Hay fotografías que no envejecen: se transforman en memoria. Esta imagen de graduados del año 1970 en Mendoza, vinculada al Instituto Mendocino de Educación, conserva mucho más que una promoción escolar. Guarda una época completa: los años de estudio, los cuadernos escritos a mano, los patios compartidos, los profesores exigentes, las amistades nacidas entre aulas y esa emoción irrepetible de terminar una etapa para comenzar otra. En la foto aparecen nombres que hoy vuelven a la luz como parte de la memoria educativa mendocina: M. Capello, Jorge D. Castro, Luis Duarte, Manuel Erdfard, Lucía Foti, Mirta Fernández, Héctor A. García, Juan C. García, María C. Giandinoto, Susana Heredia, Nélida Huertas, Juan J. Ortiz, Delia Reyes y María M. Rosales, entre otros compañeros de aquella generación. El año 1970 no fue un año cualquiera. Mendoza, como el resto del país, vivía tiempos de cambios sociales, culturales y educativos. La juventud comenzaba a ocupar un lugar cada vez más visible en la vida pública, y los estudiantes serían protagonistas de una década intensa. Investigaciones sobre el movimiento estudiantil mendocino recuerdan que entre 1970 y 1973 existieron fuertes lazos organizativos, sociales y comunitarios dentro del mundo estudiantil de la provincia. En aquella Mendoza de comienzos de los años setenta, recibirse no era solo cerrar un ciclo académico. Era una conquista familiar, un orgullo de barrio, una promesa de futuro. Cada diploma llevaba detrás el esfuerzo de los padres, las madrugadas de estudio, los viajes en colectivo, los recreos, los nervios de los exámenes y la ilusión de abrirse camino en una provincia que crecía entre tradición, trabajo y esperanza. La educación mendocina tiene una larga historia de instituciones, docentes y estudiantes que fueron construyendo identidad. La Dirección General de Escuelas continúa siendo el eje institucional del sistema educativo provincial, con áreas dedicadas a los distintos niveles y modalidades de enseñanza, entre ellas secundaria, superior, privada, técnica y artística. Por eso, esta imagen no muestra solamente a un grupo de jóvenes vestidos con la formalidad de su tiempo. Muestra a una generación que caminó por una Mendoza distinta: una ciudad de calles más tranquilas, de reuniones familiares, de fotos impresas, de amistades duraderas y de sueños que recién empezaban a tomar forma. Ellos fueron parte de una época en la que la educación era mirada como una llave: la llave para trabajar, enseñar, progresar, formar una familia, servir a la comunidad y dejar una huella. Sus rostros jóvenes nos devuelven una pregunta silenciosa: ¿Cuántas historias comenzaron aquel día? Hoy, más de medio siglo después, esta fotografía vuelve a hablar. Nos recuerda que cada promoción escolar es una pequeña patria afectiva. Que cada grupo de egresados guarda una parte de la historia de Mendoza. Y que detrás de cada nombre hay una vida, una familia, una memoria y un camino que merece ser recordado. #Graduados1970 #MendozaAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #EducacionMendocina #InstitutoMendocinoDeEducacion #MemoriaEscolar #FotosAntiguas #Egresados #Promocion1970 #AulasConHistoria #JuventudMendocina #RecuerdosDeMendoza #HistoriaViva #MendozAntigua #ArgentinaAntigua #SchoolMemories #ClassOf1970 #VintageMendoza #OldPhotos #EducationHistory #ArgentineHistory #StudentMemories #HistoricalMemory
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martes, 30 de junio de 2026
1970: LA PROMOCIÓN QUE GUARDA EL ROSTRO JOVEN DE UNA MENDOZA INOLVIDABLE
Hay fotografías que no envejecen: se transforman en memoria. Esta imagen de graduados del año 1970 en Mendoza, vinculada al Instituto Mendocino de Educación, conserva mucho más que una promoción escolar. Guarda una época completa: los años de estudio, los cuadernos escritos a mano, los patios compartidos, los profesores exigentes, las amistades nacidas entre aulas y esa emoción irrepetible de terminar una etapa para comenzar otra. En la foto aparecen nombres que hoy vuelven a la luz como parte de la memoria educativa mendocina: M. Capello, Jorge D. Castro, Luis Duarte, Manuel Erdfard, Lucía Foti, Mirta Fernández, Héctor A. García, Juan C. García, María C. Giandinoto, Susana Heredia, Nélida Huertas, Juan J. Ortiz, Delia Reyes y María M. Rosales, entre otros compañeros de aquella generación. El año 1970 no fue un año cualquiera. Mendoza, como el resto del país, vivía tiempos de cambios sociales, culturales y educativos. La juventud comenzaba a ocupar un lugar cada vez más visible en la vida pública, y los estudiantes serían protagonistas de una década intensa. Investigaciones sobre el movimiento estudiantil mendocino recuerdan que entre 1970 y 1973 existieron fuertes lazos organizativos, sociales y comunitarios dentro del mundo estudiantil de la provincia. En aquella Mendoza de comienzos de los años setenta, recibirse no era solo cerrar un ciclo académico. Era una conquista familiar, un orgullo de barrio, una promesa de futuro. Cada diploma llevaba detrás el esfuerzo de los padres, las madrugadas de estudio, los viajes en colectivo, los recreos, los nervios de los exámenes y la ilusión de abrirse camino en una provincia que crecía entre tradición, trabajo y esperanza. La educación mendocina tiene una larga historia de instituciones, docentes y estudiantes que fueron construyendo identidad. La Dirección General de Escuelas continúa siendo el eje institucional del sistema educativo provincial, con áreas dedicadas a los distintos niveles y modalidades de enseñanza, entre ellas secundaria, superior, privada, técnica y artística. Por eso, esta imagen no muestra solamente a un grupo de jóvenes vestidos con la formalidad de su tiempo. Muestra a una generación que caminó por una Mendoza distinta: una ciudad de calles más tranquilas, de reuniones familiares, de fotos impresas, de amistades duraderas y de sueños que recién empezaban a tomar forma. Ellos fueron parte de una época en la que la educación era mirada como una llave: la llave para trabajar, enseñar, progresar, formar una familia, servir a la comunidad y dejar una huella. Sus rostros jóvenes nos devuelven una pregunta silenciosa: ¿Cuántas historias comenzaron aquel día? Hoy, más de medio siglo después, esta fotografía vuelve a hablar. Nos recuerda que cada promoción escolar es una pequeña patria afectiva. Que cada grupo de egresados guarda una parte de la historia de Mendoza. Y que detrás de cada nombre hay una vida, una familia, una memoria y un camino que merece ser recordado. #Graduados1970 #MendozaAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #EducacionMendocina #InstitutoMendocinoDeEducacion #MemoriaEscolar #FotosAntiguas #Egresados #Promocion1970 #AulasConHistoria #JuventudMendocina #RecuerdosDeMendoza #HistoriaViva #MendozAntigua #ArgentinaAntigua #SchoolMemories #ClassOf1970 #VintageMendoza #OldPhotos #EducationHistory #ArgentineHistory #StudentMemories #HistoricalMemory
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LA PAMPA EN LLAMAS: FUERTES, MALONES Y LA FRONTERA QUE DIVIDIÓ DOS MUNDOS
En la historia argentina hubo una línea que no fue solamente un trazo sobre un mapa. Fue una herida abierta, una zona de miedo, comercio, guerra, pactos, cautiverios, estancias, fortines, caminos y pueblos nacientes. Esa línea fue conocida durante siglos como la frontera sur de Buenos Aires, la frontera con los pueblos originarios de la Pampa y la Patagonia. Cuando los españoles comenzaron a llegar al sur del continente en el siglo XVI, la llanura pampeana y la Patagonia no eran espacios vacíos. Eran territorios habitados, recorridos y conocidos por pueblos indígenas con sus propias formas de vida, movilidad, alianzas, conflictos y economías. Allí estaban los pampas, tehuelches, puelches, pehuenches, ranqueles y, más tarde, grupos profundamente vinculados al mundo mapuche. La llamada “araucanización” de las pampas fue un proceso histórico complejo, relacionado con cambios culturales, lingüísticos, comerciales y políticos que la historiografía actual analiza con más matices que las viejas explicaciones simplistas. La frontera no fue una pared inmóvil. Fue un espacio vivo. De un lado avanzaban estancias, poblados, vaquerías, caminos reales y guardias militares. Del otro, las tolderías defendían territorios, recursos, rutas de circulación y formas de vida ancestrales. Entre ambos mundos hubo violencia, pero también tratados, intercambio, comercio, negociaciones y convivencia forzada. Los estudios actuales remarcan que los fuertes y fortines no fueron solamente lugares de separación: muchas veces también fueron puntos de contacto entre autoridades coloniales, vecinos, milicianos, caciques, lenguaraces, cautivos y comerciantes. En el