En 1960, el geógrafo francés Romain Gaignard levantó su cámara frente a un paisaje del sur mendocino que estaba a punto de transformarse para siempre. En primer plano, la aridez característica del terreno, algunas matas dispersas y un suelo pedregoso casi desnudo. Al fondo, encerrada entre las paredes rocosas del Cañón del Atuel, aparecía una enorme estructura de hormigón que todavía estaba escribiendo sus primeros capítulos: la presa de Valle Grande, en San Rafael. Según la ficha documental que acompaña esta fotografía en el fondo REGARDS/MédiHAL, la toma corresponde a 1960, cuando la gigantesca obra aún se encontraba en plena construcción. La imagen adquiere una dimensión extraordinaria cuando se conoce su contexto. Valle Grande había comenzado a construirse en 1957, proyectado por la entonces estatal Agua y Energía Eléctrica y ejecutado por Sollazzo Hermanos S.A.. Faltaban todavía cinco años para que entrara oficialmente en operación. El 2 de octubre de 1965, el presidente Arturo Umberto Illia llegaría a San Rafael para participar de la inauguración, acompañado por autoridades nacionales y provinciales. Lo que Gaignard fotografió, por lo tanto, no fue simplemente un dique: capturó el nacimiento de una de las mayores transformaciones territoriales de la historia moderna de San Rafael. El muro terminaría alcanzando unos 115 metros de altura y 300 metros de longitud en su coronamiento. Para levantarlo se utilizaron aproximadamente 700.000 metros cúbicos de hormigón, y su embalse posee una capacidad del orden de 168 hectómetros cúbicos. Su estructura es del tipo Noetzli-Alcorta, de hormigón con contrafuertes, una monumental pieza de ingeniería incrustada entre las montañas. Pero Valle Grande no nació principalmente para crear el espectacular lago turístico que hoy aparece en miles de fotografías. Su función fundamental era mucho más estratégica: actuar como embalse compensador del Sistema Los Nihuiles, regulando las variaciones de los caudales descargados por el aprovechamiento hidroeléctrico del Atuel y permitiendo entregar el agua de una manera compatible con las necesidades del oasis agrícola. El Departamento General de Irrigación señala que Valle Grande contribuyó al funcionamiento del sistema de riego de más de 80.000 hectáreas. Existe además un detalle histórico poco conocido: aunque la presa quedó operativa en 1965, la central hidroeléctrica Nihuil IV, vinculada a Valle Grande, llegaría muchísimo después. Entró en funcionamiento recién en 1997. El sistema hidroeléctrico Los Nihuiles terminaría extendiéndose a lo largo de unos 40 kilómetros y aprovechando aproximadamente 460 metros de desnivel del río Atuel. La fotografía también tiene valor por quien estaba detrás de la cámara. Romain Gaignard llegó a la Argentina en 1960, siendo todavía un joven geógrafo francés, y quedó estrechamente vinculado a los estudios territoriales argentinos y a la Universidad Nacional de Cuyo. Precisamente en 1960 aparecen trabajos suyos publicados por el Instituto de Geografía de la UNCuyo. Décadas después, su enorme colección de diapositivas tomadas en la Argentina entre 1960 y 1979 fue digitalizada dentro de fondos científicos vinculados al Centre de Documentation REGARDS y al CNRS francés. Por eso esta imagen de 1960 es mucho más que una vieja fotografía de ingeniería. Estamos viendo un paisaje antes de convertirse completamente en el Valle Grande que conocen las generaciones actuales. Todavía no dominaba la escena el enorme espejo de agua, no existía el movimiento turístico contemporáneo, las actividades náuticas ni el incesante tránsito de visitantes. Frente a la cámara de Gaignard estaba la montaña desnuda y, entre sus paredes, una gigantesca obra humana avanzando lentamente sobre el Atuel. Más de seis décadas después, aquel muro continúa allí. El río siguió corriendo, el agua cubrió antiguos rincones del valle y el lugar terminó convirtiéndose en uno de los paisajes más reconocibles de Mendoza. Gaignard tuvo la fortuna de presionar el disparador justamente mientras esa historia estaba comenzando. Fotografía: Romain Gaignard. Argentina, provincia de Mendoza, región de San Rafael, presa de Valle Grande sobre el río Atuel, 1960. Fondo documental REGARDS / MédiHAL. #Mendoza #MendozAntigua #SanRafael #ValleGrande #DiqueValleGrande #RioAtuel #CañonDelAtuel #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #RomainGaignard #FotografiaHistorica #IngenieriaArgentina #PatrimonioMendocino #LosNihuiles #HistoriaArgentina #MendozaHistory #SanRafaelMendoza #HistoricPhotography #ArgentinaHistory #EngineeringHistory
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viernes, 7 de agosto de 2026
1960: VALLE GRANDE TODAVÍA ESTABA NACIENDO — LA FOTOGRAFÍA QUE CAPTURÓ AL GIGANTE DEL ATUEL CINCO AÑOS ANTES DE SU INAUGURACIÓN - SAN RAFAEL. MENDOZA
En 1960, el geógrafo francés Romain Gaignard levantó su cámara frente a un paisaje del sur mendocino que estaba a punto de transformarse para siempre. En primer plano, la aridez característica del terreno, algunas matas dispersas y un suelo pedregoso casi desnudo. Al fondo, encerrada entre las paredes rocosas del Cañón del Atuel, aparecía una enorme estructura de hormigón que todavía estaba escribiendo sus primeros capítulos: la presa de Valle Grande, en San Rafael. Según la ficha documental que acompaña esta fotografía en el fondo REGARDS/MédiHAL, la toma corresponde a 1960, cuando la gigantesca obra aún se encontraba en plena construcción. La imagen adquiere una dimensión extraordinaria cuando se conoce su contexto. Valle Grande había comenzado a construirse en 1957, proyectado por la entonces estatal Agua y Energía Eléctrica y ejecutado por Sollazzo Hermanos S.A.. Faltaban todavía cinco años para que entrara oficialmente en operación. El 2 de octubre de 1965, el presidente Arturo Umberto Illia llegaría a San Rafael para participar de la inauguración, acompañado por autoridades nacionales y provinciales. Lo que Gaignard fotografió, por lo tanto, no fue simplemente un dique: capturó el nacimiento de una de las mayores transformaciones territoriales de la historia moderna de San Rafael. El muro terminaría alcanzando unos 115 metros de altura y 300 metros de longitud en su coronamiento. Para levantarlo se utilizaron aproximadamente 700.000 metros cúbicos de hormigón, y su embalse posee una capacidad del orden de 168 hectómetros cúbicos. Su estructura es del tipo Noetzli-Alcorta, de hormigón con contrafuertes, una monumental pieza de ingeniería incrustada entre las montañas. Pero Valle Grande no nació principalmente para crear el espectacular lago turístico que hoy aparece en miles de fotografías. Su función fundamental era mucho más estratégica: actuar como embalse compensador del Sistema Los Nihuiles, regulando las variaciones de los caudales descargados por el aprovechamiento hidroeléctrico del Atuel y permitiendo entregar el agua de una manera compatible con las necesidades del oasis agrícola. El Departamento General de Irrigación señala que Valle Grande contribuyó al funcionamiento del sistema de riego de más de 80.000 hectáreas. Existe además un detalle histórico poco conocido: aunque la presa quedó operativa en 1965, la central hidroeléctrica Nihuil IV, vinculada a Valle Grande, llegaría muchísimo después. Entró en funcionamiento recién en 1997. El sistema hidroeléctrico Los Nihuiles terminaría extendiéndose a lo largo de unos 40 kilómetros y aprovechando aproximadamente 460 metros de desnivel del río Atuel. La fotografía también tiene valor por quien estaba detrás de la cámara. Romain Gaignard llegó a la Argentina en 1960, siendo todavía un joven geógrafo francés, y quedó estrechamente vinculado a los estudios territoriales argentinos y a la Universidad Nacional de Cuyo. Precisamente en 1960 aparecen trabajos suyos publicados por el Instituto de Geografía de la UNCuyo. Décadas después, su enorme colección de diapositivas tomadas en la Argentina entre 1960 y 1979 fue digitalizada dentro de fondos científicos vinculados al Centre de Documentation REGARDS y al CNRS francés. Por eso esta imagen de 1960 es mucho más que una vieja fotografía de