miércoles, 24 de junio de 2020

24 DE JUNIO DE 2000: EL DÍA EN QUE EL POTRO RODRIGO SE VOLVIÓ LEYENDA


El 24 de junio de 2000, la música popular argentina recibió uno de esos golpes que no se olvidan. En plena madrugada, cuando regresaba de cantar en City Bell, Rodrigo Alejandro Bueno —el inolvidable Potro Rodrigo— murió en un accidente automovilístico. Tenía apenas 27 años, pero ya había conseguido algo reservado para muy pocos: transformar una voz, una sonrisa, una forma de pararse en el escenario y un ritmo cordobés en patrimonio emocional de millones de argentinos. Rodrigo había nacido en Córdoba capital el 24 de mayo de 1973. La música no llegó a su vida por casualidad: su padre, Eduardo Bueno, estaba ligado al mundo discográfico, y su madre, Beatriz Olave, también formaba parte de ese universo artístico que respiraba canciones, escenarios y noches populares. Desde muy chico quedó marcado por el cuarteto, ese sonido nacido en Córdoba que durante décadas fue identidad barrial, fiesta familiar, baile de club y orgullo provincial. Su debut tuvo algo de destino escrito. Con apenas dos años apareció en el programa Fiesta del Cuarteto, acompañado por Carlos “La Mona” Jiménez, una figura enorme del género. A los pocos años grabó un disco infantil, y a los once debutó junto a Chébere frente a miles de personas. Luego pasó por Manto Negro, donde terminó de templar esa voz áspera, frontal y carismática que más tarde incendiaría los escenarios. Su carrera no fue lineal. Primero probó otros caminos, incluso el pop y los ritmos tropicales, con discos como La foto de tu cuerpo y Aprendiendo a vivir. Pero el destino lo esperaba donde había empezado todo: en el cuarteto. Cuando volvió a esa raíz cordobesa, Rodrigo encontró su verdadera fuerza. En 1996, con Lo mejor del amor, alcanzó una popularidad inmensa y recibió el Premio ACE. Después llegaron trabajos clave como La leyenda continúa, Cuarteteando, El Potro y A 2000, álbum que fue certificado cuádruple platino. A fines de los años noventa, Rodrigo ya no era solamente un cantante: era un fenómeno social. Su pelo corto teñido, sus remeras ajustadas, su energía de boxeador, su manera de hablarle al público como si estuviera en una esquina del barrio y su mezcla de picardía, ternura y rebeldía lo convirtieron en un ídolo transversal. Lo escuchaban los bailanteros, los futboleros, los jóvenes, las familias, los barrios populares y también sectores que hasta entonces miraban al cuarteto desde lejos. Canciones como Ocho cuarenta, Fue lo mejor del amor, Soy cordobés, Fuego y pasión y La mano de Dios se volvieron himnos. Rodrigo no solo cantaba: hacía que el público gritara, saltara, llorara y se reconociera en una música que venía desde Córdoba, pero que ya le pertenecía al país entero. Su consagración definitiva llegó en el año 2000, cuando realizó 13 presentaciones en el Luna Park, llevando el cuarteto al corazón simbólico de los grandes espectáculos argentinos. Pero detrás del brillo había una vida acelerada hasta el límite. Shows, televisión, entrevistas, viajes, madrugadas interminables y una exposición feroz hicieron de Rodrigo una figura devorada por su propio éxito. La noche del 23 de junio de 2000 tuvo una agenda intensa: televisión, cena, notas y presentación en la discoteca Escándalo, de City Bell. Luego emprendió el regreso hacia Buenos Aires en una Ford Explorer junto a Patricia Pacheco, su hijo Ramiro, Fernando Olmedo, Jorge Moreno y Alberto Pereyra. En la Autopista Buenos Aires-La Plata ocurrió la tragedia. La camioneta perdió el control, impactó y volcó. Rodrigo no llevaba puesto el cinturón de seguridad y salió despedido del vehículo. Fernando Olmedo, hijo del recordado Alberto Olmedo, también murió a causa del accidente. Los demás ocupantes sobrevivieron. La noticia paralizó al país: el Potro, el ídolo que parecía invencible sobre el escenario, se había ido en segundos. Alrededor de su muerte quedaron versiones, sospechas, rumores y dolor. En los primeros días se habló de amenazas y de una posible maniobra intencional de otro vehículo, pero con el tiempo la causa judicial terminó considerando el hecho como un accidente trágico. Esa sombra, lejos de apagar su figura, alimentó todavía más el mito popular de un artista que vivió rápido, cantó fuerte y dejó una marca imposible de borrar. Rodrigo fue velado entre una multitud. Miles de personas lo despidieron como se despide a los ídolos verdaderos: con lágrimas, canciones, banderas, remeras, fotos y esa sensación de que algo propio se había roto para siempre. Su muerte no terminó con el cuarteto; al contrario, lo confirmó como una expresión central de la cultura argentina. Porque Rodrigo no solo llevó Córdoba a Buenos Aires: llevó el barrio al Luna Park, la bailanta a la televisión nacional y la alegría popular a la memoria colectiva. A más de dos décadas de aquella madrugada, Rodrigo sigue sonando. Su voz aparece en cumpleaños, canchas, radios, fiestas, remises, recuerdos familiares y homenajes. El Potro sigue vivo porque los pueblos no olvidan a quienes les dieron una canción para gritar la vida. Tenía 27 años cuando partió, pero le alcanzó para volverse eterno. Rodrigo no fue una moda. Fue un relámpago. Y todavía ilumina. #RodrigoBueno, #ElPotroRodrigo, #Rodrigo, #Cuarteto, #ArgentineMusic, #LatinMusic, #Cumbia, #CordobaArgentina, #MusicLegend, #PopularMusic, #ThePotro, #ArgentinaMusic, #CuartetoCordobes, #RodrigoEterno, #ElPotro, #SoyCordobes, #LaManoDeDios, #OchoCuarenta, #MusicaPopularArgentina, #CulturaPopular, #Cordoba, #Argentina, #HistoriaArgentina, #Efemerides, #UnDiaComoHoy, #LeyendaPopular, #MendozAntigua

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