que adquiere otra dimensión cuando se conoce el origen social atribuido al proyecto. Aquello que comenzó como unas hojas escritas por jóvenes dentro de una institución terminó atravesando las paredes del encierro y llegando al repertorio de una de las bandas mendocinas de mayor proyección internacional. Tarquini murió en Mendoza el 28 de mayo de 2020, a los 55 años, después de atravesar una grave enfermedad; su fallecimiento quedó posteriormente reflejado también en documentación oficial de la Provincia y en el proceso sucesorio abierto a su nombre. Su historia deja una imagen poderosa: la de un hombre entrando con una guitarra donde otros veían solamente rejas, escuchando historias que casi nadie escuchaba y ayudando a convertirlas en palabras, melodías y canciones. Porque algunas obras nacen en grandes estudios y otras comienzan mucho más lejos de los reflectores, cuando alguien decide que incluso detrás de una puerta cerrada todavía existe algo que merece ser contado. #ErnestoTinTarquini #TinTarquini #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MúsicaMendocina #CulturaMendocina #KarameloSanto #ElGarrón #GoyOgalde #MúsicaPopular #HistoriaArgentina #MemoriaCultural #InclusiónSocial #ArteYTransformación #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentineMusic #ArgentineHistory #LatinAmericanMusic #SocialMusic #MusicForChange #CulturalMemory #SocialInclusion #MusicHistory Fuentes: Gobierno de Mendoza — Prensa y Boletín Oficial; Poder Judicial de Mendoza; SODRE Uruguay; La Melesca; Página/12; discografía oficial de Karamelo Santo en Bandcamp.
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EL ABISMO QUE LLORA BAJO LOS ANDES: LAS VOCES DE 1974 QUE GUARDARON EL MISTERIO DEL POZO DE LAS ÁNIMAS
En las soledades cordilleranas de Malargüe, donde el viento golpea las paredes de dos enormes cavidades y parece transformar el paisaje en un escenario de otro mundo, el Pozo de las Ánimas conserva historias mucho más inquietantes que la leyenda que habitualmente se cuenta a los visitantes. En 1974, la investigadora argentina Berta Elena Vidal de Battini registró en Malargüe dos testimonios orales extraordinarios que décadas después quedarían publicados en el tomo VII de su monumental obra Cuentos y leyendas populares de la Argentina. La importancia del registro es enorme: la recopilación de Vidal de Battini fue realizada durante más de cuarenta años por pueblos y parajes de todo el país y buscó conservar con la mayor fidelidad posible la manera en que cada narrador contaba sus historias. Una de aquellas voces fue la de Delfín Arroyo, de 57 años, registrado en Puerto Arroyo, Malargüe. Su versión aseguraba que antiguamente habían sido arrojadas personas dentro del enorme abismo y que desde sus profundidades todavía podían escucharse sus gritos y lamentos. Para aquel narrador, los muertos continuaban penando allí y esa presencia explicaba el estremecedor nombre de Pozo de las Ánimas. Pero su relato guardaba todavía un elemento más fantástico: se creía que aquella masa de agua tenía comunicación con el mar. Ese mismo año Vidal de Battini recogió otra versión de labios de Manuel Antonio Jofré, de 55 años, nativo de Malargüe y profundo conocedor de las tradiciones de la región. Jofré recordaba que desde el Pozo se oían ayes y quejidos, como si las almas estuvieran atrapadas en sus profundidades. También transmitió una historia sorprendente: en cierta ocasión habrían hecho descender a un soldado mediante una soga, pero tuvieron que sacarlo rápidamente porque, según la tradición, comenzaba a faltarle el aire antes siquiera de alcanzar el fondo. Jofré agregaba una de las creencias más fascinantes del antiguo imaginario malargüino: el Pozo sería un “ojo de mar”, una masa de agua que nunca se secaba y que estaría comunicada subterráneamente con el