ingeniería. Estamos viendo un paisaje antes de convertirse completamente en el Valle Grande que conocen las generaciones actuales. Todavía no dominaba la escena el enorme espejo de agua, no existía el movimiento turístico contemporáneo, las actividades náuticas ni el incesante tránsito de visitantes. Frente a la cámara de Gaignard estaba la montaña desnuda y, entre sus paredes, una gigantesca obra humana avanzando lentamente sobre el Atuel. Más de seis décadas después, aquel muro continúa allí. El río siguió corriendo, el agua cubrió antiguos rincones del valle y el lugar terminó convirtiéndose en uno de los paisajes más reconocibles de Mendoza. Gaignard tuvo la fortuna de presionar el disparador justamente mientras esa historia estaba comenzando. Fotografía: Romain Gaignard. Argentina, provincia de Mendoza, región de San Rafael, presa de Valle Grande sobre el río Atuel, 1960. Fondo documental REGARDS / MédiHAL. #Mendoza #MendozAntigua #SanRafael #ValleGrande #DiqueValleGrande #RioAtuel #CañonDelAtuel #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #RomainGaignard #FotografiaHistorica #IngenieriaArgentina #PatrimonioMendocino #LosNihuiles #HistoriaArgentina #MendozaHistory #SanRafaelMendoza #HistoricPhotography #ArgentinaHistory #EngineeringHistory
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Embalse Valle Grande, Mendoza, Argentina
miércoles, 5 de agosto de 2026
CUANDO LA TIERRA SE VOLVÍA ORO: LA COSECHA DE TUPUNGATO EN 1968 - MENDOZA. (Finca Bombal)
En algún campo de Tupungato, durante 1968, la tierra mendocina entregaba uno de sus frutos más humildes y necesarios. Bajo el cielo inmenso del Valle de Uco, un grupo de trabajadores avanzaba lentamente entre los surcos, agachándose una y otra vez para recoger, seleccionar y almacenar las papas que emergían del suelo. No había cosechadoras modernas ni cintas transportadoras: había manos curtidas, canastas, azadas, bolsas de arpillera y una extensa jornada compartida frente a la cordillera. En el primer plano, cientos de papas recién extraídas forman una verdadera montaña sobre la tierra. Más atrás, los sacos ya preparados esperan ser cerrados y enviados hacia los mercados. En sus impresiones todavía alcanzan a reconocerse frases como “papas para consumo”, “zona de producción Mendoza” y el nombre Bombal, huellas comerciales de una producción organizada que llevaba el trabajo del campo hasta las mesas de numerosas familias. Pero la fotografía muestra mucho más que una cosecha. Retrata una época en la que cada bolsa representaba horas de esfuerzo físico, conocimiento transmitido entre generaciones y una estrecha relación con el agua, el clima y la tierra. En una provincia naturalmente árida, los agricultores habían logrado transformar el paisaje mediante acequias, canales y aguas nacidas en las montañas. Tupungato, 1968: hombres y mujeres inclinados sobre los surcos, levantando con sus propias manos una riqueza que no brillaba como el oro, pero que alimentaba hogares, sostenía familias y daba identidad al campo mendocino. Una imagen sencilla y poderosa de aquellos trabajadores anónimos sin los cuales ninguna cosecha habría llegado a destino. En la escena aparecen al menos ocho trabajadores rurales participando en distintas etapas de la cosecha: algunos extraen y reúnen las papas, otros las seleccionan, llenan los recipientes y acomodan los sacos. No se observa maquinaria motorizada; predominan el trabajo manual, las canastas de varillas, una azada de mango largo y las bolsas de arpillera alineadas sobre la tierra. Estas últimas eran apropiadas para transportar papas porque permitían cierta ventilación durante el almacenamiento y traslado. En varios sacos pueden distinguirse parcialmente las expresiones “papas para consumo”, “zona de producción Mendoza” y el apellido o marca “Bombal”, posiblemente relacionado con María Lorine Bombal, tal como señala la descripción transmitida con la fotografía. El terreno seco, la amplitud del paisaje y las elevaciones azuladas del fondo son coherentes con el ambiente del Valle de Uco. Tupungato desarrolló su actividad agrícola gracias al aprovechamiento de aguas provenientes de la cordillera y a sus sistemas de riego, capaces de convertir una geografía árida en un importante oasis productivo. #Tupungato #Mendoza #ValleDeUco #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #MemoriaRural #CosechaDePapa #TrabajadoresRurales #AgriculturaMendocina #CampoArgentino #FotografíaHistórica #ArchivoFotográfico #RuralHistory #PotatoHarvest #FarmWorkers #AgriculturalHistory #HistoricPhotography #UcoValley #MendozaArgentina #WorldBankArchives. Fotografía: Tupungato, Mendoza, 1968. Cosecha y embolsado de papas. Fotografía de Romain Gaignard. Colección Romain Gaignard–MSHS Toulouse–CNRS. Registro HAL: hal-04196349.
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lunes, 3 de agosto de 2026
MENDOZA 1960: EL GIGANTE BLANCO QUE ANUNCIABA EL FUTURO — EL CORREO, LOS TECHOS Y LA MONTAÑA ETERNA
Esta extraordinaria panorámica de 1960 conserva una Mendoza detenida en el preciso instante en que comenzaba a cambiar de escala. Desde un punto elevado del centro, la cámara de Romain Gaignard descubrió una ciudad todavía dominada por viviendas familiares, terrazas planas, medianeras de ladrillo, patios interiores, chimeneas, tanques de agua y una inmensa arboleda que ocultaba gran parte de las calles. En el sector central de la fotografía emerge el imponente Palacio de Correos y Telecomunicaciones, reconocible por su extenso bloque blanco y por el característico tanque de agua celeste que remataba su terraza. El edificio había sido proyectado en 1948 por los jóvenes arquitectos Eudaldo Vidal y Agustín Bianchi, dentro del programa nacional de arquitectura postal, y fue inaugurado el 31 de octubre de 1951 en la estratégica esquina de las avenidas San Martín y Colón. Su monumentalidad, sus plantas libres y su lenguaje moderno contrastaban profundamente con la escala residencial de aquella Mendoza de casas bajas. La fotografía permite apreciar esa oposición con enorme claridad: alrededor del Correo se extiende una ciudad horizontal, doméstica y silenciosa; algunos bloques de departamentos comienzan a sobresalir, pero las grandes torres todavía son excepcionales. Precisamente en 1960, una comisión encabezada por el arquitecto Enrico Tedeschi empezó a estudiar el futuro ordenamiento edilicio de la capital. Una década más tarde, el nuevo Código de Edificación intensificaría la construcción en altura y alteraría progresivamente aquella silueta urbana, siempre condicionada por la realidad sísmica de Mendoza. También sorprende el verdadero océano vegetal que cubre las manzanas. No era una vegetación espontánea ni meramente ornamental: representaba el histórico sistema mendocino de calle, acequia, árbol y vereda, la infraestructura que convirtió un territorio árido en la célebre Ciudad Oasis. Detrás de los techos, los edificios públicos y las copas de los árboles, el relieve occidental cierra la escena como una muralla azulada. La montaña parece vigilar una ciudad que todavía podía contemplarla sin la barrera de cientos de torres. Esta imagen no es solamente una antigua vista urbana: es el retrato de una Mendoza situada entre dos épocas. La ciudad de los patios, las azoteas y los barrios comenzaba a convivir con la arquitectura monumental, los edificios de departamentos y los primeros impulsos de crecimiento vertical. Gaignard no fotografió únicamente al Correo y a la montaña: capturó el instante en que la vieja Mendoza empezaba a construir su futuro. #Mendoza #MendozAntigua #Mendoza1960 #CiudadDeMendoza #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #PalacioDeCorreos #CorreoArgentino #CiudadOasis #ArquitecturaModerna #PatrimonioMendocino #FotografiaHistorica #MemoriaMendocina #RomainGaignard #HistoricMendoza #MendozaHistory #VintageArgentina #UrbanHistory #HistoricPhotography #CityOasis. Fotografía: Romain Gaignard, Mendoza, 1960. Colección personal Romain Gaignard. Fondo digitalizado y conservado en archivos científicos franceses vinculados al CNRS–MédiHAL. Identificador individual pendiente de confirmación.
