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viernes, 26 de octubre de 2018

Cositas y costumbres de una Mendoza olvidada. El Último Tranvía........ (Rubén Lloveras)


El viernes 28 de enero de 1966 circulaba por última vez por las calles de la ciudad el tranvía, el interno Nº 50 de la línea 1 hacía el recorrido desde el Cementerio hasta Godoy Cruz y se detenía a las 20:30 horas en el garaje ubicado en av. San Martín al 255 para morir definitivamente. Los Andes en un sentido artículo lleno de emoción lo despedía en la edición del 1 de febrero. Los vecinos de la ciudad no volverían a sentir el golpe característico de las ruedas metálicas en las juntas de rieles. 
Ese valioso elemento que marcaría una época de progreso en la provincia, terminaría sus días como carrito “choripanero”, escuela u oficina de algún barrio de ayuda mutua.

martes, 23 de octubre de 2018

Cositas y costumbres de una Mendoza olvidada. Comienza a regir en toda la provincia la ley 1002 que establece el “Sábado Inglés obligatorio”. (Rubén Lloveras)


El primer sábado de enero de 1933, comienza a regir en toda la provincia la ley 1002 que establece el “Sábado Inglés obligatorio”. Todos los comerciantes cerrarán los negocios en beneficio de sus empleados, aunque la ley tiene ciertas contemplaciones en algunas tareas de la industria y el comercio que por cuestiones de producción deben mantener su actividad. 
Las multas oscilan de 20 a 50 pesos por persona empleada y si el infractor además incluye su trabajo personal, la pena se duplica. 
Ese “medio descanso” es recibido con mucho beneplácito por los empleados de comercio, que a partir de ese momento disfrutarán de paseos, recreaciones y quehaceres domésticos.
La Liga Mendocina de Fútbol se beneficia con la ley, y comienza a programar encuentros futbolísticos los días sábados a la tarde. Hecho que tiempo después pasa a la historia con el nombre de “el clásico del sábado”.

martes, 16 de octubre de 2018

Cositas y costumbres de una Mendoza olvidada. Los cuerpos de infantería y caballería (por Rubén Lloveras)


Los cuerpos de infantería y caballería se completaban, tanto los antiguos, como los de nueva creación.
El número 11 de San Juan, aumentó su número de plazas, con 300 reclutas tomados en uno o dos días, gracias a la estratagema de que se valió el Teniente Gobernador De la Rosa, festejando con misa solemne y corrida de toros y cañas, la noticia de una victoria obtenida por las armas de la patria, en el Perú contra el ejército español, noticia inventada para que aquella leva (reclutamiento) diera el resultado que se deseaba… (Fuente Recuerdos históricos sobre la provincia de Cuyo de Damián Hudson)

domingo, 14 de octubre de 2018

Cositas y costumbres de una Mendoza olvidada. La Constitución de la Provincia de Mendoza. (Rubén Lloveras)


En la reforma de la Constitución de Mendoza de 1895, tres partes son las características que la definen. Una de ellas es la creación del cargo de vicegobernador en la provincia. De esta reforma se tiende a ofrecer mayor independencia de acción a los poderes Ejecutivo y Legislativo, evitando la práctica usual de que sea el presidente de la legislatura quien reemplace al gobernador en casos de renuncia, enfermedad o fallecimiento.
La segunda característica es la separación del cuerpo legislativo, cámaras que pasan a ser el Senado y la de Diputados. La tercera, consiste en la creación de la Suprema Corte de Justicia, con dos cámaras de apelaciones, en reemplazo del Tribunal Supremo.
La constitución consta de 238 artículos y 100 incisos distribuidos en once secciones con veintiún capítulos.
Los primeros Senadores de la provincia son: Carlos Alurralde, Joaquín Villanueva, Nicolás Pontis, Samuel Villanueva, Joaquín Barraquero, Ricardo Palencia, Manuel Cruz Videla, Felipe Gibbs, Laureano Galigniana, Ramón Morán, Francisco Civit, Juan Ruiz, Diógenes Vargas, Pedro Arroyo, Jacinto Alvarez y José Salas.

sábado, 13 de octubre de 2018

Cositas y costumbres de una Mendoza olvidada. Cerro del Pilar. Cerro de la Gloria. (Por Rubén Lloveras)


En 1913 el cerro del Pilar pasa a llamarse Cerro de la Gloria, se destinan $120.000 para el consolidado de la base y el tratamiento de superficie del camino de acceso a la cúspide licitándose la construcción de obras de mampostería para la erección del Monumento al ejército Libertador. Se tiende un ramal ferroviario de trocha angosta que partiendo desde la estación Mendoza avanza por prolongación Las Heras (hoy Juan B. Justo) y llega al cerro transportando los grandes bloques de la obra escultórica.

