lunes, 12 de agosto de 2013

Equipo de Fútbol, Club Gimnasia y Esgrima de Mendoza Campeón del Campeonato de la Liga Mendocina, (año 1974)


Formación, Arriba: Felman, Gonzalez, Legrotaglie, Becerra, Cruz, Palazzo, Deiber, Badía, Cano, Francisco Ibañez, Doctor Luis Reta (médico del club) Mario Riveros (preparador físico), Hardan Curi (director técnico)
             Abajo: Mesa, Lucero, Vicino, Guayama, Genolet, Salinas y Juan C. Ibañez

domingo, 11 de agosto de 2013

**12 DE AGOSTO DE 1914: NACIÓ GENERAL ALVEAR — EL OASIS DEL SUR MENDOCINO FORJADO POR EL AGUA, EL FERROCARRIL, LOS INMIGRANTES Y EL TRABAJO**


El 12 de agosto de 1914 quedó escrita una fecha decisiva en la historia del sur mendocino: mediante la promulgación de la **Ley Provincial Nº 635**, la antigua Colonia Alvear dejó de depender administrativamente de San Rafael y se convirtió oficialmente en el **Departamento de General Alvear**. El nacimiento institucional no fue repentino. En septiembre de 1912, cuando la colonia ya superaba los 2.000 habitantes, sus vecinos habían elevado al Gobierno de Mendoza un petitorio reclamando autonomía por el crecimiento económico y la enorme extensión del territorio. El proyecto avanzó rápidamente: Diputados lo aprobó el 27 de julio de 1914, el Senado hizo lo propio el 6 de agosto y seis días después, durante la gobernación de **Francisco Álvarez**, quedó promulgada la histórica Ley 635. El nuevo departamento recibió su nombre en homenaje al general **Carlos María de Alvear**, figura de las guerras de la Independencia y comandante del Ejército Republicano en la campaña que culminó con la victoria de **Ituzaingó** en 1827. Pero detrás de aquella ley existía una historia de pioneros. La colonización organizada había tomado impulso a fines del siglo XIX y la **Colonia Alvear fue fundada en 1901**. Luego llegó uno de los acontecimientos que transformaría definitivamente la región: el **ferrocarril en 1912**, que rompió su aislamiento y la conectó directamente con la pampa húmeda, Buenos Aires y los grandes mercados del país. Esa vinculación explica una característica excepcional de Alvear: su población recibió una extraordinaria diversidad inmigratoria y llegó a ser considerada una de las comunidades más cosmopolitas de Mendoza. Un estudio histórico sobre aquellos primeros años revela un dato extraordinario: entre los nuevos propietarios había argentinos procedentes especialmente de San Luis y Córdoba, junto con numerosos extranjeros —entre los que sobresalían españoles e italianos—, y las compras de tierras realizadas por inmigrantes a la empresa colonizadora llegaron a superar en más de un **70 %** a las efectuadas por argentinos. El agua fue desde el comienzo la otra gran protagonista. Canales, desagües y derechos de riego hicieron posible transformar un territorio semiárido en tierras productivas, aunque las disputas por el Atuel y la infraestructura insuficiente ya generaban dificultades en los primeros años: hacia 1916 se documentaban unas 9.500 hectáreas cultivadas amenazadas por problemas de abastecimiento y otras 2.500 hectáreas cuya comercialización se dificultaba porque no recibían riego. Ese mismo 1916 comenzaron a consolidarse las primeras instituciones políticas locales y **José E. Minvielle**, propietario, agricultor y uno de los hombres vinculados al desarrollo inicial de la zona, se convirtió en el primer intendente electo del departamento. Décadas después llegaría otro reconocimiento: el **19 de septiembre de 1953**, la antigua villa cabecera fue elevada oficialmente a la categoría de **Ciudad de General Alvear** mediante el Decreto Provincial Nº 2.215. Hoy, **12 de agosto de 2026, General Alvear celebra 112 años** de aquel nacimiento institucional, conservando una identidad profundamente ligada al campo, al agua, a la producción, a sus pioneros y a las múltiples corrientes humanas que hicieron del sur mendocino su hogar. De aquella colonia comunicada con el mundo por los rieles surgió un departamento que aprendió a convertir la adversidad del territorio en oportunidad. **General Alvear no nació solamente de una ley: nació del agua llevada por canales, de la tierra trabajada, de los inmigrantes que apostaron su futuro, del ferrocarril que acortó las distancias y de generaciones enteras que hicieron florecer un oasis donde antes parecía imposible.** #GeneralAlvear #GeneralAlvearMendoza #12DeAgosto #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Efemérides #HistoriaArgentina #SurMendocino #Ley635 #CarlosMariaDeAlvear #RioAtuel #Inmigración #Pioneros #MemoriaHistórica #MendozAntigua #GeneralAlvearHistory #MendozaHistory #ArgentinaHistory #OnThisDay #HistoricalMemory #ArgentineHistory #ImmigrationHistory #RailwayHistory #LocalHistory



sábado, 10 de agosto de 2013

Acorazado Argentino Almirante Brown, En los Astilleros de Génova . (7 de Setiembre de 1892)

