A fines del siglo XIX, cuando San Rafael todavía crecía alrededor de la histórica Villa 25 de Mayo, numerosas familias emprendían un viaje que hoy parece salido de una película del lejano oeste mendocino. Subían a carros y carruajes, preparaban alimentos para pasar el día y atravesaban caminos de tierra hasta llegar a los llamados Baños del Salado, un paraje de aguas minerales cercano al antiguo núcleo fundacional del departamento. La fotografía, muestra una verdadera expedición colectiva. Alrededor de una gran depresión cubierta de agua aparecen hombres, mujeres, niños, caballos y varios carros, detenidos en medio de un paisaje completamente abierto. No había caminos asfaltados, automóviles, complejos turísticos ni servicios organizados: el traslado era lento, polvoriento y formaba parte de la aventura. Según las investigaciones históricas de María Elena Izuel, a aquellas aguas se les atribuían características semejantes a las del agua marina. A diferencia de otros destinos termales del sur mendocino, en los Baños del Salado nunca llegó a levantarse un hotel. Las familias acudían en carros para bañarse, descansar y convertir la jornada en un gran paseo campestre. Con el paso de los años, las aguas fueron perdiendo temperatura y el lugar dejó de atraer a las multitudes que alguna vez buscaron allí descanso y alivio para diferentes dolencias. El escenario estaba muy cerca de la Villa 25 de Mayo, lugar donde en 1805 nació el núcleo fundacional de San Rafael alrededor del Fuerte San Rafael del Diamante. Casi ocho décadas después, cuando posiblemente fue tomada esta imagen, la región continuaba siendo una geografía de fuertes, acequias, puestos rurales, caballos y extensiones casi deshabitadas. Más que una simple postal, esta fotografía conserva una costumbre desaparecida: la de preparar el carro, reunir a toda la familia y viajar durante horas para disfrutar de un “mar” escondido en medio del secano sanrafaelino. Hoy su autor y su fecha exacta siguen siendo desconocidos, pero la escena permanece como uno de los testimonios visuales más extraordinarios de la vida cotidiana en el antiguo San Rafael. #MendozAntigua #BañosDelSalado #SanRafaelAntiguo #Villa25DeMayo #SanRafael #Mendoza #HistoriaDeMendoza #FotosAntiguas #PostalesAntiguas #TermasDeMendoza #DeoclecioGarcía #FuerteSanRafaelDelDiamante #MemoriaMendocina #PatrimonioHistórico #HistoriaArgentina #OldMendoza #SanRafaelHistory #HistoricPhotography #VintageArgentina #ThermalSprings #MendozaHistory #ArgentineHistory
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jueves, 6 de agosto de 2026
FINES DEL SIGLO XIX: EL “MAR” SECRETO DE SAN RAFAEL AL QUE SE LLEGABA EN CARRETA - MENDOZA
A fines del siglo XIX, cuando San Rafael todavía crecía alrededor de la histórica Villa 25 de Mayo, numerosas familias emprendían un viaje que hoy parece salido de una película del lejano oeste mendocino. Subían a carros y carruajes, preparaban alimentos para pasar el día y atravesaban caminos de tierra hasta llegar a los llamados Baños del Salado, un paraje de aguas minerales cercano al antiguo núcleo fundacional del departamento. La fotografía, muestra una verdadera expedición colectiva. Alrededor de una gran depresión cubierta de agua aparecen hombres, mujeres, niños, caballos y varios carros, detenidos en medio de un paisaje completamente abierto. No había caminos asfaltados, automóviles, complejos turísticos ni servicios organizados: el traslado era lento, polvoriento y formaba parte de la aventura. Según las investigaciones históricas de María Elena Izuel, a aquellas aguas se les atribuían características semejantes a las del agua marina. A diferencia de otros destinos termales del sur mendocino, en los Baños del Salado nunca llegó a levantarse un hotel. Las familias acudían en carros para bañarse, descansar y convertir la jornada en un gran paseo campestre. Con el paso de los años, las aguas fueron perdiendo temperatura y el lugar dejó de atraer a las multitudes que alguna vez buscaron allí descanso y alivio para diferentes dolencias. El escenario estaba muy cerca de la Villa 25 de Mayo, lugar donde en 1805 nació el núcleo fundacional de San Rafael alrededor del Fuerte San Rafael del Diamante. Casi ocho décadas después, cuando posiblemente fue tomada esta imagen, la región continuaba siendo una geografía de fuertes, acequias, puestos rurales, caballos y extensiones casi deshabitadas. Más que una simple postal, esta fotografía conserva una costumbre desaparecida: la de preparar el carro, reunir a toda la familia y viajar durante horas para disfrutar de un “mar” escondido en medio del secano sanrafaelino. Hoy su autor y su fecha exacta siguen siendo desconocidos, pero la escena permanece como uno de los testimonios visuales más extraordinarios de la vida cotidiana en el antiguo San Rafael. #MendozAntigua #BañosDelSalado #SanRafaelAntiguo #Villa25DeMayo #SanRafael #Mendoza #HistoriaDeMendoza #FotosAntiguas #PostalesAntiguas #TermasDeMendoza #DeoclecioGarcía #FuerteSanRafaelDelDiamante #MemoriaMendocina #PatrimonioHistórico #HistoriaArgentina #OldMendoza #SanRafaelHistory #HistoricPhotography #VintageArgentina #ThermalSprings #MendozaHistory #ArgentineHistory
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C. 25 de Mayo, Mendoza, Argentina
1886: LOS JÓVENES QUE CONVIRTIERON EL CAMPO ARGENTINO EN CIENCIA
Esta extraordinaria fotografía grupal, tomada en 1886, parece reunir a un conjunto de alumnos del Instituto Agronómico y Veterinario de Santa Catalina, cuando la enseñanza científica del campo argentino apenas comenzaba a escribir sus primeras páginas. Sus nombres no aparecen identificados con claridad en la copia conocida, pero la fecha permite ubicarlos entre las primeras generaciones que estudiaron sistemáticamente la tierra, los cultivos, la cría de animales y las enfermedades del ganado en nuestro país. La institución funcionaba en Santa Catalina, en la actual localidad bonaerense de Llavallol, y había abierto sus puertas solamente tres años antes, el 6 de agosto de 1883. Sus antecedentes se remontaban a una Escuela Práctica de Agricultura que funcionaba desde 1872, pero el gran salto llegó en 1881, cuando la Legislatura de Buenos Aires sancionó la Ley N.º 1.424 y dispuso la creación de una Casa de Monta y una Escuela de Veterinaria. El proyecto buscaba algo revolucionario para aquella Argentina agroexportadora: dejar de depender exclusivamente de especialistas extranjeros y formar profesionales capaces de relacionar los avances de la ciencia con la producción vegetal y animal. Para poner en marcha el establecimiento fueron contratados en Europa cinco profesores belgas y uno francés, especialistas en agronomía, veterinaria e ingeniería. El día de la inauguración comenzaron sus estudios 16 jóvenes. Durante mucho tiempo se creyó que eran 17, porque en el libro de matrículas aparecía ese número; sin embargo, una investigación posterior reveló una curiosidad digna de la época: ninguno había querido ocupar el número 13 por superstición. Las evaluaciones podían durar exactamente 25 minutos y los alumnos que acumulaban bajas calificaciones se exponían a ser expulsados. Por eso, los hombres retratados en 1886 no eran simples estudiantes posando con sus trajes, galeras y sombreros. Formaban parte de una experiencia educativa inédita, destinada a transformar el conocimiento rural transmitido durante generaciones en una disciplina científica, organizada y profesional. Por cronología, muchos de ellos pudieron pertenecer a las primeras promociones, aunque no existe una nómina visible