El 27 de marzo de 1964, a las 17:36 de la tarde, Alaska sufrió una de las peores catástrofes naturales del siglo XX. Aquel Viernes Santo, un gigantesco sismo de magnitud 9,2 sacudió la región de Prince William Sound, con foco a unos 25 kilómetros de profundidad, y se convirtió en el terremoto más fuerte jamás registrado en Estados Unidos y el segundo más poderoso medido en el mundo desde que existen instrumentos modernos. La sacudida duró alrededor de 4 minutos y medio a 5 minutos, una eternidad para quienes la vivieron. No fue solamente un terremoto: fue una transformación brutal del paisaje. El choque entre la placa del Pacífico y la placa Norteamericana provocó un enorme deslizamiento en la zona de subducción, levantando algunas áreas y hundiendo otras. En el sur de Alaska, la tierra cambió de nivel de forma permanente, se desencadenaron deslizamientos masivos y el terreno colapsó en numerosos puntos. En Anchorage, la ciudad más grande del estado, gran parte de la destrucción estuvo vinculada a suelos débiles y derrumbes: en Turnagain Heights se perdieron cerca de 200 acres y unas 75 casas. El desastre no terminó en la sacudida. El terremoto generó el tsunami más destructivo jamás observado en Norteamérica. En algunos sectores de Alaska la corrida del agua alcanzó más de 67 metros de altura, unos 220 pies, especialmente en el área de Valdez Inlet/Shoup Bay. Las olas arrasaron costas de Alaska y causaron daños y muertes también en Canadá, Hawái, Oregón y California. La tragedia dejó un saldo de 131 muertos, de los cuales 122 fallecieron por el tsunami y 9 por el terremoto mismo, una cifra relativamente baja para un evento de semejante magnitud debido a la escasa densidad de población de la región. Aun así, el impacto fue devastador: hubo pérdidas materiales enormes, barrios enteros quedaron destruidos y Anchorage se convirtió en una imagen brutal de calles quebradas, edificios inclinados y terrenos literalmente tragados por la tierra. Todavía hoy, el llamado Gran Terremoto de Alaska sigue siendo una advertencia feroz sobre el poder de la naturaleza. No solo cambió la geografía del sur del estado: también impulsó avances decisivos en la investigación sísmica, en los estudios sobre subducción y en los sistemas modernos de alerta de tsunami. Fue uno de esos días en que la Tierra recordó, con una violencia imposible de olvidar, que bajo nuestros pies nada es verdaderamente inmóvil. #Alaska #Terremoto #Tsunami #Historia #Catástrofe #Anchorage #Sismo #Naturaleza #Memoria #MendozAntigua
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viernes, 27 de marzo de 2020
El 27 de Marzo de 1964, El día en que Alaska se partió en dos: el megaterremoto de 1964 que hizo temblar la Tierra y desató un tsunami monstruoso
El 27 de marzo de 1964, a las 17:36 de la tarde, Alaska sufrió una de las peores catástrofes naturales del siglo XX. Aquel Viernes Santo, un gigantesco sismo de magnitud 9,2 sacudió la región de Prince William Sound, con foco a unos 25 kilómetros de profundidad, y se convirtió en el terremoto más fuerte jamás registrado en Estados Unidos y el segundo más poderoso medido en el mundo desde que existen instrumentos modernos. La sacudida duró alrededor de 4 minutos y medio a 5 minutos, una eternidad para quienes la vivieron. No fue solamente un terremoto: fue una transformación brutal del paisaje. El choque entre la placa del Pacífico y la placa Norteamericana provocó un enorme deslizamiento en la zona de subducción, levantando algunas áreas y hundiendo otras. En el sur de Alaska, la tierra cambió de nivel de forma permanente, se desencadenaron deslizamientos masivos y el terreno colapsó en numerosos puntos. En Anchorage, la ciudad más grande del estado, gran parte de la destrucción estuvo vinculada a suelos débiles y derrumbes: en Turnagain Heights se perdieron cerca de 200 acres y unas 75 casas. El desastre no terminó en la sacudida. El terremoto generó el tsunami más destructivo jamás observado en Norteamérica. En algunos sectores de Alaska la corrida del agua alcanzó más de 67 metros de altura, unos 220 pies, especialmente en el área de Valdez Inlet/Shoup Bay. Las olas arrasaron costas de Alaska y causaron daños y muertes también en Canadá, Hawái, Oregón y California. La tragedia dejó un saldo de 131 muertos, de los cuales 122 fallecieron por el tsunami y 9 por el terremoto mismo, una cifra relativamente baja para un evento de semejante magnitud debido a la escasa densidad de población de la región. Aun así, el impacto fue devastador: hubo pérdidas materiales enormes, barrios enteros quedaron destruidos y Anchorage se convirtió en una imagen brutal de calles quebradas, edificios inclinados y terrenos literalmente tragados por la tierra. Todavía hoy, el llamado Gran Terremoto de Alaska sigue siendo una advertencia feroz sobre el poder de la naturaleza. No solo cambió la geografía del sur del estado: también impulsó avances decisivos en la investigación sísmica, en los estudios sobre subducción y en los sistemas modernos de alerta de tsunami. Fue uno de esos días en que la Tierra recordó, con una violencia imposible de olvidar, que bajo nuestros pies nada es verdaderamente inmóvil. #Alaska #Terremoto #Tsunami #Historia #Catástrofe #Anchorage #Sismo #Naturaleza #Memoria #MendozAntigua
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