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sábado, 17 de octubre de 2026

¡EL RÍO LIMAY ANTES DE LAS GRANDES REPRESAS! UNA EXTRAORDINARIA FOTOGRAFÍA DE 1898 REVELA LA PATAGONIA DE HACE 128 AÑOS


¡Una impresionante fotografía tomada el 23 de abril de 1898 nos transporta a una Patagonia de finales del siglo XIX, cuando las gigantescas barrancas, los antiguos cursos de agua y las inmensas extensiones de la estepa eran objeto de grandes expediciones científicas! ¡El geólogo y explorador suizo Leo Wehrli (1870-1954) detuvo su recorrido junto al legendario río Limay y capturó esta fascinante escena, conservada hasta nuestros días en una pequeña diapositiva de vidrio! ¡OBSÉRVESE ESTA VERDADERA JOYA FOTOGRÁFICA DE 1898! Bajo un cielo inmenso y luminoso, las aguas tranquilas reflejan las tonalidades del paisaje, mientras sobre la margen derecha se levanta una imponente barranca de pronunciadas paredes, modeladas durante siglos por la erosión. En sus alrededores aparecen arbustos característicos de la vegetación esteparia, terrenos áridos y un horizonte que parece prolongarse hasta el infinito. ¡Pero lo verdaderamente extraordinario se encuentra en la inscripción manuscrita conservada debajo de la fotografía! Allí puede leerse «Barranca am Rio Limay, Pampa», expresión que identifica una barranca junto al río Limay, seguida por la firma fotográfica del doctor Leo Wehrli y la fecha exacta: «23. IV. 1898». ¡UN TESTIMONIO ORIGINAL QUE NOS PERMITE CONOCER EL DÍA PRECISO EN QUE FUE REGISTRADO ESTE PAISAJE! Wehrli había llegado a la Argentina en 1896 para trabajar como geólogo del Museo de La Plata, institución dirigida por Francisco Pascasio Moreno. Durante sus expediciones recorrió sectores de la Cordillera de los Andes, Mendoza, Chile y la Patagonia, investigando formaciones rocosas, antiguos depósitos geológicos y características del relieve. ¡Y existe una sorprendente conexión con nuestra provincia de Mendoza! En su informe científico publicado en 1899, Wehrli relató que, antes de continuar hacia la región del Nahuel Huapi, atravesó Mendoza y Uspallata a finales de 1897, e incluso examinó terrenos de la zona de El Challao. Sus trabajos formaban parte de una época de intensa exploración científica de los territorios cordilleranos y patagónicos. El río Limay, protagonista de esta histórica imagen, nace en el lago Nahuel Huapi y recorre aproximadamente 430 kilómetros hasta encontrarse con el río Neuquén, dando origen al río Negro. Sus aguas constituyen además un límite natural entre las actuales provincias de Neuquén y Río Negro. ¡Y AQUÍ APARECE UNO DE LOS DETALLES MÁS IMPACTANTES DE ESTA FOTOGRAFÍA! Cuando Wehrli realizó la toma todavía faltaban siete décadas para el comienzo de las grandes obras hidroeléctricas que transformarían amplios sectores de este sistema fluvial. Desde 1968 comenzaron a construirse importantes represas como El Chocón, Alicurá, Piedra del Águila, Arroyito y Pichi Picún Leufú, modificando el régimen de las aguas y el paisaje regional. ¡La imagen de 1898 constituye, por lo tanto, un documento excepcional para conocer el aspecto del Limay antes de aquellas transformaciones! Dos días después, el 25 de abril, Wehrli registró otra fotografía titulada «Rio Limay, aufwärts», demostrando la continuidad de su documentación científica. ¡Hoy, aquella pequeña placa de vidrio, de apenas 8,5 por 10 centímetros, conserva mucho más que una barranca y un río: guarda un fragmento del paisaje patagónico de hace más de un siglo, cuando la fotografía comenzaba a convertirse en una herramienta fundamental para documentar la geografía argentina! ¡UNA IMAGEN QUE ATRAVESÓ 128 AÑOS PARA DEVOLVERNOS LA MIRADA DE UN EXPLORADOR SOBRE EL IMPONENTE RÍO LIMAY DE 1898! #RioLimay #PatagoniaArgentina #PatagoniaHistórica #Neuquén #RíoNegro #HistoriaArgentina #FotosAntiguas #FotografíaHistórica #LeoWehrli #MuseoDeLaPlata #Exploradores #Geología #NahuelHuapi #HistoriaDeLaPatagonia #MendozAntigua #LimayRiver #PatagoniaHistory #ArgentinaHistory #HistoricalPhotography #HistoricPhotos #Patagonia1898 #ExplorationHistory #GlassPhotography #HistoricalArchives Fuentes: ETH-Bibliothek, Bildarchiv, registro Dia_247-01411; Leo Wehrli, Revista del Museo de La Plata, 1899; Silvia Irene Carrasquero, Naturalistas suizos en el Museo de La Plata, 2016; Secretaría de Recursos Hídricos de la Nación; Secretaría de Energía de Argentina. Fotografía original: Dr. Leo Wehrli, 23 de abril de 1898. Archivo ETH-Bibliothek, Zúrich, Suiza. Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0.

viernes, 16 de octubre de 2026

¡BARILOCHE EN 1938: UNA EXTRAORDINARIA FOTOGRAFÍA REVELA EL ROSTRO DESAPARECIDO DE LA PATAGONIA, CUANDO EL NAHUEL HUAPI ERA EL CORAZÓN DE UNA CIUDAD QUE COMENZABA A TRANSFORMARSE!


¡Mucho antes de convertirse en uno de los destinos turísticos más famosos de la Argentina, San Carlos de Bariloche conservaba una fisonomía sorprendentemente diferente, marcada por los antiguos muelles, las embarcaciones de madera y las modestas construcciones de sus primeros tiempos! ¡Esta extraordinaria fotografía de 1938 nos transporta directamente a aquella Patagonia que comenzaba a experimentar una transformación histórica! La imagen fue realizada por el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli (1870-1954), quien inmortalizó una fascinante panorámica de la costa de Bariloche desde uno de sus antiguos muelles sobre el imponente lago Nahuel Huapi. ¡OBSÉRVESE CADA DETALLE DE ESTA VERDADERA JOYA DOCUMENTAL! En primer plano, una pequeña embarcación de madera permanece sobre las aguas verdosas del lago, mientras que, detrás, se extiende una costa pedregosa donde aparecen enormes cantidades de tablones apilados, estructuras de madera levantadas sobre pilotes, galpones, cercados, viviendas y árboles que rodean las construcciones. ¡Una escena extraordinaria que revela el aspecto de una ciudad muy distinta de la que conocemos actualmente! Pero existe un detalle todavía más sorprendente: ¡los colores de esta fotografía no fueron incorporados mediante inteligencia artificial ni mediante una restauración digital moderna! La imagen procede de una diapositiva de vidrio de 8,5 por 10 centímetros, coloreada manualmente por Margrit Wehrli-Frey, cuyo trabajo permitió conservar una singular interpretación cromática del paisaje patagónico de aquella época. En el margen inferior del documento original puede leerse la inscripción alemana «Bariloche, vom Molo», que significa «Bariloche, desde el muelle», acompañada por los créditos del fotógrafo, la colorista y la referencia «Zürich 1938». ¡Aquella fecha nos sitúa en uno de los períodos más importantes de la evolución de Bariloche! Fundada oficialmente el 3 de mayo de 1902, la localidad había crecido durante décadas gracias a la actividad agrícola, ganadera, forestal y comercial, mientras las embarcaciones que navegaban el Nahuel Huapi constituían un medio fundamental para transportar personas y mercaderías. En 1934, la llegada del ferrocarril abrió una nueva etapa en sus comunicaciones con el resto de la Argentina, coincidiendo con la creación de la Dirección de Parques Nacionales y la consolidación del Parque Nacional Nahuel Huapi. Bajo el impulso de Exequiel Bustillo comenzaron grandes transformaciones urbanísticas y turísticas que modificarían profundamente el paisaje. ¡Y aquí aparece una circunstancia fascinante: cuando Wehrli realizó esta fotografía, el emblemático Centro Cívico todavía no había sido inaugurado! Su apertura llegaría el 17 de marzo de 1940, apenas dos años después, consolidando una nueva identidad arquitectónica para la ciudad. Mientras tanto, los antiguos embarcaderos continuaban protagonizando la vida cotidiana de la población. El histórico muelle de madera asociado al empresario pionero Primo Capraro sería reemplazado posteriormente por una estructura de hormigón, que sufriría un incendio parcial en 1958 y los efectos devastadores del extraordinario fenómeno lacustre del 22 de mayo de 1960, cuando una gigantesca ola destruyó parte de las instalaciones portuarias. ¡Así, esta fotografía conserva mucho más que una sencilla vista costera: constituye un testimonio de la transición entre el Bariloche de los pioneros y la ciudad turística que estaba naciendo! Hoy, casi nueve décadas después, sus colores originales, sus construcciones y aquella pequeña embarcación nos permiten contemplar un fragmento irrepetible de la historia del sur argentino. ¡UNA AUTÉNTICA VENTANA AL PASADO QUE RESCATA EL BARILOCHE DE 1938, CUANDO EL NAHUEL HUAPI, LOS ANTIGUOS MUELLES Y EL ESFUERZO DE SUS HABITANTES ESCRIBÍAN LAS PRIMERAS PÁGINAS DE UNA NUEVA ETAPA EN LA HISTORIA DE LA PATAGONIA! Fuentes: ETH-Bibliothek, Zúrich, Archivo Fotográfico, registro Dia 247-11235; Municipalidad de San Carlos de Bariloche; Dirección de Parques Nacionales; Juan Martín Biedma, Crónica histórica del lago Nahuel Huapi; El Cordillerano. Fotografía original: Dr. Leo Wehrli, 1938. Coloración manual: Margrit Wehrli-Frey. Colección ETH-Bibliothek, Zúrich. Licencia CC BY-SA 4.0. #Bariloche #BarilocheAntiguo #PatagoniaArgentina #NahuelHuapi #HistoriaArgentina #FotografíasHistóricas #LeoWehrli #PuertoSanCarlos #HistoriaPatagónica #MemoriaHistórica #MendozAntigua #ArgentinaAntigua #BarilocheHistory #OldBariloche #PatagoniaHistory #HistoricArgentina #NahuelHuapiLake #VintagePhotography #HistoricalPhotography

¡SAN JUAN, 1904: EL GIGANTE DE LAS MIL TONELADAS DE PASAS QUE TRANSFORMÓ EL SOL CUYANO EN UNA PODEROSA INDUSTRIA Y DEJÓ UNA FOTOGRAFÍA EXTRAORDINARIA PARA LA HISTORIA!


