Entre 1918 y 1943, la historia del petróleo argentino no se jugó solamente en los pozos, sino también en las destilerías, los surtidores, los depósitos, los precios y la venta al público. Ese tramo del negocio —conocido como downstream, es decir, la refinación, distribución y comercialización de combustibles— fue el escenario de una disputa decisiva entre el Estado argentino, las empresas privadas y los grandes trust petroleros internacionales. La historia venía de antes. En 1906, el empresario austríaco Emilio Schiffner instaló en Campana, provincia de Buenos Aires, una pequeña refinería que trabajaba con materias primas importadas. Allí comenzó a tomar forma una actividad clave: la destilación del petróleo. De ese proceso no salía únicamente nafta, sino también otros derivados esenciales, como gasoil, kerosene, fuel oil, asfaltos y solventes. La nafta inicial, obtenida mediante un calentamiento moderado del crudo, era todavía un producto primario, cuya calidad dependía del tipo de hidrocarburo procesado. Más tarde, YPF la denominaría nafta industrial y la utilizaría como disolvente. En 1911, aquella planta de Campana pasó a manos de la West India Oil Company, conocida como WICO, subsidiaria de la Standard Oil de New Jersey. Con esa operación, la compañía se convirtió en la gran protagonista del mercado local. Según Petrotecnia, WICO amplió la refinería de Campana y hacia 1916 llegó a abastecer más del 90% del mercado argentino de derivados del petróleo, ya fuera con productos importados o elaborados en el país a partir de crudos extranjeros. Desde esa posición dominante, WICO podía influir sobre los precios minoristas de la nafta y el kerosene. En momentos de escasez, ese poder se volvía especialmente sensible: los valores subían, los usuarios protestaban y el combustible comenzaba a ser visto no solo como una mercancía, sino como un bien estratégico para la economía nacional. La respuesta estatal empezó a consolidarse con los yacimientos patagónicos. En 1913, en Comodoro Rivadavia, comenzó la destilación de productos argentinos para abastecer necesidades locales. En 1919, una planta de bandera nacional inició una actividad similar en Plaza Huincul, Neuquén. Eran instalaciones de escala reducida, pensadas para procesar crudos cerca de los yacimientos y cubrir consumos regionales. Pero el país necesitaba mucho más. El giro fundamental llegó con YPF. El 3 de junio de 1922, durante la presidencia del radical Hipólito Yrigoyen, se creó por decreto la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Poco después, ya bajo el gobierno de Marcelo T. de Alvear, el general e ingeniero Enrique Mosconi asumió la conducción de la empresa y convirtió al petróleo en una causa de soberanía económica. Argentina.gob.ar recuerda que bajo Mosconi comenzó a hablarse de “nacionalismo petrolero”, con YPF entendida como herramienta para garantizar la soberanía nacional. La gran apuesta de Mosconi fue integrar todas las etapas del negocio: extracción, refinación, transporte y venta. Esa estrategia se hizo visible el 23 de diciembre de 1925, cuando YPF inauguró la Destilería de La Plata, ubicada en Ensenada, cerca del principal centro consumidor del país. La planta marcó un antes y un después: permitió aumentar la producción de destilados livianos, especialmente naftas, y su capacidad superó a la de las demás refinerías argentinas sumadas. Para 1930, YPF distribuía sus productos mediante 12 plantas de almacenaje y 2.320 surtidores repartidos entre la Capital Federal y el resto del país. Entre 1906 y 1943, el mapa refinador argentino fue creciendo de manera acelerada. A la pionera planta de Campana se sumaron Comodoro Rivadavia, Plaza Huincul, La Plata, Campo Durán, Elordi, Dock Sud, Godoy Cruz, San Lorenzo y Luján de Cuyo. La refinería de Godoy Cruz, inaugurada en 1936, sería reemplazada hacia 1940/1941 por la de Luján de Cuyo, que llegó a convertirse en la segunda refinería más importante del país. Petrotecnia señala que Luján de Cuyo nació en 1940 y, tras ampliaciones posteriores, pasó a operar con crudos cuyanos y neuquinos. El otro gran actor privado fue Shell, que ingresó al país en la década de 1910 a través de la Anglo Mexican Petroleum Products Company. En sus comienzos importaba combustibles y abastecía, entre otros clientes, a ferrocarriles británicos, frigoríficos y compañías eléctricas. La propia Shell Argentina recuerda que en 1922 lanzó su primera marca de nafta, Energina, y que en 1923 inauguró el depósito de Casa Amarilla, en La Boca, conectado con vagones tanque desde Dock Sud. En 1931, Shell inauguró su refinería de Dock Sud, construida por Diadema Argentina S.A. La obra demandó alrededor de diez meses y una inversión millonaria; procesaba unas mil toneladas diarias de crudo y