siglo XVIII, Buenos Aires comenzó a mirar con mayor urgencia hacia el sur. La expansión ganadera, la riqueza del ganado cimarrón, la necesidad de proteger estancias y caminos, y el temor a los malones impulsaron la construcción de guardias, fuertes y fortines. Aquellas pequeñas fortificaciones, hechas muchas veces con madera, barro, adobe y paja, podían parecer débiles frente a la inmensidad de la Pampa, pero fueron la primera presencia militar organizada en una frontera difícil de controlar. Así nacieron o se reforzaron nombres que luego quedarían ligados a pueblos y ciudades: Salto, Luján, Pergamino, Rojas, Monte, Navarro, Lobos, Ranchos, Melincué y Chascomús. Cada fortín era un puesto de vigilancia, una señal de avance, una esperanza de defensa y, al mismo tiempo, una marca de presión sobre territorios indígenas. Allí vivían blandengues, milicianos, vecinos, peones, familias y hombres obligados a sostener una frontera que pocas veces tenía recursos suficientes. Eugenia Néspolo señala que en la frontera bonaerense del siglo XVIII los recursos militares eran limitados y que la participación de milicias y vecinos resultó esencial para sostener ese espacio. La Corona española intentó ordenar ese mundo inestable. Desde la década de 1730 se consolidaron los primeros fuertes bonaerenses, pero la delimitación de la frontera se afirmó con más fuerza durante las reformas borbónicas. Pedro de Cevallos imaginó una ofensiva amplia sobre territorio indígena, aunque su sucesor, Juan José de Vértiz, optó por un plan más defensivo y poblador. Hacia 1780, esa política buscó custodiar la campaña de Buenos Aires y Santa Fe mediante una red de fortines entre Chascomús y la Guardia de la Esquina, clave para proteger comunicaciones, caminos y tránsito de personas y bienes. En ese contexto aparece un hito fundamental: el Fuerte San Juan Bautista de Chascomús. En 1779, sobre las barrancas de la laguna, la guarnición vinculada a la Guardia del Zanjón fue trasladada para levantar una nueva avanzada. Según la historia local de Chascomús, el capitán de Blandengues Pedro Nicolás Escribano fundó allí el fuerte que daría origen al poblado, acompañado por milicianos, blandengues, gauchos, esclavizados e inmigrantes que formaron parte de los primeros habitantes de la zona. Pero la historia de la frontera sur no puede contarse como una simple epopeya de “civilización contra barbarie”. Esa fue una mirada muy repetida durante mucho tiempo, pero hoy la investigación histórica invita a observar el proceso con más profundidad. La palabra “desierto”, usada en el siglo XIX, no significaba necesariamente ausencia de población real, sino una idea política de ausencia de “civilización” según los criterios de las élites de la época. Ese concepto sirvió para justificar campañas militares, expansión ganadera, apropiación de tierras y sometimiento de pueblos originarios. Por eso, hablar de la frontera sur es hablar de una Argentina en formación, pero también de una Argentina en conflicto consigo misma. Es hablar de pobladores que buscaban seguridad, de soldados pobres enviados a puestos remotos, de familias que vivían con miedo, de caciques que negociaban o resistían, de comunidades indígenas desplazadas, de cautivos, de tratados incumplidos y de territorios convertidos en botín económico. Las llamadas Campañas al Desierto, especialmente en el siglo XIX, cerraron militarmente aquel largo proceso, pero abrieron una discusión que llega hasta nuestros días. La historiografía contemporánea estudia ese avance estatal no solo como ocupación territorial, sino también desde los debates sobre violencia, despojo, etnocidio y genocidio indígena. No se trata de borrar la historia: se trata de contarla completa, con todas sus voces y todas sus heridas. El mapa de la frontera sur nos recuerda que antes de muchas ciudades hubo guardias, antes de muchas plazas hubo empalizadas, antes de muchos caminos hubo rastrilladas, y antes de muchas escrituras de propiedad hubo pueblos originarios que conocían esas tierras desde generaciones antiguas. La frontera no fue solamente un límite. Fue el escenario donde chocaron dos mundos. Fue la antesala de pueblos que nacieron al borde del peligro. Fue una marca profunda en la memoria bonaerense, pampeana, patagónica y argentina. Y todavía hoy, cuando miramos esos nombres —Chascomús, Monte, Lobos, Navarro, Rojas, Salto, Melincué— no vemos solamente puntos en un mapa antiguo. Vemos la historia viva de una nación que se construyó entre promesas, lanzas, fortines, ambiciones, pactos rotos y memorias que aún reclaman ser escuchadas. #FronteraSur #HistoriaArgentina #BuenosAiresAntigua #Pampa #Patagonia #FuertesYFortines #Blandengues #Chascomus #RioSalado #PueblosOriginarios #MemoriaHistorica #HistoriaViva #ArgentinaAntigua #Malones #Fortines #CampañaDelDesierto #ArgentineHistory #SouthFrontier #IndigenousHistory #Pampas #PatagoniaHistory #HistoricalMemory #FortsAndFrontiers #LatinAmericanHistory
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CUANDO IRSE TAMBIÉN ES CRECER: LA ELEGANCIA DE ELEGIR MEJOR (Imagen Ilustrativa)
Hay una madurez silenciosa que no todos alcanzan: poder mirar un lugar, una relación, un equipo, un cliente o una etapa de la vida y decir, sin enojo y sin necesidad de destruir nada: “Esto no es malo; simplemente no es para mí.” Porque lo fácil es irse señalando culpables. Lo fácil es criticar, justificar la incomodidad, convertir cada salida en una batalla y cada diferencia en una acusación. Lo difícil, lo verdaderamente adulto, es mirar de frente y aceptar que no todo encaja con uno, y que uno tampoco encaja en todos lados. A veces no hay villanos. Hay valores distintos. Ritmos distintos. Formas distintas de trabajar, de vincularse, de pensar, de crecer. Y cuando eso sucede, forzar la permanencia puede convertirse en una pérdida lenta de energía, claridad y dirección. En el mundo laboral y de los negocios esto es clave. No todo socio, equipo o cliente es el indicado. Harvard Business Review ha trabajado esta idea desde la gestión empresarial: los clientes problemáticos o poco alineados pueden costar mucho a una organización, y no siempre la solución es “aguantar más”, sino gestionar mejor el vínculo o reconocer cuándo ya no hay compatibilidad. También advierte que no todo cliente es necesariamente el cliente correcto para cada proyecto o empresa. La psicología organizacional también respalda esta mirada. Una amplia revisión publicada en Personnel Psychology analizó 172 estudios y 836 efectos sobre el encaje entre persona, trabajo, organización, grupo y supervisor, relacionándolo con actitudes, desempeño, permanencia, tensión y conductas de retiro. En otras palabras: el encaje importa, y mucho. Por eso, crecer no siempre significa soportar más. A veces crecer significa dejar de pelear batallas que no son tuyas. Dejar de quedarte por costumbre. Dejar de exigirle al entorno que se adapte a vos, y también dejar de exigirte a vos mismo que pertenezcas donde tu energía se apaga. Elegir mejor no es soberbia. Es criterio. Poner límites no es frialdad. Es respeto. Irse sin odio no es debilidad. Es evolución. No todo lo que dejás atrás está mal. No todo lo que no elegís merece desprecio. No toda puerta que cerrás es una derrota. A veces, cerrar una puerta es el primer acto serio de amor propio. Es dejar de forzar relaciones que frenan, clientes que desgastan, equipos que no comparten tus valores y espacios donde tu crecimiento se vuelve pequeño. La verdadera expansión empieza cuando dejás de vivir para encajar en cualquier lugar y comenzás a buscar el lugar donde sí podés crecer con claridad, dignidad y paz. Porque el crecimiento no viene de aguantar más. Viene de elegir mejor. #CrecimientoPersonal #ElegirMejor #AmorPropio #LimitesSanos #MadurezEmocional #NegociosConValores #ClientesIdeales #RelacionesSanas #MentalidadDeCrecimiento #DesarrolloPersonal #Emprendedores #Liderazgo #Claridad #MendozAntigua #PersonalGrowth #ChooseBetter #HealthyBoundaries #EmotionalMaturity #BusinessMindset #IdealClients #Leadership #SelfRespect #GrowthMindset #EntrepreneurLife #BetterChoices #ProfessionalGrowth
📺✨ 1970: LA NOCHE EN QUE LA TELEVISIÓN MENDOCINA SE ABRAZÓ BAJO LAS LUCES DE LA ISLA DEL LAGO