océano; quien cayera allí, decía aquella tradición, podría terminar viajando bajo la propia Cordillera. La ciencia ofrece hoy una explicación diferente, aunque igualmente espectacular. El Pozo de las Ánimas está formado por dos enormes dolinas, depresiones producidas por procesos de disolución de materiales solubles como el yeso y posteriores hundimientos del terreno. Turismo Malargüe informa dimensiones cercanas a los 200 metros de diámetro, unos 80 metros desde la superficie hasta el espejo de agua y aproximadamente otros 20 metros bajo ella, medidas obtenidas en 1981 por un equipo encabezado por Rodolfo Rogelio Rocha. Estudios vinculados con la UNCuyo también describen el singular sonido que provoca el viento al penetrar y golpear estas cavidades, un silbido grave que ayuda a comprender por qué generaciones de pobladores pudieron escuchar allí algo parecido a voces, lamentos o llamados provenientes del fondo. Lo verdaderamente extraordinario es separar historia y leyenda: que personas hayan sido arrojadas al Pozo, que un soldado descendiera atado a una soga o que exista un túnel bajo los Andes que comunique sus aguas con el océano forman parte de la tradición oral y no deben presentarse como acontecimientos históricos demostrados. Lo que sí está documentado es que esas creencias circulaban entre pobladores de Malargüe y fueron recogidas directamente en 1974. Así, detrás de la explicación geológica permanece otra realidad igualmente valiosa: durante generaciones hubo mendocinos que contemplaron aquel abismo, escucharon al viento surgir desde sus profundidades y creyeron estar oyendo a quienes jamás habían logrado abandonar el Pozo. Y quizá allí resida el verdadero misterio del lugar: no solamente en lo que existe bajo sus aguas, sino en todas las historias que los hombres imaginaron al asomarse a ellas. Fuente: Berta Elena Vidal de Battini, Cuentos y leyendas populares de la Argentina, tomo VII, relatos Nº 1346 y 1347, Ediciones Culturales Argentinas; Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes; Biblioteca Nacional Mariano Moreno; Turismo Malargüe; Universidad Nacional de Cuyo. #PozoDeLasÁnimas #Malargüe #Mendoza #MendozAntigua #LeyendasDeMendoza #HistoriaDeMendoza #TradiciónOral #FolkloreArgentino #CordilleraDeLosAndes #MisteriosDeMendoza #PozoDeLasAnimas #Malargue #MendozaArgentina #ArgentineLegends #ArgentineFolklore #OralTradition #AndesMountains #MendozaHistory #LegendsOfArgentina #MysteriesOfTheAndes
DEL SUEÑO DE SARMIENTO AL CORAZÓN DEL VINO: MÁS DE 150 AÑOS FORJANDO EL FUTURO DE MENDOZA
Esta imagen del patio del Liceo Agrícola y Enológico “Domingo Faustino Sarmiento”, con sus estudiantes transitando entre aulas y galerías, retrata mucho más que una jornada escolar: detrás de esas paredes se extiende una de las historias educativas más antiguas y estrechamente ligadas al desarrollo agrícola y vitivinícola de Mendoza. Sus antecedentes se remontan a las experiencias de enseñanza agronómica impulsadas en la provincia desde mediados del siglo XIX y, particularmente, a 1870, cuando durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento la Ley Nº 432 creó un Departamento de Enseñanza de la Agronomía dependiente del Colegio Nacional de Mendoza. Aquel proyecto buscaba formar especialistas capaces de aplicar conocimientos científicos a la agricultura y continuar una tradición iniciada en Mendoza en 1853, cuando el gobernador Pedro Pascual Segura había promovido un establecimiento técnico agrícola cuyo primer director fue Miguel Amado Pouget. En febrero de 1874, el Gobierno mendocino cedió terrenos para instalar la Quinta Normal Experimental, puesta en funcionamiento por el agrónomo Francisco Rosa Sanz. Con el paso de los años la institución fue transformándose al mismo ritmo que la economía provincial: hacia 1880 pasó a ser Escuela