jueves, 30 de junio de 2016

Los granaderos que defendieron a Illia

Pegó el grito y se lanzó a la carga. El coronel José de San Martín montado en un bayo volaba, sable en mano, hacia una pared de sorprendidos soldados realistas. Se iniciaba el glorioso combate de San Lorenzo que tuvo como primera víctima el bayo del comandante. En la rodada, quedó atrapada la pierna del intrépido jinete que además se sacó el hombro. Lo salvaron los granaderos Juan Bautista Baigorria y Juan Bautista Cabral. El bayo sacrificado pertenecía a la caballada que les había entregado el vecino Alfonso Rodrigáñez.
San Lorenzo fue el bautismo de fuego del Regimiento de Granaderos a Caballo. Luego de mil hazañas, en 1826, el presidente Rivadavia decretó su disolución.
En 1903, a instancias del ministro de Guerra Pablo Riccheri (nacido en la ciudad de San Lorenzo), el presidente Roca reconstituyó el Regimiento. En 1907, el presidente Figueroa Alcorta estableció que fuera cuerpo de escolta presidencial.


En 1955, los granaderos defendieron la Casa Rosada del ataque aéreo. Además de la guardia habitual, se sumaron fuerzas que se trasladaron desde el cuartel de Palermo. En total actuaron dos jefes, dieciséis oficiales, 47 suboficiales y 265 granaderos. En la defensa murieron nueve hombres. Los jefes que defendieron a Perón eran antiperonistas, pero, más allá de tal condición, eran granaderos y escoltas presidenciales.
En junio de 1966, los 30 granaderos apostados en la Casa de Gobierno se reunieron en el Patio de las Palmeras, comandados por su jefe, el teniente primero Aliberto Rodrigáñez Riccheri, 31 años (a quien vemos en las tres fotos), descendiente del hombre que le entregó el bayo a San Martín para el combate de San Lorenzo, y de Pablo Riccheri, el militar que propuso la recreación del regimiento.
El Ejército marchaba rumbo a la Casa Rosada para deponer al presidente Illia por la fuerza. Rodrigáñéz Richheri le dijo a sus hombres que ubicaran las dos ametralladoras y alistaran los fusiles. Y si se acaban las municiones, todavía quedarían los sables. Estos granaderos estaban dispuestos a defender al presidente aun frente al resto de las fuerzas militares. La arenga del jefe retumbo en el patio: “De aquí puede ser que nos saquen a la fuerza, pero con las patas para adelante”.
El teniente general Julio Alsogaray, vocero de los sublevados, llegó a las puertas de la Casa de Gobierno e intimó a los granaderos a rendirse. Rodrigáñez le respondió que él y sus hombres defenderían la posición. Ante la situación de tener que ingresar cobrándose la vida de treinta valientes, las fuerzas sublevadas debieron aguardar. Corrían los minutos y los granaderos se mantenían en guardia. En tan apremiante situación, el doctor Illia relevó de responsabilidades a los granaderos y ordenó que desactivaran la defensa.
Los sublevados lograron su lamentado objetivo. Pero antes de poder completarlo recibieron una clara lección: a los granaderos nadie los pasa por encima.
Aliberto Rodrigáñez Riccheri fue condecorado por el presidente Macri dos días antes de cumplir 82 años.

Fuente: http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/personalidades/los-granaderos-que-defendieron-a-illia/

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