que permita reconocer con seguridad a cada persona de la imagen. A fines de 1887, diez alumnos de Agronomía y tres de Veterinaria rindieron sus exámenes generales. El 6 de agosto de 1888 se entregaron los primeros diplomas y se recibieron los tres primeros veterinarios formados en la Argentina: José María Leonardo Agote, Calisto Ferreyra y el mendocino Custodio Ángel Martínez. Detrás de aquellas figuras solemnes de la fotografía podía estar, entonces, una parte de la generación que comenzó a combatir enfermedades del ganado, mejorar las razas animales, estudiar los suelos y modernizar la producción nacional mediante conocimientos científicos. El crecimiento del Instituto fue tan importante que en 1889 sirvió de base para la creación de la Facultad de Agronomía y Veterinaria, trasladada a La Plata en 1890. Más tarde se convertiría en una de las instituciones fundadoras de la Universidad Nacional de La Plata y, en 1921, Agronomía y Veterinaria seguirían caminos académicos independientes. El actual Museo Julio Ocampo conserva instrumentos, documentos, fotografías y materiales didácticos relacionados con aquellos primeros años. Esta imagen de 1886 no muestra solamente a un grupo de jóvenes vestidos según la elegancia del siglo XIX. Retrata el instante en que la Argentina comprendía que su riqueza agrícola y ganadera no podía depender únicamente de la fertilidad de la tierra: necesitaba educación, investigación, experimentación y profesionales capaces de convertir el campo en ciencia. Desde 1959, cada 6 de agosto se recuerda aquel comienzo mediante el Día del Ingeniero Agrónomo, el Día del Médico Veterinario y el Día de la Enseñanza Agropecuaria. #InstitutoSantaCatalina #HistoriaArgentina #Agronomía #MedicinaVeterinaria #VeterinariaArgentina #IngenieríaAgronómica #EducaciónAgropecuaria #CienciaArgentina #Llavallol #BuenosAiresAntigua #FotografíaHistórica #PatrimonioArgentino #AgriculturalHistory #VeterinaryHistory #ArgentineHistory #AgriculturalEducation #HistoricalPhotography #ScienceHistory
miércoles, 29 de julio de 2026
1875: EL “FLAIRE” Y LOS CAPITANEJOS — EL RETRATO MENDOCINO QUE DESAFÍA LA HISTORIA OFICIAL
Ciudad de Mendoza, hacia 1875. De pie, con el hábito oscuro sobre la túnica blanca, aparece fray Vicente Burela —también mencionado como Vicente Moisés o Moisés Vicente Burela—, misionero dominico y protagonista de uno de los capítulos más controvertidos de la frontera argentina. A sus lados posan dos capitanejos indígenas cuyos nombres no quedaron registrados en el epígrafe conocido y que, por el contexto histórico, probablemente estaban vinculados con las parcialidades ranqueles. Es el “flaire”, como habría dicho el lenguaje gauchesco de Martín Fierro, donde esa antigua inversión popular de la palabra “fraile” aparece expresamente. La fotografía fue tomada varios años después de los sucesos que enfrentaron a Burela con el coronel Lucio V. Mansilla. En marzo de 1870, el dominico partió desde la Villa de La Paz rumbo a las tolderías de Leubucó con regalos, ropas y provisiones, decidido a negociar con los caciques, impulsar la paz y rescatar cautivos. Tras doce agotadoras jornadas, entró el 31 de marzo en los dominios de Mariano Rosas, donde, según su relato, fue recibido solemnemente por una formación de unos setecientos lanceros montados. La comisión mendocina llegó dos días antes que la expedición de Mansilla, acompañada por los franciscanos Marcos Donati y Moisés Álvarez, los célebres “padrecitos” de Una excursión a los indios ranqueles. Aquella coincidencia desató mucho más que una disputa religiosa: fue una lucha por la autoridad, la influencia y el dominio del relato. Burela había conseguido una posición cercana a Mariano Rosas. Durante una gran junta, el cacique envió un mensajero para pedirle a Mansilla que desmontara y saludara al dominico. El coronel se negó indignado, alegando que él representaba al presidente de la República y que, en todo caso, era Burela quien debía saludarlo primero. Finalmente, la exigencia fue reformulada como un saludo general y Mansilla aceptó echar pie a tierra. El episodio, narrado por él mismo, revela hasta qué punto el fraile había ganado consideración dentro de Leubucó. El mayor escándalo estuvo relacionado con el aguardiente llevado como obsequio. Las fuentes coinciden en que Burela distribuyó varias cargas y que aquello provocó una extensa celebración acompañada por un fuerte consumo de alcohol. Mansilla y Donati lo responsabilizaron por los excesos y por haber puesto en peligro las negociaciones; el coronel llegó a describirlo con enorme hostilidad en su libro. Sin embargo, estas acusaciones deben leerse dentro de una rivalidad abierta: Mansilla y Burela mantuvieron durante 1870 una áspera polémica en las páginas de La Nación, iniciada con comentarios llegados desde Mendoza, continuada con una violenta respuesta del militar y cerrada con la contestación pública del dominico. No existe, por lo tanto, una versión completamente neutral de aquellos acontecimientos. Más de ciento cincuenta años después, la fotografía nos obliga a mirar más allá de esa guerra de palabras. Los dos capitanejos aparecen vestidos cuidadosamente para el retrato: prendas de telar con franjas y figuras geométricas, camisas decoradas, botas resistentes y una postura serena frente a la cámara. No son personajes secundarios ni figuras derrotadas, sino autoridades indígenas que viajaron hasta Mendoza, negociaron con representantes religiosos y políticos y decidieron presentarse ante un estudio fotográfico conservando elementos visibles de su identidad. El hombre sentado a la derecha parece llevar líneas bordadas o cosidas sobre la camisa, aunque la resolución disponible no permite determinar con seguridad la técnica. Las piezas colocadas sobre las piernas podrían corresponder a chiripás, ponchos o mantas utilizadas como parte del atuendo ceremonial. Esta imagen no es solamente el recuerdo de un fraile acompañado por dos visitantes. Es el retrato de una frontera viva y profundamente política: un espacio de tratados, regalos, ceremonias, rivalidades, cautivos, intérpretes y negociaciones, donde los pueblos originarios no eran simples espectadores de la expansión estatal, sino protagonistas capaces de decidir, exigir respeto y disputar su propio destino. Sus nombres todavía permanecen ocultos, pero sus miradas atravesaron el tiempo. Todo aporte documental que permita identificar a los capitanejos o al estudio fotográfico donde posaron sería fundamental para completar esta historia. La referencia documental más antigua y precisa que pude localizar aparece reproducida por el historiador Juan Guillermo Durán en el libro Un malón sobre la Villa de La Paz: el robo del vestido de la Virgen paceña. , 1868. El epígrafe dice exactamente: “Fray Vicente Burela y dos capitanejos de visita en Mendoza. Año 1875”, y atribuye la imagen a la obra de Fernando Morales Guiñazú, Primitivos habitantes de Mendoza, publicada en Mendoza en 1938. La obra de Morales Guiñazú fue editada por Best Hermanos en 1938, consta de 310 páginas y varias láminas fotográficas. Por el momento no encontramos una identificación del fotógrafo, del estudio mendocino ni de los dos capitanejos retratados. Existe además una posible confusión en la atribución al Archivo Histórico Franciscano de Río Cuarto. En el índice de ilustraciones del libro de Durán aparecen dos fotografías consecutivas: La número 17 corresponde a capitanejos ranqueles retratados en la Comandancia de Río Cuarto en 1872 y sí pertenece al Archivo Histórico Franciscano de Río Cuarto. La número 18 es esta fotografía de Burela con los dos capitanejos en Mendoza, fechada en 1875 y tomada de la obra de Morales Guiñazú. Por lo tanto, con la documentación disponible, no sería correcto adjudicar directamente esta imagen al archivo franciscano de Río Cuarto. Probablemente ambas referencias fueron mezcladas al circular las fotografías por redes sociales. #HistoriaArgentina #MendozaAntigua #MendozaHistórica #PueblosOriginarios #Ranqueles #FrayBurela #LucioVMansilla #Leubucó #FronteraSur #FotografíaHistórica #MemoriaIndígena #HistoriaDeMendoza #IndigenousHistory #ArgentineHistory #RanquelPeople #HistoricalPhotography #NativePeoples #SouthAmericanHistory #CulturalMemory #HistoryCaptured