Nombre: "ALMIRANTE BROWN"
Tipo: Blindado de 2^ Clase (acorazado)                 Año de referencia: 1880
Otros nombres: Por su forma, se lo apodó "Plancha de Sastre". Luego fue el "Estacionario Los Pozos" .
Lugar de construcción: Astillero "Samuda Bross", en Poplar, Londres.
Forma de adquisición: Contrato de construcción entre el Estado Argentino y el Astillero, refrendado el 5 de julio de 1879.
Costo de la Unidad: buque: £ 190.000.-
Datos del buque: Eslora: 73 m. Manga: 15,24 m. Puntal: 6,70 in. Calado medio: 4,95 m. Desplazamiento: 4.300 Tn.
Armamento original de 1880: 6 cañones en reducto, de retrocarga, de 200 mm. (tres por banda) Armstrong; 2 cañones de igual tamaño y tipo, uno a proa y otro a popa. 6 cañones de retrocarga de 120 mm. Armstrong, distribuidos: 4 en el puente superior y 2 en el primer puente; 2 cañones de 9 libras, para ser utilizados en las lanchas de desembarco y 2 cañones de 63 mm. de saludo o antitorpederos.
A partir de 1897, y luego de su modificación en el Astillero "La Seyne" —Francia— su artillería consistió en 10 cañones "Canet", de 150 mm., 50 calibres; 4 cañones "Canet" de 120 mm., 50 calibres; 8 cañones "Canet" de 45 mm. y dos tubos lanzatorpedos.
Tripulación: 30 oficiales y hasta 300 tripulantes.
Máquinas: Dos máquinas sistema "Compound", verticales. Calderas ovaladas en número de 8, más una auxiliar. 4.500 HP. 2 hélices.
Velocidad: 14 nudos (en el río) y 11 nudos (económica o en el mar).
Combustible: carbón. 8 carboneras (4 a proa y 4 a popa) con capacidad total de 650 Tn.
Autonomía: 4.300 millas.
Casco de acero Siemens. Coraza en línea de flotación de 9 pulgada. Debajo de dicha línea: 6 pulgadas. En las baterías: 200 mm.
Dos santabárbaras: una a proa y otra a popa.
Arboladura: dos palos sin vergas, con aparejo de pailebote, palos machos de acero, con cofa militar. Velamen: trinquete, cangreja y mayor, trin-quetilla y una de estay, con una superficie vélica de 10.000 pies cuadrados. Una lancha a vapor de 11 m. de eslora; otra a vela de 12 m.; tres botes de 8 m.; una ballenera de 7,5 m.; un guige de 8 m. y un chinchorro de 5 m.


jueves, 8 de agosto de 2013

Reglas, chismes y mentiras a la hora del té.

En el siglo XIX las mujeres respetables de la nueva Argentina, a semejanza de las costumbres y modas europeas, reservaban un día de la semana para una obligada "recepción" o "día de visita". Entre la buena educación y la hipocresía éstos eran una excelente manera de obtener “noticias” de primera mano.
Un grupo de mujeres toma el té en 1900.

Mientras las adolescentes y jóvenes modelo siglo XXI empiezan a arreglarse alrededor de las once la noche para zambullirse en la previa y luego bailar y coquetear como locas, amortiguadas por una siestita al ocaso y estimuladas por celulares con mensajitos calientes, las chicas del siglo XIX y comienzos del XX tenían la vida igual de reglamentada sólo que con otro signo y siguiendo otros mandatos sociales.


Si las protagonistas de La edad de la inocencia o de Sensatez y sentimientoparecen un poco tontas por cumplir con una interminable lista de asfixiantes reglas, preparemos el pañuelo para llorar y no de emoción romántica.

Fueron las mismas mujeres quienes, a mediados del 1800 impusieron una moral doméstica, al tiempo que administraban la casa, la servidumbre y los numerosos hijos, ya que se sirvieron de la reproducción como autojustificación respondiendo a los mandatos de la creencia religiosa católica.


Entre 1830 y 1914 las mujeres respetables de la nueva Argentina, a semejanza de las costumbres y modas europeas, debían cumplir los deberes que imponía una sociedad en la que debían estar permanentemente ocupadas. Entre ellos reservaban un día de la semana para una obligada “recepción” o "día de visita".


El horario en que se llamaba a la puerta del domicilio visitado era entre las tres y las seis de la tarde. La señora de la casa anfitriona debía sentarse en una sillita al lado de la chimenea (si la había y era invierno) o de la ventana más cercana al jardín en verano y levantarse para recibir a las jóvenes solteras, a otras mujeres casadas, a ancianos y a sacerdotes, pero no debía ponerse de pie ante la llegada de un caballero. Era éste quien debía acercarse a la señora y presentarle sus respetos quitándose el sombrero con una leve inclinación de la cabeza.

Se disponía una mesa con masas y confituras y las señoritas de la casa, las atentas hijas o las sobrinas casaderas, servían el té o el chocolate. Lo educado era quedarse entre 15 y 30 minutos.
Al llegar, lo conveniente era inclinarse en silencio para no interrumpir la conversación ya empezada. Para irse había que esperar una pausa en el diálogo y levantarse lentamente. Si la reunión era numerosa, la visitante podía retirarse “a la inglesa”, es decir, sin despedirse.


Se consideraba de buen tono que la anfitriona tuviera algo en las manos, un bordadito, por ejemplo. Recordemos que tanto realizar las visitas como disponerse para la recepción eran considerados un trabajo de las mujeres.

Los tipos de visita eran varios. Estaban las “visitas de digestión”, o sea, después de la comida del mediodía. En las provincias del Río de la Plata y sobre todo en las capitales de provincia, la digestión propiamente dicha se hacía tomando una breve siesta por lo que las visitas comenzaban más tarde. Como cualquier excusa era buena, también se estilaban las visitas de conveniencia en vistas a alguna especulación matrimonial, las de felicitación ante un compromiso o casamiento, las de condolencias ante un fallecimiento, las de despedida o las de regreso antes o después de un viaje.

Si no se encontraba a la persona a la cual se había ido a visitar. Se le dejaba una tarjeta de visita, plegada según la moda del momento. 

Estos usos fueron decayendo hasta que la Primera Guerra Mundial los erradicó por completo, ya que ante una realidad tan cruenta como una guerra las mujeres comenzaron a considerarlos banales e irrelevantes.