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miércoles, 22 de julio de 2026
1965: FRENTE AL COLOSO DE GIOL — LA FOTOGRAFÍA QUE INMORTALIZÓ A UNA GENERACIÓN BAJO EL EMBLEMA DE VINO TORO
En 1965, un grupo de jóvenes visitantes posó en el interior de la histórica Bodega Giol de Maipú frente a uno de los objetos más extraordinarios de la vitivinicultura mendocina: el gigantesco tonel coronado por el nombre GIOL y las placas de Vino Toro. La fotografía conserva mucho más que una visita colectiva; retrata una época en la que aquella empresa era sinónimo de producción masiva, trabajo, poder económico y orgullo industrial para toda Mendoza. La historia del coloso había comenzado varias décadas antes. Juan Giol y Gerónimo Bautista Gargantini fundaron en 1896 la sociedad La Colina de Oro, que pasó de elaborar unos 40.000 hectolitros en 1898 a cerca de 300.000 en 1910. Para la Exposición Industrial del Centenario argentino encargaron a la prestigiosa firma francesa Fruhinsholz un tonel de 800 hectolitros, equivalente a aproximadamente 80.000 litros. Más que un recipiente para vino, aquella pieza de roble, ornamentada con relieves y figuras, funcionaba como una monumental demostración de riqueza, modernidad y capacidad productiva. Cuando se tomó esta imagen, Giol atravesaba una etapa decisiva. En 1954, el Estado mendocino había adquirido el 51 % de las acciones para convertir la compañía en una herramienta de intervención sobre el mercado vitivinícola y proteger a productores golpeados por las crisis de sobreproducción. Diez años después, la totalidad de la empresa quedó bajo control provincial. Por eso, la escena de 1965 corresponde al período en que Giol ya no era solamente una bodega privada: era también la gran empresa del Estado mendocino, un establecimiento gigantesco visitado por estudiantes, trabajadores, turistas y delegaciones de todo el país. En el centro de aquella inmensa estructura sobresalía Toro, una marca que terminó atravesando generaciones y convirtiéndose en una de las referencias más populares del vino argentino. Fecovita, continuadora de parte del patrimonio comercial de Giol, señala que Toro posee más de 120 años de historia y conserva el legado de Giol y Gargantini. La imagen es poderosa por su contraste: delante aparecen hombres y mujeres jóvenes, con sus trajes, peinados y anteojos propios de los años sesenta; detrás se levanta un tonel desmesurado que parece empequeñecerlos. Cada rostro pertenece a una historia personal, pero el conjunto representa a toda una generación que conoció a Giol en pleno funcionamiento, cuando sus naves, cubas, depósitos y trenes de carga formaban parte del paisaje cotidiano de Maipú. Hoy, aquella fotografía nos permite volver por un instante a la Mendoza industrial, obrera y vitivinícola que construyó buena parte de su identidad alrededor del vino. #MendozaHistory #ArgentineWine #WineHistory #HistoricWinery #BodegaGiol #VintageArgentina #MendozaArgentina #WineHeritage #HistoricPhotography #ArgentineHistory #MendozAntigua #BodegaGiol #VinoToro #Maipú #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Vitivinicultura #VinoArgentino #MendozaAntigua #HistoriaDelVino #PatrimonioMendocino #MemoriaFotográfica #ArgentinaAntigua #TonelDeGiol
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MENDOZA EN 1960: CUANDO EL HOSPITAL CENTRAL DOMINABA TODO EL HORIZONTE
Esta extraordinaria fotografía tomada por el geógrafo francés Romain Gaignard en 1960 conserva una Mendoza que comenzaba a cambiar de escala, aunque todavía permanecía dominada por viviendas bajas, techos de tejas, terrazas de hormigón, pequeños galpones y una impresionante masa verde que casi ocultaba las calles. En el horizonte se levanta el Hospital Central, monumental y solitario, como un gigante blanco que parecía anticipar la ciudad vertical que llegaría durante las décadas siguientes. El edificio fue concebido dentro de la Dirección Provincial de Arquitectura con la participación de los hermanos Manuel y Arturo Civit, protagonistas fundamentales del movimiento moderno mendocino. El contrato para su construcción fue aprobado en septiembre de 1940 y sus líneas rectas, superficies lisas, estructura antisísmica y organización funcional lo convirtieron en una de las obras racionalistas más importantes de la provincia. Aunque todavía no estaba completamente terminado, debió abrir sus puertas de emergencia después del devastador terremoto de San Juan del 15 de enero de 1944 para recibir y atender a numerosos heridos; su inauguración formal se realizó finalmente el 19 de agosto de 1945. Quince años después, su enorme estructura seguía sobresaliendo con una fuerza extraordinaria sobre un paisaje urbano mayoritariamente horizontal. La imagen permite descubrir una ciudad en transición: antiguas casas familiares convivían con construcciones modernas, talleres y depósitos, mientras los árboles formaban un verdadero techo vegetal sobre las manzanas. Esa vegetación no era un detalle decorativo, sino la expresión visible de la llamada “ciudad oasis”, un sistema urbano construido mediante la relación entre calles, acequias, veredas y arbolado. Su origen se remonta a las redes de canales y riego desarrolladas por los pueblos originarios y continuadas durante los períodos colonial y republicano; después del terremoto de 1861, la reconstrucción de la nueva ciudad reforzó la presencia de avenidas más amplias, plazas, acequias y forestación pública. Con el paso del tiempo, aquellos túneles de árboles se transformaron en uno de los rasgos más reconocibles de la identidad mendocina. La fotografía también posee un enorme valor por la mirada de su autor. Gaignard llegó a la Argentina en 1960, convocado para desarrollar actividades académicas en Mendoza, donde permaneció durante los períodos 1960-1961 y 1964-1969. Sus investigaciones se concentraron especialmente en la geografía agraria, la ocupación del territorio, las transformaciones económicas y las relaciones entre las ciudades y sus espacios rurales. No fotografiaba únicamente edificios o paisajes: registraba las huellas materiales de una sociedad que estaba cambiando. Su colección de diapositivas sobre la Argentina fue posteriormente clasificada, anotada y digitalizada, y actualmente integra un valioso fondo documental vinculado al CNRS y depositado por la Maison des Sciences de l’Homme et de la Société de Toulouse. Más de seis décadas después, esta toma nos devuelve una Mendoza íntima y reconocible, cubierta de árboles y todavía ajena a las grandes torres que modificarían su horizonte. En medio de aquella ciudad baja, el Hospital Central se elevaba como símbolo de modernidad, salud pública y arquitectura de vanguardia. Gaignard no solamente fotografió edificios y copas de árboles: capturó el instante preciso en que la vieja Mendoza comenzaba a convertirse en una gran metrópoli.#Mendoza #MendozAntigua #CiudadDeMendoza #HospitalCentral #RomainGaignard #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #CiudadOasis #ArquitecturaMendocina #ArturoCivit #PatrimonioMendocino #FotografíaHistórica #MemoriaMendocina #ArgentinaAntigua #Urbanismo #MendozaHistory #HistoricPhotography #ArgentineHistory #UrbanHistory #VintageMendoza
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martes, 21 de julio de 2026
1964: MENDOZA CRECÍA HACIA EL CIELO — LA CIUDAD OASIS VISTA DESDE LAS ALTURAS. Argentina