En los años ‘20 ante las reiteradas quejas de los vecinos el tren y sus vías desaparecerían.

viernes, 12 de octubre de 2018

Cositas y costumbres de una Mendoza olvidada. Antonio Tormo “el cantor de las cosas nuestras” (Rubén Lloveras)


Antonio Tormo apodado “el cantor de las cosas nuestras”, nació en Mendoza en un caserío de la bodega Giol, el 18 de setiembre de 1913 y falleció en Buenos Aires, el 15 de noviembre del 2003.
Fue un importante cantante popular de las décadas del ‘40 y ’50. Sus variados ritmos de valses, rancheras, zambas, chacareras y demás, le dieron gran popularidad en la ascendente clase obrera de nuestra nación. 
La misma fue tal que según cuenta la leyenda, en la estación de trenes Retiro, lugar donde llegaban los trenes del interior del país, existió una pizzería con el nombre de “20 y 20”, que vendía la porción de pizza y un vaso de moscato a 20 centavos, los otros 20 centavos eran usados para escuchar en la fonola algún tema de Tormo.
Su importante repertorio tuvo marcados éxitos con canciones tituladas "El Jarillero", "Ay que se va", "Cuando no me quieras", "Los ejes de mi carreta", "Amémonos", "Mis harapos", "Mama vieja", “Las dos puntas”, que lo catapultaron a la fama, naciendo contrataciones en las radios y los importantes clubes de Buenos Aires, llegando su fama a Chile, Uruguay y Colombia.
A pesar de las tremendas ventas en cada composición que superaban el millón de copías, en 1950 la firma RCA Víctor mantenía que la popularidad del cantante había decaído y durante los primeros meses de ese año pospuso por diversos temas la grabación de la canción llamada “El rancho ‘e la cambicha”. En setiembre decidió hacer la inversión para que solo 50.000 copias salieran al mercado. Las mismas se agotaron en los primeros dos días de venta.
“El rancho ‘e la cambicha” se transformó en el título más vendido en la historia de nuestro país, alcanzando las cinco millones de copias entre su salida en 1950 a 1951, momento en que pasó a ser llamado “el cantor de los cabecitas”, apodo despectivo que utilizaban las clases medias y altas de Buenos Aires para designar a los migrantes provenientes de las provincias, que se trasladan masivamente a la capital del país para trabajar en las fábricas.
Cuando finalizaba la década del ’40 Antonio Tormo cantó en la popular pista embaldosada de Coronel Díaz y Olascoaga del Club Huracán Las Heras, audición que fue transmitida en vivo para toda la provincia por radio Aconcagua (hoy Radio Nacional).
Cuando la revolución de 1955 derrocó al general Perón, lamentablemente fue prohibido teniendo que exiliarse a pesar de no ser peronistas, la clase alta no le perdonó su popularidad, miles de discos fueron rotos en las puertas de las disqueras. 
En 1983 con el regreso de la democracia se reivindicaron sus canciones y regresó con todo éxito a su vida artística. 
Sus restos reposan en el popular cementerio de Chacarita.

jueves, 11 de octubre de 2018

Cositas y costumbres de una Mendoza olvidada. Estación Ferrocarril Andino. (Rubén Lloveras)

En 1884 cambia la ciudad. El emplazamiento de la Estación del ferrocarril Andino, obliga a la apertura de calles. Se expropian terrenos por valor de $19.983. Se abre la avenida Godoy Cruz (antes llamado el zanjón de don Rudecindo Ponce), calle General Paz, parte de la avenida Las Heras (avenida de circunvalación norte) y se extienden, hasta av. Godoy Cruz, todas las calles transversales. Se incorpora campo agreste al damero de la ciudad. La valorización incentiva las construcciones.

martes, 9 de octubre de 2018

Cositas y costumbres de una Mendoza olvidada. Confitería Sportman. Calle Garibaldi