Desde entonces, las mujeres empezaron a eligir cuándo, cómo y quién quieren estar y hoy los modos de concertar reuniones con amigas y amigos es mucho más sencillo, espontáneo y honesto.

Aquellas estrictas y peligrosas reglas por las cuales una mujer que no las cumplía no sólo era mal vista, sino que también era juzgada y condenada por sus pares, escondían los débiles límites entre lo que entonces se consideraba buena educación, libertad personal y la siempre bien tolerada hipocresía. 

Esas mentirosas visitas a la hora del té no eran otra cosa que una excelente manera de conocer las vidas de los demás, de obtener “noticias” de primera mano ya sea bajo la forma de un secreto apenas susurrado o de una insinuación chismosa ante la interlocutora precisa y, sobre todo, una astuta forma de mantener el control social sobre la mujer por parte de las mismas mujeres, ese ser misterioso y siempre sorprendente.

Patricia Rodón

Fotos con Historia Abbey Road. 8 de Agosto de 1969


La portada de éste álbum (1969) esta cargada de referencias a la muerte de Paul. Los cuatro Beatles aparecen en fila, como escenificando un cortejo fúnebre. John Lennon va vestido de blanco: es el predicador, Ringo va de luto, es el amigo del difunto. George Harrison, a su vez, va vestido con un ropa vaquera e informal: es el enterrador. Paul es el único de los cuatro que va descalzo y camina con los ojos cerrados. En muchas culturas orientales, los difuntos son quemados descalzos. Además, su paso está descoordinado respecto al resto de los Beatles, como si no perteneciera a la procesión. Por último, el coche negro aparcado a la derecha, en segundo plano, parece un coche fúnebre.

El resto de detalles son más sutiles, pero claramente reveladores. Hay dos claves que son especialmente importantes. La primera es que Paul está fumando… con la mano derecha. Recordemos que Paul McCartney era zurdo mientras que William Campbell, su supuesto sustituto, era diestro, aunque aprendió a tocar el bajo con la mano izquierda para disimular esta “pequeña” diferencia.

El segundo detalle es la matrícula del coche blanco aparcado en segundo plano, en la que se puede leer “28 IF” (28 SÍ…) 28 años es la edad que tendría Paul McCartney en el momento de la publicación del disco… SI estuviera vivo.

Pero hay algunos detalles interesantes. Sobre la derecha de la imagen se ve a un hombre de pie con saco marrón, pantalón negro, camisa blanca y lentes gruesos. Su nombre era Paul Cole -quien murió a los 96 años, en febrero de 2008- y estaba de vacaciones en Londres con su esposa. Ella quería entrar a un museo, pero él no y prefirió salir a caminar y tomar un poco de aire. Fue así como paseando por el barrio llegó casualmente hasta la puerta de Abbey Road, donde vio que un policía estaba cortando la calle y que cuatro jóvenes caminaban por el paso cebra y que un tipo subido a una escalera les sacaba fotos. La camioneta que está al lado de Cole es una unidad policial. Cole observó la secuencia y no le dio importancia. Media hora después volvió al museo para encontrarse con su esposa. Al día siguiente volvieron a Deerfield Beach, donde vivían en ese momento. Un año más tarde Cole vio la tapa del disco en su propia casa, su esposa estaba aprendiendo a tocar una canción de George Harrison en el piano. No salía de su asombro y le contó la historia a ella y a sus hijos. Tras una razonable incredulidad, fueron en busca de una lupa y disiparon las dudas. Había salido en la carátula del “ABBEY ROAD”.


También esta carátula dio lugar a que se esparcieran aquellos absurdos rumores que hablaban acerca de que Paul había muerto y que había sido suplantado por un doble. Y se estas suposiciones se basaban en el hecho que en el Volkswagen blanco se podía leer en su matrícula LMW 281F, e interpretaban esta placa de la siguiente manera: “LMW” significaba Linda McCartney Waits (Linda McCartney espera) y 28IF, se la interpretaba como 28 if, que en inglés era una referencia a que si Paul viviese tendría 28 años, ya que “if” significa “si” como condicional. Pero hay una cosa muy cierta, si como se decía, en 1966 Paul hubiera muerto, nunca hubiera conocido a Linda Mc Cartney, entonces ¿por qué tendría que esperar Linda a quien nunca conoció? Pero la verdad era otra, ya que ese auto pertenecía a un hombre que vivía en un piso exactamente al lado del estudio. También se llegó a afirmar que Paul había muerto, porque era el único que estaba descalzo, con un cigarro en la mano derecha siendo zurdo y con el paso cambiado. Pero, con respecto a lo de los zapatos, Paul comentó que aquel día hacía calor y que en un momento determinado se los quitó sin más. De hecho, en fotos desechadas de la misma sesión, aparece calzado con unas sandalias.





miércoles, 7 de agosto de 2013

Vida Cotidiana en Mendoza. MEETING ANTIRRELIGIOSO. 3 de Setiembre de 1911.


Días antes de la Coronación de la 
Virgen del Carmen de Cuyo, una columna de manifestantes entra a la ciudad en protesta contra la intervención de gobierno en la fiestas de la Coronación de la Virgen.




