El 10 de agosto de 1897, en un laboratorio de Bayer en Elberfeld, hoy parte de Wuppertal, Alemania, el químico y farmacéutico Felix Hoffmann consiguió preparar ácido acetilsalicílico (AAS) en una forma químicamente pura y estable. No fue, estrictamente hablando, el día en que apareció comercialmente la Aspirina —Bayer comenzaría a venderla en 1899—, pero sí la fecha que la propia compañía reconoce como el gran punto de partida de la Aspirina moderna. Su historia, sin embargo, había comenzado muchísimo antes. Hace miles de años distintas culturas ya conocían las propiedades medicinales del sauce. En el siglo V a. C., Hipócrates describió preparados obtenidos del árbol para aliviar dolores y fiebre, mientras que siglos después médicos como Dioscórides continuaron registrando sus aplicaciones. Incluso existen testimonios todavía más antiguos del empleo medicinal del sauce en Mesopotamia. El salto desde la corteza de un árbol hasta un medicamento de laboratorio requirió generaciones de investigadores. En 1763, el reverendo inglés Edward Stone comunicó a la Royal Society sus observaciones sobre el uso de corteza de sauce contra las fiebres. En 1828, el químico alemán Johann Andreas Büchner aisló de ella una sustancia amarillenta que denominó salicina; al año siguiente, el farmacéutico francés Henri Leroux consiguió obtenerla en forma cristalina más pura. Durante las décadas siguientes, el estudio de los salicilatos permitió llegar al ácido salicílico, eficaz contra el dolor y la fiebre pero problemático en dosis elevadas por su fuerte irritación gastrointestinal. Y aquí aparece un dato fundamental que suele perderse en las versiones populares de esta historia: Hoffmann no fue el primero en fabricar ácido acetilsalicílico. El químico francés Charles Frédéric Gerhardt ya lo había preparado en 1853, más de cuatro décadas antes, aunque su procedimiento no desembocó en un medicamento práctico y comercial. La American Chemical Society reconoce a Gerhardt como quien primero preparó el compuesto, mientras que la importancia histórica de Hoffmann estuvo en obtenerlo en una forma estable y suficientemente pura para su desarrollo farmacéutico. En Bayer, el trabajo se realizó dentro de un programa destinado a conseguir una alternativa mejor tolerada a los salicilatos existentes. La versión tradicional de la empresa cuenta además que Hoffmann tenía una razón personal para interesarse en el problema: su padre sufría reumatismo y toleraba mal el ácido salicílico. La historia de la autoría, sin embargo, posee una controversia fascinante: décadas después, el químico Arthur Eichengrün, superior de Hoffmann, sostuvo que él había concebido y dirigido el desarrollo del compuesto. La historiografía científica todavía recuerda esa disputa, por lo que presentar a Hoffmann como único “inventor” simplifica una historia mucho más compleja. Bayer registró Aspirin como marca en 1899 y comenzó comercializándola como polvo; hacia 1900 apareció la presentación en tabletas, decisiva para convertirla en un producto de consumo masivo. El nombre habría surgido combinando la “A” de acetil, “spir” por Spiraea, género botánico relacionado con plantas que contienen compuestos salicílicos, y la terminación “-in”, habitual entonces en nombres de medicamentos. Pero todavía faltaba descubrir uno de sus mayores secretos. Durante décadas la humanidad utilizó Aspirina sin comprender por completo cómo actuaba. En 1971, el farmacólogo británico John Robert Vane demostró que la aspirina inhibe la formación de prostaglandinas, sustancias fundamentales en procesos como la inflamación y el dolor. Sus investigaciones también ayudaron a explicar la relación de estos mecanismos con los tromboxanos y la agregación plaquetaria. Por estos trabajos sobre prostaglandinas y sustancias biológicamente relacionadas, Vane compartiría el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1982 con Sune Bergström y Bengt Samuelsson. Aquella vieja molécula analgésica adquirió entonces una nueva dimensión: además de aliviar dolor, fiebre e inflamación, el AAS posee un efecto antiagregante plaquetario, razón por la que, bajo indicación médica, desempeña desde hace décadas un importante papel en determinados pacientes con enfermedad cardiovascular. La Aspirina también quedó atrapada en las guerras