¡Mucho antes de que las grandes plantas industriales y las modernas tecnologías de procesamiento transformaran la producción agrícola argentina, en San Juan existía un extraordinario establecimiento donde el sol, la tierra y el esfuerzo de decenas de trabajadores daban vida a una de las actividades económicas más importantes de la región! ¡Esta impresionante fotografía de comienzos del siglo XX nos transporta aproximadamente a 1904, cuando la firma Rogelio Fernández y Hermanos desarrollaba una intensa actividad dedicada a la elaboración de pasas de uva! La imagen permite contemplar un enorme patio dividido en sectores rectangulares de secado, separados por largos corredores, donde numerosos trabajadores participaban de las tareas de preparación de la fruta. ¡Pero detrás de esta escena aparentemente cotidiana se escondía una verdadera potencia agroindustrial! Según el histórico informe elaborado en 1904 por Juan Bialet Massé, el establecimiento, situado sobre la avenida 25 de Mayo de la ciudad de San Juan, alcanzaba una producción de alrededor de 1.000 toneladas de pasas de uva, una cifra extraordinaria para aquellos tiempos. ¡Y había algo todavía más sorprendente: no se trataba solamente de un secadero! La empresa también contaba con un molino harinero y un aserradero equipado con sierras circulares, sierras sin fin, cepilladoras y otras máquinas accionadas mediante una turbina que aprovechaba el agua de una acequia. ¡Una combinación fascinante de agricultura, energía hidráulica e industria en el corazón de Cuyo! El taller destinado a la preparación de pasas empleaba habitualmente entre 65 y 70 personas, más de la mitad mujeres, mientras que durante la temporada de cosecha la cantidad de trabajadores aumentaba hasta aproximadamente 120. Bialet Massé describió amplios espacios de trabajo, bien ventilados y limpios, así como depósitos donde se almacenaban y zarandeaban las pasas provenientes de los secaderos. Sin embargo, su investigación también reveló una realidad menos favorable: determinadas máquinas carecían de protecciones de seguridad adecuadas y exponían a los operarios a accidentes. ¡Aquella prosperidad productiva convivía con los riesgos y las desigualdades laborales de una Argentina que comenzaba a debatir profundamente la cuestión social! La importancia de esta fotografía trasciende incluso la historia de una empresa. El investigador Eduardo E. Pérez Romagnoli documentó que la elaboración de pasas constituía una actividad de especial relevancia para San Juan, donde ya en 1895 se registraban al menos nueve establecimientos dedicados a esta producción. A diferencia de Mendoza, cuya economía vitícola se orientó principalmente hacia la elaboración de vinos, San Juan desarrolló una fuerte especialización en la preparación y comercialización de uvas pasas. ¡Hoy, más de 120 años después, esta imagen recupera un paisaje productivo extraordinario y nos recuerda que la historia económica de Cuyo también fue construida por generaciones de trabajadores que, bajo el intenso sol sanjuanino, transformaron los frutos de la vid en riqueza, empleo y desarrollo regional! ¡Una auténtica ventana a la Argentina agroindustrial de 1904! #SanJuan #HistoriaDeSanJuan #Cuyo #MendozAntigua #FotografiasHistoricas #ArgentinaAntigua #PasasDeUva #IndustriaArgentina #HistoriaArgentina #PatrimonioHistorico #HistoriaDelTrabajo #BialetMasse #Viticultura #RogelioFernandez #SanJuanHistory #ArgentineHistory #VintagePhotography #HistoricPhotography #RaisinProduction #IndustrialHeritage #AgriculturalHistory #WineRegion #Argentina1904 Fuentes: Juan Bialet Massé, Informe sobre el estado de las clases obreras argentinas (1904); Eduardo E. Pérez Romagnoli, investigación sobre las industrias derivadas de la vitivinicultura en Mendoza y San Juan, Primer Congreso de Historia Vitivinícola (2001); Proyecto Bialet. Fotografía: autor no identificado, imagen histórica reproducida en el informe de Juan Bialet Massé de 1904 y difundida por Proyecto Bialet.

martes, 13 de octubre de 2026

¡112 AÑOS DESAFIANDO AL TIEMPO! EL GIGANTE DE HIERRO DE LA BOCA QUE SOBREVIVIÓ A LA CHATARRA Y SE CONVIRTIÓ EN UNA DE LAS OCHO MARAVILLAS DE SU TIPO QUE QUEDAN EN EL MUNDO


¡En 2026, el histórico Puente Transbordador Nicolás Avellaneda cumple 112 años de existencia, conservando una de las estructuras de ingeniería más extraordinarias de la Argentina y un verdadero símbolo de la identidad porteña! Inaugurado en mayo de 1914, durante la presidencia de Roque Sáenz Peña, este monumental coloso metálico fue concebido para conectar el barrio de La Boca, en Buenos Aires, con la Isla Maciel, en Avellaneda, permitiendo transportar trabajadores, pasajeros, carros, mercancías e incluso tranvías sobre las aguas del Riachuelo. ¡Su construcción representó una revolución para la actividad portuaria e industrial de principios del siglo XX! Las enormes piezas de hierro fueron fabricadas en Inglaterra, transportadas en barcos y ensambladas en Buenos Aires por el Ferrocarril del Sud. Con una distancia de 77,5 metros entre sus torres, una estructura que supera los 40 metros de altura y una barquilla suspendida de aproximadamente 12 por 8 metros, el transbordador permitía cruzar el río sin interrumpir la navegación de las embarcaciones. ¡En sus años de mayor actividad llegó a transportar hasta 17.000 trabajadores diariamente, vinculando astilleros, frigoríficos, fábricas y establecimientos comerciales de ambas orillas! Sin embargo, la inauguración del nuevo Puente Nicolás Avellaneda en 1940 marcó el comienzo de su decadencia y, hacia 1960, el antiguo transbordador dejó de prestar servicio. ¡Lo más dramático sucedería durante la década de 1990, cuando estuvo a punto de desaparecer para convertirse en simple chatarra! La movilización de vecinos, instituciones y defensores del patrimonio, entre ellos el arquitecto Carlos Mario Pasqualini, consiguió salvar esta joya de la ingeniería. En 1995 fue reconocido como Sitio de Interés Cultural de Buenos Aires y en 1999 declarado Monumento Histórico Nacional mediante el Decreto 349. ¡Su importancia trascendió las fronteras argentinas! En 2018 recibió el Escudo Azul, distintivo internacional de protección de bienes culturales relacionado con la Convención de La Haya de 1954. Actualmente constituye uno de los ocho puentes transbordadores históricos que permanecen en pie en el planeta y el único de su tipo conservado en América; los otros siete se encuentran en España, Francia, Alemania y el Reino Unido. ¡Después de décadas de abandono, una extensa restauración permitió recuperar su movimiento en 2017 y reabrirlo al público con actividades turísticas y culturales en enero de 2023! Lamentablemente, los cruces volvieron a suspenderse en octubre de aquel año debido a limitaciones del sistema de control operativo. En 2024, Vialidad Nacional informó que la estructura no presentaba problemas estructurales, aunque su modernización tecnológica dependía de recursos presupuestarios; para octubre de 2026 todavía no existe una confirmación oficial reciente de la restitución regular de los cruces. ¡Pero este gigante tiene una historia que ningún período de inactividad podrá borrar! Inmortalizado por el célebre pintor Benito Quinquela Martín y retratado en incontables fotografías, pinturas y publicaciones, continúa dominando el paisaje del Riachuelo como un extraordinario testimonio de la Argentina industrial. ¡Una verdadera máquina del tiempo, sobreviviente de dos guerras mundiales, transformaciones urbanas y amenazas de demolición, que después de 112 años sigue recordándonos que preservar el patrimonio es mantener viva la memoria de generaciones enteras! #PuenteTransbordador #NicolasAvellaneda #LaBoca #IslaMaciel #BuenosAiresAntiguo #HistoriaArgentina #PatrimonioHistorico #Riachuelo #IngenieriaHistorica #QuinquelaMartin #ArgentinaHistory #HistoricBridges #IndustrialHeritage #BuenosAiresHistory #TransporterBridge #WorldHeritage Fuentes: Archivo General de la Nación; ACUMAR; Comisión Nacional de Monumentos; Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; Municipalidad de Avellaneda; Clarín, Silvia Gómez (2024); Ministerio de Obras Públicas y Vialidad Nacional.

lunes, 12 de octubre de 2026

¡BARILOCHE, 1938: LA EXTRAORDINARIA FOTOGRAFÍA QUE REVELA EL ENCUENTRO DE UN EXPLORADOR DE LOS ANDES CON LOS PIONEROS SUIZOS DE LA PATAGONIA!


¡El 9 de abril de 1938, una extraordinaria fotografía inmortalizó en la Colonia Suiza de San Carlos de Bariloche, provincia de Río Negro, un encuentro que unió la ciencia europea con la historia de los primeros pobladores de la Patagonia argentina! Aquella jornada, el reconocido geólogo, explorador, profesor y fotógrafo suizo Leo Wehrli, nacido en Aarau en 1870, protagonizó una conferencia ante un numeroso público reunido en un salón cuidadosamente preparado. ¡Pero detrás de aquella reunión existía una historia fascinante que también tenía profundas conexiones con Mendoza! Wehrli había llegado a la Argentina en 1896 para trabajar como geólogo del Museo de La Plata, institución dirigida por Francisco Pascasio Moreno. En enero de 1897, acompañado por los investigadores Carl Burckhardt y Rudolf Hauthal, exploró la cordillera mendocina desde San Rafael hasta el Portezuelo de Santa Elena, extendiendo sus estudios geológicos hacia Chile. Posteriormente recorrió territorios patagónicos, los ríos Limay y Collón Curá y los lagos Nahuel Huapi y Lácar, participando en investigaciones relacionadas con el conocimiento geográfico de los Andes y la cuestión limítrofe argentino-chilena. ¡Más de cuatro décadas después de aquellas primeras expediciones, regresaba a una región que conocía desde sus años de explorador! La fotografía de 1938 constituye un documento histórico excepcional: hombres elegantemente vestidos, mujeres sentadas en antiguas sillas de madera, lámparas colgantes, paredes ornamentadas y un llamativo aparato óptico componen una escena que permite descubrir cómo se desarrollaban las reuniones culturales de aquella época. En su margen inferior permanece una inscripción manuscrita en alemán que identifica a Bariloche, menciona la conferencia de Wehrli, consigna la fecha «9.IV.1938» y señala la colonia suiza como escenario del encuentro. ¡Y existe otro detalle verdaderamente extraordinario! Aquella comunidad tenía sus raíces en las familias de inmigrantes procedentes del cantón suizo del Valais, entre ellas los Goye, Felley y Mermoud, que desde finales del siglo XIX habían contribuido al desarrollo agrícola y ganadero de la región. El acontecimiento ocurrió cuando Bariloche atravesaba una etapa de profundas transformaciones, impulsadas por la creación del sistema de parques nacionales en 1934 y el creciente desarrollo turístico de la zona del Nahuel Huapi. Wehrli, fallecido en Zúrich en 1954, dejó un importante patrimonio fotográfico y científico, integrado por miles de diapositivas, algunas coloreadas artesanalmente por su esposa. ¡Hoy, gracias a la conservación de esta imagen en la Biblioteca de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, podemos asomarnos a un instante auténtico de la vida social y cultural de la Patagonia de hace 88 años! Una fotografía que representa mucho más que una conferencia: es un testimonio de la inmigración, la investigación científica y los vínculos históricos entre Suiza y la Argentina. Fuente: ETH-Bibliothek Zürich, archivo fotográfico, registro Dia 247-11593; Revista del Museo de La Plata, Silvia Irene Carrasquero (2016); Municipalidad y Concejo Municipal de Bariloche; Sociedad de Ciencias Naturales de Zúrich (1954). Fotografía atribuida en el catálogo a Leo Wehrli. Colección ETH-Bibliothek. Licencia CC BY-SA 4.0. #Bariloche #ColoniaSuiza #LeoWehrli #PatagoniaArgentina #HistoriaArgentina #FotografiaHistorica #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #InmigracionSuiza #NahuelHuapi #SwissHeritage #HistoricPhotography #PatagoniaHistory #SwissArgentina #HistoryOfScience #ArgentinaHistory

domingo, 11 de octubre de 2026

¡BARILOCHE EN 1938: UNA CALLE DE TIERRA, UN PUEBLO ENTRE MONTAÑAS Y LA FOTOGRAFÍA QUE RESCATÓ SU PASADO OLVIDADO!