Ante la proximidad de la coronación de la Virgen del Carmen el 3 de Setiembre de 1911, en Diario Los Andes  se publica una solicitada  firmada por los centros liberales de la Provincia y dirigida al pueblo de Mendoza., que convoca a un meeting  que se celebraría esa misma tarde en la Plaza Cobos (actual plaza San Martín), para protestar contra la oficialización de acto religioso de la coronación. A la manifestación concurren más de 4000 personas, la mayoría obreros y gente de distintos municipios. La columna marchó por calle Gutiérrez hasta la Plaza Cobos  acompañada ´por una banda de música y los dirigentes de los centros liberales. Al llegar a la plaza hablan, Héctor Villars y Julio Cesar Raffo de la Reta. Luego la Gente prosigue por la calle San Martín hacia la Alameda donde luego de escucha otros discursos se disuelve.

martes, 6 de agosto de 2013

6 DE AGOSTO DE 1945: ENOLA GAY, EL VUELO QUE INCENDIÓ HIROSHIMA Y ABRIÓ LA ERA ATÓMICA


En la madrugada del 6 de agosto de 1945, mientras la Segunda Guerra Mundial atravesaba sus últimas y más dramáticas jornadas, un bombardero Boeing B-29 Superfortress despegó del aeródromo North Field, en la isla de Tinian, dentro del archipiélago de las Marianas. Eran aproximadamente las 2:45 cuando el Enola Gay comenzó una misión que transformaría para siempre la historia de la humanidad. El avión pertenecía al 509.º Grupo Compuesto y era uno de los quince B-29 modificados mediante el programa secreto Silverplate: se le habían retirado blindajes y torretas —excepto la de cola— y su bodega había sido adaptada para transportar las nuevas armas atómicas. Poco antes de partir, su comandante, el coronel Paul Tibbets, lo bautizó con el nombre de su madre, Enola Gay Tibbets. A las 8:15 de la mañana, hora de Japón, el avión liberó sobre Hiroshima a Little Boy, una bomba de uranio 235 cuyo mecanismo funcionaba mediante el llamado sistema de cañón. El artefacto explotó a unos 580 metros sobre la ciudad con una potencia estimada en 15 kilotones de TNT. En segundos, la onda expansiva, el calor extremo, los incendios y la radiación arrasaron gran parte del área urbana. El número preciso de víctimas nunca pudo determinarse, pero la ciudad de Hiroshima estima que unas 140.000 personas habían muerto hacia finales de 1945, incluyendo quienes fallecieron posteriormente debido a heridas, quemaduras y efectos agudos de la radiación. La tripulación del Enola Gay durante aquella misión estuvo integrada por doce hombres: Paul Tibbets, piloto y comandante del avión; Robert A. Lewis, copiloto; Thomas Ferebee, bombardero y responsable de apuntar el artefacto; Theodore “Dutch” Van Kirk, navegante; Wyatt E. Duzenbury, ingeniero de vuelo; Jacob Beser, especialista en contramedidas de radar; George “Bob” Caron, artillero de cola; Joseph Stiborik, operador de radar; Robert Shumard, ayudante del ingeniero de vuelo; Richard Nelson, operador de radio; William “Deak” Parsons, especialista en armamento y comandante de la misión; y Morris R. Jeppson, ayudante del especialista en armamento. Un dato que suele repetirse erróneamente es que el científico Luis Walter Álvarez viajaba en el Enola Gay. En realidad, Álvarez se encontraba a bordo del The Great Artiste, uno de los aviones de observación que acompañaron la operación. Desde allí lanzó instrumentos sujetos a paracaídas para registrar las ondas de presión y calcular la potencia de la explosión. Tres días más tarde, el 9 de agosto, otro B-29 denominado Bockscar lanzó sobre Nagasaki la bomba de plutonio Fat Man. Los ataques contra Hiroshima y Nagasaki continúan siendo los únicos casos en que armas nucleares fueron utilizadas durante una guerra. Más que la historia de un avión o de una operación militar, el Enola Gay quedó convertido en el símbolo de una frontera irreversible: desde aquella mañana, la humanidad comprendió que ya poseía el poder suficiente para destruir ciudades enteras en cuestión de segundos. #EnolaGay #Hiroshima #6DeAgosto #SegundaGuerraMundial #HistoriaUniversal #EraAtómica #LittleBoy #B29 #MemoriaHistórica #NuncaMás #HistoriaMilitar #WorldWarII #WWIIHistory #AtomicAge #Hiroshima1945 #NuclearHistory #HistoricalMemory #EnolaGayB29 #RememberHiroshima #HistoryMatters