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lunes, 27 de julio de 2026
EL RÍO QUE ESCULPIÓ MENDOZA: LA TERRAZA FLUVIAL QUE GUARDA MILES DE AÑOS DE HISTORIA BAJO EL DESIERTO
Mucho antes de que los caminos, los viñedos y el crecimiento urbano transformaran Luján de Cuyo, el río Mendoza ya escribía su historia sobre la piedra. Esta extraordinaria fotografía, registrada durante el siglo XX por el geógrafo y climatólogo francés Emmanuel de Martonne, muestra una antigua terraza fluvial próxima a la salida del río hacia la llanura mendocina. El propio manuscrito conservado junto a la placa la describió como una “terraza del río Mendoza cerca de Mendoza” y señaló, en el horizonte, la presencia de estratos terciarios levantados o inclinados. La extensa superficie horizontal recortada por una barranca no es una simple elevación del terreno: constituye el vestigio de una antigua planicie ocupada y modelada por el río. Las terrazas fluviales se forman cuando un curso de agua profundiza su cauce y deja suspendidos, por encima del nivel actual, fragmentos de sus viejas llanuras de inundación. Ese proceso puede responder a variaciones climáticas, cambios en el caudal, erosión prolongada o movimientos tectónicos. De este modo, la barranca visible funciona como una página abierta de la historia geológica regional, donde cada estrato conserva sedimentos transportados desde los Andes durante incontables crecidas. En primer plano aparece el paisaje árido característico de Cuyo, cubierto por vegetación baja y dispersa. Estudios oficiales realizados en sectores cercanos de Luján de Cuyo describen terrenos formados por sedimentos fluviales y aluviales, con arenas, gravas y materiales gruesos de gran permeabilidad, poca materia orgánica y vegetación xerófila. Sobre parte de estas superficies pedemontanas, transformadas mediante el riego, se extendieron posteriormente cultivos y viñedos, demostrando cómo un suelo construido por la montaña y el río terminó integrándose a la identidad productiva de Mendoza. Esta imagen no retrata solamente una barranca: conserva el instante inmóvil de un paisaje en permanente transformación. Allí donde hoy vemos silencio, matorrales y tierra seca, durante miles de años avanzaron aguas cargadas de rocas, arenas y limos. El río Mendoza cortó, acumuló, abandonó antiguos cauces y volvió a excavar, hasta levantar esta monumental huella natural entre la cordillera y la llanura. Es la memoria de un río poderoso, capaz de moldear el territorio que luego permitiría el nacimiento de uno de los grandes oasis del desierto argentino. #RíoMendoza #LujánDeCuyo #Mendoza #MendozaAntigua #GeologíaMendocina #TerrazaFluvial #HistoriaNatural #PaisajeCuyano #CordilleraDeLosAndes #Geomorfología #FotografíaHistórica #MemoriaMendocina #PatrimonioNatural #DesiertoCuyano #EmmanuelDeMartonne #MendozaRiver #RiverTerrace #MendozaArgentina #AndesMountains #Geology #Geomorphology #NaturalHistory #HistoricalPhotography #CulturalHeritage #ArgentineLandscape. La imagen adjunta coincide exactamente con la segunda toma de una serie de cuatro, titulada en francés Rio Mendoza – Terrasse de fleuve – Prise de vue 2/4. Pertenece al archivo fotográfico conservado por PRODIG y difundido en MédiHAL, con el número de registro medihal-01810156 y el identificador de placa digitalizada AM3361-005. El catálogo atribuye la fotografía a Emmanuel de Martonne, ofrece una geolocalización aproximada en 33°03′03″ S, 69°04′48″ O y la publica bajo Licence Ouverte 2.0. El año exacto de la toma no está determinado: el registro la ubica ampliamente en el siglo XX y aclara que el conjunto de placas depositadas en PRODIG comprende materiales fechados entre 1891 y 1955
domingo, 26 de julio de 2026
1906: LOS HOMBRES QUE PERFORARON LOS ANDES — LA OBRA TITÁNICA QUE ABRIÓ UN CAMINO ENTRE DOS OCÉANOS
Esta extraordinaria fotografía, tomada en 1906 en la actual Región de Valparaíso, conserva uno de los capítulos más impresionantes de la construcción del Ferrocarril Trasandino. Frente a la boca abovedada de un túnel, trabajadores, pobladores y posiblemente familiares observan la cámara rodeados por montañas, rieles, herramientas, piedras removidas y un humilde refugio cubierto con chapas. No aparecen como figuras secundarias de la historia: fueron los hombres y mujeres que habitaron una cordillera hostil mientras avanzaba una obra destinada a cambiar para siempre las comunicaciones entre Chile y la Argentina. El registro pertenece a la Colección del Museo Histórico Nacional de Chile, su autor no ha sido identificado. La catalogación no precisa cuál de los túneles aparece en la escena, por lo que no debe confundirse automáticamente con el posterior túnel internacional de Caracoles. El sueño de atravesar los Andes mediante una línea ferroviaria había sido impulsado desde la década de 1870 por los hermanos Juan y Mateo Clark. Su objetivo era unir Los Andes con Mendoza y conectar las redes ferroviarias que conducían hacia Valparaíso y Buenos Aires, creando una ruta terrestre entre el Pacífico y el Atlántico. Sin embargo, la empresa debió superar conflictos limítrofes, crisis financieras, guerras y enormes dificultades técnicas. Las obras comenzaron en 1887 del lado argentino y en 1889 del chileno; justamente en 1906, el año de esta fotografía, fue recibida una primera etapa de la línea chilena bajo supervisión de técnicos estatales. La cordillera obligó a construir puentes, cobertizos contra la nieve, estaciones y numerosos túneles en medio de pendientes extremas. El sector chileno tenía 71 kilómetros de trocha angosta y ascendía hasta aproximadamente 2.400 metros, mientras que el paso internacional alcanzaba cerca de 3.200 metros sobre el nivel del mar. En los tramos más pronunciados se instaló el sistema de cremallera Abt, que ayudaba a las locomotoras a trepar y también a controlar el descenso. El túnel internacional de Las Cuevas-Caracoles, de unos 3,2 kilómetros, comenzó a perforarse desde ambos lados de la frontera en 1908. Finalmente, el 5 de abril de 1910 quedó inaugurada la conexión completa entre Los Andes y Mendoza. Aquella línea no fue solamente una hazaña ferroviaria: representó la ambición de vencer una de las barreras naturales más formidables de América del Sur, acortar distancias comerciales y acercar a dos naciones separadas por las cumbres. El Trasandino continuó transportando pasajeros y cargas —con largas interrupciones provocadas por aluviones, problemas económicos y tensiones internacionales— hasta 1984. Hoy sus vías silenciosas, estaciones abandonadas y túneles cordilleranos siguen recordando una época en la que obreros anónimos, trabajando entre rocas, frío y precipicios, se atrevieron a perforar los Andes para convertir una idea imposible en uno de los mayores prodigios de la ingeniería sudamericana. #FerrocarrilTrasandino #HistoriaFerroviaria #CordilleraDeLosAndes #LosAndes #Mendoza #Valparaiso #Chile #Argentina #HermanosClark #IngenieriaFerroviaria #PatrimonioHistorico #PatrimonioFotografico #FotografiaAntigua #HistoriaDeChile #HistoriaArgentina #TransandineRailway #RailwayHistory #AndesMountains #HistoricEngineering #IndustrialHeritage #ChileHistory #ArgentinaHistory #VintagePhotography #RailwayWorkers
