Etiquetas

jueves, 23 de octubre de 2014

Coquetas, aburridas y Mendocinas

Los días festivos y los paseos en la antigua Mendoza eran "el entretenimiento de las intrigas amorosas, el consuelo de las viudas, el peregrinaje de las coquetas, el paraíso de las mujeres galantes, el purgatorio de los maridos celosos y el pasatiempo de los vagos”.

Ninguna mujer salía de su casa sin un abanico en la mano y sin cubrirse la cabeza. 


Durante al menos un siglo, después de días de encierro, bordados y alguna que otra visita social obligada, las mujeres mendocinas se lanzaban al paseo de los domingos como niñas. Antes se habían preguntado ¿qué me pongo?, alborotando arcones y cofres en busca de la prenda más adecuada para la ocasión.


El paseo dominical era el principal entretenimiento de la Mendoza colonial y siguió siéndolo hasta bien entrado el siglo XX. Esta salida estaba matizada por las festividades cívicas y religiosas, el carnaval, las temporadas de teatro, los esporádicos bailes y las tertulias.

Como algunas cosas nunca cambian, también entonces ese paseo era concebido como “el entretenimiento de las intrigas amorosas, el consuelo de las viudas, el peregrinaje de las coquetas, el paraíso de las mujeres galantes, el purgatorio de los maridos celosos y el pasatiempo de los vagos”, como señala una nota del diario El Constitucional de marzo de 1864. 

Ellas paseaban por la vieja Alameda, luego por las flamantes plazas creadas después del terremoto como la de Loreto (actual plaza Sarmiento), la Cobos (actual plaza San Martín y la plaza Independencia que se convertirá progresivamente en el símbolo social de la ciudad nueva. 

En esos espacios de recreo urbano, las mendocinas solteras además de pasear y comentar los chismes de la ciudad, tomaban helados, escuchaban a las bandas de música y coqueteaban en grupo, nunca solas, con hombres jóvenes que iban a la plaza a lo mismo que ellas: mostrarse, sonreír significativamente y conseguir una pareja. 

Y todos ellos, caballeros y doncellas, no perdían la oportunidad de hacer lo mismo durante las dos fiestas más cívicas más importantes. El 25 de Mayo y el 9 de Julio eran festejados con gran despliegue en Mendoza cuyos actos principales apenas tuvieron cambios a lo largo de los años. 

El 25 de Mayo comenzaba con un “saludo al Sol de Mayo” en las escuelas en las que los alumnos cantaban el Himno Nacional frente a los funcionarios de turno. Los actos continuaban con un desfile militar por las calles y un Te Deum, siempre “solemne”. 

El día de fiesta culminaba con un banquete y un baile de gala para la alta sociedad, en tanto que el resto de los mendocinos asistía a otra de teatro con tema patriótico, una feria de platos con rifa o una tertulia más o menos elegante. Tampoco faltaban las ramadas y bodegones improvisadas en las plazas con guitarreada y vino incluidos.

Y las mujeres debían vestir de acuerdo a la ocasión y cuando se trata del delicado equilibrio entre el ser y el parecer, en nuestra provincia ha pesado siempre más el parecer. 

De ahí que las manos femeninas fueran diestras en la confección de prendas. Las mujeres hilaban en los telares familiares paños con los que creaban desde, manteles a ropas para el culto, desde ponchos a vestidos según la moda española, primero, y la francesa después. 

Madres e hijas se ejercitaban en las labores de costura, cortando y cosiendo y las mujeres, incluso las de clase alta, tenían muy pocos vestidos que se pasaban en herencia a las mujeres de la familia. 

Estas prendas eran enriquecidas con accesorios como mantillas de encaje blancas y negras, peinetones, sólidos rodetes ajustados con peinetas y el infaltable abanico agitado con picardía o pacatería, según la dama. Ninguna mujer salía de su casa sin un abanico en la mano y sin cubrirse la cabeza y esta prenda era la que indicaba su condición social.

Las mujeres que no cosían su propia ropa podían comprarla, según su condición social, en las tiendas de ropa o en las pulperías, donde se vendían faldas de bayeta de fuertes colores, enaguas de lienzo blanco, jubones y pañuelos para el cuello.

Las mendocinas solían usar el traje español de faldas largas y anchas, que cubrían con enaguas confeccionadas en lienzo blanco y adornadas con puntillas. Sobre una camisa de lino con encajes, un corpiño o chaleco, se colocaba una chupa o jubón que, ajustado a la cintura, caía diez centímetros sobre las caderas y tenía mangas angostas y largas.

