sábado, 3 de octubre de 2026

2 DE OCTUBRE DE 1965: VALLE GRANDE, EL GIGANTE DE HORMIGÓN QUE DOMÓ LAS AGUAS DEL ATUEL Y TRANSFORMÓ PARA SIEMPRE EL SUR MENDOCINO


El 2 de octubre de 1965, San Rafael vivió una de aquellas jornadas destinadas a quedar grabadas en la historia de Mendoza: con la presencia del presidente de la Nación Arturo Umberto Illia, el vicepresidente Carlos Perette, el gobernador Francisco Gabrielli, el intendente sanrafaelino Tulio Angrimán y autoridades nacionales y provinciales, quedó oficialmente inaugurada la monumental presa de Valle Grande, una obra que cambió para siempre la relación del sur mendocino con las aguas del río Atuel. La construcción había comenzado a fines de la década de 1950 y estuvo a cargo de Sollazzo Hermanos S.A., sobre un proyecto de Agua y Energía Eléctrica. Durante la ceremonia, dos antiguos trabajadores de la obra tuvieron el honor de izar la Bandera Nacional, se entonaron las estrofas del Himno, pronunciaron discursos las autoridades y se descubrió una placa conmemorativa, tras lo cual la comitiva recorrió la gigantesca estructura y llegó hasta su coronamiento para contemplar el extraordinario paisaje del embalse y del Cañón del Atuel. Aquella mole de hormigón de contrafuertes, del tipo Noetzli-Alcorta, alcanza aproximadamente 115 metros de altura y 300 metros de longitud en su coronamiento, empleó unos 700.000 metros cúbicos de hormigón y posee una capacidad de embalse del orden de los 168 hectómetros cúbicos según la ficha técnica actual del Organismo Regulador de Seguridad de Presas. Valle Grande pasó a desempeñar un papel fundamental en la regulación del Atuel, el aprovechamiento del agua para riego y el sistema hidroeléctrico de Los Nihuiles, al tiempo que modificó profundamente el paisaje y abrió una nueva etapa para el turismo sanrafaelino. Conviene precisar que la central ubicada junto a esta presa es Nihuil IV: la instalación hidroeléctrica actual, de unos 30 MW, fue incorporada posteriormente y entró en funcionamiento décadas después de aquella histórica inauguración, por lo que no debe confundirse con la central Nihuil I vinculada al embalse El Nihuil. Con el paso del tiempo, lo que nació como una extraordinaria obra hidráulica terminó convirtiéndose además en uno de los grandes emblemas turísticos de Mendoza: sus aguas verde turquesa, las paredes rocosas del cañón y el serpenteante curso del Atuel forman hoy una de las imágenes más reconocibles de San Rafael, escenario de rafting, kayak, navegación y numerosas actividades de aventura. Más de seis décadas después, Valle Grande continúa siendo mucho más que un dique: es la huella monumental de una época en la que ingeniería, agua y territorio transformaron el corazón del sur mendocino. #MendozAntigua #ValleGrande #SanRafael #Mendoza #RioAtuel #CañonDelAtuel #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #ArturoIllia #FranciscoGabrielli #IngenieriaArgentina #PatrimonioMendocino #DiqueValleGrande #MendozaHistory #ArgentineHistory #ValleGrandeDam #AtuelRiver #SanRafaelMendoza #HistoricMendoza #EngineeringHistory - Fuentes: Organismo Regulador de Seguridad de Presas, ficha técnica oficial del Dique Valle Grande; Gobierno de Mendoza, información sobre el Sistema Hidroeléctrico Los Nihuiles y Nihuil IV; Diario UNO y fuentes históricas de San Rafael sobre la inauguración oficial del 2 de octubre de 1965; y registros oficiales nacionales que confirman que Arturo Illia asumió la Presidencia el 12 de octubre de 1963.


3 DE OCTUBRE DE 1629 - UNA FIRMA EN CHARCAS QUE MARCÓ A BUENOS AIRES: LA HISTÓRICA APROBACIÓN DE SU CATEDRAL


El 3 de octubre de 1629 quedó registrada una fecha fundamental en los primeros tiempos de la organización eclesiástica de Buenos Aires: el Concilio Provincial reunido en la ciudad de La Plata —la antigua capital de Charcas, actual Sucre, Bolivia, y no la actual ciudad bonaerense de La Plata— aprobó la erección de la Iglesia Catedral de Buenos Aires que años antes había dispuesto fray Pedro Carranza, primer obispo de la nueva diócesis del Río de la Plata. Carranza, carmelita sevillano nombrado por el papa Paulo V el 6 de abril de 1620, había llegado a Buenos Aires en enero de 1621 y encontró una población pequeña, de apenas un centenar de casas, cuya iglesia matriz presentaba condiciones extremadamente precarias. En ese escenario, muy distante de la monumental Catedral Metropolitana que conocemos actualmente, el 12 de mayo de 1622 dictó el auto por el cual erigió formalmente aquella iglesia como Catedral bajo la advocación de la Santísima Trinidad, organizando además su cabildo eclesiástico, dignidades, ministros, culto y administración de las rentas y diezmos. El documento fue proclamado solemnemente el domingo 26 de junio de 1622 ante autoridades civiles y religiosas y numerosos habitantes de la ciudad. Siete años más tarde, durante el Concilio Provincial de Charcas al que el propio Carranza viajó, aquella organización recibió una aprobación trascendental: el 3 de octubre de 1629 el Concilio de La Plata sancionó la erección con determinadas restricciones. Una antigua publicación documental conservó incluso el encabezamiento que identifica inequívocamente la jornada: “Erección de la Santa Yglesia Cathedral de esta Ciudad… aprobada por el Concilio Provincial… en tres de Octubre de 1629”. Pero la historia material del documento es todavía más fascinante. Lo que hoy puede rastrearse con precisión en España no debe confundirse con un supuesto original intacto de 1622 o 1629: el Archivo General de Indias conserva dentro de la serie Audiencia de Buenos Aires un testimonio posterior fechado el 17 de junio de 1769, realizado por Antonio de Herrera, notario mayor del Obispado, que reproduce la erección y la aprobación del Concilio. La referencia archivística señalada por distintas investigaciones es AGI, Buenos Aires, legajo 601. Estudios especializados confirman que allí se encuentra esa copia y que existen además otros testimonios relacionados con aquel expediente. El dato encaja plenamente con la propia organización del Archivo General de Indias: los legajos 593 a 625 de la Audiencia de Buenos Aires corresponden precisamente a documentación eclesiástica fechada entre 1548 y 1819. También es importante una última precisión histórica: la aprobación conciliar de 1629 fue decisiva dentro del ordenamiento eclesiástico, pero durante los siglos siguientes continuaron discusiones jurídicas con la Corona acerca de la validez y aplicación de algunas disposiciones, especialmente las relacionadas con el reparto de los diezmos. Por eso aquel 3 de octubre no representa simplemente una ceremonia religiosa, sino una pieza de un proceso institucional mucho más complejo que comenzó cuando Buenos Aires era todavía una pequeña ciudad colonial y que dejó rastros documentales que, casi cuatro siglos después, permiten reconstruir paso a paso el nacimiento de una de las instituciones religiosas más antiguas de la capital argentina. #BuenosAires #HistoriaArgentina #CatedralMetropolitana #CatedralDeBuenosAires #FrayPedroCarranza #HistoriaColonial #Charcas #ArchivoGeneralDeIndias #DocumentosHistóricos #Efemérides #PatrimonioHistórico #MendozAntigua #ArgentineHistory #BuenosAiresHistory #ColonialHistory #HistoricalDocuments #CathedralHistory #Archives. Fuentes consultadas: Arzobispado de Buenos Aires; José Torre Revello en Archivum de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina; Documentos y planos relativos al período edilicio colonial de Buenos Aires; estudio de Cándido P. Guerrero Soriano, Universidad de Sevilla; Archivo General de Indias, Audiencia de Buenos Aires, especialmente legajo 601 y serie eclesiástica 593-625; y Museo Histórico Nacional. En conjunto, estas fuentes documentan la erección de la Catedral por fray Pedro Carranza en 1622, su aprobación por el Concilio Provincial de Charcas el 3 de octubre de 1629 y la conservación posterior de testimonios documentales vinculados al proceso.


3 DE OCTUBRE DE 1772: SAN CARLOS NACIÓ AL ABRIGO DE UN FUERTE Y ABRIÓ UNA NUEVA PÁGINA EN LA HISTORIA DE MENDOZA


El 3 de octubre de 1772, quedó formalmente fundada la Villa de San Carlos, uno de los acontecimientos decisivos en la ocupación y organización colonial del Valle de Uco y origen histórico del departamento más antiguo de Mendoza. Dos años antes, en 1770, se había levantado en el paraje conocido como La Isla el Fuerte de San Carlos, una avanzada militar de la frontera meridional mendocina que no sólo cumplía funciones defensivas, sino que se encontraba en un territorio donde convivían el conflicto, el comercio, la negociación y los acuerdos entre las autoridades hispanocriollas y distintos grupos indígenas. Aquel 3 de octubre, el corregidor de Cuyo Juan Manuel Ruiz se reunió en el fuerte con autoridades civiles, militares y religiosas para dar forma al nuevo poblado. Entre quienes aparecen vinculados a aquella jornada se encontraban el comandante Gregorio Morel, el capitán e ingeniero José Almeida Gordan y el cura vicario del Valle de Uco Gregorio Álvarez. Ruiz presentó y aprobó el trazado de la futura villa, que debía extenderse hacia el oeste del fuerte, inmediata a sus murallas y bajo la protección de su artillería. Se dispuso entonces la medición del terreno, la organización de la plaza y las calles, la distribución de solares destinados a las viviendas y de cuadras para quintas, siguiendo los principios urbanos empleados por la administración española. No se trataba simplemente de levantar algunas casas: la intención era concentrar a una población hasta entonces dispersa por el valle y establecer un núcleo permanente capaz de articular autoridades, producción, comunicaciones y vida religiosa. Documentación posterior muestra que pocos días después continuó el reparto de tierras entre los nuevos pobladores. Con el paso de los años, aquella pequeña villa de ranchos y chacras se transformaría en uno de los centros fundamentales del Valle de Uco y sería escenario de nuevos capítulos de la historia mendocina, entre ellos el célebre Parlamento de San Martín con caciques pehuenches en 1816, antes de la campaña libertadora. El propio documento fundacional posee además una historia fascinante: durante décadas se supo que el manuscrito original se conservaba en el Archivo Histórico de Córdoba y en 2014 se realizaron gestiones para conseguir su traslado a Mendoza. Aunque inicialmente se anunció que San Carlos recuperaría aquella verdadera “partida de nacimiento”, las informaciones publicadas posteriormente aclararon que el original permaneció en Córdoba por razones de conservación y que se entregaron copias y otra documentación colonial vinculada con la historia sancarlina. Hoy, 254 años después de aquella jornada de 1772, San Carlos conserva en su territorio y en su memoria las huellas de aquel pequeño asentamiento levantado junto a una fortaleza: una villa nacida en los límites de la Mendoza colonial que terminaría convirtiéndose en una de las comunidades históricas más antiguas y emblemáticas de la provincia. #SanCarlos #Mendoza #ValleDeUco #HistoriaDeMendoza #Efemérides #3DeOctubre #VillaDeSanCarlos #FuerteSanCarlos #MendozAntigua #HistoriaArgentina #PatrimonioHistorico #MemoriaHistorica #SanCarlosMendoza #MendozaHistory #ArgentineHistory #ValleDeUco #HistoricalHeritage #LocalHistory #OnThisDay #ArgentinaHistory. Fuentes consultadas: Dirección General de Escuelas de Mendoza, Honorable Cámara de Diputados de Mendoza, material histórico-educativo provincial, investigaciones académicas del CONICET y crónicas de Los Andes y Diario UNO sobre la fundación de la Villa de San Carlos, su trazado, reparto de tierras y la historia archivística del acta fundacional.