jueves, 23 de julio de 2026
1906: LOS HOMBRES QUE ABRIERON LOS ANDES — EL FERROCARRIL TRASANDINO Y LA EPOPEYA QUE UNIÓ MENDOZA CON CHILE
Cinco hombres permanecen inmóviles frente a una abertura oscura excavada en la montaña. Dos se han colocado sobre el terreno pedregoso de la izquierda; otro posa exactamente en medio de los rieles; una figura apenas se distingue junto a la entrada del túnel y, en primer plano, un trabajador observa la cámara con una mano apoyada en la cintura. No aparecen locomotoras, ceremonias ni grandes autoridades. Solo la roca desnuda, una vía angosta que se curva hasta desaparecer en la oscuridad y quienes hicieron posible que el hierro avanzara por uno de los territorios más difíciles del continente. La fotografía fue tomada en 1906, en algún punto de la Región de Valparaíso, durante las obras del Ferrocarril Trasandino. La boca del túnel carece de una fachada monumental: parece abierta directamente sobre la piedra, rodeada por fragmentos desprendidos y pronunciadas laderas. El tamaño de los hombres frente a la montaña permite comprender la dimensión del desafío. En el encuadre no se observa maquinaria; los trabajadores, vestidos con chaquetas, pantalones resistentes y sombreros, convierten la escena en un poderoso retrato del esfuerzo humano oculto detrás de las grandes obras de ingeniería. El proyecto había sido impulsado desde 1872 por los hermanos Juan y Mateo Clark, empresarios chilenos que soñaban con enlazar las redes ferroviarias de Chile y Argentina. Las dificultades económicas, políticas y técnicas retrasaron durante años aquella empresa extraordinaria: las obras comenzaron en 1887 del lado argentino y en 1889 del chileno. El objetivo era unir Los Andes con Mendoza y crear un corredor capaz de comunicar, mediante sucesivas conexiones ferroviarias, los puertos de Valparaíso y Buenos Aires. Cuando esta imagen fue capturada, la línea todavía no estaba terminada. Precisamente en 1906, Chile impulsó la colocación de bonos garantizados por el Estado para obtener los recursos necesarios y completar el difícil tramo entre Juncal y Portillo. Todavía faltaban cuatro años para que el sueño se hiciera realidad. La sección chilena alcanzaría unos 71 kilómetros de trocha angosta, con siete estaciones, puentes, túneles y cobertizos destinados a proteger los rieles de la nieve. Debido a las fuertes pendientes, desde Río Blanco hacia la frontera fue necesario emplear una cremallera del sistema Abt, que ayudaba a las locomotoras tanto en el ascenso como durante el frenado en las bajadas. En el punto culminante del recorrido se construyó el túnel internacional de aproximadamente 3,2 kilómetros, situado a unos 3.200 metros sobre el nivel del mar. Del lado argentino, el trazado se extendía por alrededor de 177 kilómetros hasta Mendoza. Finalmente, en abril de 1910, las vías de ambos países quedaron conectadas. El Trasandino se convirtió en una de las mayores proezas ferroviarias sudamericanas y comenzó a transportar pasajeros, correspondencia, animales y mercaderías a través de la cordillera. En sus primeras dos décadas llegó a movilizar un promedio anual estimado de 100.000 pasajeros y unas 25.000 toneladas de carga. Después de aludes, interrupciones, crisis económicas y tensiones internacionales, continuó prestando servicios hasta 1984. Sin embargo, esta fotografía no recuerda a los empresarios, los ingenieros ni las autoridades que inauguraron la obra. Conserva algo todavía más valioso: el rostro de los trabajadores anónimos que caminaron sobre piedras sueltas, tendieron los rieles y abrieron túneles en el corazón de los Andes. Hombres cuyos nombres se perdieron, pero cuya labor quedó grabada para siempre en la montaña. Colección: Archivo Fotográfico del Museo Histórico Nacional de Chile, portal Fotografía Patrimonial. #TransandineRailway #RailwayHistory #AndesMountains #HistoricPhotography #IndustrialHeritage #RailwayWorkers #TunnelConstruction #EngineeringHistory #ChileHistory #ArgentinaHistory #RailroadHistory #VintagePhotography #MountainRailway #SharedHeritage #SouthAmericanHistory #FerrocarrilTrasandino #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #HistoriaDeChile #LosAndes #CordilleraDeLosAndes #PatrimonioFerroviario #HistoriaFerroviaria #TrabajadoresFerroviarios #Ferrocarriles #Tuneles #Valparaiso #Mendoza #FotografiaHistorica #MemoriaHistorica #IngenieriaFerroviaria #PatrimonioIndustrial
martes, 30 de junio de 2026
1899: EL GRITO OBRERO QUE DESNUDÓ LA OTRA CARA DEL PROGRESO EN MENDOZA (Imagen Ilustrativa)
En 1899, Mendoza vivía una transformación profunda. La provincia crecía al ritmo de la modernización, del ferrocarril, de la inmigración y del impulso vitivinícola. El país entero hablaba de progreso, riqueza y futuro, dentro de un modelo agroexportador que desde el último tercio del siglo XIX integró a la Argentina al comercio mundial, apoyado en la producción agraria, la expansión ferroviaria, el ingreso de capitales y la llegada masiva de trabajadores inmigrantes. Pero detrás de aquella postal de prosperidad había una pregunta incómoda: ¿quién pagaba con su cuerpo el precio de ese progreso? En Mendoza, el crecimiento de la vitivinicultura fue decisivo para la modernización económica. Desde fines del siglo XIX, el vino dejó de ser una producción artesanal y comenzó a convertirse en una actividad industrial, con bodegas más tecnificadas, mayor superficie cultivada y una economía local cada vez más especializada. Ese desarrollo cambió el paisaje mendocino, multiplicó el trabajo y consolidó a la provincia como una de las grandes regiones vitivinícolas del país. Sin embargo, no todos disfrutaban por igual los frutos de esa transformación. Mientras las elites celebraban el avance de la “Mendoza moderna”, miles de trabajadores sostenían con jornadas agotadoras la expansión de viñedos, bodegas, talleres, obras y servicios. La riqueza se mostraba en las fachadas, pero el cansancio quedaba en los cuerpos. El 5 de noviembre de 1899, una crónica mendocina lanzó una crítica feroz contra la hipocresía social de la época. Denunciaba que existían instituciones de beneficencia para asistir al enfermo, al niño abandonado, al mendigo e incluso para proteger animales, pero casi nadie parecía preocuparse por el obrero, ese hombre que entregaba su salud y sus fuerzas para sostener el bienestar de los demás. La comparación era dura, pero directa: el trabajador aparecía como la verdadera “bestia de carga” de la sociedad moderna. No porque careciera de inteligencia o dignidad, sino porque era tratado como si su vida valiera menos que la producción que generaba. La denuncia señalaba jornadas laborales de 10, 12 y hasta 14 horas diarias, muchas veces sin descanso suficiente y con salarios apenas capaces de asegurar el pan de cada día. El obrero trabajaba para vivir, pero vivía casi exclusivamente para volver a trabajar. Esa era la tragedia silenciosa: una maquinaria económica que prometía progreso, pero consumía la energía vital de quienes la hacían posible. En aquel tiempo, la jornada de ocho horas era todavía una aspiración lejana en la Argentina. La ley nacional que fijó el límite general de ocho horas diarias o cuarenta y ocho semanales