En 1964, una cámara elevada sobre los techos de la capital mendocina dejó registrada esta extraordinaria panorámica orientada hacia el norte. La imagen muestra una ciudad que comenzaba a abandonar lentamente su perfil bajo y residencial: entre viviendas con patios, terrazas, chimeneas y tejados rojizos ya se levantaban edificios modernos que anunciaban una transformación urbana irreversible. En el horizonte, las primeras torres disputaban protagonismo con la inmensidad de la precordillera, mientras el abundante arbolado todavía dominaba gran parte del paisaje. Sobre el sector izquierdo aparece un detalle capaz de transportar inmediatamente a otra época: el inconfundible cartel publicitario de 7UP, instalado sobre una construcción cercana a la avenida José Vicente Zapata. Aquella arteria, situada en el límite sur del área central y convertida con el tiempo en una de las principales vías de ingreso y egreso de la capital, ya formaba parte del movimiento cotidiano de una Mendoza que crecía, incorporaba automóviles, comercios y nuevas formas de publicidad urbana. Actualmente continúa siendo un corredor fundamental para la circulación de la ciudad. La fotografía pertenece a la colección personal del geógrafo francés Romain Gaignard, quien llegó a la Argentina en 1960 convocado por el geógrafo mendocino Mariano Zamorano y desarrolló tareas académicas en la Universidad Nacional de Cuyo. Gaignard residió y trabajó en Mendoza durante distintos períodos de la década de 1960, estudiando las transformaciones territoriales, económicas y sociales del país. Su valioso archivo gráfico fue posteriormente incorporado a fondos documentales científicos franceses vinculados al CNRS, permitiendo que estas escenas urbanas sobrevivieran como fuentes para investigadores y futuras generaciones. Más que una simple vista panorámica, esta imagen captura el momento exacto en que la Ciudad Oasis comenzaba a mirar hacia arriba. Las casas familiares todavía predominaban, las copas de los árboles ocultaban calles enteras y las grandes construcciones eran apenas excepciones recortadas contra el cielo. Sin embargo, ya estaban allí las señales del futuro: torres de departamentos, carteles luminosos, tránsito creciente y una trama urbana que pronto modificaría para siempre la silueta de Mendoza. Han pasado más de seis décadas. Muchos de aquellos techos desaparecieron, las torres se multiplicaron y el Gran Mendoza se extendió mucho más allá de los límites visibles en la fotografía. Pero permanecen la montaña en el horizonte, el bosque urbano y esa singular relación entre arquitectura, acequias, árboles y desierto que continúa definiendo la identidad mendocina. #Mendoza #MendozaArgentina #OldMendoza #HistoricMendoza #MendozaHistory #VintageArgentina #ArgentinaHistory #HistoricalPhotography #VintageCity #UrbanHistory #Cityscape #1960sArgentina #OldPhotos #PhotoArchive #ThenAndNow #CityOasis #SouthAmericaHistory #VintageArchitecture #UrbanTransformation #MendozaCity #Mendoza #MendozaAntigua #MendozAntigua #CiudadDeMendoza #Mendoza1964 #HistoriaDeMendoza #FotosAntiguas #ArgentinaAntigua #MemoriaMendocina #CiudadOasis #VicenteZapata #AvenidaVicenteZapata #ArquitecturaMendocina #MendozaDesdeElAire #PaisajeUrbano #HistoriaArgentina #ArchivoFotográfico #FotografíaHistórica #AntesYAhora #GranMendoza
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lunes, 22 de junio de 2026
10 de Agosto de 1969 - MENDOZA Y LAS ALAS DE LA PATRIA: LA IV BRIGADA AÉREA, EL DÍA DE LA FUERZA AÉREA Y EL LEGADO DE LOS PIONEROS DEL CIELO
10 de agosto de 1969. Mendoza volvía a mirar hacia el cielo para recordar una fecha cargada de historia, audacia y destino nacional: el Día de la Fuerza Aérea Argentina. Esta conmemoración tiene sus raíces en el 10 de agosto de 1912, cuando el presidente Roque Sáenz Peña firmó el decreto de creación de la Escuela de Aviación Militar, el gran punto de partida de la aviación militar argentina. Aquella institución nació en una época en la que volar todavía parecía una aventura reservada a soñadores, deportistas temerarios, mecánicos visionarios y hombres capaces de desafiar lo imposible. Pero antes de la escuela, antes de los reactores y antes de las brigadas, hubo globos, entusiasmo y riesgo. A comienzos del siglo XX, el país se maravilló con las ascensiones aerostáticas. Luego llegó Aarón de Anchorena con el globo Pampero, símbolo de una Argentina que empezaba a conquistar el aire. En 1907, Anchorena y Jorge Newbery cruzaron el Río de la Plata en aquella aeronave, una hazaña que encendió la imaginación popular y abrió el camino para la creación del Aero Club Argentino en 1908. Jorge Newbery quedó marcado para siempre por esa experiencia. Deportista, ingeniero, aviador y figura extraordinaria de su tiempo, comprendió antes que muchos que el dominio del aire no era solo una curiosidad deportiva: era el futuro. Su visión empujó el desarrollo de la aviación civil y militar, mientras la tragedia también escribía sus primeras páginas. El 17 de octubre de 1908, Eduardo Newbery y el sargento Eduardo Romero partieron en el Pampero y jamás regresaron. El globo desapareció sin dejar rastro, convirtiendo a sus tripulantes en mártires tempranos de la aeronáutica argentina. Mendoza también ocuparía un lugar decisivo en esa epopeya. En El Plumerillo, a pocos kilómetros de la ciudad, se asentó la IV Brigada Aérea, una de las unidades más emblemáticas de la Fuerza Aérea Argentina. Ese territorio no solo quedó asociado a la defensa aérea nacional, sino también a la memoria de Jorge Newbery, quien murió en Mendoza el 1 de marzo de 1914 mientras preparaba su gran sueño: cruzar la Cordillera de los Andes en avión. Décadas más tarde, la IV Brigada Aérea volvería a entrar en la historia con la llegada de los aviones North American F-86F Sabre, cazas reactores que marcaron una etapa fundamental para la aviación de combate argentina. Desde 1960, estos aviones dieron a Mendoza un lugar central en la formación de pilotos de caza y en la modernización del poder aéreo nacional. La imagen de aquellos reactores alineados sobre la pista no es solo una postal militar: es el retrato de una época en la que el país ingresaba de lleno en la era del jet. Por eso, cada 10 de agosto no se recuerda únicamente una institución. Se recuerda una cadena de coraje: los globos que se perdieron en la noche, los pioneros que imaginaron el cielo como frontera, la creación de la Escuela de Aviación Militar, el sacrificio de sus hombres, la evolución tecnológica y el papel de Mendoza como escenario clave de la aviación argentina. La IV Brigada Aérea de El Plumerillo no es solo una base. Es memoria, formación, disciplina, servicio y presencia viva de una historia que une a Mendoza con los grandes capítulos del cielo argentino. En cada avión, en cada pista y en cada nombre recordado, permanece una misma idea: hubo hombres que se animaron a mirar hacia arriba cuando volar todavía era un acto de fe. #ArgentineAirForce, #AirForceHistory, #MilitaryAviation, #AviationHistory, #VintageAviation, #HistoricAircraft, #F86Sabre, #JetAge, #MendozaArgentina, #ArgentinaHistory, #MilitaryHistory, #AirPower, #AviationLovers, #HistoricMendoza, #ColdWarAviation, #FuerzaAereaArgentina, #DiaDeLaFuerzaAerea, #AviacionArgentina, #HistoriaArgentina, #HistoriaDeMendoza, #MendozaAntigua, #MendozAntigua, #IVBrigadaAerea, #ElPlumerillo, #JorgeNewbery, #AeroClubArgentino, #GloboPampero, #AviacionMilitar, #CazasArgentinos, #SabreF86, #AlasArgentinas, #CieloArgentino, #EfemeridesArgentinas, #MemoriaHistorica, #Mendoza
sábado, 30 de mayo de 2026
EL CHALLAO EN LOS AÑOS 60: LA FE MENDOCINA CAMINANDO ENTRE POLVO, MONTAÑA Y MEMORIA