La televisión mendocina vivía una de esas noches que quedan prendidas para siempre en la memoria. En la imagen se conserva un instante cargado de emoción: el homenaje de Canal 9 Mendoza al programa “Mundo Femenino 70”, representado por su conductora Gladys Muiño, quien asumía también la voz y el prestigio de Canal 7 en una celebración compartida con los conductores de “A la Hora de Todos”. Aquella jornada no fue una simple entrega de premios. Fue una fiesta grande de la comunicación local, una ceremonia donde la pantalla chica de Mendoza se reconocía a sí misma como parte viva de la cultura popular. La reunión tuvo como escenario la Isla del Lago del Parque General San Martín, transformada para la ocasión en un espacio casi paradisíaco, con luces, público, figuras de la televisión, periodistas, directivos y equipos técnicos. El momento central llegó cuando se anunciaron los premios “Cámara de Plata”, otorgados a los programas más destacados de la televisión mendocina. Según el recorte de época, “Mundo Femenino 70” fue distinguido como mejor ciclo femenino-periodístico de 1970, mientras que “A la Hora de Todos” recibió el reconocimiento como mejor programa periodístico-comunitario del año. El contexto vuelve todavía más valiosa esta imagen. En 1970, la televisión local era joven, cercana y profundamente artesanal. Canal 7 Mendoza había iniciado sus transmisiones oficiales el 7 de febrero de 1961, abriendo una nueva era para la provincia y la región cuyana. Canal 9 Televida, por su parte, había comenzado sus transmisiones en 1965, consolidándose rápidamente como una señal de referencia para Mendoza. Apenas nueve años después del nacimiento de Canal 7 y cinco años después del inicio de Canal 9, ambos canales ya protagonizaban una escena de integración, competencia noble y reconocimiento mutuo. La televisión argentina había nacido oficialmente en 1951 con la primera transmisión de Canal 7 en Buenos Aires, pero en Mendoza el fenómeno tomó una identidad propia: voces locales, rostros conocidos, programas hechos para la familia mendocina y una relación directa con la vida cotidiana de la provincia. En ese camino, programas como “Mundo Femenino 70” y “A la Hora de Todos” no fueron simples emisiones: fueron espacios de encuentro, información, sensibilidad social y pertenencia. La elección de la Isla del Lago tampoco fue casual. El Parque General San Martín ya tenía una larga tradición como escenario cultural y social de Mendoza. En 1954, ese mismo parque había alojado la recordada Feria de América, considerada una experiencia de avanzada en arquitectura, diseño, industria y cultura, realizada sobre unas 30 hectáreas y con cerca de 100 construcciones. Por eso, aquella fiesta televisiva de 1970 también dialogaba con una Mendoza moderna, luminosa y orgullosa de mostrarse al país. El abrazo entre referentes de Canal 7 y Canal 9, mencionado en la crónica original, sintetizó el espíritu de la noche: dos pantallas, dos equipos, una misma ciudad y una misma emoción. La celebración continuó luego en los estudios de ambos canales y culminó con una gran reunión en Barrabás Discotheque, con directivos, trabajadores, periodistas e invitados especiales. Hoy, esta fotografía no muestra solamente una entrega de premios. Muestra una época. Muestra a una Mendoza que empezaba a verse a sí misma por televisión. Muestra el brillo de sus pioneros, la elegancia de sus conductoras, la fuerza de sus programas y el nacimiento de una memoria audiovisual que todavía merece ser contada. Porque antes de las redes, del streaming y de la televisión digital, hubo cámaras pesadas, luces calientes, locutores impecables, estudios llenos de esfuerzo y una audiencia que esperaba cada programa como un acontecimiento familiar. #MendozaAntigua #MendozAntigua #Mendoza #Canal7Mendoza #Canal9Mendoza #TelevisionMendocina #HistoriaDeMendoza #MundoFemenino70 #ALaHoraDeTodos #CamaraDePlata #IslaDelLago #ParqueGeneralSanMartin #MemoriaMendocina #ArchivoHistorico #TelevisionArgentina #VintageTV #OldMendoza #MendozaHistory #ArgentineTelevision #BroadcastHistory #VintageArgentina #Cuyo #MediaHistory
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🔥 INSTIGAR NO ES HOSTIGAR: DOS PALABRAS PARECIDAS, DOS FUERZAS MUY DISTINTAS DEL IDIOMA
Hay palabras que se parecen tanto que parecen hermanas. Suenan casi igual, caminan cerca, se confunden en la conversación diaria y hasta pueden engañar al oído. Pero cuando uno las mira de cerca, cuando las desarma letra por letra, descubre que cada una guarda una historia, un origen y una intención propia. Eso ocurre con dos verbos poderosos del español: instigar y hostigar. A simple vista podrían parecer semejantes. Sin embargo, no dicen lo mismo. Y en esa diferencia está la riqueza profunda de nuestra lengua. Instigar es empujar a alguien hacia una acción. Es inducir, incitar, provocar, mover una voluntad. Muchas veces se usa con sentido negativo: alguien puede ser instigado a cometer una falta, a participar en un engaño, a rebelarse, a actuar contra otro o contra sí mismo. La palabra viene del latín instigare, vinculada a la idea de estimular, excitar, azuzar. En su raíz late una imagen antigua: la de pinchar, aguijonear, tocar un punto sensible para que alguien se mueva. Por eso, cuando decimos que una persona fue instigada, no hablamos de una simple sugerencia. Hablamos de una presión mental, moral o emocional que busca orientar una conducta. El instigador no siempre actúa de frente; muchas veces opera desde la sombra, persuade, insiste, manipula, prepara el terreno. De allí también nace la palabra instigación, muy presente en el lenguaje jurídico. No es casual: el derecho sabe que a veces el hecho no empieza en la mano que ejecuta, sino en la voz que empuja. Hostigar, en cambio, tiene otra carga. Su origen latino se vincula con fustigare, es decir, golpear con una fusta, un látigo o un instrumento de castigo. La palabra trae desde su nacimiento una imagen dura: la del golpe repetido, la presión constante, el acoso que no da tregua. Hoy hostigar no significa solamente pegar con una fusta. Significa molestar, perseguir, atacar, presionar o burlarse de alguien de manera insistente. También puede significar incitar con insistencia para lograr algo. Pero su tono es más pesado, más agobiante, más cercano al desgaste. Instigar empuja. Hostigar persigue. Instigar busca provocar una acción. Hostigar busca doblegar por insistencia. Instigar puede actuar como una chispa. Hostigar se parece más a una lluvia de golpes pequeños, repetidos, cansadores. Y todavía hay un detalle curioso: en países como México, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile, hostigar también puede usarse para hablar de algo empalagoso o pesado, especialmente una comida, una bebida o incluso una persona. Así, algo “hostiga” cuando cansa, satura, cae pesado o abruma. El español tiene estas maravillas: una misma palabra puede viajar siglos, cruzar continentes, cambiar de ropa y conservar, en el fondo, una huella antigua. Alrededor de estos verbos aparece toda una familia de palabras intensas: inducir, incitar, azuzar, espolear, aguijonear, acicatear, atosigar, apretar, coaccionar, conminar, agobiar, oprimir. Todas hablan, de una u otra manera, de presión. Algunas pueden tener un sentido positivo, como estimular, promover o alentar. Otras entran en territorios más duros: la amenaza, el apremio, la persecución, la violencia verbal o psicológica. Porque no es lo mismo animar que empujar. No es lo mismo motivar que manipular. No es lo mismo insistir que hostigar. No es lo mismo aconsejar que instigar. La lengua nos enseña a distinguir matices, y distinguir matices también es aprender a pensar mejor. En tiempos de redes, discursos veloces, frases repetidas y palabras usadas sin pausa, conocer el verdadero peso de los verbos importa más que nunca. Una palabra puede iluminar una idea, pero también puede disfrazar una intención. Puede acompañar, pero también presionar. Puede levantar, pero también hundir. Por eso conviene recordar esta diferencia: Instigar es inducir a alguien a hacer algo, muchas veces negativo. Hostigar es molestar, perseguir o presionar de manera insistente. Dos palabras parecidas. Dos historias distintas. Dos formas de mostrar que el idioma no es solamente comunicación: también es memoria, precisión y poder. Y tal vez allí esté la enseñanza más humana de todo esto: usemos la palabra para estimular, no para someter; para alentar, no para acosar; para abrir caminos, no para empujar a nadie hacia la sombra. Porque cada palabra lleva una fuerza. Y saber usarla también es una forma de respeto. #Instigar #Hostigar #LenguaEspañola #Palabras #Etimología #RAE #ASALE #CuriosidadesDelIdioma #EspañolVivo #CulturaGeneral #AprenderEspañol #PalabrasConHistoria #MendozAntigua #SpanishLanguage #Etymology #WordsMatter #Linguistics #LearnSpanish #LanguageLovers #HispanicCulture
SAN RAFAEL 1970: LA PROMOCIÓN QUE GUARDA EL ALMA DEL NORMAL Y LA MEMORIA ESCOLAR DEL SUR MENDOCINO