¡Cuando San Carlos de Bariloche todavía conservaba buena parte de su aspecto de pueblo patagónico y comenzaba a transformarse en uno de los grandes destinos turísticos de la Argentina, una extraordinaria fotografía inmortalizó una escena que hoy parece pertenecer a otro mundo! En 1938, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli registró una amplia calle de tierra que atravesaba el paisaje urbano de aquella joven localidad de Río Negro, rodeada de árboles, viviendas de madera y montañas. ¡PERO LO MÁS FASCINANTE ES QUE CADA DETALLE DE ESTA IMAGEN NOS REVELA CÓMO ERA LA VIDA EN LA BARILOCHE DE NUESTROS ABUELOS! La fotografía muestra una calzada irregular, marcada por las huellas del tránsito, con zanjas a los costados, cercos de madera, postes de tendido eléctrico y largas hileras de árboles que acompañan el camino. A la izquierda aparecen viviendas y terrenos delimitados por empalizadas, mientras que, hacia el fondo, pequeñas figuras humanas se distinguen sobre una calle que desciende y vuelve a elevarse entre las construcciones. Detrás de aquel caserío se levantan las verdes lomas patagónicas, todavía escasamente urbanizadas. ¡Y AQUEL PAISAJE ESTABA A PUNTO DE CAMBIAR PARA SIEMPRE! Bariloche había recibido oficialmente su impulso fundacional el 3 de mayo de 1902, cuando un decreto nacional destinó tierras a la formación del pueblo. Durante sus primeras décadas creció gracias a la actividad agrícola, ganadera, forestal y comercial, con una importante participación de pobladores de distintos orígenes y conexiones económicas con Chile. En 1934 ocurrió una transformación decisiva: llegó el ferrocarril y la Ley Nacional 12.103 creó el Parque Nacional Nahuel Huapi, fortaleciendo el desarrollo turístico regional. Cuando Wehrli tomó esta fotografía, la ciudad atravesaba una etapa de grandes obras y proyectos impulsados por la Administración de Parques Nacionales y su presidente, Exequiel Bustillo. Precisamente en 1938 surgía el emblemático Hotel Llao Llao, mientras que el monumental Centro Cívico, diseñado por Ernesto de Estrada, sería inaugurado el 17 de marzo de 1940. ¡PERO LA HISTORIA DE ESTA IMAGEN GUARDA OTRA SORPRESA EXTRAORDINARIA! Su inscripción original, escrita en alemán, dice «Bariloche Strasse Ost-West», expresión que identifica una calle en dirección este-oeste, aunque el documento no establece su nombre actual. La pieza pertenece a la colección de diapositivas de vidrio de la Biblioteca de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich y mide apenas 8,5 por 10 centímetros. Sus delicados colores tampoco corresponden a una coloración digital moderna: fueron aplicados manualmente por Margrit Wehrli-Frey, esposa del fotógrafo, quien contribuyó a preservar visualmente numerosos paisajes registrados por Leo Wehrli. ¡UNA IMPRESIONANTE VENTANA AL PASADO DE LA PATAGONIA ARGENTINA, CUANDO LOS CAMINOS POLVORIENTOS, LAS CASAS DE MADERA Y LOS ÁRBOLES QUE BORDEABAN LAS CALLES FORMABAN PARTE DEL PAISAJE COTIDIANO DE UNA CIUDAD QUE ESTABA CONSTRUYENDO SU FUTURO! Hoy, esta imagen constituye un valioso testimonio de aquella transformación y nos permite redescubrir un Bariloche muy diferente del que conocen millones de visitantes. Fuentes: ETH-Bibliothek, Zúrich, Archivo Fotográfico, registro Dia 247-11216; Municipalidad de San Carlos de Bariloche; Administración de Parques Nacionales. Fotografía: Dr. Leo Wehrli, 1938. Coloración manual original: Margrit Wehrli-Frey. Colección ETH-Bibliothek, Zúrich. Licencia Creative Commons CC BY-SA 4.0. #Bariloche #BarilocheAntiguo #PatagoniaArgentina #RíoNegro #HistoriaArgentina #FotografíasAntiguas #LeoWehrli #HistoriaPatagónica #MemoriaHistórica #Bariloche1938 #NahuelHuapi #CallesAntiguas #MendozAntigua #ArgentinaHistórica #HistoricBariloche #OldBariloche #PatagoniaHistory #HistoricalPhotography #OldArgentina #VintagePhotography #ArgentineHistory #PatagoniaArgentina

viernes, 9 de octubre de 2026

¡BARILOCHE EN 1938: EL EXTRAORDINARIO MUELLE DESAPARECIDO QUE ESCONDE UNA HISTORIA IMPRESIONANTE DEL NAHUEL HUAPI!


¡Cuando San Carlos de Bariloche comenzaba a transformarse en uno de los grandes destinos turísticos de la Argentina, una cámara fotográfica inmortalizó una escena extraordinaria de la Patagonia! En 1938, el geólogo y explorador suizo Leo Wehrli capturó esta fascinante imagen del antiguo puerto de Bariloche, sobre las aguas del majestuoso lago Nahuel Huapi. ¡UN AUTÉNTICO TESORO HISTÓRICO QUE NOS PERMITE CONTEMPLAR UN PAISAJE TRANSFORMADO POR EL PASO DEL TIEMPO! La fotografía muestra un extenso muelle de madera sostenido sobre numerosos pilotes, pequeñas embarcaciones amarradas en su interior, una escollera de piedras, costas rocosas y las imponentes montañas patagónicas recortándose sobre el horizonte. Las aguas agitadas por el viento revelan las dificultades que enfrentaban las embarcaciones que navegaban aquel enorme lago. Pero detrás de esta imagen existe una historia todavía más sorprendente: durante las primeras décadas del siglo XX, el puerto San Carlos fue fundamental para las comunicaciones, el transporte de pasajeros y el intercambio comercial de la región, cuando pequeñas embarcaciones y vapores conectaban poblaciones que todavía dependían considerablemente de la navegación. El antiguo muelle de madera había sido construido por el empresario pionero Primo Capraro y formaba parte de una Bariloche que comenzaba a cambiar aceleradamente. En 1934 llegó el ferrocarril y se creó la Dirección de Parques Nacionales, mientras grandes proyectos turísticos y urbanísticos transformaban la ciudad. El 10 de noviembre de 1938 fue botada la histórica embarcación Modesta Victoria, que entraría en servicio al año siguiente. Aquella transformación también alcanzó al puerto: el viejo muelle fue posteriormente reemplazado por una nueva estructura de cemento. ¡SIN EMBARGO, EL DESTINO TENÍA RESERVADO UN EPISODIO DEVASTADOR PARA ESTE LUGAR! El 22 de mayo de 1960, el gigantesco terremoto de Valdivia, ocurrido en Chile, desencadenó un tsunami lacustre en el Nahuel Huapi. Una violenta ola golpeó las costas de Bariloche, destruyó el embarcadero situado frente al Centro Cívico, hundió embarcaciones y provocó la muerte de dos personas. Décadas después de aquella tragedia, la fotografía de Wehrli adquiere un valor histórico extraordinario. La diapositiva original, conservada por la Biblioteca de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, lleva la inscripción alemana «Bariloche Hafen-Molo, Innenseite», que significa «Puerto-muelle de Bariloche, lado interior». Sus delicados colores tampoco son producto de una restauración moderna: corresponden al trabajo de coloración manual realizado por Margrit Wehrli-Frey. ¡UNA VENTANA ABIERTA A LA PATAGONIA DE NUESTROS ANTEPASADOS, CUANDO LOS MUELLES DE MADERA, LOS VAPORES Y LAS AGUAS DEL NAHUEL HUAPI ESCRIBÍAN UNA PARTE INOLVIDABLE DE LA HISTORIA ARGENTINA! Fuentes: ETH-Bibliothek, Zúrich, Archivo Fotográfico, registro Dia 247-11232; Municipalidad de San Carlos de Bariloche; Juan Martín Biedma, Crónica histórica del lago Nahuel Huapi; El Cordillerano; IPATEC–CONICET. Fotografía: Dr. Leo Wehrli, 1938. Coloración manual original: Margrit Wehrli-Frey. Colección ETH-Bibliothek, Zúrich. Licencia CC BY-SA 4.0. #Bariloche #BarilocheAntiguo #HistoriaArgentina #PatagoniaArgentina #NahuelHuapi #PuertoSanCarlos #FotografíasAntiguas #LeoWehrli #HistoriaPatagónica #MemoriaHistórica #MendozAntigua #LagosPatagónicos #ArgentinaHistórica #HistoricBariloche #PatagoniaHistory #NahuelHuapiLake #HistoricalPhotography #OldArgentina #HistoricHarbor #ArgentineHistory

jueves, 8 de octubre de 2026

13 DE ABRIL DE 1938 – ¡CUANDO LOS VAPORES CONQUISTABAN EL PARAÍSO PATAGÓNICO! EL EXTRAORDINARIO ARRIBO DEL CORRENTOSO A BAHÍA LÓPEZ, UNA FOTOGRAFÍA QUE RESCATÓ DEL OLVIDO LA EDAD DORADA DEL NAHUEL HUAPI


