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viernes, 7 de agosto de 2026

1940: CUANDO MENDOZA BLINDÓ SU ORO NEGRO — EL PACTO CON YPF QUE CAMBIÓ LA PROVINCIA EN PLENA GUERRA MUNDIAL


En 1940, mientras Europa ardía en la Segunda Guerra Mundial y el petróleo se convertía definitivamente en un recurso capaz de decidir la suerte económica y militar de las naciones, Mendoza libraba una batalla mucho menos conocida: definir quién explotaría su petróleo, cuánto recibiría la provincia y qué infraestructura debía construirse con aquella riqueza que comenzaba a brotar con una fuerza inesperada. Todo comenzó con un rumor. En enero de aquel año, diarios mendocinos y nacionales informaron que el gobierno provincial podía modificar su política petrolera y permitir nuevamente solicitudes privadas de cateo. La versión despertó temor entre quienes defendían que los hidrocarburos mendocinos continuaran fundamentalmente bajo explotación estatal. El gobernador Rodolfo Corominas Segura salió públicamente a desmentirlo, calificándolo como una “noticia maliciosa”, y mantuvo correspondencia con Ricardo Silveyra, entonces presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, para despejar cualquier duda sobre la posición provincial. Paradójicamente, aquella polémica terminó acelerando una negociación trascendental. Mendoza y YPF ya estaban vinculadas por el convenio de 1932, pero ocho años después la realidad había cambiado por completo. Los pozos de Tupungato, Lunlunta, Barrancas y Cacheuta estaban demostrando que debajo de la provincia existía una riqueza mucho mayor de la prevista. Entre 1939 y 1940 la producción mendocina aumentó alrededor de un 250%: pasó de 128.398 metros cúbicos en 1939 a 399.279 en 1940. Al año siguiente llegaría a más de 531.000 metros cúbicos, casi el 24% de la producción petrolera nacional registrada por YPF. Mendoza había pasado, en pocos años, de ocupar un lugar marginal a convertirse en el segundo distrito petrolero argentino, detrás de Comodoro Rivadavia. Era tanto petróleo que apareció un problema insólito: la provincia comenzaba a producir más crudo del que podía transportar y refinar eficientemente. Hacia 1940, YPF había ejecutado 58 perforaciones en la cuenca cuyana; 40 eran productivas. Tupungato sobresalía extraordinariamente: sus pozos aportaban unos 780 metros cúbicos diarios, frente a los 180 de Lunlunta, 50 de Barrancas y 40 de Cacheuta según las estadísticas recopiladas para el período. En ese escenario se negoció durante semanas el nuevo acuerdo. La discusión no era menor: se debatían las regalías, el canon minero, el valor que debía utilizarse para calcular el petróleo producido, las obligaciones de YPF, los caminos, el transporte y, sobre todo, la necesidad de ampliar la capacidad de refinación. Finalmente el convenio fue ratificado por la Legislatura mendocina y convertido en la Ley Provincial Nº 1.388, publicada en el Boletín Oficial el 27 de septiembre de 1940. El nuevo régimen fijó para Mendoza una regalía equivalente al 12% de la producción bruta medida en boca de pozo, que podía cobrarse en dinero o en especies según acordaran anualmente las partes. Pero el acuerdo iba mucho más allá de cobrar por cada metro cúbico extraído. YPF debía ocuparse también de mejorar los caminos provinciales que utilizara, transformándolos en vías permanentes, consolidadas o asfaltadas. Y existía además una concepción extraordinariamente moderna para la época: una parte de la riqueza petrolera debía transformarse en infraestructura capaz de generar nueva riqueza. El convenio dispuso que una porción sustancial de las regalías estuviera vinculada a obras hidráulicas, embalses y aprovechamientos relacionados con el desarrollo agrícola e industrial. Mientras tanto, otro gigantesco proyecto estaba sobre la mesa: un oleoducto Mendoza–San Lorenzo, pensado para transportar hasta un millón de metros cúbicos de petróleo por año hacia Santa Fe. YPF proyectaba multiplicar la extracción mendocina, pero la guerra mundial planteaba un obstáculo inesperado: los tubos de acero especiales necesarios debían importarse y eran considerados materiales estratégicos en una Europa en guerra, dificultando enormemente su adquisición. El propio Silveyra llegó a impulsar la posibilidad de fabricarlos en Argentina. La transformación más visible llegaría pocos meses después. La antigua destilería de Godoy Cruz ya resultaba insuficiente, por lo que se levantó una nueva planta junto al río Mendoza. La Refinería de Luján de Cuyo fue inaugurada el 20 de diciembre de 1940, apenas alrededor de un año después de iniciarse el proyecto. Podía procesar unos 500 metros cúbicos diarios, cinco veces la capacidad inicial de la planta de Godoy Cruz, y su inversión superó los cuatro millones de pesos de entonces. Sus instalaciones estaban proyectadas para producir anualmente decenas de millones de litros de nafta, kerosene y combustible diésel, abasteciendo no sólo a Mendoza sino también a San Juan, San Luis, La Rioja y parte de Córdoba. Y existe otro dato que permite comprender por qué semejante infraestructura era imprescindible: entre 1932 y 1940 el parque automotor mendocino prácticamente se duplicó, pasando de 8.867 a 16.129 vehículos. Petróleo, rutas, automóviles, industria y expansión urbana comenzaban a formar parte del mismo fenómeno económico. Después del acuerdo también se reforzaron los mecanismos provinciales de control sobre las actividades de YPF. Mendoza no se limitaba a entregar el subsuelo para que otra administración decidiera qué hacer con él: pretendía conocer cuánto se perforaba, cuánto se extraía, cómo se transportaba y cómo se calculaban los ingresos que correspondían al Estado provincial. Visto desde hoy, aquel convenio de 1940 fue mucho más que un contrato entre una provincia y una empresa pública. Fue el momento en que Mendoza comprendió que bajo sus viñedos, montañas y desiertos existía otra economía capaz de modificar para siempre su estructura productiva. En apenas ocho años desde aquel primer convenio de 1932, la provincia se había convertido en la segunda productora petrolera de la Argentina. Y mientras el mundo combatía por territorios, materias primas y energía, Mendoza comenzaba a construir una de las industrias que definirían buena parte de su historia económica durante el resto del siglo XX. #Mendoza #MendozAntigua #YPF #Petroleo #PetroleoMendocino #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #LujanDeCuyo #RefineriaLujanDeCuyo #Tupungato #Cacheuta #Lunlunta #ElSosneado #RodolfoCorominasSegura #RicardoSilveyra #OroNegro #IndustriaArgentina #Energia #PatrimonioIndustrial #Efemerides #ArgentinaHistory #MendozaHistory #YPFHistory #OilHistory #ArgentineHistory #IndustrialHeritage #PetroleumHistory #EnergyHistory

