El 28 de septiembre de 1928 quedó para la historia como la fecha tradicionalmente asociada a uno de los descubrimientos científicos más trascendentes del siglo XX: la penicilina. En un pequeño y atestado laboratorio del St Mary’s Hospital de Londres, el bacteriólogo escocés Alexander Fleming observó algo que cualquier investigador menos atento podría haber arrojado a la basura: una placa con cultivos de estafilococos había sido contaminada accidentalmente por un hongo y, alrededor de aquella colonia de moho, las bacterias habían desaparecido o dejado de crecer. Aquella zona limpia era la señal de que el hongo estaba liberando una sustancia capaz de destruir o inhibir microorganismos. Fleming la bautizaría “penicilina”. Existe, sin embargo, una precisión histórica fascinante: aunque el 28 de septiembre se convirtió en la fecha clásica del descubrimiento y fue evocada posteriormente por el propio Fleming, la American Chemical Society reconstruye que la primera observación de la placa contaminada ocurrió al regresar de sus vacaciones, el 3 de septiembre de 1928; además, los cuadernos y relatos posteriores de Fleming presentan algunas contradicciones. Lo indiscutible es que durante septiembre de aquel año comenzó una revolución médica. Fleming había nacido el 6 de agosto de 1881 en Lochfield Farm, cerca de Darvel, Escocia, y desde 1901 quedó ligado al St Mary’s Hospital Medical School. Durante la Primera Guerra Mundial trabajó en un laboratorio dedicado al estudio de heridas en Boulogne, Francia, donde comprobó que algunos de los fuertes antisépticos utilizados sobre los soldados podían dañar los glóbulos blancos y los tejidos sin resolver adecuadamente las infecciones. Aquella experiencia reforzó su búsqueda de sustancias capaces de combatir bacterias con menor daño para el organismo. La casualidad ya había golpeado una vez la puerta de su laboratorio: en 1921 detectó en el moco nasal una sustancia capaz de destruir determinadas bacterias, a la que llamó lisozima; posteriormente fue hallada también en lágrimas, saliva, sangre y otros fluidos. Sin embargo, su acción resultó mucho más eficaz contra microorganismos relativamente inofensivos que contra muchos de los responsables de enfermedades humanas. Siete años después llegó el episodio decisivo. Fleming estudiaba estafilococos cuando una de sus placas quedó contaminada por Penicillium. Durante décadas el hongo fue conocido en esta historia como Penicillium notatum; investigaciones genéticas modernas identificaron la cepa original conservada de Fleming como Penicillium rubens, e incluso en 2020 científicos de Imperial College London, Oxford y CABI consiguieron secuenciar su genoma a partir de muestras preservadas durante décadas. Fleming cultivó el hongo, comprobó que aquel “jugo de moho” actuaba contra diferentes bacterias y publicó sus resultados en junio de 1929 en el British Journal of Experimental Pathology. Pero quedaba un gigantesco obstáculo: la penicilina era inestable, difícil de aislar y prácticamente imposible de producir en cantidades suficientes para convertirla en medicamento. Durante años el hallazgo permaneció mucho más cerca de una curiosidad de laboratorio que de una terapia capaz de salvar pacientes. El siguiente capítulo sería una obra colectiva. Desde fines de la década de 1930, Howard Florey, Ernst Boris Chain, Norman Heatley, Edward Abraham y otros investigadores de Oxford retomaron el trabajo, consiguieron concentrar y purificar la sustancia y demostraron en 1940 que podía proteger a animales infectados. En febrero de 1941 el policía británico Albert Alexander recibió el tratamiento experimental: mejoró espectacularmente, aunque murió cuando se agotaron las escasas reservas disponibles. El desafío dejó entonces de ser demostrar que la penicilina funcionaba: había que fabricar cantidades enormes. La Segunda Guerra Mundial aceleró aquel esfuerzo. Científicos, gobiernos y compañías farmacéuticas británicas y estadounidenses desarrollaron nuevas técnicas de fermentación y selección de cepas; en Estados Unidos, incluso un Penicillium encontrado sobre un melón en Peoria ayudó a obtener variedades mucho más productivas. Para 