Mostrando las entradas con la etiqueta Década de 1960. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Década de 1960. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de octubre de 2026

MARZO DE 1969 — CUANDO UNA PIEDRA CAMBIÓ EL PAISAJE UNIVERSITARIO DE MENDOZA: NACÍA EL EDIFICIO DE CIENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES


En marzo de 1969, en un sector del pedemonte mendocino que todavía mostraba grandes extensiones de terreno abierto y donde comenzaba a tomar forma la futura Ciudad Universitaria, se colocó la piedra fundamental del edificio de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo. El proyecto había sido concebido en 1968 por el arquitecto Juan Agustín Brugliavini y su construcción demandaría aproximadamente dos años, incorporándose a aquella primera generación de edificios que transformó definitivamente el paisaje universitario mendocino. El acontecimiento representaba mucho más que el inicio de una obra: era la materialización de un proceso académico iniciado casi dos décadas antes. El 19 de junio de 1950 la UNCuyo había organizado, mediante la Ordenanza Nº 37, los Cursos de Formación Política; el 17 de mayo de 1952 nació la Escuela de Estudios Políticos y Sociales, en 1958 alcanzó el rango de Escuela Superior y en 1967 consiguió finalmente la jerarquía de Facultad mediante la Resolución Nº 76/1967 de la Secretaría de Estado de Cultura y Educación. Apenas un año después, el 27 de marzo de 1968, la Ordenanza Nº 12/68 creó la especialidad en Sociología, profundizando la expansión de las ciencias sociales dentro de la Universidad. Cuando llegó el momento de colocar aquella piedra fundamental en 1969, el entonces decano Francisco Leiva Hita destacó precisamente esa reciente jerarquización y las posibilidades profesionales y científicas que abría la nueva Facultad. El edificio de Brugliavini formaba parte de un ambicioso proceso de consolidación del Centro Universitario: por aquellos años también se levantaban o proyectaban las sedes de Filosofía y Letras, Ciencias Económicas, Ingeniería en Petróleos y otras dependencias, en una etapa decisiva para reunir instituciones que durante décadas habían funcionado dispersas por distintos puntos de la Ciudad de Mendoza. Su arquitectura, de marcada horizontalidad, con hormigón, ladrillo y una extensa sucesión de parasoles verticales, terminaría convirtiéndose en una de las imágenes reconocibles del campus. La fotografía histórica que acompaña esta publicación permite dimensionar aquel momento extraordinario: detrás del edificio aparecen las montañas y un paisaje todavía casi desnudo, muy diferente del campus arbolado y densamente ocupado de la actualidad. A comienzos de la década de 1970 la Facultad pudo trasladarse a su nueva sede, y aquel edificio pensado cuando la Ciudad Universitaria apenas comenzaba a consolidarse continúa, más de medio siglo después, formando parte de la vida cotidiana de la UNCuyo. En 2026, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales mantiene allí una amplia actividad académica y ofrece, entre otras propuestas, las licenciaturas en Ciencia Política y Administración Pública, Sociología, Trabajo Social, Comunicación Social y Gestión y Administración Universitaria, además de tecnicaturas, ciclos de formación y estudios de posgrado. Aquella piedra colocada en marzo de 1969 terminó siendo mucho más que el comienzo de una construcción: fue uno de los cimientos materiales de una institución que acompañaría durante generaciones los grandes debates, investigaciones y transformaciones de la sociedad mendocina y argentina. Fuentes consultadas: Universidad Nacional de Cuyo, Encuentro de saberes. 1939-2017, EDIUNC (2017); Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo, historia institucional y oferta académica; Roberto Mario Romano, Huellas de la Ciudad Universitaria de la UNCUYO, EDIUNC (2011); y Los Andes, investigaciones sobre el patrimonio arquitectónico moderno de la Ciudad Universitaria. #MendozAntigua #Mendoza #UNCuyo #UniversidadNacionalDeCuyo #CienciasPoliticas #CienciasSociales #HistoriaDeMendoza #CiudadUniversitaria #ArquitecturaMendocina #PatrimonioMendocino #MemoriaUniversitaria #HistoriaArgentina #MendozaHistory #UNCuyoHistory #UniversityHistory #ArgentineHistory #ModernArchitecture #AcademicHeritage #MendozaArgentina

jueves, 1 de octubre de 2026

1962 – LE CARAVELLE: EL CAFÉ PORTEÑO QUE CASI NAUFRAGÓ, FUE SALVADO POR UN CLIENTE Y CONVIRTIÓ UN CAPUCHINO EN LEYENDA


En el corazón del Microcentro porteño, cuando la calle Lavalle todavía brillaba con las marquesinas de sus cines, las funciones continuadas, los restaurantes y una multitud que recorría el centro hasta entrada la noche, abrió sus puertas en 1962 un pequeño café de espíritu profundamente italiano que terminaría convirtiéndose en una auténtica cápsula del tiempo: Le Caravelle. El histórico local continúa en Lavalle 726, a metros de Maipú, y su origen está ligado a inmigrantes italianos de apellido Rocca. La fecha exacta de inauguración dentro de aquel año no quedó establecida con certeza, pero tanto la documentación periodística como el sitio oficial de Turismo de Buenos Aires coinciden en 1962 como el año de apertura.  Su nombre significa “Las Carabelas” y esa identidad quedó grabada desde el comienzo en sus tazas y en la marquesina, donde tres pequeños navíos recuerdan la inspiración italiana de sus fundadores y la travesía atlántica de tantos inmigrantes. Adentro sobrevivió una costumbre que durante décadas formó parte del ritmo cotidiano del centro: tomar el café de pie, apoyado en la barra, casi sin detener la marcha de la ciudad. El local histórico posee dos barras; una vinculada tradicionalmente con el bar y la sandwichería y otra dedicada especialmente al café. Fotografías de Roma, referencias a Piazza Navona, la Fontana di Trevi y Piazza di Spagna reforzaron durante años esa pequeña atmósfera italiana escondida en pleno Buenos Aires. Por allí pasaron oficinistas, abogados, escribanos, arquitectos, escritores, artistas, deportistas, integrantes de la colectividad italiana y generaciones enteras de habitués. Hubo una época en que, según recordó Ángel Soria, histórico trabajador del lugar, podían despacharse entre 3.000 y 4.000 cafés en una sola jornada: eran los años en que el Microcentro hervía de actividad y Lavalle era una de las grandes arterias del entretenimiento porteño.  Pero Le Caravelle terminaría haciéndose especialmente famoso por otro ritual: su cappuccino alla italiana, servido con una extraordinaria corona de espuma de leche que puede elevarse unos tres centímetros por encima de la taza, espolvoreada con cacao y canela. La técnica exige leche fría y una temperatura controlada para conseguir una espuma tan consistente que conserve la forma durante varios minutos. En 2022, Clarín registraba que se preparaban entre 60 y 80 de esos capuchinos por día, cuando anteriormente apenas se pedían tres o cuatro. Las redes sociales transformaron aquella preparación tradicional en una nueva atracción y comenzaron a llevar hasta la barra visitantes argentinos y extranjeros.  Sin embargo, la historia estuvo muy cerca de terminar abruptamente. El 30 de diciembre de 2016 el histórico café cerró sus puertas y apareció el temido cartel de alquiler. Parecía el final de otro símbolo de una calle Lavalle profundamente transformada por la desaparición de numerosos cines y por los cambios del Microcentro. Entonces ocurrió algo extraordinario: Javier Da Cruz, que hasta ese momento era cliente habitual, decidió tomar la posta. Reabrió Le Caravelle el 7 de marzo de 2017 y mantuvo a trabajadores históricos como Ángel Soria y Agustín Villafañe. Así, un habitué terminó convirtiéndose en el responsable de rescatar el café al que durante años había ido como cliente. El renacimiento coincidió además con una inesperada segunda vida en las redes sociales: fotografías y publicaciones del famoso capuchino llevaron nuevas generaciones hasta aquella vieja barra de fórmica. Le Caravelle recibió también una placa de la Legislatura porteña alusiva a su cappuccino alla italiana y se consolidó dentro del circuito de Bares Notables de Buenos Aires. Y la historia continúa: en 2026, sesenta y cuatro años después de su apertura, la casa histórica de Lavalle 726 permanece activa y sigue siendo difundida por el sitio oficial de Turismo de la Ciudad como uno de los cafés tradicionales porteños.  Entre el ruido del centro moderno, los comercios que cambiaron de nombre y una calle donde desaparecieron casi todas aquellas marquesinas cinematográficas, Le Caravelle sigue defendiendo un pequeño ritual nacido en otra Buenos Aires: entrar, acercarse a la barra, pedir un café y beberlo de pie. Un local de apenas unos metros, tres carabelas como emblema y una historia que estuvo a punto de hundirse para siempre, hasta que uno de sus propios clientes decidió volver a ponerla a flote. Fuente de origen: Clarín, sección Ciudades, Karina Niebla, “Los 60 años de Le Caravelle, el ‘café de parado’ que atrae nuevos clientes con su ritual del capuchino”, edición impresa del jueves 17 de noviembre de 2022, pág. 31, imagen adjunta; Sitio Oficial de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires, ficha “Confitería Le Caravelle”; La Nación, 30 de julio de 2020; actualización de vigencia consultada en fuentes de 2026.  #LeCaravelle #BuenosAires #Microcentro #CalleLavalle #BaresNotables #CafésDeBuenosAires #HistoriaPorteña #BuenosAiresAntigua #CaféConHistoria #Capuccino #InmigraciónItaliana #PatrimonioPorteño #Argentina #HistoricCafes #BuenosAiresHistory #CoffeeHistory #ItalianCoffee #HistoricBuenosAires #CafeCulture #ArgentinaHistory