Nacional de Agricultura y desde 1897 adoptó la denominación de Escuela Nacional de Viticultura y Enología de Mendoza, una señal inequívoca de la enorme importancia que la vid y el vino habían alcanzado en la región. En marzo de 1939 fue denominada Escuela Nacional de Agricultura y Enología y ese mismo año quedó incorporada a la recientemente creada Universidad Nacional de Cuyo. El 28 de septiembre de 1940 llegó otro momento fundamental: mediante la Resolución Nº 658, el rector Edmundo Correas dispuso que la institución pasara a llamarse oficialmente Liceo Agrícola y Enológico “Domingo Faustino Sarmiento”, reconociendo su vínculo histórico con el proyecto educativo impulsado durante la presidencia del sanjuanino.Desde aquellos primeros ensayos de agronomía hasta la enseñanza moderna, generaciones enteras aprendieron allí a vincular estudio, ciencia y producción. La formación fue evolucionando junto con las necesidades de Mendoza y actualmente el establecimiento, integrado al sistema de escuelas secundarias de la UNCUYO y ubicado en el Parque General San Martín, forma técnicos en Tecnología de los Alimentos, continuando una tradición educativa profundamente relacionada con la agricultura, la vitivinicultura y los procesos productivos de la provincia. Más de un siglo y medio después de aquellos primeros pasos, el Liceo sigue siendo una extraordinaria conexión entre dos Mendozas: aquella que comenzaba a estudiar científicamente sus tierras, sus aguas y sus cultivos, y la actual, que continúa formando jóvenes para transformar esos recursos mediante conocimiento y tecnología. La fotografía conserva justamente ese legado en movimiento: estudiantes caminando por un patio donde cada generación escribe una nueva página de una historia iniciada cuando Mendoza comenzaba a construir las bases de la vitivinicultura moderna. Fuente de origen: Universidad Nacional de Cuyo — Liceo Agrícola y Enológico “Domingo Faustino Sarmiento”, Historia institucional; Secretaría Académica UNCUYO, “El LAE celebra 150 años de vida”; Biblioteca Digital UNCUYO, García, Adriana Aída y otros, Encuentro de saberes: 1939-2017, historia de las facultades, institutos y colegios de la Universidad Nacional de Cuyo, EDIUNC, 2017. La fotografía del Liceo aparece incorporada en esta obra institucional. #MendozAntigua #Mendoza #LiceoAgrícola #LiceoEnológico #DomingoFaustinoSarmiento #UNCuyo #HistoriaDeMendoza #EducaciónTécnica #Vitivinicultura #HistoriaArgentina #PatrimonioEducativo #MemoriaMendocina #Agricultura #Enología #MendozaHistory #ArgentineHistory #WineHistory #AgriculturalEducation #TechnicalEducation #HistoricMendoza
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29 DE SEPTIEMBRE DE 1974 — ENTRE DOS FECHAS CLAVE: LA LEY 20.840 Y EL ENDURECIMIENTO LEGAL DE UNA ARGENTINA EN CRISIS
29 DE SEPTIEMBRE DE 1974 — Aquel domingo Argentina quedó exactamente en medio de dos momentos de una misma decisión legislativa: el día anterior, 28 de septiembre, el Congreso Nacional había sancionado la Ley Nº 20.840, conocida como Ley de Seguridad Nacional, y al día siguiente, 30 de septiembre, sería promulgada. Finalmente apareció publicada en el Boletín Oficial Nº 23.006 del 2 de octubre de 1974. La norma nació durante la presidencia constitucional de María Estela Martínez de Perón, en una Argentina atravesada por una creciente violencia política, conflictos internos y enfrentamientos entre organizaciones armadas, fuerzas estatales y distintos sectores políticos y sindicales. El texto era amplio y severo: su artículo 1 establecía penas de tres a ocho años de prisión para quien intentara o promoviera, por medios no contemplados por la Constitución y las leyes, alterar o suprimir el orden institucional y la paz social. El artículo 2 extendía penas de dos a seis años a determinadas formas de