El único vestido de Remedios de Escalada de San Martín que no fue quemado debido a su enfermedad y que se conserva en el Museo Histórico de la Ciudad de Buenos Aires fue confeccionado bajo la influencia francesa. 

El vestido es de linón bordado en punto beauvais, con trabajo de pequeñas lentejuelas doradas recamando el bordado; el escote es redondo y las mangas cortas tienen forma de globo. De talle no demasiado alto parte  una falda que reúne los frunces en la delantera y se ven claramente en el ruedo los pesos que les colocaban para que no se levantaran al caminar. 

Se especula que el vestido fue confeccionado en una fecha cercana a su muerte (3 de agosto de 1823) ya que los talles altos fueron lentamente bajando y buscando su lugar natural hacia 1825.

Las jóvenes mendocinas que asistían a los bailes se esmeraban en lucir sus mejores galas y que sus atuendos eran comentados en detalle por las crónicas de los diarios del siglo XIX. Así, el diario El Constitucional da cuenta en una crónica de junio de 1877 que “la señorita MG vestía un elegante traje de seda color lila con encajes blancos  y en la cabeza flores naturales de color rosa”.

¿Cuántas veces se habrá preguntado el eterno `¿qué me pongo?´ la señorita MG antes de dar con su coqueto traje que mereció la atención del cronista? ¿Cuánto alboroto habrá hecho en su habitación, cuántas veces se habrá mirado al espejo antes de dar con la prenda adecuada para brillar en ese efímero baile? ¿Dónde estarán las flores que adornaron su cabeza?

Patricia Rodón


Fuente: http://www.mdzol.com/nota/297970

Foto Antigua.Microsoft (1975) Que Seguro Que No Sabías Que Empezaron En Un Garaje

raszl.com
raszl.com

En 1975, Bill Gates y Paul Allen fundaron lo que sería Microsoft en su garaje. Más tarde vendieron su primera licencía a IBM por 80.000$. Y actualmente Windows controla el mercado de sistemas operativos. - 

Copahues, Agua Mineral de Cacheuta (año 1899)

El Farmacéutico T. Belleli, famoso excursionista científico, recorría Los Andes Mendocinos y un buen día dio en la Estación Cacheuta con un manantial que resultó ser, luego de los análisis químicos del agua que lo forma realizados por los primeros químicos de Argentina (doctores, Arata, Quiroga, Ordoñez, Pando y Tagliabúe) resulto ser un verdadero tesoro del cual puede enorgullecerse Mendoza.

Vista General del Establecimiento en Cacheuta (año 1899)

El señor Bellili, que encontró en la boca del río Cacheuta un manantial de eximia agua de mesa que denominó Copahues, prosiguió sus estudios y no tardó en dar con otro en Puente del Inca, complemento del anterior formado con aguas laxantes superiores en calidad a las famosas de Austria y Hungría.


miércoles, 22 de octubre de 2014

Imágen del Cristo Redentor y Radio Panagra Frontera Argentina-Chile, (año 1940)

El Cristo Redentor a 4000 metros (13000 pies) sobre el nivel del mar, es una obra monumental costeada por los países de Argentina y Chile, como símbolo de paz eterna entre ambos países. El camino internacional que bordea dista a 212 km. de la provincia de Mendoza. 
En esta foto tomada mirando el lado Chileno, la estación meteorológica, Radio de la Panagra, y al pie de la estatua rodeada de nieve un automóvil Ford, a este vehículo se lo llamaba el Condor terrestre de Los Andes. El 80% de los vehículos que transitaban en esa década (1940), camiones,  autos particulares o de alquiler era, de marca Ford.

En 1933, la Pan American Grace Airways Corporate, emprendió un descabellado proyecto en procura de lograr un controlador aéreo eficaz, en uno de los pasos más altos de la cordillera.



El edificio sólo se unía al mundo civilizado por medio de la radio y del teléfono.

El antiguo refugio fue cuidadosamente ampliado y reformado, dándole mayores comodidades. Las instalaciones se componían de un techado especial con cielo raso aislante de los intensos fríos y pisos de madera. También, tres pequeñas habitaciones formaban el observatorio: la pieza en donde estaban instalados los aparatos de comunicación, el dormitorio y la cocina. En la habitación central existía una pequeña torre, en donde los dos esforzados moradores se hospedaban.