En la década de 1960, El Challao todavía conservaba ese aire agreste de camino abierto, de tierra suelta, cerros cercanos y silencios compartidos. En esta imagen, una procesión avanza lentamente entre autos estacionados, familias, vecinos y devotos que suben hacia uno de los sitios religiosos más queridos por Mendoza: el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes. No era solo una caminata de fe. Era una escena profundamente mendocina: gente sencilla, promesas, rezos, pañuelos, vestidos de época y una comunidad que encontraba en la montaña un lugar de encuentro espiritual. Cada paso parecía unir la devoción con el paisaje, como si El Challao fuera mucho más que un destino: era una memoria viva.La historia de esta devoción comenzó en los años 20, cuando un grupo de mujeres encabezado por Emperatriz González de Ortiz se reunía a rezar el rosario en un cerro de la zona, un lugar que por su forma recordaba a la gruta de Lourdes, en Francia. En 1926 se colocó allí una imagen de la Virgen en una gruta tallada en la roca, y en 1933 se puso la piedra fundamental del primer templo. Con el tiempo, la devoción creció hasta convertir a El Challao en uno de los grandes puntos de peregrinación de Mendoza. La referencia espiritual viene de Lourdes, donde según la tradición católica la Virgen se apareció a Bernadette Soubirous entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, en la gruta de Massabielle. Por eso cada 11 de febrero la devoción vuelve a convocar a miles de fieles, y El Challao se transforma en un símbolo de oración, promesas y esperanza. Esta fotografía no muestra únicamente una procesión antigua: muestra una Mendoza que caminaba junta, una fe que subía desde la ciudad hacia la precordillera y un Challao que, entre polvo y montaña, quedó grabado para siempre en la memoria popular. #ElChallao #MendozAntigua #MendozaAntigua #VirgenDeLourdes #HistoriaDeMendoza #LasHeras #Procesion #FeMendocina #MemoriaPopular #MendozaHistory #ArgentineHistory #VintageMendoza #OurLadyOfLourdes #HistoricalMemory
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martes, 19 de mayo de 2026
EL CHALLAO EN LOS AÑOS 60: LA PROCESIÓN QUE CONVIRTIÓ LA FE EN MEMORIA VIVA DE MENDOZA
La imagen nos transporta al El Challao de la década de 1960, cuando la procesión de la Virgen de Lourdes reunía a familias, vecinos, peregrinos y devotos en uno de los paisajes más queridos del piedemonte mendocino. Entre autos antiguos, caminos abiertos, cerros al fondo y una multitud avanzando lentamente, la postal conserva algo más que una ceremonia religiosa: muestra una forma de vivir la fe en comunidad. El santuario de Nuestra Señora de Lourdes de El Challao se convirtió con el tiempo en uno de los grandes centros de devoción popular de Mendoza, especialmente cada 11 de febrero, día asociado a la Virgen de Lourdes. La historia de esta devoción comenzó en la década de 1920, cuando un grupo de mujeres, encabezado por Emperatriz González de Ortiz junto a sus hijas, solía reunirse a rezar el rosario en un cerro de la zona, cuya forma recordaba a la gruta francesa de Massabielle, en Lourdes. Con los años, aquella práctica íntima fue creciendo hasta dar origen a una capilla y luego a un santuario que convocaría a miles de fieles. La Arquidiócesis de Mendoza reconoce al templo como Santuario Nuestra Señora de Lourdes, ubicado en Julio Valicenti 3530, El Challao, Las Heras, actualmente a cargo de los padres claretianos. Esta fotografía, tomada en los años 60, guarda el espíritu de una Mendoza donde la religiosidad popular también era encuentro social, promesa familiar y camino compartido. Allí, en medio del polvo, los cerros y la multitud, El Challao ya empezaba a transformarse en un símbolo profundo de fe, identidad y memoria mendocina. #VirgenDeLourdes #ElChallao #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #LasHerasMendoza #FePopular #Procesion #SantuarioDeLourdes #MemoriaMendocina #MendozAntigua #MendozaHistory #ReligiousHeritage #OldMendoza #FaithAndTradition #CulturalMemory #ArgentinaHistory
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viernes, 15 de mayo de 2026
El gigante blanco de la cordillera: cuando la TAC llevaba a Cuyo sobre ruedas
La imagen rescata una verdadera joya del transporte argentino: un Decaroli-Deutz que formó parte de la recordada flota de la Cooperativa T.A.C. durante los años 60. El ómnibus aparece detenido junto a un camino de montaña, en una postal que parece resumir una época: rutas difíciles, motores nobles, viajes largos y una empresa que marcó la memoria de miles de mendocinos. La Cooperativa de Trabajo Transportes Automotores de Cuyo Ltda., más conocida como T.A.C., comenzó sus actividades el 1 de septiembre de 1960, aunque sus raíces se remontaban a la antigua C.I.T.A., empresa que ya operaba en Mendoza desde 1930. Con el tiempo, T.A.C. se transformó en uno de los grandes símbolos del transporte de pasajeros del interior argentino. Llegó a unir casi todas las provincias del país y sus unidades también viajaron a Chile, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay. En su etapa de esplendor tuvo alrededor de 2.000 socios y transportó unos 17 millones de pasajeros por año. En la segunda mitad de la década de 1960, la cooperativa encaró una fuerte renovación de su flota. Los tradicionales chasis Leyland y ACLO comenzaron a ser reemplazados por unidades de fabricación nacional, especialmente Deutz para larga distancia y Mercedes-Benz para servicios urbanos, suburbanos y de media distancia. Esa decisión buscaba modernizar el parque automotor y reducir costos operativos. El nombre Decaroli también tiene peso propio en esta historia. La firma rosarina A. y L. Decaroli nació en 1959, impulsada por Alfredo y Lorenzo Decaroli, dedicada inicialmente a fabricar carrocerías para ómnibus. En 1965, mediante un acuerdo con Deutz Cantábrica, comenzó a desarrollar plataformas Deutz en Argentina, convirtiéndose en una marca muy recordada dentro del transporte de media y larga distancia.Aquellos Decaroli-Deutz eran máquinas pensadas para viajar lejos. Algunos modelos de mediados de los años 60 contaban con motor diésel Deutz trasero, refrigerado por aire, capacidad cercana a los 41 asientos y una velocidad máxima que podía rondar los 108 km/h, cifras importantes para la época y para caminos muchas veces exigentes. Por eso esta fotografía no muestra solo un colectivo antiguo. Muestra una etapa dorada del transporte cuyano: la de los viajes por rutas angostas, las paradas en pueblos, los choferes de oficio, las valijas en bodega y esos ómnibus que parecían unir provincias enteras con el pulso firme de sus motores. El Decaroli-Deutz de la T.A.C. fue mucho más que una unidad de flota: fue parte de una memoria viajera. Una postal de cuando Cuyo se recorría con paciencia, coraje y kilómetros, y cuando cada colectivo llevaba consigo historias de trabajo, despedidas, regresos y caminos de montaña. #MendozAntigua #TAC #CooperativaTAC #TransportesAutomotoresDeCuyo #DecaroliDeutz #Deutz #Decaroli #HistoriaDelTransporte #MendozaAntigua #TransporteArgentino #OmnibusAntiguos #ColectivosAntiguos #RutasArgentinas #Cuyo #HistoriaDeMendoza #VintageBus #BusHistory #ArgentineTransport #OldBuses #DeutzBus #RoadHistory #TransportHistory #VintageArgentina (a través de COOP. TAC Argentina) Imagen gentileza de Nicolás Banantini
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lunes, 11 de mayo de 2026
1965 - El rugido del Leyland en la vieja Mendoza: la terminal de T.A.C. donde empezaban los viajes de 1.100 kilómetros
