A la 1:07 de la madrugada del 7 de agosto de 1956, mientras Cali dormía y Colombia se preparaba para conmemorar la Batalla de Boyacá, un estruendo gigantesco transformó en segundos una parte de la ciudad en un paisaje de ruinas, fuego y muerte. Siete vehículos de una caravana militar procedente de Buenaventura habían quedado estacionados en las inmediaciones del Batallón Codazzi y del Ferrocarril del Pacífico. Transportaban 1.053 cajas con aproximadamente 42 toneladas de dinamita, una carga destinada a las grandes obras públicas que el gobierno desarrollaba en Bogotá. Horas después, por una causa que siete décadas más tarde continúa sin demostrarse definitivamente, el cargamento explotó La onda expansiva fue brutal. Cuarenta y una manzanas quedaron destruidas o gravemente afectadas; desaparecieron instalaciones del Batallón Codazzi, la Policía Militar y la Tercera Brigada, mientras sectores de San Nicolás, El Porvenir, El Hoyo, El Piloto, Fátima y Jorge Isaacs quedaron convertidos en escombros. La histórica Plaza de Mercado Belmonte también desapareció. Crónicas posteriores asociaron la detonación con un movimiento de magnitud 4,3, perceptible incluso fuera de Cali. Cuando amaneció, los sobrevivientes pudieron dimensionar una destrucción que muchos compararon con un escenario de guerra. Ni siquiera hoy existe una cifra indiscutida de víctimas. Una reconstrucción histórica del Banco de la República establece más de 1.300 muertos y alrededor de 4.000 heridos, pero otras investigaciones, testimonios y conmemoraciones oficiales de Cali elevan el saldo hasta aproximadamente 4.000 fallecidos y 12.000 heridos. La dificultad para identificar restos, la existencia de numerosos viajeros en la zona y la magnitud del desastre hicieron prácticamente imposible cerrar un balance definitivo. El sacerdote Alfonso Hurtado Galvis, convertido en uno de los grandes símbolos humanos de aquella jornada por participar durante horas en rescates, entierros y asistencia a sobrevivientes, afirmaría posteriormente haber presenciado el entierro de 3.725 cráneos en una fosa común del Cementerio Central; se trata de su testimonio personal y no de un registro oficial de fallecidos. La solidaridad llegó rápidamente. Bomberos, Cruz Roja, Ejército, Iglesia y ciudadanos trabajaron entre los escombros. También hubo asistencia extranjera. Canadá aportó viviendas prefabricadas de aluminio, varias de las cuales terminaron formando parte del sector popularmente conocido como el “Pueblo de Lata”, mientras Venezuela contribuyó con la Unidad Residencial República de Venezuela, destinada a familias damnificadas. Años después, la Ley 179 de 1959 dio marco jurídico a la Fundación Ciudad de Cali y estableció mecanismos para adjudicar viviendas a quienes habían perdido sus hogares; incluso contempló becas para hijos huérfanos de damnificados. Pero la tragedia también quedó atrapada en la turbulenta política colombiana. El presidente Gustavo Rojas Pinilla llegó a considerar la posibilidad de un atentado contra su gobierno. Apenas dos semanas antes, Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez habían firmado en España el Pacto de Benidorm, acuerdo que abriría el camino hacia el futuro Frente Nacional. Surgieron entonces versiones sobre sabotaje político, un disparo accidental, el recalentamiento de un vehículo e incluso una colilla de cigarrillo. Ninguna explicación consiguió demostrar definitivamente cómo comenzó la reacción que hizo estallar aquel gigantesco cargamento. Setenta años después, aquel 7 de agosto continúa siendo una cicatriz abierta en la memoria de Cali. Una ciudad que durante unos segundos creyó desaparecer y que, entre miles de muertos, familias destruidas y barrios reducidos a polvo, tuvo que comenzar otra vez. La explosión no solo modificó calles y edificios: impulsó nuevos barrios, planes de vivienda y una reconstrucción urbana que transformó para siempre la capital del Valle del Cauca. A las 1:07 de aquella madrugada, 42 toneladas de dinamita dividieron la historia de Cali en un antes y un después. #Cali #Cali1956 #ExplosiónDeCali #7DeAgosto #HistoriaDeColombia #Colombia #MemoriaHistórica #TragediaDeCali #ValleDelCauca #Historia #Efemérides #ArchivoHistórico #FotografíaHistórica #GustavoRojasPinilla #AlfonsoHurtadoGalvis #CaliExplosion #ColombiaHistory #HistoricalMemory #History #August7 #HistoricDisaster #LatinAmericanHistory #CaliColombia #HistoryPhotography
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viernes, 7 de agosto de 2020
