miércoles, 11 de marzo de 2020

El 11 de marzo de 1842, en Buenos Aires, nacía. El hombre que eligió romperse antes que doblarse: la vida feroz de Leandro Nicéforo Alem, el rebelde que desafió al poder.


El 11 de marzo de 1842 nació en Buenos Aires Leandro N. Alem, una de las figuras más intensas y decisivas de la política argentina del siglo XIX. Criado en una familia humilde, su infancia quedó marcada por una tragedia brutal: tras la caída del rosismo, su padre, Leandro Antonio Alén, fue ejecutado y expuesto públicamente en 1853. Desde entonces, su madre, Tomasa Ponce, sostuvo el hogar con enorme esfuerzo, y de ese dolor nació el temple de un hombre que convertiría la dignidad, la ética y la rebeldía en una forma de vida. Lejos de resignarse, Alem estudió Derecho en la Universidad de Buenos Aires y se recibió en 1869 con una tesis sobre las obligaciones naturales. También conoció la guerra desde muy joven: participó en Cepeda y Pavón, y durante la Guerra del Paraguay resultó herido en Curupaytí. Más tarde inició su carrera política en el autonomismo de Adolfo Alsina, fue elegido diputado bonaerense en 1872 y diputado nacional en 1874, donde empezó a destacarse por su oratoria encendida, su defensa del sufragio y su rechazo a la concentración del poder. Cuando el fraude y el desgaste del régimen conservador se volvieron insoportables, Alem pasó a ser uno de los grandes motores de la reacción cívica. En 1890 fue uno de los fundadores de la Unión Cívica y uno de los jefes políticos de la Revolución del Parque. Tras la ruptura con Mitre, impulsó en 1891 la Unión Cívica Radical, que haría de la intransigencia, la honestidad pública y la pelea por elecciones limpias sus banderas históricas. No fue solamente un dirigente: fue una conciencia incómoda para su tiempo, un hombre que entendió antes que muchos que sin moral pública no hay República posible. Pero el país que soñaba no llegó a verlo. Exhausto física y anímicamente, Leandro N. Alem se quitó la vida el 1 de julio de 1896. Dejó, sin embargo, una frase que todavía resume su carácter y su tragedia: “que se rompa, pero que no se doble”. Y acaso allí esté su verdadera herencia: en haber sembrado una idea de coraje cívico que sobrevivió a su muerte y lo convirtió en símbolo de la lucha contra el fraude y la corrupción política. #LeandroNAlem #HistoriaArgentina #Radicalismo #Democracia #UCR #RevolucionDelParque #Memoria #Patria #mendozantigua 

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