6 DE AGOSTO DE 1945: HIROSHIMA, LA MAÑANA EN QUE EL SOL CAYÓ SOBRE UNA CIUDAD


El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, Hiroshima despertó bajo una luz que ningún ser humano había contemplado antes. Desde el bombardero estadounidense Enola Gay fue lanzada Little Boy, una bomba atómica de uranio que explotó aproximadamente a 600 metros de altura sobre la ciudad japonesa. Su potencia, equivalente a unas 15.000 toneladas de TNT, desató en segundos una combinación devastadora de radiación térmica, onda expansiva, incendios y radiación ionizante. Era la primera vez en la historia que un arma nuclear era empleada contra una población. En el momento del ataque se calcula que Hiroshima albergaba unas 350.000 personas, entre habitantes, trabajadores movilizados, estudiantes, militares y ciudadanos llegados de otras regiones. Cerca de 70.000 personas habrían muerto inmediatamente; miles más fallecieron durante las horas, semanas y meses posteriores como consecuencia de las quemaduras, los traumatismos, las infecciones y la exposición radiactiva. La ciudad de Hiroshima estima que, para finales de diciembre de 1945, el número de víctimas mortales había alcanzado aproximadamente las 140.000, aunque la cifra exacta jamás pudo establecerse. La explosión no destruyó únicamente edificios: pulverizó familias, barrios y generaciones enteras. Casi todas las construcciones ubicadas dentro de un radio de dos kilómetros fueron arrasadas o incendiadas, y alrededor del 90 % de los edificios de Hiroshima sufrió daños. De las 76.327 construcciones existentes antes del bombardeo, 51.787 quedaron completamente destruidas o consumidas por el fuego. Bajo la nube en forma de hongo, incontables personas quedaron sepultadas, murieron abrasadas o se arrojaron a los ríos buscando aliviar quemaduras imposibles de soportar. Detrás de aquella arma se encontraba el Proyecto Manhattan, una gigantesca operación científica, industrial y militar desarrollada en secreto por Estados Unidos. Reunió a físicos, químicos, ingenieros, técnicos y obreros en instalaciones distribuidas por todo el país. En su punto máximo empleó a unas 130.000 personas y, al finalizar la guerra, había consumido aproximadamente 2.200 millones de dólares, una suma extraordinaria para la época. Décadas de avances científicos quedaron concentradas en una bomba que liberó su energía destructiva en apenas unos segundos. Quienes sobrevivieron fueron conocidos como hibakusha, “personas bombardeadas”. Muchos padecieron durante años leucemia, distintos tipos de cáncer, enfermedades relacionadas con la radiación, cicatrices físicas y profundas heridas emocionales. La Cruz Roja ha señalado que las consecuencias sanitarias continuaron manifestándose durante décadas y que ningún sistema médico estaría preparado para responder adecuadamente ante una catástrofe nuclear semejante. Tres días después, el 9 de agosto, una segunda bomba atómica fue lanzada sobre Nagasaki. Japón anunció su rendición el 15 de agosto y la formalizó el 2 de septiembre de 1945. Desde entonces, la utilización de las bombas ha permanecido en el centro de una inmensa discusión histórica, militar, humanitaria y moral. Para algunos, aceleró el final de la guerra; para otros, representó una matanza de civiles que pudo haberse evitado. Lo indiscutible es que Hiroshima reveló hasta dónde podía llegar la capacidad humana para destruirse a sí misma. Aquella mañana no desapareció solamente una ciudad. Cambió para siempre la relación de la humanidad con la ciencia, la guerra y su propio futuro. Hiroshima resurgió de las cenizas y se convirtió en un símbolo mundial de paz, pero su tragedia continúa pronunciando una advertencia que atraviesa las generaciones: cuando una sola bomba puede borrar una ciudad, la supervivencia de todos depende de que nunca vuelva a utilizarse. #Hiroshima #Hiroshima1945 #August6 #AtomicBomb #LittleBoy #EnolaGay #WorldWarII #WWIIHistory #ManhattanProject #Hibakusha #NuclearWeapons #NeverAgain #HistoryMatters #WorldHistory #PeaceForTheWorld #RememberHiroshima #MendozAntigua #Hiroshima #6DeAgosto #Hiroshima1945 #BombaAtómica #LittleBoy #EnolaGay #SegundaGuerraMundial #HistoriaMundial #MemoriaHistórica #Hibakusha #NuncaMás #ArmasNucleares #PazMundial #ProyectoManhattan #HistoriaContemporánea



6 DE AGOSTO DE 1945: LITTLE BOY, LOS 43 SEGUNDOS QUE ABRIERON LA ERA ATÓMICA


El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, Hiroshima quedó convertida en el escenario del primer ataque nuclear de la historia. Desde unos 9.450 metros de altura, el bombardero estadounidense B-29 Enola Gay, pilotado por el coronel Paul Tibbets, liberó una bomba de aproximadamente 4.400 kilogramos cuyo nombre, Little Boy —“Niño Pequeño”—, contrastaba brutalmente con el poder que llevaba en su interior. Cuarenta y tres segundos después, el artefacto detonó a unos 600 metros sobre la ciudad y desató una explosión equivalente a cerca de 15.000 toneladas de TNT. Little Boy era una bomba de uranio-235 basada en un mecanismo denominado “tipo cañón”: una carga convencional impulsaba una porción de material fisible contra otra para formar una masa supercrítica e iniciar una reacción nuclear en cadena. A diferencia del dispositivo de plutonio probado apenas tres semanas antes durante el ensayo Trinity, este modelo de uranio jamás había sido detonado completamente antes de su utilización. Los científicos confiaban en su funcionamiento y, además, solo existía suficiente uranio altamente enriquecido para fabricar una unidad operativa, por lo que realizar una prueba habría consumido el arma disponible. La misión había comenzado a las 2:45 de la madrugada, cuando el Enola Gay despegó de la isla de Tinian con la bomba todavía parcialmente asegurada. Para disminuir el riesgo de una explosión accidental durante el despegue, el capitán de la Marina William “Deak” Parsons y su asistente Morris Jeppson completaron el armado durante el vuelo: instalaron la carga de pólvora del mecanismo interno, revisaron los sistemas eléctricos y colocaron los conectores que activaban definitivamente el circuito. Cuando Hiroshima apareció bajo un cielo despejado, el bombardero Thomas Ferebee dirigió la mira hacia el centro de la ciudad y liberó el artefacto. En segundos, una luz cegadora, una onda expansiva, incendios y una radiación invisible arrasaron gran parte de Hiroshima. Decenas de miles de personas murieron aquel mismo día; muchas otras fallecieron posteriormente por quemaduras, heridas y enfermedades provocadas por la radiación. La ciudad de Hiroshima estima que hacia finales de 1945 el número de víctimas mortales había alcanzado aproximadamente las 140.000 personas. Little Boy no fue solamente una bomba: fue la puerta de entrada a una época en la que la humanidad adquirió la capacidad de destruir ciudades enteras en cuestión de segundos. Su explosión modificó el curso de la Segunda Guerra Mundial, aceleró la rendición japonesa y abrió un debate moral, político y científico que continúa vigente. Desde entonces, las ruinas conservadas de Hiroshima no recuerdan únicamente el poder de una nueva tecnología, sino también el precio humano que puede alcanzar cuando la ciencia es puesta al servicio de la guerra. #LittleBoy #Hiroshima #Hiroshima1945 #AtomicBomb #AtomicAge #WorldWarII #WWIIHistory #EnolaGay #ManhattanProject #Uranium235 #HistoricalMemory #NeverAgain #WorldHistory #OnThisDay #August6 #HistoryMatters #LittleBoy #Hiroshima #Hiroshima1945 #BombaAtómica #EraAtómica #SegundaGuerraMundial #HistoriaMundial #EnolaGay #ProyectoManhattan #Uranio235 #MemoriaHistórica #NuncaMás #HistoriaContemporánea #Efemérides #6DeAgosto #MendozAntigua