Hay fotografías que parecen simples retratos de curso, pero en realidad son verdaderas cápsulas del tiempo. Esta imagen, tomada en el año 1970, reúne a los egresados de Quinto Año, Segunda División, Turno Mañana, Bachilleres, de la entonces c, en San Rafael, Mendoza. Detrás de cada guardapolvo, de cada mirada y de cada rostro joven, aparece una época entera: los días de aula, los recreos, los cuadernos escritos a mano, los actos escolares, las amistades nacidas entre bancos de madera, los profesores recordados para siempre y esa emoción única de llegar al último año sabiendo que una etapa terminaba y otra comenzaba. La Escuela Normal de San Rafael no fue una institución más. Desde su nacimiento en 1915, se convirtió en un faro educativo para el sur mendocino. En una región donde durante mucho tiempo faltaban maestros, su creación respondió a una necesidad profunda: formar educadores, abrir caminos de conocimiento y construir futuro en una tierra que crecía con esfuerzo, trabajo y esperanza. Con el paso de los años, “el Normal”, como tantas generaciones lo llamaron con cariño, fue mucho más que una escuela. Fue punto de encuentro, orgullo sanrafaelino y semillero de docentes, bachilleres, profesionales, familias y ciudadanos que dejaron huella en la vida social, cultural y educativa del departamento. En 1927, la institución pasó a denominarse Escuela Normal Mixta de Maestros, reflejando los cambios de una educación que empezaba a abrir espacios compartidos para hombres y mujeres. En 1948 recibió el nombre de Mercedes Tomasa San Martín de Balcarce, la hija del General José de San Martín, un nombre profundamente ligado a los valores, la formación, la conducta y la educación moral que el Libertador quiso transmitir a su familia y, simbólicamente, a las generaciones argentinas. Esta promoción de 1970 pertenece a un momento especial de la historia educativa argentina. Eran los años finales del viejo normalismo tradicional, antes de que en 1971 la escuela comenzara a llamarse Escuela Normal Superior, en el marco de los cambios que trasladaron la formación docente hacia el nivel terciario. Por eso esta fotografía tiene un valor enorme. No muestra solamente a un grupo de egresados. Muestra una bisagra histórica. Muestra a jóvenes sanrafaelinos en el cierre de una etapa escolar, en una institución que ya llevaba más de medio siglo formando generaciones. En esta imagen aparecen nombres que forman parte de esa memoria compartida: Mirta Aguirre, Gladys Almonací, Carmen Aqüinchay, Elía Bustamante, Estela Bustamante, Alicia Cácomo, Ana Calle, Sonia Carreño, Mercedes Castilla, Mercedes Cresplillo, Ema De Pablo, María del Carmen De Pablo, Lilia Díaz, María Esteban, Aracelis García, Hilda Giménez, María Godoy, Elena Herrera, Matilde Lodato, Audolía López, Raúl López, Stella Medrano, Irene Meynier, María Moreno, Liliana Moricci, Nelly Navarro, María Pavlovic, María Politti, María Esther Rodrigo, Rubén Román, Susana Sánchez, Gladys Daponaro y Azucena. Cada nombre trae una historia. Cada apellido puede despertar un recuerdo familiar, una anécdota de barrio, una antigua amistad, una maestra querida, una compañera inolvidable o una vida entera ligada a San Rafael. Hoy, más de medio siglo después, esta imagen vuelve a mirar al presente. Y nos recuerda que la historia grande también se escribe así: con promociones escolares, con carpetas gastadas, con patios llenos de voces, con maestras y maestros que enseñaron mucho más que contenidos, y con jóvenes que alguna vez posaron frente a una cámara sin imaginar que, décadas después, seguirían representando la memoria viva de una ciudad. #MendozAntigua #SanRafael #Mendoza #EscuelaNormal #MercedesSanMartinDeBalcarce #NormalDeSanRafael #Promocion1970 #Bachilleres1970 #HistoriaDeMendoza #EducacionMendocina #SanRafaelAntiguo #MemoriaEscolar #FotosAntiguas #HistoriaArgentina #MendozaAntigua #EscuelasHistoricas #SouthernMendoza #MendozaHistory #SanRafaelMendoza #OldSchoolPhoto #SchoolMemories #ArgentineHistory #HistoricSchools #VintageArgentina #EducationHistory #ClassOf1970
30 DE JUNIO DE 1820 - DORREGO EN EL AÑO XX: EL CORONEL QUE TOMÓ EL TIMÓN DE BUENOS AIRES EN MEDIO DEL CAOS
30 de junio de 1820. Buenos Aires atravesaba uno de los momentos más turbulentos de su historia política. El poder central se había derrumbado tras la crisis del Directorio, las provincias reclamaban autonomía y la ciudad vivía jornadas de incertidumbre, levantamientos, derrotas militares y gobiernos fugaces. Era el tiempo conocido como la Anarquía del Año XX, una etapa decisiva en la formación política argentina. En ese escenario agitado apareció una figura intensa, polémica y popular: el coronel Manuel Dorrego. Militar de la Independencia, hombre de acción, orador encendido y futuro emblema del federalismo porteño, Dorrego asumió la conducción de Buenos Aires en medio de una crisis que parecía devorarlo todo. Dorrego no llegaba desde la comodidad de los salones. Había peleado bajo las órdenes de Manuel Belgrano en las campañas del Norte, se había ganado fama de valiente, rebelde e indisciplinado, y también había conocido el destierro. A comienzos de 1820 regresó a Buenos Aires, en pleno derrumbe del antiguo orden, y en pocos meses pasó del exilio a la rehabilitación, de la espada al gobierno, y del poder nuevamente al conflicto. Su breve gobierno bonaerense quedó marcado por la urgencia: la amenaza de las fuerzas federales del Litoral, la presión de los sectores porteños, la figura de Estanislao López en Santa Fe, las disputas internas y la necesidad de imponer autoridad en una provincia que buscaba reorganizarse tras la caída del poder central. El propio año 1820 fue tan inestable que Buenos Aires llegó a vivir el célebre episodio del “día de los tres gobernadores”, símbolo de una provincia sin rumbo firme. Dorrego intentó sostenerse con energía militar. Derrotó a Carlos María de Alvear y a José Miguel Carrera en San Nicolás, venció luego cerca de Pavón, pero su decisión de continuar la guerra contra Santa Fe terminó debilitándolo. El 2 de septiembre de 1820, en los campos de Gamonal, fue derrotado por Estanislao López. Aquella caída militar precipitó también su final político. La Junta de Representantes terminó eligiendo a Martín Rodríguez como nuevo gobernador el 26 de septiembre de 1820, cerrando así la breve experiencia de Dorrego en el poder durante aquel año incendiario. Un estudio documental sobre el inicio del gobierno de Rodríguez señala que Dorrego había sido electo gobernador por la Junta el 4 de julio de 1820, mientras que otras cronologías ubican su acceso al mando a fines de junio; por eso, para una publicación histórica precisa, conviene mencionar este episodio como ocurrido entre fines de junio y comienzos de julio de 1820. Pero la historia de Dorrego no terminó allí. Con los años se convertiría en una de las grandes voces del federalismo rioplatense, defensor de una política más amplia para los sectores populares y enemigo de los proyectos centralistas que pretendían concentrar el poder en Buenos Aires. Sus seguidores lo llamarían “padre de los pobres”, mientras sus adversarios lo mirarían como un peligro para el orden establecido. En 1827 volvería a ser elegido gobernador de Buenos Aires. Un año después, tras el golpe encabezado por Juan Lavalle, sería detenido y fusilado en Navarro el 13 de diciembre de 1828, sin juicio previo, convirtiéndose en una de las figuras más trágicas y discutidas de la historia argentina. Aquel 30 de junio de 1820 no fue apenas una fecha administrativa. Fue el ingreso de Dorrego al centro de una tormenta histórica. Un coronel federal, popular y combativo, tomando el mando de una Buenos Aires desgarrada entre el viejo centralismo y el nuevo país que comenzaba a nacer. Manuel Dorrego: espada, palabra y destino. Un hombre que gobernó poco, pero dejó una marca profunda en la memoria política argentina. #ManuelDorrego #HistoriaArgentina #BuenosAires #Federalismo #AnarquiaDelAñoXX #Año1820 #CaudillosFederales #HistoriaBonaerense #EfemeridesArgentinas #PatriaGrande #ArgentinaHistorica #MendozAntigua #ArgentineHistory #ManuelDorrego #BuenosAiresHistory #Federalism #LatinAmericanHistory #HistoricalMemory #Argentina1820 #SouthAmericanHistory #HistoryLovers
CAPRI, 1960: EL DÍA EN QUE GRACE KELLY DETUVO UNA ISLA