El 13 de abril de 1938,  cuando la Patagonia argentina comenzaba a consolidarse como uno de los grandes destinos turísticos de Sudamérica, una cámara fotográfica inmortalizó una escena extraordinaria: la llegada del vapor Correntoso a Bahía López, sobre las aguas del imponente lago Nahuel Huapi, en las cercanías de San Carlos de Bariloche, provincia de Río Negro. La histórica imagen muestra una embarcación de casco claro, pequeña cabina, mástil y cubierta abierta, ocupada por un grupo de pasajeros elegantemente vestidos, con sombreros, trajes, abrigos y equipajes, mientras a sus espaldas se levantan los densos bosques de la cordillera patagónica. En la proa puede leerse claramente el nombre CORRENTOSO, testimonio de una época en la que navegar por aquellos inmensos lagos representaba mucho más que un paseo: significaba comunicarse, descubrir territorios y acceder a lugares de extraordinaria belleza natural. ¡ERA LA PATAGONIA DE LOS PIONEROS, DE LOS VIAJES INOLVIDABLES Y DE LAS EMBARCACIONES QUE SURCABAN LOS LAGOS ENTRE MONTAÑAS Y BOSQUES! La inscripción manuscrita conservada junto a la fotografía constituye un documento histórico excepcional. Escrita en alemán, señala: «Bahia Lopez, 13.IV.1938, Ankunft des Dampfers “Correntoso”», que significa «Bahía López, 13 de abril de 1938, llegada del vapor Correntoso». Aquella jornada tuvo lugar en un momento decisivo para la historia regional. En 1903, Francisco Pascasio Moreno había donado tierras que contribuyeron al nacimiento del sistema argentino de parques nacionales; en 1922 se creó el Parque Nacional del Sud y, mediante la Ley Nacional 12.103 de 1934, se estableció el Parque Nacional Nahuel Huapi. Ese mismo año, la llegada del ferrocarril a Bariloche impulsó una transformación profunda de las comunicaciones y del turismo. Sin embargo, la navegación lacustre ya contaba con una notable trayectoria. Uno de sus grandes protagonistas había sido el empresario Primo Capraro, cuya organización reunía importantes embarcaciones, servicios turísticos y establecimientos hoteleros. Según investigaciones sobre la navegación histórica regional, hacia 1929 su empresa disponía de las cinco embarcaciones de mayor porte del lago y mantenía vinculaciones comerciales con los hoteles Correntoso y Bahía López. ¡LOS BARCOS ERAN AUTÉNTICOS CAMINOS FLOTANTES QUE UNÍAN LAS ORILLAS DEL NAHUEL HUAPI! Existe, además, una coincidencia documental fascinante: una guía turística publicada en 1938 por Adrián Patroni, estudiada posteriormente por la historiadora María de los Ángeles Picone, describe precisamente una travesía en vapor entre Bahía López y el Hotel Correntoso, destacando la fuerza del viento y la inmensidad del lago. Aquellos relatos permiten comprender las experiencias de los viajeros que recorrían la región cuando las excursiones lacustres formaban parte esencial de la aventura patagónica. También en enero de 1938 había abierto sus puertas el monumental Hotel Llao Llao, diseñado por el arquitecto Alejandro Bustillo, símbolo del crecimiento turístico que estaba transformando Bariloche. Pero esta fotografía posee otro detalle extraordinario: su procedencia documental. La imagen forma parte de los fondos históricos de la Biblioteca de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, en Suiza, dentro de la colección vinculada con el geólogo y explorador Leo Wehrli. La anotación original menciona al fotógrafo Röthlisberger, apellido asociado con el fotógrafo Fritz Röthlisberger, activo en Bariloche durante aquellos años, mientras identifica al doctor Leo Wehrli como responsable de la reproducción. Gracias a la conservación de este antiguo testimonio visual, hoy podemos contemplar una escena cotidiana que sobrevivió al paso de las generaciones. Los pasajeros permanecen anónimos, pero sus figuras, sus vestimentas y la embarcación que los transportaba nos devuelven una parte irrepetible de la historia argentina. ¡EL VAPOR CORRENTOSO YA NO ES SOLAMENTE EL NOMBRE PINTADO SOBRE UN CASCO: ES EL RECUERDO DE UNA ÉPOCA EN LA QUE LA PATAGONIA SE DESCUBRÍA NAVEGANDO! Una fotografía tomada hace 88 años que nos invita a imaginar el sonido de los motores, el viento cordillerano, el movimiento del agua y la emoción de quienes llegaban a una de las bahías más hermosas del Nahuel Huapi. ¡PORQUE CADA FOTOGRAFÍA ANTIGUA ES UNA PUERTA ABIERTA HACIA UN MUNDO QUE MERECE SER RECORDADO! #MendozAntigua #BahiaLopez #LagoNahuelHuapi #Bariloche #PatagoniaArgentina #VaporCorrentoso #HistoriaArgentina #FotografiasAntiguas #TurismoHistorico #NavegacionLacustre #MemoriaHistorica #VillaLaAngostura #OldPhotographs #HistoricArgentina #PatagoniaHistory #LakeNahuelHuapi #HistoricBoats #VintagePhotography #ArgentinePatagonia #HistoricalHeritage FUENTES HISTÓRICAS: ETH-Bibliothek, Zúrich, Archivo Fotográfico, registro Dia 247-11626; Administración de Parques Nacionales; Carlos A. Solari, Archi Nave Nahuelhuapi, Archivos del Sur; María de los Ángeles Picone, «La idea de turismo en San Carlos de Bariloche a través de dos guías (1938)», Estudios y Perspectivas en Turismo, 2013. CRÉDITO FOTOGRÁFICO: Röthlisberger, según la inscripción original (probablemente Fritz Röthlisberger). Reproducción: Dr. Leo Wehrli. Colección ETH-Bibliothek, Suiza. Licencia CC BY-SA 4.0. (IMAGEN RESTAURADA CON IA)

miércoles, 7 de octubre de 2026

EL GIGANTE DEL SUR DE RÍO CUARTO: EL MATADERO MODELO QUE ALIMENTÓ A UNA CIUDAD Y SOBREVIVIÓ EN SU MEMORIA


Esta extraordinaria fotografía conserva la imagen de uno de los establecimientos que acompañaron la transformación urbana, sanitaria y económica de Río Cuarto durante las primeras décadas del siglo XX: el antiguo matadero situado al sur de la ciudad. La historia de estos establecimientos, sin embargo, había comenzado mucho antes. Ya el 9 de abril de 1881 las autoridades riocuartenses resolvieron construir un edificio específicamente destinado al matadero público, encargando planos y condiciones para licitar la obra en terrenos ubicados hacia el sudeste de la plaza General Roca. Cinco años después, el 10 de agosto de 1886, el Concejo Deliberante autorizó un empréstito de 20.000 pesos para levantar un matadero que permitiera mejorar las condiciones higiénicas en que se faenaban los animales destinados al consumo. Su importancia económica puede medirse en una estadística de marzo de 1890: el parte oficial registró en apenas un mes la faena de 609 vacunos, 64 lanares y 120 porcinos, sin contar los animales sacrificados clandestinamente. Décadas más tarde, en momentos en que Río Cuarto buscaba presentarse como una ciudad moderna, surgió un proyecto mucho más ambicioso. Durante el tercer mandato municipal de Vicente Mójica, entre 1928 y 1930, fue concebido el llamado “Matadero Modelo”. La documentación del Concejo Deliberante señala que el proyecto comenzó en 1928 y que hacia 1930 estaba concluido; una crónica del diario El Pueblo del 9 de julio de 1931 destacaba que había sido diseñado incorporando adelantos destinados a la higiene, instalaciones mecánicas, tratamiento de menudencias, preparación de productos alimenticios y aprovechamiento de subproductos. Su capacidad prevista era notable para la época: alrededor de 150 animales diarios entre vacunos, ovinos y porcinos. El establecimiento formó parte del vasto programa de modernización urbana impulsado en aquellos años, junto con nuevos mercados, la Asistencia Pública y otras obras municipales que buscaban responder al rápido crecimiento de Río Cuarto y a las nuevas concepciones sobre salubridad pública. Su historia, sin embargo, también refleja las dificultades de aquella época: fuentes locales señalan que el complejo permaneció durante años sin funcionar plenamente y que recién en 1940, durante la intendencia de Ben Alfa Petrazzini, fue puesto en marcha. La imagen adjunta adquiere un valor documental excepcional porque el libro Río Cuarto y su región en clave histórica, publicado por UniRío Editora, reproduce una fotografía identificada precisamente como “El matadero en el sur de la ciudad”, procedente de la colección facilitada por el Dr. Héctor M. Codó. Allí se observa aquella arquitectura austera y funcional: una extensa galería de arcos, paredes macizas, cubierta inclinada y trabajadores que permiten dimensionar la escala humana del edificio. La publicación académica no proporciona una fecha exacta para la toma ni identifica al fotógrafo, por lo que sería incorrecto atribuirle por ahora un año o autor específico. Con el paso de las décadas el antiguo matadero perdió su función original, pero su nombre quedó profundamente arraigado en la identidad del sector. En 2011 la Municipalidad recibió el predio en comodato y comenzó a darle una nueva utilización comunitaria; aquella transformación terminó convirtiendo el viejo ámbito de faena en un espacio destinado al encuentro social. En la actualidad el lugar continúa vivo como CIM Ex Matadero, mientras la cercana Plaza Ex Matadero conserva oficialmente una denominación que recuerda aquel capítulo de la historia urbana. Donde alguna vez ingresaban tropas de ganado y comenzaban las jornadas de los matarifes, hoy sobreviven la memoria del trabajo, la arquitectura y el crecimiento de una ciudad que avanzaba hacia la modernidad. Esta fotografía no muestra simplemente un edificio antiguo: conserva uno de los escenarios donde durante décadas se cruzaron el abastecimiento cotidiano, el trabajo obrero, la salud pública y la transformación de Río Cuarto. Fuentes consultadas: Concejo Deliberante de Río Cuarto, antecedentes de la Plaza Ex Matadero y diario El Pueblo (09/07/1931); UniRío Editora–Universidad Nacional de Río Cuarto, Río Cuarto y su región en clave histórica; Gobierno de Río Cuarto, documentación del CIM Ex Matadero; y efemérides históricas locales sobre el establecimiento entre 1881 y 1940. Fotografía histórica: autor no identificado  #RíoCuarto #Córdoba #HistoriaArgentina #HistoriaDeRíoCuarto #MemoriaHistórica #PatrimonioHistórico #MataderoMunicipal #PatrimonioIndustrial #FotografíaAntigua #ArgentinaAntigua #ArgentinaHistory #RioCuartoHistory #LocalHistory #HistoricPhotography #IndustrialHeritage #CulturalHeritage

