jueves, 12 de marzo de 2020

El 12 de Marzo de 2008, en Buenos Aires. Se fue un grande sin dobleces: Jorge Guinzburg, el hombre que hizo del humor una forma honesta de decir la verdad


El 12 de marzo de 2008, en Buenos Aires, murió Jorge Guinzburg, una de las figuras más queridas e inteligentes del periodismo y el humor argentino. Había nacido el 3 de febrero de 1949 y construyó una carrera singular, marcada por la agudeza, la ironía, la sensibilidad y una forma de trabajar respetada incluso por quienes no pensaban como él. Su nombre quedó asociado a un estilo propio: hacer reír sin resignar inteligencia y ejercer el periodismo sin perder humanidad. Criado en el barrio porteño de Flores, compartió parte de su juventud con su amigo de toda la vida, Carlos Abrevaya. Ambos empezaron la carrera de Derecho, pero Guinzburg pronto tomó otro rumbo: dejó esa formación, se acercó al arte dramático y, mientras buscaba su camino, trabajó como taxista. En los primeros años de los setenta, junto a Abrevaya, comenzó a destacarse como libretista en Radio Rivadavia para Juan Carlos Mareco, y más tarde también trabajó para Cacho Fontana, iniciando así una trayectoria que ya mostraba su talento para el humor escrito. El salto a la gráfica fue decisivo. En 1972 ingresó a Satiricón, una revista emblemática por su irreverencia y su aire intelectual, y después se consolidó en Clarín con la tira “Diógenes y el Linyera”, creada junto a Abrevaya y dibujada por Tabaré. También integró la histórica revista Humor, otro espacio clave del humor político y cultural argentino. Todo eso lo fue convirtiendo en una voz cada vez más reconocible dentro del periodismo con humor y del humor con pensamiento. En televisión dejó una marca profunda. En 1982 escribió libretos para Tato Bores, y pocos años más tarde fue una de las caras fundamentales de “La noticia rebelde”, estrenada en 1986. Ese programa fue una bisagra: mezcló información, ironía y mirada crítica en una Argentina que todavía estaba reaprendiendo a respirar en democracia. Más adelante llegarían ciclos inolvidables como “Peor es nada”, “La Biblia y el calefón” y “Mañanas informales”, donde Guinzburg terminó de mostrar toda su versatilidad como conductor, entrevistador y humorista. Su muerte ocurrió a los 59 años, después de haber sido internado en la clínica Mater Dei. Las crónicas de entonces señalaron complicaciones respiratorias vinculadas a un cáncer de pulmón. Se fue apenas días antes del regreso de “Mañanas informales”, cuando todavía estaba en plena actividad y seguía siendo una presencia central en los medios argentinos. Pero el verdadero legado de Jorge Guinzburg va más allá de los programas que hizo. Queda en una forma de mirar el país, de hacer preguntas, de burlarse sin crueldad y de sostener códigos en un oficio que muchas veces premia lo contrario. Por eso su ausencia todavía duele: porque no se fue solo un conductor brillante, sino un hombre que entendió que el humor también podía ser elegancia, inteligencia y decencia. #JorgeGuinzburg #HumorArgentino #Periodismo #LaNoticiaRebelde #PeorEsNada #LaBibliaYElCalefon #MañanasInformales #TelevisionArgentina #MendozAntigua

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