El 10 de agosto de 1883, Buenos Aires despedía a uno de los personajes más extraordinarios de la historia marítima argentina. A pocos días de cumplir 50 años moría Luis Piedrabuena, marino, explorador y rescatista cuya vida estuvo ligada como pocas a la Patagonia, Tierra del Fuego, la Isla de los Estados y los mares australes. Había nacido el 24 de agosto de 1833 en Carmen de Patagones, junto al río Negro, en un paisaje donde el agua parecía marcar de antemano su destino. Desde niño mostró una fascinación casi temeraria por navegar. Una de las historias más recordadas de su juventud, recogida incluso por la Armada Argentina, cuenta que el capitán Lemon lo encontró mar adentro cuando todavía era un muchacho, navegando prácticamente solo sobre una precaria embarcación improvisada. Aquella aventura terminó convirtiéndose en el comienzo de una vida dedicada al océano. A los 14 años ya navegaba como grumete a bordo del pailebot estadounidense John Davison y poco después conocía las durísimas aguas australes, hasta completar años más tarde estudios náuticos en Estados Unidos y obtener patente de capitán. Su verdadero territorio fueron los mares del sur. Navegó alrededor de la Isla de los Estados, Tierra del Fuego, el estrecho de Magallanes, el río Santa Cruz y el cabo de Hornos, participando además en numerosos salvamentos. En 1857 auxilió a decenas de náufragos del ballenero Dauphin y continuó realizando rescates durante años, hasta convertir el auxilio a quienes quedaban atrapados en aquellas costas salvajes en una auténtica misión personal. En 1859 remontó el río Santa Cruz y estableció un puesto en la isla que llamó Pavón. Al año siguiente compró a su antiguo maestro William Smiley la goleta Nancy, que utilizó para recorrer los mares patagónicos, asistir a navegantes y sostener la presencia argentina en regiones donde la autoridad estatal todavía era tenue. En 1862 levantó en Puerto Cook, Isla de los Estados, un refugio destinado a sus hombres y también a posibles náufragos, dejando allí la bandera argentina. Su relación con los pueblos tehuelches también formó parte de aquella historia. En 1863, durante uno de sus viajes por el estrecho de Magallanes, Piedrabuena trabó amistad con el cacique Casimiro Biguá y posteriormente lo presentó ante las autoridades nacionales, que lo reconocieron como cacique de San Gregorio. Aquellos vínculos muestran que la construcción de la presencia argentina en la Patagonia del siglo XIX fue mucho más compleja que una simple historia de barcos y fronteras: también incluyó acuerdos, intercambios y relaciones con las sociedades indígenas que habitaban el territorio. Uno de los episodios que mejor demuestra su extraordinaria capacidad ocurrió en 1873. Su goleta Espora naufragó en la Isla de los Estados y Piedrabuena quedó aislado junto a sus hombres. En lugar de resignarse, utilizó los restos de la nave para construir un pequeño cúter al que bautizó Luisito. Con aquella embarcación artesanal consiguió volver a navegar y, como si la historia quisiera llevar su fama todavía más lejos, posteriormente participó en nuevos rescates de náufragos. El gobierno alemán llegó a distinguirlo por el salvamento de la tripulación del Dr. Hansen. En 1868, el Estado argentino le concedió la propiedad de la Isla de los Estados, un dato que a veces se confunde con una supuesta “entrega de soberanía”: jurídicamente fue una concesión de propiedad, mientras la soberanía continuaba correspondiendo al Estado nacional. Allí Piedrabuena sostuvo establecimientos y refugios durante años. Hacia el final de su vida recibió nuevas responsabilidades. En 1882, ya con la corbeta Cabo de Hornos, participó de la gran Expedición Científica Austral Argentina vinculada al Instituto Geográfico Argentino y encabezada científicamente por Giacomo Bove, que realizó observaciones en la Isla de los Estados y el canal Beagle. El Instituto