Durante más de un siglo, en una zona que entonces quedaba lejos del corazón urbano de Buenos Aires, se levantó una construcción destinada a guardar uno de los materiales más temidos de su tiempo: la pólvora. Su historia comenzó el 8 de marzo de 1781, cuando se inició la construcción de los edificios del futuro Polvorín de Flores utilizando maderas y ladrillos procedentes de antiguas construcciones vinculadas a las tierras que habían ocupado los jesuitas antes de su expulsión en 1767. El complejo estaba compuesto inicialmente por dos almacenes y dependencias para la guardia, y el 1º de diciembre de 1784 el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo designó a Francisco Belbezet como comandante del establecimiento, que recibió pólvora procedente de otros depósitos. En sus primeros años fue conocido como Polvorín de los Hornos de la Residencia y posteriormente aparecieron denominaciones como Pólvora de Juan Diego Flores, Pólvora de Flores y, finalmente, Polvorín de Flores. Se encontraba aproximadamente en el espacio delimitado hoy por las avenidas Asamblea y Eva Perón, Emilio Mitre y Curapaligüe, en terrenos que terminarían formando parte del actual Parque Chacabuco. Su ubicación, originalmente alejada de la ciudad, dejó de parecer tan segura a medida que San José de Flores crecía y las viviendas avanzaban hacia aquellos campos. El polvorín quedó incluso ligado a las Invasiones Inglesas: Juan Manuel Beruti registró que el 4 de agosto de 1806 soldados británicos intentaron inutilizar parte de la pólvora antes de la Reconquista, arrojándola a un pozo y mezclándola con tierra; según su relato, una posterior combustión alcanzó el depósito y provocó la muerte de más de veinte hombres y numerosos heridos. Décadas después, el establecimiento continuaba funcionando y almacenando enormes cantidades de material: en 1823 se mencionaban unos 900 quintales de pólvora. El Estado terminó adquiriendo los terrenos y, mientras la población circundante crecía, también aumentaba el temor. En 1846 un incendio en campos vecinos llegó a amenazar las instalaciones, pero la rápida actuación de la guardia evitó una catástrofe. En 1879, lejos de abandonarlo, el Gobierno Nacional dispuso distribuir pólvora y explosivos entre los depósitos de Cueli, Maldonado y Flores, reservando este último para pólvora y municiones de guerra por sus buenas condiciones. Se construyeron terraplenes protectores y se sembraron alfalfares alrededor para reducir el riesgo de incendios, medidas que contribuyeron a darle fama de establecimiento seguro. Entonces ocurrió el episodio que deformaría su historia durante más de un siglo. El miércoles 26 de enero de 1898 una explosión estremeció Buenos Aires y fue percibida en numerosos puntos de la ciudad. En las primeras horas corrió la noticia de que había explotado el Polvorín de Flores. Tropas, autoridades y periodistas se dirigieron hacia allí, pero al llegar encontraron la guardia cumpliendo sus funciones y el establecimiento intacto. La verdadera catástrofe había sucedido varios kilómetros más al norte, en la llamada Fábrica Nacional de Pólvora de Juan Minelli y Luis Fontana, una empresa privada ubicada aproximadamente en la zona de avenida de los Constituyentes y Chorroarín, próxima a los terrenos que posteriormente ocuparía Agronomía. Los diarios de la época corrigieron rápidamente la ubicación, pero el error sobrevivió y terminó incorporándose a numerosas historias del barrio e incluso a publicaciones institucionales. La investigación del historiador Mauro A. Fernández, basada en periódicos contemporáneos, documentación municipal y antecedentes reunidos por Arnaldo Cunietti Ferrando y Osvaldo Sidoli, permitió reconstruir con precisión aquel verdadero “big bang inexistente” del Polvorín de Flores. Su final real fue mucho menos espectacular. El 11 de diciembre de 1899 la Municipalidad comenzó a gestionar los terrenos para destinarlos a un paseo público y, en 1902, avanzó definitivamente sobre la compra y el traslado del depósito, considerado ya demasiado peligroso para una ciudad que había crecido a su alrededor. El 15 de mayo de 1903 una ordenanza estableció el trazado y el nombre del Parque Chacabuco, homenaje a la victoria de San Martín y el Ejército de los Andes del 12 de febrero de 1817. El célebre paisajista Carlos Thays elaboró en 1906 uno de los primeros planos del nuevo espacio verde, proyectado también para actividades