del siglo XX. Durante la Primera Guerra Mundial, las marcas alemanas fueron confiscadas o declaradas de dominio público en varios países enemigos de Alemania. En Estados Unidos, la oficina del Alien Property Custodian podía apropiarse y vender bienes pertenecientes a empresas enemigas; los activos estadounidenses de Bayer terminaron en manos de Sterling Products tras una subasta en 1918. Además, en 1921 un tribunal estadounidense consideró “aspirin” un término genérico para el consumidor. Por eso es incorrecto afirmar que Estados Unidos esperó hasta el final de la Segunda Guerra Mundial para quitarle esos derechos a Bayer: la gran pérdida estadounidense ocurrió como consecuencia de la Primera Guerra Mundial. La propia Oficina Alemana de Patentes y Marcas confirma que durante aquella guerra la marca Aspirin fue confiscada o pasó al dominio público en numerosos países, mientras Bayer tardó décadas en recuperar algunos de sus derechos internacionales. En Estados Unidos, la compañía recuperó plenamente el uso corporativo del nombre Bayer y de la cruz Bayer tras adquirir en 1994 el negocio norteamericano de automedicación de Sterling Winthrop. Así, aquel experimento del 10 de agosto de 1897 no fue simplemente el nacimiento de una pastilla: fue la culminación provisional de una historia iniciada con cortezas de árboles, continuada por químicos franceses, alemanes e italianos, transformada por la industria farmacéutica y reinterpretada por la ciencia casi setenta y cinco años después. Pocas sustancias resumen de manera tan extraordinaria el viaje de la medicina desde una planta utilizada en la Antigüedad hasta la farmacología molecular contemporánea. #Aspirina #Aspirin #FelixHoffmann #10DeAgosto #HistoriaDeLaMedicina #HistoriaDeLaCiencia #Medicina #Ciencia #Química #AcidoAcetilsalicilico #Bayer #Hipocrates #Historia #Efemerides #CuriosidadesHistoricas #MedicalHistory #HistoryOfMedicine #ScienceHistory #ChemistryHistory #PharmaceuticalHistory #ScientificDiscovery #OnThisDay #MendozAntigua
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lunes, 10 de agosto de 2020
10 DE AGOSTO DE 1897: EL DÍA QUE UN POLVO BLANCO CAMBIÓ LA MEDICINA — HOFFMANN, EL SAUCE DE HIPÓCRATES Y EL NACIMIENTO DE LA ASPIRINA MODERNA
El 10 de agosto de 1897, en un laboratorio de Bayer en Elberfeld, hoy parte de Wuppertal, Alemania, el químico y farmacéutico Felix Hoffmann consiguió preparar ácido acetilsalicílico (AAS) en una forma químicamente pura y estable. No fue, estrictamente hablando, el día en que apareció comercialmente la Aspirina —Bayer comenzaría a venderla en 1899—, pero sí la fecha que la propia compañía reconoce como el gran punto de partida de la Aspirina moderna. Su historia, sin embargo, había comenzado muchísimo antes. Hace miles de años distintas culturas ya conocían las propiedades medicinales del sauce. En el siglo V a. C., Hipócrates describió preparados obtenidos del árbol para aliviar dolores y fiebre, mientras que siglos después médicos como Dioscórides continuaron registrando sus aplicaciones. Incluso existen testimonios todavía más antiguos del empleo medicinal del sauce en Mesopotamia. El salto desde la corteza de un árbol hasta un medicamento de laboratorio requirió generaciones de investigadores. En 1763, el reverendo inglés Edward Stone comunicó a la Royal Society sus observaciones sobre el uso de corteza de sauce contra las fiebres. En 1828, el químico alemán Johann Andreas Büchner aisló de ella una sustancia amarillenta que denominó salicina; al año siguiente, el farmacéutico francés Henri Leroux consiguió obtenerla en forma cristalina más pura. Durante las décadas siguientes, el estudio de los salicilatos permitió llegar al ácido salicílico, eficaz contra el dolor y la fiebre pero problemático en dosis elevadas por su fuerte irritación gastrointestinal. Y aquí aparece un dato fundamental que suele perderse en las versiones populares de esta historia: Hoffmann no fue el primero en fabricar ácido acetilsalicílico. El químico francés Charles Frédéric Gerhardt ya lo había preparado en 1853, más de cuatro décadas antes, aunque su procedimiento no desembocó en un medicamento práctico y comercial. La American Chemical Society reconoce a Gerhardt como quien primero preparó el compuesto, mientras que la importancia histórica de Hoffmann