En 1893, el sueño del Ferrocarril Trasandino por Aconcagua no estaba frenado solamente por la nieve, los precipicios o los túneles de la cordillera. También chocaba contra una barrera más silenciosa: la desconfianza del capital europeo. El documento firmado por J. E. Clark y M. Clark explicaba ante el Congreso chileno por qué no podían conseguir en Europa los fondos necesarios para terminar la parte chilena del ferrocarril. La concesión ofrecía una garantía del 4%, pero para los financistas de Londres eso no alcanzaba. Una empresa ferroviaria en plena montaña, lejos de Europa y sometida a riesgos técnicos, políticos y climáticos, necesitaba una garantía más firme. Por eso los Clark pedían modificar el artículo 6° y elevar la garantía al 5% efectivo sobre un capital fijo de £1.200.000. La clave no era solo el porcentaje, sino la forma de pago. La garantía debía ser real, clara y semestral, abonada por el Estado el 1 de abril y el 1 de octubre de cada año. A cambio, la empresa entregaría al Gobierno el 45% de sus entradas brutas, ya que el 55% quedaba calculado como gastos de explotación. Si el ferrocarril producía más que el interés garantido, el excedente serviría para devolver al Estado lo que hubiera adelantado. No era un simple regalo: era un mecanismo para atraer inversión y, al mismo tiempo, proteger el dinero público. El problema venía de una contradicción: la ley prometía garantizar el capital, pero al descontar un porcentaje fijo de las entradas brutas podía ocurrir que, durante los primeros años de explotación, la empresa no reuniera lo suficiente para pagar a los accionistas. Para los Clark, una garantía condicionada dejaba de ser garantía. En los mercados europeos, decían, nadie arriesgaría dinero en una obra semejante si el respaldo del Estado no era absoluto y comprensible. La obra era inmensa. El proyecto buscaba unir Chile y Argentina a través de la Cordillera de los Andes, conectando Valparaíso, Mendoza y Buenos Aires en una ruta interoceánica. Memoria Chilena recuerda que el Trasandino fue presentado como una de las grandes obras de integración e ingeniería de su tiempo, comparable en ambición con otros proyectos monumentales del mundo moderno. Los hermanos Clark habían obtenido la concesión argentina en 1872 y la chilena en 1874, pero las dificultades financieras y políticas demoraron la construcción durante años. El folleto de 1893 mostraba que la sección argentina estaba muy avanzada: la línea Buenos Aires-Mendoza sumaba 1.047 kilómetros, y la parte trasandina argentina tenía gran parte construida y enrielada. Del lado chileno, en cambio, la obra necesitaba respaldo financiero urgente para poder emitir acciones en Londres y completar el enlace. El argumento económico era contundente: el tren podía recuperar el antiguo comercio entre Valparaíso, Mendoza, San Juan y San Luis, reducir los costos de transporte y favorecer especialmente a la minería cuyana. Según el documento, llevar carga de Valparaíso a Mendoza por el Trasandino costaría mucho menos que hacerlo desde Buenos Aires, y el viejo transporte a lomo de mula, caro y lento, quedaría superado por una vía moderna, regular y más barata. El texto también prometía una revolución en los viajes: una vez terminada la obra, el trayecto entre Valparaíso o Santiago y Buenos Aires podría hacerse en unas 52 horas, una cifra asombrosa para una época en la que la cordillera seguía siendo una frontera dura, peligrosa y costosa. La historia posterior demostraría lo difícil que era aquel sueño. Memoria Chilena señala que la construcción recién se completó en 1910, cuando quedaron unidos los puertos de Buenos Aires y Valparaíso, y que el ferrocarril atravesó luego décadas de problemas climáticos, políticos y financieros hasta su cierre operativo en 1984. La “garantía del 5%” fue mucho más que una cláusula contable. Fue el corazón financiero de una batalla entre la ingeniería, la política y el dinero. Era la llave que podía abrir el mercado de Londres, destrabar la sección chilena y acercar el viejo sueño de unir dos océanos por rieles. El Ferrocarril Trasandino no solo quiso vencer la cordillera: también tuvo que convencer al mundo de que cruzarla valía el riesgo. #FerrocarrilTrasandino #TrenDeLosAndes #Aconcagua #HermanosClark #HistoriaDeMendoza #HistoriaDeChile #HistoriaArgentina #Valparaiso #BuenosAires #Mendoza #Cuyo #PatrimonioFerroviario #MendozAntigua #TransandineRailway #RailwayHistory #AndesHistory #ArgentinaChile #IndustrialHeritage
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jueves, 21 de mayo de 2026