Mendoza, circa 1965. La imagen nos devuelve una escena inolvidable de la vieja terminal de la Cooperativa de Transportes Automotores de Cuyo, T.A.C., ubicada en Primitivo de la Reta 989, frente a calle Amigorena, en plena Ciudad de Mendoza. Allí aparece un imponente Leyland RT “Worldmaster”, equipado con suspensión neumática, esperando partir hacia Buenos Aires, en un viaje de aproximadamente 1.100 kilómetros. La fotografía, atribuida a la revista Leyland Journal de junio de 1965, muestra mucho más que un ómnibus detenido. Se ve el frente de la terminal, el cartel de T.A.C., pasajeros y trabajadores alrededor del coche, el portón de salida y esa atmósfera de movimiento permanente que tenían las viejas estaciones: valijas, encomiendas, despedidas, motores regulando y el aroma del gasoil mezclado con el murmullo de la gente. La antigua sede de T.A.C. funcionó durante 12 años, desde el 1 de septiembre de 1960 hasta 1972. Antes, ese mismo predio había sido utilizado por sus antecesoras: la Compañía Internacional de Transportes Automóviles S.A. —C.I.T.A.— y la Empresa Nacional de Transportes —E.N.T.— Zona Cuyo. Hoy, aquel espacio forma parte del sector ocupado por los hoteles Sheraton Mendoza y Huentala, una transformación urbana que borró físicamente la terminal, pero no su memoria. El edificio tenía una historia arquitectónica propia. Hacia 1940, la C.I.T.A. encargó la construcción de la primera terminal de autobuses implantada dentro del radio urbano mendocino. El proyecto fue realizado por el arquitecto estadounidense Lyman Otis Dudley, quien organizó el edificio sobre calle Primitivo de la Reta, con andenes de espera, circulación lateral para los ómnibus, playa de maniobras hacia el fondo y sectores de cochera y depósito sobre calle San Juan. La terminal fue un verdadero nodo de la vida mendocina. En esa zona también funcionaban otras empresas: frente a T.A.C. estaba El Fifí, que unía Mendoza con Rivadavia y Medrano; hacia Amigorena se encontraba el Expreso Campo de los Andes —E.C.L.A.—, vinculado a los servicios hacia el Valle de Uco; y cerca de allí se hizo famosa la fonda “Amigorena 85”, lugar de comida y espera para viajeros, choferes y familias. Por eso el sector quedó grabado en la memoria popular como el “Barrio de la Terminal”. La escena terminó cambiando en noviembre de 1972, cuando se inauguró la nueva Estación Terminal de Ómnibus de Mendoza, en Guaymallén. Aquella obra había sido planificada en 1964, se construyó en el predio de la antigua feria de Guaymallén y fue concebida como una de las primeras terminales modernas levantadas en una capital provincial argentina. Su estructura contó con la participación de IMPSA —Industrias Metalúrgicas Pescarmona—, empresa mendocina clave en la construcción metálica de gran escala. Pero antes de esa mudanza, la vieja terminal de Primitivo de la Reta fue un universo propio. Allí se concentraban partidas, regresos, encomiendas, boleterías, cafés, esperas y despedidas. Para muchos mendocinos, ver esta imagen es volver a escuchar el motor pesado del Leyland, sentir el ruido de la estación y recordar una época en la que viajar a Buenos Aires era una aventura larga, solemne y llena de expectativa. Esta foto no retrata solamente un colectivo. Retrata una Mendoza que se movía sobre ruedas, una ciudad donde el transporte era progreso, encuentro, distancia y memoria. (a través de Roberto Tomassiello) #TAC #Mendoza #MendozAntigua #LeylandWorldmaster #Leyland #PrimitivoDeLaReta #ViejaTerminal #HistoriaDeMendoza #TransporteArgentino #CooperativaTAC #OmnibusAntiguos #BarrioDeLaTerminal #CITA #IMPSA #TerminalMendoza #BuenosAires #VintageBus #BusHistory #TransportHistory #OldMendoza #ArgentinaHistory #LeylandBuses #UrbanMemory #PublicTransportHistory
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martes, 21 de abril de 2026
1961: la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Mendoza que cambió para siempre la arquitectura mendocina y formó la voz moderna de toda una generación
La creación de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Mendoza, en 1961, fue uno de los hechos más decisivos para la consolidación del campo arquitectónico en Mendoza y para la difusión del pensamiento moderno en la provincia. Nacida por decisión del Directorio del ICEI, la puesta en marcha de una facultad privada de arquitectura en el interior del país tuvo una resonancia que excedió lo local y se volvió un acontecimiento de importancia nacional dentro del contexto político y cultural de la época. La nueva casa de estudios comenzó a tomar forma a partir de una trama de vínculos profesionales y personales en la que confluyeron Daniel Ramos Correas, Enrico Tedeschi, Raúl Panelo Gelly y el ingeniero Justo Pedro Gascón, quienes participaron activamente de su fundación. Al frente del proyecto quedó Enrico Tedeschi, que fue decano, organizador y docente hasta 1972, impulsando una experiencia pedagógica singular, marcada por la modernidad, la vanguardia y una profunda vocación experimental. También proyectó el edificio destinado a albergar los cinco cursos de la carrera, con colaboración en el plano estructural y con intervención de Daniel Ramos Correas en el patio-atrio. Luego, el conjunto universitario se completó con otras obras del propio Tedeschi, como las facultades de Ingeniería y de Ciencias Jurídicas y Sociales. En esa institución, Tedeschi pudo desplegar un programa de enseñanza de avanzada, casi como un laboratorio intelectual en condiciones de relativo aislamiento, donde los vínculos académicos se elegían con gran exigencia entre referentes del país y del exterior. La pequeña escuela sostuvo lazos con figuras de enorme peso como Marina Waisman, Jorge Sacriste, Jorge Scrimaglio, Miguel Ángel Roca, José Le Pera y Diego Díaz Puertas, entre otros. En ese clima, la teoría no se enseñaba separada del proyecto: se integraba a la práctica con una mirada que buscaba equilibrar identidad local, tradición y modernidad, funcionalidad abierta, y respeto por los valores constructivos y estructurales de la arquitectura. La vida académica de la FAU-UM fue, desde el inicio, mucho más que cursadas y exámenes. Se organizaban concursos de proyectos para estudiantes con auspicio de empresas e instituciones del medio, como Pescarmona y la UIA, y se realizaban exposiciones de trabajos en museos, como las promovidas por la docente Liliana Rainis en el Museo Municipal de Arte Moderno. Además, filósofos, artistas, arquitectos e ingenieros visitantes dictaban cursos y cursillos, mientras los propios profesores de la facultad guiaban instancias de formación complementaria que reforzaban la idea de una escuela abierta a la cultura y al debate. La apertura de la carrera permitió también que muchos arquitectos ya radicados en Mendoza encontraran un espacio para ejercer la docencia universitaria. Entre los integrantes del cuerpo docente inicial estuvieron, entre otros, Raúl Panelo Gelly, Carlos Andía, Edgardo Alfaro, Vittorio Allegrini, Miguel Rosso, Miguel Villanueva, Gerardo Andía, Hugo Dalla Torre, Martín Abraham, Aniceto Puig, Pedro Merlo, Héctor León, Gilberto Olguín, Carlos Caporalini, Miguel Ángel Martínez, Liliana Rainis, Juan Brugiavini, Jaime Perelló, Osvaldo Cocconi, Luis Casnati, Ernesto Martinelli, Hugo Raina, Ricardo Bekerman, Julio Díaz Valentín, Jorge Vico, Daniel Ramos Correas, Carlos Gainza, María Cristina Díaz Valentín, Miguel Ángel Guisasola, Raúl Amprimo, Juan José Schmidt, Enrico Tedeschi, Miguel Giraud, Jacques Caspi y Hernán Godoy. Esa nómina muestra hasta qué punto la facultad se convirtió en un verdadero centro de irradiación profesional para la arquitectura mendocina. Durante sus primeros años, la institución mantuvo un promedio cercano a veinte alumnos por año, y en 1965 comenzaron a recibirse los primeros arquitectos formados íntegramente en esa novel facultad. El primer egresado fue Miguel Rosso, en 1965. Luego, en 1966, se graduaron Raúl Amprimo, Enrique Casetti y Julio Díaz Valentín. En 1967 lo hicieron Francisco Coppo, Ricardo Bekerman, Vittorio Allegrini, Ernesto Martinelli, Miguel Guisasola, Eduardo Duek y Hernán Godoy. De esa camada también formó parte María Cristina Díaz Valentín, recordada como la primera arquitecta recibida en Mendoza. Uno de los aportes más valiosos de la FAU-UM fue haber abierto de manera concreta la posibilidad de ingreso de