sábado, 1 de agosto de 2026

1932–1940: DEL IMPERIO DEL VINO AL ORO NEGRO — LA DÉCADA EN QUE MENDOZA PERFORÓ SU FUTURO


Durante siglos, Mendoza había construido su identidad económica alrededor de la vid, las bodegas y el vino. Sin embargo, en la década de 1930, mientras aquella industria atravesaba una profunda crisis de sobreproducción, caída del consumo y acumulación de excedentes, otra riqueza comenzó a emerger desde las entrañas de la tierra: el petróleo. El golpe de Estado de 1930 abrió una etapa política convulsionada. José María Rosa fue designado interventor federal de Mendoza por el gobierno de facto encabezado por José Félix Uriburu. En medio de la recesión, la desocupación y las dificultades de la vitivinicultura, la dirigencia provincial comprendió que la economía mendocina necesitaba ampliar sus horizontes. La provincia no debía abandonar el vino, sino dejar de depender exclusivamente de él. Mendoza ya poseía antecedentes petroleros extraordinarios. A fines del siglo XIX, la Compañía Mendocina de Petróleo, impulsada por Carlos Fader y otros miembros de la élite local, había sido una de las primeras grandes experiencias privadas de explotación de hidrocarburos del país. Sus trabajos en Cacheuta fueron técnicamente audaces, pero las dificultades económicas y de transporte terminaron paralizando la actividad durante las primeras décadas del siglo XX. El cambio decisivo llegó cuando el Estado provincial estrechó sus vínculos con Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Durante 1931, técnicos de YPF inspeccionaron Cacheuta y distintas zonas del sur mendocino. Poco después, la empresa estatal asumió la explotación de Agua del Corral, un área de más de 19.000 hectáreas perteneciente a la antigua compañía petrolera mendocina. El acuerdo contemplaba la perforación de nuevos pozos, la utilización de instalaciones existentes y la posibilidad de construir depósitos, edificios y oleoductos. El 29 de julio de 1932, el gobierno provincial y YPF firmaron el convenio que transformaría definitivamente el destino energético de Mendoza. Presentado ante la Legislatura el 1 de agosto y convertido en la Ley 966 el 19 de septiembre, el acuerdo encomendó a la petrolera estatal la exploración metódica y sistemática de hidrocarburos líquidos, sólidos y gaseosos en todo el territorio provincial. Mendoza comenzaba a integrarse formalmente al mapa petrolero argentino. Los primeros resultados fueron modestos. En 1935, YPF había perforado 27 pozos, muchos de los cuales producían apenas entre tres y cuatro metros cúbicos diarios. No obstante, ese petróleo servía para alimentar las calderas de los propios campamentos y permitía continuar las exploraciones. Detrás de cada perforación existía una apuesta de enorme riesgo: no había certeza sobre la dimensión de las reservas, pero sí la convicción de que bajo la montaña dormía una riqueza estratégica. La gran transformación comenzó en 1938 con el pozo T-19 de Tupungato y continuó en Barrancas y Lunlunta. En apenas un año, la producción provincial se cuadruplicó. Entre 1939 y 1940 creció alrededor de un 250%, y volvió a aumentar durante 1941. Mendoza, que en 1934 apenas representaba el 0,1% de la producción petrolera nacional, alcanzó siete años después casi el 24%. En 1940 ya se había convertido en el segundo distrito productor del país, únicamente detrás de Comodoro Rivadavia. El petróleo también exigió caminos, depósitos, camiones, técnicos, obreros y refinerías. Primero se construyó una planta de almacenamiento y destilación en Godoy Cruz. Pero el crecimiento fue tan acelerado que aquella instalación quedó pequeña. La Ley provincial 1316 permitió entonces levantar una refinería mucho mayor en Blanco Encalada, Luján de Cuyo. Inaugurada el 20 de diciembre de 1940, podía procesar unos 500 metros cúbicos diarios, cinco veces más que la planta anterior, y abastecer con combustibles a Mendoza, San Juan, San Luis, La Rioja y parte de Córdoba. En menos de una década, aquella provincia castigada por la crisis vitivinícola había construido una nueva industria pesada, creado puestos de trabajo, generado regalías e incorporado conocimientos técnicos que posteriormente impulsarían la formación especializada en ingeniería del petróleo. Mendoza continuó siendo la tierra del sol y del buen vino, pero desde entonces también se convirtió en tierra de pozos, oleoductos, refinerías y hombres cubiertos de petróleo. El llamado “oro negro” había dejado de ser una promesa escondida bajo las piedras. Era ya una realidad capaz de modificar la economía, el paisaje y el destino de toda una provincia. #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #PetróleoEnMendoza #OroNegro #YPF #LujánDeCuyo #Cacheuta #Tupungato #Lunlunta #Barrancas #IndustriaArgentina #HistoriaArgentina #PatrimonioIndustrial #EnergíaArgentina #MendozaHistory #OilHistory #ArgentineHistory #BlackGold #PetroleumIndustry #IndustrialHeritage #EnergyHistory #YPFHistory #MendozaArgentina #HistoricMendoza

lunes, 29 de junio de 2026

CUANDO MENDOZA ERA FAMILIA, CALLE Y MEMORIA: LAS MIR EN LA 5TA SECCIÓN DE LOS AÑOS 40


Hay fotografías que no solo muestran personas: abren una puerta al alma de una ciudad. Esta imagen, tomada en la Mendoza de los años 40, nos lleva a la calle Paso de Los Andes, en plena 5ta Sección, frente a la casa familiar. Allí aparecen Esther Mir y Olga Mir, mendocinas de nacimiento, integrantes de una familia marcada por el esfuerzo, la raíz española y la memoria de aquellos inmigrantes navarros y aragoneses que llegaron a esta tierra para sembrar futuro. La escena es profundamente mendocina: una calle amplia, veredas tranquilas, fachadas antiguas, ropa elegante, miradas serenas y un automóvil que habla de otra época. No hay apuro. No hay ruido moderno. Hay barrio, familia, pertenencia y una ciudad que todavía respiraba con otro ritmo. La 5ta Sección no era un lugar cualquiera. Con el desarrollo del Parque General San Martín hacia comienzos del siglo XX, la zona fue transformándose en un sector residencial distinguido. La Municipalidad de la Ciudad de Mendoza recuerda que, con la aparición del parque, comenzaron a instalarse allí numerosas familias, mientras los antiguos viñedos y chacras fueron dejando paso a nuevas calles y loteos de viviendas. También señala a Paso de Los Andes como uno de los ejes importantes de la zona. Ese proceso urbano estuvo ligado al gran cambio que vivió Mendoza desde fines del siglo XIX. El Parque General San Martín nació oficialmente como Parque del Oeste por la Ley 19, sancionada el 6 de noviembre de 1896, impulsada por Emilio Civit y proyectada con la intervención del paisajista Carlos Thays. Fue pensado para embellecer la ciudad, mejorar la salud pública y crear un gran oasis verde en una provincia de clima árido. La historia familiar de Esther y Olga también dialoga con una historia mayor: la de la inmigración española en Mendoza. Estudios sobre la vitivinicultura y la inmigración señalan que españoles e italianos fueron los grupos extranjeros más numerosos en la provincia, y que los españoles mostraron una marcada preferencia por instalarse en la Ciudad de Mendoza. En 1914, la Capital mendocina tenía 11.764 españoles, una presencia decisiva en la vida urbana, comercial y social de la época. Por eso esta foto vale mucho más que una postal antigua. Es el retrato de una familia, pero también de una Mendoza que crecía entre acequias, arboledas, casas bajas, calles de tierra o calzada simple, inmigración, trabajo y orgullo barrial. En esas sonrisas está la historia íntima de miles de hogares mendocinos: hijos y nietos de inmigrantes que hicieron de esta provincia su lugar en el mundo. Esther Mir y Olga Mir, nacidas en Mendoza, hijas de raíces navarras y aragonesas, representan esa mezcla luminosa entre herencia europea y alma cuyana. Una generación que vivió la ciudad desde la puerta de su casa, cuando una fotografía familiar podía convertirse, décadas después, en un documento de identidad mendocina. Foto gentileza de Valentina Mir. #MendozAntigua #MendozaAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #QuintaSección #5taSección #PasoDeLosAndes #FamiliasMendocinas #MemoriaFamiliar #InmigraciónEspañola #Navarra #Aragón #ArgentinaAntigua #FotosAntiguas #MendozaVintage #CulturaMendocina #HistoriaArgentina #OldMendoza #VintageMendoza #FamilyHistory #SpanishImmigration #ArgentinaHistory #HistoricPhotos #VintageArgentina