Fue por el mes de mayo de 1933 que dos hombres llamados Gregorio Neumosoff y Reynaldo Abelda se internaron voluntariamente en el lugar más alejado de toda la cordillera. Era la estación de control y meteorología de la empresa de aviación Panagra.

Gregorio Neumosoff y Reynaldo Abelda: perdidos en la cordillera
La estación del Cristo Redentor en los años ’70.

Dos tipos audaces



El reloj despertador sonó a las 4 de la madrugada, Gregorio Neumosoff se levantó y después de asearse y afeitarse, fue a la cocina a poner la tetera con agua para prepararse algunos matecitos. Luego, se sentó y encendió el radio. Eran las 6.40 horas de repente, desde la radio, se escuchó la voz del piloto del avión, anunciando su despegue del aeropuerto desde “Los Chorrillos” . “...vuelo 354 de Panagra, con dirección hacia Mendoza, estamos a una altura de 5.000 metros y a una velocidad de 135 millas por hora. Inmediatamente Gregorio contestó: “Aquí observatorio del Cristo; las condiciones del tiempo en este momento, son muy favorables para el vuelo, el viento sopla del sector Sudoeste a 30 kilómetros por hora y la visibilidad es de 5 millas. Cambio y fuera”.

Cada quince minutos el avión informaba sobre la posición. Los aviones tenían el huso horario de la ciudad de Nueva York. 

El joven Neumosoff transmitía el estado del tiempo tres veces al día a las dos aeroestaciones. También orientaba a los pilotos, en caso de mal tiempo, a tomar una ruta alternativa.

Luego de este intercambio con la civilización, todo volvía a la absoluta soledad. Soledad que se les hacía difícil a estos hombres, especialmente cuando los temporales duraban semanas enteras, en cuyas circunstancias la visibilidad no alcanzaba más allá de cuatro o cinco metros. 

En un invierno, aquellos estuvieron un mes y medio sin poder salir y casi sin provisiones. Nieve y más nieve era lo único que el viento arrastraba con violencia tal que algunas veces llegaba a lastimarles la cara al intentar salir al exterior.

Gregorio Neumosoff era el encargado y radiotelegrafista del observatorio, antes de tener este oficio fue empleado del ferrocarril Trasandino. El estaba habituado a la vida de montaña desde hacía muchos años. Su compañero, el mendocino Reynaldo E. Abelda, se encargaba de las tareas meteorológicas.

Ambos vivían en permanente desafío a las inclemencias de la naturaleza. Pasaron los largos días en que aparte de registrar sus observaciones tenían mucho tiempo libre. Tanto Gregorio como Reynaldo se entregaron a la lectura en la pequeña biblioteca improvisada en un rincón de una de las habitaciones. Los libros de Spencer, de José Ingenieros, eran devorados con la misma fricción de los libretos de los sainetes en boga.

Durante días y días no tenían más contacto con el mundo que el que les brindaba el telégrafo y el teléfono.

En el interior del refugio se hacía agradable por las estufas a querosén que estaban encendidas permanentemente, irradiaban calor y mantenían la temperatura a unos 18 grados, pero varias veces tuvieron inconvenientes con las mismas, y una vez casi murieron intoxicados. De todos modos era importante mantener el ambiente cálido para poder conservar las baterías que alimentaban la energía de los aparatos de medición. 

Estaban bien abastecidos de provisiones, al punto que la leña y carbón alcanzaban para ocho meses. 

El observatorio poseía un receptor de radiotelegrafía bastante adelantado para su época. Contaban también con un teléfono que comunicaba directamente a las oficinas de la Panagra, una en el campo aéreo de “Los Tamarindos” en Mendoza y la aeroestación de Santiago de Chile.

En el exterior de la construcción y como complemento de aquellos aparatos de comunicación, disponían de instrumental meteorológico: anemómetro para medir la velocidad de los vientos, barómetro, termómetros y una veleta.


El pasamanos salvador

A metros de la estación y con dirección al Norte, siguiendo un cordón de piedra, la compañía Panagra colocó un pasamanos de soga de 100 metros de largo para seguridad del observador que necesitaba cerciorarse del estado del tiempo. 

En esa parte de la cumbre el viento golpeaba furiosa y continuamente, pudiendo arrastrar a un hombre con facilidad al fondo de la quebrada. En una oportunidad a uno de los integrantes de esta estación, precisamente, el ayudante Abelda, fue sacudido por una ráfaga de viento y gracias a esa soga pudo salvarse de caer a un precipicio.