1897: LA TORRE QUE DOMINABA MENDOZA — EL RELOJ PERDIDO DE PLAZA COBO QUE MARCÓ UNA ÉPOCA


En 1897, cuando la Ciudad de Mendoza todavía estaba construyendo la identidad urbana nacida después del devastador terremoto de 1861, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli apuntó su cámara hacia uno de los símbolos más reconocibles de aquella capital en transformación: la monumental torre del reloj de la entonces Plaza Cobo, actual Plaza San Martín. La extraordinaria fotografía que llegó hasta nuestros días figura en el archivo de la ETH-Bibliothek de Zúrich con el título original alemán “Mendoza, Plaza mit Turm” —“Mendoza, plaza con torre”— y fue realizada sobre una diapositiva de vidrio de apenas 8,5 x 10 centímetros. La plaza formaba parte del nuevo trazado urbano proyectado después del terremoto por Julio Balloffet y desde 1863 llevaba el nombre de Cobo, en homenaje a Juan Francisco Cobo, recordado por haber introducido el álamo en Mendoza. Hacia 1879 la Municipalidad decidió adquirir un gran reloj público destinado a prestar un servicio fundamental a una ciudad en crecimiento, y para alojarlo se levantó una elevada torre en el centro del paseo. Finalmente inaugurada en 1883, poseía cuatro esferas visibles desde distintos puntos del entorno y sus campanadas terminaron incorporándose de tal manera a la vida cotidiana que los mendocinos comenzaron a llamar espontáneamente al lugar “Plaza del Reloj”. La imagen de Wehrli permite contemplar aquel paisaje desaparecido: senderos de tierra, árboles que ya comenzaban a formar la característica bóveda vegetal mendocina, bancos, faroles y, elevándose sobre todo el conjunto, la torre que durante dos décadas fue una auténtica referencia visual y sonora del centro. Pero aquel símbolo tenía los días contados. En 1903 se resolvió colocar precisamente en ese sitio el monumento ecuestre dedicado al general José de San Martín; la torre fue demolida y el complejo mecanismo del reloj retirado. El 5 de junio de 1904 se inauguró el monumento al Libertador y la antigua Plaza Cobo quedó definitivamente asociada al nombre de Plaza San Martín. Más de un siglo después, aquella torre ya no existe en el paisaje urbano, pero la placa de vidrio realizada por Wehrli conserva algo que ningún plano puede devolver: un instante de la Mendoza de 1897, cuando en el corazón de la ciudad todavía había una torre desde la cual el tiempo parecía gobernar la plaza. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #PlazaCobo #PlazaSanMartín #PlazaDelReloj #LeoWehrli #Mendoza1897 #FotografíaHistórica #MemoriaMendocina #CiudadDeMendoza #HistoriaArgentina #OldMendoza #MendozaHistory #HistoricPhotography #ArgentinaHistory #ClockTower #UrbanHistory #ThenAndNow Fuentes consultadas: ETH-Bibliothek Zürich, colección Leo Wehrli, “Mendoza, Plaza mit Turm”, 1897, registro ETH-Bibliothek_Dia_247-01254, fotografía sobre diapositiva de vidrio de 8,5 × 10 cm. Ciudad de Mendoza, reseña histórica de Plaza San Martín y del reloj de la antigua Plaza Cobo. Los Andes, historia de Plaza San Martín y de la antigua torre del reloj.

3 DE OCTUBRE DE 1938 - NACE JUAN CARLOS ABRAHAM: EL HOMBRE QUE HIZO BAILAR A SAN JUAN Y CAMBIÓ PARA SIEMPRE SU ESCENA


El 3 de octubre de 1938, hace 88 años, nacía en Pocito, San Juan, Juan Carlos Abraham, una figura fundamental en la construcción de la danza moderna y contemporánea de la provincia. Desde adolescente mostró una sorprendente inclinación por el escenario, ocupándose de organizar y crear coreografías para actos escolares, pero sería hacia fines de la década de 1950 cuando comenzó su formación junto a la reconocida maestra Nebita Alladio. Allí conoció a Violeta Pérez Lobos, quien se transformaría en su gran compañera artística y junto a quien abriría caminos decisivos para generaciones de bailarines sanjuaninos. Abraham fue bailarín, director, coreógrafo y docente del Instituto Superior de Artes, y durante ocho años participó en “San Juan en Alta Visión”, uno de los programas emblemáticos de los primeros tiempos de Canal 8. Su creatividad también llegó a la Fiesta Nacional del Sol: fue coreógrafo de aquellas históricas ediciones realizadas en el Autódromo El Zonda y se le atribuye la iniciativa de aprovechar los cerros como parte monumental del espectáculo. Su obra atravesó el folklore, la danza moderna y las grandes composiciones escénicas. Entre sus creaciones y montajes quedaron “Misa Luba”, “Febrero 30”, “Cineydesis”, “Cantata Sudamericana” y, especialmente, “Carmina Burana”, estrenada en 1977 en el entonces Salón Cultural Sarmiento. Aquella versión, protagonizada por Abraham y Violeta Pérez Lobos, resultó tan impactante para el público sanjuanino que debió agregarse una tercera función y, casi medio siglo después, continúa siendo recuperada y repuesta como parte del patrimonio coreográfico provincial. Otro de sus desafíos más ambiciosos fue llevar al Anfiteatro del Auditorio Juan Victoria la “Cantata Sanmartiniana” de Julio Perceval, sobre textos de Leopoldo Marechal, reuniendo a la Orquesta Sinfónica, el Coro Universitario e incluso a Granaderos a Caballo en una puesta de enorme dimensión. Junto a Pérez Lobos fundó a mediados de los años sesenta el espacio de danza “Alba”, que posteriormente adoptó el nombre de Estudio Coreográfico Argentino y se convirtió en una verdadera escuela de formación artística. Su trayectoria también incluyó la participación como jurado del Festival Nacional del Folclore Infantil de La Cumbre, Córdoba. Su vida terminó inesperadamente el 22 de mayo de 1987, cuando tenía apenas 48 años: se encontraba en Trelew, Chubut, desarrollando actividades docentes, cuando sufrió un aneurisma de aorta. Su muerte interrumpió una carrera todavía llena de proyectos, pero no consiguió detener aquello que había puesto en movimiento. Décadas después, sus coreografías continúan regresando a los escenarios, sus discípulos mantienen viva su enseñanza y su nombre permanece unido a una época en la que la danza sanjuanina se atrevió a romper moldes. Juan Carlos Abraham no solamente bailó: creó lenguaje, escuela y memoria. #JuanCarlosAbraham #SanJuan #Pocito #DanzaArgentina #HistoriaDeSanJuan #DanzaContemporánea #CulturaSanjuanina #CarminaBurana #VioletaPérezLobos #EstudioCoreográficoArgentino #Efemérides #HistoriaArgentina #ArgentineDance #DanceHistory #SanJuanArgentina #CulturalHeritage Fuentes consultadas: Fundación Bataller–San Juan al Mundo, biografía “Juan Carlos Abraham. Un pionero de la danza y la coreografía” y efeméride del 3 de octubre.  Diario de Cuyo, investigaciones y testimonios sobre “Carmina Burana”, el legado de Abraham y sus últimos días.San Juan al Mundo, historia del Estudio Coreográfico Argentino y trayectoria artística junto a Violeta Pérez Lobos.

🍷🏛️ 3 DE OCTUBRE DE 1622: CUANDO EL CABILDO PUSO PRECIO AL VINO EN LA PEQUEÑA BUENOS AIRES


El 3 de octubre de 1622, cuando Buenos Aires era todavía una pequeña población colonial levantada junto al Río de la Plata, sus autoridades ya discutían un problema que atravesaba la vida cotidiana: cuánto debía pagarse por el vino. Dentro de los documentos que venimos rastreando para esta fecha, este es por ahora uno de los hallazgos exactos más antiguos y aparece registrado en los Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, Tomo V, que reúne las actas correspondientes a 1621, 1622 y 1623. La referencia documental conduce directamente a la página 250 y a la sesión del 3 de octubre de 1622, donde el precio del vino volvió a ocupar la atención de los capitulares. No se trataba de una cuestión menor. En aquellas primeras décadas del siglo XVII, el Cabildo intervenía en el abastecimiento y en los precios de numerosos productos esenciales, procurando limitar valores considerados excesivos y responder a períodos de escasez. Los estudios realizados a partir de estas actas muestran que el vino fue una preocupación recurrente: durante aquellos años su valor podía oscilar aproximadamente entre 8 y 16 pesos, dependiendo de su procedencia y de la abundancia o falta del producto. Incluso existen registros anteriores en los que se diferenciaban los vinos llegados desde Castilla, Paraguay, Chile y Córdoba; a comienzos de la década se habían considerado excesivos precios de 14, 12 y 10 pesos por arroba, según el origen, y el Ayuntamiento dispuso reducciones a 12, 8 y 6 pesos respectivamente. Aquella regulación permite asomarnos a una economía muy diferente de la actual, en la que las autoridades municipales intervenían directamente para controlar pesos, medidas, abastecimiento y valores de venta. Buenos Aires tenía entonces apenas 42 años desde su segunda fundación por Juan de Garay, realizada el 11 de junio de 1580, y estaba todavía muy lejos de convertirse en la gran metrópoli que conocemos. Incluso el Cabildo de 1622 no era el monumental edificio colonial que hoy asociamos con la Plaza de Mayo: aquel fue construido más de un siglo después. A comienzos del siglo XVII las reuniones se desarrollaban en una sede muchísimo más humilde, levantada hacia 1608 con paredes de adobe y techo de paja, con apenas un salón para las sesiones y otro espacio utilizado como cárcel. Allí, en una ciudad pequeña y precaria, los capitulares debatían cuestiones que afectaban directamente a sus habitantes, desde el precio del pan y la leña hasta el valor del vino. Y así, escondida entre centenares de páginas de acuerdos municipales, sobrevivió una escena extraordinaria de la vida cotidiana porteña: el 3 de octubre de 1622, hace más de cuatro siglos, el vino llegaba a la mesa del Cabildo y su precio se convertía en asunto de gobierno. Un diminuto registro administrativo que hoy nos permite escuchar, casi intactas, las preocupaciones económicas de aquella Buenos Aires temprana. #MendozAntigua #BuenosAires #CabildoDeBuenosAires #3DeOctubre #HistoriaArgentina #HistoriaColonial #SigloXVII #Vino #HistoriaDelVino #ArchivoGeneralDeLaNacion #DocumentosHistoricos #Efemerides #PatrimonioHistorico #BuenosAiresHistory #ArgentineHistory #ColonialHistory #WineHistory #HistoricalDocuments #HistoricalArchives. Fuentes: Archivo General de la Nación, Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, Tomo V, Libros III-IV, 1621-1623, edición de 1908, p. 250, acuerdo del 3 de octubre de 1622; Estudios Históricos, sobre la evolución del precio del vino; Academia Nacional de la Historia; Biblioteca Legislativa y Pública “Eva Perón” del Senado bonaerense, signatura PAS 8 ac T5; Gobierno de la Ciudad y Turismo de Buenos Aires, sobre la fundación y el primer Cabildo porteño. Digitalización completa del volumen disponible en Wikimedia Commons/Internet Archive.