estuvo en obtenerlo en una forma estable y suficientemente pura para su desarrollo farmacéutico. En Bayer, el trabajo se realizó dentro de un programa destinado a conseguir una alternativa mejor tolerada a los salicilatos existentes. La versión tradicional de la empresa cuenta además que Hoffmann tenía una razón personal para interesarse en el problema: su padre sufría reumatismo y toleraba mal el ácido salicílico. La historia de la autoría, sin embargo, posee una controversia fascinante: décadas después, el químico Arthur Eichengrün, superior de Hoffmann, sostuvo que él había concebido y dirigido el desarrollo del compuesto. La historiografía científica todavía recuerda esa disputa, por lo que presentar a Hoffmann como único “inventor” simplifica una historia mucho más compleja. Bayer registró Aspirin como marca en 1899 y comenzó comercializándola como polvo; hacia 1900 apareció la presentación en tabletas, decisiva para convertirla en un producto de consumo masivo. El nombre habría surgido combinando la “A” de acetil, “spir” por Spiraea, género botánico relacionado con plantas que contienen compuestos salicílicos, y la terminación “-in”, habitual entonces en nombres de medicamentos. Pero todavía faltaba descubrir uno de sus mayores secretos. Durante décadas la humanidad utilizó Aspirina sin comprender por completo cómo actuaba. En 1971, el farmacólogo británico John Robert Vane demostró que la aspirina inhibe la formación de prostaglandinas, sustancias fundamentales en procesos como la inflamación y el dolor. Sus investigaciones también ayudaron a explicar la relación de estos mecanismos con los tromboxanos y la agregación plaquetaria. Por estos trabajos sobre prostaglandinas y sustancias biológicamente relacionadas, Vane compartiría el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1982 con Sune Bergström y Bengt Samuelsson. Aquella vieja molécula analgésica adquirió entonces una nueva dimensión: además de aliviar dolor, fiebre e inflamación, el AAS posee un efecto antiagregante plaquetario, razón por la que, bajo indicación médica, desempeña desde hace décadas un importante papel en determinados pacientes con enfermedad cardiovascular. La Aspirina también quedó atrapada en las guerras del siglo XX. Durante la Primera Guerra Mundial, las marcas alemanas fueron confiscadas o declaradas de dominio público en varios países enemigos de Alemania. En Estados Unidos, la oficina del Alien Property Custodian podía apropiarse y vender bienes pertenecientes a empresas enemigas; los activos estadounidenses de Bayer terminaron en manos de Sterling Products tras una subasta en 1918. Además, en 1921 un tribunal estadounidense consideró “aspirin” un término genérico para el consumidor. Por eso es incorrecto afirmar que Estados Unidos esperó hasta el final de la Segunda Guerra Mundial para quitarle esos derechos a Bayer: la gran pérdida estadounidense ocurrió como consecuencia de la Primera Guerra Mundial. La propia Oficina Alemana de Patentes y Marcas confirma que durante aquella guerra la marca Aspirin fue confiscada o pasó al dominio público en numerosos países, mientras Bayer tardó décadas en recuperar algunos de sus derechos internacionales. En Estados Unidos, la compañía recuperó plenamente el uso corporativo del nombre Bayer y de la cruz Bayer tras adquirir en 1994 el negocio norteamericano de automedicación de Sterling Winthrop. Así, aquel experimento del 10 de agosto de 1897 no fue simplemente el nacimiento de una pastilla: fue la culminación provisional de una historia iniciada con cortezas de árboles, continuada por químicos franceses, alemanes e italianos, transformada por la industria farmacéutica y reinterpretada por la ciencia casi setenta y cinco años después. Pocas sustancias resumen de manera tan extraordinaria el viaje de la medicina desde una planta utilizada en la Antigüedad hasta la farmacología molecular contemporánea. #Aspirina #Aspirin #FelixHoffmann #10DeAgosto #HistoriaDeLaMedicina #HistoriaDeLaCiencia #Medicina #Ciencia #Química #AcidoAcetilsalicilico #Bayer #Hipocrates #Historia #Efemerides #CuriosidadesHistoricas #MedicalHistory #HistoryOfMedicine #ScienceHistory #ChemistryHistory #PharmaceuticalHistory #ScientificDiscovery #OnThisDay #MendozAntigua
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