miércoles, 10 de junio de 2026

🔥 EL ACONCAGUA DESDE EL REINO DEL HIELO: LA EXPEDICIÓN DE 1946 - Glaciar Horcones Superior - MENDOZA


Mendoza, 1946. A 5.500 metros de altura, un andinista contempla el Glaciar Horcones Superior, con el cerro Catedral recortado al fondo. No es una simple postal de montaña: es una imagen tomada en el corazón de una expedición al Aconcagua, cuando avanzar significaba desafiar el frío, el viento, la altura y el silencio absoluto de la cordillera. El Glaciar Horcones Superior forma parte del Parque Provincial Aconcagua, uno de los paisajes más imponentes de los Andes Centrales. Allí, entre valles profundos, cumbres que superan los 5.000 metros y enormes reservas de hielo, la montaña guarda una parte esencial del agua dulce mendocina. El parque protege 65.720 hectáreas y tiene como gran símbolo al Aconcagua, la cumbre más alta del hemisferio occidental, con 6.962 metros. Según registros de montaña, esta fotografía corresponde a la Expedición al Aconcagua de 1946 y muestra el Glaciar Horcones Superior visto desde los 5.500 metros, con el cerro Catedral al fondo. Aquellos días de altura exigían aclimatación, resistencia y recursos mínimos: incluso el agua debía obtenerse fundiendo nieve. Hoy, el IANIGLA-CONICET identifica al Horcones Superior como uno de los glaciares más visitados de Mendoza. También advierte que este cuerpo de hielo, ubicado en la cabecera del valle homónimo, muestra una marcada retracción año tras año por la escasez de precipitaciones níveas. Una imagen que resume la grandeza del Aconcagua: roca, hielo, historia y hombres diminutos frente a una montaña eterna. #Mendoza #Aconcagua #GlaciarHorcones #HorconesSuperior #CerroCatedral #AltaMontaña #CordilleraDeLosAndes #HistoriaMendocina #Expedición1946 #Montañismo #Andinismo #MendozAntigua #MendozaAntigua #Andes #AconcaguaMountain #HorconesGlacier #HighMountain #Mountaineering #AndesMountains #MendozaArgentina #VintagePhoto #MountainHistory. 
Fuente: Revista Geográfica Americana, mayo de 1946 / Centro Cultural Argentino de Montaña.

martes, 9 de junio de 2026

🏔️ PLAZA DE MULAS 1946: EL CAMPAMENTO DONDE EL ACONCAGUA MEDÍA EL CORAJE - MENDOZA


Año 1946. En plena alta montaña mendocina, a 4.230 metros de altura, el campamento de Plaza de Mulas parecía apenas un pequeño refugio humano frente a la inmensidad brutal del Aconcagua. La imagen muestra mucho más que carpas, rocas y nieve. Muestra una época en la que llegar hasta allí ya era una hazaña. No había la infraestructura actual, ni comunicaciones modernas, ni equipos livianos como los de hoy. Había frío, viento, cansancio, mulas de carga, baqueanos, botas pesadas y una decisión enorme: avanzar hacia el techo de América. La expedición al Aconcagua de 1946 tuvo como punto clave este campamento base, ubicado en el corazón del valle de Horcones, rodeado por cumbres, glaciares y paredes que imponían respeto. Desde allí, los andinistas se aclimataban, estudiaban el clima, preparaban el cuerpo y la mente, y esperaban el momento justo para intentar la cumbre. Aquel paisaje no era solo un escenario de aventura: era una prueba de resistencia. Cada metro ganado era una batalla contra la altura, el aire escaso, la nieve y la soledad de la cordillera. Plaza de Mulas fue, y sigue siendo, una puerta simbólica hacia el Aconcagua. Un lugar donde la montaña deja de ser postal y se convierte en desafío. En esta fotografía antigua late una Mendoza profunda: la de los caminos de piedra, los baqueanos, las expediciones heroicas y los hombres que se animaban a mirar de frente al gigante blanco. #Aconcagua #PlazaDeMulas #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #Aconcagua1946 #CerroAconcagua #TechoDeAmérica #CordilleraDeLosAndes #AltaMontaña #Andinismo #Montañismo #PuenteDelInca #ValleDeHorcones #MendozaArgentina #MountainHistory #AconcaguaMountain #AndesMountains #Mountaineering #BaseCamp #HistoricPhoto. Fuente: Revista Geográfica Americana, mayo de 1946. Artículo “Sobre la Cumbre más alta de América”, por L. M. Herold. Imagen reproducida por Centro Cultural Argentino de Montaña / Cultura de Montaña.

