El 23 de abril de 2007, en Moscú, murió Borís Nikoláievich Yeltsin, una figura central y profundamente contradictoria de la historia rusa reciente: para muchos, el hombre que ayudó a derrumbar el viejo orden soviético y abrió una etapa de libertades; para otros, el dirigente que terminó asociado al caos económico, la violencia política y la concentración de poder. Había nacido el 1 de febrero de 1931 en Sverdlovsk —hoy Ekaterimburgo— y, según biografías ampliamente citadas, en su adolescencia perdió dos dedos de la mano izquierda al manipular una granada, una lesión que ocultó durante años. Se formó en el Instituto Politécnico de los Urales, trabajó en la construcción desde 1955 y se afilió al Partido Comunista en 1961, iniciando así la carrera política que lo llevaría hasta la cima del poder. El gran salto llegó en el torbellino final de la URSS. En 1990, en el marco de la creciente autonomía rusa, fue elegido presidente del Soviet Supremo de la república rusa y ese mismo año rompió con el PCUS. La declaración de soberanía rusa de 1990 marcó un punto de no retorno en la erosión del poder soviético. Luego, en junio de 1991, Yeltsin ganó la primera elección presidencial directa de la historia rusa. Su figura se volvió mundialmente icónica en agosto de 1991, cuando se subió a un tanque frente a la Casa Blanca rusa para denunciar el golpe de los sectores duros contra Mijaíl Gorbachov. El golpe fracasó y Yeltsin salió de esa crisis convertido en héroe nacional y en el político más poderoso de Rusia. Después de la caída del golpe, Yeltsin aceleró la descomposición del sistema soviético. En diciembre de 1991 impulsó junto con Ucrania y Bielorrusia la creación de la Comunidad de Estados Independientes, y tras la renuncia de Gorbachov el 25 de diciembre Rusia asumió buena parte de las responsabilidades internacionales de la desaparecida URSS. Pero la esperanza de cambio pronto se mezcló con el miedo. Ya como presidente de una Rusia independiente, Yeltsin puso en marcha una transformación drástica hacia el mercado: eliminó controles de precios, avanzó con privatizaciones masivas y abrió espacio a la propiedad privada y al capital financiero. El resultado fue ambivalente y traumático: mientras algunos grupos acumulaban fortunas gigantescas, millones de rusos cayeron en la pobreza en medio de inflación, corrupción, caída industrial y deterioro social. La crisis alcanzó uno de sus momentos más oscuros en 1993. En septiembre de ese año, Yeltsin disolvió de forma inconstitucional el Congreso de los Diputados del Pueblo, y el enfrentamiento con el Parlamento desembocó en la insurrección y en la represión armada de octubre. Los tanques disparando contra la sede parlamentaria en Moscú dieron la vuelta al mundo. Aquella victoria presidencial permitió aprobar una nueva Constitución que reforzó fuertemente los poderes del Ejecutivo, pero también dejó una marca duradera: para numerosos observadores, ese episodio dañó seriamente la naciente democracia rusa y ayudó a construir el sistema hiperpresidencial que más tarde aprovecharía Vladímir Putin. En los años siguientes, la imagen de Yeltsin se fue desgastando aún más por la guerra en Chechenia, la crisis financiera, los problemas de salud y la percepción de desorden permanente en el Estado ruso. Aunque logró reelegirse en 1996, terminó su mandato con una popularidad desplomada. El 31 de diciembre de 1999 anunció por sorpresa su renuncia y dejó la presidencia en manos de su primer ministro, Vladímir Putin, designado presidente interino. A partir de allí, Yeltsin desapareció casi por completo de la vida pública hasta su muerte en 2007. Su legado sigue dividiendo aguas: fue el dirigente que enterró a la URSS y abrió una nueva Rusia, pero también quien presidió una década de desigualdad, violencia y frustración que cambió para siempre el destino del país. #BorisYeltsin #HistoriaDeRusia #FinDeLaURSS #Rusia1991 #RusiaPostSoviética #MijaílGorbachov #VladimirPutin #HistoriaContemporánea #PolíticaInternacional #MemoriaHistórica #BorisYeltsin #RussianHistory #CollapseOfTheUSSR #PostSovietRussia #ContemporaryHistory #WorldPolitics #ColdWarLegacy #HistoricalMemory
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jueves, 23 de abril de 2020