Geográfico Argentino reconoció luego a Piedrabuena con una medalla de oro por su participación. Ese mismo año, el presidente Julio Argentino Roca le otorgó el grado efectivo de teniente coronel de Marina. Apenas nueve meses después, el 10 de agosto de 1883, murió cuando todavía preparaba nuevas navegaciones hacia el sur. Un detalle merece ser corregido de muchas versiones populares: Piedrabuena no construyó en 1882 el edificio que luego se convirtió en el Faro del Fin del Mundo. Su refugio de Isla de los Estados databa de 1862. El Faro de San Juan de Salvamento fue levantado recién en 1884, después de su muerte, por la expedición comandada por Augusto Lasserre. Décadas más tarde sería universalmente conocido como el “Faro del Fin del Mundo”, asociado además a la novela de Julio Verne. Su nombre quedó unido para siempre al extremo austral argentino. Tres buques de la Armada llevaron su nombre y, desde 1999, la Argentina conmemora cada 10 de agosto el Día Nacional de la Isla de los Estados, precisamente en recuerdo del aniversario de su muerte. Luis Piedrabuena no conquistó el sur con grandes ejércitos. Lo hizo navegando, rescatando náufragos, levantando refugios, explorando costas que pocos conocían y sosteniendo durante décadas la presencia argentina allí donde el mapa todavía parecía terminar. En los mares más hostiles del continente, cuando el Estado apenas alcanzaba aquellos confines, él ya estaba allí. #LuisPiedrabuena #Piedrabuena #HistoriaArgentina #HistoriaNaval #Patagonia #IslaDeLosEstados #TierraDelFuego #CarmenDePatagones #MarArgentino #AtlánticoSur #FaroDelFinDelMundo #MaresDelSur #Efemérides #MendozAntigua #ArgentineHistory #NavalHistory #PatagoniaHistory #IslaDeLosEstados #SouthAtlantic #MaritimeHistory #ArgentineNavy #TierraDelFuego #SouthernSeas
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lunes, 10 de agosto de 2020
10 DE AGOSTO DE 1883: MURIÓ EL HOMBRE QUE HIZO PATRIA EN LOS MARES DEL FIN DEL MUNDO — LUIS PIEDRABUENA, EL NAVEGANTE QUE RESCATÓ NÁUFRAGOS Y AFIRMÓ LA PRESENCIA ARGENTINA EN EL SUR
El 10 de agosto de 1883, Buenos Aires despedía a uno de los personajes más extraordinarios de la historia marítima argentina. A pocos días de cumplir 50 años moría Luis Piedrabuena, marino, explorador y rescatista cuya vida estuvo ligada como pocas a la Patagonia, Tierra del Fuego, la Isla de los Estados y los mares australes. Había nacido el 24 de agosto de 1833 en Carmen de Patagones, junto al río Negro, en un paisaje donde el agua parecía marcar de antemano su destino. Desde niño mostró una fascinación casi temeraria por navegar. Una de las historias más recordadas de su juventud, recogida incluso por la Armada Argentina, cuenta que el capitán Lemon lo encontró mar adentro cuando todavía era un muchacho, navegando prácticamente solo sobre una precaria embarcación improvisada. Aquella aventura terminó convirtiéndose en el comienzo de una vida dedicada al océano. A los 14 años ya navegaba como grumete a bordo del pailebot estadounidense John Davison y poco después conocía las durísimas aguas australes, hasta completar años más tarde estudios náuticos en Estados Unidos y obtener patente de capitán. Su verdadero territorio fueron los mares del sur. Navegó alrededor de la Isla de los Estados, Tierra del Fuego, el estrecho de Magallanes, el río Santa Cruz y el cabo de Hornos, participando además en numerosos salvamentos. En 1857 auxilió a decenas de náufragos del ballenero Dauphin y continuó realizando rescates durante años, hasta convertir el auxilio a quienes quedaban atrapados en aquellas costas salvajes en una auténtica misión personal. En 1859 remontó el río Santa Cruz y estableció un puesto en la isla que llamó Pavón. Al año siguiente compró a su antiguo maestro William Smiley la goleta Nancy, que utilizó para recorrer los mares patagónicos, asistir a navegantes y sostener la presencia argentina en regiones