Estos dos héroes comprometidos con su trabajo, estuvieron soportando las inclemencias del tiempo y aislado de todo contacto con el hombre por meses con el objeto de informar las condiciones meteorológicas que existían en aquel punto. 

A ellos, como a otros que la historia ha ignorado, este merecido reconocimiento..

“Tenían serios inconvenientes con las estufas y una vez, casi mueren intoxicados”.


Foto Antigua. Moto Harley Davidson. Que Seguro Que No Sabías Que Empezaron En Un Garaje. (año 1901)

totalmotorcycle.com
totalmotorcycle.com


 En 1901, William S. Harley, planeó diseñar un motor para mover su bicicleta. Durante unos años Harley y su amigo Arthur Davidson estubieron planeando la primera bicicleta con motor, una motocicleta, creando la compañía Harley-Davidson en 1903.

La estrategia del escote: entre el deseo y la censura (año 1900)

Hacia 1900 las mujeres comenzaron a mostrar el cuerpo y fueron repudiadas por la Iglesia y de los hipócritamente escandalizados hombres. Pero a ellos le encantan las mujeres, todas, todas, las mujeres, que muestran su cuerpo en público. Siempre que no seás vos, claro.

La mujer que mostraba su cuerpo era mirada con desprecio. 

El espejo te devuelve una imagen que dice que esa ropa te queda muy bien, que estás preciosa, sexy, encantadora con ese escote de vértigo y esa faldita ajustada que destaca tus curvas. Pero cuando tu novio, tu marido o algún señor con aspiraciones de “dueño”, siempre justo antes de salir, te intercepta y de inmediato te pasa por el escaner, te evalúa, mide el efecto que podés provocar en un hombre, cualquier otro hombre, te censura y te grita: “¡Así no vas a ningún lado!”


Y si te toparas con un caballero de los andantes, Lancelot o Roland, digamos, te mandaría derecho a la hoguera o al convento sin dudarlo. Los señores que mataban dragones para demostrar su amor, se batían en duelo para defender tu honor o que escalaban murallas al estilo de Romeo sólo para entrever a su Julieta, tenían ideas muy estrictas respecto de cómo debía lucir y comportarse una doncella.

Las chicas del siglo XIII no sólo debían saber de memoria un completo código de sociabilidad que involucraba una extensa lista de normas sólo para mujeres, que iban desde las maneras apropiadas de moverse y caminar y la aplicación de los correctos modales de mesa a las buenas artes de lucir encantadora y diestra en juegos, canciones y bailes a la luz de las antorchas. Ese código también enseñaba cómo y cuándo mostrar los pies y cómo y cuándo usar el escote.

Exactamente igual que hoy, se aconsejaba el uso de algunos artificios, por ejemplo el de que “los bustos abundantes ganarán en interés con ropa ajustada”, mientras que “los vestidos amplios permitirán enmendar la delgadez”.

En su curioso libro, el “Escarmiento de damas”, Robert de Blois recomienda el cuidado de las manos y de la uñas, “que no han de sobresalir” y deja muy claro que “una dama adquiere mala reputación si no se muestra limpia; un aspecto cuidado y agradable vale más que una belleza descuidada”.

Al mismo tiempo, todas las convenciones desanimaban cualquier tipo de exhibicionismo pero animaban a cultivar cierto fetichismo y creaban todo tipo de fantasías eróticas al invitar a pensar que, efectivamente, lo que no se muestra del cuerpo es más hermoso que lo que se muestra.

“No es bueno para una dama desvelar su blanco cuerpo a otros que no sean sus íntimos. Una deja entrever su pecho a fin de que pueda advertirse qué blanco es su cuerpo. Otra deja voluntariamente que se muestre su costado. Una tercera descubre demasiado sus piernas. Un hombre sensato no ve bien esta forma de comportarse porque el deseo se apodera astutamente del corazón del prójimo cuando se enreda en ello la mirada”, se explaya el señor de Blois. Y agrega el viejo dicho: “¡Ojos que no ven, corazón que no siente!”

Estas palabras escritas hace tantos siglos fueron tan admonitorias y concordaban tan bien con la mezcla de creencias y temores de gentiles y cristianos que, desde entonces y hasta hace pocos años, “se comporta mal la mujer que ofrece su cuerpo a las miradas de los demás”.