CUANDO EL LIMAY ERA FRONTERA DE SILENCIO: LA PATAGONIA DE 1898 ATRAPADA PARA SIEMPRE EN UNA PLACA DE VIDRIO


El 24 de abril de 1898, en una Patagonia que todavía era recorrida por expediciones científicas capaces de pasar semanas entre pampas, ríos y cordilleras, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli detuvo su marcha junto al río Limay y registró esta extraordinaria escena. La propia placa conserva una identificación manuscrita que permite fecharla sin dudas: “Altwasser am Rio Limay, Pampa”, seguida por “phot. Dr. Leo Wehrli, 24. IV. 1898”. El término alemán “Altwasser” alude a un brazo antiguo, remanso o sector de un cauce anterior asociado al río, de modo que Wehrli no estaba fotografiando simplemente una vista pintoresca del Limay: estaba documentando una forma del paisaje fluvial que tenía interés para sus investigaciones geológicas y geográficas. Ante su cámara quedó una Patagonia casi intacta: en primer plano se extiende una amplia costa pedregosa; el agua, prácticamente inmóvil, dibuja una curva profunda y refleja el cielo; sobre ambas márgenes se levantan espesos grupos de vegetación ribereña, mientras que detrás aparece la inmensidad abierta de la pampa. No hay edificios, caminos visibles ni poblaciones que interrumpan el horizonte. La imagen pertenece a una diapositiva de vidrio de apenas 8,5 × 10 centímetros y hoy se conserva en el Bildarchiv de la ETH-Bibliothek de Zúrich bajo la signatura ETH-Bibliothek_Dia_247-01412. Su archivo digital posee 3.504 × 2.818 píxeles y la institución describe precisamente la escena como una “orilla fluvial cubierta de vegetación”. Wehrli, nacido en Aarau en 1870, se había formado en geología en la ETH de Zúrich y llegó a la Argentina en 1896 para incorporarse como geólogo a la Sección de Exploraciones Nacionales del Museo de La Plata. Durante la gran campaña de 1897-1898 recorrió una enorme región de los Andes argentino-chilenos, Nahuel Huapi, Lácar, el Limay y el Collón Curá, realizando observaciones geológicas, mediciones y fotografías destinadas al estudio científico de territorios que todavía estaban siendo cartografiados con extraordinario detalle. Su propio informe de la expedición, publicado en la Revista del Museo de La Plata, explica que aquel viaje había comenzado en noviembre de 1897 y que los trabajos se concentraron en torno a los paralelos 40° y 41° sur. La fotografía que vemos pertenece precisamente a esa campaña y forma parte de una secuencia excepcional: el 25 de abril de 1898, apenas un día después de esta toma, Wehrli volvió a fotografiar el río en otra placa titulada “Rio Limay, aufwärts” —“Río Limay, aguas arriba”—, demostrando que continuaba avanzando y documentando sistemáticamente su recorrido por el valle. Más de 128 años después, esta imagen permite contemplar algo mucho mayor que un antiguo paisaje: nos enfrenta al Limay anterior a las grandes transformaciones del siglo XX, cuando sus aguas atravesaban la estepa sin los grandes embalses hidroeléctricos que posteriormente modificarían extensos sectores de su curso. El río nace en el extremo oriental del lago Nahuel Huapi, avanza hacia el nordeste y, tras aproximadamente 400 kilómetros, se une al Neuquén para formar el río Negro. Aquella mañana de abril de 1898, sin embargo, para Wehrli era todavía un inmenso laboratorio natural: agua, gravas, vegetación, terrazas, antiguos cauces y una pampa aparentemente interminable. Y fue allí, frente a ese silencioso brazo del Limay, donde una pequeña placa de vidrio consiguió conservar para nosotros un fragmento irrepetible de la Patagonia del siglo XIX. Fuentes: ETH-Bibliothek, Bildarchiv, fichas Dia_247-01412 y Dia_247-01413; Revista del Museo de La Plata y SEDICI. Fotografía: Leo Wehrli, río Limay, 24/04/1898. Imagen: Wikimedia Commons / ETH-Bibliothek, licencia CC BY-SA 4.0. #RíoLimay #Patagonia #PatagoniaArgentina #LeoWehrli #HistoriaArgentina #FotografíaHistórica #Neuquén #RíoNegro #NahuelHuapi #HistoriaDeLaPatagonia #ArchivoHistórico #Exploradores #SigloXIX #LimayRiver #PatagoniaHistory #HistoricPhotography #ArgentinaHistory #HistoricalArchive #ExplorationHistory #GlassSlide #ETHLibrary

UNA TIERRA QUE ALGUNA VEZ FUE AGUA: EL ANTIGUO FONDO LACUSTRE AL NORESTE DEL LÁCAR, FOTOGRAFIADO EN 1898


El 6 de abril de 1898, en plena Patagonia andina y cuando gran parte de aquella geografía todavía estaba siendo estudiada científicamente con instrumentos de campaña, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli dirigió su cámara hacia una enorme depresión situada al nordeste del lago Lácar y dejó una imagen excepcional de la historia natural del Neuquén. La propia inscripción manuscrita conservada en la franja inferior de la placa permite identificar con extraordinaria precisión lo que Wehrli quiso registrar: “Alter Seeboden nordöstl. Lacar. II”, expresión alemana que puede traducirse como “Antiguo fondo lacustre al nordeste del Lácar. II”; a continuación figura “phot. Dr. Leo Wehrli” y la fecha “6. IV. 1898”. La fotografía no muestra el lago Lácar propiamente dicho, sino un paisaje que el científico interpretó como huella de una antigua superficie lacustre. Ante la cámara se despliega una extensa llanura de relieve suavísimo, atravesada por pequeñas depresiones y variaciones de vegetación; hacia la izquierda aparece una formación boscosa más compacta, mientras que hacia el centro y la derecha domina el terreno abierto. En el horizonte se levantan largas serranías de perfiles redondeados, con manchas de nieve todavía visibles en sus sectores superiores, componiendo un escenario prácticamente desprovisto de construcciones y que permite observar la región antes de las profundas transformaciones humanas del siglo XX. Wehrli había llegado a la Argentina en 1896 para incorporarse como geólogo a la Sección de Exploraciones Nacionales del Museo de La Plata y desarrolló algunas de las investigaciones pioneras sobre la geología de la cordillera argentino-chilena. El 22 de marzo de 1898 ingresó específicamente en la región del Lácar y dedicó numerosas excursiones a estudiar su relieve, sus rocas y su sistema hidrográfico; apenas quince días después tomó esta fotografía. Sus investigaciones fueron publicadas en 1899 en la Revista del Museo de La Plata, donde presentó además un extraordinario croquis topográfico y geológico de la región del lago Lácar, levantado con brújula y barómetro aneroide, en el que distinguió morrenas, terrazas de erosión, depósitos aluviales y sectores interpretados como “ancien lac”, antiguo lago. La fotografía adjunta debe entenderse, por lo tanto, no solamente como una bella panorámica patagónica de hace 128 años, sino como parte de un verdadero registro científico de campo destinado a leer en el paisaje las huellas de antiguos procesos geológicos. Aquellos estudios adquirían además una dimensión política excepcional: la cuenca del Lácar se encontraba entre los territorios discutidos por Argentina y Chile durante la compleja delimitación cordillerana, precisamente porque la disposición de las montañas y de las aguas hacía especialmente difícil aplicar de manera absoluta el criterio de las altas cumbres y el divortium aquarum. Cuatro años después de esta fotografía, el Laudo Arbitral británico de 1902 enumeró expresamente la “hoya del Lago Lacar” entre las regiones sometidas a decisión y terminó adjudicándola a la República Argentina. Así, aquella aparentemente silenciosa llanura fotografiada por Wehrli el 6 de abril de 1898 quedó unida para siempre a la exploración científica, la formación del conocimiento geográfico de la Patagonia y uno de los capítulos decisivos en la definición territorial argentino-chilena. Fuentes: ETH-Bibliothek, Bildarchiv, ficha ETH-Bibliothek_Dia_247-00474, “Alter Seeboden nordöstlich Lacar II”, fotografía de Leo Wehrli, 06/04/1898, diapositiva de vidrio de 8,5 × 10 cm, licencia CC BY-SA 4.0; Leo Wehrli, Revista del Museo de La Plata, tomo IX, 1899; estudios biográficos del Museo de La Plata sobre naturalistas suizos; documentación del Laudo Arbitral argentino-chileno de 1902. Autor: Dr. Leo Wehrli (1870–1954). #LagoLácar #Neuquén #SanMartínDeLosAndes #Patagonia #HistoriaArgentina #FotografíaHistórica #LeoWehrli #MuseoDeLaPlata #Geología #PatagoniaArgentina #HistoriaPatagónica #ArchivoHistórico #LakeLacar #PatagoniaHistory #HistoricalPhotography #ArgentinaHistory #Geology #Andes #Neuquen #MendozAntigua


1904: CUANDO LOS CAÑAVERALES ESCUCHARON LA VOZ OBRERA — VILLARPANDO FRENTE A LOS TRABAJADORES DE TUCUMÁN


Esta extraordinaria fotografía no representa una reunión rural cualquiera: registra uno de los momentos más tempranos y mejor documentados de la organización de los trabajadores azucareros tucumanos. Fue tomada en Los Garcías, departamento Cruz Alta, el jueves 4 de agosto de 1904, durante una asamblea convocada por el Centro de Los Garcías de la Unión General de Trabajadores. Dos días antes, Manuel F. Villarpando, delegado inspector de la UGT, había firmado una invitación llamando a socios y adherentes a reunirse a la una de la tarde en la casa de Pedro Pérez para decidir qué actitud adoptar ante el incumplimiento de los acuerdos alcanzados con los propietarios de ingenios y discutir la eventual intervención del dirigente obrero Adrián Patroni. En medio de aquel escenario apareció Juan Bialet Massé, enviado por el Gobierno nacional para estudiar las condiciones de vida y de trabajo en el interior argentino. Su testimonio permite reconstruir la escena con una precisión excepcional: el encuentro se desarrolló en un patio rodeado por tres ranchos y junto al camino que pasaba frente al ingenio Paraíso; Bialet calculó la presencia de hasta 250 hombres, además de 22 mujeres y unos diez o doce muchachos. En el centro estaba Villarpando, tipógrafo, militante del movimiento socialista tucumano y figura destacada de la movilización azucarera de 1904. Ante los trabajadores habló de organización, solidaridad, participación en las reuniones, mejores salarios y reducción de la jornada laboral. Bialet observó que el conflicto inmediato tenía relación con retrasos en los pagos y con el incumplimiento del compromiso de abonar los jornales en dinero, mientras algunos establecimientos sí habían pagado puntualmente en billetes nacionales. La imagen adquiere todavía mayor valor porque sabemos quién accionó la cámara: el propio Bialet Massé escribió después de describir la reunión que él había tomado la instantánea que acompañaba su informe. En la edición de su monumental Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República la fotografía quedó identificada con el contundente epígrafe “El compañero Villarpando dando una conferencia en Los Garcías”. Aquella reunión se produjo en plena agitación de 1904, cuando la protesta iniciada entre trabajadores de los ingenios de Cruz Alta se extendió por la zona azucarera tucumana y fortaleció una red de centros obreros vinculados con la UGT. Investigaciones históricas recientes consideran ese proceso la primera gran huelga del proletariado azucarero tucumano y señalan a Manuel Villarpando como uno de sus principales dirigentes junto con Adrián Patroni. Más de 120 años después, aquellos hombres, mujeres y niños reunidos entre ranchos y cañaverales permanecen inmóviles en la fotografía, pero la escena conserva toda su fuerza: frente a una de las industrias más poderosas de la Argentina de comienzos del siglo XX, los trabajadores empezaban a descubrir que reunirse, debatir y organizarse también podía convertirse en una forma de poder. Fuente: Juan Bialet Massé, Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República, tomo II, 1904; Biblioteca del Ministerio de Trabajo; Proyecto Bialet; estudios de Hebe Vessuri, Santiago Bilbao, Florencia Gutiérrez y Lucía Santos Lepera. La convocatoria fue fechada el 2 de agosto y la reunión se realizó el 4 de agosto de 1904. Autor de la fotografía: Juan Bialet Massé, 1904.  #Tucumán #HistoriaArgentina #BialetMassé #ManuelVillarpando #LosGarcías #CruzAlta #TrabajadoresAzucareros #HistoriaDelTrabajo #MovimientoObrero #IndustriaAzucarera #HuelgaDe1904 #MemoriaHistórica #FotografíaHistórica #Argentina1904 #SugarWorkers #LaborHistory #ArgentineHistory #TucumanHistory #WorkingClassHistory #HistoricPhotography

