jueves, 16 de abril de 2020

16 de abril de 1987: el día en que la democracia argentina quedó al borde del abismo


El 16 de abril de 1987 estalló el primer alzamiento carapintada, una sublevación militar que puso en jaque al gobierno constitucional de Raúl Alfonsín y abrió una de las crisis más delicadas de la democracia recuperada en 1983. El conflicto se incubó en un clima de fuerte tensión por los juicios a los responsables del terrorismo de Estado y por la reciente Ley de Punto Final, sancionada el 23 de diciembre de 1986 y promulgada el 24 de diciembre, que fijó un límite para impulsar nuevas acciones penales contra integrantes de las Fuerzas Armadas. La chispa inmediata fue la negativa del exmayor Ernesto Barreiro, acusado por violaciones a los derechos humanos, a presentarse ante la Justicia Federal. Su resistencia en Córdoba fue respaldada por otros sectores militares y, poco después, el foco principal del levantamiento se trasladó a Campo de Mayo, donde el teniente coronel Aldo Rico asumió el liderazgo de la rebelión. Los sublevados reclamaban una “solución política” para las centenas de citaciones judiciales por crímenes de la dictadura y también exigían el relevo de la cúpula del Ejército Mientras crecía la insubordinación, la sociedad reaccionó con una movilización masiva en defensa del orden constitucional. Miles de personas salieron a las calles, especialmente en Plaza de Mayo y en los alrededores de Campo de Mayo, y buena parte del arco político, sindical y social cerró filas detrás del gobierno. Sin embargo, Alfonsín no contó con una respuesta militar contundente de todas las fuerzas que debían sofocar la rebelión: el episodio más recordado fue la marcha demoradísima de las tropas del general Ernesto Alais desde Rosario, que nunca llegó a tiempo al epicentro del conflicto. En paralelo, la mayoría de los partidos firmó el Acta de Compromiso Democrático; según reconstrucciones posteriores, MAS, Partido Obrero y Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora no la suscribieron, mientras el Partido Comunista acompañó con reservas, al advertir que el texto podía abrir la puerta a una amnistía encubierta En ese contexto extremo, Alfonsín decidió ir personalmente a Campo de Mayo para exigir la rendición de los rebeldes. Tras negociar el final de la crisis, regresó a la Casa Rosada y pronunció dos frases que quedaron grabadas en la memoria política argentina: “Felices Pascuas” y “la casa está en orden y no hay sangre en la Argentina”. Pero el desenlace no cerró el problema: pocas semanas después se sancionó la Ley de Obediencia Debida, el 8 de junio de 1987, que restringió aún más el alcance de los juicios por delitos de lesa humanidad. El ciclo de impunidad continuó con nuevos levantamientos y, más tarde, con los indultos de la era Menem entre 1989 y 1990. Recién en 2003 el Congreso declaró insanablemente nulas las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y en 2005 la Corte Suprema confirmó su inconstitucionalidad, lo que permitió reabrir centenares de causas por crímenes de lesa humanidad. #SemanaSanta1987 #Carapintadas #RaúlAlfonsín #DemocraciaArgentina #MemoriaVerdadYJusticia #HistoriaArgentina #NuncaMás #CampoDeMayo #PuntoFinal #ObedienciaDebida #ArgentineHistory #Democracy #HumanRights #MemoryTruthJustice #NeverAgain #SemanaSanta #Argentina1987 #HistoricalMemory #NostalgiaCore, #Throwback, #TBT, #ThrowbackThursday, #Vintage, #Retro, #VintagePhotography, #HistoricalPhotos, #HistoricPhotos, #ArchivePhoto, #ArchivalPhoto, #OnThisDay, #TodayInHistory, #ThisDayInHistory, #OTD

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