El 23 de julio de 2002 se apagó en Buenos Aires una de las voces más carismáticas, populares e inconfundibles de la época dorada del tango. Alberto Castillo tenía 87 años y falleció en el Sanatorio Bazterrica después de atravesar una prolongada enfermedad. Con su muerte desaparecía físicamente el hombre que había llevado el compás de los arrabales a los grandes escenarios, la radio y el cine, pero comenzaba a crecer definitivamente una leyenda imposible de encerrar en una sola generación. Su verdadero nombre era Alberto Salvador De Lucca. Había nacido en Buenos Aires el 7 de diciembre de 1914 y desde muy joven comprendió que su destino estaba unido a la música. Estudió violín y canto, actuó con diferentes seudónimos para ocultar sus presentaciones a una familia que prefería verlo convertido en profesional y llegó a cantar con agrupaciones vinculadas a figuras como Julio de Caro, Augusto Pedro Berto y Mariano Rodas. El salto decisivo se produjo junto a la orquesta de Ricardo Tanturi: en 1941 grabó el vals “Recuerdo”, una interpretación que obtuvo una enorme repercusión y colocó definitivamente el nombre de Alberto Castillo en el centro de la escena tanguera. Pero detrás del cantor que comenzaba a conquistar multitudes también existía el doctor De Lucca. En 1942 obtuvo el título de médico ginecólogo y durante un tiempo dividió sus jornadas entre el consultorio, el hospital, la radio y los escenarios. Finalmente, el llamado del público terminó imponiéndose: dejó el ejercicio cotidiano de la medicina para entregarse por completo a una carrera artística que ya no podía contenerse entre las paredes de un consultorio. Castillo rompió con la imagen solemne del cantor tradicional. Cantaba con la corbata ligeramente floja, el pañuelo asomando del bolsillo, el cuerpo inclinado hacia el público y el micrófono convertido casi en compañero de baile. Su voz afinada, su fraseo rítmico y sus gestos pícaros podían transformar un tango dramático en una confesión y una milonga en una fiesta colectiva. No parecía cantar desde un pedestal: parecía hacerlo desde la esquina, rodeado por la barra del barrio. Esa cercanía fue una de las claves de su extraordinaria popularidad. Además del tango, tuvo una participación fundamental en la difusión de la milonga y del candombe afrorioplatense. Canciones como “Charol”, “Baile de los morenos”, “Siga el baile” y, especialmente, “Los cien barrios porteños”, reforzaron su identificación con la cultura popular de Buenos Aires. El éxito de esta última composición fue tan grande que comenzó a ser presentado para siempre como “el cantor de los cien barrios porteños”. Sus espectáculos incorporaron tamborileros y bailarines afrodescendientes, ayudando a visibilizar una raíz africana muchas veces relegada de la historia musical rioplatense. También fue actor y protagonista de numerosas producciones del cine argentino, llevando su simpatía, su voz y sus personajes populares más allá de los escenarios tangueros. Décadas después, cuando muchos creían que pertenecía exclusivamente a una época pasada, volvió a sorprender: en 1993 grabó “Siga el baile” junto a Los Auténticos Decadentes para el álbum Fiesta Monstruo. Aquel encuentro entre el viejo candombe, el tango y una de las bandas más festivas del rock argentino permitió que una nueva generación descubriera al hombre que ya había hecho bailar a sus padres y abuelos. Alberto Castillo no fue solamente un cantor, un actor o un médico que eligió la música. Fue una manera de caminar el escenario, de pronunciar cada palabra y de convertir al público en parte del espectáculo. El doctor De Lucca podía aliviar un cuerpo; Alberto Castillo, en cambio, parecía tener la receta para despertar a una ciudad entera. Cada vez que vuelve a sonar su voz, Buenos Aires recupera sus veredas, sus cafés, sus carnavales y aquellos cien barrios que él llevó para siempre dentro del corazón. #AlbertoCastillo #ElCantorDeLosCienBarriosPorteños #TangoArgentino #HistoriaDelTango #Efemérides #UnDíaComoHoy #CulturaArgentina #BuenosAires #RicardoTanturi #SigaElBaile #Candombe #Milonga #MúsicaPopular #ÉpocaDeOro #PatrimonioCultural #ArgentineTango #TangoHistory #BuenosAiresCulture #ArgentineMusic #GoldenAgeOfTango #MusicLegend #CulturalHeritage
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domingo, 23 de julio de 2023