HIROSHIMA: 43 SEGUNDOS QUE PARTIERON LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD


El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, Hiroshima quedó detenida para siempre en uno de los momentos más devastadores de la historia. Desde el bombardero estadounidense B-29 Enola Gay fue liberada Little Boy, la primera bomba atómica utilizada contra una población. Después de caer durante aproximadamente 43 segundos, explotó en el aire a casi 600 metros de altura, sobre las inmediaciones del Hospital Shima. Esa detonación aérea había sido calculada para ampliar el alcance de la onda expansiva, el calor y la radiación sobre la ciudad. ¿Cómo pudo un artefacto producir semejante destrucción? La explicación se encuentra en el corazón mismo de la materia. Cuando un núcleo de uranio-235 absorbe un neutrón, puede dividirse y liberar energía junto con nuevos neutrones, que golpean otros núcleos y provocan una reacción en cadena. En un reactor, ese proceso se mantiene bajo control; en una bomba ocurre de manera explosiva, multiplicándose en una fracción de segundo. Contrariamente a una versión muy difundida, no fueron diez kilos de materia transformados por completo en energía. Little Boy contenía alrededor de 64 kilos de uranio enriquecido, pero menos de un kilogramo llegó a sufrir fisión antes de que la propia explosión dispersara el material. Aun así, liberó una potencia estimada en 15 kilotones: el equivalente energético de unas 15.000 toneladas de TNT. Primero apareció un resplandor cegador. Luego llegaron el pulso térmico, la radiación y una onda expansiva que demolió casi todos los edificios situados dentro de un radio aproximado de 1,8 kilómetros. Las construcciones de madera se derrumbaron o ardieron, mientras los incendios se extendían entre los escombros. Quienes sobrevivieron al impacto inicial sufrieron quemaduras profundas, heridas, enfermedades producidas por la radiación y una devastación sanitaria casi imposible de atender, porque hospitales, médicos y enfermeros también habían sido alcanzados. Las llamadas “sombras atómicas” tampoco eran cuerpos humanos vaporizados y adheridos al cemento. Eran marcas producidas por el contraste entre las superficies expuestas directamente al intenso pulso térmico y aquellas que, durante un instante, quedaron protegidas por personas u objetos. Detrás de esas siluetas no existe una leyenda sobrenatural, sino la huella física de una tragedia humana inconmensurable. La cifra exacta de víctimas nunca pudo establecerse. La ciudad de Hiroshima calcula que aproximadamente 140.000 personas habían muerto hacia finales de 1945, víctimas de la explosión, los incendios, las heridas y los efectos agudos de la radiación. Muchos otros sobrevivientes —conocidos como hibakusha— padecieron durante décadas enfermedades, pérdidas familiares y profundas secuelas psicológicas. La fotografía muestra lo que quedó cuando el estruendo se apagó: una ciudad convertida en ruinas, caminos cubiertos de escombros y miles de vidas arrancadas en segundos. Hiroshima no representa solamente el final brutal de una jornada de guerra. Representa el instante en que la humanidad descubrió que había creado el poder suficiente para destruirse a sí misma. Recordarla no es vivir anclados al pasado: es mantener encendida una advertencia para el futuro. #Hiroshima #6DeAgosto #BombaAtómica #SegundaGuerraMundial #MemoriaHistórica #EraAtómica #HistoriaUniversal #NuncaMás #Hibakusha #MendozAntigua #AtomicBomb #Hiroshima1945 #WorldWarII #NuclearHistory #RememberHiroshima #NeverAgain #PeaceHistory #HistoricalMemory


lunes, 5 de agosto de 2013

En el año 1876 se instala en Mendoza la primera red de agua corriente.

En Mendoza circula uno que otro aguatero,. La modalidad se había reimplantado tras la destrucción de la ciudad por el terremoto del 20 de marzo de 1861 y que, entre otros males, dejó a la población sin el abastecimiento de agua que desde El Challao llegaba hasta la plaza Constitución (Pedro del Castillo) a través de un canal revestido en piedra; esa dotación fue reforzada posteriormente con una toma en la Acequias de Rey   
(el Jarillal).

La población debía obtener aguas del Zanjón o del Tajamar. Esa agua debía dejarse en reposo y recibía un elemental proceso de clarificación utilizando hojas de penca.  La otra alternativa era el servicio del aguatero a domicilio. El agua era transportada en toneles y se vendía a 10 centavos moneda nacional  el balde (diez litros). No era nada económico si se tiene en cuenta que un peón que trabajaba de sol a sol, obtenía una remuneración de 50 centavos el día.


En 1876 se instala en Mendoza la primera red de agua corriente, transportando el agua desde El Challao hasta un depósito de almacenaje emplazado en el extremo oeste de calle Unión ( trazado total de Sarmiento, Emilio Civít y Avenida del Libertador) desde donde partía una cañería principal de hierro fundido hasta la esquina de Unión y San Nicolás (Sarmiento y San Martín). Allí se iniciaba la cañería de distribución tendida con caños de barro cocido revestido  con material cementicio.
Las raíces de los árboles se encargaban en poco tiempo de producir deterioros en la cañería de distribución lo que sumado a la escasa  cantidad de agua que bajaba de El Challao motivaba frecuentes desabastecimientos , lo que explica la supervivencia de uno que otro aguatero.