1944 la fabricación había aumentado de tal manera que existían reservas suficientes para tratar a numerosos soldados aliados durante la campaña de Normandía. La producción estadounidense pasó de unos 21.000 millones de unidades en 1943 a 1,663 billones en 1944 y más de 6,8 billones en 1945. En 1945 Alexander Fleming, Howard Florey y Ernst Boris Chain recibieron conjuntamente el Premio Nobel de Fisiología o Medicina “por el descubrimiento de la penicilina y su efecto curativo en diversas enfermedades infecciosas”. La historia tampoco terminó allí: Fleming advirtió en su propia conferencia Nobel sobre el peligro de que un uso incorrecto favoreciera la resistencia de los microorganismos, una advertencia que conserva extraordinaria actualidad. Fleming murió de un ataque cardíaco en Londres el 11 de marzo de 1955; fue cremado y sus cenizas quedaron depositadas en la Catedral de San Pablo. Allí descansa el hombre que tuvo delante una placa aparentemente arruinada y comprendió que aquel accidente merecía ser investigado. La casualidad puso el moho sobre la placa; la observación, la ciencia y el trabajo posterior de numerosos investigadores transformaron aquella mancha inesperada en el comienzo de la era de los antibióticos. Fuente de origen y consulta: Nobel Prize – biografía y conferencia Nobel de Alexander Fleming; American Chemical Society, “Discovery and Development of Penicillin”; Science History Institute, biografías de Alexander Fleming, Howard Florey y Ernst Chain; Imperial College London; Scientific Reports, estudio genómico de la cepa original de Fleming; Imperial College Healthcare NHS Trust – Alexander Fleming Laboratory Museum; St Paul’s Cathedral. #AlexanderFleming #Penicilina #HistoriaDeLaMedicina #HistoriaDeLaCiencia #UnDíaComoHoy #28DeSeptiembre #Antibióticos #Ciencia #Medicina #Descubrimientos #AlexanderFleming #Penicillin #MedicalHistory #HistoryOfMedicine #ScienceHistory #Antibiotics #OnThisDay #ScientificDiscovery
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lunes, 28 de septiembre de 2026
28 DE SEPTIEMBRE DE 1928: EL MOHO QUE DESAFIÓ A LA MUERTE Y CAMBIÓ PARA SIEMPRE LA HISTORIA DE LA MEDICINA
El 28 de septiembre de 1928 quedó para la historia como la fecha tradicionalmente asociada a uno de los descubrimientos científicos más trascendentes del siglo XX: la penicilina. En un pequeño y atestado laboratorio del St Mary’s Hospital de Londres, el bacteriólogo escocés Alexander Fleming observó algo que cualquier investigador menos atento podría haber arrojado a la basura: una placa con cultivos de estafilococos había sido contaminada accidentalmente por un hongo y, alrededor de aquella colonia de moho, las bacterias habían desaparecido o dejado de crecer. Aquella zona limpia era la señal de que el hongo estaba liberando una sustancia capaz de destruir o inhibir microorganismos. Fleming la bautizaría “penicilina”. Existe, sin embargo, una precisión histórica fascinante: aunque el 28 de septiembre se convirtió en la fecha clásica del descubrimiento y fue evocada posteriormente por el propio Fleming, la American Chemical Society reconstruye que la primera observación de la placa contaminada ocurrió al regresar de sus vacaciones, el 3 de septiembre de 1928; además, los cuadernos y relatos posteriores de Fleming presentan algunas contradicciones. Lo indiscutible es que durante septiembre de aquel año comenzó una revolución médica. Fleming había nacido el 6 de agosto de 1881 en Lochfield Farm, cerca de Darvel, Escocia, y desde 1901 quedó ligado al St Mary’s Hospital Medical School. Durante la Primera Guerra Mundial trabajó en un laboratorio dedicado al estudio de heridas en Boulogne, Francia, donde comprobó que algunos de los fuertes antisépticos utilizados sobre los soldados podían dañar los glóbulos blancos y los tejidos sin resolver adecuadamente las infecciones. Aquella experiencia reforzó su búsqueda de sustancias capaces de combatir bacterias con menor daño para el organismo. La casualidad ya había golpeado una vez la puerta de su laboratorio: en 1921 detectó en el moco nasal una sustancia capaz de destruir determinadas bacterias, a la que llamó lisozima; posteriormente fue