Hacia 1900 las mujeres se atrevieron a desafiar los principios morales que las ataban y comenzaron a mostrar el cuerpo, y provocaron el consiguiente repudio por parte de la Iglesia y de los hipócritamente escandalizados hombres, siempre machistas, recibiendo una severa condena social.


Pero a muchas no les importó y los cuellos "hasta las orejas" dieron paso al escote en "V", cada vez más profundo, y las faldas se acortaron levemente, dejando al descubierto los tobillos, cosa que también causó estupor en la época porque durante siglos las piernas femeninas habían sido el símbolo erótico que "provocaba la lujuria en los hombres" razón por la cual debían ser escondidas. 


En los años ´30, la atención erótica cambió desde las piernas hasta el pecho y la espalda, la que era resaltada por prominentes escotes que provocaban el delirio masculino. Desde entonces, las mujeres ha hecho uso de los escotes y de las prendas ajustadas osciladondo entre la discreción más o menos sexy y la más explícita sensualidad perturbadora. 

A pesar de la masiva y creciente exposición de carne femenina que propalan la televisión, los medios e internet, mientras las mujeres siguen mostrando el cuerpo -algunas sólo por el placer de seducir a cualquiera que las mire y otras porque siguen asignándole a sus pechos y caderas un valor de mercancía-, el viejo prejuicio y temor masculino sigue vigente cuando la chica ligera de ropas es la mujer que consideran “propia”. 

Frente a esto, las mujeres tenemos al menos dos alternativas: guardar la mini, el escote, la lencería y toda la ropita sexy para la casa y encender de deseo del caballero puertas adentro; o ignorarlo, ponerse lo que tengamos ganas y convertirnos en un imán de miradas. 

Porque aunque tu chico no sea Lancelot y se parezca más a Super Mario Bros matando a mini dragones digitales, ponele la firma que le encantan las mujeres, todas, todas, las mujeres, que muestran su cuerpo en público. Siempre que no seás vos, claro.

Patricia Rodón


Fuente: http://www.mdzol.com/nota/296144

Calles Dr. Ponce Torrontegot y diagonal Carosella. Distrito Rodeo de la Cruz. Departamento de Guaymallén (año 1973) Mendoza


lunes, 20 de octubre de 2014

Casa del Señor F. M. Toledo. Departamento Lujan de Cuyo. (año 1910) Mendoza


Deportes en el Recuerdo. Formación del Equipo de Foot-ball, Independiante Rivadavia. (año 1931)

Los Integrantes eran:   
García, Benegas, Ponce, Carrizo, Arrieta, Portillo, Aracena, Relaméndez, Ávila, Vázquez, Conill


Sin sentarse en las rodillas del jefe

Las diferencias salariales y de jerarquía entre hombres y mujeres en el terreno laboral no son nuevas. Las mujeres cobraban alrededor del 76% del salario que percibía un hombre por el mismo trabajo, pero las pedían para tareas que requerían dedos ágiles, concentración y paciencia.

A las mujeres se les pagaba como si su salario fuera un “complemento” del sueldo de un hombre.

Hacia 1900 los empresarios sostenían, perversamente, que lo que producían las mujeres tenían un valor inferior en el mercado.

“La mujer, desde el punto de vista industrial, es un trabajador imperfecto”, publicaba en 1840 el diario francés L´Atelier. Y lo argumentaba con una seguridad digna de un enviado divino, sentenciando “puesto que las mujeres son menos productivas que los hombres”.


No sirve para consuelo, pero obviamente las diferencias salariales y de jerarquía entre hombres y mujeres en el terreno laboral no son nuevas.

A principios del siglo XX se justificaba que las mujeres ganaran menos que los hombres por su trabajo “no sólo porque producen menos, sino también porque lo que ellas producen tiene un valor inferior en el mercado”, explicaba con gran tranquilidad Leon Abensour en su libro de 1923 La mujer y el feminismo antes de la revolución

Pero aunque la idea de que el trabajo de hombres y mujeres tenía un valor distinto y de que los señores eran más productivos, no excluía a las señoras de la creciente fuerza laboral en los países en vías de industrialización ni las confinaba a las tareas domésticas. 

Cuando una familia necesitaba más ingresos, las mujeres salían a ganarlo. Pero no importaba cuál fuera su situación, se les pagaba como si su salario fuera un “complemento” del sueldo de un hombre. 