En 1907 asume la gobernación Emilio Civit. El gobierno es acompañado por un ambiente desapacible; menudean las acusaciones sobre la actividad represiva de la policía. Se producen incidentes en lugares públicos cómo el promovido en la confitería Sportman por dos ciudadanos chilenos contra el Dr. Pedro Ortiz y que culmina con la desaparición de los dos chilenos y la detención por tres días de Ortiz.
Uno de los diferendos de mayor repercusión ocurre cuando una acordada municipal decide cambiar el nombre de la calle Paraná por el de Garibaldi, a manera de homenaje a Italia. La decisión enciende críticas masivas a punto tal que se produce una rechifla en el acto oficial y con posterioridad es arrancada la placa recordatoria del hecho. De todas formas el nombre subsiste hasta hoy.

domingo, 7 de octubre de 2018

Cositas y costumbres de una Mendoza olvidada En 1911 el ferrocarril aumenta sus servicios. (Por Rubén LLoveras)


El Trasandino fleta más frecuencias a las termas cordilleranas, con trenes diarios hasta Puente del Inca. Hacia Chile se puede viajar los días lunes, miércoles y viernes, con llegada el mismo día. El Buenos Aires al Pacífico mantiene a pleno sus servicios con conexiones al resto del país y la totalidad de los circuitos provinciales. Ese movimiento anima a la instalación de poblaciones. El 9 de abril sobre la estación de Mayor Drummond se rematan 76 lotes de 400 y 500 m2. El 4 de junio nace la colonia de Monte Comán al fraccionarse 4.000 hectáreas en quintas y chacras que rodean la estación, cotizándose de base a 150 pesos la hectárea. También frente a la estación del circuito Rivadavia nace la Villa Medrano, en la que a fines de julio se ofrecen los últimos 55 lotes a 5 pesos por mes.
La ciudad se integra en función del ferrocarril. Salen a la venta lotes en Libertad (Patricias Mendocinas), frente a los galpones de Coronel Plaza. Paralelamente nace el primer fraccionamiento en lo que será posteriormente la “Sexta Sección”, al lotearse la quinta Serú desde las instalaciones ferroviarias a lo largo de Coronel Plaza hacia el oeste hasta Paso de los Andes.



lunes, 9 de abril de 2018

Infancias, próceres y caudillos Dicen que todos llevamos un niño adentro. Cómo fue aquel pequeño que moldeó el temple y carácter de nuestros héroes.