3 DE OCTUBRE DE 1770 - EL DOCUMENTO QUE CAMBIÓ EL DESTINO DE LOS BIENES JESUITAS EN MENDOZA: LA ORDEN DE VÉRTIZ QUE ABRIÓ UNA NUEVA ERA EN 1770


El 3 de octubre de 1770,  una comunicación enviada por Juan José de Vértiz y Salcedo, entonces gobernador de Buenos Aires y futuro virrey del Río de la Plata, marcó un punto decisivo en la administración colonial de Mendoza. La nota, dirigida al Cabildo mendocino, transmitía las disposiciones necesarias para organizar la Junta Municipal de Temporalidades, organismo que debía hacerse cargo de la compleja herencia material dejada por la Compañía de Jesús después de su expulsión de los dominios españoles en 1767. Aquellos bienes confiscados recibían el nombre de “temporalidades” y comprendían propiedades urbanas y rurales, edificios, tierras, establecimientos productivos, mobiliario, rentas y otros bienes que hasta entonces habían sostenido buena parte de la actividad religiosa, económica y educativa de los jesuitas. La medida no nació de manera aislada: una Real Cédula de Carlos III del 27 de marzo de 1769 había dispuesto la creación de Juntas Provinciales y Municipales destinadas a intervenir en la administración y venta de los bienes ocupados a la Compañía, mientras nuevas disposiciones de julio de aquel año terminaron de estructurar el sistema. En Mendoza las órdenes llegaron desde Buenos Aires mediante aquella trascendental nota de Vértiz fechada el 3 de octubre de 1770. La Junta mendocina quedaría subordinada a la Junta Provincial de Buenos Aires y comenzó efectivamente su funcionamiento durante 1771. Entre sus responsabilidades estaban revisar inventarios y tasaciones, controlar las cuentas de los administradores, decidir qué bienes podían enajenarse y cuáles debían conservarse para fines religiosos, educativos o de utilidad pública. No se trataba de un patrimonio menor: los jesuitas habían poseído en Mendoza el colegio y su iglesia, propiedades urbanas y establecimientos rurales, además de haciendas vinculadas al Valle de Uco y explotaciones productivas como viñas y bodegas. La educación fue uno de los asuntos más delicados. Después de la expulsión se intentó mantener funcionando en el antiguo colegio una enseñanza pública con maestros que reemplazaran a los religiosos; la documentación estudiada por el historiador mendocino Esteban Fontana registra durante esos años enseñanza de primeras letras, Gramática y Filosofía. Fontana observó además una consecuencia institucional especialmente significativa: en materia de temporalidades, educación y administración de esos recursos, Mendoza comenzó a quedar vinculada directamente con Buenos Aires, varios años antes de que Cuyo fuese incorporado al Virreinato del Río de la Plata en 1776. El documento del 3 de octubre adquiere así una dimensión mucho mayor que la de una simple comunicación burocrática: detrás de aquellas líneas estaba en juego quién administraría las antiguas riquezas jesuíticas, qué destino tendrían sus establecimientos y de qué manera continuaría una parte fundamental de la enseñanza mendocina. La pieza posee además una particularidad archivística extraordinaria: Fontana indicó que la nota de Vértiz quedó acoplada a las Actas Capitulares correspondientes a 1771, aunque el documento lleva inequívocamente la fecha del 3 de octubre de 1770. Más de dos siglos y medio después, aquel papel conservado entre los fondos coloniales permite reconstruir uno de esos momentos silenciosos en los que una firma, una orden y unas pocas páginas comenzaron a modificar la administración, la educación y las relaciones de poder de la Mendoza colonial. FUENTES: Archivo Histórico/General de Mendoza, Época Colonial, Gobierno, Carpeta 15, Actas Capitulares 1761-1774, nota de Juan José de Vértiz del 3 de octubre de 1770. Esteban Fontana, “La obra educativa de la Junta Municipal de Temporalidades de Mendoza”, Revista de Historia Americana y Argentina, UNCUYO. Real Cédula de Carlos III del 27 de marzo de 1769 sobre la creación de Juntas de Temporalidades, conservada en PARES. Ernesto J. A. Maeder, “La administración y el destino de las temporalidades jesuíticas en el Río de la Plata”. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Efemérides #HistoriaArgentina #MendozaColonial #Jesuitas #CompañíaDeJesús #Temporalidades #JuanJoséDeVértiz #CabildoDeMendoza #ArchivoHistórico #PatrimonioHistórico #HistoriaColonial #MemoriaHistórica #OnThisDay #MendozaHistory #ArgentineHistory #Jesuits #ColonialHistory #HistoricalArchives #CulturalHeritage


LA AVENIDA SAN MARTÍN QUE EL TIEMPO DEVORÓ: MENDOZA BAJO UN TÚNEL DE ÁRBOLES EN 1897


Hace 129 años, en 1897, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli dejó congelada en una placa de vidrio una de las imágenes más fascinantes de la Mendoza de fines del siglo XIX: la calle San Martín convertida en una interminable bóveda vegetal. La fotografía, conservada actualmente por la ETH-Bibliothek de Zúrich con el título original “Mendoza, Calle S. Martin”, muestra una calzada todavía dominada por el ritmo pausado de una ciudad sin automóviles, flanqueada por construcciones bajas y por enormes árboles cuyas copas prácticamente se encuentran sobre la calle. El propio archivo suizo describió aquella escena simplemente como “Baum-Allee”, es decir, una avenida o paseo arbolado, una expresión mínima para una imagen que hoy posee un enorme valor documental. La pieza original es una diapositiva fotográfica sobre vidrio de 8,5 x 10 centímetros y pertenece al extraordinario archivo visual de Wehrli. Pero detrás de esta fotografía existe una historia todavía mayor. Leo Wehrli había nacido en Aarau, Suiza, en 1870, se había formado en geología en Zúrich y Berlín y llegó a la Argentina en 1896 para incorporarse a la Sección de Exploraciones Nacionales del Museo de La Plata. Durante 1897 participó, junto con Carl E. Burckhardt y Rudolf Hauthal, en extensas expediciones científicas por los Andes mendocinos y territorios chilenos; sus recorridos, observaciones y fotografías constituyen hoy una fuente excepcional para reconstruir paisajes, caminos y formas de vida de aquella Argentina. Ese mismo año pasó por Mendoza en el contexto de aquellas campañas, dejando numerosas imágenes de la provincia que todavía sobreviven en el archivo de la ETH. La calle retratada tenía además una historia íntimamente relacionada con la reconstrucción de la capital después del terremoto del 20 de marzo de 1861. Durante décadas había sido conocida como calle San Nicolás y se convirtió en uno de los grandes ejes de articulación entre la antigua ciudad colonial y la nueva ciudad levantada hacia el oeste después de la catástrofe. El 5 de octubre de 1883, mediante un acuerdo de la Municipalidad de la Capital, San Nicolás recibió oficialmente el nombre de San Martín. Por eso, cuando Wehrli accionó su cámara en 1897, la arteria llevaba apenas catorce años con la denominación que conserva hasta nuestros días. También era una Mendoza que cambiaba aceleradamente: el ferrocarril había llegado en 1885, la inmigración crecía y la expansión de la vitivinicultura comenzaba a transformar profundamente la economía y el paisaje urbano. Sin embargo, la fotografía todavía conserva algo de aquella ciudad decimonónica: calles tranquilas, tránsito de caballos, fachadas continuas y una vegetación monumental que parecía formar un techo natural sobre la arteria. Más de un siglo después, aquella pequeña diapositiva de vidrio guardada a más de 11.000 kilómetros de Mendoza nos permite volver a caminar, aunque sea con la mirada, por una San Martín desaparecida. No estamos viendo solamente una calle: estamos contemplando un instante irrepetible de la ciudad cuando el siglo XIX comenzaba a despedirse y la Mendoza moderna empezaba lentamente a tomar forma. #MendozAntigua #Mendoza #CalleSanMartin #AvenidaSanMartin #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #LeoWehrli #FotografiaHistorica #ArgentinaAntigua #MemoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #OldMendoza #HistoricMendoza #SanMartinStreet #LeoWehrli #HistoricalPhotography #ArgentinaHistory #UrbanHistory #VintageArgentina. Fuentes: ETH-Bibliothek / ETH Zürich, fotografía original “Mendoza, Calle S. Martin” de Leo Wehrli, 1897 (ETH-Bibliothek_Dia_247-01253); Wikimedia Commons; CONICET, estudio sobre las expediciones de Wehrli y Carl E. Burckhardt en los Andes mendocinos; Revista del Museo de La Plata, informe de la expedición argentino-chilena de 1897; Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, historia urbana y antigua calle San Nicolás; Gobierno de Mendoza, acuerdo municipal del 5 de octubre de 1883 que la rebautizó San Martín; y Universidad Nacional de Cuyo, estudios sobre la transformación urbana, el ferrocarril, la inmigración y el desarrollo vitivinícola de Mendoza.