23 DE JULIO DE 2002: MURIÓ ALBERTO CASTILLO — EL MÉDICO QUE CAMBIÓ EL GUARDAPOLVO POR EL TANGO E HIZO BAILAR A CIEN BARRIOS
El 23 de julio de 2002 se apagó en Buenos Aires una de las voces más carismáticas, populares e inconfundibles de la época dorada del tango. Alberto Castillo tenía 87 años y falleció en el Sanatorio Bazterrica después de atravesar una prolongada enfermedad. Con su muerte desaparecía físicamente el hombre que había llevado el compás de los arrabales a los grandes escenarios, la radio y el cine, pero comenzaba a crecer definitivamente una leyenda imposible de encerrar en una sola generación. Su verdadero nombre era Alberto Salvador De Lucca. Había nacido en Buenos Aires el 7 de diciembre de 1914 y desde muy joven comprendió que su destino estaba unido a la música. Estudió violín y canto, actuó con diferentes seudónimos para ocultar sus presentaciones a una familia que prefería verlo convertido en profesional y llegó a cantar con agrupaciones vinculadas a figuras como Julio de Caro, Augusto Pedro Berto y Mariano Rodas. El salto decisivo se produjo junto a la orquesta de Ricardo Tanturi: en 1941 grabó el vals “Recuerdo”, una interpretación que obtuvo una enorme repercusión y colocó definitivamente el nombre de Alberto Castillo en el centro de la escena tanguera. Pero detrás del cantor que comenzaba a conquistar multitudes también existía el doctor De Lucca. En 1942 obtuvo el título de médico ginecólogo y durante un tiempo dividió sus jornadas entre el consultorio, el hospital, la radio y los escenarios. Finalmente, el llamado del público terminó imponiéndose: dejó el ejercicio cotidiano de la medicina para entregarse por completo a una carrera artística que ya no podía contenerse entre las paredes de un consultorio. Castillo rompió con la imagen solemne del cantor tradicional. Cantaba con la corbata ligeramente floja, el pañuelo asomando del bolsillo, el cuerpo inclinado hacia el público y el micrófono convertido casi en compañero de baile. Su voz afinada, su fraseo rítmico y sus gestos pícaros podían transformar un tango dramático en una confesión y una milonga en una fiesta colectiva. No parecía cantar desde un pedestal: parecía hacerlo desde la esquina, rodeado por la barra del barrio. Esa cercanía fue una de las claves de su extraordinaria popularidad. Además del tango, tuvo una participación fundamental en la difusión de la milonga y del candombe afrorioplatense. Canciones como “Charol”, “Baile de los morenos”, “Siga el baile” y, especialmente, “Los cien barrios porteños”, reforzaron su identificación con la cultura popular de Buenos Aires. El éxito de esta última composición fue tan grande que comenzó a ser presentado para siempre como “el cantor de los cien barrios porteños”. Sus espectáculos incorporaron tamborileros y bailarines afrodescendientes, ayudando a visibilizar una raíz africana muchas veces relegada de la historia musical rioplatense. También fue actor y protagonista de numerosas producciones del cine argentino, llevando su simpatía, su voz y sus personajes populares más allá de los escenarios tangueros. Décadas después, cuando muchos creían que pertenecía exclusivamente a una época pasada, volvió a sorprender: en 1993 grabó “Siga el baile” junto a Los Auténticos Decadentes para el álbum Fiesta Monstruo. Aquel encuentro entre el viejo candombe, el tango y una de las bandas más festivas del rock argentino permitió que una nueva generación descubriera al hombre que ya había hecho bailar a sus padres y abuelos. Alberto Castillo no fue solamente un cantor, un actor o un médico que eligió la música. Fue una manera de caminar el escenario, de pronunciar cada palabra y de convertir al público en parte del espectáculo. El doctor De Lucca podía aliviar un cuerpo; Alberto Castillo, en cambio, parecía tener la receta para despertar a una ciudad entera. Cada vez que vuelve a sonar su voz, Buenos Aires recupera sus veredas, sus cafés, sus carnavales y aquellos cien barrios que él llevó para siempre dentro del corazón. #AlbertoCastillo #ElCantorDeLosCienBarriosPorteños #TangoArgentino #HistoriaDelTango #Efemérides #UnDíaComoHoy #CulturaArgentina #BuenosAires #RicardoTanturi #SigaElBaile #Candombe #Milonga #MúsicaPopular #ÉpocaDeOro #PatrimonioCultural #ArgentineTango #TangoHistory #BuenosAiresCulture #ArgentineMusic #GoldenAgeOfTango #MusicLegend #CulturalHeritage
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