permitió lanzar al mercado combustibles elaborados localmente, cuando antes muchos subproductos eran importados. Mientras tanto, la Argentina cambiaba a toda velocidad. El automóvil dejaba de ser una rareza de élite y se convertía en símbolo de modernidad urbana. El crecimiento del parque automotor, la industrialización incipiente, los ferrocarriles, las usinas, las fábricas y los hogares multiplicaron la demanda de combustibles. Petrotecnia señala que hacia mediados de la década de 1920 el país importaba anualmente más de 360 millones de litros de nafta, 94 millones de litros de kerosene y 250.000 toneladas de fuel oil, en un contexto en el que el parque automotor rondaba las 179.800 unidades. La refinación también evolucionó. Los avances tecnológicos permitieron obtener gasolinas más puras, más estables y con mejores propiedades antidetonantes, necesarias para motores cada vez más exigentes. La relación fue directa: a medida que mejoraban los automóviles, también debía mejorar la calidad de la nafta. El consumo argentino de combustibles pasó de más de 5 millones de toneladas en 1922 a más de 10 millones hacia comienzos de la década de 1940, lo que muestra la enorme expansión del mercado. Esa transformación también llegó al surtidor. Los nuevos equipos permitían filtrar impurezas y mostrar al automovilista cuántos litros cargaba. En los años veinte comenzaron a aparecer surtidores importados, entre ellos los de la marca Wayne Pump Company, representados por Torcuato Di Tella. Luego, mediante acuerdos industriales, la empresa SIAM empezó a fabricar surtidores en el país. Desde 1927, por contrato con YPF, los surtidores SIAM se incorporaron a la red de venta de la empresa estatal. La tabla muestra algo revelador: WICO ya no era la única reina del mercado. Shell había logrado una red de surtidores incluso mayor, mientras YPF todavía ocupaba una posición minoritaria frente a las petroleras extranjeras. Sin embargo, el avance estatal empezaba a modificar las reglas de juego. El punto de quiebre llegó hacia 1929, cuando YPF dejó atrás el contrato de comercialización con la firma F. J. Auger y empezó a vender por cuenta propia sus productos refinados. Mosconi trazó entonces una estrategia doble: aumentar la capacidad de refinación y reducir el precio de la nafta. Como la crisis económica internacional dificultó nuevas grandes obras, concentró su ofensiva en el precio. En junio de 1929, YPF aplicó una primera rebaja de dos centavos por litro. La medida buscaba beneficiar al consumidor, disputar mercado y golpear el poder de los trust petroleros. Según El Historiador, una vez integrada en extracción, refinación y comercialización, YPF pudo enfrentar una verdadera “guerra de precios” y obligar a distribuidoras extranjeras como Standard Oil y Dutch-Shell a moderar sus pretensiones. El precio de la nafta variaba entonces entre 24 y 34 centavos por litro, según la región, por fletes e impuestos locales. Mosconi avanzó con nuevas rebajas hasta lograr un precio base unificado de 20 centavos por litro, aunque en la práctica persistieron diferencias provinciales por cargas fiscales. Aquella política hizo que Argentina tuviera durante varios años una de las naftas más baratas de América Latina. La disputa no era solamente comercial. Era política, económica e ideológica. Para las compañías privadas, el petróleo era un negocio. Para Mosconi y buena parte del radicalismo, era un recurso estratégico que debía servir al desarrollo nacional, abaratar los costos productivos y proteger al consumidor. El debate venía cargado de tensiones internacionales: investigaciones históricas recuerdan que, tras la Primera Guerra Mundial, la dependencia energética argentina del carbón importado hizo que el petróleo se volviera un tema central de soberanía, industria y poder estatal. Por eso, la historia del downstream entre 1918 y 1943 no habla solo de destilerías, surtidores y marcas comerciales. Habla de una Argentina que descubrió que el combustible movía mucho más que motores: movía trenes, fábricas, cosechas, ciudades, precios, soberanía y poder. En esa batalla entre YPF, WICO, Shell y otras compañías importadoras, se jugó una parte decisiva del siglo XX argentino: la pelea por decidir si el petróleo sería apenas una mercancía o una herramienta para construir autonomía nacional. #YPF #Mosconi #PetróleoArgentino #HistoriaArgentina #NacionalismoPetrolero #StandardOil #ShellArgentina #WICO #NaftaNacional #SoberaníaEnergética #Radicalismo #IndustriaArgentina #MendozAntigua #OilHistory #ArgentineOil #EnergySovereignty #FuelHistory #IndustrialHistory #LatinAmericaHistory (Fuente: https://bdigital.uncu.edu.ar/)
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lunes, 4 de mayo de 2026