EMMA WELKERLING: LA PIONERA QUE ABRIÓ CAMINO EN LA AGRONOMÍA Y CONVIRTIÓ EL CAMPO MENDOCINO EN SU GRAN AULA


Una fotografía rescatada de la historia universitaria mendocina conserva una escena que hoy adquiere un enorme valor: la ingeniera agrónoma Emma María Luisa Welkerling de Tacchini dando una clase a campo en la parcela de Fruticultura de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo. Entre árboles, cultivos y estudiantes, aquella imagen resume una manera de enseñar que marcaría toda su trayectoria: aprender la agronomía directamente sobre la tierra. Su historia había comenzado a romper barreras mucho antes. El 31 de mayo de 1948 rindió su última materia y se convirtió en la primera mujer egresada como Ingeniera Agrónoma de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo, un acontecimiento especialmente significativo en una profesión que durante aquellos años estaba integrada mayoritariamente por hombres. Su carrera, sin embargo, fue mucho más que una primicia académica. Welkerling se formó también en Italia, desarrolló una extensa actividad como docente e investigadora y desde 1968 ocupó la titularidad de la cátedra de Fruticultura. La propia Facultad destaca que su vocación por el medio rural hizo que privilegiara la enseñanza práctica y la formación a campo, justamente el instante que quedó inmortalizado en esta fotografía. Fue además autora de “Fruticultura Especial” y produjo investigaciones vinculadas directamente con cultivos fundamentales para la economía regional. Sus trabajos científicos permiten dimensionar esa trayectoria: en 1960 publicó un estudio sobre una singular variedad de nogal prácticamente desprovista de la cáscara habitual, resaltando su interés genético y fitotécnico; posteriormente investigó la compatibilidad floral de cerezos y guindos y estudió la polinización de variedades de nogal cultivadas en Mendoza. En aquellos ensayos la ciencia no quedaba encerrada en el laboratorio: flores eran aisladas, variedades comparadas y árboles observados durante distintas etapas para comprender mejor su comportamiento y trasladar esos conocimientos a la producción frutícola.  En 1967 apareció además su extensa obra “Descripción de los cultivares del peral de la Estación Experimental Agropecuaria Mendoza”, publicada por el INTA y posteriormente incorporada como bibliografía especializada en Fruticultura. Décadas después seguía vinculada con investigación aplicada: documentación de la Secretaría de Ciencia y Técnica de 1986 la registra como directora de un proyecto sobre micropropagación de especies frutales en la Universidad Nacional de Cuyo.  Su carrera recibió una distinción internacional en 1987, cuando obtuvo el Premio Internacional a la Participación de la Mujer en el Desarrollo Rural, otorgado por la Organización de los Estados Americanos. Al jubilarse, la Facultad de Ciencias Agrarias la nombró profesora emérita, reconocimiento reservado a trayectorias académicas extraordinarias.  Más de siete décadas después de aquel histórico egreso de 1948, la UNCuyo continúa recordándola oficialmente como una de sus grandes pioneras y como la primera graduada de Ingeniería Agronómica de la institución.   Por eso aquella antigua clase de campo es mucho más que una fotografía universitaria: muestra a una mujer que abrió un surco cuando muy pocas podían hacerlo, que convirtió los frutales mendocinos en objeto de investigación científica y que llevó generaciones de estudiantes desde el aula hasta la parcela para enseñar que buena parte de la agronomía comienza precisamente allí, observando la tierra. #EmmaWelkerling #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #UNCuyo #CienciasAgrarias #IngenieriaAgronomica #Fruticultura #MujeresPioneras #HistoriaArgentina #Agronomia #PatrimonioMendocino #WomenInEngineering #WomenInScience #AgriculturalHistory #ArgentineHistory #MendozaHistory #AgriculturalScience Fuente de la imagen: “Encuentro de saberes: 1939-2017. Historia de las facultades, institutos y colegios de la Universidad Nacional de Cuyo”, UNCUYO–EDIUNC, pág. 90. Epígrafe original: “La ingeniera agrónoma Emma María Luisa Welkerling, en una clase de campo en la parcela de Fruticultura”. 

sábado, 26 de septiembre de 2026

SALAMANCA, UN ALTAR ATRAPADO EN EL TIEMPO: LA FOTOGRAFÍA QUE CONSERVÓ LA MEMORIA DE MARÍA AUXILIADORA


Entre finales de los años sesenta y los comienzos de la década de 1970, el salesiano José Luis Mena dejó registrada una escena que hoy posee un extraordinario valor histórico y patrimonial: una celebración ante el altar mayor de la iglesia de María Auxiliadora. La publicación del archivo salesiano presenta la fotografía como una imagen de “los años setenta”, aunque la ficha técnica del negativo original la sitúa entre 1960 y 1970, un detalle que permite acotar con mayor precisión su antigüedad. En el centro domina la imagen de María Auxiliadora con el Niño, rodeada por el monumental conjunto pictórico que abraza el presbiterio, mientras sacerdotes y numerosos jóvenes participan de la liturgia frente al altar. La historia de este templo se remonta mucho más atrás. Los Salesianos llegaron a Salamanca el 30 de diciembre de 1898; en 1909 fue bendecido el Instituto Salesiano de María Auxiliadora con su primera iglesia, y el actual templo fue solemnemente consagrado el 14 de junio de 1945 por el obispo salesiano Marcelino Olaechea. El 9 de noviembre de 1968 pasó a ser parroquia diocesana y el 24 de mayo de 1994 fue reconocido oficialmente como Santuario Diocesano. Una de las grandes protagonistas de la fotografía es la decoración del ábside. En 1961 el pintor Carlos Moreu Spa realizó las pinturas del presbiterio: su propia cartela conserva incluso las fechas de ejecución, del 17 de octubre al 4 de diciembre de aquel año. El conjunto representa a los apóstoles y evangelistas alrededor de María Auxiliadora e incorpora detalles profundamente salmantinos, entre ellos una panorámica de la Catedral vista desde el Tormes y una representación del colegio salesiano; la Diócesis de Salamanca confirma además la autoría de Moreu y sitúa estas pinturas entre las principales obras artísticas del santuario.  Con el paso de más de medio siglo, humedades, suciedad ambiental y humo de las velas fueron apagando colores, dorados y detalles. En 2015 se llevó adelante una importante restauración que recuperó buena parte de la luminosidad del mural, de la imagen central y de la bóveda, haciendo visibles nuevamente elementos que habían quedado oscurecidos.  Por eso esta fotografía es mucho más que una antigua postal religiosa: permite contemplar el santuario antes de aquella intervención y comparar, casi pincelada por pincelada, la transformación de un espacio que ha acompañado a generaciones de salmantinos. El original corresponde a la película negativa fotográfica nº 26 y se conserva en el Fondo Fotográfico José Luis Mena del Archivo Histórico Editorial CCS, dentro del Centro de Patrimonio Salesiano. Una imagen tomada durante una ceremonia cotidiana terminó convirtiéndose, décadas después, en testigo privilegiado de la historia del arte, la fe y la memoria de Salamanca. #Salamanca #MariaAuxiliadora #Salesianos #Historia #FotografiaHistorica #PatrimonioHistorico #PatrimonioReligioso #España #MemoriaHistorica #ArteReligioso #CarlosMoreuSpa #JoseLuisMena #HistoriaDeEspaña #IglesiasHistoricas #ArchivoHistorico #SalamancaSpain #MaryHelpOfChristians #Salesians #HistoricPhotography #CulturalHeritage #ReligiousArt #SpanishHistory #HistoricChurch #HistoricalMemory