recién sería sancionada décadas después, en 1929. Por eso, en 1899, pedir protección para el trabajador era mucho más que una demanda laboral: era una advertencia moral. La llamada cuestión social comenzaba a hacerse visible. La inmigración masiva, la urbanización, la industrialización, las huelgas, la precariedad y las nuevas formas de explotación obligaban a mirar aquello que durante años se había ocultado bajo la palabra “progreso”. A comienzos del siglo XX, el Estado nacional encargó a Juan Bialet Massé un informe sobre las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera en el interior del país, publicado en 1904. Ese estudio abordó salarios, descanso, trabajo de mujeres y niños, conflictos laborales, contratos, inspección del trabajo y condiciones de vida de inmigrantes, criollos e indígenas. El informe de Bialet Massé fue una radiografía implacable. Mostró que el problema no era aislado ni pasajero: era estructural. El propio Museo Roca recuerda que aquel diagnóstico nació como respuesta a los desafíos de la cuestión social y a las injusticias laborales que golpeaban la vida cotidiana de los asalariados. Por eso, aquella vieja pregunta de 1899 conserva una fuerza estremecedora: ¿No era más justo proteger también al trabajador, en vez de dejarlo solo frente al desgaste, la enfermedad y la miseria? Más de un siglo después, el mundo laboral cambió de forma impresionante. Ya no son solo viñateros, obreros de bodega, peones, carreros o empleados de talleres. Hoy también aparecen repartidores de aplicaciones, trabajadores precarizados, contratados temporales, monotributistas dependientes, operarios tercerizados y personas que sostienen la economía desde lugares muchas veces invisibles. Cambiaron las máquinas, los nombres y las formas de contratación. Pero la pregunta sigue viva: ¿puede llamarse progreso a un sistema que avanza dejando agotados a quienes lo sostienen? La Mendoza de 1899 nos obliga a mirar más allá de las postales elegantes del pasado. Nos recuerda que bajo cada bodega, cada riel, cada viña y cada edificio moderno hubo manos anónimas, espaldas vencidas, familias humildes, madrugadas interminables y cuerpos puestos al servicio de una provincia que crecía. El progreso verdadero no se mide solo en producción, riqueza o modernización. También se mide en dignidad. En descanso. En educación. En salario justo. En humanidad. Porque una sociedad que protege sus edificios, sus animales y sus fortunas, pero olvida al trabajador, termina edificando su grandeza sobre una deuda moral. Mendoza creció con vino, ferrocarril e inmigración. Pero también creció con sudor, sacrificio y obreros que merecen memoria. #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #Mendoza1899 #CuestionSocial #HistoriaObrera #Trabajadores #MovimientoObrero #Vitivinicultura #BodegasMendocinas #Inmigracion #ModeloAgroexportador #Ferrocarril #MemoriaHistorica #TrabajoYDignidad #ClaseObrera #HistoriaArgentina #BialetMasse #MendozAntigua #OldMendoza #LaborHistory #WorkersHistory #ArgentineHistory #SocialQuestion #WineHistory #ImmigrationHistory #RailwayHistory #HistoricalMemory #WorkAndDignity (Diario Los Andes)
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domingo, 24 de mayo de 2026
🔥 EL CHALLAO PERDIDO: LOS BAÑOS DE SALUD QUE MENDOZA DEJÓ EN LA NIEBLA DEL RECUERDO
Esta antigua imagen nos devuelve a un El Challao casi desaparecido, cuando la zona no era solo paisaje de cerros y devoción, sino también un lugar buscado por sus aguas, descanso y salud. Allí funcionaron antiguos baños y espacios de reposo que formaron parte de la memoria mendocina, aunque hoy casi no quedan restos visibles de aquellas instalaciones. El Challao tuvo desde temprano una relación profunda con el agua. Documentos históricos citados por el Gobierno de Mendoza mencionan, ya hacia fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, el interés por llevar a la ciudad las aguas del “Chayado” o Papagayos, consideradas más convenientes para el consumo que otras fuentes contaminadas por actividades de la época. También se registran vestigios del antiguo acueducto que abasteció a Mendoza antes y después del terremoto de 1861. Con el paso del tiempo, aquel sitio de agua y pedemonte se transformó en paseo, refugio de fin de semana y espacio de esparcimiento. Los Andes recuerda que El Challao pasó de ser una especie de “primer surtidor” de la ciudad a convertirse en zona de reunión, con baños curativos a comienzos del siglo XX, campings, clubes, hospedajes y vida recreativa. La fotografía, borrosa y silenciosa, parece mostrar apenas una construcción entre vegetación y cerros. Pero detrás de esa imagen hay una historia mayor: la de un Challao medicinal, veraniego y casi secreto, conservado más por relatos orales, recuerdos familiares y viejas fotos que por obras materiales todavía en pie. Hoy, esos baños perdidos forman parte de una Mendoza invisible: la de los lugares que alguna vez fueron populares, sanadores y concurridos, pero que el tiempo fue borrando hasta dejarlos convertidos en memoria. #ElChallao #BañosDelChallao #MendozaAntigua #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #LasHerasMendoza #AguasDelChallao #MemoriaMendocina #FotosAntiguas #PatrimonioMendocino #PedemonteMendocino #OldMendoza #MendozaHistory #HistoricPlaces #LostPlaces #VintageMendoza #ThermalBaths #CulturalHeritage
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viernes, 15 de mayo de 2026
¡Adiós al lechero de a caballo! La crónica de 1899 que vio morir una Buenos Aires criolla, pintoresca y ambulante
jueves, 7 de mayo de 2026
Los niños que hicieron gritar las noticias: la Buenos Aires de 1890 en manos de sus pequeños vendedores de diarios
Ciudad de Buenos Aires, hacia 1890. Tres niños vendedores de diarios posan ante la cámara de Christiano Junior, en una imagen conservada por el Archivo General de la Nación dentro del Fondo Witcomb. La escena parece sencilla, pero encierra una parte profunda de la vida urbana porteña: la calle como lugar de trabajo, de noticias, de supervivencia y de contacto cotidiano con una ciudad que cambiaba a toda velocidad. A fines del siglo XIX, Buenos Aires crecía entre inmigrantes, tranvías, cafés, mercados, imprentas y una prensa cada vez más influyente. Los diarios no eran solo papeles impresos: eran política, opinión, comercio, cultura popular y conversación pública. La Biblioteca Nacional recuerda que la prensa argentina del siglo XIX funcionó como espacio de opinión política, representación social e imagen de una sociedad en plena transformación. En esa Buenos Aires agitada, los vendedores de diarios eran mensajeros de la modernidad. Caminaban las calles ofreciendo ejemplares, anunciaban las noticias a viva voz y acercaban la actualidad a trabajadores, vecinos, comerciantes y pasajeros. Muchos eran niños o adolescentes, marcados por la pobreza, el esfuerzo temprano y la necesidad de ganarse el pan desde muy chicos. La palabra “canillita” se popularizaría años después, vinculada a la obra teatral Canillita, de Florencio Sánchez, estrenada a comienzos del siglo XX. Con el tiempo, ese nombre quedó para siempre asociado al vendedor de diarios y revistas, un personaje entrañable de la cultura urbana argentina. Esta fotografía no muestra solamente a tres chicos con periódicos. Muestra una época entera: la Buenos Aires del trabajo callejero, de la infancia dura, de las noticias impresas y de una ciudad que empezaba a convertirse en una gran capital moderna. Una imagen pequeña, pero con una historia inmensa. #BuenosAiresAntigua #VendedoresDeDiarios #Canillitas #ArchivoGeneralDeLaNación #AGN #HistoriaArgentina #BuenosAires1890 #FotografíaAntigua #ChristianoJunior #PrensaArgentina #HistoriaPorteña #MendozAntigua #OldBuenosAires #NewspaperBoys #ArgentineHistory #VintagePhotography #UrbanHistory #HistoricBuenosAires #OldNewspapers #StreetWorkers