Capri, Italia, 1960. Una calle comercial, vidrieras elegantes, turistas curiosos y una familia que, aun intentando pasar como cualquier otra, llevaba consigo el resplandor de una época irrepetible. En la imagen aparecen Grace Kelly, ya convertida en Princesa Grace de Mónaco, junto a su esposo, el príncipe Rainiero III, y sus pequeños hijos, Caroline y Albert, durante una salida familiar por las calles de la isla de Capri. No era una ceremonia oficial ni una postal preparada de palacio: era una escena cotidiana, íntima y luminosa, con la realeza monegasca caminando entre comercios, curiosos y veraneantes. La fotografía corresponde a aquella visita familiar retratada en el reportaje “The princesses go shopping on the Isle of Capri”, publicado por The Australian Women’s Weekly el 28 de septiembre de 1960, con texto de Cynthia Strachan y fotografías atribuidas a Maurice Wilmott. El artículo contaba que la familia principesca había llegado desde Mónaco a Capri y que la salida tuvo como centro la compra de ropa para los niños, mientras la presencia de Grace, Rainiero, Caroline y Albert atraía inevitablemente la atención de turistas y vecinos. Grace Kelly ya era mucho más que una princesa. Antes de casarse con Rainiero III en abril de 1956, había sido una de las grandes figuras del Hollywood clásico. Ganó el Oscar a Mejor Actriz por The Country Girl y dejó una filmografía inolvidable con títulos como High Noon, Rear Window, Dial M for Murder, To Catch a Thief y High Society. Al casarse, se retiró del cine con apenas 26 años y pasó a ocupar un lugar central en la historia moderna de Mónaco. En 1960, Caroline tenía tres años y Albert apenas dos. Ella había nacido el 23 de enero de 1957 en el Palacio de Mónaco, y él el 14 de marzo de 1958. La princesa Stéphanie, la hija menor del matrimonio, todavía no había nacido. Por eso esta imagen conserva algo especial: muestra a la joven familia principesca en una etapa temprana, antes de que el mito se volviera aún más grande. Grace camina con una elegancia natural, sin estridencias, con ese estilo limpio y eterno que la convirtió en ícono mundial. Rainiero avanza a su lado, sereno y protector. Caroline y Albert completan la escena con la espontaneidad de la infancia. La imagen no necesita coronas ni salones dorados: alcanza con una calle de Capri, una tarde italiana y una familia que parecía salida de una película. Aquella caminata quedó congelada como una cápsula de tiempo: la unión entre Hollywood, la realeza europea, la moda de los años sesenta y el encanto mediterráneo. Un instante simple, pero cargado de historia. Porque algunas fotografías no solo muestran personas: muestran una época entera. Fotografía de prensa atribuida a Maurice Wilmott. Publicada en The Australian Women’s Weekly, 28 de septiembre de 1960, en el reportaje “The princesses go shopping on the Isle of Capri”, con texto de Cynthia Strachan. #GraceKelly #PrincesaGrace #RainieroIII #Monaco #Capri #Italia #CarolineDeMonaco #AlbertoDeMonaco #Realeza #Historia #FotografiaHistorica #ModaVintage #EleganciaClasica #HollywoodClasico #Años60 #MendozAntigua #GraceKelly #PrincessGrace #PrinceRainier #MonacoRoyalFamily #CapriItaly #VintagePhotography #RoyalHistory #ClassicHollywood #OldHollywood #1960sStyle #TimelessElegance #RoyalFashion #HistoryLovers
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30 DE JUNIO DE 1990: MUERE ROBERTO CASCARINI, EL MAESTRO QUE PINTÓ LA LUZ DE MENDOZA
El 30 de junio de 1990, Mendoza despedía a una de las figuras más profundas y elegantes de sus artes plásticas: Roberto Cristóbal Cascarini, dibujante, pintor y maestro de generaciones. Algunas referencias consignan su fallecimiento el 29 de junio, mientras que la biografía dedicada a su vida precisa que se despidió en la medianoche del 29 al 30 de junio de 1990, dato que permite sostener esta efeméride del 30 de junio. Había nacido en Buenos Aires el 9 de octubre de 1895 y tenía 94 años. Formado en un ambiente de rigor académico, Cascarini estudió en la Academia Nacional de Bellas Artes, dirigida por Pío Collivadino, y recibió enseñanzas de maestros como Alberto Rossi, Reinaldo Giudici y Carlos Ripamonte. También asistió a las clases de pintura al aire libre de Cesáreo Bernaldo de Quirós, influencia clave para su sensibilidad frente al paisaje, la luz y la forma. En 1916 egresó con el título de Profesor de Dibujo, iniciando una trayectoria marcada por la disciplina, el oficio y una fidelidad absoluta al arte bien hecho. Su vínculo definitivo con Mendoza comenzó en 1939, cuando fue designado profesor de Dibujo y Pintura en la antigua Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. Desde entonces, la provincia se transformó en el gran escenario de su madurez artística. La montaña, los árboles, los rostros del campo, los arrieros, las vendimiadoras, los tomeros y la vida cotidiana cuyana pasaron a formar parte de una obra donde el dibujo preciso se unía con una luz serena y profundamente mendocina. Cascarini no fue solamente un pintor notable: fue un maestro de maestros. Entre quienes recibieron su influencia se mencionan nombres fundamentales del arte cuyano como Carlos Alonso, Luis Quesada, Marcelo Santángelo y “Chipo” Céspedes. Su obra abarcó paisajes, escenas costumbristas, desnudos, retratos y personajes históricos, incluyendo representaciones del general San Martín, Sarmiento y figuras destacadas de la memoria mendocina. A lo largo de su vida participó en salones nacionales e interiores, expuso en distintas ciudades argentinas y también en Río de Janeiro en 1950. En Mendoza obtuvo, entre otros reconocimientos, el Primer Premio Cámara de Diputados de Mendoza en el Tercer Concurso Municipal de 1949. Su pintura fue valorada por el dominio técnico, el equilibrio compositivo, el manejo del color, la manifestación de la luz y la nobleza de la forma. Hoy, su nombre integra el patrimonio artístico mendocino. La UNCuyo conserva obras suyas en el Museo Universitario de Arte y lo ha recordado en muestras patrimoniales, mientras que la Pinacoteca Municipal de Godoy Cruz también lo incluye entre los grandes nombres de las artes visuales locales. Roberto Cascarini pintó casi hasta el final. Su vida fue una larga entrega al oficio, a la belleza y a la enseñanza. No buscó el estruendo de las modas: eligió la profundidad silenciosa del trabajo, el respeto por la figura humana, el paisaje y la luz. Por eso, a más de tres décadas de su partida, sigue siendo una presencia viva en la memoria cultural de Mendoza: el artista que convirtió la provincia en forma, luz y color. #RobertoCascarini #Mendoza #MendozAntigua #ArteArgentino #ArteMendocino #PinturaArgentina #HistoriaDelArte #CulturaMendocina #Efemerides #EfemeridesArgentinas #UNCuyo #MuseoUniversitarioDeArte #PatrimonioCultural #ArgentineArt #MendozaArt #ArtHistory #VisualArts #CulturalHeritage #ArgentinePainter #HistoryAndArt
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30 de Junio de 1820 - GÜEMES CONTRA EL IMPERIO: EL DÍA EN QUE LAS MONTONERAS HICIERON RETROCEDER A RAMÍREZ OROZCO
El 30 de junio de 1820 marcó el cierre de una de las retiradas más significativas de la guerra por la Independencia en el Norte argentino. Ese día, las fuerzas realistas del general español Juan Ramírez y Orozco llegaban de regreso a Tupiza, en el Alto Perú, después de haber invadido la Intendencia de Salta, ocupado Jujuy y entrado en la ciudad de Salta. La ofensiva había comenzado el 8 de mayo de 1820, cuando Ramírez y Orozco partió desde Tupiza con sus columnas militares; pero el avance terminó desgastado por la resistencia constante de Martín Miguel de Güemes y sus milicias gauchas. No fue una retirada cualquiera. Fue el resultado de una guerra distinta, hecha de emboscadas, hostigamientos, conocimiento del terreno, movilidad criolla y una decisión patriótica que no descansaba. Güemes no enfrentó al ejército realista como en una batalla clásica de grandes formaciones, sino con la táctica feroz de la Guerra Gaucha: cortar comunicaciones, atacar retaguardias, golpear convoyes, quitar caballos, negar víveres y convertir cada quebrada, cada monte y cada camino en una amenaza para el invasor. Ramírez y Orozco había logrado avanzar con fuerza. Según la cronología histórica del Gobierno de Salta, sus tropas invadieron la Intendencia de Salta divididas en tres columnas, ocuparon la ciudad de Salta el 31 de mayo y llegaron hasta las proximidades del río Pasaje o Juramento. Pero desde el primer momento Güemes dispuso el hostigamiento de los invasores. La presión fue tan intensa que el 8 de junio los realistas evacuaron Salta y comenzaron el retroceso hacia Tupiza, adonde llegarían el 30 de junio, perseguidos por los gauchos salto-jujeños durante la retirada. El episodio tuvo una enorme importancia estratégica. Salta y Jujuy eran la puerta del Alto Perú y el paso natural hacia el corazón de las Provincias Unidas. Por allí podían descender las fuerzas españolas con la intención de reconquistar territorio, amenazar Tucumán y, en el sueño realista más ambicioso, avanzar hacia Buenos Aires. La defensa del Norte no era un frente secundario: era una muralla viva que protegía el interior mientras San Martín preparaba la campaña sobre Chile y Perú. La propia biografía oficial de Güemes destaca que en junio de 1820 venció a los 6.500 hombres comandados por Juan Ramírez Orozco, y que con esa invasión se cerraron las grandes intenciones españolas de llegar hasta