A la izquierda de la imagen se observa la construcción del edificio del Ex Banco de Mendoza
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
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viernes, 23 de julio de 2021
Desembarcando en el Viejo Buenos Aires.
por Raul Forclaz
La plataforma marítima argentina y la costa del Rio de la Plata son poco profundas y el no poder dragarlas en épocas pasadas, no permitía el acercamiento a la zona seca del puerto de los barcos de considerable calado. Por ende, el desembarco de los pasajeros se hacía por medio de un transbordo desde el buque mayor a botes y de éstos a carros tirados por caballos hasta tierra firme. En 1855 las autoridades deciden mejorar este complicado e incómodo modus operandi. Construyen dos muelles de unos doscientos metros adentrados en el Río de la Plata para así desembarcar directamente a los viajantes.mEn este posteo vamos a ver sólo el de pasajeros ya que el otro desembocaba en la Aduana Taylor y era exclusivo para mercaderías. El muelle de pasajeros era todo de madera dura, pisos y pilotes; tenía dos kioscos hacia el final, el de la derecha era un control y registro de pasajeros y el de la izquierda una especie de bar y sala de espera para los días de baja temperatura o lluvia. Fueron diseñados y construidos por el pintor y arquitecto Prilidiano Pueyrredón (1823 – 1870). Estaba ubicado entre las calles Cangallo y Bartolomé Mitre y desembocaba en el Paseo de Julio. Ambos muelles fueron demolidos en 1884 ya que rápidamente quedaron obsoletos y se decidió la construcción de un puerto nuevo. En la primera foto vemos una magnífica escena captada en un día cualquiera de trabajo. Vemos los quioscos, una vía que servía para vagonetas que transportaban los equipajes y los bancos, con un ligero detalle art-nouveau en los apoyabrazos. Los mismos eran usados para descanso de los estibadores y para solaz de personas que solían ir a pasear y disfrutar del frescor del río. Al fondo vemos la cúpula de la iglesia de la Merced, luego el edificio con una serie de arcadas se trata de la Capitanía del Puerto. A continuación, la casa inglesa Forbes dedicada a la venta de material marítimo y la sigue la Casa Corti y Rivas, que declara ser compañía introductora, lo que hoy diríamos importadora de mercaderías. Observando podemos notar que el personal del muelle se identifica con una camisa a cuadros, tipo leñadora. Uno de ellos con un lápiz en la mano está hablando con alguien fuera de foco, posiblemente con un botero. También el viejo oficio de lustrabotas, muy popular en aquella época en que los zapatos había que cuidarlos. Luego vemos muchos personajes en posiciones casuales, pero en primer plano está el momento culminante, tenemos dos purretes, uno sentado y el otro hincado, que no sé si están tramando alguna travesura o practicando algún juego de la época, intriga. Luego agrego dos fotos más, una con un desembarco en carreta y otra con la vista al muelle mirando hacia el río para que tengan dimensión de lo concurrido que era. Fuente foto: AGN – internet.
Truco para tiernizar las carnes, 1833.