donde la autoridad estatal todavía era tenue. En 1862 levantó en Puerto Cook, Isla de los Estados, un refugio destinado a sus hombres y también a posibles náufragos, dejando allí la bandera argentina. Su relación con los pueblos tehuelches también formó parte de aquella historia. En 1863, durante uno de sus viajes por el estrecho de Magallanes, Piedrabuena trabó amistad con el cacique Casimiro Biguá y posteriormente lo presentó ante las autoridades nacionales, que lo reconocieron como cacique de San Gregorio. Aquellos vínculos muestran que la construcción de la presencia argentina en la Patagonia del siglo XIX fue mucho más compleja que una simple historia de barcos y fronteras: también incluyó acuerdos, intercambios y relaciones con las sociedades indígenas que habitaban el territorio. Uno de los episodios que mejor demuestra su extraordinaria capacidad ocurrió en 1873. Su goleta Espora naufragó en la Isla de los Estados y Piedrabuena quedó aislado junto a sus hombres. En lugar de resignarse, utilizó los restos de la nave para construir un pequeño cúter al que bautizó Luisito. Con aquella embarcación artesanal consiguió volver a navegar y, como si la historia quisiera llevar su fama todavía más lejos, posteriormente participó en nuevos rescates de náufragos. El gobierno alemán llegó a distinguirlo por el salvamento de la tripulación del Dr. Hansen. En 1868, el Estado argentino le concedió la propiedad de la Isla de los Estados, un dato que a veces se confunde con una supuesta “entrega de soberanía”: jurídicamente fue una concesión de propiedad, mientras la soberanía continuaba correspondiendo al Estado nacional. Allí Piedrabuena sostuvo establecimientos y refugios durante años. Hacia el final de su vida recibió nuevas responsabilidades. En 1882, ya con la corbeta Cabo de Hornos, participó de la gran Expedición Científica Austral Argentina vinculada al Instituto Geográfico Argentino y encabezada científicamente por Giacomo Bove, que realizó observaciones en la Isla de los Estados y el canal Beagle. El Instituto Geográfico Argentino reconoció luego a Piedrabuena con una medalla de oro por su participación. Ese mismo año, el presidente Julio Argentino Roca le otorgó el grado efectivo de teniente coronel de Marina. Apenas nueve meses después, el 10 de agosto de 1883, murió cuando todavía preparaba nuevas navegaciones hacia el sur. Un detalle merece ser corregido de muchas versiones populares: Piedrabuena no construyó en 1882 el edificio que luego se convirtió en el Faro del Fin del Mundo. Su refugio de Isla de los Estados databa de 1862. El Faro de San Juan de Salvamento fue levantado recién en 1884, después de su muerte, por la expedición comandada por Augusto Lasserre. Décadas más tarde sería universalmente conocido como el “Faro del Fin del Mundo”, asociado además a la novela de Julio Verne. Su nombre quedó unido para siempre al extremo austral argentino. Tres buques de la Armada llevaron su nombre y, desde 1999, la Argentina conmemora cada 10 de agosto el Día Nacional de la Isla de los Estados, precisamente en recuerdo del aniversario de su muerte. Luis Piedrabuena no conquistó el sur con grandes ejércitos. Lo hizo navegando, rescatando náufragos, levantando refugios, explorando costas que pocos conocían y sosteniendo durante décadas la presencia argentina allí donde el mapa todavía parecía terminar. En los mares más hostiles del continente, cuando el Estado apenas alcanzaba aquellos confines, él ya estaba allí. #LuisPiedrabuena #Piedrabuena #HistoriaArgentina #HistoriaNaval #Patagonia #IslaDeLosEstados #TierraDelFuego #CarmenDePatagones #MarArgentino #AtlánticoSur #FaroDelFinDelMundo #MaresDelSur #Efemérides #MendozAntigua #ArgentineHistory #NavalHistory #PatagoniaHistory #IslaDeLosEstados #SouthAtlantic #MaritimeHistory #ArgentineNavy #TierraDelFuego #SouthernSeas
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