El 10 de agosto de 1815, mientras las Provincias Unidas atravesaban guerras, revoluciones y una enorme incertidumbre sobre su futuro, en Buenos Aires ocurría una batalla mucho más silenciosa: la de educar. Ese día quedó establecida en una sala del antiguo Consulado la Academia de Dibujo impulsada por el franciscano Francisco de Paula Castañeda, sacerdote, educador, polemista y futuro periodista, que estaba convencido de que construir una sociedad independiente exigía algo más que ejércitos: también hacían falta conocimiento, artes y ciudadanos instruidos. Castañeda había desarrollado entre 1814 y 1815 experiencias de enseñanza del dibujo en el Convento de la Recolección, junto a la actual Basílica del Pilar, y mediante la intervención del Cabildo consiguió trasladar la institución al centro de la ciudad. La apertura formal en el Consulado ocurrió precisamente el 10 de agosto de 1815, acompañada por una extensa “arenga patriótica” del fraile. Las paredes del aula llegaron a cubrirse con láminas grabadas, muchas procedentes de Francia, además de materiales y manuales utilizados para aprender mediante la copia y el estudio de las formas. La concurrencia fue tan grande que pocos meses después Castañeda pidió ayuda al Cabildo porque necesitaba más salas y más maestros. Pero aquella aventura tenía un antecedente extraordinario. Manuel Belgrano había promovido en 1799, desde el Real Consulado, una Academia de Geometría, Arquitectura, Perspectiva y Dibujo. Las clases comenzaron en mayo y la convocatoria superó las expectativas: había lugar previsto para 50 alumnos y se inscribieron 64. Para Belgrano, dibujar no significaba solamente producir obras de arte: servía para comprender mapas, planos, máquinas, anatomía, arquitectura, agricultura, oficios y ciencias. Incluso sostenía que ese conocimiento debía extenderse también a las mujeres, una idea notable para su tiempo. Sin embargo, el reglamento de aquella academia revelaba al mismo tiempo las profundas desigualdades de la sociedad colonial: prohibía el ingreso de negros y mulatos, fueran libres o esclavizados. Entre quienes quedaron fuera estuvo Fermín Gayoso, afroporteño vinculado a Juan Martín de Pueyrredón que llegó a destacarse como dibujante y retratista. La primera experiencia consular fue finalmente suprimida por decisión de la Corona española, pero la idea sobrevivió. Castañeda retomó aquel camino después de la Revolución de Mayo y le añadió una dimensión política todavía mayor: consideraba el dibujo una herramienta para desarrollar el “buen gusto”, las artes liberales y mecánicas y, sobre todo, formar al futuro ciudadano. La investigación histórica disponible indica que sus establecimientos continuaron funcionando durante varios años y que en 1821 pasaron a depender de la recién creada Universidad de Buenos Aires, por lo que la difundida historia de una clausura inmediata por carecer de “beneficio público” no resulta consistente con las fuentes académicas consultadas. Y Castañeda todavía escribiría otro capítulo: perseguido políticamente, llegó a Santa Fe en 1823 bajo la protección de Estanislao López, se instaló en San José del Rincón y volvió a impulsar la educación, creando allí una escuela donde continuó su enorme vocación pedagógica. La comparación continental era impactante: mientras Buenos Aires avanzaba mediante esfuerzos discontinuos, en México funcionaba desde 1781 una escuela provisional de dibujo y grabado que sería formalizada en 1783 como la célebre Academia de San Carlos, una de las grandes instituciones artísticas de América. Por eso aquel 10 de agosto de 1815 fue mucho más que la apertura de un aula. En un territorio todavía peleando por convertirse en nación, Castañeda continuó una idea que Belgrano había defendido años antes: la independencia podía conquistarse con armas, pero una patria también debía aprender a pensar, crear, diseñar y dibujar su propio futuro. #FranciscoCastañeda #ManuelBelgrano #AcademiaDeDibujo #HistoriaArgentina #BuenosAiresAntigua #ArteArgentino #Educación #CulturaArgentina #Efemérides #10DeAgosto #HistoriaDelArte #MendozAntigua #ArgentineHistory #ArgentineArt #ArtHistory #BuenosAiresHistory #EducationHistory #CulturalHeritage #HistoryMatters #OnThisDay
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viernes, 10 de agosto de 2018