Y merced a la cuenta cuenta extrañísima que hacían los contadores, tesoreros y escribientes de las empresas, las mujeres cobraban alrededor del 76% del salario que percibía un hombre que hiciera el mismo trabajo, en una fábrica, por ejemplo.

Los economistas de la revolución industrial hicieron una muy poco darwiniana división, distinguiendo la fuerza laboral según el sexo. Los empleadores estipulaban no sólo la edad y el nivel de cualificación del personal requerido, sino el sexo, la raza y hasta la etnia del contratado. 

Por ejemplo, en Estados Unidos los avisos de pedido de trabajo aclaraban hacia 1900 con todas las letras: “No presentarse irlandeses”. Las fábricas textiles inglesas requerían “muchachas fuertes y saludables” o “familias formadas por niñas”. Muchas de estas manufactureras no contrataban a mujeres casadas ni con niños pequeños.


Lo notable es que cuando los empresarios querían abaratar los costos de una determinada industria y, con el pretexto de que eran tareas delicadas que requerían de dedos ágiles, concentración y paciencia, se contrataba sólo a mujeres. 


Algunos de estos trabajos, como el de telefonista, dactilógrafa o secretaria, por ejemplo, perdurarían en el tiempo como “trabajos femeninos”. 

Y aunque se ha recorrido un largo camino desde los telares de madera de las oscuras y húmedas fábricas que retrata Charles Dickens en sus novelas a las modernas máquinas industriales que operaba la activista Norma Rae -interpretada por Sally Field en una película de 1979-, todavía queda mucho por hacer para que a iguales trabajos, las mujeres perciban el mismo sueldo que los hombres.

Sin sentarse en las rodillas del jefe.
Patricia Rodón

Fuente: http://www.mdzol.com/nota/294364

Pullman de la empresa de transporte CATA. (AÑO 1934) Mendoza


domingo, 19 de octubre de 2014

Calle Céntrica de la Ciudad Capital de Mendoza. Poda del arbolado público. (año 1935)


Foto Antigua. Los Beatles, Músicos Increíble Que Seguro Que No Sabías Que Empezaron En Un Garaje

wac.450f.edgecastcdn.net
wac.450f.edgecastcdn.net

Los Beatles, considerado como uno de los mejores grupos de música de toda la historía no se salva de iniciar su carrera en un garaje, en este caso el de los padres de John Lennon. Pero por desgracía no les dejaron tocar mucho tiempo en el garaje ya que hacían demasiado ruído, así que tubieron que irse a ensayar al jardín trasero. - 


Estación de servicio, YPF Buenos Aires 1951



Documento fotográfico. Inventario 194863.
Archivo General de la Naciòn

Plaza San Martín, Nevada. Departamento de San Rafael. (Julio de 1930) Mendoza


Fuente: Archivo histórico de Mendoza

La pirámide en La Alameda que nunca se construyó. (año 1814) Mendoza

En 1814, el Cabildo de Mendoza aprobó la construcción de una pirámide en el tradicional paseo mendocino, para celebrar la toma de Montevideo por parte de los patriotas. ¿Qué fue de ese proyecto?

imagen

En  nuestra provincia, fueron varios los monumentos o hitos que se proyectaron construir a través de diferentes gobiernos para conmemorar hechos históricos que tuvieron cierta trascendencia.
Quizás uno de los más importantes, que quedó relegado y que nunca pudo ser concretado, fue el que el Cabildo de Mendoza quiso erigir en 1814, en La Alameda, luego de la toma de Montevideo por parte de los patriotas.

La tradición oral afirmaba que en el sector sur -hoy calle Remedio de Escalada y Córdoba- existió una pirámide que conmemoraba aquella victoria patriota. Pero nunca se pudo levantar.

Héroes de Montevideo
A principios de 1814, los ejércitos patriotas encontraban luchando en el norte y el este del territorio de las provincias Unidas del Río de la Plata desde hacía unos años.

En la banda oriental, el general patriota José Rondeau comandaba  desde Montevideo a 4.000 hombres  y el jefe realista Vigodet contaba con 5.000 para defender la ciudad.
En consonancia con su intención de acelerar la victoria en el frente Oriental, el entonces gobernador Gervasio Posadas encargó a su sobrino, el coronel Carlos María de Alvear, nuevas unidades militares. Más de 1.500 hombres fueron enviados aquella ciudad sitiada, bajo el mando de Alvear, quien reemplazó a Rondeau.