3 DE OCTUBRE DE 1901 - NACE EDMUNDO CORREAS: EL MENDOCINO QUE AYUDÓ A FORJAR LA UNIVERSIDAD Y CONVIRTIÓ LA MEMORIA DE CUYO EN LEGADO


El 3 de octubre de 1901, hace exactamente 125 años, nacía en Mendoza Edmundo Correas, una de las figuras decisivas de la vida intelectual, educativa e histórica cuyana del siglo XX. Historiador, abogado, escritor, docente y hombre profundamente vinculado a la cultura, fue uno de los fundadores de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, institución que presidió durante décadas y desde la cual impulsó investigaciones, publicaciones y encuentros fundamentales para recuperar y preservar el pasado regional. En 1937 organizó y dirigió el Primer Congreso de Historia de Cuyo y, cuando la Universidad Nacional de Cuyo fue creada por decreto del presidente Roberto M. Ortiz el 21 de marzo de 1939, Correas se convirtió en su rector fundador. Permaneció al frente de la nueva casa de estudios desde el 27 de marzo de 1939 hasta el 31 de julio de 1943, años decisivos en los que debió transformar un proyecto universitario en una verdadera estructura académica distribuida entre Mendoza, San Juan y San Luis. Durante aquella etapa se promovieron institutos de investigación, actividades de extensión y la incorporación de destacados profesores argentinos y extranjeros; testimonios históricos le atribuyen la creación de 37 institutos universitarios durante su gestión. Entre sus iniciativas educativas sobresale el Colegio Nacional Central, antecedente del actual Colegio Universitario Central, creado por decreto del 16 de marzo de 1943 a partir de un pedido formulado por el propio rector y concebido como una experiencia innovadora de enseñanza secundaria vinculada directamente con la Universidad. Correas también dejó una huella extraordinaria en la preservación patrimonial: organizó y dirigió el Museo del Pasado Cuyano, instalado en la histórica casona de los Civit de calle Montevideo, institución que décadas más tarde incorporó oficialmente su nombre y que continúa custodiando documentos, libros, mobiliario, pinturas y objetos fundamentales para comprender la historia de Mendoza y de la región. Su actividad trascendió ampliamente las aulas: dirigió el diario La Libertad y colaboró durante más de cuarenta años con Los Andes, mientras desarrollaba una extensa producción dedicada, entre otros temas, a San Martín, Sarmiento, la historia institucional argentina y el pasado cuyano. En 1957 fue designado miembro de número de la Academia Nacional de la Historia y al año siguiente se incorporó formalmente con un trabajo dedicado a la amistad entre San Martín y O’Higgins; además mantuvo vínculos con instituciones históricas y culturales de España, Chile, Perú y Uruguay. Falleció en Mendoza el 9 de julio de 1991, próximo a cumplir 90 años, dejando tras de sí una obra que todavía permanece viva en archivos, bibliotecas, instituciones educativas, investigaciones históricas y, sobre todo, en dos espacios fundamentales de la memoria mendocina: la Universidad Nacional de Cuyo y el Museo del Pasado Cuyano. A 125 años de su nacimiento, recordar a Edmundo Correas significa volver sobre una época en la que conservar documentos, fundar instituciones, convocar investigadores y abrir las puertas del conocimiento eran también maneras de construir el futuro de Mendoza. #EdmundoCorreas #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #UNCuyo #UniversidadNacionalDeCuyo #MuseoDelPasadoCuyano #JuntaDeEstudiosHistoricos #HistoriaCuyana #Cuyo #PatrimonioHistorico #MemoriaHistorica #HistoriaArgentina #MendozaHistory #ArgentineHistory #CuyoHistory #HistoricalHeritage #CulturalHeritage #UniversityHistory #OnThisDay. Fuentes consultadas: Portal de Archivos Españoles (PARES), Universidad Nacional de Cuyo, Colegio Universitario Central–UNCuyo, diario Los Andes, Academia Nacional de la Historia y Ciudad de Mendoza. Estas fuentes permiten verificar los datos biográficos de Edmundo Correas, su rectorado en la UNCuyo, su participación en la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, la creación del Colegio Nacional Central, su actividad periodística y académica, y su vínculo con el Museo del Pasado Cuyano.


EL PATIO DONDE MENDOZA APRENDIÓ A MIRAR: LA CUNA UNIVERSITARIA DEL ARTE EN SARMIENTO 120


Esta extraordinaria fotografía nos abre una ventana hacia uno de los escenarios fundamentales de la historia artística mendocina: el patio de la palmera del primer edificio de la Academia de Bellas Artes vinculada a la Universidad Nacional de Cuyo, ubicado en Sarmiento 120, en pleno centro de Mendoza. Aquel inmueble estaba organizado alrededor de tres espacios que terminaron formando parte de la memoria cotidiana de generaciones de estudiantes: el patio de la palmera, el patio de la higuera y el patio de la administración; en torno a ellos se distribuían aulas, galerías y dependencias donde comenzaba a consolidarse una enseñanza artística de nivel universitario en la provincia. El contexto permite comprender mejor la importancia de esta imagen: en 1939, junto con el nacimiento de la Universidad Nacional de Cuyo, se creó la Academia Nacional de Bellas Artes —denominación utilizada para diferenciarla de la Academia Provincial fundada en 1933—, institución que se convertiría en el núcleo histórico del que décadas después surgiría la actual Facultad de Artes y Diseño. Allí la formación artística alcanzó una dimensión inédita para Mendoza, combinando la práctica del dibujo, la pintura, el grabado y la escultura con una sólida enseñanza histórica y teórica. El primer curso de Historia del Arte estuvo a cargo del arquitecto Manuel Víctor Civit, y el 17 de junio de 1940 la Academia recibió nada menos que al prestigioso historiador francés Henri Focillon, profesor de La Sorbona y Yale, quien ofreció una conferencia acompañada por proyecciones, toda una innovación para aquellos años. Por sus aulas también pasaron maestros decisivos para el arte argentino y cuyano, entre ellos Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez, Francisco Bernareggi y Ramón Gómez Cornet; uno de aquellos jóvenes alumnos sería Carlos Alonso, quien ingresó con apenas catorce años y terminaría convirtiéndose en una de las grandes figuras de la plástica argentina. Con el paso del tiempo la institución atravesó diferentes denominaciones y transformaciones: en 1949 fue Instituto Superior de Artes Plásticas, desde 1953 Escuela Superior de Artes Plásticas y, en 1980, sus disciplinas se integraron junto con Música, Teatro, Cerámica y Diseño en la Facultad de Artes, antecedente directo de la actual Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo. Por eso esta fotografía es mucho más que una apacible escena de un antiguo patio mendocino: la enorme palmera, las galerías, las columnas, el damero del piso y aquellas silenciosas aulas formaron parte de un espacio donde se educaron artistas, circularon nuevas ideas y comenzó a escribirse una parte esencial de la historia cultural de Mendoza. Hoy, más de ocho décadas después, aquel patio de Sarmiento 120 permanece detenido en esta imagen como testimonio de los primeros años de una tradición universitaria artística que continúa viva. FUENTES CONSULTADAS: Universidad Nacional de Cuyo, “Encuentro de Saberes”, historia institucional de la Academia de Bellas Artes y fotografía del patio de Sarmiento 120; Revista Huellas, Facultad de Artes y Diseño, UNCuyo; repositorio Biblioteca Digital UNCuyo; Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo; Ministerio de Cultura de la Nación/Argentina.gob.ar, biografía de Carlos Alonso. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #AcademiaDeBellasArtes #BellasArtes #UNCuyo #ArteMendocino #HistoriaDelArte #PatrimonioMendocino #MemoriaDeMendoza #FotografiaHistorica #CulturaMendocina #Sarmiento120 #FacultadDeArtesYDiseño #OldMendoza #MendozaHistory #FineArts #ArtHistory #HistoricalPhotography #CulturalHeritage #ArgentinaHistory

viernes, 2 de octubre de 2026

¡PRESENTES EN LOS MUROS DE LA UNCUYO! EL ARTE QUE DEVOLVIÓ ROSTRO, NOMBRE E IDENTIDAD A DIEZ ESTUDIANTES VÍCTIMAS DE LA DICTADURA


En uno de los muros del corazón de la Ciudad Universitaria de Mendoza quedó plasmada una obra que convirtió una enorme pared de hormigón en un espacio permanente de memoria. Durante 2015, estudiantes de la Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Nacional de Cuyo, en articulación con la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, realizaron el mural “¡Presente!”, dedicado a recordar a diez estudiantes de ambas facultades desaparecidos y asesinados durante la última dictadura cívico-militar argentina. La obra ocupa la pared sur del Bloque de Aulas Comunes y Tecnológicas —BACT— y alcanza dimensiones monumentales: 8 metros de alto por 22 de ancho, unos 176 metros cuadrados en los que una multitud de figuras rodea los rostros de Adriana Bonoldi, Ana Beatriz Corsino, Blanca Santamaría, Gladys Castro, Carlos Gregori, José Vila Bustos, Josefina Becerra, Leonor Mercuri, Marta Saroff y Miguel Pointeau. El proyecto no consistió solamente en reproducir fotografías. Antes de llevar los retratos al muro, los jóvenes artistas investigaron las historias personales, familiares, universitarias y sociales de cada homenajeado y, en varios casos, establecieron contacto con sus familiares. Valentina Palacios, por ejemplo, trabajó sobre la figura de Marta Saroff después de conocer su tarea como alfabetizadora; Carla Gómez representó a Adriana Bonoldi, vinculada con la enseñanza de la música; y Anabel Orán se ocupó de Ana Beatriz Corsino, pianista y profesora de Música cuya actividad también se extendía fuera del ámbito académico. El mural fue realizado por Sergio Benegas, Martín Bisceglia, Carla Gómez, Ignacio Fernández, Marcos Macho, Valentina Palacios, Anabel Orán, José Pavez, Sebastián Sosa y Catalina Vergne Jatuff, estudiantes de Artes Plásticas y Artes Visuales, bajo la supervisión del profesor Eduardo González. La ejecución se desarrolló principalmente entre junio y septiembre de 2015 y la obra fue presentada públicamente el 29 de octubre de aquel año, con la participación de artistas, autoridades universitarias y familiares. Su realización estuvo vinculada además con un proceso mucho más amplio de recuperación documental de la propia historia de la UNCUYO: ese mismo año la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales difundía “Apuntes de la Memoria. Relatos de una Universidad Posible”, resultado de la primera investigación oficial encargada por la Universidad para reconstruir quiénes habían sido sus estudiantes desaparecidos y asesinados y qué había sucedido dentro de la institución durante aquellos años y el período inmediatamente anterior. Una publicación institucional de 2015 contextualizó aquella investigación señalando más de treinta estudiantes desaparecidos, más de doscientos trabajadores dados de baja y cerca de trescientos estudiantes expulsados durante ese proceso de persecución, intervención y censura universitaria. Más de una década después, el mural continúa integrado a la vida cotidiana de la Universidad: en febrero de 2026 la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales volvió a reunir allí a sus ingresantes como cierre del módulo “Construimos Presente con Memoria”. Así, aquella gigantesca pintura nacida del encuentro entre dos facultades trascendió su condición de obra artística: los nombres que alguna vez quedaron dispersos entre expedientes, fotografías familiares y archivos universitarios pasaron a ocupar un lugar visible en el campus mendocino, frente a nuevas generaciones de estudiantes que diariamente atraviesan el mismo espacio universitario que aquellos jóvenes habitaron décadas atrás. #MendozAntigua #UNCuyo #UniversidadNacionalDeCuyo #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MemoriaHistorica #HistoriaArgentina #ArteYMemoria #Mural #ArtePublico #CiudadUniversitaria #HistoriaUniversitaria #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricalMemory #PublicArt #UniversityHistory #ArtAndMemory Fuentes consultadas: Prensa de la Universidad Nacional de Cuyo, publicaciones institucionales sobre la inauguración y realización del mural “¡Presente!”; Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCUYO; Facultad de Artes y Diseño de la UNCUYO; actualización institucional de la FCPyS del 26 de febrero de 2026.