lunes, 5 de octubre de 2026

BAJO BUENOS AIRES DORMÍA UN GIGANTE DE 250.000 LITROS: LA CISTERNA QUE DESENTERRÓ TRES SIGLOS DE HISTORIA PORTEÑA


En 2017, mientras se preparaba la construcción de un nuevo edificio en Moreno 550, en pleno Casco Histórico de Buenos Aires y a apenas unos cientos de metros de Plaza de Mayo, el suelo devolvió una sorpresa monumental: bajo una playa de estacionamiento apareció una gigantesca estructura de ladrillos que había permanecido enterrada y olvidada durante generaciones. Era una cisterna destinada al almacenamiento de agua, una de las mayores descubiertas hasta hoy en la ciudad, y alrededor de ella comenzaron a emerger muros, cimientos, pozos y miles de objetos capaces de reconstruir la intimidad de quienes habitaron aquel solar durante siglos. La publicación histórica que acompaña esta historia —dedicada al Sitio Arqueológico La Cisterna— hablaba de una capacidad cercana a los 300.000 litros; la documentación técnica oficial posterior precisa sus dimensiones en unos 7,20 metros de diámetro, hasta aproximadamente 8 metros de altura original hasta el ápice de la cúpula y una capacidad estimada en torno a los 250.000 litros. Un estudio arqueológico especializado realizó un cálculo algo menor, cercano a 220.000 litros, pero ambas investigaciones coinciden en lo excepcional de su tamaño.   El sistema era tan ingenioso como indispensable para una Buenos Aires que todavía carecía de una red general de agua corriente: la lluvia caída sobre los techos era conducida mediante canaletas y cañerías hacia depósitos subterráneos revestidos para evitar filtraciones; desde allí el agua podía extraerse mediante un brocal y baldes. Tener una gran cisterna exigía una inversión considerable y podía representar tanto una necesidad práctica como una demostración de posición económica o institucional.  Pero el subsuelo de Moreno 550 guardaba una historia todavía más profunda. La manzana formaba parte del área fundacional de Buenos Aires y aparece ya dividida en solares en el reparto de tierras efectuado por Juan de Garay en 1583. Durante el siglo XVIII el predio quedó vinculado a Felipe Filiberto de Arguibel de Larregui, poderoso comerciante llegado de España en 1753. Su hija Teodora Josefa Arguibel contrajo matrimonio en 1783 con Juan Ignacio de Ezcurra Ayerra y la pareja vivió allí con sus nueve hijos, entre ellos María Encarnación Ezcurra. Más tarde Encarnación se casó con Juan Manuel de Rosas y ambos residieron en aquella enorme propiedad entre 1813 y 1838; allí nacieron sus hijos Juan Manuel en 1814, María de la Encarnación en 1816 y Manuela Robustiana —la célebre Manuelita Rosas— en 1817.  Durante parte del gobierno de Rosas la residencia llegó a desempeñar funciones gubernamentales porque la antigua sede oficial resultaba poco adecuada, convirtiendo al solar en uno de los escenarios domésticos y políticos más singulares del Buenos Aires del siglo XIX. Tras Caseros, el lugar atravesó nuevas transformaciones y posteriormente alojó dependencias estatales, entre ellas oficinas vinculadas al gobierno y al Correo.  Aquí aparece una corrección histórica especialmente importante. En los primeros momentos posteriores al descubrimiento se especuló con que la monumental cisterna podía remontarse a los tiempos de Rosas, e incluso circularon hipótesis que la relacionaban con construcciones jesuíticas de la cercana Manzana de las Luces. Sin embargo, un estudio de Ana Igareta y Florencia Chechi, basado en los ladrillos, morteros, baldosas y en la secuencia arqueológica del sitio, concluyó que la gran estructura corresponde probablemente a la segunda mitad del siglo XIX, cuando la propiedad ya tenía funciones administrativas e institucionales. Por eso resulta más correcto decir que la cisterna fue hallada en el histórico solar de los Ezcurra y Rosas, y no afirmar que fue construida por Rosas. La propia documentación patrimonial del Gobierno porteño reconoce que su cronología continúa siendo materia de estudio y que la evidencia apunta a un período posterior al uso estrictamente residencial de la casa.  Lo que apareció alrededor de aquel gigantesco depósito resultó igualmente extraordinario: las excavaciones recuperaron aproximadamente 15.000 vestigios orgánicos e inorgánicos. Hubo platos, vasos, tazas, ollas, cubiertos, frascos de perfumes, lociones y cosméticos, recipientes medicinales, tinteros, elementos de escritura, juguetes infantiles, trompos, bolitas, fichas de dominó y hasta un pequeño cañón de plomo. Entre los hallazgos más llamativos se identificaron restos de por lo menos 35 platos y dos bandejas de loza blanca con consignas federales como “Viva la Federación” y “Federación ó Muerte”; más de 10.000 restos orgánicos permitieron además estudiar la alimentación de los ocupantes, incluyendo huesos de vacunos, porcinos, ovinos, aves, peces e incluso bacalao importado de Europa.  Hasta la propia excavación fue descomunal: una investigación arqueológica calculó que vaciar la cisterna demandó casi dos meses de trabajo y la extracción de una cantidad de sedimento equivalente a unos trece camiones volcadores. El rescate arqueológico, iniciado en 2018, también generó un complejo proceso de protección patrimonial después de que parte de la estructura resultara afectada durante la obra; el caso llegó a judicializarse y finalmente derivó en acuerdos que permitieron preservar el hallazgo e integrarlo al nuevo desarrollo urbano como museo de sitio.  El resultado puede contemplarse hoy en el mismo lugar donde comenzó todo: el Sitio Arqueológico La Cisterna, en Moreno 550. Fue abierto al público el 24 de junio de 2023 y conserva tanto la monumental estructura como piezas recuperadas durante las excavaciones. Así, debajo de edificios, tránsito y veredas del Buenos Aires contemporáneo sobrevivió durante más de un siglo una verdadera cápsula del tiempo: ladrillos que almacenaron agua, pozos convertidos en archivos involuntarios y miles de objetos cotidianos capaces de contar aquello que muchas veces los documentos oficiales callan. Porque la arqueología urbana tiene ese poder extraordinario: demostrar que una ciudad no solamente conserva su historia en archivos, fotografías o monumentos; también la guarda bajo nuestros propios pies. #BuenosAiresAntigua #BuenosAires #LaCisterna #Moreno550 #Arqueología #ArqueologíaUrbana #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #JuanManuelDeRosas #EncarnaciónEzcurra #ManuelitaRosas #CascoHistórico #PatrimonioHistórico #PatrimonioCultural #HistoriaBajoTierra #UrbanArchaeology #BuenosAiresHistory #ArgentineHistory #Archaeology #HistoricBuenosAires #CulturalHeritage #HiddenHistory #HistoryUnderground

CUANDO BUENOS AIRES TUVO UN AUTÓDROMO EN EL CIELO: EL PALACIO CHRYSLER QUE HACÍA CORRER AUTOS SOBRE LOS TECHOS DE PALERMO


A simple vista, el actual Palacio Alcorta parece uno de los grandes complejos residenciales de Palermo Chico, pero detrás de sus muros sobrevive la memoria de una de las construcciones más audaces de la Argentina del siglo XX: un verdadero palacio dedicado al automóvil que llegó a tener una pista de pruebas sobre su propia azotea. La página histórica que acompaña esta publicación permite reconocer distintas etapas del edificio y también lo compara con el célebre Lingotto de FIAT en Turín, pero la historia porteña merece algunos ajustes y datos adicionales. El inmueble fue proyectado en 1927 por el arquitecto italiano Mario Palanti —autor del Palacio Barolo de Buenos Aires y del Palacio Salvo de Montevideo— para Resta Hermanos, empresa argentina que representaba y comercializaba automóviles Chrysler. La Biblioteca del Congreso de la Nación registra la obra como “Palacio Automotor de Resta Hermanos” y destaca precisamente su innovadora pista de pruebas en la azotea. El gigantesco establecimiento, levantado en la entonces avenida Centenario 3351 —actual avenida Presidente Figueroa Alcorta—, fue inaugurado el 1 de diciembre de 1928. Ocupaba prácticamente una manzana completa: hacia el frente estaban la exposición y venta de automóviles; detrás se encontraban oficinas, talleres de montaje y fabricación de repuestos, mientras otros sectores se destinaban a terminación y depósito de las unidades. Pero el golpe de efecto estaba arriba. Sobre el edificio aparecía el llamado Estadio Olimpo, un circuito elevado y peraltado donde podían probarse automóviles y realizarse exhibiciones ante público. Fuentes especializadas señalan que incluso fue escenario de actividades sociales y deportivas y que las tribunas podían recibir alrededor de 3.000 espectadores.  Aquí aparece una corrección importante frente a un dato que se ha repetido durante años: numerosas notas periodísticas atribuyen a aquella pista una longitud de 1.700 o 1.730 metros, una cifra reproducida incluso en publicaciones recientes; sin embargo, una investigación del Instituto de Historia de la Universidad Nacional de La Matanza consigna expresamente una longitud de 173 metros y capacidad para 3.000 personas. Ante esa discrepancia documental, los 1,7 kilómetros no deberían presentarse como una medida definitivamente establecida.  Tampoco terminó necesariamente la historia automotriz del edificio en 1931: ese año Fevre & Basset adquirió Resta Hermanos y continuó utilizando el antiguo Palacio Chrysler; desde 1932 montó allí automóviles y camiones, actividad que se prolongó durante casi dos décadas hasta el traslado de instalaciones y equipos a la nueva planta de San Justo entre 1948 y 1950. La idea de hacer circular automóviles en lo alto de un edificio tenía un extraordinario antecedente europeo: la fábrica Lingotto de FIAT, en Turín, proyectada por Giacomo Mattè-Trucco. MuseoTorino documenta que el complejo comenzó a proyectarse en 1915, que la célebre pista de pruebas sobre el techo fue realizada desde 1919 y que los automóviles ascendían por rampas helicoidales hasta ese último escenario de control; aquel edificio se transformó en uno de los grandes símbolos internacionales de la arquitectura industrial moderna.  La comparación con Buenos Aires resulta inevitable: a miles de kilómetros de Italia, Palanti convirtió una concesionaria en un monumental escaparate de velocidad, técnica y espectáculo. Incluso su arquitectura incorporó elementos alusivos al mundo del automóvil, dentro de una composición que combinaba modernidad técnica con recursos monumentales característicos del arquitecto.  Con el paso del tiempo, el antiguo Palacio Chrysler terminó en manos estatales y fue utilizado por el Comando de Arsenales del Ejército Argentino y el Registro Nacional de Armas. En 1993 salió a remate mediante el Banco Ciudad y llegó a promocionarse como “la manzana más cara de la ciudad”. Al año siguiente comenzó su gran metamorfosis: IRSA impulsó la reconversión y el estudio MSGSSS transformó la estructura en viviendas, oficinas y lofts, conservando buena parte de la poderosa envolvente exterior, pero eliminando la histórica pista. En el vacío donde alguna vez rugieron motores apareció un jardín interior con piscina. Durante años funcionó también en la planta baja el Museo Tecnológico Renault, cerrado a comienzos de 2011.Así, el edificio que hoy conocemos como Palacio Alcorta conserva una paradoja fascinante: miles de personas pasan frente a él sin imaginar que, hace casi un siglo, sobre esas paredes se aceleraban automóviles a varios pisos de altura y miles de espectadores podían contemplar aquel espectáculo mecánico. No era simplemente una concesionaria. Era la imagen de una Buenos Aires que soñaba con la velocidad, la industria y el futuro, un gigantesco “palacio autódromo” suspendido sobre Palermo cuya pista desapareció físicamente, pero continúa siendo una de las historias más extraordinarias de la arquitectura automotriz argentina. Fuentes de verificación: Biblioteca del Congreso de la Nación; Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; Instituto de Historia de la Universidad Nacional de La Matanza; MuseoTorino; Autohistoria; documentación e investigaciones sobre Mario Palanti. #PalacioAlcorta #PalacioChrysler #BuenosAiresAntigua #BuenosAires #PalermoChico #MarioPalanti #RestaHermanos #Chrysler #HistoriaArgentina #HistoriaAutomotriz #ArquitecturaArgentina #AutosAntiguos #PatrimonioArquitectónico #EstadioOlimpo #MemoriaUrbana #HistoricBuenosAires #PalacioAlcorta #PalacioChrysler #AutomotiveHistory #VintageCars #MarioPalanti #ArchitectureHistory #IndustrialHeritage #BuenosAiresHistory #RooftopTrack