divulgación, propaganda, adoctrinamiento o apología relacionadas con aquellas conductas, mientras otros artículos alcanzaban la posesión o distribución de determinados materiales, símbolos y distintivos, además de incorporar figuras vinculadas con actividades económicas consideradas perjudiciales para el funcionamiento de empresas y explotaciones. Por eso el 29 de septiembre constituye una fecha especialmente singular: la ley ya había atravesado su sanción parlamentaria, pero todavía aguardaba la promulgación del Poder Ejecutivo. Era literalmente el día situado entre ambas instancias. Décadas después, investigaciones académicas permitieron reconstruir cómo aquella legislación trascendió rápidamente el texto escrito. Débora D’Antonio, investigadora UBA-CONICET, y Laura Rodríguez Agüero, investigadora CONICET-UNCuyo, estudiaron específicamente su utilización en Mendoza y analizaron cuatro operativos en los que intervinieron fuerzas de seguridad y miembros de la justicia federal. Las autoras sostienen que la Ley 20.840 fue utilizada para vigilar, controlar y perseguir a sectores movilizados de la sociedad civil y documentan causas mendocinas iniciadas por supuestas infracciones a esta normativa, incluidas actuaciones relacionadas con militantes políticos, sindicales y estudiantiles. Uno de los aspectos que vuelve especialmente valioso este episodio para la historia mendocina es que los expedientes judiciales permiten observar cómo una ley nacional comenzó a adquirir consecuencias concretas en las provincias. El estudio de D’Antonio y Rodríguez Agüero reconstruye, entre otros casos, expedientes abiertos bajo la Ley 20.840 y examina la intervención de la justicia federal mendocina antes y después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, mostrando las continuidades que las autoras identifican entre mecanismos legales, procedimientos policiales y prácticas represivas. La historia de la norma tampoco terminó con el gobierno constitucional: continuó vigente durante la última dictadura militar, fue modificada en 1976 y 1978, sus primeros cinco artículos fueron derogados en 1984 por la Ley 23.077 y la Ley 20.840 terminó siendo abrogada íntegramente por la Ley 25.602 en 2002. Así, aquel aparentemente silencioso 29 de septiembre de 1974 quedó atrapado entre dos actos jurídicos decisivos: la sanción del día 28 y la promulgación del día 30. Una fecha que permite observar, casi hora por hora, cómo una decisión tomada en el Congreso comenzaba a incorporarse al aparato legal argentino y cómo, posteriormente, sus efectos también alcanzarían a Mendoza. Fuente de origen: Ley Nº 20.840, Información Legislativa/Argentina.gob.ar, sancionada el 28/09/1974, promulgada el 30/09/1974 y publicada en el Boletín Oficial Nº 23.006 del 02/10/1974; D’Antonio, Débora y Rodríguez Agüero, Laura, “Persecución política y complicidad judicial en Mendoza durante los años setenta”, Descentrada, Vol. 8, Nº 2, Universidad Nacional de La Plata, 2024; antecedentes de debates del Congreso Nacional, Cámara de Senadores, 26 y 27 de septiembre de 1974. #MendozAntigua #HistoriaArgentina #HistoriaDeMendoza #Mendoza #Ley20840 #SeguridadNacional #Argentina1974 #IsabelPerón #MaríaEstelaMartínezDePerón #CongresoArgentino #MemoriaHistórica #HistoriaPolítica #ArgentineHistory #MendozaHistory #Argentina1974 #PoliticalHistory #HistoricalMemory #NationalCongress
29 DE SEPTIEMBRE DE 1816 — SAN MARTÍN PUSO AL BATALLÓN Nº 8 BAJO DISCIPLINA: LA TENSIÓN OCULTA ANTES DEL CRUCE DE LOS ANDES