EL POLVORÍN QUE BUENOS AIRES CREYÓ VER VOLAR POR LOS AIRES: SOBREVIVIÓ AL GRAN ESTALLIDO DE 1898 Y SOBRE SUS TIERRAS NACIÓ PARQUE CHACABUCO


Durante más de un siglo, en una zona que entonces quedaba lejos del corazón urbano de Buenos Aires, se levantó una construcción destinada a guardar uno de los materiales más temidos de su tiempo: la pólvora. Su historia comenzó el 8 de marzo de 1781, cuando se inició la construcción de los edificios del futuro Polvorín de Flores utilizando maderas y ladrillos procedentes de antiguas construcciones vinculadas a las tierras que habían ocupado los jesuitas antes de su expulsión en 1767. El complejo estaba compuesto inicialmente por dos almacenes y dependencias para la guardia, y el 1º de diciembre de 1784 el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo designó a Francisco Belbezet como comandante del establecimiento, que recibió pólvora procedente de otros depósitos. En sus primeros años fue conocido como Polvorín de los Hornos de la Residencia y posteriormente aparecieron denominaciones como Pólvora de Juan Diego Flores, Pólvora de Flores y, finalmente, Polvorín de Flores. Se encontraba aproximadamente en el espacio delimitado hoy por las avenidas Asamblea y Eva Perón, Emilio Mitre y Curapaligüe, en terrenos que terminarían formando parte del actual Parque Chacabuco. Su ubicación, originalmente alejada de la ciudad, dejó de parecer tan segura a medida que San José de Flores crecía y las viviendas avanzaban hacia aquellos campos. El polvorín quedó incluso ligado a las Invasiones Inglesas: Juan Manuel Beruti registró que el 4 de agosto de 1806 soldados británicos intentaron inutilizar parte de la pólvora antes de la Reconquista, arrojándola a un pozo y mezclándola con tierra; según su relato, una posterior combustión alcanzó el depósito y provocó la muerte de más de veinte hombres y numerosos heridos. Décadas después, el establecimiento continuaba funcionando y almacenando enormes cantidades de material: en 1823 se mencionaban unos 900 quintales de pólvora. El Estado terminó adquiriendo los terrenos y, mientras la población circundante crecía, también aumentaba el temor. En 1846 un incendio en campos vecinos llegó a amenazar las instalaciones, pero la rápida actuación de la guardia evitó una catástrofe. En 1879, lejos de abandonarlo, el Gobierno Nacional dispuso distribuir pólvora y explosivos entre los depósitos de Cueli, Maldonado y Flores, reservando este último para pólvora y municiones de guerra por sus buenas condiciones. Se construyeron terraplenes protectores y se sembraron alfalfares alrededor para reducir el riesgo de incendios, medidas que contribuyeron a darle fama de establecimiento seguro. Entonces ocurrió el episodio que deformaría su historia durante más de un siglo. El miércoles 26 de enero de 1898 una explosión estremeció Buenos Aires y fue percibida en numerosos puntos de la ciudad. En las primeras horas corrió la noticia de que había explotado el Polvorín de Flores. Tropas, autoridades y periodistas se dirigieron hacia allí, pero al llegar encontraron la guardia cumpliendo sus funciones y el establecimiento intacto. La verdadera catástrofe había sucedido varios kilómetros más al norte, en la llamada Fábrica Nacional de Pólvora de Juan Minelli y Luis Fontana, una empresa privada ubicada aproximadamente en la zona de avenida de los Constituyentes y Chorroarín, próxima a los terrenos que posteriormente ocuparía Agronomía. Los diarios de la época corrigieron rápidamente la ubicación, pero el error sobrevivió y terminó incorporándose a numerosas historias del barrio e incluso a publicaciones institucionales. La investigación del historiador Mauro A. Fernández, basada en periódicos contemporáneos, documentación municipal y antecedentes reunidos por Arnaldo Cunietti Ferrando y Osvaldo Sidoli, permitió reconstruir con precisión aquel verdadero “big bang inexistente” del Polvorín de Flores. Su final real fue mucho menos espectacular. El 11 de diciembre de 1899 la Municipalidad comenzó a gestionar los terrenos para destinarlos a un paseo público y, en 1902, avanzó definitivamente sobre la compra y el traslado del depósito, considerado ya demasiado peligroso para una ciudad que había crecido a su alrededor. El 15 de mayo de 1903 una ordenanza estableció el trazado y el nombre del Parque Chacabuco, homenaje a la victoria de San Martín y el Ejército de los Andes del 12 de febrero de 1817. El célebre paisajista Carlos Thays elaboró en 1906 uno de los primeros planos del nuevo espacio verde, proyectado también para actividades físicas y deportivas. Y aquí aparece otra corrección importante respecto de la leyenda: los viejos edificios del polvorín todavía existían cuando el parque ya había sido creado. Las memorias municipales registran que recién en 1908 fueron demolidos los antiguos depósitos y el cuerpo de guardia; parte de sus materiales y escombros fue reutilizada en los caminos interiores. En 1909 continuaron las obras de apertura de calles, plantaciones, canchas, tribunas y espacios deportivos. Así, el actual Parque Chacabuco no nació sobre las ruinas de la famosa explosión de 1898, sino mediante un lento proceso de traslado, compra, demolición y transformación urbana. Donde durante generaciones se almacenaron toneladas de pólvora terminaron creciendo árboles, senderos, jardines y espacios deportivos. Y detrás de uno de los grandes parques porteños quedó sepultada una historia extraordinaria: la de un polvorín colonial que atravesó invasiones, incendios, guerras y más de un siglo de expansión urbana, para terminar convertido en un parque mientras una explosión ocurrida en otro lugar se transformaba, paradójicamente, en la leyenda más famosa de su existencia. Fuentes consultadas: Mauro A. Fernández, “Explosión en el Polvorín de Flores: un Big-Bang inexistente”, publicado en Historias de la Ciudad (2005), con documentación municipal, referencias del Archivo General de la Nación y periódicos de 1898; Biblioteca del Congreso de la Nación, compilación histórica sobre los barrios porteños; y Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, antecedentes de Parque Chacabuco. La investigación documental de Fernández cuestiona la versión tradicional que ubicaba en el Polvorín de Flores la explosión de enero de 1898. #BuenosAires #ParqueChacabuco #PolvorínDeFlores #Flores #BuenosAiresAntigua #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #CarlosThays #InvasionesInglesas #PatrimonioHistorico #MemoriaUrbana #Argentina #BuenosAiresHistory #ArgentineHistory #HistoricBuenosAires #ParqueChacabuco #UrbanHistory #HistoricalBuenosAires #Heritage #HistoryLovers


BARRACA PEÑA: EL GIGANTE DE 1774 QUE GUARDA BAJO TIERRA UN NAVÍO COLONIAL Y LA MEMORIA DEL ANTIGUO PUERTO DE BUENOS AIRES



A orillas del Riachuelo, en el corazón de La Boca, sobre la avenida Don Pedro de Mendoza 3003, sobrevive uno de los conjuntos históricos más extraordinarios del sur porteño: Barraca Peña, un sitio donde casi dos siglos y medio de actividad comercial, ferroviaria, portuaria y arqueológica parecen superponerse capa sobre capa. Su origen se remonta a 1774, cuando el comerciante gallego Francisco de la Peña Fernández estableció allí una barraca destinada al almacenamiento y comercio de los llamados “frutos del país”, mercaderías que podían llegar o salir por un Riachuelo que entonces funcionaba como verdadera arteria de transporte. Conviene distinguir aquel origen del conjunto arquitectónico que ha llegado hasta nuestros días: las edificaciones conservadas pertenecen principalmente a la década de 1860 y el complejo comenzó a desarrollarse desde 1863, ya durante la expansión de la actividad lanera y del sistema ferroportuario. Con el tiempo surgieron el almacén de ramos generales conocido como “El Triunfo”, la gran barraca lanera, depósitos, instalaciones vinculadas con el ferrocarril, la estación Barraca Peña y un puente ferroviario móvil sobre el Riachuelo. Allí se descargaban, clasificaban, almacenaban y transportaban lanas, cueros, sebo, charqui, maderas, cereales, carnes, carbón, materiales de construcción y todo tipo de mercancías que alimentaban la creciente economía de Buenos Aires. Hacia fines del siglo XIX, cuando el país atravesaba la expansión del modelo agroexportador, Barraca Peña se había transformado en una pieza formidable de aquel engranaje productivo; hacia 1900 llegó a disponer de unos 200.000 metros cuadrados destinados al almacenamiento y su administración se encontraba vinculada al Ferrocarril del Sud. El lugar fue, además, escenario cotidiano de una multitud de trabajadores, estibadores, ferroviarios, comerciantes, marineros e inmigrantes que hicieron del Riachuelo uno de los paisajes laborales más intensos de Buenos Aires. Esa memoria obrera sobrevivió durante décadas en los testimonios de antiguos vecinos de La Boca, algunos de los cuales todavía recordaban las tareas realizadas en la barraca y hasta el movimiento de las ovejas y la lana cuando el establecimiento se encontraba en plena actividad. Pero Barraca Peña guarda una historia todavía más profunda bajo su suelo. En 2008, durante las obras del complejo ZenCity en Puerto Madero, apareció a unos nueve metros de profundidad el extraordinario pecio de una embarcación mercante de tradición hispánica naufragada durante la transición entre los siglos XVII y XVIII, cuando aquel sector era todavía parte de la antigua costa del Río de la Plata. Los restos conservados alcanzan aproximadamente 22 metros de longitud y junto al casco aparecieron contenedores cerámicos, objetos de uso doméstico, herramientas agrícolas de hierro, piedras utilizadas como lastre, piezas de madera, cabuyería y cuatro cañones de hierro fundido de cuatro libras, formando un conjunto arqueológico excepcional para reconstruir el comercio marítimo colonial. Después de su investigación y rescate, el enorme conjunto fue trasladado en 2010 a Barraca Peña y volvió a ser enterrado deliberadamente para conservar las maderas en condiciones ambientales semejantes a las que habían permitido su supervivencia durante siglos; los objetos recuperados, en cambio, pasaron a integrar las colecciones arqueológicas custodiadas y estudiadas en el lugar. Así, la antigua barraca terminó convirtiéndose en algo que sus constructores jamás hubieran imaginado: repositorio, laboratorio y centro de investigación del Patrimonio Arqueológico Costero y Subacuático de Buenos Aires, donde también se reúnen materiales provenientes de La Boca, Barracas, Puerto Madero, Palermo y otros sectores de la Ciudad. La actividad comercial de Barraca Peña fue decayendo hasta cesar progresivamente hacia la década de 1950 y durante muchos años el complejo quedó atravesado por el abandono, pero desde comienzos del siglo XXI comenzaron distintos procesos de recuperación patrimonial. El conjunto integra actualmente el Área de Protección Histórica Nº 54 y durante 2026 continuaron las tareas de consolidación, restauración y adecuación funcional con el objetivo de transformarlo definitivamente en un Museo de Sitio dedicado a explicar la antigua actividad portuaria del Riachuelo. Las obras incluyen la recuperación del histórico Almacén El Triunfo, espacios expositivos y la puesta en valor de La Lanera y de su relación privilegiada con el río. La documentación oficial de 2026 todavía registra nuevas etapas de restauración y adecuación, mientras Barraca Peña continúa funcionando como sitio arqueológico y centro patrimonial, con visitas para grupos previamente coordinados. Así, donde alguna vez retumbaron carros, máquinas, trenes y voces de trabajadores y donde los barcos llegaban cargados hasta las orillas del Riachuelo, hoy la arqueología vuelve a abrir las puertas del pasado. Barraca Peña no es solamente un antiguo depósito de La Boca: es una gigantesca cápsula del tiempo de Buenos Aires, un sobreviviente de la transformación del viejo puerto colonial en ciudad industrial y una memoria material de aquellos hombres y mujeres que, entre lana, madera, hierro, barcos y ferrocarriles, ayudaron a construir una de las zonas portuarias más fascinantes de la Argentina. Fuentes consultadas: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Barraca Peña, Área de Arqueología y Paleontología y proyecto de restauración 2026; Descubrir BA Nº 640 (2024); Marcelo N. Weissel y Pablo Tchilinguirian, estudio sobre el pecio Zencity-Puerto Madero publicado por el INAPL; e información oficial sobre visitas y actividades de Barraca Peña. #BarracaPeña #LaBoca #Riachuelo #BuenosAiresAntigua #HistoriaDeBuenosAires #Patrimonio #Arqueología #ArqueologíaSubacuática #PuertoDeBuenosAires #HistoriaArgentina #PatrimonioIndustrial #MemoriaPorteña #BuenosAiresHistory #ArgentineHistory #IndustrialHeritage #MaritimeHistory #UnderwaterArchaeology #HistoricBuenosAires #LaBocaHistory #PortHistory