'Hitler, Goebbels, Owens, Long y las paradojas II'
Los juegos olímpicos de Berlín 1936, son para mí los más ambiguos de la era moderna. En menos de un mes se vivieron los hechos más bochornosos de xenofobia deportiva y el acto de integración más contundente de la historia olímpica. El atleta alemán elegido por Hitler para representar ante el mundo la superioridad de la raza Aria era Lutz Long, multicampeón nacional de salto en largo y poseedor del récord europeo. Por su parte el equipo estadounidense tenía depositadas en Jesse Owens sus mayores esperanzas. El hecho que fuera de color, de color negro para ser más exactos, hizo que no lo trataran como tal. No se pudo hospedar en la villa olímpica con sus compañeros ni utilizar los mismos vestuarios en el estadio, no por orden del régimen Nazi, sino por orden del comité olímpico de los EEUU. Para cuando Jesse Owens gana brillantemente los 100 mts llanos, Hitler había decidido ya no bajar a saludar a los vencedores. Para sorpresa de todos, el que se acercó a felicitarlo fue Long. Owens y Long se admiraban y respetaban mutuamente, pero hasta ese momento habían mantenido la distancia. Les esperaba la prueba de salto en largo donde se enfrentarían mano a mano. Las semifinales de la prueba se desarrollan de acuerdo a lo previsto, Long demostró todo su talento batiendo el récord olímpico desatando la locura en el estadio. Al llegar el turno de Owens se produce un hecho curioso. El atleta camina por la pista para hacer una raya en la arena en el lugar de la marca de Long. Sin darse cuenta pasa por la línea de salto y pese a que no estaba corriendo para saltar se le anota como nulo y no se le permite hacer la marca. Owens nervioso hace un segundo salto nulo, estaba a un error de quedar eliminado. Long se acerca a Owens y le aconseja picar un paso antes de la línea de salto, ya que con su marca promedio, aunque saltara antes le bastaría para clasificarse a la final. Owens le hace caso y clasifica. Owens quedó muy sorprendido por la actitud de Long, lo saludó para darle las gracias y su colega alemán lo invita a una amena charla en el centro de la pista. Recostados conversando distendidos se convirtieron en el centro de la atención de los fotógrafos que tomaron la imagen más famosa de esos juegos. En esos minutos de camaradería, Owens le comenta a Long que no esta acostumbrado a saltar sin la referencia de hasta donde debe llegar para superar la mayor marca vigente. Llega la final y obviamente Long hace un salto casi imbatible. En vez de festejar se queda parado al lado del cajón de arena. Cuando es el turno de Owens, en un acto de deportividad por encima de lo esperado, el saltador alemán deja caer su pañuelo blanco a la altura de su marca. Owens salta y bingo, record mundial de 8.06 mts y medalla de oro. La situación lo superó, no sabía como festejar ante 110 mil espectadores enmudecidos. Long lo abraza y lo invita a dar una vuelta olímpica, lo acompaña señalándolo e incitando a la multitud a rendirse ante el nuevo rey del atletismo. Esa noche, Long invita a Owens a cenar en el comedor de la delegación alemana, allí le confiesa que su actitud le traerá graves consecuencias, pero no se arrepiente de lo que hizo. Ese fue el final de la carrera deportiva de Long. Alemania le retiró su apoyo y apenas pudo asistir a un par de competencias europeas hasta que estalló la guerra y Goebbels se encargó que fuera el único atleta de elite asignado al frente. Murió durante la invasión aliada en Sicilia en 1943. Sin embargo para Owens los juegos aún no habían terminado. Al día siguiente gana los 200 metros llanos, tercera medalla de oro para terminar unos juegos inolvidables. La locura del régimen Nazi le abrió una puerta inesperada. Goebbels le prohibe a los estadounidense que utilicen atletas judíos en la prueba de relevos 4 x 100. El entrenador Dean Cromwell se hizo encima y remplazó a los judíos Glickman y Stoller por los afro-americanos Owens y Metcalfe. Tiro por la culata alemana, el equipo estadounidense establece un nuevo récord mundial y Owens se alza con la cuarta medalla de oro de atletismo en un mismo juego. Marca vigente por 48 años hasta que Carl lewis la igualó en 1984.
(Pequeñas Piezas de la Historia, por Gabriel Horacio Blasco Dantuono)
jueves, 22 de julio de 2021
Nivelando con agua a principios del siglo XX. San Rafael. Mendoza.
Amantes en París, 1955.
Nápoles, Italia, 1960.
Ramos Correas, el arquitecto que construyó media ciudad de Mendoza
Por Carlos Campana, para ciudadanodiario.com.ar
Nacido en Chile, el destacado profesional eligió a Mendoza como tierra adoptiva, en la que dejó un valioso legado de históricos íconos edilicios
miércoles, 21 de julio de 2021
Balneario y Restaurant, Sierras Mendocinas; EL CHALLAO. (año 1940) Mendoza
Gran Piletas con aguas surgentes permanentes, esmerado servicio de restaurant sin recargo de precios, hermosa pista de baile , todo en un ambiente de sana sociabilidad.