Las primeras cañerías de Hierro fundido y hierro  galvanizado  para la distribución de agua corriente a domicilio se tiende en el año 1882, dando origen a una normalización aceptable y sentando las bases de la red definitiva mientras se estudiaban nuevas fuentes de suministro para abastecer la demanda real de la población. De esa forma desparecen de la ciudad los últimos aguateros.

domingo, 4 de agosto de 2013

Archivadores (año 1919)



Esta foto fue tomada en 1919 y muestra a un hombre y una mujer que trabaja en un archivador. Me gusta mucho estas viejas de madera de estilo cajones archivadores. Hoy en día están hechos de metal fina barata, o de madera falsa.

sábado, 3 de agosto de 2013

A los bifes: "culonas" y sexo. Del fogón del puchero al fogón de los lechos.

La buena cocina fue apareciendo cuando el Virreinato comenzó a recibir damas más o menos refinadas.

La gastronomía, como bien cultural adquirido y como experiencia sensible (placer y goce) es una expresión del patrimonio intangible de los pueblos y de su historia del comer -o del no comer- en virtud de los ajetreos de la vida política y económica de cada país.
De las mesas de elegantes banquetes o burdos mesones de pulpería sin olvidar las cocinas de barrio y los manjares compartidos en la cama, el menú de los argentinos parece haber sido siempre desmesurado.



Mariquita Sánchez de Thompson, además de cantar, cocinaba bien y odiaba a los ingleses invasores de 1806. La dama decía en su salón que los invasores británicos habían empezado a pagar sus culpas comiendo lo malo que aquí se comía. Parece que en las fondas del Buenos Aires colonial se comía muy mal y las penurias del paladar eran notables porque a pesar de la abundancia nadie invertía su tiempo en los quehaceres gastronómicos. 

“Mientras en Londres con doscientas libras de carne cenan doscientos milords, aquí con la misma cantidad sólo se alimentan ocho gauchos”, escribió un viajero. A metros del casco urbano, los hombres ponían en acción boleadoras, lazos y cuchillos, carneaban una vaca y se la comían casi cruda sólo con sal, reseña Víctor Ego Ducrot en su estupendo libro Los sabores de la Patria. Las intrigas de la historia argentina contadas desde la mesa y la cocina (Norma).

Un fogón sobre piedras, ollas y sartenes de hierro eran la única tecnología de las cocinas de las casas de la ciudad. Casi todos los días se comía puchero, al que entonces llamaban “olla podrida”, carne asada y mandioca; alguna gallina hervida, mazamorra (granos hervidos en agua o leche), y frutas que llegaban del Litoral. Todo en porciones gigantescas.



En Mendoza, Córdoba y Tucumán la “olla podrida” era sustituida por el locro como plato diario. La expresión popular “parar la olla” proviene del modo de preparación del locro ya que el maíz se cocinaba en un recipiente de hierro de tres patas parado sobre un fogón.

Un buen locro tenía maíz blanco, porotos, carne de vaca gorda, chorizos, huesos de cerdo, perejil, cebollas, cebollas de verdeo, zapallo, papas, camotes, sal y pimienta, grasa de cerdo, pimentón y ají molido. Si cocinarlo bien era un arte, servirlo no lo era menos.

Ducrot cuenta que el mismísimo Domingo Faustino Sarmiento comentó una vez que en la sociedad porteña del siglo XIX todos eran “gordos y culonas” porque los habitantes del Virreinato eran generosos con su estómago.
En las ciudades se desayunaba mate y galletas, se almorzaba a las dos de la tarde, y a la tarde se volvía con el mate o el chocolate y las galletas. Se cenaba a las nueve de la noche, siempre abundante: una buena sopa, el cocido, cuatro platos, dos postres de frutas y queso para el almuerzo y tres platos para la cena. Livianito.



“El menú crecía en cantidad y variedad a medida que aumentaba el estrato social de los comensales y como en aquellos tiempos lo más alto de la sociedad estaba representado por funcionarios, militares, curas y comerciantes prósperos eran ellos los que justamente podían disfrutar de banquetes y comilonas protocolares”, destaca Ducrot. Los vinos eran de Mendoza, de Oporto o de Cataluña.
La buena cocina fue apareciendo cuando el Virreinato comenzó a recibir pequeñas dosis de cosmopolitismo vía “mercaderes, espías, extranjeros y damas más o menos refinadas que se convertirían en amantes y anfitrionas de talento”. 



A estas damas se las llamaba “mujeres enamoradas” y no eran cocineras; no alimentaban el fogón del puchero sino el fogón de los lechos de los colonos, criollos y soldados. Trabajaban en locales de esparcimiento que fueron los primeros cafés del viejo Buenos Aires. Allí se jugaba a los naipes, dados, ajedrez y truques (una especie de billar), se bebía vino o ginebra y se tenía sexo. 

Patricia Rodón


Desfile de los Exploradores de Don Bosco en Rodeo del Medio (año 1930). Mendoza


Imagen cedida por el señor: Jesús Morales.


viernes, 2 de agosto de 2013

Cocinas de Antes.



 La imagen actual se adoptó en 1917. Veo una estufa allí, pero no había nevera. Me pregunto cuándo frigoríficos ganaron uso generalizado?Sé que antes había "neveras", que mantienen las cosas en frío, pero había que seguir añadiendo bloques de hielo a ellos.



La imagen actual fue tomada en la década de 1920 y muestra la cocina de la Casa Blanca. Increíble lo fácil y práctico que era. Me imagino que las cosas serían muy diferentes hoy en día.



jueves, 1 de agosto de 2013

Secretos de alcoba: historia anotada de las bragas.