Buenos Aires para recrear el antiguo orden virreinal. Otras fuentes históricas hablan de cifras menores, alrededor de 5.000 hombres, lo que muestra diferencias habituales en los partes y reconstrucciones de época, pero todas coinciden en lo esencial: el ejército realista fue obligado a retroceder. Aquel triunfo también ocurrió en un momento político dramático. Desde febrero de 1820 las Provincias Unidas atravesaban una crisis profunda, sin una autoridad nacional fuerte tras la caída del poder central. En ese contexto, Güemes tuvo que sostener la frontera con recursos escasos, contribuciones forzosas, caballos agotados, armas insuficientes y una población sacrificada por años de guerra. El 8 de junio de 1820, San Martín lo designó General en Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú, confiándole una misión continental: contener al enemigo en el Norte y auxiliar la liberación del Perú. La retirada de Ramírez y Orozco no fue solo una victoria militar. Fue la demostración de que la independencia también se defendía con paisanos armados, con mujeres que sostenían la retaguardia, con caballos criollos, con baqueanos, con pueblos enteros convertidos en frontera. Allí no combatía únicamente un ejército: combatía una tierra. El 30 de junio de 1820, cuando los realistas alcanzaron Tupiza tras abandonar Salta, quedó escrita una verdad poderosa: el Norte argentino no era un camino abierto para el imperio. Era una frontera encendida. Y en esa frontera, Güemes y sus montoneras hicieron retroceder a uno de los ejércitos más temidos del Alto Perú. Porque mientras San Martín miraba hacia el Pacífico, Güemes cerraba con sangre, coraje y polvo de caminos la puerta del Norte. #Güemes #MartinMiguelDeGüemes #GuerraGaucha #RamírezOrozco #JuanRamírezOrozco #Salta #Jujuy #Tupiza #AltoPerú #IndependenciaArgentina #HistoriaArgentina #GuerrasDeIndependencia #Montoneras #GauchosDeGüemes #FronteraNorte #EjércitoRealista #SanMartín #PatriaGrande #Efemérides #MendozAntigua #ArgentineHistory #LatinAmericanHistory #IndependenceWars #MilitaryHistory #SouthAmericanHistory #GauchoWar #SaltaArgentina #JujuyArgentina #HistoricalMemory
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30 de Junio de 1983, muere RAÚL SCHURJIN: EL MENDOCINO QUE PINTÓ LA DIGNIDAD DE LOS HUMILDES
El 30 de junio de 1983 moría en Buenos Aires el pintor argentino Raúl Schurjin, artista nacido en Mendoza el 12 de febrero de 1907, según la biografía difundida por la Galería Schurjin y reseñas de El Litoral. Tenía 76 años y dejaba una obra profundamente humana, marcada por la ternura, el dolor, la infancia, la pobreza, las madres, los trabajadores y las “costeritas” del Paraná. Aunque mendocino de nacimiento, Schurjin desarrolló buena parte de su vida artística en Santa Fe, por eso muchas veces fue considerado un pintor santafesino por adopción. Se formó en la Academia Nacional de Bellas Artes, ejerció la docencia, dictó conferencias y ocupó cargos directivos en la Escuela de Artes y Oficios de Santa Fe. Su historia no nació entre privilegios. De niño llegó a Buenos Aires en medio de una vida durísima, trabajó como canillita y lustrabotas, y aun así siguió aferrado al dibujo y la pintura. Su destino cambió cuando el artista Emilio Centurión descubrió su talento y lo ayudó con clases, materiales y orientación. Desde allí, Schurjin comenzó a construir una obra propia, sensible y profundamente social. En 1927 se instaló en el norte santafesino como profesor de dibujo, y en 1936 fundó la Escuela de Artes y Oficios de San Lorenzo. Desde 1928 participó en salones nacionales y provinciales, y obtuvo importantes reconocimientos: el Primer Premio del Salón de Artistas Locales de Santa Fe, la Medalla de Oro del Salón Provincial de Santa Fe, el Primer Premio del Salón Anual de Arte de Mendoza y una mención en el Salón Anual de Rosario. Pero su grandeza no estuvo solamente en los premios. Estuvo en su mirada. Schurjin pintó a los sectores más modestos con una mezcla de ternura, expresión y humanidad. Sus personajes parecen salir de los márgenes: niños, mujeres, trabajadores, madres, habitantes de la costa, figuras humildes atravesadas por la tristeza y la belleza. Su serie de “costeritas” se convirtió en una de las marcas más reconocibles de su universo plástico. También mantuvo un fuerte vínculo con escritores y poetas. Su obra dialogó con figuras como Raúl González Tuñón, Miguel Ángel Asturias, Augusto Roa Bastos, José Pedroni y Abelardo Castillo, entre otros. No por casualidad fue recordado como “el pintor que amaron los poetas”, porque su pintura tenía algo de poema visual: silencio, dolor, ternura y una inmensa compasión por la vida sencilla. En 1958 expuso en Montevideo, y luego su obra alcanzó proyección internacional. También dejó piezas de fuerte contenido humanista, como “El hongo y la rosa”, vinculada al horror de Hiroshima y Nagasaki, obra que ingresó al Museo Memorial de la Paz de Hiroshima. Otras piezas suyas integran colecciones como la del Museo de Arte Tigre y el Museo Provincial Rosa Galisteo de Rodríguez. Raúl Schurjin no pintó la historia desde los grandes salones del poder. La pintó desde abajo, desde el rostro anónimo, desde la madre que abraza, desde la niña quieta, desde la mesa pobre, desde la costa del río y desde esa humanidad pequeña que muchas veces la historia oficial deja sin nombre. Murió el 30 de junio de 1983, pero su obra sigue hablando. Porque hay artistas que buscan la belleza en lo perfecto. Y hay otros, como Schurjin, que la encuentran en la tristeza, en la pobreza, en la ternura y en la dignidad de los olvidados. Raúl Schurjin fue mucho más que un pintor mendocino: fue un testigo sensible de la Argentina profunda. #RaúlSchurjin #RaulSchurjin #ArteArgentino #PinturaArgentina #PintoresArgentinos #Mendoza #SantaFe #ArteMendocino #ArteSantafesino #Costeritas #Paraná #LitoralArgentino #BellasArtes #HistoriaDelArte #CulturaArgentina #Efemérides #MendozAntigua #ArgentineArt #ArgentinePainter #LatinAmericanArt #ArtHistory #VisualArts #Painting #CulturalHeritage #MendozaArgentina #SantaFeArgentina #HistoricalMemory
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30 DE JUNIO DE 1964 NACE, VÍCTOR HUGO CORTÉZ: LA VOZ CUYANA QUE LLEVÓ MENDOZA POR EL MUNDO
El 30 de junio de 1964 nacía en Rivadavia, Mendoza, Víctor Hugo Cortéz, músico, cantor, compositor autodidacta y una de las voces representativas de la canción cuyana contemporánea. Aunque nació en el Este mendocino, su historia artística también quedó profundamente ligada a Ingeniero Giagnoni, donde se crió y donde comenzó a forjar ese vínculo íntimo con el folclore, la tonada, la tierra y la memoria popular. En una reseña biográfica difundida por Saboreando Tonadas, el propio artista recuerda que empezó a componer desde joven y que se animó a mostrar sus canciones a partir de los 17 años. Cortéz no construyó su camino desde la comodidad de una fórmula. Su obra fue creciendo con la libertad de los músicos que escuchan el paisaje antes de escribirlo: la viña, el barrio, la familia, los oficios, la cocina criolla, la raíz latinoamericana y el pulso profundo de Cuyo. Esa ductilidad le permitió moverse entre distintos géneros con solvencia, sensibilidad y oficio, sin perder nunca el acento mendocino. En 1989 ganó el Pre Cosquín, un reconocimiento clave para cualquier artista del folclore argentino y una puerta simbólica hacia escenarios de mayor alcance nacional. Desde entonces, recorrió buena parte del país con sus canciones, llevando una propuesta que combina música, poesía, identidad regional y compromiso cultural. Su producción artística no se limitó al formato tradicional del disco. Entre sus obras más destacadas aparecen proyectos conceptuales como “Escuela Madre”, “El legado de la viña nueva” y “No sólo de pan”, esta última vinculada a recetas criollas, relatos, poesía y música, con una mirada profundamente original sobre la cultura alimentaria popular. Plataformas musicales y reseñas de programación artística también destacan “No sólo de pan” como una obra singular dentro de su trayectoria. El Gobierno de Mendoza lo definió como un artista de larga trayectoria dentro del folclore provincial, señalando que desde muy joven comenzó a componer, que grabó más de diez discos y que creó obras como “Camino a Mendoza” y “No sólo de pan”. En 2018 fue anunciado como parte de la delegación de artistas mendocinos que representarían a la provincia en la Feria Internacional del Libro de La Habana 2019, en Cuba, una muestra de la proyección internacional de su trabajo. También dejó una huella importante en la recuperación de la música regional. Junto al escritor, narrador y músico Golondrina Ruiz, produjo trabajos dedicados a antiguas tonadas y formas