miércoles, 20 de mayo de 2026

1893 - El dinero que no cruzó la cordillera: la garantía del 4% que frenó al Trasandino (Imagen Ilustrativa)


En 1893, el sueño del Ferrocarril Trasandino por Aconcagua no chocaba solamente contra la nieve, los túneles o las pendientes de la cordillera. Chocaba contra algo más frío: la desconfianza del capital europeo. El documento presentado por J. E. Clark y M. Clark explicaba con crudeza por qué no podían conseguir en Europa los fondos necesarios para terminar la sección chilena del ferrocarril. La ley ofrecía una garantía del 4%, pero para los financistas de Londres esa cifra era insuficiente. Peor aún: la garantía venía atada a condiciones que la volvían incierta, casi nominal. Según los empresarios, nadie iba a invertir en una obra riesgosa, situada en un país lejano y atravesando los Andes, si el respaldo estatal no era claro, firme y superior. La comparación era contundente: mientras el Gobierno de Chile podía emitir deuda al 5% y luego circular bonos internacionales al 6%, se pretendía que una empresa ferroviaria —con mayores riesgos técnicos y comerciales— consiguiera capitales con apenas un 4% garantido. Para los Clark, eso era imposible. En el mercado financiero, los bonos de un gobierno ofrecían más seguridad que las acciones de una empresa industrial, incluso cuando esta contara con apoyo estatal. El problema no era solo el porcentaje. La cláusula original calculaba la garantía descontando un 55% de las entradas brutas como gastos de explotación. Los empresarios advertían que, en los primeros años de servicio, ese cálculo podía dejar a los accionistas sin recibir realmente el interés prometido. Por eso reclamaban una garantía efectiva, no una promesa sujeta a fluctuaciones. La solución propuesta era modificar el artículo 6.º de la concesión: que el Gobierno garantizara un 5% anual sobre un capital fijo de 1.200.000 libras esterlinas, pagado semestralmente, con la obligación de que la empresa devolviera al Estado los adelantos cuando las entradas líquidas superaran el interés garantido. Aquel expediente revela una verdad profunda: el Trasandino no fue solo una epopeya de ingeniería. También fue una batalla financiera. La cordillera podía abrirse con rieles, túneles y locomotoras; pero sin confianza, sin crédito y sin garantías aceptables para Europa, el dinero no llegaba. Memoria Chilena conserva este impreso como un libro de 20 páginas publicado en Santiago de Chile en 1893, firmado por los Clark, y dedicado justamente a explicar la situación del Ferrocarril Trasandino por Aconcagua. La misma institución recuerda que el proyecto de los hermanos Clark buscaba unir Los Andes con Mendoza, conectar las redes ferroviarias de Chile y Argentina y enlazar el Pacífico con el Atlántico; la obra recién sería inaugurada en abril de 1910, después de décadas de dificultades técnicas, políticas y financieras. En la Argentina de fines del siglo XIX, los ferrocarriles fueron claves para integrar territorios, mover población, abaratar transportes y consolidar circuitos económicos. El propio Estado solía estimular estas inversiones mediante garantías de rentabilidad mínima, exenciones impositivas y facilidades para atraer capitales extranjeros. El Trasandino prometía unir dos océanos. Pero antes de vencer la montaña, debía convencer a Europa de poner el dinero. #FerrocarrilTrasandino #MendozaAntigua #MendozAntigua #HistoriaArgentina #HistoriaDeMendoza #LosAndes #Valparaiso #BuenosAires #Aconcagua #TrenesHistoricos #PatrimonioFerroviario #HistoriaFerroviaria #ArgentinaChile #RailwayHistory #TransandineRailway #AndesHistory #HistoricRailways #HeritageRailway

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