mujeres a la carrera. Con el tiempo, su matrícula fue creciendo hasta equipararse con la de sus compañeros varones. Hasta entonces, en Mendoza había muy pocas arquitectas en ejercicio, y casi todas provenían de otras provincias como Buenos Aires, Córdoba o Santa Fe. Para muchas mendocinas, estudiar fuera de la provincia no era una opción frecuente, tanto por razones económicas como por limitaciones culturales respecto del acceso femenino a la educación superior. En ese sentido, la cercanía de la nueva facultad fue clave, y más aún porque desde sus primeros años previó un sistema de becas. En 1968 se instituyó la beca “Edgardo Alfaro”, sostenida por los propios profesores, a la que se sumaron ayudas de la Universidad de Mendoza y apoyos financiados por empresas del medio. Ese mismo 1968 mostró un crecimiento notable en el número de egresados. Entre quienes se recibieron entonces figuran Juan José Schmidt, Leonardo Aveta, Myrta Abraham, Gustavo Serrano, Hernán Costarelli, Augusto Armani, Susana Fasciolo, Pedro Mazzoni, Jorge Grinspan, Francisco Castorino, Rodolfo Sardi, Luis Decurgez, Pedro Mayol, Rosa Mazzoni, Mónica Itoiz, Carlos Diez y Adolfo Danino. Todo esto confirmó que la experiencia inicial ya se había transformado en una cantera decisiva para la arquitectura local. A fines de 1972, Tedeschi dejó el decanato. Aunque siguió ligado a la institución como profesor de Arquitectura 5-6 y del Taller de Tesis hasta aproximadamente 1975, empezó a dedicar más tiempo a la investigación científica. Su paso por la facultad fue considerado ejemplar por la originalidad del enfoque, la articulación entre enseñanza e investigación y su permanente promoción de la cultura. Pero el clima político del país pronto alteró la vida interna de la institución. A comienzos de 1973 asumió como decano Gerardo Andía, aunque poco después la facultad fue tomada por un grupo de estudiantes, con apoyo de algunos docentes, que reclamaban la estatización, cambios en el plan de estudios y un gobierno tripartito con participación estudiantil. La toma comenzó el 14 de junio de 1973, se levantó a fines de ese mes y las clases siguieron suspendidas, al menos, hasta septiembre. Luego vinieron la renovación del Consejo, la asunción transitoria de Carlos Caporalini en el decanato y, más tarde, la intervención de la Universidad de Mendoza por parte del gobierno nacional, con la designación del arquitecto Ricardo Freire como interventor de la FAU. La facultad fue restituida a sus autoridades estatutarias en enero de 1974, en medio de un fuerte desmembramiento del plantel docente. En febrero fue designado decano Raúl Amprimo, pero una nueva amenaza de intervención generó una inmediata reacción del medio profesional: setenta y cinco arquitectos firmaron una solicitada pública pidiendo el cese de esa medida. Pocos días después se anunció la designación de Antonio Abramo como delegado interventor. Finalmente, tras el decreto 1308/74 firmado por Juan Domingo Perón, Amprimo pudo asumir el decanato y permaneció en ese cargo hasta 1978. Desde 1979 y hasta 2009, la Facultad de Arquitectura fue dirigida por el arquitecto Ricardo Bekerman, abriendo una nueva etapa en la historia institucional de la casa de estudios. Como dato adicional, el edificio de la actual FAUD de la Universidad de Mendoza es hoy una obra emblemática de la arquitectura moderna argentina: fue construido entre 1962 y 1964, fue declarado Monumento Histórico Nacional por el Decreto 791/2019, y además fue seleccionado en 2015 para la muestra “Latin America in Construction: Architecture 1955–1980” del MoMA de Nueva York. La propia Universidad de Mendoza sigue reconociendo a Enrico Tedeschi como el autor del edificio y su primer decano. #FAUUM #UniversidadDeMendoza #ArquitecturaMendocina #HistoriaDeMendoza #EnricoTedeschi #ArquitecturaModerna #EducaciónSuperior #ArquitecturaArgentina #PatrimonioArquitectónico #ModernidadEnMendoza #WomenInArchitecture #MendozaArchitecture #ModernArchitecture #ArchitecturalHeritage #UniversityHistory #EnricoTedeschi #ArgentineArchitecture #DesignEducation #MonumentoHistórico #MoMANYC
jueves, 16 de abril de 2026
Cuando el tren trepaba la cordillera: la inolvidable parada del Trasandino en Polvaredas (mediados de la década de 1960 y finales de la de 1970.)
Viajar en tren hacia distintos puntos de Mendoza, a otras provincias e incluso a Buenos Aires fue durante décadas una experiencia entrañable para muchísimas familias. La fotografía del Coche Motor Ganz en la Estación Polvaredas, tomada por Julio Monsalvo y conservada por el Ferroclub Trasandino Mendoza, rescata uno de esos momentos en que el ferrocarril no solo transportaba pasajeros: también unía paisajes, pueblos y memorias en plena cordillera. La imagen muestra al Coche Motor Ganz-Mávag C.M.U. 4703 detenido en Polvaredas, una escena que resume una etapa ya clásica del Ferrocarril Trasandino Mendoza-Los Andes. El tren retratado pertenece a una serie de automotores diésel-eléctricos de alta montaña fabricados por la firma húngara Ganz-Mávag. Según documentación ferroviaria de época, estos equipos fueron construidos especialmente para servicios exigentes en líneas andinas y se entregaron a la Argentina entre 1963 y comienzos de 1964. Eran trenes de tres unidades destinados a ramales con fuertes pendientes y sectores con cremallera, tanto en el Trasandino mendocino como en la línea a La Quiaca. Su potencia total rondaba los 1.100 HP —dos motores de 550 HP— y estaban preparados para trabajar en alturas de hasta 4.500 metros, con rampas pronunciadas y condiciones climáticas muy severas. En el caso del lado argentino del Trasandino, estos Ganz-Mávag pasaron a formar parte del parque que modernizó la explotación cordillerana después de décadas de vapor. Las fuentes ferroviarias coinciden en que los servicios internacionales de pasajeros entre Mendoza y Los Andes se realizaron indistintamente con automotores Ganz o Schindler, y que la circulación regular de pasajeros quedó suspendida en 1979. Más tarde, del lado argentino, el tendido reconstruido llegó hasta Polvaredas, donde funcionó por un tiempo el servicio turístico conocido como Tren de las Altas Cumbres, activo hasta 1991, cuando cesaron las operaciones por la falta de material rodante y por problemas en la traza asociados al río Mendoza. La Estación Polvaredas, en el departamento de Las Heras, ocupa un lugar central en esta historia. Su inauguración se remonta a los primeros años de la década de 1940 y su razón de ser estuvo directamente ligada al gran alud de enero de 1934, que destruyó decenas de kilómetros de la línea original y obligó a trasladar la traza al otro margen del río Mendoza. La nueva estación heredó funciones de Zanjón Amarillo y se convirtió en una de las más importantes del trayecto, no solo por su ubicación estratégica sino también por su papel operativo dentro del sistema ferroviario de alta montaña. Por eso, esta imagen de Monsalvo vale mucho más que como simple documento ferroviario. Retrata una época en la que el Trasandino todavía era sinónimo de aventura, integración y vida cotidiana en la montaña. En Polvaredas, entre andenes, maniobras y pasajeros, el tren seguía cumpliendo una misión que hoy pertenece a la memoria colectiva: enlazar a Mendoza con la cordillera y mantener vivo uno de los recorridos ferroviarios más singulares de la Argentina. #FerrocarrilTrasandino #Polvaredas #CocheMotorGanz #MendozaAntigua #HistoriaFerroviaria #TrenDeLasAltasCumbres #CordilleraDeLosAndes #PatrimonioFerroviario #LasHeras #MemoriaHistórica #Transandino #RailwayHistory #MountainRailway #HistoricTrain #ArgentineRailways #CulturalHeritage #VintageRail #AndesTrain #HistoricMemory #OldMendoza #NostalgiaCore, #Throwback, #TBT, #ThrowbackThursday, #Vintage, #Retro, #VintagePhotography, #HistoricalPhotos, #HistoricPhotos, #ArchivePhoto, #ArchivalPhoto, #OnThisDay, #TodayInHistory, #ThisDayInHistory, #OTD