Inmediatamente, Alvear negoció con Vigodet la entrega de Montevideo, llegándose a un acuerdo por el cual los realistas podrían retirarse a España con sus barcos y armas, mientras que los patriotas tomarían esa plaza como garantía, en nombre de Fernando VII.
Pero el comandante patriota, faltó al acuerdo pactado e ingresó a la ciudad, tomando prisioneros a los realistas y capturando todo su armamento.

El 22 de junio de ese año, las fuerzas realistas entregaron la Fortaleza del Cerro a tropas de Alvear y un día después, entraron las tropas patriotas dirigidas por el brigadier Miguel Estanislao Soler.

El jefe del ejército realista Vigodet fue puesto en libertad poco después, junto con todos los oficiales, pero las tropas de origen americano - y africano -  fueron tomadas. Más de 7.000 hombres, 500 cañones, 9.000 fusiles y 99 embarcaciones cayeron en manos de los independentistas.

La caída de la capital oriental significó el fin de la amenaza realista sobre el Río de la Plata. La noticia llegó rápidamente a Mendoza lo que provocó la algarabía de los patriotas que salieron a las calles a festejar.

Una pirámide para los vencedores
Un tiempo después que los mendocinos se enteraron de aquella importante victoria, el ilustre Cabildo resolvió festejar la toma de la Plaza de Montevideo por las armas del entonces gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, con la erección de una pirámide en la Alameda construida en 1808.

Esta iniciativa de los ediles mendocinos fue elevada al Gobierno de Buenos Aires, quien aprobó lo propuesto el 10 de setiembre de 1814. 

La aprobación expresaba: "El acuerdo celebrado por ese Ayuntamiento exigía una pirámide en el paseo público de aquel pueblo en la memoria de la feliz ocupación de la plaza de Montevideo por las armas de las patria, y creyendo que ese monumento al par de eternizar nuestras glorias recordará a la posteridad los sacrificios de los Ilustres defensores de nuestros derechos, estimulando a imitar tan heroico esfuerzo, vengo en aprobar el expresado acuerdo y permitir la aplicación en los gastos indispensables a aquel objeto, encargándole la posible economía en consideración a la necesidad del erario, comunicándose mi decreto al Cabildo de Mendoza en contestación y al gobernador de Mendoza en la provincia de su inteligencia".

Ante esta demostración de los vecinos por aquel acontecimiento, el gobierno envió un par de estandartes realistas tomados en la banda Oriental para que fuesen colocados en el altar de la Iglesia Matriz.

Monumento en el corazón
Durante los últimos meses de 1814, luego de ocupar el cargo como Gobernador de Cuyo coronel José de San Martín, se produjo en Chile, luego de la derrota patriota en Rancagua, la toma por parte de los ejércitos realista de aquel territorio con el inminente peligro  de sufrir una invasión por los paso cordillerano.
Posiblemente, aquella propuesta de los vecinos de levantar una pirámide en conmemoración de la toma de Montevideo quedó postergada para una mejor ocasión.

Pero hubo voces que argumentaron que el monumento sí existió. Aunque son las menos.
Algunos investigadores dan por descartado que en el sur de La Alameda se hubiese construido una pirámide conmemorativa a la toma de Montevideo, ya que luego de la independencia de nuestro país, llegaron varios viajeros de origen británicos quienes por su minuciosidad no se le hubiese pasado por alto aquel monumento.
Aunque, tiempo después, el conocido historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna, hizo mención en uno de sus libros que en el sur de aquel paraje se encontraba el pedestal de un monumento.

A fines del siglo XIX, la esquina de San Martín y Córdoba se llamó  ''La Pirámide''.

Desde 1891 existió allí hasta fines de los 70's, el ''Mercado Municipal La Pirámide" y también una farmacia, que fuera inicialmente la botica de Florencio Monsó, con la misma  denominación y con el tiempo aquellas casas y comercios aledaños se lo conoció como el barrio "La Pirámide" o "del Pirámide". 

Lo cierto es que en la esquina en donde supuestamente se encontraba la pirámide en cuestión fue erigido en la primera década del siglo XX el monumento a Fray Luis Beltrán, colaborador incansable en la gesta sanmartiniana.

Carlos Campana - las2campanas@yahoo.com.ar
Fuente: http://www.losandes.com.ar/article/la-piramide-en-la-alameda-que-nunca-se-construyo