MARZO DE 1969 — CUANDO UNA PIEDRA CAMBIÓ EL PAISAJE UNIVERSITARIO DE MENDOZA: NACÍA EL EDIFICIO DE CIENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES


En marzo de 1969, en un sector del pedemonte mendocino que todavía mostraba grandes extensiones de terreno abierto y donde comenzaba a tomar forma la futura Ciudad Universitaria, se colocó la piedra fundamental del edificio de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo. El proyecto había sido concebido en 1968 por el arquitecto Juan Agustín Brugliavini y su construcción demandaría aproximadamente dos años, incorporándose a aquella primera generación de edificios que transformó definitivamente el paisaje universitario mendocino. El acontecimiento representaba mucho más que el inicio de una obra: era la materialización de un proceso académico iniciado casi dos décadas antes. El 19 de junio de 1950 la UNCuyo había organizado, mediante la Ordenanza Nº 37, los Cursos de Formación Política; el 17 de mayo de 1952 nació la Escuela de Estudios Políticos y Sociales, en 1958 alcanzó el rango de Escuela Superior y en 1967 consiguió finalmente la jerarquía de Facultad mediante la Resolución Nº 76/1967 de la Secretaría de Estado de Cultura y Educación. Apenas un año después, el 27 de marzo de 1968, la Ordenanza Nº 12/68 creó la especialidad en Sociología, profundizando la expansión de las ciencias sociales dentro de la Universidad. Cuando llegó el momento de colocar aquella piedra fundamental en 1969, el entonces decano Francisco Leiva Hita destacó precisamente esa reciente jerarquización y las posibilidades profesionales y científicas que abría la nueva Facultad. El edificio de Brugliavini formaba parte de un ambicioso proceso de consolidación del Centro Universitario: por aquellos años también se levantaban o proyectaban las sedes de Filosofía y Letras, Ciencias Económicas, Ingeniería en Petróleos y otras dependencias, en una etapa decisiva para reunir instituciones que durante décadas habían funcionado dispersas por distintos puntos de la Ciudad de Mendoza. Su arquitectura, de marcada horizontalidad, con hormigón, ladrillo y una extensa sucesión de parasoles verticales, terminaría convirtiéndose en una de las imágenes reconocibles del campus. La fotografía histórica que acompaña esta publicación permite dimensionar aquel momento extraordinario: detrás del edificio aparecen las montañas y un paisaje todavía casi desnudo, muy diferente del campus arbolado y densamente ocupado de la actualidad. A comienzos de la década de 1970 la Facultad pudo trasladarse a su nueva sede, y aquel edificio pensado cuando la Ciudad Universitaria apenas comenzaba a consolidarse continúa, más de medio siglo después, formando parte de la vida cotidiana de la UNCuyo. En 2026, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales mantiene allí una amplia actividad académica y ofrece, entre otras propuestas, las licenciaturas en Ciencia Política y Administración Pública, Sociología, Trabajo Social, Comunicación Social y Gestión y Administración Universitaria, además de tecnicaturas, ciclos de formación y estudios de posgrado. Aquella piedra colocada en marzo de 1969 terminó siendo mucho más que el comienzo de una construcción: fue uno de los cimientos materiales de una institución que acompañaría durante generaciones los grandes debates, investigaciones y transformaciones de la sociedad mendocina y argentina. Fuentes consultadas: Universidad Nacional de Cuyo, Encuentro de saberes. 1939-2017, EDIUNC (2017); Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo, historia institucional y oferta académica; Roberto Mario Romano, Huellas de la Ciudad Universitaria de la UNCUYO, EDIUNC (2011); y Los Andes, investigaciones sobre el patrimonio arquitectónico moderno de la Ciudad Universitaria. #MendozAntigua #Mendoza #UNCuyo #UniversidadNacionalDeCuyo #CienciasPoliticas #CienciasSociales #HistoriaDeMendoza #CiudadUniversitaria #ArquitecturaMendocina #PatrimonioMendocino #MemoriaUniversitaria #HistoriaArgentina #MendozaHistory #UNCuyoHistory #UniversityHistory #ArgentineHistory #ModernArchitecture #AcademicHeritage #MendozaArgentina

4 DE AGOSTO DE 2015 — 350 FOTOGRAFÍAS DESPERTARON LA MEMORIA DEL BALSEIRO: EL DÍA EN QUE LOS PIONEROS VOLVIERON A CAMINAR ENTRE SU PROPIA HISTORIA


El 4 de agosto de 2015, cuando el Instituto Balseiro celebraba seis décadas desde el comienzo de sus clases, la Biblioteca Leo Falicov del Centro Atómico Bariloche se convirtió en una gigantesca cápsula del tiempo. Allí se inauguró “Huellas con historia: 60 años de vida del Balseiro”, una extraordinaria exposición integrada por 350 fotografías que reconstruían, a través de rostros, laboratorios, aulas, graduaciones y escenas cotidianas, buena parte de la historia de una de las instituciones científicas y universitarias más prestigiosas de la Argentina. La muestra había surgido de una selección inicial de más de mil imágenes: algunas pertenecían al Archivo Histórico de la Biblioteca, otras habían sido donadas por integrantes de la comunidad y varias procedían de los archivos del propio Centro Atómico Bariloche. La tarea de recopilación y selección estuvo coordinada por Christina Martínez, responsable del Archivo Histórico, mientras que la entonces directora de la Biblioteca, Marisa Velazco Aldao, explicó que uno de los objetivos era que antiguos docentes y graduados se reencontraran frente a aquellas imágenes y ayudaran a reconocer personas, lugares y acontecimientos que todavía permanecían sin identificar. Entre quienes recorrieron aquel verdadero corredor de la memoria estuvo Alberto Pascual Maiztegui, una figura fundamental de los primeros años del Instituto. Había formado parte del plantel docente que inició sus actividades en 1955 y permaneció allí hasta 1961. Su presencia en 2015 tuvo un significado adicional: numerosas fotografías expuestas habían sido tomadas por él mismo durante aquellos años fundacionales. Maiztegui reconoció entre ellas una imagen especialmente entrañable de José Antonio Balseiro junto a su esposa, a la entrada de su casa, y recordó que él había sido quien accionó la cámara. Su testimonio transformaba aquellas fotografías en algo más que documentos: frente a las imágenes se encontraba uno de los hombres que había vivido y registrado personalmente el nacimiento de aquella aventura científica. Maiztegui, además de investigador y docente, alcanzó enorme difusión como coautor junto a Jorge Sábato de uno de los textos de introducción a la física utilizados por generaciones de estudiantes argentinos. La exposición reunió también a graduados de las primeras promociones y a protagonistas de distintas etapas del Instituto, entre ellos Verónica Grünfeld, Edgardo Bisogni, Abe Kestelman, Arturo López Dávalos y Francisco de la Cruz. En la entrada podía observarse una de las imágenes emblemáticas de la muestra: seis estudiantes de Física vestidos de traje y posando entre tablones de madera a fines de la década de 1960, fotografiados por el profesor Andrés Sosnovsky. Aquella jornada era también parte de una historia mucho mayor: el Instituto había comenzado sus actividades el 1 de agosto de 1955 con apenas 15 estudiantes de Licenciatura en Física, producto del acuerdo celebrado ese año entre la Comisión Nacional de Energía Atómica y la Universidad Nacional de Cuyo. La Biblioteca nació junto con aquella institución y desde 1996 lleva el nombre de Leo Falicov, integrante de la primera promoción de físicos del Balseiro y científico argentino de trayectoria internacional. Su edificio actual había sido inaugurado en 2013 y, apenas dos años después, sus anaqueles y paredes quedaron cubiertos por fotografías que devolvían al presente seis décadas de ciencia argentina. “Huellas con historia” permaneció abierta durante el resto de 2015 y terminó demostrando algo esencial: un archivo histórico no conserva solamente papeles y fotografías; conserva voces, vínculos, descubrimientos, amistades y fragmentos de vidas que permiten reconstruir cómo una pequeña institución nacida en Bariloche en 1955 llegó a convertirse en uno de los grandes centros de formación científica y tecnológica del país. Fuentes: Instituto Balseiro, Área de Comunicación Institucional (2015); Universidad Nacional de Cuyo, Biblioteca Digital, Encuentro de Saberes; Instituto Balseiro, antecedentes históricos y Biblioteca Leo Falicov; Universidad Nacional de San Luis, semblanza de Alberto Pascual Maiztegui. #InstitutoBalseiro #BibliotecaLeoFalicov #AlbertoMaiztegui #HistoriaArgentina #HistoriaDeLaCiencia #CienciaArgentina #CentroAtómicoBariloche #UNCuyo #CNEA #Bariloche #ArchivoHistórico #FotografíaHistórica #MemoriaCientífica #MendozAntigua #ArgentineHistory #HistoryOfScience #ArgentineScience #HistoricalArchive #HistoricPhotography #ScientificHeritage

2 DE OCTUBRE DE 1938: NACE CACHO RITRO, EL SANRAFAELINO QUE TRANSFORMÓ EL CANTO COLECTIVO Y HIZO DE LOS ANDARIEGOS UNA VOZ DE AMÉRICA —