10 DE AGOSTO DE 1815: EL FRAILE QUE QUISO “DIBUJAR” UNA NUEVA PATRIA — CASTAÑEDA, BELGRANO Y LA BATALLA POR ENSEÑAR ARTE CUANDO BUENOS AIRES TODAVÍA LUCHABA POR SU INDEPENDENCIA
El 10 de agosto de 1815, mientras las Provincias Unidas atravesaban guerras, revoluciones y una enorme incertidumbre sobre su futuro, en Buenos Aires ocurría una batalla mucho más silenciosa: la de educar. Ese día quedó establecida en una sala del antiguo Consulado la Academia de Dibujo impulsada por el franciscano Francisco de Paula Castañeda, sacerdote, educador, polemista y futuro periodista, que estaba convencido de que construir una sociedad independiente exigía algo más que ejércitos: también hacían falta conocimiento, artes y ciudadanos instruidos. Castañeda había desarrollado entre 1814 y 1815 experiencias de enseñanza del dibujo en el Convento de la Recolección, junto a la actual Basílica del Pilar, y mediante la intervención del Cabildo consiguió trasladar la institución al centro de la ciudad. La apertura formal en el Consulado ocurrió precisamente el 10 de agosto de 1815, acompañada por una extensa “arenga patriótica” del fraile. Las paredes del aula llegaron a cubrirse con láminas grabadas, muchas procedentes de Francia, además de materiales y manuales utilizados para aprender mediante la copia y el estudio de las formas. La concurrencia fue tan grande que pocos meses después Castañeda pidió ayuda al Cabildo porque necesitaba más salas y más maestros. Pero aquella aventura tenía un antecedente extraordinario. Manuel Belgrano había promovido en 1799, desde el Real Consulado, una Academia de Geometría, Arquitectura, Perspectiva y Dibujo. Las clases comenzaron en mayo y la convocatoria superó las expectativas: había lugar previsto para 50 alumnos y se inscribieron 64. Para Belgrano, dibujar no significaba solamente producir obras de arte: servía para comprender mapas, planos, máquinas, anatomía, arquitectura, agricultura, oficios y ciencias. Incluso sostenía que ese conocimiento debía extenderse también a las mujeres, una idea notable para su tiempo. Sin embargo, el reglamento de aquella academia revelaba al mismo tiempo las profundas desigualdades de la sociedad colonial: prohibía el ingreso de negros y mulatos, fueran libres o esclavizados. Entre quienes quedaron fuera estuvo Fermín Gayoso, afroporteño vinculado a Juan Martín de Pueyrredón que llegó a destacarse como dibujante y retratista. La primera experiencia consular fue finalmente suprimida por decisión de la Corona española, pero la idea sobrevivió. Castañeda retomó aquel camino después de la Revolución de Mayo y le añadió una dimensión política todavía mayor: consideraba el dibujo una herramienta para desarrollar el “buen gusto”, las artes liberales y mecánicas y, sobre todo, formar al futuro ciudadano. La investigación histórica disponible indica que sus establecimientos continuaron funcionando durante varios años y que en 1821 pasaron a depender de la recién creada Universidad de Buenos Aires, por lo que la difundida historia de una clausura inmediata por carecer de “beneficio público” no resulta consistente con las fuentes académicas consultadas. Y Castañeda todavía escribiría otro capítulo: perseguido políticamente, llegó a Santa Fe en 1823 bajo la protección de Estanislao López, se instaló en San José del Rincón y volvió a impulsar la educación, creando allí una escuela donde continuó su enorme vocación pedagógica. La comparación continental era impactante: mientras Buenos Aires avanzaba mediante esfuerzos discontinuos, en México funcionaba desde 1781 una escuela provisional de dibujo y grabado que sería formalizada en 1783 como la célebre Academia de San Carlos, una de las grandes instituciones artísticas de América. Por eso aquel 10 de agosto de 1815 fue mucho más que la apertura de un aula. En un territorio todavía peleando por convertirse en nación, Castañeda continuó una idea que Belgrano había defendido años antes: la independencia podía conquistarse con armas, pero una patria también debía aprender a pensar, crear, diseñar y dibujar su propio futuro. #FranciscoCastañeda #ManuelBelgrano #AcademiaDeDibujo #HistoriaArgentina #BuenosAiresAntigua #ArteArgentino #Educación #CulturaArgentina #Efemérides #10DeAgosto #HistoriaDelArte #MendozAntigua #ArgentineHistory #ArgentineArt #ArtHistory #BuenosAiresHistory #EducationHistory #CulturalHeritage #HistoryMatters #OnThisDay
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