lunes, 14 de septiembre de 2026

🔥🧳📸 1969: “NO IMPORTA ESTAR, SINO HABER ESTADO” — LA IRÓNICA MIRADA MENDOCINA QUE DESNUDÓ AL TURISTA, LOS SOUVENIRS Y EL NEGOCIO DE LOS RECUERDOS 🌎🍷( IMAGEN ILUSTRATIVA)


En 1969, una curiosa página periodística titulada “Turismo y recuerdos”, publicada dentro de la sección “El revés de la trama” y firmada simplemente por “SAMMY”, (PERIÓDICO - EL DIARIO) lanzó una mirada tan mordaz como sorprendentemente moderna sobre una costumbre que ya estaba transformándose en fenómeno mundial: viajar, fotografiar, comprar recuerdos y regresar a casa con pruebas materiales de haber conocido otro lugar. El autor comienza deliberadamente en tono de sátira, atribuyendo la “invención” del turismo a los franceses, su organización a los ingleses y su tecnificación a los norteamericanos. No debe interpretarse como una cronología histórica literal: uno de los grandes hitos documentados del turismo organizado moderno ocurrió precisamente en Inglaterra, cuando Thomas Cook coordinó en 1841 una excursión ferroviaria anunciada públicamente entre Leicester y Loughborough; años después desarrollaría viajes comerciales, guías y circuitos organizados. Pero lo extraordinario de aquella columna de 1969 no está en determinar quién inventó el turismo, sino en su descripción del comportamiento del viajero. Para “Sammy”, existían dos grandes aspiraciones: abandonar por unos días la rutina cotidiana y, sobre todo, regresar cargado con recuerdos capaces de demostrar que el viaje realmente había ocurrido. Allí aparece una frase conceptual que atraviesa toda la nota: para cierto turista lo esencial ya no sería simplemente “estar” en un lugar, sino “haber estado”. Medio siglo antes de las redes sociales, las fotografías permanentes y las publicaciones instantáneas, el autor observaba que una cámara, una postal, una figurita o cualquier objeto comprado durante el recorrido podían convertirse en certificado de presencia. El paisaje era contemplado, pero también debía ser capturado. Detrás de cada viajero, bromeaba, parecía esconderse un grabador, un pintor o un escultor deseoso de trasladar a su casa montañas, monumentos, árboles, edificios y escenas que terminarían transformados en recuerdos. La observación tenía detrás un cambio histórico real: el turismo internacional atravesaba entonces una expansión extraordinaria. Las llegadas internacionales pasaron de alrededor de 69 millones en 1960 a unos 166 millones en 1970, una multiplicación que explica por qué a fines de aquella década hoteles, agencias, carreteras, folletos, postales y recuerdos turísticos estaban convirtiéndose en una verdadera industria mundial. Y allí la columna se vuelve inequívocamente mendocina. “Sammy” se divierte imaginando la capacidad del comercio para convertir cualquier objeto en souvenir: una botella de vino podía adquirir otra personalidad con apenas un pequeño “ponchito criollo” y una inscripción que dijera “Recuerdo de Mendoza” o “de Tupungato”; incluso ironizaba sobre cómo el envoltorio y la condición de producto “para turistas” podían terminar modificando no el vino, sino la percepción de su valor… y naturalmente su precio. También imaginaba almanaques adornados con arenas coloreadas de El Nihuil y postales capaces de reunir dos símbolos provinciales tan distintos como el Cristo Redentor de los Andes y la Virgen de la Carrodilla. No eran referencias casuales: el Cristo había sido inaugurado en 1904 como símbolo de paz entre Argentina y Chile, mientras que la Virgen de la Carrodilla había sido declarada Patrona de los Viñedos en 1938 y ya ocupaba un lugar central dentro del imaginario vendimial mendocino. La nota también se burla del cuadro comprado apresuradamente porque parece “auténtico”, de las tarjetas postales que convierten ciudades enteras en consignas y de esa fascinación por llevarse a casa algo cuya importancia quizá solamente existe porque fue adquirido durante un viaje. El remate es magnífico: el propio autor confiesa conservar una jarra con una inscripción que aseguraba haber sido “robada” en una cueva española y hasta una lámpara de 60 watts marcada humorísticamente como procedente de la antigua Compañía de Tranvías Anglo-Argentina. Con ello lleva su razonamiento al extremo: ni siquiera hace falta cruzar océanos para comportarse como turista; también podemos convertir nuestra propia ciudad en territorio de aventura, colección y memoria. Leída más de medio siglo después, “Turismo y recuerdos” parece adelantarse a una discusión absolutamente contemporánea. ¿Viajamos para contemplar un lugar o para demostrar que estuvimos allí? ¿Recordamos realmente el paisaje o terminamos recordando la fotografía que tomamos? ¿Cuánto de un destino conocemos y cuánto compramos ya preparado por folletos, agencias, etiquetas y objetos? En 1969, cuando todavía faltaban décadas para teléfonos inteligentes, selfies e Instagram, aquella pluma anónima resumió el dilema con extraordinaria intuición: el turista no solamente recorría el mundo; comenzaba también a convertirlo en imágenes, objetos y pequeñas pruebas de memoria para llevarse de regreso a casa. Una vieja página de papel que hoy, paradójicamente, se ha transformado ella misma en uno de esos recuerdos que intentaba explicar. #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #Mendoza1969 #Turismo #TurismoEnMendoza #Recuerdos #Souvenirs #Tupungato #ElNihuil #CristoRedentor #VirgenDeLaCarrodilla #VinoMendocino #MemoriaHistórica #ArchivoHistórico #VintageMendoza #HistoriaArgentina #TourismHistory #VintageTravel #TravelMemories #MendozaArgentina #HistoricalArchive #TravelHistory #Souvenirs #OldNewspapers