lunes, 8 de junio de 2026

(ca.1946) PLAZA DE MULAS: CUANDO ERA SOLO PIEDRA, NIEVE Y CORAJE - PARQUE PROVINCIAL ACONCAGUA, MENDOZA


Antes de los refugios, de los servicios de montaña y del movimiento internacional de expediciones, Plaza de Mulas era esto: una inmensidad desnuda, áspera y silenciosa, perdida entre paredes de roca, manchones de nieve y un horizonte donde el ser humano parecía apenas una sombra frente al poder de la cordillera. La imagen muestra la Plaza de Mulas del Cerro Aconcagua cuando todavía no estaba construido el refugio, en una época en la que llegar hasta allí era una verdadera hazaña de resistencia. No había comodidades ni infraestructura moderna: solo mulas cargueras, carpas, abrigo precario, viento helado, puna y hombres enfrentados a uno de los paisajes más extremos de Mendoza. En el Centro Cultural Argentino de Montaña se conserva esta referencia histórica, vinculada al tiempo previo a la instalación del refugio en ese sector del Aconcagua. Plaza de Mulas se transformaría con el tiempo en uno de los grandes puntos de referencia del andinismo argentino: el campamento base de la ruta normal hacia el Aconcagua, lugar de aclimatación, espera, logística y sueños de cumbre. Hoy el Gobierno de Mendoza identifica el trekking largo hasta Plaza de Mulas como una actividad de alta dificultad, con exigencia de equipo adecuado, experiencia en montaña y seguro de evacuación. El escenario que rodea esta fotografía pertenece al Parque Provincial Aconcagua, ubicado sobre la Ruta Nacional 7, a unos 185 kilómetros de la Ciudad de Mendoza, dentro de un área protegida de enorme valor natural, hídrico, paisajístico y arqueológico. El parque resguarda glaciares, vegas altoandinas, fauna, flora y sitios vinculados incluso al antiguo mundo andino. Allí se levanta el “Coloso de América”, cuya altura oficial moderna fue establecida por el Instituto Geográfico Nacional en 6.960,8 metros sobre el nivel medio del mar, tras campañas geodésicas realizadas entre 2011 y 2012. Mucho antes de convertirse en símbolo mundial del montañismo, el Aconcagua ya imponía respeto: su cumbre fue alcanzada por primera vez en 1897 por el guía suizo Matthias Zurbriggen. Esta vieja imagen no habla solo de montaña. Habla de una Mendoza de frontera, de arrieros, exploradores, militares, baqueanos y pioneros que abrieron huella donde casi todo era silencio. Plaza de Mulas fue primero intemperie pura; después, refugio; más tarde, campamento base. Pero en esta postal antigua todavía se ve el Aconcagua en su forma más cruda: inmenso, hostil y sagrado. #Aconcagua #PlazaDeMulas #Mendoza #CordilleraDeLosAndes #HistoriaMendocina #AltaMontaña #Andinismo #ColosoDeAmérica #MendozAntigua #MontañasArgentinas #PatrimonioNatural #AconcaguaMountain #MendozaArgentina #AndesMountains #MountainHistory #BaseCamp #HighMountain #ArgentineHistory #AndeanHeritage. Fuente web localizada: Centro Cultural Argentino de Montaña — CCAM

domingo, 7 de junio de 2026

1949: LA VOZ QUE SUBIÓ AL ACONCAGUA - MENDOZA


En 1949, en plena altura del Cerro Aconcagua, una escena extraordinaria unió montaña, tecnología y coraje. Desde el Refugio Plantamura, señalado en la fotografía a 6.400 metros de altura, Enrique Lúquez operó su estación móvil LU0ME y realizó una de las primeras transmisiones radiales desde ese punto extremo de la cordillera mendocina. La imagen pertenece a la Colección Radio Club Argentino y aparece registrada por la Revista Cultura de Montaña. No era una simple comunicación: era una hazaña técnica en un escenario donde el frío, el viento, la falta de oxígeno y el aislamiento convertían cada movimiento en un desafío. En aquellos años, llevar equipos de radio a semejante altura implicaba vencer la montaña dos veces: con las piernas y con la ingeniería. El refugio llevaba el nombre de Nicolás Plantamura, el mendocino que el 8 de marzo de 1934 se convirtió en el primer argentino en alcanzar la cumbre del Aconcagua, acompañado por integrantes de una expedición italiana. Su figura quedó ligada para siempre a la historia del andinismo nacional. El Aconcagua, ubicado en Mendoza, alcanza los 6.962 metros sobre el nivel del mar y es el cerro más alto de América. El Gobierno de Mendoza lo ubica dentro del Parque Provincial Aconcagua, a 185 kilómetros de la capital provincial, en plena región altoandina. Aquella transmisión de 1949 no solo hizo viajar una señal por el aire: hizo llegar la voz humana a uno de los puntos más desafiantes del continente. En medio de mulas, nieve, carpas, cables y equipos precarios, la radio abrió un camino invisible sobre la montaña. Fue mucho más que una prueba técnica. Fue una postal de época donde Mendoza, el Aconcagua, el andinismo y la radioafición argentina demostraron que también se puede conquistar una cumbre con una antena. Porque ese día, en el techo de América, la montaña no solo fue escalada: también fue transmitida. #Aconcagua #RefugioPlantamura #Mendoza #RadioClubArgentino #LU0ME #EnriqueLuquez #NicolasPlantamura #Andinismo #Montañismo #HistoriaDeMendoza #Radioaficionados #CordilleraDeLosAndes #MendozAntigua #AconcaguaHistory #Mountaineering #HamRadio #RadioHistory #MendozaHistory #AndesMountains #ArgentinaHistory

lunes, 1 de junio de 2026

River 1942: el palco de socias que hizo vibrar al Monumental


La imagen nos lleva a 1942, al palco de socias del Club Atlético River Plate, una escena conservada por el Archivo General de la Nación y difundida como testimonio de la vida social y deportiva porteña de aquella época. En la tribuna se observa una multitud femenina sonriente, agitando pañuelos y viviendo el fútbol como una verdadera fiesta popular. No es una postal menor: muestra que el estadio también era un espacio de encuentro para mujeres, familias y socias que formaban parte activa del universo riverplatense. En tiempos en que muchas historias del fútbol fueron contadas casi exclusivamente desde la mirada masculina, esta fotografía abre otra ventana: la de las mujeres que alentaban, participaban y daban color a las tribunas. El escenario era el joven Monumental, inaugurado en 1938 y convertido rápidamente en una de las grandes obras deportivas de Buenos Aires. El Gobierno de la Ciudad recuerda que River abrió allí una nueva etapa luego de dejar su antiguo estadio, y que aquella construcción, pensada por impulso de Antonio Vespucio Liberti, cambiaría para siempre la escala del club. En 1942, River vivía además una etapa futbolística inolvidable: el club estaba entrando en los años de “La Máquina”, aquel equipo legendario que marcaría una época del fútbol argentino con nombres como Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. Pero esta foto no habla solo de goles. Habla de pertenencia, de alegría colectiva, de mujeres en la tribuna, de pañuelos al aire y de una pasión que ya era parte de la cultura popular argentina. Porque antes de las pantallas, las redes y las transmisiones masivas, el fútbol también se escribía así: con rostros, gritos, palcos llenos y una tribuna que latía como corazón de barrio. #RiverPlate #PalcoDeSocias #River1942 #HistoriaDelFútbol #FútbolArgentino #MujeresEnElFútbol #EstadioMonumental #ArchivoGeneralDeLaNación #BuenosAiresAntigua #MemoriaFutbolera #MendozAntigua #RiverPlateHistory #ArgentineFootball #WomenInFootball #FootballHistory #HistoricBuenosAires #SportsHeritage 

jueves, 28 de mayo de 2026

1942: la línea 66 en Parque Chacabuco, cuando subir al colectivo era entrar en la Buenos Aires de todos los días