7 DE AGOSTO DE 1956: LA MADRUGADA EN QUE 42 TONELADAS DE DINAMITA PARTIERON CALI EN DOS
A la 1:07 de la madrugada del 7 de agosto de 1956, mientras Cali dormía y Colombia se preparaba para conmemorar la Batalla de Boyacá, un estruendo gigantesco transformó en segundos una parte de la ciudad en un paisaje de ruinas, fuego y muerte. Siete vehículos de una caravana militar procedente de Buenaventura habían quedado estacionados en las inmediaciones del Batallón Codazzi y del Ferrocarril del Pacífico. Transportaban 1.053 cajas con aproximadamente 42 toneladas de dinamita, una carga destinada a las grandes obras públicas que el gobierno desarrollaba en Bogotá. Horas después, por una causa que siete décadas más tarde continúa sin demostrarse definitivamente, el cargamento explotó La onda expansiva fue brutal. Cuarenta y una manzanas quedaron destruidas o gravemente afectadas; desaparecieron instalaciones del Batallón Codazzi, la Policía Militar y la Tercera Brigada, mientras sectores de San Nicolás, El Porvenir, El Hoyo, El Piloto, Fátima y Jorge Isaacs quedaron convertidos en escombros. La histórica Plaza de Mercado Belmonte también desapareció. Crónicas posteriores asociaron la detonación con un movimiento de magnitud 4,3, perceptible incluso fuera de Cali. Cuando amaneció, los sobrevivientes pudieron dimensionar una destrucción que muchos compararon con un escenario de guerra. Ni siquiera hoy existe una cifra indiscutida de víctimas. Una reconstrucción histórica del Banco de la República establece más de 1.300 muertos y alrededor de 4.000 heridos, pero otras investigaciones, testimonios y conmemoraciones oficiales de Cali elevan el saldo hasta aproximadamente 4.000 fallecidos y 12.000 heridos. La dificultad para identificar restos, la existencia de numerosos viajeros en la zona y la magnitud del desastre hicieron prácticamente imposible cerrar un balance definitivo. El sacerdote Alfonso Hurtado Galvis, convertido en uno de los grandes símbolos humanos de aquella jornada por participar durante horas en rescates, entierros y asistencia a sobrevivientes, afirmaría posteriormente haber presenciado el entierro de 3.725 cráneos en una fosa común del Cementerio Central; se trata de su testimonio personal y no de un registro oficial de fallecidos. La solidaridad llegó rápidamente. Bomberos, Cruz Roja, Ejército, Iglesia y ciudadanos trabajaron entre los escombros. También hubo asistencia extranjera. Canadá aportó viviendas prefabricadas de aluminio, varias de las cuales terminaron formando parte del sector popularmente conocido como el “Pueblo de Lata”, mientras Venezuela contribuyó con la Unidad Residencial República de Venezuela, destinada a familias damnificadas. Años después, la Ley 179 de 1959 dio marco jurídico a la Fundación Ciudad de Cali y estableció mecanismos para adjudicar viviendas a quienes habían perdido sus hogares; incluso contempló becas para hijos huérfanos de damnificados. Pero la tragedia también quedó atrapada en la turbulenta política colombiana. El presidente Gustavo Rojas Pinilla llegó a considerar la posibilidad de un atentado contra su gobierno. Apenas dos semanas antes, Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez habían firmado en España el Pacto de Benidorm, acuerdo que abriría el camino hacia el futuro Frente Nacional. Surgieron entonces versiones sobre sabotaje político, un disparo accidental, el recalentamiento de un vehículo e incluso una colilla de cigarrillo. Ninguna explicación consiguió demostrar definitivamente cómo comenzó la reacción que hizo estallar aquel gigantesco cargamento. Setenta años después, aquel 7 de agosto continúa siendo una cicatriz abierta en la memoria de Cali. Una ciudad que durante unos segundos creyó desaparecer y que, entre miles de muertos, familias destruidas y barrios reducidos a polvo, tuvo que comenzar otra vez. La explosión no solo modificó calles y edificios: impulsó nuevos barrios, planes de vivienda y una reconstrucción urbana que transformó para siempre la capital del Valle del Cauca. A las 1:07 de aquella madrugada, 42 toneladas de dinamita dividieron la historia de Cali en un antes y un después. #Cali #Cali1956 #ExplosiónDeCali #7DeAgosto #HistoriaDeColombia #Colombia #MemoriaHistórica #TragediaDeCali #ValleDelCauca #Historia #Efemérides #ArchivoHistórico #FotografíaHistórica #GustavoRojasPinilla #AlfonsoHurtadoGalvis #CaliExplosion #ColombiaHistory #HistoricalMemory #History #August7 #HistoricDisaster #LatinAmericanHistory #CaliColombia #HistoryPhotography
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