jueves, 16 de abril de 2026
1876: el día en que abrió la Escuela Sarmiento y empezó una historia clave para la educación mendocina
A comienzos de 1876 quedó inaugurada en Mendoza la Escuela Sarmiento como establecimiento de instrucción primaria, en el edificio cuya construcción había sido dispuesta años antes por el gobernador Arístides Villanueva. Aquel acto no fue una apertura más: significó el nacimiento de una escuela que con el tiempo se convertiría en una de las referencias más recordadas de la historia educativa de la provincia. El folleto homenaje de 1926 precisa que la obra se había iniciado con fondos enviados desde Chile y Uruguay tras el terremoto de 1861, y que, una vez terminada, la nueva casa escolar abrió sus puertas bajo la dirección del preceptor don Manuel Videla. La figura de Manuel Videla resulta central en ese primer capítulo. El mismo documento lo presenta como un maestro de vocación temprana, formado en Mendoza, que antes de la Escuela Sarmiento ya había dirigido la escuela de varones de San Nicolás. Luego fundó la propia Escuela Sarmiento, instalada en el edificio que más tarde ocuparía la escuela Patricias Mendocinas, y desde allí quedó ligado para siempre al desarrollo de la enseñanza pública mendocina. La importancia de aquella inauguración se entiende todavía mejor al ver lo que ocurrió después. En 1878, el Ministerio Nacional de Instrucción Pública resolvió refundir en la Escuela Sarmiento la escuela anexa al Colegio Nacional, y en 1879 sobre esa misma base se creó el curso normal para maestros primarios. Es decir: lo que comenzó en 1876 como una escuela primaria terminaría convirtiéndose en la plataforma de una institución decisiva para la formación docente de Mendoza. Por eso, recordar la apertura de la Escuela Sarmiento no es solo evocar un edificio o una fecha. Es volver al momento en que Mendoza dio un paso firme hacia la ampliación de la enseñanza pública, apoyada en figuras como Villanueva y Manuel Videla, y empezó a construir una tradición educativa que dejaría huella durante décadas. #EscuelaSarmiento #ManuelVidela #ArístidesVillanueva #HistoriaDeMendoza #EducaciónMendocina #PatrimonioMendocino #MemoriaHistórica #EscuelasHistóricas #MendozaAntigua #HistoriaArgentina #SarmientoSchool #HistoryOfMendoza #EducationalHeritage #HistoricSchools #PublicEducation #HistoricMemory #ArgentineHistory #CulturalHeritage #NostalgiaCore, #Throwback, #TBT, #ThrowbackThursday, #Vintage, #Retro, #VintagePhotography, #HistoricalPhotos, #HistoricPhotos, #ArchivePhoto, #ArchivalPhoto, #OnThisDay, #TodayInHistory, #ThisDayInHistory, #OTD
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martes, 14 de abril de 2026
Mendoza en 1909: así retrataban a la provincia que hizo florecer el desierto al pie de los Andes (Imagen Ilustrativa)
En 1909, al trazar las generalidades geográficas de Mendoza, se presentaba a la provincia como un territorio de 100.831 kilómetros cuadrados, ubicado al oeste de San Luis, al sur de San Juan, al norte de los entonces territorios de La Pampa Central y Neuquén, y separado de Chile por la Cordillera de los Andes. La obra remarcaba que la parte oriental era llana y, en grandes extensiones, poco productiva por la escasez de lluvias; en cambio, hacia el oeste el relieve se volvía abrupto y ofrecía numerosos valles de tierras muy fértiles, capaces de rendir intensamente bajo la acción del riego. Ese retrato respondía a una Mendoza entendida como provincia andina y oasis cultivado, en línea con la organización territorial fijada en las décadas finales del siglo XIX. Según ese panorama de época, los límites mendocinos se apoyaban en una combinación de altas cumbres, líneas convencionales y cursos de agua. La población provincial ascendía a 206.354 habitantes, cifra correspondiente al censo levantado en 1909 durante la administración de Emilio Civit. También enumeraba como grandes alturas cordilleranas al Aconcagua, al Tupungato y al volcán Maipo, y describía una estructura orográfica dominada por el sistema andino, sus altas cumbres y sus ramales: Paramillos, Uspallata, Tunuyán, Nevado, Payén y Malargüe, junto con una extensa llanura hacia el este apta para la ganadería. En esa lectura, los numerosos valles mendocinos aparecían como tierras riquísimas, ideales para cultivos intensivos siempre que contaran con agua de riego. La descripción de 1909 subrayaba, además, que el aprovechamiento científico del agua había sido durante mucho tiempo escaso y que la distribución de la tierra regada se hacía de manera desigual y con métodos rudimentarios. Sin embargo, veía en esa lucha contra la aridez la clave del carácter mendocino: una sociedad paciente, constante y trabajadora, capaz de vencer la esterilidad aparente del suelo. Hoy sabemos que ese proceso hundía sus raíces en sistemas de acequias y canales anteriores a la conquista, luego ampliados y reorganizados durante la colonia y profundizados con el tiempo. También sabemos que, hacia fines del siglo XIX, Mendoza ya había entrado en una nueva etapa gracias a la llegada del ferrocarril en 1885 y al gran despegue de la vitivinicultura, bases decisivas de su transformación económica. Vista desde hoy, aquella geografía escrita en 1909 conserva un enorme valor porque mezcla descripción física, economía y una idea de destino histórico. La Mendoza de entonces era presentada como una tierra de montañas poderosas, valles fértiles y pampas abiertas, pero también como una provincia modelada por el esfuerzo humano. Para enriquecer la publicación con datos actuales, puede sumarse que la superficie oficial hoy informada para Mendoza es de 148.827 km², y que la altura oficial moderna del Aconcagua fue fijada por el Instituto Geográfico Nacional en 6.960,8 metros sobre el nivel del mar. Eso no invalida la vieja descripción: al contrario, muestra cómo fueron cambiando las mediciones, los criterios territoriales y el conocimiento geográfico con el paso del tiempo. #Mendoza #HistoriaDeMendoza #GeografíaDeMendoza #Mendoza1909 #CordilleraDeLosAndes #Aconcagua #Uspallata #Paramillos #Payén #Malargüe #Acequias #CanalGuaymallén #Vitivinicultura #Ferrocarril #PatrimonioMendocino #HistoriaArgentina #HistoricalMendoza #GeographyOfMendoza #AndesHistory #Aconcagua #WaterHeritage #WineHistory #ArgentineHistory #OnThisDay
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Mendoza en 1909: la provincia que domó el desierto y ayudó a cambiar la historia de América (Imagen Ilustrativa)