En 1942, una cámara detuvo una escena cotidiana y profundamente porteña: pasajeros subiendo a un colectivo de la línea 66 en Parque Chacabuco. La fotografía, registrada en la colección del Archivo General de la Nación y difundida por Buenos Aires Historia, muestra mucho más que un medio de transporte: retrata una Buenos Aires en movimiento, con hombres de traje y sombrero, trabajadores, vecinos y viajeros compartiendo el pulso de la calle. Para entonces, el colectivo ya se había convertido en una verdadera invención urbana argentina. Su origen se remonta a 1928, cuando un grupo de taxistas porteños comenzó a realizar viajes compartidos con recorridos fijos para abaratar costos y atraer pasajeros. Con el tiempo, aquellos autos adaptados fueron ganando identidad propia: colores, carteles de destino, recorridos más largos y una presencia cada vez mayor en la vida de la ciudad. El barrio de Parque Chacabuco también tenía su propia historia. El parque fue inaugurado oficialmente en 1903, sobre terrenos vinculados al antiguo Polvorín de Flores, y su trazado estuvo a cargo de Carlos Thays, una figura clave en la creación de grandes espacios verdes porteños. Por eso, esta imagen de la línea 66 no es solo una postal de transporte antiguo: es una ventana a la Buenos Aires de los años cuarenta, cuando el colectivo unía barrios, acercaba trabajos, mercados, cafés, familias y rutinas. En cada puerta abierta había una historia mínima: alguien que iba al centro, otro que volvía a casa, otro que simplemente atravesaba la ciudad en ese gran invento popular llamado colectivo. #Linea66 #ParqueChacabuco #BuenosAiresAntigua #ColectivosAntiguos #HistoriaDelTransporte #ArchivoGeneralDeLaNacion #MendozAntigua #BuenosAires1942 #MemoriaUrbana #TransportePublico #VintageBuenosAires #BusHistory #PublicTransport #UrbanHistory #ArgentinaHistory #OldBuenosAires

lunes, 18 de mayo de 2026

1947: MINACAR, el corazón negro de Malargüe que encendió la historia minera del sur mendocino


Año 1947. La imagen muestra una vista panorámica del moderno establecimiento carbonífero MINACAR, en la zona de San Rafael - Malargüe, cuando el sur mendocino comenzaba a escribir una de sus páginas más intensas ligadas a la minería, el trabajo y el desarrollo regional. Entre cerros, caminos ásperos y construcciones industriales, esta postal antigua no solo registra un campamento minero: muestra una época en la que el carbón, la asfaltita y los recursos del subsuelo eran vistos como motores de progreso para Mendoza. La escena transmite aislamiento, esfuerzo y organización: galpones, instalaciones y un paisaje duro donde el trabajo humano abría paso en plena geografía cordillerana. La referencia “San Rafael - Malargüe” tiene sentido histórico: Malargüe fue creado definitivamente como departamento recién en 1950, por la Ley Nº 1937, por lo que en 1947 todavía aparecía asociado administrativamente al sur sanrafaelino. La importancia minera de la zona venía de décadas anteriores. El repositorio del SEGEMAR conserva estudios de 1931 sobre el carbón asfáltico de Las Romazas, Mina La Valenciana, Malargüe - San Rafael, lo que confirma el interés geológico y productivo que ya despertaba esta región. Incluso en 1892, trabajos publicados por la Universidad Nacional de La Plata destacaban la relevancia del carbón de piedra de San Rafael como una posible riqueza estratégica para la industria argentina. Años más tarde, documentos oficiales de Mendoza reconocerían que Minacar, junto a otros emprendimientos como Los Castaños, Mina Huemul y Mina Ethel, marcó momentos clave en el desarrollo económico de Malargüe. Esta fotografía no habla solo de una mina: habla de hombres, máquinas, polvo, montaña y esperanza. Es el recuerdo de una Mendoza profunda, minera y trabajadora, donde cada instalación levantada en medio del paisaje era una apuesta al futuro. #MendozAntigua #MINACAR #MinaCar #Malargüe #SanRafael #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #MineríaMendocina #Carbón #Asfaltita #SurMendocino #PatrimonioIndustrial #OldMendoza #MiningHistory #ArgentineHistory #CoalMining #IndustrialHeritage #VintageMendoza

lunes, 11 de mayo de 2026

La Mendoza que amanecía con una marcha y se dormía con tango: un día completo en el aire de Radio Aconcagua, marzo de 1944


Marzo de 1944. Ciudad de Mendoza. Una vieja grilla radial titulada “Programa para Hoy” nos permite entrar, como por una puerta sonora, al corazón cotidiano de una provincia que vivía pegada al dial. Allí aparecen las audiciones de LRM y LW2 Radio Aconcagua, una emisora fundamental en la historia mendocina, ligada al diario Los Andes y a una época en la que la radio era compañía, noticia, música, teatro, publicidad y ritual familiar. La imagen muestra una programación casi continua, desde las 7 de la mañana hasta la 1 de la madrugada. El día comenzaba con marcha militar, seguía con el noticioso del Diario Los Andes, selecciones de orquestas, canciones de Libertad Lamarque, música típica de Ricardo Tanturi, pedidos musicales, programas para el hogar, boletines informativos y audiciones patrocinadas. Hacia el mediodía aparecían nombres vinculados al canto, el folklore y la música popular: Héctor Bazán, Ernesto Casciani, Los Trovadores de Cuyo, dirigidos por Hilario Cuadros, la orquesta folklórica Aconcagua y el dúo Los Huarpes. También se leen espacios como “Programa de la Argentinidad”, “Ecos de la Vendimia” y audiciones comerciales de casas mendocinas, reflejo de una radio profundamente mezclada con la vida social y económica local. Por la tarde y la noche, la grilla se volvía un verdadero teatro del aire: Juan D’Arienzo, la Lecuona Cuban Boys, Cholita Araya, Osvaldo Larrea, Rodolfo Paz, radioteatros como “Del Hogar” con la obra “Corazón de chacarero”, conexiones con Radio El Mundo de Buenos Aires, boletines de la Red Argentina de Radiodifusión, audiciones de Vendimia, dúos cuyanos, música internacional con Xavier Cugat, tango con Carlos Di Sarli y jazz con Eduardo Armani. No era solo una programación: era el pulso de una ciudad. En tiempos sin televisión masiva, la radio organizaba el día. Informaba al trabajador, entretenía a la familia, acompañaba a la ama de casa, difundía la música cuyana, conectaba Mendoza con Buenos Aires y convertía cada hogar en una platea invisible. El contexto nacional también ayuda a entender la importancia de esta pieza. La radio argentina había iniciado su historia moderna con la famosa transmisión de 1920 desde el Teatro Coliseo, y para la década del 40 el radioteatro ya se había convertido en un género dramático de masas, mientras los receptores ocupaban un lugar central en los hogares. En Mendoza, el edificio que originalmente albergó a Radio Aconcagua fue construido entre 1938 y 1942, luego nacionalizado en 1953 y convertido en Radio Nacional; su salón-auditorio fue uno de los espacios más representativos de aquella edad dorada de la radiofonía local. Esta grilla de marzo de 1944 es mucho más que una lista de horarios. Es una fotografía del sonido mendocino: diarios, tango, folklore, Vendimia, radioteatro, publicidad, cadenas nacionales y voces que acompañaban la vida diaria. Una Mendoza que escuchaba, imaginaba y se reconocía a sí misma a través de la radio. #Mendoza #MendozAntigua #RadioAconcagua #LW2 #LRM #HistoriaDeMendoza #RadioArgentina #Radiofonía #LosAndes #Vendimia #FolkloreCuyano #Tango #Radioteatro #MemoriaMendocina #ArgentinaHistory #RadioHistory #VintageRadio #MendozaHistory #ArgentineRadio #Cuyo #CulturalMemory 

miércoles, 6 de mayo de 2026

1944 - “Cuando Sinatra llegó a la marquesina: el viejo Gran Cine Avenida y una noche de música, glamour y cine clásico” Ciudad de Mendoza