viernes, 11 de septiembre de 2026

🔥🏔️🛣️ MARZO DE 1961: CUANDO MENDOZA SUBÍA A VILLAVICENCIO (RP52) POR UN CAMINO QUE PARECÍA DIBUJADO SOBRE LA MONTAÑA 🇦🇷📸


Esta extraordinaria fotografía, conservada hoy a más de 12.000 kilómetros de Mendoza en la colección del Museo Judío de Berlín, nos devuelve a marzo de 1961 y a uno de los caminos más espectaculares de la historia vial mendocina. Desde lo alto de Villavicencio, la cámara apunta hacia el valle y captura al legendario camino de los Caracoles retorciéndose una y otra vez entre las montañas de la precordillera. No era solamente un paseo panorámico: durante décadas este corredor formó parte de la histórica comunicación entre Mendoza y Uspallata, en tiempos en que atravesar estas montañas significaba enfrentarse a un angosto camino de cornisa, tierra, pendientes y cientos de curvas. La historia del trazado tomó especial impulso después del devastador aluvión de 1934, que afectó las comunicaciones ferroviarias por la montaña; fuentes históricas mendocinas sitúan la construcción y mejoramiento de los Caracoles principalmente entre 1936 y 1942. Cuando esta fotografía fue tomada en 1961, el monumental Hotel Termas de Villavicencio llevaba poco más de dos décadas dominando aquel paisaje. El edificio había sido construido en 1940 en apenas seis meses, con 30 habitaciones, jardines, piscina, cancha de tenis y una arquitectura pintoresquista de inspiración normanda que terminó convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles de Mendoza. Pero la fotografía guarda otro valor: registra el viejo corredor de Villavicencio antes de que los cambios viales de las décadas siguientes trasladaran el principal tránsito hacia Uspallata al cajón del río Mendoza. El camino de los Caracoles dejó así de ser protagonista del gran tránsito cordillerano para convertirse en patrimonio paisajístico, histórico y turístico. Más de medio siglo después, el sinuoso trazado continúa allí, integrado a la actual Ruta Provincial 52 y atravesando uno de los escenarios naturales más extraordinarios del norte mendocino. La fotografía original mide solamente 7,5 por 10,5 centímetros y fue realizada sobre papel baritado de gelatina de plata. Su ficha oficial la identifica como una vista “desde Villavicencio hacia el valle sobre los Caracoles”, fechada en marzo de 1961. Integra el conjunto fotográfico de la familia Simon y fue donada al Museo Judío de Berlín por Herbert y Elisabeth Simon. El destino que aparece asociado a aquel camino también terminaría protegido oficialmente: en junio de 2013, el Estado argentino declaró Monumento Histórico Nacional al Hotel Termas de Villavicencio y a sus construcciones complementarias, incluida su capilla neocolonial. Una pequeña fotografía familiar terminó preservando algo muchísimo más grande: la imagen de una Mendoza en la que llegar a Villavicencio y continuar hacia Uspallata significaba literalmente abrirse paso entre las montañas. #MendozAntigua #Mendoza #Villavicencio #CaracolesDeVillavicencio #LasHeras #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #FotosAntiguas #Ruta52 #Precordillera #Andes #Argentina #HistoriaArgentina #PatrimonioHistorico #MemoriaFotografica #OldMendoza #VintageArgentina #Villavicencio #AndesMountains #HistoricRoad #OldPhotograph #ArgentinaHistory #MendozaHistory #HistoricArgentina

🔥💍🏔️ MARZO DE 1961: UNA LUNA DE MIEL BAJO EL CARTEL DE CACHEUTA… DOS VIAJEROS Y UN RINCÓN DE MENDOZA QUE YA ERA LEYENDA


En marzo de 1961, Herbert y Elisabeth Simon hicieron una pausa frente a un sencillo cartel que decía “CACHEUTA” y dejaron registrada una escena íntima que, más de seis décadas después, se convierte también en un pequeño documento de la historia turística mendocina. No eran dos visitantes cualquiera posando para una fotografía de recuerdo: según la catalogación del Museo Judío de Berlín, estaban realizando su luna de miel. Herbert rodea a Elisabeth con un brazo mientras ambos miran a cámara, vestidos con elegancia sencilla, rodeados por una espesa vegetación que prácticamente ocupa todo el fondo. No aparecen montañas ni grandes edificios; el protagonista geográfico de la escena es aquel enorme nombre escrito sobre sus cabezas: CACHEUTA. La imagen original, fechada inequívocamente en marzo de 1961 gracias también a la inscripción “3/1961” conservada en su reverso, forma parte hoy del archivo fotográfico de la familia Simon en Berlín. Y detrás de aquella fotografía existía una historia mucho mayor. Cacheuta ya llevaba décadas asociada a las aguas termales y al turismo cordillerano. La explotación organizada del complejo recibió un fuerte impulso con la Ley provincial 519 de 1910 y la concesión de 1913 para desarrollar un establecimiento termal modelo; el Ferrocarril Trasandino fue fundamental para convertir el lugar en uno de los grandes destinos turísticos de montaña de Mendoza. Investigaciones históricas señalan que el tren permitía llegar desde la ciudad de Mendoza en alrededor de dos horas y que, durante las épocas de mayor movimiento, incluso efectuaba paradas frente al hotel. El esplendor sufrió un golpe devastador con el gran aluvión de enero de 1934, que dañó gravemente el hotel y la infraestructura ferroviaria del corredor andino. Aun así, Cacheuta sobrevivió como destino y sus termas continuaron atrayendo viajeros durante las décadas siguientes. Por eso esta pequeña fotografía de 1961 tiene un valor especial: captura el Cacheuta posterior a aquella catástrofe, todavía vivo en el imaginario de quienes recorrían la cordillera y elegían Mendoza para celebrar momentos importantes. Herbert y Elisabeth probablemente sólo querían conservar un recuerdo de su viaje de recién casados; sin imaginar que, 65 años después, esa misma imagen nos permitiría volver por unos segundos a un Cacheuta de caminos tranquilos, vegetación abundante, termas legendarias y fotografías familiares tomadas bajo un cartel que decía todo con una sola palabra.  #Cacheuta #Mendoza #MendozaAntigua #MendozAntigua #TermasDeCacheuta #HistoriaDeMendoza #MendozaHistorica #LujanDeCuyo #CordilleraDeLosAndes #FotografiaHistorica #FotosAntiguas #Argentina #HistoriaArgentina #TurismoHistorico #MemoriaFotografica #Cacheuta1961 #Andes #HistoricMendoza #OldMendoza #VintageArgentina #HistoricPhotography #CacheutaHotSprings #MendozaHistory #ArgentinaHistory #VintageTravel #Honeymoon #AndesMountains

viernes, 4 de septiembre de 2026

🔥⛪🇦🇷 MENDOZA, 1959–1961: DOS PRELADOS, UN TEMPLO JOVEN Y UNA FOTOGRAFÍA QUE VIAJÓ HASTA BEIRUT PARA SALVAR UNA MEMORIA INMIGRANTE


Entre 1959 y 1961, un fotógrafo cuya identidad todavía permanece desconocida ingresó a la Iglesia Ortodoxa San Jorge de Mendoza y capturó una escena que hoy constituye un extraordinario documento de la historia religiosa e inmigratoria de la provincia. En primera fila aparecen dos altas figuras eclesiásticas: a la izquierda, Nifon Saba, y a la derecha, identificado en la ficha fotográfica como Geraique. Detrás de ellos, hombres y mujeres de la comunidad llenan el templo, ofreciendo una imagen íntima de aquella colectividad que había logrado mantener vivas en Mendoza su fe, sus ceremonias y una herencia cultural llegada desde Medio Oriente. La fotografía original es una copia sobre papel de gelatina de plata de 16 x 22 centímetros y pertenece a la Colección Parroquia San Jorge, actualmente preservada por la Arab Image Foundation de Beirut. La escena adquiere todavía más fuerza cuando se conoce la historia del lugar. El Centro Ortodoxo de Mendoza había sido fundado el 3 de febrero de 1935. En enero de 1940 comenzaron a levantarse la vivienda sacerdotal y un salón en la esquina de Barcala y Mitre que funcionaría como pequeña capilla; el 2 de diciembre de 1946 se colocó la piedra fundamental del templo, hacia 1951 estaba terminada la parte principal de la construcción y en 1954 la iglesia fue bendecida e inaugurada oficialmente. Es decir, cuando esta fotografía fue tomada, San Jorge era todavía un templo relativamente nuevo, construido gracias al esfuerzo colectivo de una comunidad que llevaba décadas arraigándose en suelo mendocino. La parroquia continúa actualmente en Mitre 1823, Ciudad de Mendoza. Nifon Saba no fue una figura aislada: registros de la Iglesia Ortodoxa del Cono Sur lo mencionan como arzobispo de Zahle, en el Líbano, y documentan su presencia junto al arzobispo Ignacio Heraike, de Hama, Siria, durante visitas pastorales a Sudamérica; el apellido de este último aparece con distintas transliteraciones en las fuentes occidentales. Esta circulación de religiosos permite comprender hasta qué punto las pequeñas comunidades ortodoxas de Argentina, Chile y otros países seguían conectadas con las antiguas sedes eclesiásticas del Levante. Y hay un detalle fascinante: aquella sencilla fotografía tomada en Mendoza terminó formando parte de un archivo preservado a más de 12.000 kilómetros, en Beirut. La Arab Image Foundation, creada en 1997, se dedica precisamente a reunir, conservar, digitalizar e investigar fotografías relacionadas con Medio Oriente, el norte de África y sus diásporas; actualmente custodia alrededor de medio millón de objetos fotográficos. Por eso esta imagen es mucho más que una ceremonia religiosa congelada en el tiempo: es el testimonio visual de cómo Mendoza también fue construida por comunidades que llegaron desde lejos, levantaron templos, formaron familias y dejaron una huella que hoy conecta a la provincia con Siria, Líbano y Beirut. Una fotografía mendocina que cruzó océanos para que aquella memoria no desapareciera. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #IglesiaSanJorge #IglesiaOrtodoxa #Ortodoxia #ComunidadSirioLibanesa #Inmigracion #MemoriaMigrante #PatrimonioFotografico #FotografiaHistorica #HistoriaArgentina #ArabImageFoundation #MendozaHistory #OrthodoxChurch #SaintGeorge #ArabDiaspora #SyrianLebaneseDiaspora #MigrationHistory #PhotoArchive #CulturalHeritage