29 DE SEPTIEMBRE DE 1816 — Mientras Mendoza se transformaba en la gigantesca retaguardia de la futura expedición libertadora a Chile, José de San Martín libraba otra batalla menos conocida: mantener unido, obediente y preparado al ejército que debía atravesar la Cordillera. Ese día quedó fechado un documento extraordinario conservado en la colección del Archivo de Don Bernardo O’Higgins. En el índice de la sección “O’Higgins en el Cuartel General de Mendoza. Correspondencia de agosto a noviembre de 1816” figura como pieza Nº 50 un “Oficio del General San Martín al Brigadier O’Higgins sobre medidas disciplinarias que adopta en el batallón número 8”, fechado precisamente el 29 de septiembre de 1816. La referencia adquiere mucha mayor dimensión cuando se la cruza con documentación estudiada por el Instituto Nacional Sanmartiniano: durante septiembre de aquel año se instruyó un sumario a raíz de declaraciones sobre una posible sedición o acto de subversión interna que involucraba a integrantes de los cuerpos Nº 8 y Nº 11. En aquella investigación intervinieron, entre otros, Bernardo O’Higgins, Pedro Conde y José Matías Zapiola, y el episodio terminó con una decisión severa de San Martín: José María Rodríguez, entonces jefe del Nº 8, fue relevado y separado del Ejército de los Andes. El índice del Archivo de O’Higgins no reproduce por sí solo el contenido completo del oficio del día 29, por lo que sería imprudente afirmar que esa pieza contiene exactamente la orden de destitución de Rodríguez; sin embargo, su fecha y su descripción la sitúan en pleno corazón de aquella crisis disciplinaria. Lo fascinante es que todo ocurría mientras San Martín trabajaba contra reloj en la organización de la fuerza que pocos meses después cruzaría los Andes. El Batallón Nº 8 tenía además una importancia enorme: una parte sustancial de sus soldados eran afrodescendientes, libertos y hombres incorporados a las fuerzas patriotas, protagonistas fundamentales de aquella infantería que se entrenó en Mendoza y que después combatiría en Chile. El Instituto Nacional Sanmartiniano señala que los batallones Nº 7 y Nº 8, integrados por negros libertos, completaron su preparación en El Plumerillo durante los últimos meses de 1816 y, ya en febrero de 1817, formarían parte de las fuerzas conducidas por O’Higgins en el ataque de Chacabuco. El Nº 8 siguió creciendo y reorganizándose: Pedro Conde sería nombrado comandante el 16 de noviembre y reconocido oficialmente pocos días más tarde; la enorme cantidad de efectivos llevaría finalmente a dividir aquella fuerza en nuevas unidades. Así, aquel oficio del 29 de septiembre permite mirar la epopeya desde un ángulo diferente: antes de las cumbres nevadas, de Chacabuco y de las imágenes heroicas que quedarían grabadas en la historia, hubo investigaciones, tensiones, cambios de mando, reglamentos y decisiones tomadas en los despachos y cuarteles de Mendoza. San Martín sabía que para conducir miles de hombres a través de una de las cordilleras más difíciles del mundo no bastaban fusiles, mulas y cañones: necesitaba un ejército disciplinado. Y aquel 29 de septiembre de 1816, el Batallón Nº 8 quedó en el centro de esa silenciosa batalla por convertir una fuerza todavía en formación en el Ejército de los Andes. Fuente de origen: Archivo de Don Bernardo O’Higgins, Índice, Tomo VII, sección “O’Higgins en el Cuartel General de Mendoza. Correspondencia de agosto a noviembre de 1816”, pieza Nº 50, p. 54; Instituto Nacional Sanmartiniano, Anales de la Academia Sanmartiniana, estudios sobre la Infantería de Libertos y el Ejército de los Andes; Instituto Nacional Sanmartiniano y Museo Histórico Nacional, Documentos para la Historia del Libertador General San Martín, Tomo IV, Primera Serie, julio-diciembre de 1816. #MendozAntigua #Mendoza #SanMartín #JoseDeSanMartín #BernardoOHiggins #EjércitoDeLosAndes #Batallón8 #ElPlumerillo #CruceDeLosAndes #HistoriaArgentina #HistoriaDeMendoza #Independencia #Afroargentinos #ArmyOfTheAndes #SanMartin #OHiggins #ArgentineHistory #MendozaHistory #AndesCrossing #SouthAmericanHistory
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