martes, 20 de julio de 2021
El Desaguadero, antigua "aduana" para ingresar a Mendoza: su importancia política y turística
por Gustavo Capone, para Memo .com.ar
El Desaguadero fue la aduana natural de la Provincia de Mendoza y primer registro administrativo, ineludible, para ingresar formalmente al territorio provincial por el Este mendocino. La historia del lugar, en la pluma y los datos de Gustavo Capone
'Hitler, Goebbels, Owens, Long y las paradojas I'
Los juegos olímpicos de Berlín 1936 son para mí los más ambiguos de la era moderna. Combinan lo peor de la utilización política y uno de los actos más significativos del espíritu olímpico. Hoy es una herejía hablar bien de esos juegos, pero les garantizo que si los hubiera organizado EEUU hoy serían recordados como los mejores. En primer lugar el nazismo no los solicitó, lo hizo la alcaldía de Berlín. Los juegos olímpicos los organizan las ciudades, no las naciones. La sede fue solicitada por Arthur Scholz en 1930 y adjudicada a Heinrich Sahm en 1931, más de un año antes que Hitler y el nazismo se hicieran con el poder. Pero cuando llegó el momento dijeron bueno, ya que estamos. En 1935 le solicitaron gentilmente la renuncia a Sahm y en agradecimiento lo premiaron mandándolo a Noruega. En su lugar asumió Oskar Maretzky, lo hizo luego de ganar por unanimidad las elecciones, con un solo voto, el de Hitler. Ahora si, contra el espíritu del COI, los juegos de Berlín se transformaron en un tema nacional. Pese a esta intromisión, el Führer casi no participó en la organización de los juegos. El que dirigía la batuta era su ministro de propaganda Joseph Goebbels. Hoy nos llena de emoción ver entrar la llama olímpica al estadio y encender el candelero. Espero que te siga emocionando luego de saber que fue Carl Diem, mano derecha de Goebbels, el de la idea de reflotar la tradición de llevar la llama olímpica encendida desde la antigua ciudad de Olimpia hasta la ciudad de los juegos. La verdad es que esto les salió de rechupete. Los 3.187 kilómetros que recorrió la antorcha se dividieron en tramos de mil metros para que mas de 3 mil atletas de 7 países tuvieran el honor de portarla. Cuando el atleta Fritz Schilgen ingresó el 1 de agosto de 1936 con la antorcha encendida al estadio olímpico de Berlín terminaban años de transas políticas y bochornosas agachadas de dirigentes del COI. En la Liga de las naciones todos levantaban la voz condenando las atrocidades de la Alemania Nazi y se entusiasmaban con utilizar su ausencia en los juegos como protesta. Pero EEUU aceptó pactos comerciales como sobornos y decidió participar haciendo fracasar el boicot. España mantuvo la palabra y no participó. Organizó para el 18 de julio unos juegos paralelos llamados la ‘Olimpiada Popular’ a realizarse en Barcelona. Pero les salió el tiro por la culata. El día antes de la fiesta inaugural estalla la Guerra Civil y se quedaron sin el pan y sin la torta. Con los juegos en marcha, Hitler y Goebbels se sentaron en el palco a ver como sus atletas ganaban todas las disciplinas. Se cansaban de bajar entusiasmados a saludarlos y colocarles las medallas. Pero no duró mucho, el atleta afroamericano Cornelius Johnson ganó la prueba de salto en alto y a pedido de Goebbels, Hitler le hizo pito catalán y no lo saludó en el podio. El COI le pide que se decida, o a todos, o a nadie, Hitler decidió no arriesgarse y no volvió a bajar. Mientras Jessie Owens se colgaba la primera medalla de oro, Hitler decide abandonar el estadio. En su huida se topa con Owens que se dirigía al encuentro con los periodistas. Pese a que Goebbels intentó evitar el encuentro Hitler se abrió paso y se puso en el camino de Owens, le estrechó la mano y lo felicitó por su logro. Hitler le hizo extender un permiso especial para que se moviera libremente por todas las instalaciones olímpicas. Derechos que le negaba la dirigencia de los EEUU. Terminados los juegos, Owens volvió a su país donde no podría ingresar a baños públicos ni sentarse en el autobús. Incluso el presidente Franklin Delano Roosevelt se negó a recibir a su mejor atleta en la casa blanca por miedo a perder votos para su reelección.
(Pequeñas Piezas de la Historia por Gabriel Horacio Blasco Dantuono)
















