La imagen rescata un aviso cinematográfico de otra época, cuando ir al cine no era simplemente sentarse frente a una pantalla, sino participar de un verdadero ritual social. En el anuncio aparece “Cuesta Arriba”, título con el que se presentó en español la comedia musical estadounidense Higher and Higher, promocionada como “el sorprendente suceso musical del año” y acompañada por una promesa irresistible para el público: alegría, juventud y belleza. El afiche destacaba tres nombres centrales: Michèle Morgan, Jack Haley y Frank Sinatra. La película fue una producción de RKO Radio Pictures, dirigida por Tim Whelan, registrada por el American Film Institute como una comedia musical de 1943, de unos 88 a 90 minutos de duración. Su estreno en Nueva York figura el 1 de enero de 1944. Pero el gran atractivo estaba en Sinatra. En aquel momento, “La Voz” ya provocaba entusiasmo entre las jóvenes audiencias y el estudio aprovechó su popularidad para convertir el film en un vehículo pensado para su figura. El AFI señala que Higher and Higher fue su primer gran protagónico cinematográfico y que varias canciones fueron escritas especialmente para su estilo vocal por Jimmy McHugh y Harold Adamson. La película también dejó una huella musical importante: el tema “I Couldn’t Sleep a Wink Last Night” fue nominado al Oscar, y la propia película recibió otra candidatura por la música de una producción musical en los premios de 1945. Turner Classic Movies recuerda además que Sinatra interpretó varias canciones dentro del film y que “A Lovely Way to Spend an Evening” también se transformó en una pieza recordada de su repertorio temprano. El aviso no anunciaba solo una película. También ofrecía un programa completo, como era habitual en las viejas salas: junto a Cuesta Arriba se promocionaba “El Halcón en peligro”, con Tom Conway y Jean Brooks, una producción policial de RKO de 1943 conocida originalmente como The Falcon in Danger. Además, aparece mencionado Sucesos Argentinos, aquel célebre noticiero cinematográfico que llevaba noticias a las salas antes de que la televisión ocupara ese lugar cotidiano en los hogares argentinos. Página/12 recuerda que nació en 1938 y que llegó a circular por centenares de cines del país. Para quienes vivieron la época de los grandes cines, esta imagen despierta algo más que nostalgia. Es el recuerdo de las marquesinas encendidas, de las funciones continuadas, de las “noches de moda”, de las plateas llenas y de una ciudad que encontraba en el cine una forma de paseo, encuentro y emoción colectiva. En Mendoza, salas como el Cine Avenida formaron parte de ese universo perdido: Los Andes recuerda que estuvo ubicado en avenida San Martín al 1400 y que fue uno de los símbolos arquitectónicos de aquellas grandes salas urbanas. Este viejo anuncio, con sus dibujos, rostros de estrellas, letras grandes y promesas de espectáculo, nos devuelve a una época en la que el cine era magia impresa en papel. Una simple cartelera bastaba para abrir la puerta a Hollywood, a la música, al misterio policial, al noticiero nacional y a una noche completa de fantasía. #MendozAntigua #CineAvenida #GranCineAvenida #CineClasico #FrankSinatra #CuestaArriba #HigherAndHigher #RKO #HistoriaDelCine #CineAntiguo #MendozaAntigua #ViejosCines #NostalgiaArgentina #ClassicCinema #OldHollywood #VintageCinema #MovieHistory #Sinatra #GoldenAgeOfCinema

lunes, 4 de mayo de 2026

1940 - El tren que desafió la cordillera: la estación del Trasandino donde los Andes se volvieron camino


Esta fotografía, tomada hacia 1940 por Einar Altschwager, muestra una estación del Ferrocarril Trasandino en plena Cordillera de los Andes. La imagen forma parte del registro patrimonial chileno y está catalogada por Memoria Chilena como “Estación del Ferrocarril Trasandino en la Cordillera de Los Andes, 1940”, perteneciente a la colección del Museo Histórico Nacional de Chile. La escena permite asomarse a una época en la que cruzar la cordillera en tren era una verdadera aventura de ingeniería y resistencia. Se observan vagones detenidos, pasajeros en movimiento, vías que se abren paso entre montañas nevadas y una estación ubicada en un paisaje extremo, donde el ferrocarril parecía desafiar la roca, la nieve, el viento y la altura. Algunas referencias patrimoniales identifican esta imagen con la Estación Juncal, situada a unos 2.250 metros sobre el nivel del mar, en el tramo chileno del Ferrocarril Trasandino. En publicaciones sobre la ciudad de Los Andes, la fotografía aparece mencionada como “Estación Juncal del Ferrocarril Trasandino en la cordillera de los Andes, ca. 1940”, también atribuida a Einar Altschwager y conservada en la colección del Museo Histórico Nacional. El Ferrocarril Trasandino fue una de las obras más ambiciosas de integración entre Chile y Argentina. Su objetivo era unir las redes ferroviarias de ambos países atravesando la Cordillera de los Andes, conectando Los Andes, en Chile, con Mendoza, en Argentina, y permitiendo enlazar los puertos de Valparaíso y Buenos Aires. Memoria Chilena recuerda que el proyecto fue impulsado por los hermanos Juan y Mateo Clark a comienzos de la década de 1870. La construcción fue una auténtica epopeya. Las obras comenzaron en 1887 del lado argentino y en 1889 del lado chileno, después de años de demoras por dificultades financieras, técnicas y políticas. El tendido debió enfrentar pendientes pronunciadas, quebradas, nieve, avalanchas, túneles, puentes y tramos de cremallera, en una de las geografías más exigentes de Sudamérica. Finalmente, el ferrocarril fue inaugurado en abril de 1910, en el contexto del Centenario de ambas repúblicas.Durante sus primeras décadas, el Trasandino fue mucho más que un medio de transporte: fue símbolo de modernidad, comercio, turismo, integración regional y audacia técnica. Memoria Chilena señala que, en sus primeros veinte años de operaciones, movilizó un promedio anual cercano a 100.000 pasajeros y unas 25.000 toneladas de carga, pese a las dificultades administrativas y climáticas. Sin embargo, la cordillera también imponía sus límites. El servicio sufrió interrupciones por temporales, aludes y problemas económicos. En 1934, un gran aluvión en el lado argentino destruyó varios kilómetros de vías y paralizó el ferrocarril durante una década; recién en 1944 se reinauguró el servicio. Más tarde, las tensiones diplomáticas por el conflicto del Beagle y nuevos daños en la infraestructura llevaron al cierre del transporte de pasajeros en 1979 y del servicio de carga en 1984. Desde entonces, el Trasandino permanece sin funcionamiento regular. Por eso, esta imagen de 1940 no es solo una postal ferroviaria. Es el retrato de una época en que el tren prometía unir océanos, países y montañas. En esa estación cordillerana, entre rieles, vagones y cumbres nevadas, quedó detenida una de las grandes utopías técnicas del Cono Sur: convertir los Andes, durante siglos frontera natural y desafío para arrieros y viajeros, en un corredor de hierro entre Chile y Argentina. #FerrocarrilTrasandino #TrenTrasandino #CordilleraDeLosAndes #EstaciónJuncal #LosAndesChile #Mendoza #Valparaíso #BuenosAires #EinarAltschwager #MemoriaChilena #MuseoHistóricoNacional #HistoriaFerroviaria #TrenesAntiguos #ChileArgentina #PatrimonioFerroviario #MendozAntigua #TransAndeanRailway #RailwayHistory #AndesMountains #ChileHistory #ArgentinaHistory #HistoricRailway #CulturalHeritage

sábado, 25 de abril de 2026

Mendoza, 1944: el aviso del Conservatorio D’Andrea que revela una ciudad educada al compás de la música