YPF contra los gigantes del petróleo: la guerra de la nafta que cambió la Argentina
Entre 1918 y 1943, la historia del petróleo argentino no se jugó solamente en los pozos, sino también en las destilerías, los surtidores, los depósitos, los precios y la venta al público. Ese tramo del negocio —conocido como downstream, es decir, la refinación, distribución y comercialización de combustibles— fue el escenario de una disputa decisiva entre el Estado argentino, las empresas privadas y los grandes trust petroleros internacionales. La historia venía de antes. En 1906, el empresario austríaco Emilio Schiffner instaló en Campana, provincia de Buenos Aires, una pequeña refinería que trabajaba con materias primas importadas. Allí comenzó a tomar forma una actividad clave: la destilación del petróleo. De ese proceso no salía únicamente nafta, sino también otros derivados esenciales, como gasoil, kerosene, fuel oil, asfaltos y solventes. La nafta inicial, obtenida mediante un calentamiento moderado del crudo, era todavía un producto primario, cuya calidad dependía del tipo de hidrocarburo procesado. Más tarde, YPF la denominaría nafta industrial y la utilizaría como disolvente. En 1911, aquella planta de Campana pasó a manos de la West India Oil Company, conocida como WICO, subsidiaria de la Standard Oil de New Jersey. Con esa operación, la compañía se convirtió en la gran protagonista del mercado local. Según Petrotecnia, WICO amplió la refinería de Campana y hacia 1916 llegó a abastecer más del 90% del mercado argentino de derivados del petróleo, ya fuera con productos importados o elaborados en el país a partir de crudos extranjeros. Desde esa posición dominante, WICO podía influir sobre los precios minoristas de la nafta y el kerosene. En momentos de escasez, ese poder se volvía especialmente sensible: los valores subían, los usuarios protestaban y el combustible comenzaba a ser visto no solo como una mercancía, sino como un bien estratégico para la economía nacional. La respuesta estatal empezó a consolidarse con los yacimientos patagónicos. En 1913, en Comodoro Rivadavia, comenzó la destilación de productos argentinos para abastecer necesidades locales. En 1919, una planta de bandera nacional inició una actividad similar en Plaza Huincul, Neuquén. Eran instalaciones de escala reducida, pensadas para procesar crudos cerca de los yacimientos y cubrir consumos regionales. Pero el país necesitaba mucho más. El giro fundamental llegó con YPF. El 3 de junio de 1922, durante la presidencia del radical Hipólito Yrigoyen, se creó por decreto la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Poco después, ya bajo el gobierno de Marcelo T. de Alvear, el general e ingeniero Enrique Mosconi asumió la conducción de la empresa y convirtió al petróleo en una causa de soberanía económica. Argentina.gob.ar recuerda que bajo Mosconi comenzó a hablarse de “nacionalismo petrolero”, con YPF entendida como herramienta para garantizar la soberanía nacional. La gran apuesta de Mosconi fue integrar todas las etapas del negocio: extracción, refinación, transporte y venta. Esa estrategia se hizo visible el 23 de diciembre de 1925, cuando YPF inauguró la Destilería de La Plata, ubicada en Ensenada, cerca del principal centro consumidor del país. La planta marcó un antes y un después: permitió aumentar la producción de destilados livianos, especialmente naftas, y su capacidad superó a la de las demás refinerías argentinas sumadas. Para 1930, YPF distribuía sus productos mediante 12 plantas de almacenaje y 2.320 surtidores repartidos entre la Capital Federal y el resto del país. Entre 1906 y 1943, el mapa refinador argentino fue creciendo de manera acelerada. A la pionera planta de Campana se sumaron Comodoro Rivadavia, Plaza Huincul, La Plata, Campo Durán, Elordi, Dock Sud, Godoy Cruz, San Lorenzo y Luján de Cuyo. La refinería de Godoy Cruz, inaugurada en 1936, sería reemplazada hacia 1940/1941 por la de Luján de Cuyo, que llegó a convertirse en la segunda refinería más importante del país. Petrotecnia señala que Luján de Cuyo nació en 1940 y, tras ampliaciones posteriores, pasó a operar con crudos cuyanos y neuquinos. El otro gran actor privado fue Shell, que ingresó al país en la década de 1910 a través de la Anglo Mexican Petroleum Products Company. En sus comienzos importaba combustibles y abastecía, entre otros clientes, a ferrocarriles británicos, frigoríficos y compañías eléctricas. La propia Shell Argentina recuerda que en 1922 lanzó su primera marca de nafta, Energina, y que en 1923 inauguró el depósito de Casa Amarilla, en La Boca, conectado con vagones tanque desde Dock Sud. En 1931, Shell inauguró su refinería de Dock Sud, construida por Diadema Argentina S.A. La obra demandó alrededor de diez meses y una inversión