musicales cuyanas, entre ellos “Del mismo palo” y “Rastros antiguos”, obras que dialogan con la tradición, la memoria oral y el cancionero profundo de Mendoza. Su vínculo con la gestión cultural también fue parte de su recorrido. Se desempeñó como director de Cultura de Palmira, en Mendoza, y luego ocupó funciones similares en Merlo, San Luis, extendiendo su compromiso más allá del escenario. En 2019 se radicó en España, y medios mendocinos señalaron en 2025 que, tras seis años en ese país, preparaba su regreso a los escenarios de Mendoza con una gira prevista para 2026. La vigencia de su nombre dentro de la música popular mendocina también se confirmó en grandes escenarios provinciales: en enero de 2026, la prensa oficial de Mendoza informó su participación en el cierre de Americanto, en el Teatro Independencia, junto a artistas como Yasmín González, Uruguayeses y Susana Baca. Víctor Hugo Cortéz pertenece a esa estirpe de artistas que no solo cantan canciones: cantan territorio. En su obra aparece el Este mendocino, la tonada antigua, la viña, la cocina criolla, los caminos interiores y la identidad de una provincia que muchas veces se cuenta mejor con una guitarra que con un discurso. Aquel niño nacido en Rivadavia terminó construyendo una voz propia, hecha de raíz, memoria y viaje. Una voz que cruzó escenarios, países y generaciones, pero que nunca dejó de mirar hacia Mendoza. Porque hay artistas que interpretan una tierra. Y hay otros, como Víctor Hugo Cortéz, que parecen llevarla entera en la garganta. #VíctorHugoCortéz #VictorHugoCortez #MúsicaCuyana #FolcloreMendocino #TonadaCuyana #Mendoza #RivadaviaMendoza #IngenieroGiagnoni #Palmira #CulturaMendocina #FolcloreArgentino #PreCosquín #CanciónCuyana #MúsicaRegional #GolondrinaRuiz #NoSoloDePan #CaminoAMendoza #Americanto #MendozAntigua #ArgentineMusic #FolkMusic #ArgentineFolklore #MendozaArgentina #Cuyo #LatinAmericanMusic #CulturalHeritage #TraditionalMusic #WorldMusic
30 DE JUNIO DE 1821 - COCHRANE CONTRA EL SILENCIO: LA DEUDA QUE AMENAZÓ A LA ESCUADRA LIBERTADORA
El 30 de junio de 1821, cuando la campaña libertadora del Perú entraba en horas decisivas, el almirante Thomas Alexander Cochrane envió a José de San Martín una dura advertencia: las tripulaciones de la escuadra estaban al límite. Al mes siguiente vencía el período de enganche de muchos marineros y se les debía cerca de un año y medio de sueldos. No era un reclamo menor: sin marinos pagos, no había escuadra; sin escuadra, la campaña podía naufragar. El contexto era explosivo. La Expedición Libertadora del Perú había partido desde Valparaíso el 20 de agosto de 1820, con San Martín al mando del Ejército y Cochrane al frente de la escuadra. Según la Armada de Chile, la fuerza naval incluía unidades como la O’Higgins, el navío San Martín, la Lautaro, la Independencia, el Galvarino, el Araucano, el Pueyrredón y la Moctezuma; su tripulación rondaba los 1.600 hombres, entre ellos 624 extranjeros, mientras el Ejército Libertador embarcó 4.430 plazas en 17 transportes. Pero detrás de la gloria militar también había hambre, cansancio, promesas incumplidas y una caja exhausta. La misma Armada de Chile señala que las diferencias entre Cochrane y San Martín venían desde la organización de la expedición: el mando naval estaba en manos del almirante, el mando terrestre en San Martín, y pronto surgieron problemas por la falta de pago, el abastecimiento insuficiente y la dificultad para retener buenas tripulaciones. Cochrane no escribía solamente en nombre propio. Hablaba por hombres que habían combatido en el Pacífico, bloqueado puertos, enfrentado al poder naval español y sostenido el movimiento de la expedición. El reclamo estimaba una deuda cercana a los 420.000 pesos, suma que incluía haberes atrasados, premios prometidos y compensaciones vinculadas a presas navales. Fuentes históricas navales españolas recogen que esa cifra formaba parte de las exigencias de Cochrane para él y para las tripulaciones de sus buques. San Martín, por su parte, atravesaba una situación política y financiera delicadísima. No podía permitir que la escuadra se desintegrara justo cuando Lima estaba por caer, pero tampoco quería asumir sin más una deuda que consideraba ligada al gobierno chileno y a los compromisos originales de la expedición. La cronología del Instituto Nacional Sanmartiniano registra que el 21 de junio de 1821 San Martín escribió a O’Higgins sobre la falta de fondos para pagar a la escuadra y la importancia de hacerlo; y el 30 de junio Cochrane remitió a San Martín la lista de deudas de su tripulación. La tensión ocurría en un momento crucial: pocos días después, el virrey La Serna abandonaría Lima, San Martín entraría en la capital peruana el 10 de julio de 1821, y el 28 de julio se proclamaría la independencia del Perú. Pero antes de esa escena inmortal, hubo otra menos solemne y mucho más incómoda: la de los marineros reclamando lo que se les debía. Aquel episodio muestra una cara menos romántica de la independencia sudamericana. Las campañas no se ganaban solo con proclamas, banderas y batallas. También dependían de barcos, víveres, sueldos, contratos, premios, pólvora, disciplina y dinero. Cochrane entendía que una tripulación sin pago podía convertirse en una amenaza. San Martín sabía que la causa necesitaba resistir, incluso cuando la economía de la guerra parecía quebrarse por dentro. El reclamo del 30 de junio de 1821 no fue una simple discusión administrativa. Fue una señal de alarma en el corazón de la empresa libertadora. Mientras el Perú se acercaba a su independencia, la escuadra que había hecho posible el avance patriota navegaba entre la gloria y el descontento. Porque también en la historia grande hay deudas pequeñas que pueden cambiar el destino de una revolución. #Cochrane #LordCochrane #ThomasAlexanderCochrane #SanMartín #JoséDeSanMartín #ExpediciónLibertadora #IndependenciaDelPerú #HistoriaArgentina #HistoriaDeChile #HistoriaDelPerú #GuerrasDeIndependencia #EscuadraLibertadora #ArmadaDeChile #ElCallao #Lima1821 #Efemérides #MendozAntigua #SouthAmericanHistory #LatinAmericanHistory #IndependenceWars #NavalHistory #PeruvianIndependence #ArgentineHistory #ChileanHistory #History #MilitaryHistory
30 DE JUNIO DE 1954 - MUERE FRANCISCO IBÁÑEZ: EL SANJUANINO QUE LLEVÓ LA BANDERA ARGENTINA AL TECHO DEL MUNDO
El 30 de junio de 1954, en Katmandú, Nepal, moría Francisco Gerónimo Ibáñez, montañista sanjuanino, militar argentino y jefe de la Primera Expedición Argentina al Himalaya. Había nacido en Caucete, San Juan, el 30 de septiembre de 1927, y tenía apenas 26 años. Su vida fue breve, pero quedó grabada para siempre en la historia grande del andinismo nacional. Ibáñez no fue un aventurero improvisado. Desde muy joven sintió el llamado de la montaña: estudió en Mendoza, se vinculó al Club Andinista Mendoza y antes de los veinte años ya conocía cerros de la Precordillera y del Cordón del Plata. Luego ingresó al Colegio Militar de la Nación, eligió el arma de Artillería y se especializó en la Escuela Militar de Montaña de Bariloche, donde formó el carácter técnico y humano que lo convertiría en conductor de expediciones extremas. Su experiencia creció en los Andes y también en la Patagonia. En 1952 fue oficial de enlace de la expedición francesa que alcanzó por primera vez la cima del Fitz Roy / Chaltén. Después acompañó a aquellos alpinistas al Aconcagua, montaña que Ibáñez ya había coronado en varias oportunidades. Por ese recorrido recibió el Cóndor de Oro Honoris Causa y becas del gobierno francés para perfeccionarse en los Alpes, donde obtuvo el título de Aspirante Guía Profesional. Pero su gran sueño era otro: llevar a la Argentina al Himalaya. En 1954 organizó y encabezó la expedición nacional al Dhaulagiri, una de las montañas más imponentes del planeta. El Dhaulagiri, de 8.167 metros, es la séptima cumbre más alta del mundo y en aquellos años todavía no había sido conquistado; recién sería ascendido por primera vez en 1960. La empresa fue gigantesca para la época. Los argentinos trasladaron toneladas de equipo, movilizaron porteadores y sherpas, instalaron campamentos de altura y se enfrentaron a frío extremo, tormentas, hielo, avalanchas y una montaña que parecía cerrarle el paso al mundo. Ibáñez seleccionó a sus compañeros, organizó los recursos y asumió el mando de una misión que no solo buscaba una cumbre: buscaba demostrar que la Argentina también podía escribir su nombre en la historia del Himalaya. Durante la expedición, el cuerpo de Ibáñez comenzó a pagar el precio de la altura. Sufrió graves congelaciones en los pies y debió ser evacuado en condiciones dramáticas. Fue trasladado desde la montaña hacia Pokhara y luego en avión a Katmandú, mientras