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jueves, 9 de abril de 2026
Cuando el arte salió a la calle en Mendoza: el insólito happening de 1969 que convirtió una mudanza en memoria viva
En 1969, Mendoza ofreció una de esas escenas que parecen pequeñas, pero que terminan retratando toda una época. No había mejor manera de despedir lo viejo que con ruido, humor, música y un poco de desorden creativo. Así ocurrió durante el cambio de sede de la Escuela Superior de Artes Plásticas de la Universidad de Cuyo, una despedida atravesada por la melancolía, pero también por la risa, la invención y ese aire juvenil y contracultural que marcaba el fin de los años sesenta. Según la crónica de entonces, mientras se intentaba disimular la tristeza propia de dejar atrás una casa cargada de recuerdos, alumnos, docentes, autoridades y personal de la institución participaron de una mudanza muy poco convencional. Entre objetos viejos, papeles, bocetos y restos del viejo taller, se mezclaron cantos, ocurrencias y bromas que transformaron la despedida en una verdadera celebración. El edificio, ya muy deteriorado y casi desmantelado, mostraba el final de una etapa que había dejado huella en varias generaciones de artistas. Aquel clima de despedida tenía además un fuerte peso simbólico. En esa vieja casona permanecían todavía algunas piezas valiosas de la historia artística mendocina, entre ellas esculturas vinculadas a Lorenzo Domínguez, uno de los grandes maestros de la escultura moderna en Cuyo. Vista en perspectiva, aquella escena ocurrió en una institución con larga trayectoria: la actual Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo reconoce sus raíces en la Academia de Bellas Artes creada en 1939; la denominación Escuela Superior de Artes Plásticas quedó consolidada en 1949, y en 1980 esas escuelas artísticas se unificaron en la Facultad de Artes, antecedente directo de la actual FAD en el Centro Universitario. Pero lo más recordado fue, sin duda, el happening. Dos jóvenes irrumpieron arrastrando una bañadera en la que iba sentada Norma Raquel, con el rostro pintado y rodeada de animales embalsamados. La escena, absurda, poética y provocadora, salió de la escuela y fue a instalarse en plena calle San Martín, donde por unos minutos interrumpió el tránsito y sorprendió a automovilistas y peatones. Los alumnos bailaron alrededor del artefacto, lanzaron voces, ocuparon el espacio público y luego trasladaron la bañadera a la vereda, donde la llenaron de papeles y la convirtieron en fogata. Todo adquirió el tono de una performance colectiva, mitad despedida, mitad rito de pasaje. Ese gesto no fue casual: dialogaba de lleno con el espíritu artístico de la década. En la Argentina y en América del Sur, los años sesenta estuvieron marcados por happenings, intervenciones y arte participativo que salían de los espacios tradicionales para irrumpir en la vida cotidiana, mezclar arte y acción, y convertir la calle en escenario. En ese sentido, aquella despedida mendocina no fue solo una travesura estudiantil: también fue una expresión local de un tiempo en que el arte quería dejar de estar quieto. En medio de guitarras, imitaciones, vino compartido, tarantelas, malambos y anécdotas de taller, la comunidad de la escuela fue cerrando una etapa. El profesor Quesada, figura clave del arte mendocino y más tarde reconocido como uno de sus grandes hacedores culturales, habló de dejar atrás la vieja casa sin renunciar a los afectos construidos en ella, y de asumir la nueva etapa con esperanza, compromiso y espíritu de comunidad. Ese tono resume bien la jornada: no fue una simple mudanza, sino una despedida cargada de emoción, irreverencia y pertenencia. Al final, la fiesta siguió por la ciudad: confitería, guitarras, caminata hasta la plaza Independencia y una última postal de juventud desatada en el corazón de Mendoza. Lo que quedó no fue solo la anécdota pintoresca de una bañadera en plena San Martín, sino la imagen de una generación que eligió despedirse creando. Porque a veces la nostalgia también se combate con risas, con fuego, con canciones y con arte. #Mendoza #HistoriaDeMendoza #ArteMendocino #UNCuyo #EscuelaDeArtes #Happening #Años60 #CulturaMendocina #MemoriaUrbana #HistoriaArgentina #ArteArgentino #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentineArt #ArtHistory #HappeningArt #1960s #UrbanMemory #CulturalHistory #VintageMendoza #History, #HistoryLovers, #HistoryFacts, #HistoryBuff, #Historical, #HistoricalPhotography, #HistoricalImages, #HistoricalPhotos, #Vintage, #VintageStyle, #VintagePhoto, #VintagePhotography, #Retro, #OldPhotos, #OldPicture, #Archive, #Archives, #PhotoArchive, #BlackAndWhitePhotography, #Photography
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viernes, 3 de abril de 2026
La Mendoza que miraba a la cordillera: la postal aérea que inmortalizó al Pasaje San Martín. Entre las décadas de 1960 y 1970.
Esta fotografía ofrece una vista elevada de la Ciudad de Mendoza en tiempos en que el perfil urbano todavía estaba dominado por construcciones bajas, grandes masas arboladas y la Precordillera recortándose al fondo. En primer plano sobresale con fuerza el Pasaje San Martín, una de las imágenes más reconocibles del centro mendocino, con su característica cúpula y su silueta elegante dominando el paisaje de una ciudad que aún conservaba una escala mucho más abierta y serena. Más que un simple edificio, el Pasaje San Martín fue un símbolo del salto de Mendoza hacia la modernidad. La Ciudad de Mendoza lo presenta como un edificio de 1926, ubicado sobre avenida San Martín casi Peatonal Sarmiento, con una torre de siete pisos coronada por una cúpula, y lo define como el primer edificio en altura de Mendoza. Fuentes locales recientes precisan además que fue inaugurado oficialmente el 11 de noviembre de 1926, impulsado por Miguel Escorihuela Gascón, y que se convirtió en un emblema por su lenguaje arquitectónico, sus vitrales franceses y su estructura pensada para resistir los sismos. También fue una obra pionera por su concepción: integró locales comerciales, oficinas y viviendas en un mismo conjunto, siguiendo el modelo de los grandes pasajes europeos. La información oficial y periodística coincide en destacar sus tres ascensores OTIS originales, sus galerías interiores de doble altura y el valor patrimonial de sus detalles ornamentales. No por nada, en 2026, cuando cumple su centenario, la Municipalidad de Mendoza impulsa una puesta en valor para reforzar su perfil histórico, comercial y cultural. En cuanto a la imagen, todo sugiere una toma de mediados del siglo XX, cuando el Pasaje seguía sobresaliendo con claridad sobre el tejido urbano del microcentro. No encontramos una datación pública exacta de esta fotografía, así que preferimos ser prudente con la década precisa. Pero justamente ahí reside parte de su encanto: muestra una Mendoza más baja, más silenciosa y más próxima a la montaña, con uno de sus grandes íconos arquitectónicos ocupando el centro de la escena. #Mendoza #CiudadDeMendoza #PasajeSanMartín #PatrimonioMendocino #HistoriaDeMendoza #Arquitectura #CentroMendocino #PostalesAntiguas #Precordillera #MemoriaUrbana #MendozaCity #HeritageArchitecture #HistoricMendoza #UrbanHistory #VintageMendoza #Cityscape #ArchitecturalHeritage #OldMendoza #HistoricCity #MendozAntigua #VintagePhotography, #HistoryLovers, #ArgentinaHistory, #ArchivalGold, #OldWorldCharm #VintagePhotography, #HistoryLovers, #ArgentinaHistory, #ArchivalGold, #OldWorldCharm
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