El 28 de julio de 1897, cuando la vitivinicultura mendocina crecía con una velocidad extraordinaria, la provincia tomó una decisión destinada a proteger el futuro de su industria más emblemática: sancionó la Ley Provincial de Vinos n.º 47, que prohibía la elaboración de vinos artificiales. No se trataba únicamente de defender una bebida, sino de resguardar el trabajo de miles de viñateros y bodegueros, cuidar a los consumidores y evitar que productos adulterados destruyeran la reputación que Mendoza comenzaba a construir en los mercados argentinos. A finales del siglo XIX, los viñedos se extendían, aparecían nuevas bodegas y la llegada del ferrocarril facilitaba el envío de grandes volúmenes hacia los principales centros urbanos. Sin embargo, aquella expansión productiva no siempre estaba acompañada por conocimientos científicos, controles sanitarios ni procedimientos uniformes. Muchos elaboradores producían siguiendo métodos empíricos y, junto al vino genuino, circulaban bebidas fabricadas o “estiradas” mediante prácticas que podían incluir agua, pasas, glicerina, ácidos y preparados de composición desconocida. Para la legislación y los organismos técnicos de la época, esos productos podían ser considerados falsificados cuando eran presentados comercialmente como verdadero vino. El gobierno de Francisco Moyano, acompañado por su ministro Emilio Civit, había comenzado a enfrentar ese problema un año antes. En 1896 fundó la Oficina Química Provincial, encargada de estudiar cuestiones relacionadas con la industria vitivinícola, analizar los productos y brindar respuestas técnicas a una actividad que crecía más rápidamente que sus conocimientos especializados. La Ley de Vinos de 1897 profundizó aquella política: el Estado mendocino comenzaba a intervenir no solamente para impulsar la producción, sino también para fiscalizarla, combatir el fraude y establecer una frontera entre el vino legítimo y las imitaciones. La medida fue parte de una transformación mucho mayor. En aquellos años empezaron a incorporarse conceptos que hoy parecen inseparables de una bodega moderna: higiene, tipificación, estandarización, análisis químico, identificación de variedades y formación profesional de enólogos. Apenas seis días después de aquella histórica fecha, el 3 de agosto de 1897, comenzó a funcionar la Escuela Nacional de Vitivinicultura con 52 alumnos, futuros especialistas que llevarían los nuevos conocimientos a viñedos, laboratorios y establecimientos elaboradores. El edificio que sobrevivió de aquella institución forma parte actualmente de la Enoteca de Mendoza. Aquella ley no convirtió de inmediato cada tonel en un vino perfecto ni terminó para siempre con las adulteraciones. Pero marcó un cambio decisivo: Mendoza comprendió que producir mucho no era suficiente; también había que producir con identidad, conocimientos, controles y responsabilidad. La excelencia vitivinícola que hoy distingue a la provincia no nació de un único decreto ni de una sola cosecha. Fue construida lentamente por trabajadores, inmigrantes, técnicos, científicos, bodegueros, escuelas e instituciones. Y en esa extensa historia, el 28 de julio de 1897 permanece como el día en que Mendoza decidió que dentro de una botella llamada vino debía existir verdadero vino. #Mendoza #HistoriaDeMendoza #VinoMendocino #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #LeyDeVinos #VinosArtificiales #Bodegas #CulturaDelVino #PatrimonioMendocino #MendozAntigua #MendozaWine #ArgentineWine #WineHistory #Viticulture #WineLaw #WineHeritage
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
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jueves, 28 de julio de 2016
28 DE JULIO DE 1897: MENDOZA LE DECLARÓ LA GUERRA AL VINO FALSO — LA LEY QUE COMENZÓ A DEFENDER EL PRESTIGIO DE SU MAYOR INDUSTRIA
El 28 de julio de 1897, cuando la vitivinicultura mendocina crecía con una velocidad extraordinaria, la provincia tomó una decisión destinada a proteger el futuro de su industria más emblemática: sancionó la Ley Provincial de Vinos n.º 47, que prohibía la elaboración de vinos artificiales. No se trataba únicamente de defender una bebida, sino de resguardar el trabajo de miles de viñateros y bodegueros, cuidar a los consumidores y evitar que productos adulterados destruyeran la reputación que Mendoza comenzaba a construir en los mercados argentinos. A finales del siglo XIX, los viñedos se extendían, aparecían nuevas bodegas y la llegada del ferrocarril facilitaba el envío de grandes volúmenes hacia los principales centros urbanos. Sin embargo, aquella expansión productiva no siempre estaba acompañada por conocimientos científicos, controles sanitarios ni procedimientos uniformes. Muchos elaboradores producían siguiendo métodos empíricos y, junto al vino genuino, circulaban bebidas fabricadas o “estiradas” mediante prácticas que podían incluir agua, pasas, glicerina, ácidos y preparados de composición desconocida. Para la legislación y los organismos técnicos de la época, esos productos podían ser considerados falsificados cuando eran presentados comercialmente como verdadero vino. El gobierno de Francisco Moyano, acompañado por su ministro Emilio Civit, había comenzado a enfrentar ese problema un año antes. En 1896 fundó la Oficina Química Provincial, encargada de estudiar cuestiones relacionadas con la industria vitivinícola, analizar los productos y brindar respuestas técnicas a una actividad que crecía más rápidamente que sus conocimientos especializados. La Ley de Vinos de 1897 profundizó aquella política: el Estado mendocino comenzaba a intervenir no solamente para impulsar la producción, sino también para fiscalizarla, combatir el fraude y establecer una frontera entre el vino legítimo y las imitaciones. La medida fue parte de una transformación mucho mayor. En aquellos años empezaron a incorporarse conceptos que hoy parecen inseparables de una bodega moderna: higiene, tipificación, estandarización, análisis químico, identificación de variedades y formación profesional de enólogos. Apenas seis días después de aquella histórica fecha, el 3 de agosto de 1897, comenzó a funcionar la Escuela Nacional de Vitivinicultura con 52 alumnos, futuros especialistas que llevarían los nuevos conocimientos a viñedos, laboratorios y establecimientos elaboradores. El edificio que sobrevivió de aquella institución forma parte actualmente de la Enoteca de Mendoza. Aquella ley no convirtió de inmediato cada tonel en un vino perfecto ni terminó para siempre con las adulteraciones. Pero marcó un cambio decisivo: Mendoza comprendió que producir mucho no era suficiente; también había que producir con identidad, conocimientos, controles y responsabilidad. La excelencia vitivinícola que hoy distingue a la provincia no nació de un único decreto ni de una sola cosecha. Fue construida lentamente por trabajadores, inmigrantes, técnicos, científicos, bodegueros, escuelas e instituciones. Y en esa extensa historia, el 28 de julio de 1897 permanece como el día en que Mendoza decidió que dentro de una botella llamada vino debía existir verdadero vino. #Mendoza #HistoriaDeMendoza #VinoMendocino #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #LeyDeVinos #VinosArtificiales #Bodegas #CulturaDelVino #PatrimonioMendocino #MendozAntigua #MendozaWine #ArgentineWine #WineHistory #Viticulture #WineLaw #WineHeritage
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