sus compañeros intentaban salvarlo contra el tiempo, el clima y la distancia. Según los informes médicos citados por el Centro Cultural Argentino de Montaña, falleció el 30 de junio de 1954, a las 17 horas, por graves congelaciones en los miembros inferiores y bronconeumonía. La expedición no alcanzó la cumbre, pero dejó una marca histórica. Sus integrantes abrieron camino en una montaña que aún no había sido vencida y llegaron a cotas cercanas a los 8.050 metros, una altura extraordinaria para aquellos años. Ibáñez no regresó con la gloria de la cima, pero sí con algo más profundo: el lugar de los pioneros, de los que empujan los límites de una nación, de los que se atreven cuando el mundo todavía parece demasiado grande. Francisco Ibáñez murió lejos de San Juan, lejos de Mendoza, lejos de los Andes que lo habían formado. Pero su nombre quedó unido para siempre a la montaña, al coraje y a la primera gran aventura argentina en el Himalaya. Tenía 26 años. Una vida corta. Una huella inmensa. No fue solo un montañista. Fue un símbolo de una Argentina que quiso tocar el cielo. #FranciscoIbáñez #FranciscoGerónimoIbáñez #Dhaulagiri #Himalaya #MontañismoArgentino #Andinismo #HistoriaArgentina #Caucete #SanJuan #Mendoza #EjércitoArgentino #Montaña #Aconcagua #FitzRoy #Chaltén #Efemérides #MendozAntigua #ArgentineHistory #Mountaineering #Himalayas #DhaulagiriExpedition #Argentina #History #MountainHistory #AdventureHistory #Andes #ClimbingHistory
30 de Junio de 1850 - SARMIENTO Y ARGIRÓPOLIS: LA CIUDAD IMPOSIBLE QUE SOÑÓ UNIR EL RÍO DE LA PLATA
El 30 de junio de 1850 quedó asociado a una de las ideas más audaces, visionarias y polémicas de Domingo Faustino Sarmiento: la aparición de “Argirópolis o la capital de los Estados Confederados del Río de la Plata”, un ensayo político escrito desde el exilio chileno y publicado en Santiago de Chile por la imprenta de Julio Belín y Compañía. Sarmiento no estaba escribiendo una simple fantasía. Estaba imaginando una solución política para una región desgarrada por guerras civiles, bloqueos, disputas comerciales, caudillismos, rivalidades portuarias y tensiones entre Buenos Aires, el Litoral, Uruguay y Paraguay. En medio de ese escenario, el sanjuanino propuso una idea monumental: crear una nueva capital en la isla Martín García, en pleno corazón estratégico del Río de la Plata. A esa ciudad soñada la llamó Argirópolis, nombre de raíz griega que puede traducirse como “ciudad de la Plata”. Pero detrás de esa palabra había mucho más que un nombre elegante. Había un proyecto geopolítico: fundar una capital neutral, equidistante, capaz de unir a la Confederación Argentina, Uruguay y Paraguay bajo un nuevo orden regional. Una ciudad que no perteneciera ni a Buenos Aires ni a Montevideo, sino al equilibrio de todos. Sarmiento veía en Martín García una llave del comercio, de la navegación interior, del futuro constitucional y de la pacificación del Plata. Desde allí imaginaba abrir los ríos, fortalecer las provincias del Litoral, reducir el peso absoluto del puerto de Buenos Aires y construir una organización política moderna, inspirada en modelos republicanos y federales. El libro fue publicado inicialmente de manera anónima, una señal de estrategia en tiempos peligrosos. No era un texto neutral: era una intervención directa contra el orden político dominado por Juan Manuel de Rosas y contra la parálisis institucional que, según Sarmiento, impedía organizar definitivamente el país. Era una obra escrita con tinta, pero pensada como arma política. La primera edición apareció con el sello de Julio Belín y Compañía, imprenta moderna instalada en Chile, vinculada al círculo intelectual de Sarmiento. El propio Belín, impresor francés, sería luego parte de su familia política. La obra incluía introducción, siete capítulos y apéndice documental, y tuvo una trayectoria editorial notable: entre 1850 y 1851 circularon versiones en castellano y traducciones al francés, prueba de que Sarmiento quería llevar su proyecto más allá del debate local. Argirópolis nunca se construyó. La historia siguió otro camino. Dos años después, en 1852, la caída de Rosas en Caseros cambió el tablero político argentino. Pero aquella ciudad imaginaria quedó como una de las grandes utopías del siglo XIX rioplatense: una capital soñada para ordenar un territorio convulsionado, unir pueblos hermanos, abrir los ríos al comercio y transformar la geografía en destino político. Sarmiento, desde el exilio, no solo escribió sobre una ciudad. Escribió sobre el país que todavía no existía. Y aunque Argirópolis jamás tuvo calles, plazas ni edificios, sobrevivió como una de las ideas más poderosas de la Argentina que buscaba organizarse entre el conflicto, la palabra y la esperanza. #Sarmiento #Argiropolis #DomingoFaustinoSarmiento #HistoriaArgentina #Efemerides #RioDeLaPlata #IslaMartinGarcia #ArgentinaHistorica #SigloXIX #HistoriaRioplatense #MendozAntigua #ArgentineHistory #History #SouthAmericanHistory #LatinAmericanHistory #RiverPlate #PoliticalHistory #HistoricalMemory
30 DE JUNIO DE 1917 - 🎬 **CUANDO MENDOZA ENCENDIÓ SU PANTALLA: DEL CAFÉ BIÓGRAFO AVENIDA AL MITO DEL CINE AVENIDA**
El 30 de junio de 1917, Mendoza sumaba una nueva escena a su historia cultural. Ese día comenzaba sus actividades el **Café Biógrafo Avenida**, instalado en el local de la tradicional **Confitería Sportsman**, uno de aquellos espacios céntricos donde la vida social mendocina mezclaba café, tertulias, música, elegancia, curiosidad y modernidad. No era simplemente abrir una sala. Era abrir una ventana al asombro. En aquellos años, el cine todavía conservaba algo de maravilla técnica y de espectáculo social. Se lo llamaba muchas veces **biógrafo**, y reunía a familias, curiosos, músicos, empresarios, artistas y vecinos frente a esas imágenes mudas que parecían traer el mundo entero hasta el corazón de la ciudad. Mendoza ya venía viviendo esa transformación desde fines del siglo XIX, cuando las primeras funciones habían causado sorpresa en el público local. Con el tiempo, las confiterías comenzaron a sumar proyecciones, convirtiéndose en verdaderos puntos de encuentro entre la gastronomía, la música y las “vistas” cinematográficas. La **Sportsman** fue una de las grandes protagonistas de esa etapa. Allí, donde antes dominaban las conversaciones, los banquetes y las reuniones sociales, también empezó a brillar la pantalla. En la inauguración del Café Biógrafo Avenida actuó la **Orquesta de Señoritas**, dirigida por el maestro **Gianoli**, un detalle que habla del clima de época: el cine no llegaba solo, sino acompañado por música, ceremonia y vida social. Al sábado siguiente se anunciaron funciones con títulos que hoy suenan como reliquias de otro mundo: **“La secta de los misterios”**, drama en tres actos, y **“El mazo de Carlitos”**, presentado en la publicidad gráfica como un espectáculo moral para la familia. Eran tiempos en los que cada función tenía algo de acontecimiento público, casi de ritual urbano. Pero aquella historia no terminó allí. Ese café-biógrafo sería la semilla de una sala mayor. En 1926, el viejo espacio fue transformado en el **Cine Avenida**, uno de los grandes templos cinematográficos de Mendoza. La nueva sala fue recordada como un verdadero centro social de la época, diseñada con inspiración en los grandes cines estadounidenses, con amplia capacidad, palcos, gran pantalla, sistema de calefacción para el invierno y ventilación para el verano. El Cine Avenida no fue solamente un lugar para ver películas. Fue un punto de encuentro, una postal de la avenida San Martín, una memoria compartida de generaciones enteras. Allí se cruzaron el cine mudo, la música en vivo, la elegancia de las salidas nocturnas, las familias mendocinas, los estrenos esperados y esa emoción irrepetible de entrar a una sala oscura para ver aparecer la luz sobre la pantalla. Aquel 30 de junio de 1917, quizás nadie imaginó que el pequeño Café Biógrafo Avenida estaba escribiendo el primer capítulo de una leyenda urbana. Pero así fue: entre mesas, copas, acordes y películas mudas, Mendoza comenzaba a fabricar uno de sus grandes recuerdos cinematográficos. 📽️ **Del café al cine. De la tertulia a la pantalla. De la Sportsman al inolvidable Cine Avenida.** Una parte luminosa de la Mendoza que ya no está, pero que todavía vive en la memoria. #MendozAntigua #MendozaAntigua #CineAvenida #CafeBiografoAvenida #HistoriaDeMendoza #MendozaCapital #AvenidaSanMartin #CineMudo #HistoriaDelCine #CinesDeMendoza #CulturaMendocina #Efemerides #PatrimonioCultural #MemoriaMendocina #OldMendoza #MendozaHistory #SilentCinema #CinemaHistory #VintageCinema #ArgentineHistory #CulturalHeritage
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