físicas y deportivas. Y aquí aparece otra corrección importante respecto de la leyenda: los viejos edificios del polvorín todavía existían cuando el parque ya había sido creado. Las memorias municipales registran que recién en 1908 fueron demolidos los antiguos depósitos y el cuerpo de guardia; parte de sus materiales y escombros fue reutilizada en los caminos interiores. En 1909 continuaron las obras de apertura de calles, plantaciones, canchas, tribunas y espacios deportivos. Así, el actual Parque Chacabuco no nació sobre las ruinas de la famosa explosión de 1898, sino mediante un lento proceso de traslado, compra, demolición y transformación urbana. Donde durante generaciones se almacenaron toneladas de pólvora terminaron creciendo árboles, senderos, jardines y espacios deportivos. Y detrás de uno de los grandes parques porteños quedó sepultada una historia extraordinaria: la de un polvorín colonial que atravesó invasiones, incendios, guerras y más de un siglo de expansión urbana, para terminar convertido en un parque mientras una explosión ocurrida en otro lugar se transformaba, paradójicamente, en la leyenda más famosa de su existencia. Fuentes consultadas: Mauro A. Fernández, “Explosión en el Polvorín de Flores: un Big-Bang inexistente”, publicado en Historias de la Ciudad (2005), con documentación municipal, referencias del Archivo General de la Nación y periódicos de 1898; Biblioteca del Congreso de la Nación, compilación histórica sobre los barrios porteños; y Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, antecedentes de Parque Chacabuco. La investigación documental de Fernández cuestiona la versión tradicional que ubicaba en el Polvorín de Flores la explosión de enero de 1898. #BuenosAires #ParqueChacabuco #PolvorínDeFlores #Flores #BuenosAiresAntigua #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #CarlosThays #InvasionesInglesas #PatrimonioHistorico #MemoriaUrbana #Argentina #BuenosAiresHistory #ArgentineHistory #HistoricBuenosAires #ParqueChacabuco #UrbanHistory #HistoricalBuenosAires #Heritage #HistoryLovers
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viernes, 2 de octubre de 2026
EL POLVORÍN QUE BUENOS AIRES CREYÓ VER VOLAR POR LOS AIRES: SOBREVIVIÓ AL GRAN ESTALLIDO DE 1898 Y SOBRE SUS TIERRAS NACIÓ PARQUE CHACABUCO
Durante más de un siglo, en una zona que entonces quedaba lejos del corazón urbano de Buenos Aires, se levantó una construcción destinada a guardar uno de los materiales más temidos de su tiempo: la pólvora. Su historia comenzó el 8 de marzo de 1781, cuando se inició la construcción de los edificios del futuro Polvorín de Flores utilizando maderas y ladrillos procedentes de antiguas construcciones vinculadas a las tierras que habían ocupado los jesuitas antes de su expulsión en 1767. El complejo estaba compuesto inicialmente por dos almacenes y dependencias para la guardia, y el 1º de diciembre de 1784 el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo designó a Francisco Belbezet como comandante del establecimiento, que recibió pólvora procedente de otros depósitos. En sus primeros años fue conocido como Polvorín de los Hornos de la Residencia y posteriormente aparecieron denominaciones como Pólvora de Juan Diego Flores, Pólvora de Flores y, finalmente, Polvorín de Flores. Se encontraba aproximadamente en el espacio delimitado hoy por las avenidas Asamblea y Eva Perón, Emilio Mitre y Curapaligüe, en terrenos que terminarían formando parte del actual Parque Chacabuco. Su ubicación, originalmente alejada de la ciudad, dejó de parecer tan segura a medida que San José de Flores crecía y las viviendas avanzaban hacia aquellos campos. El polvorín quedó incluso ligado a las Invasiones Inglesas: Juan Manuel Beruti registró que el 4 de agosto de 1806 soldados británicos intentaron inutilizar parte de la pólvora antes de la Reconquista, arrojándola a un pozo y mezclándola con tierra; según su relato, una posterior combustión alcanzó el depósito y provocó la muerte de más de veinte hombres y numerosos heridos. Décadas después, el establecimiento continuaba funcionando y almacenando enormes cantidades de material: en 1823 se mencionaban unos 900 quintales de pólvora. El Estado terminó adquiriendo los terrenos y, mientras la población circundante crecía, también aumentaba el temor. En 1846 un incendio en campos vecinos llegó a amenazar las instalaciones, pero la rápida actuación de la guardia