Rainer Maria Rilke definió a la infancia como la auténtica patria del hombre. Los recuerdos donde habita, al llegar la adultez, encierran ese mundo que dio forma -en gran medida- a lo que somos. Siguiendo esta línea de pensamiento es válido preguntarnos cómo fue la niñez de quienes destacaron en la construcción de nuestra nacionalidad.  Juan Manuel Ortiz de Rozas nació el 30 de marzo de 1793, en la actual calle Sarmiento de Buenos Aires. Dio muestras de un carácter fuerte desde temprana edad, siendo un niño desobediente y difícil al que le gustaba torturar animales. Inventaba tormentos para martirizarlos. “... Sus juegos en esta edad de la vida -cuenta Francisco Ramos Mejía- (...) consistían en quitarle la piel a un perro vivo y hacerle morir lentamente, sumergir en un barril de alquitrán a un gato y prenderle fuego, o arrancar los ojos a las aves y reír de satisfacción al verlas estrellarse contra los muros de su casa...”. Durante su adolescencia provocó incendios, lastimó a sus peones dándoles bastonazos en la cabeza o haciéndolos golpear por animales frenéticos y solía esparcir excrementos sobre la comida de los invitados. Su madre intentó dominarlo a través de penitencias tales como encerrarlo hasta que reflexionara, pero no logró grandes resultados.   Quien sí logró doblegarlo -muchos años después- fue Urquiza. El pequeño Justo José llegó al mundo en 1801, dentro de una familia muy numerosa. Contando con siete años un grupo de maleantes ingresó a su hogar y lo raptó. Tras el pago de un rescate pudo regresar a su hogar y convertirse en una de las figuras más trascendentes de nuestra historia. Bartolomé Mitre era un niño de contextura delicada, casi pálido, flaco y de ojos claros. Lo que por entonces era considerado una debilidad. Tratando de volverlo “rudo”, su padre lo envió a la estancia de Gervasio Rosas. El hermano del Restaurador tenía un establecimiento organizado para que los jóvenes aprendieran los trabajos de campo. En cierta oportunidad -según relató el mismo Mitre en sus “Memorias”- intentaba cruzar un arroyo, “... había llovido bastante y el río estaba algo crecido. Yo no era baqueano en los pasos; buscaba el más aparente para vadearlo, y ya iba a intentarlo por donde mejor me pareció, cuando surgió de improviso un jinete muy apuesto y muy bien aperado, que me gritó: ‘Chiquilín ¿qué vas a hacer?’. ‘Voy a pasar el río, señor’. ‘Por ahí no, criatura, te vas a ahogar’ y agregó imperativo, dando espuelas a su caballo: ‘Sígueme’. Yo le obedecí...”. Lo siguió “... silenciosamente varias cuadras, costeando el río, hasta que, deteniéndose en determinado paraje, me dijo: ‘Este es el vado más seguro. Agarrate bien de las crines de tu caballo y andá tranquilo, pero fijate para no errarle en el regreso (...) ¿De dónde eres?’ [preguntó el jinete] ‘De lo de don Gervasio Rosas, señor’. ‘Ajá, decile a Gervasio que dice su hermano Juan Manuel que no sea bárbaro, que no se envía a una criatura como vos a cruzar el Salado sin mandarlo a la muerte. ¡Y dale recuerdos míos!”, dijo antes de seguir su rumbo.  Pero a Gervasio le resultaba decepcionante hacerse cargo del muchacho, carente de cualidades toscas e interés alguno. Pronto se lo envió a un conocido junto con la nota: “Hágame el servicio de remitir al joven Mitre a su padre porque es un caballerito que no sirve para nada; en cuanto ve una sombrita se baja del caballo y se pone a leer”. Bartolomé recordó siempre con agradecimiento el gesto de Don Juan Manuel, aunque no tanto como para no participar en Caseros.  Quien también estaba en Caseros fue Sarmiento. Más allá de Doña Paula y su telar, la infancia de Domingo Faustino estuvo signada por un hecho particular, muy poco difundido: el prócer tenía visiones a las que se refirió en su ancianidad: 