En 1909, al hablar de Mendoza, aquella prosa de época la presentaba como una gran provincia no sólo por la magnitud de sus riquezas, sino también por la fibra de sus hijos. Para retratarla, proponía ordenar sus grandes temas históricos y económicos, de modo que sobresaliera con claridad la fuerza que había adquirido dentro del conjunto argentino. Mirada desde el pasado, Mendoza no aparecía como una tierra detenida, sino como el despertar de una civilización levantada en medio de la aridez, sostenida por el trabajo humano y por una larga cultura del agua en el oasis cuyano. Según esa visión, una corriente civilizadora llegada desde el Perú, tras cruzar la Cordillera, se internó en las tierras fértiles del oeste y fue dejando núcleos de población en los valles y junto a los ríos andinos. Más tarde, se encontrarían allí las influencias procedentes de Chile, del Alto Perú y del Río de la Plata. Históricamente, Mendoza integró el Corregimiento de Cuyo y dependió de la Capitanía General de Chile hasta 1776, junto con San Juan y San Luis. Durante buena parte de ese largo proceso, la economía regional se sostuvo sobre la invernada de ganado, una producción reducida de vinos y tejidos, y cultivos para el consumo local como trigo, cebada y hortalizas. El texto también subraya que el aprovechamiento científico del agua era todavía escaso y que la tierra regada se distribuía con mucha irregularidad y mediante procedimientos rudimentarios. En esa vieja mirada, una de las obras más recordadas era la apertura del Zanjón vinculada a Guaymallén. Hoy, las investigaciones históricas permiten afinar esa escena: las acequias ya existían antes de la llegada de los conquistadores y derivaban del actual Canal Guaymallén, mientras que durante la colonia se ampliaron y reorganizaron con nuevas obras hidráulicas. Sobre esa base se fue afirmando una sociedad capaz de vencer la aparente esterilidad del suelo con constancia, paciencia y esfuerzo sostenido. Desde esa lectura de comienzos del siglo XX, fue justamente esa lucha contra el medio la que forjó el carácter de los hombres de Cuyo: menos inclinados al arrebato, pero más perseverantes, firmes e incansables en las empresas difíciles. Y aunque el texto todavía observaba un proceso largo y gradual, hoy sabemos que hacia fines del siglo XIX Mendoza ya había entrado en una nueva etapa. La llegada del ferrocarril en 1885, la inmigración mediterránea, la transformación técnica y la expansión del riego impulsaron el gran despegue de la vitivinicultura, que pasó a convertirse en una de las bases centrales de la economía mendocina. La página de 1909 también rescata con fuerza el patriotismo mendocino desde los primeros días de la Revolución de Mayo y lo conecta con la gran empresa sanmartiniana. Mendoza fue la tierra desde la que José de San Martín, designado gobernador intendente de Cuyo en 1814, organizó el Ejército de los Andes y preparó la campaña libertadora. Allí reunió recursos, movilizó a la población y dio forma a la expedición que cruzó la cordillera en 1817, venció en Chacabuco y consolidó la independencia de Chile con el triunfo de Maipú en 1818. Por eso, aquella antigua descripción no sólo exaltaba la riqueza provincial: celebraba a Mendoza como una tierra que supo convertir el desierto en trabajo, el esfuerzo en carácter y la fe patriótica en una epopeya americana. #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Cuyo #Acequias #CanalGuaymallén #Zanjón #SanMartín #EjércitoDeLosAndes #PatrimonioMendocino #HistoriaArgentina #Vitivinicultura #Ferrocarril #MendozaHistórica #HistoricalMendoza #CuyoHistory #ArgentineHistory #AndesHistory #WaterHeritage #WineHistory #OnThisDay #NostalgiaCore, #Throwback, #TBT, #ThrowbackThursday, #Vintage, #Retro, #VintagePhotography, #HistoricalPhotos, #HistoricPhotos, #ArchivePhoto, #ArchivalPhoto, #OnThisDay, #TodayInHistory, #ThisDayInHistory, #OTD
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miércoles, 8 de abril de 2026
Mendoza en 1871: cuando sus mercados miraban al Litoral y cruzaban la cordillera hacia Chile
Mercados de Mendoza en 1871: Litoral y Chile. La imagen adjunta presenta un recorte tipográfico de época con un encabezado muy claro: los principales mercados mendocinos de 1871 eran el litoral argentino y Chile. El texto subraya además que la importancia del intercambio con el país trasandino podía apreciarse en los datos extraídos de los libros de la Aduana, lo que sugiere una base documental oficial y comercial para medir el peso real de ese vínculo. Visto en perspectiva histórica, esa afirmación encaja plenamente con lo que distintos estudios sobre la economía mendocina del siglo XIX vienen señalando desde hace tiempo. Antes del gran auge vitivinícola de fines del siglo, Mendoza sostuvo buena parte de su dinámica económica sobre el comercio ganadero con Chile y, al mismo tiempo, sobre sus vínculos con otros espacios del interior y del litoral argentino. Investigaciones de la Universidad Nacional de Cuyo remarcan que la provincia articulaba circuitos comerciales con Chile como mercado consumidor y con otras regiones argentinas como proveedoras o compradoras de distintos bienes. La imagen, aunque breve, resulta muy reveladora. El uso de una tipografía destacada en el título, la referencia explícita a los “libros de la Aduana” y la separación entre “Litoral” y “Chile” muestran una intención clara: exhibir de manera sintética cuáles eran los ejes comerciales fundamentales de Mendoza en ese momento. También deja ver algo importante: en 1871 la provincia todavía pensaba su economía en clave de corredor transcordillerano y de conexión con los mercados del este argentino. Ese dato no sorprende si se recuerda la larga historia de Mendoza como espacio de enlace entre ambos lados de los Andes. Aun después de la ruptura administrativa con Chile en tiempos virreinales, la relación económica, social y comercial con el mundo trasandino siguió siendo decisiva. Estudios recientes sobre la estatalidad mendocina recuerdan justamente que Mendoza había sido durante siglos una plaza estrechamente vinculada con Chile, y que esa gravitación no desapareció con la nueva organización política. Por eso, este pequeño recorte vale mucho más de lo que parece. Resume en pocas líneas una verdad central de la historia económica mendocina: en 1871, la provincia vivía mirando a dos grandes horizontes comerciales. Hacia el este, el litoral argentino; hacia el oeste, Chile. Entre ambos polos, Mendoza consolidaba su identidad como territorio de paso, de aduana, de intercambio y de frontera activa, mucho antes de que la vitivinicultura moderna terminara de redefinir su perfil productivo. #Mendoza1871 #HistoriaDeMendoza #MercadosDeMendoza #ChileYMendoza #LitoralArgentino #Aduana #ComercioHistórico #MendozaAntigua #HistoriaEconómica #MendozaHistory #EconomicHistory #HistoricTrade #ArgentinaChile #AndeanTrade #ArchiveHistory #NostalgiaCore, #Throwback, #TBT, #ThrowbackThursday, #Vintage, #Retro, #VintagePhotography, #HistoricalPhotos, #HistoricPhotos, #ArchivePhoto, #ArchivalPhoto, #OnThisDay, #TodayInHistory, #ThisDayInHistory, #OTD
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sábado, 4 de abril de 2026
Cuando el tren trepaba la cordillera: la impactante postal del ferrocarril a Bolivia en la Jujuy de 1900