El 2 de octubre de 1938 nacía en San Rafael, Mendoza, Felipe Ángel Ritrovato, quien pasaría a la historia de la música popular argentina con un nombre mucho más breve e inolvidable: Cacho Ritro. Cantor, guitarrista, charanguista, compositor, autor y arreglador, fue uno de los protagonistas de una generación que renovó profundamente el folclore argentino y convirtió la canción en un espacio donde podían encontrarse la tradición, la experimentación vocal, la poesía y las preocupaciones sociales de su tiempo. Apenas adolescente, en 1954, participó en San Rafael de la creación de Los Andariegos junto a Pedro Floreal Cladera —Chacho Santa Cruz—, Rafael Tapia, Juan Carlos “Pato” Rodríguez, Abel González y Francisco “Rubio” Giménez. Desde aquella ciudad del sur mendocino comenzó la historia de un conjunto que desarrollaría una de las propuestas vocales más singulares del folclore nacional, con complejos arreglos, instrumentos de distintas regiones y una búsqueda sonora que con los años dialogaría estrechamente con el clima renovador del Nuevo Cancionero. La formación fue cambiando con el paso del tiempo y sumó nombres fundamentales como Raúl Mercado, Agustín “Negro” Gómez y Alberto “Beto” Sará, mientras Ritro permaneció como una de sus figuras centrales y sus característicos falsetes se convirtieron en una de las marcas reconocibles del conjunto. Los Andariegos grabaron una extensa discografía y llevaron su música por escenarios argentinos, latinoamericanos y europeos. Entre las obras vinculadas a Cacho se encuentran “El potro Mario”, “Torcaza, paloma y torcaz”, “Juanito Laguna”, “Si un hijo quieren de mí”, “Qué le cuento que el compadre”, “Oración a la vida” y la monumental propuesta discográfica Madre Luz Latinoamérica, publicada en 1976, en la que Ritro y Raúl Mercado participaron activamente en la concepción musical y los arreglos. Pero una composición alcanzó una proyección particularmente extraordinaria: “Canción para un niño en la calle”, creada musicalmente por Ángel Ritro sobre versos de Armando Tejada Gómez. La obra fue incorporada al repertorio de Mercedes Sosa y décadas después volvió a adquirir una enorme difusión cuando la cantora tucumana la interpretó junto a René Pérez, de Calle 13, demostrando la vigencia de una canción nacida muchos años antes. Ritro también trabajó sobre textos y creaciones junto a autores como Roberto Margarido, Hamlet Lima Quintana y Ariel Petrocelli, consolidando un repertorio donde música y poesía aparecían permanentemente unidas. En los años setenta, Los Andariegos profundizaron su mirada latinoamericana y en 1976 editaron Madre Luz Latinoamérica, un trabajo concebido como un recorrido musical por distintas expresiones del continente. En el contexto represivo de la última dictadura argentina, la trayectoria del conjunto quedó profundamente afectada: la familia de Ritro recibió amenazas y el músico salió de la Argentina rumbo a España el 2 de junio de 1978, según recordó años después su hija Carla Ritrovato. El exilio abrió otra etapa de su vida artística y Ritro continuó trabajando en Europa, entre otras experiencias junto a Alberto Cortez, mientras diferentes formaciones mantuvieron viva la historia de Los Andariegos. Con el tiempo hubo reencuentros, nuevas giras y distintas etapas del conjunto, pero aquella aventura iniciada en San Rafael ya había dejado una huella duradera en la música popular argentina. Cacho Ritro murió en Buenos Aires el 22 de agosto de 2022, a los 83 años. Su legado, sin embargo, continúa recuperándose: en 2025 llegó a las pantallas El Andariego, historia de un grupo vocal, documental dirigido colectivamente por Laura Piastrellini, Eduardo Fisicaro y Silvia Majul, construido con material de archivo y testimonios del propio Ritro, Raúl Mercado, Agustín Gómez y Beto Sará. La película volvió a colocar en primer plano aquella extraordinaria historia nacida en Mendoza siete décadas atrás. Así, aquel muchacho sanrafaelino que tomó una guitarra y comenzó a cantar junto a un grupo de amigos terminó formando parte de una experiencia artística que atravesó generaciones, fronteras y exilios: Cacho Ritro convirtió su vida en canción y su nombre quedó definitivamente unido a Los Andariegos, a la renovación del folclore y a una de las páginas más singulares de la cultura musical mendocina y argentina. #CachoRitro #LosAndariegos #SanRafael #Mendoza #FolcloreArgentino #MúsicaArgentina #HistoriaDeMendoza #CulturaMendocina #NuevoCancionero #ArmandoTejadaGómez #MercedesSosa #MadreLuzLatinoamérica #MendozAntigua #ArgentineFolklore #ArgentineMusic #MendozaHistory #LatinAmericanMusic #FolkMusic #CulturalHeritage #MusicHistory. Fuentes consultadas: Universidad Provincial de Córdoba (UPC), CINE.AR–INCAA, Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO), Tiempo Argentino/Télam, Sitio Andino, La Nación, Apple Music y Revista Folklore.


2 DE OCTUBRE DE 1929 — NACE “EL TORDO” NIETO: EL BAILARÍN MENDOCINO QUE LLEVÓ A CUYO POR LOS ESCENARIOS Y AYUDÓ A ENCENDER LA REVOLUCIÓN DEL NUEVO CANCIONERO


El 2 de octubre de 1929, hace 97 años, nacía en Mendoza Víctor Gabriel Nieto, recordado para siempre como “El Tordo”, bailarín, coreógrafo, autor y una figura singular de la cultura popular cuyana del siglo XX. Desde muy joven encontró en las danzas folklóricas argentinas el territorio en el que desarrollaría buena parte de su vida artística. Se perfeccionó con la profesora Eva Godoy y juntos conformaron la pareja “La Alondra y el Tordo”, además de fundar el Estudio de Arte Nativo y el Ballet Folklórico Cuyano, agrupación que participó en numerosas celebraciones vendimiales y llevó sus danzas a escenarios de distintas provincias argentinas, Buenos Aires y Santiago de Chile. Su trayectoria creció hasta incorporarlo a importantes compañías: trabajó con el maestro Joaquín Pérez Fernández, integró propuestas vinculadas a Ariel Ramírez, actuó con Mariano Mores en “Luces de Buenos Aires” y formó parte del ballet dirigido por Santiago Ayala, el legendario “Chúcaro”. Pero Nieto no quedó limitado a la danza. Se le atribuye la autoría de cerca de medio centenar de canciones y su nombre quedó definitivamente unido a uno de los acontecimientos culturales más trascendentes surgidos en Mendoza: el Movimiento del Nuevo Cancionero. El 11 de febrero de 1963 estuvo entre los artistas que dieron a conocer en el Círculo de Periodistas de Mendoza el histórico manifiesto que buscaba renovar la canción popular argentina, integrar las distintas expresiones regionales y superar las rígidas fronteras entre el folklore tradicional y las nuevas formas de creación. Víctor Gabriel Nieto figura entre los firmantes del documento junto a Tito Francia, Oscar Matus, Armando Tejada Gómez, Mercedes Sosa, Martín Ochoa, David Caballero, Horacio Tusoli, Perla Barta, Chango Leal, Graciela Lucero, Clide Villegas, Emilio Crosetti y Eduardo Aragón. Investigaciones musicológicas posteriores también lo ubican, junto a Mercedes Sosa, Matus, Francia, Juan Carlos Sedero, Tejada Gómez y Pedro Horacio Tusoli, entre quienes participaron activamente en la presentación pública de aquel movimiento que desde Mendoza terminaría proyectándose sobre la música popular argentina y latinoamericana. Su actividad alcanzó además el cine y el espectáculo: las reseñas biográficas mendocinas registran su participación en “Las Carretas” y señalan que Homero Cárpena lo convocó para integrar “Soy de los tiempos de Carlos Gardel”. Con los años continuó su carrera en Estados Unidos, llevando consigo aquella identidad artística nacida entre cuecas, zambas, tonadas y escenarios cuyanos. Su vida terminó de manera trágica en Las Vegas el 18 de octubre de 2007, apenas dieciséis días después de cumplir 78 años; avisos fúnebres publicados entonces confirmaron su fallecimiento en esa ciudad. Quedaba atrás una existencia atravesada por la danza, la música y una época extraordinaria de la cultura mendocina. “El Tordo” Nieto fue mucho más que un bailarín: perteneció a una generación que quiso demostrar que la tradición podía conservar sus raíces y, al mismo tiempo, transformarse, dialogar con su presente y volar mucho más allá de Mendoza.  FUENTES CONSULTADAS: Gobierno de Mendoza y Portal Educativo de Mendoza, sobre la historia y los firmantes del Nuevo Cancionero; Asociación Argentina de Musicología y La Nación, sobre el movimiento y la participación de Víctor Nieto; La Melesca, para datos biográficos y artísticos; y Diario El Litoral, para la confirmación de su fallecimiento en Las Vegas en 2007. #VíctorGabrielNieto #ElTordoNieto #Mendoza #HistoriaDeMendoza #CulturaMendocina #FolkloreArgentino #FolkloreCuyano #NuevoCancionero #MercedesSosa #ArmandoTejadaGómez #TitoFrancia #OscarMatus #DanzaFolklórica #CulturaArgentina #MendozAntigua #ArgentineFolklore #MendozaHistory #ArgentineMusic #FolkDance #NuevoCancionero #CulturalHeritage