millonaria; procesaba unas mil toneladas diarias de crudo y permitió lanzar al mercado combustibles elaborados localmente, cuando antes muchos subproductos eran importados. Mientras tanto, la Argentina cambiaba a toda velocidad. El automóvil dejaba de ser una rareza de élite y se convertía en símbolo de modernidad urbana. El crecimiento del parque automotor, la industrialización incipiente, los ferrocarriles, las usinas, las fábricas y los hogares multiplicaron la demanda de combustibles. Petrotecnia señala que hacia mediados de la década de 1920 el país importaba anualmente más de 360 millones de litros de nafta, 94 millones de litros de kerosene y 250.000 toneladas de fuel oil, en un contexto en el que el parque automotor rondaba las 179.800 unidades. La refinación también evolucionó. Los avances tecnológicos permitieron obtener gasolinas más puras, más estables y con mejores propiedades antidetonantes, necesarias para motores cada vez más exigentes. La relación fue directa: a medida que mejoraban los automóviles, también debía mejorar la calidad de la nafta. El consumo argentino de combustibles pasó de más de 5 millones de toneladas en 1922 a más de 10 millones hacia comienzos de la década de 1940, lo que muestra la enorme expansión del mercado. Esa transformación también llegó al surtidor. Los nuevos equipos permitían filtrar impurezas y mostrar al automovilista cuántos litros cargaba. En los años veinte comenzaron a aparecer surtidores importados, entre ellos los de la marca Wayne Pump Company, representados por Torcuato Di Tella. Luego, mediante acuerdos industriales, la empresa SIAM empezó a fabricar surtidores en el país. Desde 1927, por contrato con YPF, los surtidores SIAM se incorporaron a la red de venta de la empresa estatal. La tabla muestra algo revelador: WICO ya no era la única reina del mercado. Shell había logrado una red de surtidores incluso mayor, mientras YPF todavía ocupaba una posición minoritaria frente a las petroleras extranjeras. Sin embargo, el avance estatal empezaba a modificar las reglas de juego. El punto de quiebre llegó hacia 1929, cuando YPF dejó atrás el contrato de comercialización con la firma F. J. Auger y empezó a vender por cuenta propia sus productos refinados. Mosconi trazó entonces una estrategia doble: aumentar la capacidad de refinación y reducir el precio de la nafta. Como la crisis económica internacional dificultó nuevas grandes obras, concentró su ofensiva en el precio. En junio de 1929, YPF aplicó una primera rebaja de dos centavos por litro. La medida buscaba beneficiar al consumidor, disputar mercado y golpear el poder de los trust petroleros. Según El Historiador, una vez integrada en extracción, refinación y comercialización, YPF pudo enfrentar una verdadera “guerra de precios” y obligar a distribuidoras extranjeras como Standard Oil y Dutch-Shell a moderar sus pretensiones. El precio de la nafta variaba entonces entre 24 y 34 centavos por litro, según la región, por fletes e impuestos locales. Mosconi avanzó con nuevas rebajas hasta lograr un precio base unificado de 20 centavos por litro, aunque en la práctica persistieron diferencias provinciales por cargas fiscales. Aquella política hizo que Argentina tuviera durante varios años una de las naftas más baratas de América Latina. La disputa no era solamente comercial. Era política, económica e ideológica. Para las compañías privadas, el petróleo era un negocio. Para Mosconi y buena parte del radicalismo, era un recurso estratégico que debía servir al desarrollo nacional, abaratar los costos productivos y proteger al consumidor. El debate venía cargado de tensiones internacionales: investigaciones históricas recuerdan que, tras la Primera Guerra Mundial, la dependencia energética argentina del carbón importado hizo que el petróleo se volviera un tema central de soberanía, industria y poder estatal. Por eso, la historia del downstream entre 1918 y 1943 no habla solo de destilerías, surtidores y marcas comerciales. Habla de una Argentina que descubrió que el combustible movía mucho más que motores: movía trenes, fábricas, cosechas, ciudades, precios, soberanía y poder. En esa batalla entre YPF, WICO, Shell y otras compañías importadoras, se jugó una parte decisiva del siglo XX argentino: la pelea por decidir si el petróleo sería apenas una mercancía o una herramienta para construir autonomía nacional. #YPF #Mosconi #PetróleoArgentino #HistoriaArgentina #NacionalismoPetrolero #StandardOil #ShellArgentina #WICO #NaftaNacional #SoberaníaEnergética #Radicalismo #IndustriaArgentina #MendozAntigua #OilHistory #ArgentineOil #EnergySovereignty #FuelHistory #IndustrialHistory #LatinAmericaHistory (Fuente: https://bdigital.uncu.edu.ar/)
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