viernes, 7 de agosto de 2026

1960: VALLE GRANDE TODAVÍA ESTABA NACIENDO — LA FOTOGRAFÍA QUE CAPTURÓ AL GIGANTE DEL ATUEL CINCO AÑOS ANTES DE SU INAUGURACIÓN - SAN RAFAEL. MENDOZA


En 1960, el geógrafo francés Romain Gaignard levantó su cámara frente a un paisaje del sur mendocino que estaba a punto de transformarse para siempre. En primer plano, la aridez característica del terreno, algunas matas dispersas y un suelo pedregoso casi desnudo. Al fondo, encerrada entre las paredes rocosas del Cañón del Atuel, aparecía una enorme estructura de hormigón que todavía estaba escribiendo sus primeros capítulos: la presa de Valle Grande, en San Rafael. Según la ficha documental que acompaña esta fotografía en el fondo REGARDS/MédiHAL, la toma corresponde a 1960, cuando la gigantesca obra aún se encontraba en plena construcción. La imagen adquiere una dimensión extraordinaria cuando se conoce su contexto. Valle Grande había comenzado a construirse en 1957, proyectado por la entonces estatal Agua y Energía Eléctrica y ejecutado por Sollazzo Hermanos S.A.. Faltaban todavía cinco años para que entrara oficialmente en operación. El 2 de octubre de 1965, el presidente Arturo Umberto Illia llegaría a San Rafael para participar de la inauguración, acompañado por autoridades nacionales y provinciales. Lo que Gaignard fotografió, por lo tanto, no fue simplemente un dique: capturó el nacimiento de una de las mayores transformaciones territoriales de la historia moderna de San Rafael. El muro terminaría alcanzando unos 115 metros de altura y 300 metros de longitud en su coronamiento. Para levantarlo se utilizaron aproximadamente 700.000 metros cúbicos de hormigón, y su embalse posee una capacidad del orden de 168 hectómetros cúbicos. Su estructura es del tipo Noetzli-Alcorta, de hormigón con contrafuertes, una monumental pieza de ingeniería incrustada entre las montañas. Pero Valle Grande no nació principalmente para crear el espectacular lago turístico que hoy aparece en miles de fotografías. Su función fundamental era mucho más estratégica: actuar como embalse compensador del Sistema Los Nihuiles, regulando las variaciones de los caudales descargados por el aprovechamiento hidroeléctrico del Atuel y permitiendo entregar el agua de una manera compatible con las necesidades del oasis agrícola. El Departamento General de Irrigación señala que Valle Grande contribuyó al funcionamiento del sistema de riego de más de 80.000 hectáreas. Existe además un detalle histórico poco conocido: aunque la presa quedó operativa en 1965, la central hidroeléctrica Nihuil IV, vinculada a Valle Grande, llegaría muchísimo después. Entró en funcionamiento recién en 1997. El sistema hidroeléctrico Los Nihuiles terminaría extendiéndose a lo largo de unos 40 kilómetros y aprovechando aproximadamente 460 metros de desnivel del río Atuel. La fotografía también tiene valor por quien estaba detrás de la cámara. Romain Gaignard llegó a la Argentina en 1960, siendo todavía un joven geógrafo francés, y quedó estrechamente vinculado a los estudios territoriales argentinos y a la Universidad Nacional de Cuyo. Precisamente en 1960 aparecen trabajos suyos publicados por el Instituto de Geografía de la UNCuyo. Décadas después, su enorme colección de diapositivas tomadas en la Argentina entre 1960 y 1979 fue digitalizada dentro de fondos científicos vinculados al Centre de Documentation REGARDS y al CNRS francés. Por eso esta imagen de 1960 es mucho más que una vieja fotografía de ingeniería. Estamos viendo un paisaje antes de convertirse completamente en el Valle Grande que conocen las generaciones actuales. Todavía no dominaba la escena el enorme espejo de agua, no existía el movimiento turístico contemporáneo, las actividades náuticas ni el incesante tránsito de visitantes. Frente a la cámara de Gaignard estaba la montaña desnuda y, entre sus paredes, una gigantesca obra humana avanzando lentamente sobre el Atuel. Más de seis décadas después, aquel muro continúa allí. El río siguió corriendo, el agua cubrió antiguos rincones del valle y el lugar terminó convirtiéndose en uno de los paisajes más reconocibles de Mendoza. Gaignard tuvo la fortuna de presionar el disparador justamente mientras esa historia estaba comenzando. Fotografía: Romain Gaignard. Argentina, provincia de Mendoza, región de San Rafael, presa de Valle Grande sobre el río Atuel, 1960. Fondo documental REGARDS / MédiHAL. #Mendoza #MendozAntigua #SanRafael #ValleGrande #DiqueValleGrande #RioAtuel #CañonDelAtuel #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #RomainGaignard #FotografiaHistorica #IngenieriaArgentina #PatrimonioMendocino #LosNihuiles #HistoriaArgentina #MendozaHistory #SanRafaelMendoza #HistoricPhotography #ArgentinaHistory #EngineeringHistory

miércoles, 5 de agosto de 2026

CUANDO LA TIERRA SE VOLVÍA ORO: LA COSECHA DE TUPUNGATO EN 1968 - MENDOZA. (Finca Bombal)


En algún campo de Tupungato, durante 1968, la tierra mendocina entregaba uno de sus frutos más humildes y necesarios. Bajo el cielo inmenso del Valle de Uco, un grupo de trabajadores avanzaba lentamente entre los surcos, agachándose una y otra vez para recoger, seleccionar y almacenar las papas que emergían del suelo. No había cosechadoras modernas ni cintas transportadoras: había manos curtidas, canastas, azadas, bolsas de arpillera y una extensa jornada compartida frente a la cordillera. En el primer plano, cientos de papas recién extraídas forman una verdadera montaña sobre la tierra. Más atrás, los sacos ya preparados esperan ser cerrados y enviados hacia los mercados. En sus impresiones todavía alcanzan a reconocerse frases como “papas para consumo”, “zona de producción Mendoza” y el nombre Bombal, huellas comerciales de una producción organizada que llevaba el trabajo del campo hasta las mesas de numerosas familias. Pero la fotografía muestra mucho más que una cosecha. Retrata una época en la que cada bolsa representaba horas de esfuerzo físico, conocimiento transmitido entre generaciones y una estrecha relación con el agua, el clima y la tierra. En una provincia naturalmente árida, los agricultores habían logrado transformar el paisaje mediante acequias, canales y aguas nacidas en las montañas. Tupungato, 1968: hombres y mujeres inclinados sobre los surcos, levantando con sus propias manos una riqueza que no brillaba como el oro, pero que alimentaba hogares, sostenía familias y daba identidad al campo mendocino. Una imagen sencilla y poderosa de aquellos trabajadores anónimos sin los cuales ninguna cosecha habría llegado a destino. En la escena aparecen al menos ocho trabajadores rurales participando en distintas etapas de la cosecha: algunos extraen y reúnen las papas, otros las seleccionan, llenan los recipientes y acomodan los sacos. No se observa maquinaria motorizada; predominan el trabajo manual, las canastas de varillas, una azada de mango largo y las bolsas de arpillera alineadas sobre la tierra. Estas últimas eran apropiadas para transportar papas porque permitían cierta ventilación durante el almacenamiento y traslado. En varios sacos pueden distinguirse parcialmente las expresiones “papas para consumo”, “zona de producción Mendoza” y el apellido o marca “Bombal”, posiblemente relacionado con María Lorine Bombal, tal como señala la descripción transmitida con la fotografía. El terreno seco, la amplitud del paisaje y las elevaciones azuladas del fondo son coherentes con el ambiente del Valle de Uco. Tupungato desarrolló su actividad agrícola gracias al aprovechamiento de aguas provenientes de la cordillera y a sus sistemas de riego, capaces de convertir una geografía árida en un importante oasis productivo. #Tupungato #Mendoza #ValleDeUco #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #MemoriaRural #CosechaDePapa #TrabajadoresRurales #AgriculturaMendocina #CampoArgentino #FotografíaHistórica #ArchivoFotográfico #RuralHistory #PotatoHarvest #FarmWorkers #AgriculturalHistory #HistoricPhotography #UcoValley #MendozaArgentina #WorldBankArchives. Fotografía: Tupungato, Mendoza, 1968. Cosecha y embolsado de papas. Fotografía de Romain Gaignard. Colección Romain Gaignard–MSHS Toulouse–CNRS. Registro HAL: hal-04196349.