evitó una catástrofe. En 1879, lejos de abandonarlo, el Gobierno Nacional dispuso distribuir pólvora y explosivos entre los depósitos de Cueli, Maldonado y Flores, reservando este último para pólvora y municiones de guerra por sus buenas condiciones. Se construyeron terraplenes protectores y se sembraron alfalfares alrededor para reducir el riesgo de incendios, medidas que contribuyeron a darle fama de establecimiento seguro. Entonces ocurrió el episodio que deformaría su historia durante más de un siglo. El miércoles 26 de enero de 1898 una explosión estremeció Buenos Aires y fue percibida en numerosos puntos de la ciudad. En las primeras horas corrió la noticia de que había explotado el Polvorín de Flores. Tropas, autoridades y periodistas se dirigieron hacia allí, pero al llegar encontraron la guardia cumpliendo sus funciones y el establecimiento intacto. La verdadera catástrofe había sucedido varios kilómetros más al norte, en la llamada Fábrica Nacional de Pólvora de Juan Minelli y Luis Fontana, una empresa privada ubicada aproximadamente en la zona de avenida de los Constituyentes y Chorroarín, próxima a los terrenos que posteriormente ocuparía Agronomía. Los diarios de la época corrigieron rápidamente la ubicación, pero el error sobrevivió y terminó incorporándose a numerosas historias del barrio e incluso a publicaciones institucionales. La investigación del historiador Mauro A. Fernández, basada en periódicos contemporáneos, documentación municipal y antecedentes reunidos por Arnaldo Cunietti Ferrando y Osvaldo Sidoli, permitió reconstruir con precisión aquel verdadero “big bang inexistente” del Polvorín de Flores. Su final real fue mucho menos espectacular. El 11 de diciembre de 1899 la Municipalidad comenzó a gestionar los terrenos para destinarlos a un paseo público y, en 1902, avanzó definitivamente sobre la compra y el traslado del depósito, considerado ya demasiado peligroso para una ciudad que había crecido a su alrededor. El 15 de mayo de 1903 una ordenanza estableció el trazado y el nombre del Parque Chacabuco, homenaje a la victoria de San Martín y el Ejército de los Andes del 12 de febrero de 1817. El célebre paisajista Carlos Thays elaboró en 1906 uno de los primeros planos del nuevo espacio verde, proyectado también para actividades físicas y deportivas. Y aquí aparece otra corrección importante respecto de la leyenda: los viejos edificios del polvorín todavía existían cuando el parque ya había sido creado. Las memorias municipales registran que recién en 1908 fueron demolidos los antiguos depósitos y el cuerpo de guardia; parte de sus materiales y escombros fue reutilizada en los caminos interiores. En 1909 continuaron las obras de apertura de calles, plantaciones, canchas, tribunas y espacios deportivos. Así, el actual Parque Chacabuco no nació sobre las ruinas de la famosa explosión de 1898, sino mediante un lento proceso de traslado, compra, demolición y transformación urbana. Donde durante generaciones se almacenaron toneladas de pólvora terminaron creciendo árboles, senderos, jardines y espacios deportivos. Y detrás de uno de los grandes parques porteños quedó sepultada una historia extraordinaria: la de un polvorín colonial que atravesó invasiones, incendios, guerras y más de un siglo de expansión urbana, para terminar convertido en un parque mientras una explosión ocurrida en otro lugar se transformaba, paradójicamente, en la leyenda más famosa de su existencia. Fuentes consultadas: Mauro A. Fernández, “Explosión en el Polvorín de Flores: un Big-Bang inexistente”, publicado en Historias de la Ciudad (2005), con documentación municipal, referencias del Archivo General de la Nación y periódicos de 1898; Biblioteca del Congreso de la Nación, compilación histórica sobre los barrios porteños; y Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, antecedentes de Parque Chacabuco. La investigación documental de Fernández cuestiona la versión tradicional que ubicaba en el Polvorín de Flores la explosión de enero de 1898. #BuenosAires #ParqueChacabuco #PolvorínDeFlores #Flores #BuenosAiresAntigua #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #CarlosThays #InvasionesInglesas #PatrimonioHistorico #MemoriaUrbana #Argentina #BuenosAiresHistory #ArgentineHistory #HistoricBuenosAires #ParqueChacabuco #UrbanHistory #HistoricalBuenosAires #Heritage #HistoryLovers
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