El 23 de abril de 2007, en Moscú, murió Borís Nikoláievich Yeltsin, del héroe que desafió al golpe soviético al líder que dejó a Rusia al borde del desencanto
El 23 de abril de 2007, en Moscú, murió Borís Nikoláievich Yeltsin, una figura central y profundamente contradictoria de la historia rusa reciente: para muchos, el hombre que ayudó a derrumbar el viejo orden soviético y abrió una etapa de libertades; para otros, el dirigente que terminó asociado al caos económico, la violencia política y la concentración de poder. Había nacido el 1 de febrero de 1931 en Sverdlovsk —hoy Ekaterimburgo— y, según biografías ampliamente citadas, en su adolescencia perdió dos dedos de la mano izquierda al manipular una granada, una lesión que ocultó durante años. Se formó en el Instituto Politécnico de los Urales, trabajó en la construcción desde 1955 y se afilió al Partido Comunista en 1961, iniciando así la carrera política que lo llevaría hasta la cima del poder. El gran salto llegó en el torbellino final de la URSS. En 1990, en el marco de la creciente autonomía rusa, fue elegido presidente del Soviet Supremo de la república rusa y ese mismo año rompió con el PCUS. La declaración de soberanía rusa de 1990 marcó un punto de no retorno en la erosión del poder soviético. Luego, en junio de 1991, Yeltsin ganó la primera elección presidencial directa de la historia rusa. Su figura se volvió mundialmente icónica en agosto de 1991, cuando se subió a un tanque frente a la Casa Blanca rusa para denunciar el golpe de los sectores duros contra Mijaíl Gorbachov. El golpe fracasó y Yeltsin salió de esa crisis convertido en héroe nacional y en el político más poderoso de Rusia. Después de la caída del golpe, Yeltsin aceleró la descomposición del sistema soviético. En diciembre de 1991 impulsó junto con Ucrania y Bielorrusia la creación de la Comunidad de Estados Independientes, y tras la renuncia de Gorbachov el 25 de diciembre Rusia asumió buena parte de las responsabilidades internacionales de la desaparecida URSS. Pero la esperanza de cambio pronto se mezcló con el miedo. Ya como presidente de una Rusia independiente, Yeltsin puso en marcha una transformación drástica hacia el mercado: eliminó controles de precios, avanzó con privatizaciones masivas y abrió espacio a la propiedad privada y al capital financiero. El resultado fue ambivalente y traumático: mientras algunos grupos acumulaban fortunas gigantescas, millones de rusos cayeron en la pobreza en medio de inflación, corrupción, caída industrial y deterioro social. La crisis alcanzó uno de sus momentos más oscuros en 1993. En septiembre de ese año, Yeltsin disolvió de forma inconstitucional el Congreso de los Diputados del Pueblo, y el enfrentamiento con el Parlamento desembocó en la insurrección y en la represión armada de octubre. Los tanques disparando contra la sede parlamentaria en Moscú dieron la vuelta al mundo. Aquella victoria presidencial permitió aprobar una nueva Constitución que reforzó fuertemente los poderes del Ejecutivo, pero también dejó una marca duradera: para numerosos observadores, ese episodio dañó seriamente la naciente democracia rusa y ayudó a construir el sistema hiperpresidencial que más tarde aprovecharía Vladímir Putin. En los años siguientes, la imagen de Yeltsin se fue desgastando aún más por la guerra en Chechenia, la crisis financiera, los problemas de salud y la percepción de desorden permanente en el Estado ruso. Aunque logró reelegirse en 1996, terminó su mandato con una popularidad desplomada. El 31 de diciembre de 1999 anunció por sorpresa su renuncia y dejó la presidencia en manos de su primer ministro, Vladímir Putin, designado presidente interino. A partir de allí, Yeltsin desapareció casi por completo de la vida pública hasta su muerte en 2007. Su legado sigue dividiendo aguas: fue el dirigente que enterró a la URSS y abrió una nueva Rusia, pero también quien presidió una década de desigualdad, violencia y frustración que cambió para siempre el destino del país. #BorisYeltsin #HistoriaDeRusia #FinDeLaURSS #Rusia1991 #RusiaPostSoviética #MijaílGorbachov #VladimirPutin #HistoriaContemporánea #PolíticaInternacional #MemoriaHistórica #BorisYeltsin #RussianHistory #CollapseOfTheUSSR #PostSovietRussia #ContemporaryHistory #WorldPolitics #ColdWarLegacy #HistoricalMemory
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