lunes, 3 de agosto de 2026

MENDOZA 1960: EL GIGANTE BLANCO QUE ANUNCIABA EL FUTURO — EL CORREO, LOS TECHOS Y LA MONTAÑA ETERNA


Esta extraordinaria panorámica de 1960 conserva una Mendoza detenida en el preciso instante en que comenzaba a cambiar de escala. Desde un punto elevado del centro, la cámara de Romain Gaignard descubrió una ciudad todavía dominada por viviendas familiares, terrazas planas, medianeras de ladrillo, patios interiores, chimeneas, tanques de agua y una inmensa arboleda que ocultaba gran parte de las calles. En el sector central de la fotografía emerge el imponente Palacio de Correos y Telecomunicaciones, reconocible por su extenso bloque blanco y por el característico tanque de agua celeste que remataba su terraza. El edificio había sido proyectado en 1948 por los jóvenes arquitectos Eudaldo Vidal y Agustín Bianchi, dentro del programa nacional de arquitectura postal, y fue inaugurado el 31 de octubre de 1951 en la estratégica esquina de las avenidas San Martín y Colón. Su monumentalidad, sus plantas libres y su lenguaje moderno contrastaban profundamente con la escala residencial de aquella Mendoza de casas bajas. La fotografía permite apreciar esa oposición con enorme claridad: alrededor del Correo se extiende una ciudad horizontal, doméstica y silenciosa; algunos bloques de departamentos comienzan a sobresalir, pero las grandes torres todavía son excepcionales. Precisamente en 1960, una comisión encabezada por el arquitecto Enrico Tedeschi empezó a estudiar el futuro ordenamiento edilicio de la capital. Una década más tarde, el nuevo Código de Edificación intensificaría la construcción en altura y alteraría progresivamente aquella silueta urbana, siempre condicionada por la realidad sísmica de Mendoza. También sorprende el verdadero océano vegetal que cubre las manzanas. No era una vegetación espontánea ni meramente ornamental: representaba el histórico sistema mendocino de calle, acequia, árbol y vereda, la infraestructura que convirtió un territorio árido en la célebre Ciudad Oasis. Detrás de los techos, los edificios públicos y las copas de los árboles, el relieve occidental cierra la escena como una muralla azulada. La montaña parece vigilar una ciudad que todavía podía contemplarla sin la barrera de cientos de torres. Esta imagen no es solamente una antigua vista urbana: es el retrato de una Mendoza situada entre dos épocas. La ciudad de los patios, las azoteas y los barrios comenzaba a convivir con la arquitectura monumental, los edificios de departamentos y los primeros impulsos de crecimiento vertical. Gaignard no fotografió únicamente al Correo y a la montaña: capturó el instante en que la vieja Mendoza empezaba a construir su futuro. #Mendoza #MendozAntigua #Mendoza1960 #CiudadDeMendoza #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #PalacioDeCorreos #CorreoArgentino #CiudadOasis #ArquitecturaModerna #PatrimonioMendocino #FotografiaHistorica #MemoriaMendocina #RomainGaignard #HistoricMendoza #MendozaHistory #VintageArgentina #UrbanHistory #HistoricPhotography #CityOasis. Fotografía: Romain Gaignard, Mendoza, 1960. Colección personal Romain Gaignard. Fondo digitalizado y conservado en archivos científicos franceses vinculados al CNRS–MédiHAL. Identificador individual pendiente de confirmación.

miércoles, 22 de julio de 2026

1965: FRENTE AL COLOSO DE GIOL — LA FOTOGRAFÍA QUE INMORTALIZÓ A UNA GENERACIÓN BAJO EL EMBLEMA DE VINO TORO


En 1965, un grupo de jóvenes visitantes posó en el interior de la histórica Bodega Giol de Maipú frente a uno de los objetos más extraordinarios de la vitivinicultura mendocina: el gigantesco tonel coronado por el nombre GIOL y las placas de Vino Toro. La fotografía conserva mucho más que una visita colectiva; retrata una época en la que aquella empresa era sinónimo de producción masiva, trabajo, poder económico y orgullo industrial para toda Mendoza. La historia del coloso había comenzado varias décadas antes. Juan Giol y Gerónimo Bautista Gargantini fundaron en 1896 la sociedad La Colina de Oro, que pasó de elaborar unos 40.000 hectolitros en 1898 a cerca de 300.000 en 1910. Para la Exposición Industrial del Centenario argentino encargaron a la prestigiosa firma francesa Fruhinsholz un tonel de 800 hectolitros, equivalente a aproximadamente 80.000 litros. Más que un recipiente para vino, aquella pieza de roble, ornamentada con relieves y figuras, funcionaba como una monumental demostración de riqueza, modernidad y capacidad productiva. Cuando se tomó esta imagen, Giol atravesaba una etapa decisiva. En 1954, el Estado mendocino había adquirido el 51 % de las acciones  para convertir la compañía en una herramienta de intervención sobre el mercado vitivinícola y proteger a productores golpeados por las crisis de sobreproducción. Diez años después, la totalidad de la empresa quedó bajo control provincial. Por eso, la escena de 1965 corresponde al período en que Giol ya no era solamente una bodega privada: era también la gran empresa del Estado mendocino, un establecimiento gigantesco visitado por estudiantes, trabajadores, turistas y delegaciones de todo el país. En el centro de aquella inmensa estructura sobresalía Toro, una marca que terminó atravesando generaciones y convirtiéndose en una de las referencias más populares del vino argentino. Fecovita, continuadora de parte del patrimonio comercial de Giol, señala que Toro posee más de 120 años de historia y conserva el legado de Giol y Gargantini. La imagen es poderosa por su contraste: delante aparecen hombres y mujeres jóvenes, con sus trajes, peinados y anteojos propios de los años sesenta; detrás se levanta un tonel desmesurado que parece empequeñecerlos. Cada rostro pertenece a una historia personal, pero el conjunto representa a toda una generación que conoció a Giol en pleno funcionamiento, cuando sus naves, cubas, depósitos y trenes de carga formaban parte del paisaje cotidiano de Maipú. Hoy, aquella fotografía nos permite volver por un instante a la Mendoza industrial, obrera y vitivinícola que construyó buena parte de su identidad alrededor del vino. #MendozaHistory #ArgentineWine #WineHistory #HistoricWinery #BodegaGiol #VintageArgentina #MendozaArgentina #WineHeritage #HistoricPhotography #ArgentineHistory #MendozAntigua #BodegaGiol #VinoToro #Maipú #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Vitivinicultura #VinoArgentino #MendozaAntigua #HistoriaDelVino #PatrimonioMendocino #MemoriaFotográfica #ArgentinaAntigua #TonelDeGiol