2 DE OCTUBRE DE 1745 — TRES JINETES, MERCADERÍA CLANDESTINA Y UNA FUGA EN LA ENSENADA DE BARRAGÁN: EL DÍA EN QUE EL CONTRABANDO DEJÓ SU HUELLA EN LA COSTA BONAERENSE (IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 2 de octubre de 1745, hace 281 años, un episodio aparentemente pequeño dejó una extraordinaria ventana abierta hacia el mundo del contrabando en el Buenos Aires colonial. Cerca de la Ensenada de Barragán, sobre la costa del Río de la Plata, Juan de Zamora sorprendió a tres hombres que transportaban a caballo diversos “géneros”, palabra utilizada entonces para referirse a mercaderías. Zamora consiguió aprehender los efectos, pero los tres hombres escaparon y, pese al intento por alcanzarlos, desaparecieron en la campaña. El hecho quedó registrado entre la documentación conservada en el Archivo General de Indias bajo la referencia Buenos Aires 12 A y fue recuperado por la historiadora María Inés Montserrat en su investigación sobre la circulación de personas y bienes por la campaña bonaerense. El escenario no era casual. La Ensenada de Barragán constituía uno de los puntos estratégicos de la costa: un informe de 1731 destacaba la profundidad y el fondo sin piedras de sus aguas, la disponibilidad de agua dulce, pescado, leña y ganado, mientras que árboles y matorrales protegían visualmente la embocadura y facilitaban desembarcos discretos. El gobernador Bruno Mauricio de Zabala había intentado imponerle el nombre de Ensenada de San Martín y San Bruno, pero la antigua denominación de Barragán sobrevivió en el uso cotidiano y también en los documentos. Aquel paisaje de bañados, montes, caminos y desembarcaderos formaba parte de un enorme circuito comercial que desbordaba ampliamente el puerto oficial de Buenos Aires. La historiografía describe al Río de la Plata del siglo XVIII como un verdadero complejo portuario integrado por Buenos Aires, Montevideo, Colonia del Sacramento y numerosos puntos informales de desembarco distribuidos sobre la costa. La vigilancia era difícil y los hombres dedicados al comercio clandestino podían descargar las mercaderías y retirarlas rápidamente mediante caballos y carretas antes de que llegaran los guardas. La magnitud de aquel problema aparece claramente en los documentos: en fuentes del Archivo General de Indias estudiadas para la campaña bonaerense se contabilizaron 103 comisos correspondientes al período 1726-1761, aunque en 89 de ellos sólo quedó registrada la fecha en que fueron comunicados a la Corona y no necesariamente la jornada exacta de la aprehensión. Desde un Real Decreto del 10 de enero de 1742, estas causas debían ser consultadas al rey, circunstancia que contribuyó a que episodios tan concretos como el del 2 de octubre de 1745 terminaran atravesando casi tres siglos de historia. Juan de Zamora aparece además en investigaciones sobre el comercio rioplatense como uno de los agentes estrechamente vinculados a la persecución de mercancías introducidas fuera de los canales autorizados. Aquella jornada en Barragán resume, en apenas una escena, todo un mundo colonial: tres hombres cabalgando con mercadería, un agente tratando de detenerlos, los efectos abandonados y decomisados, los fugitivos perdiéndose entre los caminos de la costa y un documento que viajaría hasta la administración de la monarquía española. Hoy aquel registro permite comprender que la historia económica del Río de la Plata no se escribió solamente en grandes puertos, barcos y despachos oficiales, sino también en persecuciones anónimas ocurridas entre bañados, montes y senderos de la antigua campaña bonaerense. #EnsenadaDeBarragán #BuenosAiresColonial #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #Contrabando #RíoDeLaPlata #ArchivoGeneralDeIndias #HistoriaColonial #Efemérides #MendozAntigua #ColonialBuenosAires #ArgentineHistory #HistoryOfArgentina #RioDeLaPlata #Smuggling #ColonialHistory #HistoricalArchives #SouthAmericanHistory Fuente principal: Archivo General de Indias, AGI, Buenos Aires 12 A; María Inés Montserrat, “Hombres, géneros y carretas: la circulación de bienes en la campaña bonaerense en la temprana época colonial”, Temas de Historia Argentina y Americana, Nº 28, vol. 1, Universidad Católica Argentina, 2020. El trabajo reproduce expresamente el comiso del 2 de octubre de 1745 y documenta que Zamora no consiguió alcanzar a los tres hombres.  Fuente complementaria: el mismo estudio documenta las características naturales de la Ensenada de Barragán, su utilización para desembarcos y la existencia de 103 comisos estudiados entre 1726 y 1761.  Para el contexto de la actuación de Juan de Zamora y la represión del comercio ilícito rioplatense: “El comercio intrarregional en el complejo portuario rioplatense: el contrabando visto a través de los comisos, 1693-1777”. 

2 DE OCTUBRE DE 1944 — VARSOVIA CALLÓ ENTRE LAS RUINAS: 63 DÍAS DE REBELIÓN, UNA CIUDAD CONDENADA Y EL ÚLTIMO COMBATE POR LA LIBERTAD


El 2 de octubre de 1944, hace 82 años, Varsovia comenzó la jornada bajo una tregua y terminó envuelta en un silencio que parecía imposible después de 63 días de combate ininterrumpido. Aquel día llegaba a su fin el Alzamiento de Varsovia, una de las mayores operaciones militares emprendidas por un movimiento de resistencia contra la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial. La tragedia de la capital polaca había comenzado mucho antes. Alemania invadió Polonia el 1 de septiembre de 1939 y Varsovia cayó después de semanas de bombardeos y combates. Antes de la guerra vivían allí unos 1,3 millones de habitantes y más de 350.000 —alrededor del 30 %— eran judíos, formando una de las comunidades judías más grandes del mundo. La ocupación nazi impuso confiscaciones, trabajos forzados, persecuciones, ejecuciones y finalmente el gueto de Varsovia, donde cientos de miles de personas fueron encerradas antes de las deportaciones masivas hacia Treblinka y otros centros de exterminio. Es importante distinguir dos acontecimientos que a menudo se confunden: en abril de 1943 tuvo lugar el heroico Levantamiento del Gueto de Varsovia, protagonizado principalmente por organizaciones de resistencia judías; el Alzamiento de Varsovia comenzó más de un año después, el 1 de agosto de 1944, encabezado por la Armia Krajowa —Ejército Nacional— vinculada al gobierno polaco en el exilio en Londres. Para entonces, las relaciones entre ese gobierno y Moscú estaban profundamente quebradas, especialmente después de que en 1943 saliera a la luz la masacre de Katyn: cerca de 22.000 ciudadanos polacos, entre ellos oficiales, policías, funcionarios e integrantes de la élite profesional, habían sido asesinados por la policía secreta soviética NKVD en 1940. Dentro de la llamada Operación Tempestad, el general Tadeusz “Bór” Komorowski y los mandos de la resistencia apostaron por liberar la capital antes de la llegada definitiva del Ejército Rojo, esperando que una Varsovia controlada por las autoridades clandestinas polacas reforzara la independencia política del país en la Europa que surgiría de la guerra. A las 17 horas del 1 de agosto comenzó la insurrección. Decenas de miles de combatientes salieron de la clandestinidad; muchos apenas poseían pistolas, granadas artesanales, cócteles Molotov o armas capturadas al enemigo. Durante los primeros días consiguieron controlar importantes sectores de la ciudad y levantaron barricadas, talleres clandestinos, hospitales, imprentas y redes de comunicación. El 5 de agosto, combatientes del batallón Zośka liberaron además a 348 prisioneros judíos del campo de Gęsiówka, muchos de los cuales se incorporaron después a la lucha. Pero la reacción alemana fue feroz. Hitler y Heinrich Himmler dispusieron la destrucción de la resistencia y de la propia ciudad, y las fuerzas dirigidas por el SS-Obergruppenführer Erich von dem Bach-Zelewski desencadenaron una represión de enorme brutalidad. Entre el 5 y el 7 de agosto, solamente en el distrito de Wola, decenas de miles de civiles fueron asesinados en ejecuciones sistemáticas; hospitales, viviendas y refugios fueron atacados mientras unidades alemanas avanzaban barrio por barrio. La ayuda exterior existió, pero fue insuficiente para cambiar el destino de la rebelión: aviadores polacos, británicos, sudafricanos y de otras fuerzas aliadas realizaron peligrosas misiones de abastecimiento desde Italia, sufriendo importantes pérdidas, y el 18 de septiembre más de un centenar de bombarderos estadounidenses B-17 efectuaron una gigantesca operación de lanzamiento de suministros, aunque buena parte de las cargas cayó fuera de las posiciones insurgentes. Durante buena parte de agosto Stalin también negó a los aviones occidentales el uso de aeródromos soviéticos para esas operaciones. El comportamiento de la Unión Soviética continúa siendo uno de los aspectos más debatidos de la historia del levantamiento: documentos diplomáticos occidentales de la época reflejan la sospecha de que Moscú tenía interés político en que la resistencia polaca no comunista quedara debilitada, mientras que otros análisis también señalan dificultades militares y logísticas sufridas por las fuerzas soviéticas después de su enorme avance del verano de 1944. Lo comprobable es que el Ejército Rojo no lanzó durante las semanas decisivas una ofensiva capaz de salvar a los insurgentes; a mediados de septiembre ocupó Praga, en la margen oriental del Vístula, comenzaron algunos lanzamientos soviéticos de suministros y unidades del 1.º Ejército Polaco que combatía junto a los soviéticos intentaron cruzar el río y contactar con la resistencia, pero las cabezas de puente fueron destruidas con fuertes pérdidas. Dentro de Varsovia, mientras tanto, la situación se volvió desesperada: faltaban alimentos, agua, medicamentos y municiones; barrios enteros desaparecían bajo la artillería y los bombardeos, y combatientes y civiles utilizaban las alcantarillas para atravesar zonas controladas por los alemanes. A finales de septiembre cayeron Mokotów y Żoliborz y la resistencia quedó prácticamente reducida al centro. Sin posibilidades reales de continuar, Bór-Komorowski autorizó la capitulación. El acuerdo formal para poner fin a las hostilidades fue firmado el 2 de octubre en Ożarów por Erich von dem Bach en representación alemana y por los coroneles Kazimierz Iranek-Osmecki y Zygmunt Dobrowolski por la parte polaca. Los insurgentes obtuvieron el reconocimiento como prisioneros de guerra, pero para Varsovia la tragedia todavía no había terminado. La población superviviente fue expulsada y, después de la rendición, unidades alemanas comenzaron una demolición sistemática de edificios, monumentos, iglesias, archivos, bibliotecas y palacios. Aproximadamente el 85 % del centro histórico de Varsovia terminó destruido durante la guerra y la devastación de la ciudad alcanzó proporciones extraordinarias. Las estimaciones varían según las fuentes, pero alrededor de 16.000 a 18.000 insurgentes murieron durante el levantamiento y las víctimas civiles se cuentan en alrededor de 150.000 a 180.000. Cuando las fuerzas soviéticas y polacas entraron finalmente en Varsovia el 17 de enero de 1945 encontraron una capital prácticamente convertida en un océano de ruinas, de la que la inmensa mayoría de sus habitantes había muerto, sido asesinada, deportada o expulsada. Entre aquellas ruinas sobrevivían también apenas unos pocos cientos de judíos escondidos, último vestigio de una comunidad que antes de 1939 había contado con cientos de miles de personas. El Alzamiento de Varsovia terminó militarmente derrotado, pero aquellos 63 días quedaron grabados como uno de los episodios más dramáticos de la resistencia europea: una ciudad que intentó conquistar su libertad mientras dos ejércitos gigantes se encontraban a ambos lados de su destino y que pagó su desafío con una destrucción casi absoluta. #Varsovia #AlzamientoDeVarsovia #Polonia #SegundaGuerraMundial #Historia #ResistenciaPolaca #ArmiaKrajowa #MemoriaHistórica #WarsawUprising #Warsaw1944 #PolishResistance #WWIIHistory #WorldWarII #History #NeverForget. Fuentes consultadas: United States Holocaust Memorial Museum; Museo del Alzamiento de Varsovia; UNESCO World Heritage Centre; Office of the Historian del Departamento de Estado de EE. UU.; Instituto de la Memoria Nacional de Polonia; y National WWII Museum. Estas instituciones aportan documentación sobre el Alzamiento de Varsovia, la destrucción de la ciudad, la ayuda aliada, la actuación soviética, la masacre de Katyn y la represión alemana.


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