En 1944, Mendoza encontraba en sus diarios un aviso que hablaba de una ciudad donde la música ocupaba un lugar cada vez más importante en la vida cultural. El Instituto Profesional de Música – Conservatorio D’Andrea, ubicado en Rioja 1768, anunciaba su curso oficial de marzo de 1944, bajo la dirección de Salvador Petronio. La propuesta educativa incluía materias centrales para la formación musical: teoría, solfeo, piano, canto y armonía, además de clases de violín y guitarra a cargo de los profesores Álvaro Espinosa y Pedro F. Alcaraz. Las inscripciones se recibían los miércoles y sábados, de 9 a 12 horas, una organización que muestra el carácter formal y sistemático de la enseñanza musical de la época. El aviso no era una simple publicidad. Era parte de un proceso más amplio: durante las primeras décadas del siglo XX, Mendoza vivió una notable expansión de academias, conservatorios e institutos dedicados a la formación artística. Una memoria histórica sobre la Escuela de Música de la Universidad Nacional de Cuyo señala que la filial mendocina del Conservatorio D’Andrea inició sus actividades en 1921, dirigida inicialmente por Aggeo Ascolese, y que desde 1940 tuvo como director a Salvador Petronio; además, llegó a contar con sucursales en departamentos mendocinos y también en San Juan y San Luis. Ese crecimiento musical dialogaba con otro hecho decisivo: la creación de la Universidad Nacional de Cuyo en 1939, que comenzó sus actividades con instituciones como la Academia de Bellas Artes, el Conservatorio de Música y Arte Escénico y la Escuela de Lenguas Vivas. Según estudios publicados por la propia UNCuyo, el Conservatorio de Música y Arte Escénico inició sus actividades en 1940, con enseñanza de instrumentos de cuerda, piano, órgano, canto, solfeo, armonía e historia de la música, entre otras materias. En ese contexto, el Conservatorio D’Andrea formaba parte de una red de enseñanza privada que acompañaba la demanda de formación musical en la provincia. Sus cursos ofrecían herramientas fundamentales para quienes aspiraban a cantar, tocar un instrumento, leer partituras, comprender la armonía o ingresar a un camino profesional dentro de la música. La imagen publicitaria también tiene valor estético: la figura con el arpa, el diseño ornamental y la composición tipográfica remiten a una época en la que la educación musical se asociaba con disciplina, sensibilidad artística y prestigio cultural. Por eso, este aviso de 1944 es mucho más que una inscripción a clases. Es una pequeña puerta a la Mendoza musical de mediados del siglo XX: una ciudad donde el piano, el canto, el violín, la guitarra y el solfeo formaban parte de una aspiración cultural profunda. En esa dirección de Rioja 1768, entre horarios de inscripción y nombres de profesores, todavía resuena una Mendoza que aprendía a educar el oído, la voz y la memoria. #MendozaAntigua #ConservatorioDAndrea #SalvadorPetronio #Mendoza1944 #HistoriaDeMendoza #MúsicaEnMendoza #EducaciónMusical #Rioja1768 #Piano #Canto #Violín #Guitarra #Solfeo #Armonía #CulturaMendocina #OldMendoza #MusicHistory #VintageArgentina #MusicEducation #CulturalMemory

viernes, 24 de abril de 2026

1944: el aviso que revela cómo el Estado compraba la cosecha cuyana para sostener el vino argentino


En 1944, en plena temporada de vendimia, el Banco Hipotecario Nacional publicó un aviso que hoy funciona como una pequeña ventana documental hacia la economía vitivinícola de Cuyo. El anuncio informaba la venta de uvas destinadas a vinificación provenientes de propiedades ubicadas en las zonas de influencia de sus sucursales en Mendoza y San Juan. La operación no era menor: se ofrecían aproximadamente 20.600 quintales métricos de uva en Mendoza y 14.243 quintales métricos en San Juan, lo que sumaba 34.843 quintales métricos. Como cada quintal métrico equivale a 100 kilos, el volumen total rondaba los 3.484.300 kilos de uva, es decir, más de 3.484 toneladas destinadas a la elaboración de vino El aviso establecía que las uvas se entregarían “en el estado en que se encuentren” y que las propuestas debían presentarse tomando como base un precio mínimo de $ 8,50 moneda nacional para el caso mendocino, conforme al Decreto Nº 171-E del 26 de febrero de 1944. Para San Juan, las ofertas debían ajustarse al Decreto Nº 43-O.P. del 23 de febrero de 1944 de esa provincia. También se detallaba la forma de pago: una cuarta parte al contado y el saldo en cuotas a tres, seis y nueve meses, mediante pagarés a favor del Banco. Las propuestas debían entregarse en sobre cerrado, sellado y lacrado antes del mediodía del 1 de marzo de 1944, y serían abiertas esa misma tarde, a las 18 horas, en presencia de los interesados. Este documento muestra mucho más que una simple venta de uvas. Refleja el peso económico de la vitivinicultura cuyana, la presencia del Estado y de los bancos en la organización del mercado agrícola, y la importancia de Mendoza y San Juan como centros históricos de producción vitivinícola. El Banco Hipotecario Nacional había sido creado por la Ley 1804 en 1886 para facilitar préstamos hipotecarios en todo el país mediante cédulas de crédito, y con el tiempo se convirtió en una herramienta financiera clave en distintas áreas de la economía nacional. La publicación también debe leerse dentro de un contexto más amplio: durante las décadas de 1930 y 1940, la vitivinicultura argentina atravesó fuertes regulaciones estatales. En 1934 se sancionó la Ley 12.137, publicada en 1935, que creó con carácter de emergencia la Junta Reguladora de Vinos, destinada a intervenir en una actividad marcada por crisis de precios, sobreproducción y tensiones entre viñateros, bodegueros, bancos y consumidores. Investigaciones académicas sobre Mendoza entre 1930 y 1955 señalan que las políticas públicas del período estuvieron vinculadas al exceso de oferta de vinos y a la caída de la demanda, y que entre las herramientas más utilizadas aparecieron la compra de uva, la compra de vino y hasta la extirpación de viñedos para intentar equilibrar el mercado. Por eso, este viejo aviso de 1944 no es apenas una curiosidad gráfica: es una pieza histórica que habla de la vendimia, del crédito, de la regulación estatal y de la lucha por sostener una de las actividades más profundas de la identidad cuyana. Mendoza y San Juan ya eran territorios decisivos para la historia del vino argentino, una centralidad que se explica desde los orígenes mismos del cultivo de la vid en la región. #MendozaAntigua #Vendimia #Vitivinicultura #HistoriaDeMendoza #BancoHipotecarioNacional #UvasDeVinificar #Mendoza1944 #SanJuan #VinoArgentino #Cuyo #MemoriaCuyana #HistoriaArgentina #WineHistory #ArgentineWine #MendozaWine #VintageArgentina. (Diario: La Libertad)

miércoles, 22 de abril de 2026

Marzo de 1944 en Mendoza: la dramática partida de la segunda comisión militar que salió a buscar a la expedición Link al Cerro Aconcagua