MENDOZA EN 1960: CUANDO EL HOSPITAL CENTRAL DOMINABA TODO EL HORIZONTE


Esta extraordinaria fotografía tomada por el geógrafo francés Romain Gaignard en 1960 conserva una Mendoza que comenzaba a cambiar de escala, aunque todavía permanecía dominada por viviendas bajas, techos de tejas, terrazas de hormigón, pequeños galpones y una impresionante masa verde que casi ocultaba las calles. En el horizonte se levanta el Hospital Central, monumental y solitario, como un gigante blanco que parecía anticipar la ciudad vertical que llegaría durante las décadas siguientes. El edificio fue concebido dentro de la Dirección Provincial de Arquitectura con la participación de los hermanos Manuel y Arturo Civit, protagonistas fundamentales del movimiento moderno mendocino. El contrato para su construcción fue aprobado en septiembre de 1940 y sus líneas rectas, superficies lisas, estructura antisísmica y organización funcional lo convirtieron en una de las obras racionalistas más importantes de la provincia. Aunque todavía no estaba completamente terminado, debió abrir sus puertas de emergencia después del devastador terremoto de San Juan del 15 de enero de 1944 para recibir y atender a numerosos heridos; su inauguración formal se realizó finalmente el 19 de agosto de 1945. Quince años después, su enorme estructura seguía sobresaliendo con una fuerza extraordinaria sobre un paisaje urbano mayoritariamente horizontal. La imagen permite descubrir una ciudad en transición: antiguas casas familiares convivían con construcciones modernas, talleres y depósitos, mientras los árboles formaban un verdadero techo vegetal sobre las manzanas. Esa vegetación no era un detalle decorativo, sino la expresión visible de la llamada “ciudad oasis”, un sistema urbano construido mediante la relación entre calles, acequias, veredas y arbolado. Su origen se remonta a las redes de canales y riego desarrolladas por los pueblos originarios y continuadas durante los períodos colonial y republicano; después del terremoto de 1861, la reconstrucción de la nueva ciudad reforzó la presencia de avenidas más amplias, plazas, acequias y forestación pública. Con el paso del tiempo, aquellos túneles de árboles se transformaron en uno de los rasgos más reconocibles de la identidad mendocina. La fotografía también posee un enorme valor por la mirada de su autor. Gaignard llegó a la Argentina en 1960, convocado para desarrollar actividades académicas en Mendoza, donde permaneció durante los períodos 1960-1961 y 1964-1969. Sus investigaciones se concentraron especialmente en la geografía agraria, la ocupación del territorio, las transformaciones económicas y las relaciones entre las ciudades y sus espacios rurales. No fotografiaba únicamente edificios o paisajes: registraba las huellas materiales de una sociedad que estaba cambiando. Su colección de diapositivas sobre la Argentina fue posteriormente clasificada, anotada y digitalizada, y actualmente integra un valioso fondo documental vinculado al CNRS y depositado por la Maison des Sciences de l’Homme et de la Société de Toulouse. Más de seis décadas después, esta toma nos devuelve una Mendoza íntima y reconocible, cubierta de árboles y todavía ajena a las grandes torres que modificarían su horizonte. En medio de aquella ciudad baja, el Hospital Central se elevaba como símbolo de modernidad, salud pública y arquitectura de vanguardia. Gaignard no solamente fotografió edificios y copas de árboles: capturó el instante preciso en que la vieja Mendoza comenzaba a convertirse en una gran metrópoli.#Mendoza #MendozAntigua #CiudadDeMendoza #HospitalCentral #RomainGaignard #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #CiudadOasis #ArquitecturaMendocina #ArturoCivit #PatrimonioMendocino #FotografíaHistórica #MemoriaMendocina #ArgentinaAntigua #Urbanismo #MendozaHistory #HistoricPhotography #ArgentineHistory #UrbanHistory #VintageMendoza

martes, 21 de julio de 2026

1964: MENDOZA CRECÍA HACIA EL CIELO — LA CIUDAD OASIS VISTA DESDE LAS ALTURAS. Argentina


En 1964, una cámara elevada sobre los techos de la capital mendocina dejó registrada esta extraordinaria panorámica orientada hacia el norte. La imagen muestra una ciudad que comenzaba a abandonar lentamente su perfil bajo y residencial: entre viviendas con patios, terrazas, chimeneas y tejados rojizos ya se levantaban edificios modernos que anunciaban una transformación urbana irreversible. En el horizonte, las primeras torres disputaban protagonismo con la inmensidad de la precordillera, mientras el abundante arbolado todavía dominaba gran parte del paisaje. Sobre el sector izquierdo aparece un detalle capaz de transportar inmediatamente a otra época: el inconfundible cartel publicitario de 7UP, instalado sobre una construcción cercana a la avenida José Vicente Zapata. Aquella arteria, situada en el límite sur del área central y convertida con el tiempo en una de las principales vías de ingreso y egreso de la capital, ya formaba parte del movimiento cotidiano de una Mendoza que crecía, incorporaba automóviles, comercios y nuevas formas de publicidad urbana. Actualmente continúa siendo un corredor fundamental para la circulación de la ciudad. La fotografía pertenece a la colección personal del geógrafo francés Romain Gaignard, quien llegó a la Argentina en 1960 convocado por el geógrafo mendocino Mariano Zamorano y desarrolló tareas académicas en la Universidad Nacional de Cuyo. Gaignard residió y trabajó en Mendoza durante distintos períodos de la década de 1960, estudiando las transformaciones territoriales, económicas y sociales del país. Su valioso archivo gráfico fue posteriormente incorporado a fondos documentales científicos franceses vinculados al CNRS, permitiendo que estas escenas urbanas sobrevivieran como fuentes para investigadores y futuras generaciones. Más que una simple vista panorámica, esta imagen captura el momento exacto en que la Ciudad Oasis comenzaba a mirar hacia arriba. Las casas familiares todavía predominaban, las copas de los árboles ocultaban calles enteras y las grandes construcciones eran apenas excepciones recortadas contra el cielo. Sin embargo, ya estaban allí las señales del futuro: torres de departamentos, carteles luminosos, tránsito creciente y una trama urbana que pronto modificaría para siempre la silueta de Mendoza.  Han pasado más de seis décadas. Muchos de aquellos techos desaparecieron, las torres se multiplicaron y el Gran Mendoza se extendió mucho más allá de los límites visibles en la fotografía. Pero permanecen la montaña en el horizonte, el bosque urbano y esa singular relación entre arquitectura, acequias, árboles y desierto que continúa definiendo la identidad mendocina. #Mendoza #MendozaArgentina #OldMendoza #HistoricMendoza #MendozaHistory #VintageArgentina #ArgentinaHistory #HistoricalPhotography #VintageCity #UrbanHistory #Cityscape #1960sArgentina #OldPhotos #PhotoArchive #ThenAndNow #CityOasis #SouthAmericaHistory #VintageArchitecture #UrbanTransformation #MendozaCity #Mendoza #MendozaAntigua #MendozAntigua #CiudadDeMendoza #Mendoza1964 #HistoriaDeMendoza #FotosAntiguas #ArgentinaAntigua #MemoriaMendocina #CiudadOasis #VicenteZapata #AvenidaVicenteZapata #ArquitecturaMendocina #MendozaDesdeElAire #PaisajeUrbano #HistoriaArgentina #ArchivoFotográfico #FotografíaHistórica #AntesYAhora #GranMendoza


lunes, 22 de junio de 2026

10 de Agosto de 1969 - MENDOZA Y LAS ALAS DE LA PATRIA: LA IV BRIGADA AÉREA, EL DÍA DE LA FUERZA AÉREA Y EL LEGADO DE LOS PIONEROS DEL CIELO