La prehistoria de la lencería se remonta al comienzo de los tiempos. Las mujeres de la antigüedad no tenían el concepto de ropa interior que tenemos en la actualidad pero sabían hechizar con sus prendas ocultas y hacer de ellas, igual que las mujeres de hoy, un arma mortal.


El culotte, recorrió un intenso camino
para convertirse en la hoy trajinada y
mínima tanga.


Durante un sugestivo desfile de ropa interior, al pasar sus atentos ojos por las curvas de las modelos, los caballeros imaginan que las tangas, bombachitas, corpiños y portaligas existieron desde muy antiguo. Y no es así.



Las mujeres de la antigüedad no tenían el concepto de ropa interior que tenemos en la actualidad pero sabían hechizar con las prendas ocultas y hacer de ellas, igual que las mujeres de hoy, un arma mortal.

La prehistoria de la lencería se remonta al comienzo de los tiempos. Al principio fue el taparrabos: una gran prenda tejida de forma triangular que se pasaba entre las piernas y cuyos extremos se ataban a la cintura. Sin embargo, esta suerte de ceñidor, con variantes según las diferentes culturas pero con el mismo propósito de cubrir y proteger las partes pudendas, no tenía un uso generalizado. 

La literatura griega señala que el ceñidor que usaban diosas y mortales se llamabazóster y que consistía en una larga banda de paño, generalmente de lino blanco con bordados que se pasaba entre las piernas y se ataba a la cintura. Imaginamos que era semejante a un más o menos elegante pañal. Como hoy, por su ubicación en la anatomía femenina, esta prenda tenía un importante valor simbólico y social, ya que cuando las mujeres contraían matrimonio, estas bandas eran desatadas por el flamante marido.

Las casadas también cubrían sus senos con una banda llamada apodesmo que adornaban con cintas de colores. Sobre estas dos bandas y ya cubriendo casi todo el cuerpo se ponían el peplo, un manto rectangular de lana que se colocaba en el hombro izquierdo, se sujetaba sobre el derecho con una aguja o prendedor y se ceñía a la cintura con otra banda; llegaba hasta los pies y dejaba a la vista el muslo de la pierna derecha. 

El zóster clásico se mantuvo durante siglos cubriendo las partes íntimas de la mujer, con lentas y mínimas variaciones a lo largo del tiempo. En su tránsito fue adquiriendo diferentes nombres y fue la palabra que eligieron los romanos la que ha llegado a nosotros casi sin variaciones: bracca o bracae, es decir, braga.  

Hacia el siglo X la camisa, un largo vestido de lino preferentemente blanco para que pudiera hervirse, era la única ropa interior que usaban las mujeres y sus profundos escotes asomaban tentadores debajo de los vestidos. Y aunque la Iglesia les hubiera ordenado que se comprimieran los pechos para evitarle el deseo a los pobres hombres, ellas no hicieron demasiado caso, porque aunque algunas se sujetaban los senos con bandas al estilo del viejo apodesmo, muchas introducían almohadillas de relleno para aparentar pechos más grandes en la mejor tradición de seguir un instinto atávico. 

A fines de la Edad Media el taparrabos, zóster o bracca, fue lentamente reemplazado por el calzón, una prenda más suelta y confeccionada en una tela más liviana como el algodón, que consistía en una especie de pantaloncito corto que iba de la cintura hasta la mitad del muslo y más tarde hasta la pantorrilla. 

Este calzón, antepasado del culotte, recorrió un intenso camino para convertirse en la hoy trajinada y mínima tanga. Y durante varios siglos la ropa interior excluyente fue una especie de camisón de hilo que cubría desde las muñecas hasta los tobillos y que en su parte trasera, exactamente a la altura del trasero, tenía una faldilla que se desabrochaba para facilitar la visita al baño. 

Pero la historia de la bombacha, semejante a la que conocemos hoy, se remonta a unos 200 años atrás cuando en el convulsionado Paris de principios de 1800 una ordenanza obligó que las bailarinas de la Opera, por decencia, comenzaran a usar bragas.

Siguiendo la tendencia a reducir el área cubierta por esta prenda, las bragas eran de algodón o lino y eran una suerte de pantalón corto que se ataba a la cintura y a la entrepierna con cintas. 

Después se les impuso a las “mujeres de la vida” y éstas, las prostitutas, comenzaron a llevarlas hacia 1820 con gran éxito. Las mujeres “honestas” las adoptaron cuando el amplio armazón del miriñaque, al separar en exceso las faldas y las enaguas del cuerpo ventilaba peligrosamente la parte que quedaba entre elcorset y las ligas, o sea, la peligrosa entrepierna. 

A fines del siglo XIX, las mujeres tomaron las tijeras y separaron aquel camisón de hilo que era como una segunda piel y se lanzaron a diseñar y coser aquel pudoros y aburrido básico en dos prendas separadas.

Los culottes comenzaron a achicarse y se concentraron en cubrir más las nalgas y sus alrededores que las piernas, en un diseño que incluía una goma disimulada en un dobladillo que se asentaba en la cintura. Con semejante intención, en 1914 aparecería el primer sujetador, sostén o corpiño, como lo llamamos en Argentina, que sujetaba los senos y pretendía sostenerlos lejos de la gravedad merced a la creación de una estructura primero fue de mimbre y luego de alambre. 

Así nació la bombacha (calzón, trusa, pantaleta, panty, blúmer, tanga, cachetero, culotte o cola less, como se la llama en distintos países dependiendo de la cantidad de carne que cubre) y con ella surgió no sólo la celebrada industria de la lencería sino que se reinventó una prenda que alimenta desde el principio de los tiempos todo tipo de fantasías tanto en los entusiastas héroes homéricos como en los señores amantes del can can y sus velados misterios.

Patricia Rodón
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