domingo, 8 de agosto de 2021

20 de Marzo de 1861 - El día en que Mendoza se vino abajo: el sabio francés que advirtió el desastre… y murió bajo sus ruinas


El 20 de marzo de 1861, a las 20:36, Mendoza sufrió el terremoto más devastador de su historia registrada, una catástrofe que arrasó casi por completo la ciudad y dejó una huella imborrable en la memoria provincial. Las cifras varían según la fuente: hay registros oficiales que hablan de 4.247 muertos y cerca de 1.000 heridos sobre una población estimada en 11.500 habitantes, mientras que el Observatorio Sismológico del CONICET-UNSJ calcula que murió alrededor de un tercio de una población de 18.000 personas. Lo indiscutible es el tamaño de la tragedia: el sismo no solo derrumbó edificios e iglesias, sino que además desató incendios, caos y una sensación de horror que marcaría durante generaciones a los mendocinos. A esa historia se le suma una figura que con el tiempo se volvió casi legendaria: el científico francés Pierre Joseph Auguste Bravard. Contratado en la Argentina en la década de 1850, fue nombrado por Justo José de Urquiza como Inspector General de Minas y director del Museo de la Confederación en Paraná. En 1861 fue requerido en Cuyo para estudiar la geología precordillerana y la actividad sísmica de la región. Trabajos académicos sobre su trayectoria sostienen que Bravard “previó la inestabilidad tectónica” de la zona andina antes del terremoto fatal. Dicho de otro modo: entendió que Mendoza estaba asentada sobre un territorio peligroso y alcanzó a advertirlo, aunque las fuentes disponibles no permiten reconstruir con total precisión el alcance exacto y la forma final de esa advertencia. La ironía fue terrible: Bravard terminó siendo una de las víctimas del mismo desastre que había contribuido a comprender. Y después del golpe vino algo casi igual de feroz: incendios que ardieron durante días, epidemias, saqueos, desorientación política y una ciudad colonial que quedó prácticamente sepultada. El terremoto de 1861 no fue solo una desgracia natural; fue el gran quiebre que partió en dos la historia mendocina. La vieja ciudad quedó enterrada para siempre y, desde 1863, comenzó a proyectarse una nueva Mendoza con calles más anchas, plazas y criterios urbanos pensados también para responder mejor ante futuros sismos. Por eso, recordar este episodio no es solo hablar de ruinas y muertos. Es volver al momento en que Mendoza entendió, de la forma más brutal posible, que vivir al pie de la cordillera también implicaba convivir con la amenaza sísmica. Y es rescatar la memoria de Bravard, el hombre que leyó señales que muchos no quisieron tomar en serio, en una época en que todavía demasiados creían que los terremotos eran castigos del cielo y no fenómenos que la ciencia empezaba, lentamente, a explicar. #Terremoto1861 #Mendoza #AugusteBravard #HistoriaMendocina #Memoria #Sismos #Catastrofe #Cordillera #Efemerides #MendozAntigua




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