viernes, 2 de octubre de 2026

EL POLVORÍN QUE BUENOS AIRES CREYÓ VER VOLAR POR LOS AIRES: SOBREVIVIÓ AL GRAN ESTALLIDO DE 1898 Y SOBRE SUS TIERRAS NACIÓ PARQUE CHACABUCO


Durante más de un siglo, en una zona que entonces quedaba lejos del corazón urbano de Buenos Aires, se levantó una construcción destinada a guardar uno de los materiales más temidos de su tiempo: la pólvora. Su historia comenzó el 8 de marzo de 1781, cuando se inició la construcción de los edificios del futuro Polvorín de Flores utilizando maderas y ladrillos procedentes de antiguas construcciones vinculadas a las tierras que habían ocupado los jesuitas antes de su expulsión en 1767. El complejo estaba compuesto inicialmente por dos almacenes y dependencias para la guardia, y el 1º de diciembre de 1784 el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo designó a Francisco Belbezet como comandante del establecimiento, que recibió pólvora procedente de otros depósitos. En sus primeros años fue conocido como Polvorín de los Hornos de la Residencia y posteriormente aparecieron denominaciones como Pólvora de Juan Diego Flores, Pólvora de Flores y, finalmente, Polvorín de Flores. Se encontraba aproximadamente en el espacio delimitado hoy por las avenidas Asamblea y Eva Perón, Emilio Mitre y Curapaligüe, en terrenos que terminarían formando parte del actual Parque Chacabuco. Su ubicación, originalmente alejada de la ciudad, dejó de parecer tan segura a medida que San José de Flores crecía y las viviendas avanzaban hacia aquellos campos. El polvorín quedó incluso ligado a las Invasiones Inglesas: Juan Manuel Beruti registró que el 4 de agosto de 1806 soldados británicos intentaron inutilizar parte de la pólvora antes de la Reconquista, arrojándola a un pozo y mezclándola con tierra; según su relato, una posterior combustión alcanzó el depósito y provocó la muerte de más de veinte hombres y numerosos heridos. Décadas después, el establecimiento continuaba funcionando y almacenando enormes cantidades de material: en 1823 se mencionaban unos 900 quintales de pólvora. El Estado terminó adquiriendo los terrenos y, mientras la población circundante crecía, también aumentaba el temor. En 1846 un incendio en campos vecinos llegó a amenazar las instalaciones, pero la rápida actuación de la guardia evitó una catástrofe. En 1879, lejos de abandonarlo, el Gobierno Nacional dispuso distribuir pólvora y explosivos entre los depósitos de Cueli, Maldonado y Flores, reservando este último para pólvora y municiones de guerra por sus buenas condiciones. Se construyeron terraplenes protectores y se sembraron alfalfares alrededor para reducir el riesgo de incendios, medidas que contribuyeron a darle fama de establecimiento seguro. Entonces ocurrió el episodio que deformaría su historia durante más de un siglo. El miércoles 26 de enero de 1898 una explosión estremeció Buenos Aires y fue percibida en numerosos puntos de la ciudad. En las primeras horas corrió la noticia de que había explotado el Polvorín de Flores. Tropas, autoridades y periodistas se dirigieron hacia allí, pero al llegar encontraron la guardia cumpliendo sus funciones y el establecimiento intacto. La verdadera catástrofe había sucedido varios kilómetros más al norte, en la llamada Fábrica Nacional de Pólvora de Juan Minelli y Luis Fontana, una empresa privada ubicada aproximadamente en la zona de avenida de los Constituyentes y Chorroarín, próxima a los terrenos que posteriormente ocuparía Agronomía. Los diarios de la época corrigieron rápidamente la ubicación, pero el error sobrevivió y terminó incorporándose a numerosas historias del barrio e incluso a publicaciones institucionales. La investigación del historiador Mauro A. Fernández, basada en periódicos contemporáneos, documentación municipal y antecedentes reunidos por Arnaldo Cunietti Ferrando y Osvaldo Sidoli, permitió reconstruir con precisión aquel verdadero “big bang inexistente” del Polvorín de Flores. Su final real fue mucho menos espectacular. El 11 de diciembre de 1899 la Municipalidad comenzó a gestionar los terrenos para destinarlos a un paseo público y, en 1902, avanzó definitivamente sobre la compra y el traslado del depósito, considerado ya demasiado peligroso para una ciudad que había crecido a su alrededor. El 15 de mayo de 1903 una ordenanza estableció el trazado y el nombre del Parque Chacabuco, homenaje a la victoria de San Martín y el Ejército de los Andes del 12 de febrero de 1817. El célebre paisajista Carlos Thays elaboró en 1906 uno de los primeros planos del nuevo espacio verde, proyectado también para actividades físicas y deportivas. Y aquí aparece otra corrección importante respecto de la leyenda: los viejos edificios del polvorín todavía existían cuando el parque ya había sido creado. Las memorias municipales registran que recién en 1908 fueron demolidos los antiguos depósitos y el cuerpo de guardia; parte de sus materiales y escombros fue reutilizada en los caminos interiores. En 1909 continuaron las obras de apertura de calles, plantaciones, canchas, tribunas y espacios deportivos. Así, el actual Parque Chacabuco no nació sobre las ruinas de la famosa explosión de 1898, sino mediante un lento proceso de traslado, compra, demolición y transformación urbana. Donde durante generaciones se almacenaron toneladas de pólvora terminaron creciendo árboles, senderos, jardines y espacios deportivos. Y detrás de uno de los grandes parques porteños quedó sepultada una historia extraordinaria: la de un polvorín colonial que atravesó invasiones, incendios, guerras y más de un siglo de expansión urbana, para terminar convertido en un parque mientras una explosión ocurrida en otro lugar se transformaba, paradójicamente, en la leyenda más famosa de su existencia. Fuentes consultadas: Mauro A. Fernández, “Explosión en el Polvorín de Flores: un Big-Bang inexistente”, publicado en Historias de la Ciudad (2005), con documentación municipal, referencias del Archivo General de la Nación y periódicos de 1898; Biblioteca del Congreso de la Nación, compilación histórica sobre los barrios porteños; y Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, antecedentes de Parque Chacabuco. La investigación documental de Fernández cuestiona la versión tradicional que ubicaba en el Polvorín de Flores la explosión de enero de 1898. #BuenosAires #ParqueChacabuco #PolvorínDeFlores #Flores #BuenosAiresAntigua #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #CarlosThays #InvasionesInglesas #PatrimonioHistorico #MemoriaUrbana #Argentina #BuenosAiresHistory #ArgentineHistory #HistoricBuenosAires #ParqueChacabuco #UrbanHistory #HistoricalBuenosAires #Heritage #HistoryLovers


BARRACA PEÑA: EL GIGANTE DE 1774 QUE GUARDA BAJO TIERRA UN NAVÍO COLONIAL Y LA MEMORIA DEL ANTIGUO PUERTO DE BUENOS AIRES