“... pasaba las veladas de invierno a puerta cerrada -escribió-, toda la familia en torno del brasero árabe, y sobre un estrado se tendía mi cama. Cuando se apagaba la luz, principiaba mi martirio. Un momento después y cuando empezaba a adormecerme, salían de todos los rincones bultos sin forma, de vara y media de alto, como los postes y los palitroques de los juegos de bolos. Eran seres animados, pero sin fisonomías discernibles, y empezaban una danza, un dar vueltas en el interior de la pieza. No me hacían mal ninguno, ni venían hacia mi cama. Yo estaba en lo oscuro, mirándolos aterrado, sin atreverme a gritar de miedo que se irritasen y me hiciesen mal, me comiesen ¿quién sabe? Y esto ha durado años. Al fin estaba habituado a éstas y otras escenas; eran como mis amigos, mis conocidos. La luz del día y el sueño reparador traían la alegría y el olvido de los pasados terrores. Alguna vez conté a mi madre y hermanas estas extrañas visiones. ¿Quién hace caso de tonteras de un niño? Así viví tranquilo con seres fantásticos”.  Además de esa especie de duendes, Sarmiento vio a muy temprana edad a Facundo Quiroga. El Tigre de los Llanos -mucho mayor que él- era su primo lejano y le causó en un desagrado inmenso, del que dio cuenta en “Facundo”. Precisamente en su obra máxima, el sanjuanino describe la infancia de Quiroga a través de la siguiente anécdota: “... jamás se consiguió sentarlo a la mesa común; en la escuela, era altivo, huraño y solitario; no se mezclaba con los demás niños sino para encabezar en actos de rebelión y para darles de golpes. El magister, cansado de luchar con este carácter indomable, se provee, una vez, de un látigo nuevo y duro, y enseñándolo a los niños, aterrados, “éste es -les dice- para estrenarlo en Facundo”. Facundo, de edad de once años, oye esta amenaza, y al día siguiente la pone a prueba. No sabe la lección, pero pide al maestro que se la tome en persona, porque el pasante lo quiere mal. El maestro condesciende; Facundo comete un error, comete dos, tres, cuatro; entonces el maestro hace uso del látigo y Facundo, que todo lo ha calculado, hasta la debilidad de la silla en que su maestro está sentado, dale una bofetada, vuélcalo de espaldas, y entre el alboroto que esta escena suscita, toma la calle y va a esconderse en ciertos parrones de una viña, de donde no se le saca sino después de tres días. ¿No es ya el caudillo que va a desafiar, más tarde, a la sociedad entera?...”.  Pero este relato sarmientino es -hasta el momento- incomprobable y casi nada sabemos  fehacientemente sobre la niñez de Quiroga. Esta incertidumbre se repite en muchos casos, por ejemplo los datos que nos llevan a los primeros años de San Martín son bastante escasos, al punto de que algunos autores cuestionan la historia oficial respecto a su origen. Sobre Rivadavia, contemporáneo y rival del Libertador, sabemos que nació el 20 de mayo de 1780 y con solo ocho años perdió a su madre. Como los niños de la época que accedían al saber recibió las primeras letras con un sistema de enseñanza cruel, expuesto a golpes por parte del maestro y con la obligación de presenciar ejecuciones. Estas pinceladas de infancia nos llevan, de algún modo, a conocernos un poco más. Aquellos niños -convertidos en hombres- dieron forma a lo que hoy llamamos Patria. 