Una segunda comisión militar emprendió viaje hacia el Aconcagua con la esperanza de encontrar rastros de la expedición Link, desaparecida en la montaña. El grupo partió rumbo a Puente del Inca para iniciar nuevas tareas de búsqueda de los andinistas extraviados en uno de los escenarios más duros de la cordillera. En la imagen que acompaña la nota se ve a parte de ese destacamento: de izquierda a derecha aparecen los subtenientes Jorge Raúl Orfila e Ignacio Rodolfo Nazar, los sargentos Carlos Grassetti y Samuel Carduner y el cabo 1º Ricardo Alippi. La fotografía, tomada con crudeza periodística, transmite de inmediato el clima de urgencia de aquellas horas: uniformes de montaña, rostros tensos y una misión que sabía de antemano que iba a enfrentarse al hielo, la altura y la incertidumbre. Años después, una publicación del Instituto Geográfico Nacional confirmó que esos mismos militares participaron en el descenso del cuerpo de Albert Kneidl en 1944. La tragedia que motivó este operativo quedó ligada para siempre al nombre de Juan Jorge Link, uno de los grandes andinistas de su tiempo. Según reconstrucciones históricas del montañismo argentino, Link había coronado el Aconcagua en varias oportunidades y murió en 1944 durante el descenso final, junto con sus compañeros Adriana Bance, Albert Kneidl y Walter Schiller. La misma fuente recuerda además que Adriana Bance fue la primera mujer en hacer cumbre en el Aconcagua, logro alcanzado en 1942 junto al propio Link. Eso ayuda a entender por qué la noticia conmovió tanto: no se trataba de una expedición cualquiera, sino de protagonistas centrales de la historia temprana del andinismo en los Andes. El texto periodístico de la época también deja una reflexión muy fuerte sobre Puente del Inca y sobre el vínculo cotidiano de ese pequeño poblado con la montaña. Allí, decía la crónica, la vida parecía transcurrir entre nevadas intensas y partidas hacia el Aconcagua, como si el riesgo formara parte del paisaje habitual. Por eso la desaparición de los expedicionarios no era presentada como un hecho completamente inesperado, sino como otra confirmación de la dureza extrema del cerro. En ese contexto, el pequeño cementerio local era mostrado como una advertencia silenciosa para cualquiera que subestimara la montaña. Entre esas muertes resonaba la del padre Kastelic, recordado por haber intentado llevar una cruz de bronce a la cumbre y cuyo cuerpo congelado fue hallado tiempo después, convertido en uno de los episodios más impactantes de la historia del Aconcagua. La enseñanza que dejaba aquella nota era contundente: las ascensiones al Aconcagua exigían servicios de auxilio bien organizados. El artículo reclamaba que en Puente del Inca hubiera personal experimentado, campamentos o estaciones de socorro y recursos listos para entrar en acción apenas venciera el plazo previsto de una expedición. La crítica apuntaba contra la improvisación y contra la costumbre de organizar comisiones desde la ciudad de Mendoza cuando ya se había perdido un tiempo precioso. Vista hoy, esa observación conserva una fuerza notable: no solo narra una búsqueda dramática, sino que también anticipa una idea moderna y fundamental del montañismo, la de que en alta montaña la prevención, la logística y el rescate temprano pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte. #Aconcagua #ExpediciónLink #Mendoza1944 #PuenteDelInca #HistoriaDeMendoza #Andinismo #MontañismoArgentino #RescateEnMontaña #CordilleraDeLosAndes #MemoriaHistórica #AconcaguaHistory #Mountaineering #MountainRescue #AndesHistory #HighAltitude #HistoricalMemory

Marzo de 1944 en Mendoza: el afiche del Gran Rex que revive la edad de oro del cine y el brillo de Sandrini y Hugo del Carril


En marzo de 1944, el Cine Gran Rex de la Ciudad de Mendoza exhibía en su cartelera “Los dos rivales”, una producción argentina protagonizada por Luis Sandrini, Hugo del Carril y Alicia Barrié. La película, dirigida por Luis José Bayón Herrera, se había estrenado en el país el 4 de febrero de 1944, de modo que esta cartelera mendocina la muestra todavía en plena circulación pocas semanas después de su lanzamiento. La imagen adjunta es, por sí sola, una pequeña joya de época. El afiche no solo anuncia la película principal: también despliega toda la liturgia del cine clásico. En la parte superior se lee que el Cine Gran Rex era presentado como “la sala más moderna y confortable del interior”, una fórmula publicitaria que buscaba asociar el lugar con modernidad, elegancia y prestigio. Bajo ese gran telón dibujado, el cartel resalta los nombres de Sandrini, Hugo del Carril y Alicia Barrié, mientras distribuye varias escenas fotográficas del film alrededor del título “Los dos rivales”, impreso en letras enormes y contundentes. El diseño, con cortinados teatrales, estrellas ornamentales y recuadros con fotogramas, mezcla el lenguaje del cine con el de la revista y el teatro, algo muy característico de los avisos cinematográficos de la década del 40. El aviso además permite asomarse al modo en que se consumía cine en aquellos años. No era una sola película: era una experiencia completa. El programa incluía el complemento “Fórmula 3-11”, un noticiario Panamericano, el Noticiario Argentino, el British Olympic News y continuados de otra película, “Fuego en la montaña”. Incluso figuran los precios de las localidades —platea numerada y pullman— y los horarios de exhibición, detalles que hoy resultan valiosísimos para reconstruir la vida cultural mendocina de esos años. La cartelera muestra, en definitiva, un cine entendido como espectáculo total, donde el público pasaba varias horas frente a la pantalla y recibía comedia, actualidad internacional y drama en una misma función. El Gran Rex estaba ubicado en calle Buenos Aires 65, en pleno centro mendocino. Fuentes locales coinciden en que fue fundado en 1943 por los hermanos José y Segundo Antún, y que llegó a contar con alrededor de 2.000 a 2.200 butacas, lo que lo convirtió en una de las grandes salas de Mendoza y en uno de los símbolos de la época dorada del cine en la provincia. La prensa mendocina lo recuerda como una referencia central de las viejas “calles cinematográficas” del centro y como una sala que, tras décadas de actividad, cerró hacia 1996, aunque en la memoria popular a veces aparezcan fechas posteriores. Por eso esta imagen vale mucho más que como simple cartelera. Es una ventana abierta a una Mendoza que iba al cine como quien asistía a un ritual social: grandes salas, figuras populares, programas dobles o triples, noticieros previos y una ciudad que hacía del centro un escenario de encuentro. El afiche del Gran Rex no solo promociona “Los dos rivales”: también conserva intacto el clima de una época en la que el cine era una de las formas más intensas de vivir la modernidad, la emoción y la vida urbana. #CineGranRex #MendozaAntigua #HistoriaDelCine #LuisSandrini #HugoDelCarril #AliciaBarrie #LosDosRivales #CarteleraAntigua #CineArgentino #PatrimonioCultural #OldCinema #ArgentineCinema #VintagePoster #FilmHistory #MendozaHistory

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