A orillas del Riachuelo, en el corazón de La Boca, sobre la avenida Don Pedro de Mendoza 3003, sobrevive uno de los conjuntos históricos más extraordinarios del sur porteño: Barraca Peña, un sitio donde casi dos siglos y medio de actividad comercial, ferroviaria, portuaria y arqueológica parecen superponerse capa sobre capa. Su origen se remonta a 1774, cuando el comerciante gallego Francisco de la Peña Fernández estableció allí una barraca destinada al almacenamiento y comercio de los llamados “frutos del país”, mercaderías que podían llegar o salir por un Riachuelo que entonces funcionaba como verdadera arteria de transporte. Conviene distinguir aquel origen del conjunto arquitectónico que ha llegado hasta nuestros días: las edificaciones conservadas pertenecen principalmente a la década de 1860 y el complejo comenzó a desarrollarse desde 1863, ya durante la expansión de la actividad lanera y del sistema ferroportuario. Con el tiempo surgieron el almacén de ramos generales conocido como “El Triunfo”, la gran barraca lanera, depósitos, instalaciones vinculadas con el ferrocarril, la estación Barraca Peña y un puente ferroviario móvil sobre el Riachuelo. Allí se descargaban, clasificaban, almacenaban y transportaban lanas, cueros, sebo, charqui, maderas, cereales, carnes, carbón, materiales de construcción y todo tipo de mercancías que alimentaban la creciente economía de Buenos Aires. Hacia fines del siglo XIX, cuando el país atravesaba la expansión del modelo agroexportador, Barraca Peña se había transformado en una pieza formidable de aquel engranaje productivo; hacia 1900 llegó a disponer de unos 200.000 metros cuadrados destinados al almacenamiento y su administración se encontraba vinculada al Ferrocarril del Sud. El lugar fue, además, escenario cotidiano de una multitud de trabajadores, estibadores, ferroviarios, comerciantes, marineros e inmigrantes que hicieron del Riachuelo uno de los paisajes laborales más intensos de Buenos Aires. Esa memoria obrera sobrevivió durante décadas en los testimonios de antiguos vecinos de La Boca, algunos de los cuales todavía recordaban las tareas realizadas en la barraca y hasta el movimiento de las ovejas y la lana cuando el establecimiento se encontraba en plena actividad. Pero Barraca Peña guarda una historia todavía más profunda bajo su suelo. En 2008, durante las obras del complejo ZenCity en Puerto Madero, apareció a unos nueve metros de profundidad el extraordinario pecio de una embarcación mercante de tradición hispánica naufragada durante la transición entre los siglos XVII y XVIII, cuando aquel sector era todavía parte de la antigua costa del Río de la Plata. Los restos conservados alcanzan aproximadamente 22 metros de longitud y junto al casco aparecieron contenedores cerámicos, objetos de uso doméstico, herramientas agrícolas de hierro, piedras utilizadas como lastre, piezas de madera, cabuyería y cuatro cañones de hierro fundido de cuatro libras, formando un conjunto arqueológico excepcional para reconstruir el comercio marítimo colonial. Después de su investigación y rescate, el enorme conjunto fue trasladado en 2010 a Barraca Peña y volvió a ser enterrado deliberadamente para conservar las maderas en condiciones ambientales semejantes a las que habían permitido su supervivencia durante siglos; los objetos recuperados, en cambio, pasaron a integrar las colecciones arqueológicas custodiadas y estudiadas en el lugar. Así, la antigua barraca terminó convirtiéndose en algo que sus constructores jamás hubieran imaginado: repositorio, laboratorio y centro de investigación del Patrimonio Arqueológico Costero y Subacuático de Buenos Aires, donde también se reúnen materiales provenientes de La Boca, Barracas, Puerto Madero, Palermo y otros sectores de la Ciudad. La actividad comercial de Barraca Peña fue decayendo hasta cesar progresivamente hacia la década de 1950 y durante muchos años el complejo quedó atravesado por el abandono, pero desde comienzos del siglo XXI comenzaron distintos procesos de recuperación patrimonial. El conjunto integra actualmente el Área de Protección Histórica Nº 54 y durante 2026 continuaron las tareas de consolidación, restauración y adecuación funcional con el objetivo de transformarlo definitivamente en un Museo de Sitio dedicado a explicar la antigua actividad portuaria del Riachuelo. Las obras incluyen la recuperación del histórico Almacén El Triunfo, espacios expositivos y la puesta en valor de La Lanera y de su relación privilegiada con el río. La documentación oficial de 2026 todavía registra nuevas etapas de restauración y adecuación, mientras Barraca Peña continúa funcionando como sitio arqueológico y centro patrimonial, con visitas para grupos previamente coordinados. Así, donde alguna vez retumbaron carros, máquinas, trenes y voces de trabajadores y donde los barcos llegaban cargados hasta las orillas del Riachuelo, hoy la arqueología vuelve a abrir las puertas del pasado. Barraca Peña no es solamente un antiguo depósito de La Boca: es una gigantesca cápsula del tiempo de Buenos Aires, un sobreviviente de la transformación del viejo puerto colonial en ciudad industrial y una memoria material de aquellos hombres y mujeres que, entre lana, madera, hierro, barcos y ferrocarriles, ayudaron a construir una de las zonas portuarias más fascinantes de la Argentina. Fuentes consultadas: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Barraca Peña, Área de Arqueología y Paleontología y proyecto de restauración 2026; Descubrir BA Nº 640 (2024); Marcelo N. Weissel y Pablo Tchilinguirian, estudio sobre el pecio Zencity-Puerto Madero publicado por el INAPL; e información oficial sobre visitas y actividades de Barraca Peña. #BarracaPeña #LaBoca #Riachuelo #BuenosAiresAntigua #HistoriaDeBuenosAires #Patrimonio #Arqueología #ArqueologíaSubacuática #PuertoDeBuenosAires #HistoriaArgentina #PatrimonioIndustrial #MemoriaPorteña #BuenosAiresHistory #ArgentineHistory #IndustrialHeritage #MaritimeHistory #UnderwaterArchaeology #HistoricBuenosAires #LaBocaHistory #PortHistory

jueves, 1 de octubre de 2026

BUENOS AIRES TUVO SU PROPIA VENECIA: LAS GÓNDOLAS QUE SURCARON LOS LAGOS DE PALERMO Y UN MUNDO DE LUJO QUE DESAPARECIÓ


Parece una postal llegada desde Venecia, pero la escena ocurrió en pleno Buenos Aires. A comienzos del siglo XX, los lagos artificiales del Parque Tres de Febrero fueron escenario de una atracción que hoy resulta casi increíble: auténticos paseos en góndolas de inspiración veneciana, conducidas con largos remos y utilizadas por porteños que buscaban disfrutar de una experiencia elegante y exótica sin abandonar Palermo. La fotografía del recorte adjunto está atribuida al portugués António Passaporte, fotógrafo de Colecciones Loty, y aparece fechada aproximadamente hacia 1931; sin embargo, documentación sobre su trayectoria registra expresamente un viaje a Buenos Aires en marzo de 1930, por lo que resulta más prudente situar esta imagen hacia 1930. Passaporte, nacido en Évora en 1901, había sido contratado por Colecciones Loty para formar un gran archivo fotográfico destinado a postales, publicaciones y agencias, y recorrió España, Portugal, el norte de África y también la Argentina.  La historia de aquellas góndolas estaba íntimamente ligada al extraordinario Pabellón de los Lagos, una construcción de hierro y vidrio levantada a fines del siglo XIX junto al actual Lago del Rosedal, en el sector donde hoy se encuentra el Patio Andaluz. Diseñado por el arquitecto Rolando Le Vacher, combinaba elementos orientales, grandes superficies vidriadas y una arquitectura tan llamativa que se convirtió en uno de los centros sociales más singulares del Buenos Aires de la Belle Époque. Allí funcionaron restaurante, confitería, teatro de verano y cinematógrafo, mientras sobre el lago se ofrecían paseos en góndolas venecianas.Y no se trataba de una leyenda transmitida de generación en generación: la documentación de época confirma aquellas diversiones. Una investigación editada por el Instituto Nacional del Teatro reproduce la cartelera porteña de noviembre de 1908 y señala que el Pabellón de los Lagos anunciaba diariamente teatro de fantoches, cine, gramófono, calesitas, góndolas venecianas y otras atracciones, incluso con entrada libre. Era prácticamente un pequeño complejo de entretenimiento instalado en medio de los jardines de Palermo. Todo aquel escenario formaba parte del Parque Tres de Febrero, inaugurado el 11 de noviembre de 1875 y transformado durante las décadas siguientes en uno de los grandes paseos públicos de Buenos Aires. Sus lagos eran artificiales y todavía hoy sobreviven cuatro grandes espejos de agua: Regatas, Rosedal, Planetario y Victoria Ocampo.  Pero el espectacular Pabellón de los Lagos tuvo una existencia breve. En 1929 fue demolido para permitir la construcción del Patio Andaluz del Rosedal, inaugurado oficialmente el 13 de octubre de ese mismo año. Documentación del Gobierno de la Ciudad confirma que para emplazar aquella nueva obra fue necesario eliminar el antiguo pabellón, que para entonces ya se encontraba deteriorado. desapareció uno de los escenarios más extravagantes de la Buenos Aires de principios del siglo XX, aunque las fotografías conservaron algo que parece salido de un sueño: árboles reflejados sobre el agua, pasajeros elegantemente vestidos y una estilizada góndola avanzando lentamente por Palermo. Durante unas décadas, Buenos Aires también quiso parecerse a Venecia. Fuente de origen de la imagen: António Passaporte, Buenos Aires, hacia 1930; Colecciones Loty / Archivo Carlos Teixidor, según el crédito impreso en el recorte adjunto. Fuentes históricas complementarias: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; Instituto Nacional del Teatro, Antología de obras de teatro argentino, tomo VI; Instituto del Patrimonio Cultural de España / Ministerio de Cultura de España; Archivo General de la Nación citado en investigaciones sobre el Pabellón de los Lagos.  #BuenosAires #Palermo #BosquesDePalermo #LagosDePalermo #PabellónDeLosLagos #Góndolas #BuenosAiresAntigua #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #FotosAntiguas #MemoriaHistórica #BelleÉpoque #ArgentinaAntigua #OldBuenosAires #BuenosAiresHistory #HistoricBuenosAires #VintageArgentina #OldPhotos #PalermoBuenosAires #ArgentineHistory

jueves, 24 de septiembre de 2026

❄️🏔️ 1943: BARILOCHE BAJO LA NIEVE, CUANDO EL CENTRO CÍVICO TENÍA APENAS TRES INVIERNOS Y YA ERA EL ROSTRO DE LA PATAGONIA

 Esta extraordinaria fotografía nos devuelve al invierno de 1943 y a un San Carlos de Bariloche que estaba cambiando para siempre. Bajo la nieve aparece el flamante Centro Cívico, inaugurado apenas tres años antes, el 17 de marzo de 1940, cuando la ciudad comenzaba a consolidarse como uno de los grandes destinos turísticos de la Patagonia. El conjunto había sido proyectado por el arquitecto Ernesto de Estrada entre 1936 y 1937 y construido por la Dirección

Parques Nacionales durante la presidencia de Exequiel Bustillo, dentro de un ambicioso programa que buscaba transformar la fisonomía urbana de Bariloche e integrarla al extraordinario paisaje del Nahuel Huapi. La imagen resulta fascinante por sus detalles: la nieve cubre veredas y techos, un automóvil de época permanece junto a la torre municipal y, al fondo, sobre la gran plaza, se recorta la estatua ecuestre de Julio Argentino Roca, realizada por el escultor Emilio Sarniguet. El Centro Cívico fue concebido en forma de “U” alrededor de una plaza seca y construido con una estructura de hormigón armado revestida con piedra, madera de ciprés y cubiertas de pizarra, elementos que le dieron aquella inconfundible apariencia de arquitectura de montaña que continúa definiendo buena parte de la imagen internacional de Bariloche. Pero en 1943 todo aquello todavía era sorprendentemente nuevo. La imponente torre del reloj que domina la fotografía, los edificios públicos y la plaza formaban parte de una ciudad que había dado un salto monumental en pocos años. El ferrocarril había llegado a Bariloche en 1934 y durante esa misma década Parques Nacionales impulsó numerosas obras e infraestructura turística en la región. La fotografía conserva así mucho más que una nevada: muestra el instante en que la antigua población cordillerana comenzaba a adquirir la silueta urbana con la que millones de personas terminarían identificándola. Más de ocho décadas después, aquel conjunto sigue siendo uno de los símbolos indiscutibles de la ciudad y desde 1989 posee la categoría de Monumento Histórico Nacional. Una postal de 1943 donde el silencio de la nieve, un automóvil solitario, la torre de piedra y el Nahuel Huapi al fondo congelaron para siempre uno de los paisajes urbanos más reconocibles de la Argentina. Fuente de la fotografía: Colección Capraro / Archivo Visual Patagónico. La imagen también aparece identificada como “Panorama del Centro Cívico en invierno en 1943” en Revista Lugares de LA NACION. Fuentes históricas consultadas: Municipalidad de San Carlos de Bariloche y Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos – Argentina.gob.ar. #Bariloche #SanCarlosDeBariloche #CentroCívico #BarilocheAntiguo #Patagonia #PatagoniaArgentina #RíoNegro #HistoriaArgentina #FotosAntiguas #ArgentinaAntigua #Invierno1943 #Nieve #NahuelHuapi #MemoriaFotográfica #PatrimonioHistórico #HistoricBariloche #OldBariloche #PatagoniaHistory #ArgentineHistory #VintageArgentina #HistoricPhotography #SnowyBariloche #NahuelHuapi #PatagoniaArgentina

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