miércoles, 24 de junio de 2020

El 24 de Junio de 1935, en el aeropuerto "Las Playas" de Medellín, Colombia, moría GARDEL, LA VOZ QUE NO SE APAGÓ: el accidente que convirtió al tango en leyenda eterna


El 24 de junio de 1935, en Medellín, no cayó solamente un avión: se quebró una época. En la pista del antiguo aeródromo Las Playas —luego Aeropuerto Olaya Herrera—, dos aeronaves chocaron cuando una de ellas estaba por despegar. Entre las víctimas viajaban Carlos Gardel, Alfredo Le Pera y parte de sus músicos. La noticia cruzó América como un relámpago de luto: había muerto el hombre que había convertido al tango en idioma sentimental de multitudes. Gardel fue y sigue siendo misterio. Para la documentación más aceptada, nació en Toulouse, Francia, el 11 de diciembre de 1890, como Charles Romuald Gardès, y llegó a Buenos Aires en 1893 junto a su madre, Berthe Gardés. Pero la tradición uruguaya también lo reclama como hijo de Tacuarembó. Tal vez por eso su figura nunca perteneció del todo a una sola geografía: Gardel fue francés en los papeles, rioplatense en el alma, porteño en el destino y universal en la voz. Su infancia no tuvo mármol ni privilegios. Creció entre conventillos, oficios humildes, calles ruidosas, patios pobres y teatros donde su madre buscaba el sustento. Antes de ser mito, fue Carlitos: un muchacho de barrio, movedizo, buscavidas, cantor de esquinas y cafés. Algunas investigaciones incluso señalan prontuarios policiales de 1904 y 1915 vinculados a episodios marginales, una zona oscura de su juventud que el tiempo no logró borrar del todo, pero que tampoco pudo impedir lo esencial: el nacimiento de una de las voces más grandes de la historia popular. En el Abasto empezó a crecer la leyenda. Allí se mezclaban inmigrantes, compadritos, obreros, carreros, guitarreros, cafés, mercados y noches de tango. Gardel absorbió ese mundo como nadie. No fue solo un cantante: fue el intérprete perfecto de una Buenos Aires que lloraba, amaba, perdía, esperaba y soñaba en lunfardo. Su encuentro con José Razzano dio origen a un dúo fundamental de canciones criollas, y hacia 1912 ya registraba sus primeras grabaciones. El gran quiebre llegó en 1917 con “Mi noche triste”, obra de Samuel Castriota y Pascual Contursi. Con esa interpretación, Gardel ayudó a transformar el tango en canción: ya no era solamente música para bailar, también era relato, herida, confesión y memoria. Ese mismo año actuó en la película muda Flor de durazno, abriendo otro camino: el del cantor que también sería estrella de cine. Después vinieron Europa, París, Barcelona, Nueva York, los discos, la radio, el cine sonoro y la fama continental. La Paramount lo convocó para filmar películas en Francia y, entre 1934 y 1935, Gardel conquistó también el mercado estadounidense con discos, radio y cine. Su imagen ya no pertenecía únicamente al Río de la Plata: era una presencia magnética en toda América y también en Europa. La UNESCO reconoce la dimensión histórica de su legado a través de la colección de discos originales de Carlos Gardel, con grabaciones realizadas entre 1913 y 1935. Allí se conservan 770 piezas cantadas por el Zorzal, producidas en Buenos Aires, París y Nueva York, y distribuidas en 29 géneros y estilos. No fue únicamente tango: fue milonga, zamba, canción criolla, vals, estilo, ranchera y una voz capaz de atravesar cualquier frontera. Pero aquella gira de 1935 sería la última. Gardel venía de presentarse por Puerto Rico, Venezuela, Aruba, Curazao y Colombia. Viajaba junto a Alfredo Le Pera —autor de muchas de sus letras más recordadas— y sus guitarristas Guillermo Barbieri, José María Aguilar y Ángel Domingo Riverol. El destino final era seguir llevando su voz por América. Sin embargo, el 24 de junio, en Medellín, el fuego detuvo el viaje. Solo tres personas sobrevivieron al desastre. Sus restos descansan en el cementerio de la Chacarita, en Buenos Aires, donde su tumba se convirtió en lugar de peregrinación popular. Allí, como si el tiempo no pasara, todavía lo visitan quienes entienden que Gardel no es solamente un recuerdo: es una presencia. Porque hay artistas que mueren, y hay otros que entran en una dimensión más profunda de la memoria colectiva. Carlos Gardel no fue perfecto. Fue humano, contradictorio, luminoso y oscuro, como los grandes mitos. Pero cuando cantaba, todo parecía ordenarse alrededor de su voz. El barrio, la madre, el amor perdido, la ciudad lejana, el regreso imposible y la tristeza del hombre común encontraban una forma eterna. Por eso, cada 24 de junio, América no recuerda solo una tragedia aérea. Recuerda el día en que el tango perdió un cuerpo y ganó una leyenda. Y como dijo Julio Jorge Nelson, su amigo y admirador: cada día canta mejor. #CarlosGardel, #Gardel, #ElZorzalCriollo, #ElMorochoDelAbasto, #TangoArgentino, #HistoriaDelTango, #TangoRioplatense, #BuenosAiresAntiguo, #Abasto, #Medellin1935, #AlfredoLePera, #MiNocheTriste, #CulturaArgentina, #MemoriaPopular, #Efemerides, #HistoriaArgentina, #TangoLegend, #CarlosGardelLegend, #ArgentineTango, #TangoHistory, #LatinAmericanMusic, #BuenosAiresHistory, #VintageArgentina, #MusicHistory, #CulturalHeritage, #ImmortalVoice

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