hallada también en lágrimas, saliva, sangre y otros fluidos. Sin embargo, su acción resultó mucho más eficaz contra microorganismos relativamente inofensivos que contra muchos de los responsables de enfermedades humanas. Siete años después llegó el episodio decisivo. Fleming estudiaba estafilococos cuando una de sus placas quedó contaminada por Penicillium. Durante décadas el hongo fue conocido en esta historia como Penicillium notatum; investigaciones genéticas modernas identificaron la cepa original conservada de Fleming como Penicillium rubens, e incluso en 2020 científicos de Imperial College London, Oxford y CABI consiguieron secuenciar su genoma a partir de muestras preservadas durante décadas. Fleming cultivó el hongo, comprobó que aquel “jugo de moho” actuaba contra diferentes bacterias y publicó sus resultados en junio de 1929 en el British Journal of Experimental Pathology. Pero quedaba un gigantesco obstáculo: la penicilina era inestable, difícil de aislar y prácticamente imposible de producir en cantidades suficientes para convertirla en medicamento. Durante años el hallazgo permaneció mucho más cerca de una curiosidad de laboratorio que de una terapia capaz de salvar pacientes. El siguiente capítulo sería una obra colectiva. Desde fines de la década de 1930, Howard Florey, Ernst Boris Chain, Norman Heatley, Edward Abraham y otros investigadores de Oxford retomaron el trabajo, consiguieron concentrar y purificar la sustancia y demostraron en 1940 que podía proteger a animales infectados. En febrero de 1941 el policía británico Albert Alexander recibió el tratamiento experimental: mejoró espectacularmente, aunque murió cuando se agotaron las escasas reservas disponibles. El desafío dejó entonces de ser demostrar que la penicilina funcionaba: había que fabricar cantidades enormes. La Segunda Guerra Mundial aceleró aquel esfuerzo. Científicos, gobiernos y compañías farmacéuticas británicas y estadounidenses desarrollaron nuevas técnicas de fermentación y selección de cepas; en Estados Unidos, incluso un Penicillium encontrado sobre un melón en Peoria ayudó a obtener variedades mucho más productivas. Para 1944 la fabricación había aumentado de tal manera que existían reservas suficientes para tratar a numerosos soldados aliados durante la campaña de Normandía. La producción estadounidense pasó de unos 21.000 millones de unidades en 1943 a 1,663 billones en 1944 y más de 6,8 billones en 1945. En 1945 Alexander Fleming, Howard Florey y Ernst Boris Chain recibieron conjuntamente el Premio Nobel de Fisiología o Medicina “por el descubrimiento de la penicilina y su efecto curativo en diversas enfermedades infecciosas”. La historia tampoco terminó allí: Fleming advirtió en su propia conferencia Nobel sobre el peligro de que un uso incorrecto favoreciera la resistencia de los microorganismos, una advertencia que conserva extraordinaria actualidad. Fleming murió de un ataque cardíaco en Londres el 11 de marzo de 1955; fue cremado y sus cenizas quedaron depositadas en la Catedral de San Pablo. Allí descansa el hombre que tuvo delante una placa aparentemente arruinada y comprendió que aquel accidente merecía ser investigado. La casualidad puso el moho sobre la placa; la observación, la ciencia y el trabajo posterior de numerosos investigadores transformaron aquella mancha inesperada en el comienzo de la era de los antibióticos. Fuente de origen y consulta: Nobel Prize – biografía y conferencia Nobel de Alexander Fleming; American Chemical Society, “Discovery and Development of Penicillin”; Science History Institute, biografías de Alexander Fleming, Howard Florey y Ernst Chain; Imperial College London; Scientific Reports, estudio genómico de la cepa original de Fleming; Imperial College Healthcare NHS Trust – Alexander Fleming Laboratory Museum; St Paul’s Cathedral. #AlexanderFleming #Penicilina #HistoriaDeLaMedicina #HistoriaDeLaCiencia #UnDíaComoHoy #28DeSeptiembre #Antibióticos #Ciencia #Medicina #Descubrimientos #AlexanderFleming #Penicillin #MedicalHistory #HistoryOfMedicine #ScienceHistory #Antibiotics #OnThisDay #ScientificDiscovery
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