1893: LA CLÁUSULA DEL 5% QUE PODÍA HACER CRUZAR EL TREN POR LOS ANDES (Imagen Ilustrativa)
En 1893, el sueño del Ferrocarril Trasandino por Aconcagua no estaba frenado solamente por la nieve, los precipicios o los túneles de la cordillera. También chocaba contra una barrera más silenciosa: la desconfianza del capital europeo. El documento firmado por J. E. Clark y M. Clark explicaba ante el Congreso chileno por qué no podían conseguir en Europa los fondos necesarios para terminar la parte chilena del ferrocarril. La concesión ofrecía una garantía del 4%, pero para los financistas de Londres eso no alcanzaba. Una empresa ferroviaria en plena montaña, lejos de Europa y sometida a riesgos técnicos, políticos y climáticos, necesitaba una garantía más firme. Por eso los Clark pedían modificar el artículo 6° y elevar la garantía al 5% efectivo sobre un capital fijo de £1.200.000. La clave no era solo el porcentaje, sino la forma de pago. La garantía debía ser real, clara y semestral, abonada por el Estado el 1 de abril y el 1 de octubre de cada año. A cambio, la empresa entregaría al Gobierno el 45% de sus entradas brutas, ya que el 55% quedaba calculado como gastos de explotación. Si el ferrocarril producía más que el interés garantido, el excedente serviría para devolver al Estado lo que hubiera adelantado. No era un simple regalo: era un mecanismo para atraer inversión y, al mismo tiempo, proteger el dinero público. El problema venía de una contradicción: la ley prometía garantizar el capital, pero al descontar un porcentaje fijo de las entradas brutas podía ocurrir que, durante los primeros años de explotación, la empresa no reuniera lo suficiente para pagar a los accionistas. Para los Clark, una garantía condicionada dejaba de ser garantía. En los mercados europeos, decían, nadie arriesgaría dinero en una obra semejante si el respaldo del Estado no era absoluto y comprensible. La obra era inmensa. El proyecto buscaba unir Chile y Argentina a través de la Cordillera de los Andes, conectando Valparaíso, Mendoza y Buenos Aires en una ruta interoceánica. Memoria Chilena recuerda que el Trasandino fue presentado como una de las grandes obras de integración e ingeniería de su tiempo, comparable en ambición con otros proyectos monumentales del mundo moderno. Los hermanos Clark habían obtenido la concesión argentina en 1872 y la chilena en 1874, pero las dificultades financieras y políticas demoraron la construcción durante años. El folleto de 1893 mostraba que la sección argentina estaba muy avanzada: la línea Buenos Aires-Mendoza sumaba 1.047 kilómetros, y la parte trasandina argentina tenía gran parte construida y enrielada. Del lado chileno, en cambio, la obra necesitaba respaldo financiero urgente para poder emitir acciones en Londres y completar el enlace. El argumento económico era contundente: el tren podía recuperar el antiguo comercio entre Valparaíso, Mendoza, San Juan y San Luis, reducir los costos de transporte y favorecer especialmente a la minería cuyana. Según el documento, llevar carga de Valparaíso a Mendoza por el Trasandino costaría mucho menos que hacerlo desde Buenos Aires, y el viejo transporte a lomo de mula, caro y lento, quedaría superado por una vía moderna, regular y más barata. El texto también prometía una revolución en los viajes: una vez terminada la obra, el trayecto entre Valparaíso o Santiago y Buenos Aires podría hacerse en unas 52 horas, una cifra asombrosa para una época en la que la cordillera seguía siendo una frontera dura, peligrosa y costosa. La historia posterior demostraría lo difícil que era aquel sueño. Memoria Chilena señala que la construcción recién se completó en 1910, cuando quedaron unidos los puertos de Buenos Aires y Valparaíso, y que el ferrocarril atravesó luego décadas de problemas climáticos, políticos y financieros hasta su cierre operativo en 1984. La “garantía del 5%” fue mucho más que una cláusula contable. Fue el corazón financiero de una batalla entre la ingeniería, la política y el dinero. Era la llave que podía abrir el mercado de Londres, destrabar la sección chilena y acercar el viejo sueño de unir dos océanos por rieles. El Ferrocarril Trasandino no solo quiso vencer la cordillera: también tuvo que convencer al mundo de que cruzarla valía el riesgo. #FerrocarrilTrasandino #TrenDeLosAndes #Aconcagua #HermanosClark #HistoriaDeMendoza #HistoriaDeChile #HistoriaArgentina #Valparaiso #BuenosAires #Mendoza #Cuyo #PatrimonioFerroviario #MendozAntigua #TransandineRailway #RailwayHistory #AndesHistory #ArgentinaChile #IndustrialHeritage
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