Esta extraordinaria fotografía, tomada en Jujuy hacia 1900, muestra una de las escenas más fascinantes del viejo ferrocarril hacia Bolivia: una locomotora a vapor avanzando por una vía angosta entre cerros y laderas escarpadas, en plena geografía del norte andino argentino. La imagen pertenece a una etapa temprana de expansión ferroviaria en la provincia, cuando el tendido que más tarde integraría el sistema del Ferrocarril General Belgrano comenzaba a transformar para siempre la conexión entre el noroeste argentino y la frontera boliviana. La escena es de una fuerza visual notable. Se ve la locomotora detenida o avanzando lentamente sobre una curva de montaña, lanzando una columna de vapor que contrasta con la aspereza del paisaje. Varios hombres posan sobre la máquina y junto a ella, probablemente personal ferroviario o viajeros, mientras el pequeño convoy se recorta contra un terreno abrupto, pedregoso y de gran pendiente. No es solo una foto técnica: es una imagen épica del ferrocarril enfrentándose a la geografía más dura del país. Conviene hacer una precisión histórica: hacia ca. 1900 este ferrocarril todavía no se llamaba General Belgrano, denominación que recién aparecería tras la nacionalización ferroviaria de 1948-1949. En aquella época, el ramal formaba parte del proceso de expansión del Ferrocarril Central Norte y de los Ferrocarriles del Estado, que avanzaban hacia la frontera jujeña. Las investigaciones históricas sobre la línea jujeña muestran que la conexión ferroviaria con la frontera boliviana fue una obra estratégica para la provincia. Estudios académicos de la Universidad Nacional de Jujuy subrayan que el Ferrocarril Central Norte tuvo un papel decisivo en la articulación económica y territorial de Jujuy entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, vinculando mercados, impulsando pueblos y reforzando la idea de progreso en una región hasta entonces más aislada. También hay consenso en que la línea hacia La Quiaca avanzó justamente en esos años y que la llegada plena a la frontera quedó consolidada pocos años después, con la inauguración oficial del tramo hasta La Quiaca en 1908, consolidando la conexión ferroviaria internacional con Bolivia. Por eso, esta imagen vale muchísimo más que como postal antigua. Es el retrato de una época en la que el tren no solo transportaba pasajeros y cargas: también llevaba Estado, comercio, comunicación y modernidad a las alturas jujeñas. En esa locomotora de vapor, detenida entre cerros, viaja una parte fundamental de la historia del norte argentino. #TrenABolivia #Jujuy #FerrocarrilCentralNorte #HistoriaArgentina #QuebradaDeHumahuaca #Ferrocarril #PatrimonioFerroviario #ArchivoHistórico #MemoriaGráfica #NorteArgentino #TrainToBolivia #JujuyHistory #RailwayHistory #HistoricRailway #SteamLocomotive #AndeanRailway #MountainRailroad #ArchivePhoto #ArgentineHistory #MendozAntigua #Vintage, #VintageStyle, #VintagePhotography, #Retro, #RetroVibes, #OldSchool, #Nostalgia, #VintageAesthetic
viernes, 3 de abril de 2026
La Navidad que trajo una locomotora y cambió la historia argentina
Mientras todavía avanzaban las obras del primer ferrocarril del país, el 25 de diciembre de 1856 llegó al puerto de Buenos Aires la locomotora que se volvería legendaria: La Porteña, destinada a la flamante línea del Ferrocarril Oeste. Había sido fabricada en Leeds, Inglaterra, por E. B. Wilson & Company / The Railway Foundry, y pocos meses después quedaría unida para siempre al viaje inaugural que enlazó la estación del Parque con La Floresta, abriendo una nueva era para el transporte argentino. Alrededor de su origen, sin embargo, persiste una vieja polémica histórica. Raúl Scalabrini Ortiz sostuvo que la máquina había sido construida para la India y utilizada en el sitio de Sebastopol, durante la Guerra de Crimea, hipótesis con la que intentó explicar incluso la adopción local de la trocha ancha. Pero otros investigadores, como Julio A. Luqui Lagleyze y Vicente Osvaldo Cutolo, rechazaron esa versión por incompatibilidades de fechas y de trocha. Aun así, la memoria oficial reciente del Estado argentino sigue mencionando que La Porteña había sido fabricada en Gran Bretaña y usada en la guerra de Crimea, de modo que el debate continúa abierto en la historiografía ferroviaria. Lo indiscutible es su peso simbólico. Tras arribar al puerto, la locomotora fue trasladada hasta la estación en un carro tirado por 30 bueyes, alcanzaba cerca de 25 km/h, pesaba unos 15.750 kilos y permaneció en servicio hasta 1889, antes de quedar para maniobras. Hoy se conserva como una de las piezas más valiosas de la historia del transporte argentino en el Museo de Transportes del Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo, en Luján. #LaPorteña #FerrocarrilOeste #HistoriaArgentina #PrimerFerrocarril #BuenosAires #PatrimonioFerroviario #Leeds #Locomotora #RailwayHistory #TrainHistory #SteamLocomotive #ArgentineHistory #RailwayHeritage #VintageTransport #MendozAntigua Sobre la idea de que hubiera sido una máquina “obsoleta” comprada como descarte, no encontramos en las fuentes más firmes una confirmación concluyente, así que preferimos no presentarlo como un hecho cerrado. #VintagePhotography #HistoryLovers #ArgentinaHistory #ArchivalGold #OldWorldCharm
miércoles, 25 de marzo de 2026
Cuando Buenos Aires quiso matar con higiene: la historia de los Nuevos Mataderos que cambiaron para siempre el mapa de la carne
A fines del siglo XIX, Buenos Aires empezó a entender que el problema de los mataderos no era solo económico: también era sanitario, urbano y político. En una ciudad que ya avanzaba con obras de aguas corrientes y cloacas, la fiscalización de la carne vacuna pasó a ocupar un lugar cada vez más importante en la agenda pública. De esa preocupación nació la idea de levantar un establecimiento moderno, capaz de garantizar mejores condiciones de faena, controlar el estado del ganado y abastecer al mercado con un producto más seguro para la población. El paso decisivo llegó en 1888, durante la intendencia de Antonio F. Crespo, cuando el Concejo Deliberante acordó con la firma Juan C. Boerr y Cía. la concesión para construir y explotar por su cuenta los nuevos mataderos en la zona que ya empezaba a ser conocida como Liniers. El lugar elegido era entonces casi un descampado: campos abiertos, arbustos, abundante pasto y el curso del arroyo Cildáñez, en un sector alejado del centro urbano pero bien ubicado para la llegada de hacienda desde el sudoeste bonaerense. El contrato fijaba que la planta se levantaría sobre 20 hectáreas de propiedad de la empresa, que pasarían al municipio al cabo de veinte años. En marzo de 1889, Juan C. Boerr y Cía. constituyó la Sociedad Anónima Nuevos Mataderos Públicos de la Capital, que tomó a su cargo la concesión y la obra. Poco después, el 14 de abril de 1889, se colocó la piedra fundamental del establecimiento. Alrededor de esas instalaciones comenzó a nacer el futuro barrio de Nueva Chicago, luego llamado Mataderos, cuya identidad quedó unida para siempre a la industria de la carne. La propia Ciudad de Buenos Aires recuerda que fue precisamente alrededor de los nuevos mataderos donde empezó a formarse el barrio. Sin embargo, el proyecto no avanzó sin obstáculos. La crisis de 1889-1890 demoró seriamente las obras, generó litigios y obligó a renegociar plazos y condiciones. Aun así, el emprendimiento siguió adelante y terminó consolidándose con el tiempo. Según la historia del barrio y del mercado, el 21 de marzo de 1900 comenzaron a funcionar los nuevos mataderos para la faena de vacunos, y el 1.º de mayo de 1901 el lugar empezó a operar oficialmente con instalaciones más completas; poco después se ampliaron también las capacidades para lanares y porcinos. El cambio fue enorme, aunque no perfecto. Los Nuevos Mataderos significaron un salto organizativo y sanitario frente a los viejos corrales del sur, pero también dejaron sus propias huellas: la sangre y los residuos corrían hacia el Cildáñez, que no tardó en ganarse el apodo de “arroyo de la sangre”. Aun así, esas instalaciones marcaron el comienzo de una nueva etapa en el abastecimiento porteño y reordenaron el sur-oeste de la ciudad, dando origen a un barrio entero que viviría alrededor del trabajo, la hacienda y el mercado. Más que una obra de infraestructura, los Nuevos Mataderos fueron una pieza clave en la transformación urbana de Buenos Aires. #NuevosMataderos #Liniers #NuevaChicago #BuenosAires #HistoriaPorteña #MercadoDeHacienda #Cildañez #Patrimonio #Memoria #MendozAntigua
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