10 de agosto de 1969. Mendoza volvía a mirar hacia el cielo para recordar una fecha cargada de historia, audacia y destino nacional: el Día de la Fuerza Aérea Argentina. Esta conmemoración tiene sus raíces en el 10 de agosto de 1912, cuando el presidente Roque Sáenz Peña firmó el decreto de creación de la Escuela de Aviación Militar, el gran punto de partida de la aviación militar argentina. Aquella institución nació en una época en la que volar todavía parecía una aventura reservada a soñadores, deportistas temerarios, mecánicos visionarios y hombres capaces de desafiar lo imposible. Pero antes de la escuela, antes de los reactores y antes de las brigadas, hubo globos, entusiasmo y riesgo. A comienzos del siglo XX, el país se maravilló con las ascensiones aerostáticas. Luego llegó Aarón de Anchorena con el globo Pampero, símbolo de una Argentina que empezaba a conquistar el aire. En 1907, Anchorena y Jorge Newbery cruzaron el Río de la Plata en aquella aeronave, una hazaña que encendió la imaginación popular y abrió el camino para la creación del Aero Club Argentino en 1908. Jorge Newbery quedó marcado para siempre por esa experiencia. Deportista, ingeniero, aviador y figura extraordinaria de su tiempo, comprendió antes que muchos que el dominio del aire no era solo una curiosidad deportiva: era el futuro. Su visión empujó el desarrollo de la aviación civil y militar, mientras la tragedia también escribía sus primeras páginas. El 17 de octubre de 1908, Eduardo Newbery y el sargento Eduardo Romero partieron en el Pampero y jamás regresaron. El globo desapareció sin dejar rastro, convirtiendo a sus tripulantes en mártires tempranos de la aeronáutica argentina. Mendoza también ocuparía un lugar decisivo en esa epopeya. En El Plumerillo, a pocos kilómetros de la ciudad, se asentó la IV Brigada Aérea, una de las unidades más emblemáticas de la Fuerza Aérea Argentina. Ese territorio no solo quedó asociado a la defensa aérea nacional, sino también a la memoria de Jorge Newbery, quien murió en Mendoza el 1 de marzo de 1914 mientras preparaba su gran sueño: cruzar la Cordillera de los Andes en avión. Décadas más tarde, la IV Brigada Aérea volvería a entrar en la historia con la llegada de los aviones North American F-86F Sabre, cazas reactores que marcaron una etapa fundamental para la aviación de combate argentina. Desde 1960, estos aviones dieron a Mendoza un lugar central en la formación de pilotos de caza y en la modernización del poder aéreo nacional. La imagen de aquellos reactores alineados sobre la pista no es solo una postal militar: es el retrato de una época en la que el país ingresaba de lleno en la era del jet. Por eso, cada 10 de agosto no se recuerda únicamente una institución. Se recuerda una cadena de coraje: los globos que se perdieron en la noche, los pioneros que imaginaron el cielo como frontera, la creación de la Escuela de Aviación Militar, el sacrificio de sus hombres, la evolución tecnológica y el papel de Mendoza como escenario clave de la aviación argentina. La IV Brigada Aérea de El Plumerillo no es solo una base. Es memoria, formación, disciplina, servicio y presencia viva de una historia que une a Mendoza con los grandes capítulos del cielo argentino. En cada avión, en cada pista y en cada nombre recordado, permanece una misma idea: hubo hombres que se animaron a mirar hacia arriba cuando volar todavía era un acto de fe. #ArgentineAirForce, #AirForceHistory, #MilitaryAviation, #AviationHistory, #VintageAviation, #HistoricAircraft, #F86Sabre, #JetAge, #MendozaArgentina, #ArgentinaHistory, #MilitaryHistory, #AirPower, #AviationLovers, #HistoricMendoza, #ColdWarAviation, #FuerzaAereaArgentina, #DiaDeLaFuerzaAerea, #AviacionArgentina, #HistoriaArgentina, #HistoriaDeMendoza, #MendozaAntigua, #MendozAntigua, #IVBrigadaAerea, #ElPlumerillo, #JorgeNewbery, #AeroClubArgentino, #GloboPampero, #AviacionMilitar, #CazasArgentinos, #SabreF86, #AlasArgentinas, #CieloArgentino, #EfemeridesArgentinas, #MemoriaHistorica, #Mendoza

sábado, 30 de mayo de 2026

EL CHALLAO EN LOS AÑOS 60: LA FE MENDOCINA CAMINANDO ENTRE POLVO, MONTAÑA Y MEMORIA


En la década de 1960, El Challao todavía conservaba ese aire agreste de camino abierto, de tierra suelta, cerros cercanos y silencios compartidos. En esta imagen, una procesión avanza lentamente entre autos estacionados, familias, vecinos y devotos que suben hacia uno de los sitios religiosos más queridos por Mendoza: el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes. No era solo una caminata de fe. Era una escena profundamente mendocina: gente sencilla, promesas, rezos, pañuelos, vestidos de época y una comunidad que encontraba en la montaña un lugar de encuentro espiritual. Cada paso parecía unir la devoción con el paisaje, como si El Challao fuera mucho más que un destino: era una memoria viva.La historia de esta devoción comenzó en los años 20, cuando un grupo de mujeres encabezado por Emperatriz González de Ortiz se reunía a rezar el rosario en un cerro de la zona, un lugar que por su forma recordaba a la gruta de Lourdes, en Francia. En 1926 se colocó allí una imagen de la Virgen en una gruta tallada en la roca, y en 1933 se puso la piedra fundamental del primer templo. Con el tiempo, la devoción creció hasta convertir a El Challao en uno de los grandes puntos de peregrinación de Mendoza. La referencia espiritual viene de Lourdes, donde según la tradición católica la Virgen se apareció a Bernadette Soubirous entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, en la gruta de Massabielle. Por eso cada 11 de febrero la devoción vuelve a convocar a miles de fieles, y El Challao se transforma en un símbolo de oración, promesas y esperanza. Esta fotografía no muestra únicamente una procesión antigua: muestra una Mendoza que caminaba junta, una fe que subía desde la ciudad hacia la precordillera y un Challao que, entre polvo y montaña, quedó grabado para siempre en la memoria popular. #ElChallao #MendozAntigua #MendozaAntigua #VirgenDeLourdes #HistoriaDeMendoza #LasHeras #Procesion #FeMendocina #MemoriaPopular #MendozaHistory #ArgentineHistory #VintageMendoza #OurLadyOfLourdes #HistoricalMemory

martes, 19 de mayo de 2026

EL CHALLAO EN LOS AÑOS 60: LA PROCESIÓN QUE CONVIRTIÓ LA FE EN MEMORIA VIVA DE MENDOZA


La imagen nos transporta al El Challao de la década de 1960, cuando la procesión de la Virgen de Lourdes reunía a familias, vecinos, peregrinos y devotos en uno de los paisajes más queridos del piedemonte mendocino. Entre autos antiguos, caminos abiertos, cerros al fondo y una multitud avanzando lentamente, la postal conserva algo más que una ceremonia religiosa: muestra una forma de vivir la fe en comunidad. El santuario de Nuestra Señora de Lourdes de El Challao se convirtió con el tiempo en uno de los grandes centros de devoción popular de Mendoza, especialmente cada 11 de febrero, día asociado a la Virgen de Lourdes. La historia de esta devoción comenzó en la década de 1920, cuando un grupo de mujeres, encabezado por Emperatriz González de Ortiz junto a sus hijas, solía reunirse a rezar el rosario en un cerro de la zona, cuya forma recordaba a la gruta francesa de Massabielle, en Lourdes. Con los años, aquella práctica íntima fue creciendo hasta dar origen a una capilla y luego a un santuario que convocaría a miles de fieles. La Arquidiócesis de Mendoza reconoce al templo como Santuario Nuestra Señora de Lourdes, ubicado en Julio Valicenti 3530, El Challao, Las Heras, actualmente a cargo de los padres claretianos. Esta fotografía, tomada en los años 60, guarda el espíritu de una Mendoza donde la religiosidad popular también era encuentro social, promesa familiar y camino compartido. Allí, en medio del polvo, los cerros y la multitud, El Challao ya empezaba a transformarse en un símbolo profundo de fe, identidad y memoria mendocina. #VirgenDeLourdes #ElChallao #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #LasHerasMendoza #FePopular #Procesion #SantuarioDeLourdes #MemoriaMendocina #MendozAntigua #MendozaHistory #ReligiousHeritage #OldMendoza #FaithAndTradition #CulturalMemory #ArgentinaHistory

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...