Por Luciana sabina
http://losandes.com.ar/article/view?slug=infancias-proceres-y-caudillos

miércoles, 4 de abril de 2018

Joaquín Sayanca: el primer político entrevistado por Los Andes Aunque casi no se lo recuerda, en su momento este mendocino era centro de atención de la política no sólo provincial, sino también nacional.

Fue una de las primeras entrevistas que diario Los Andes realizó a un político mendocino con proyección nacional en julio de 1925. 
El reportaje fue hecho al doctor Joaquín Sayanca, un destacado hombre de las leyes y un político que por aquel tiempo intentaba imponerse frente a la fuerza del lencinismo, al mando de un Carlos W. Lencinas que hacía poco había visto intervenido su gobierno desde el Ejecutivo nacional de Marcelo T. de Alvear. 
Es interesante destacar que el periodista Ricardo Álvarez fue quien interrogó a Sayanca y el encargado de escribir la nota. 
¿Quién fue Sayanca?
El nombre de Joaquín Sayanca tal vez sea poco conocido actualmente, pero fue un personaje muy influyente en el país a principios del siglo XX.
Este gran jurisconsulto nació en Mendoza el 18 de julio de 1868, donde cursó sus estudios primarios y secundarios. Luego, a la edad de 17 años, partió hacia Buenos Aires para estudiar abogacía. 
El 24 de mayo de 1891 recibió de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Capital Federal el título de doctor en Jurisprudencia. De regreso a nuestra provincia, fue designado, sucesivamente, fiscal general, juez del crimen y juez en lo civil. 
Desde 1896 hasta 1904 se desempeñó en el Superior Tribunal de Justicia de Corrientes, nombrándosele poco después presidente de ese tribunal.
Mientras formaba parte de la Convención Constituyente desde 1903 a 1904, se le designó vocal de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza, de la que fuepresidente hasta 1909, en que resultó electo diputado de la Legislatura provincial por el término de tres años. 
Durante la gobernación de Rufino Ortega (hijo) estuvo al frente de la cartera de Hacienda –desde abril de 1912 hasta marzo de 1914–. Desde esa fecha fue vocal de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza.
En setiembre de 1924, el doctor Sayanca fue designado por el Poder Ejecutivo nacional vocal de la Cámara Civil Primera de Apelaciones de la Capital Federal.
Cuatro años después renunció a ese cargo para aceptar la candidatura a la gobernación de Mendoza, que le fue ofrecida por el Partido Radical Antipersonalista y varios centros de esta ciudad, pero debido a algunas disensiones renunció a la candidatura.
De regreso a la Ciudad de Buenos Aires, fue designado fiscal de la Cámara Civil Segunda, cargo del que se retiró invocando el beneficio de la ley 4.226. Por decreto de este año, el Poder Ejecutivo de la Nación le concedió la jubilación.
Falleció en la ciudad de Buenos Aires el 10 de setiembre de 1938.
Se puede asegurar que es una de las primeras entrevistas hechas por un periodista de Los Andes a un político mendocino. 
La nota fue publicada el lunes 18 de julio de 1925 y tenía como título:  “El Dr. Sayanca hace declaraciones para Los Andes”. 
A continuación, reproducimos parte de esta entrevista de indudable valor histórico.
La primera entrevista
En su alojamiento entrevistamos ayer al doctor Joaquín Sayanca. Momentos antes había sido proclamado candidato a gobernador de la Provincia.
Requerimos su impresión sobre el momento político de Mendoza.
“Aunque hace ya más de un mes, creo, que ha autorizado a núcleos de políticos, industriales independientes a promover un frente único a base de mi nombre contra el lencinismo –nos dijo–, la verdad es que yo he seguido hasta hace muy poco ocupándome exclusivamente de mis tareas judiciales en la Capital Federal, no habiendo renunciado desde el primer momento a mi cargo allí porque no lo creí necesario desde que la razón de implicancia no puede ser otra que la influencia que desde el cargo público pueda ejercerse sobre el electorado”.
“Renuncié para venir a aceptar la candidatura proclamada hoy; pero entretanto no estoy en condiciones, por lo que dejo manifestado, de formar criterio acabado sobre el momento político de la provincia, como no sea lo ya manifestado públicamente hoy aceptando la candidatura”.
–¿Qué hay de verdad en la presunción de que su candidatura ha sido generada por la presidencia de la República y de que será sostenida por la intervención federal por todos los medios imaginables?
–El doctor Alvear –dijo el doctor Sayanca– no sólo no ha insinuado mi candidatura, sino que ni siquiera me ha pedido que la acepte; ni yo fui a darle cuenta de tales ofrecimientos. Han sido aquellos núcleos que, con mi conocimiento, fueron a manifestarle sus propósitos y aspiraciones, y el presidente –“que no hace ni deshace candidaturas”– no pudo decir que le parecía esto mal desde que ligándonos vieja amistad, tiene seguramente de mí una opinión favorable, como lo demuestra el hecho de haberme llevado a un cargo judicial allá. Esto es todo. En cuanto al señor comisionado nacional, lo conceptúo, convencidamente, un digno intérprete de la voluntad presidencial que estoy seguro no puede ser otra que la de cumplir correctamente con la ley de intervención a esta provincia.
–¿Cree usted que la fuerza política que ha lanzado su candidatura posee la suficiente potencia para concurrir, en poco tiempo más, a los comicios, con probabilidades inequívocas de éxito?
–Porque creo en la posibilidad del triunfo es que he respondido a la invitación de venir a aceptar, en acto público, la candidatura, para lo que he renunciado a mi cargo allá, y al respecto me refiero a lo ya dicho en mi discurso de hoy.
–¿En qué sentido podría interesar a su candidatura una inteligencia entre el radicalismo antipersonalista y el personalista
–El propósito de unificación es amplio, y, claro, muy interesante todo lo que tienda a su mejor realización; ni nada debe de ser imposible en estas cosas para el patriotismo y para las exigencias ciudadanas.
–¿Qué concepto le merece a usted la conducta de la intervención desde el doble punto de vista institucional y político?
–Excelente.
–Aparte de estas y de las declaraciones formuladas en su discurso de candidato, ¿desearía usted agregar algunas otras?
–Agradezco de veras la oportunidad que tan gentilmente se me brinda, pero hoy no tengo tiempo de aprovecharla. 
El desenlace
Posteriormente a este artículo, el doctor Sayanca renunció a la candidatura a gobernador de nuestra provincia y prontamente regresó a la ciudad de Buenos Aires.
Dato curioso
El doctor Sayanca, además de ser un jurista, tenía una gran inclinación por la música. Entre otras cosas, contribuyó con eruditos estudios bibliográficos, conferencias o artículos para los medios a la divulgación de artistas eminentes, sobre todo maestros músicos compositores.
Cuando en Mendoza se celebró el centenario del natalicio de Verdi, en 1913, el doctor Sayanca escribió un meduloso ensayo sobre su vida y obra, a través de los tres modos o épocas del difundido compositor Italiano.
Por Carlos Campana
http://losandes.com.ar/article/view?slug=joaquin-sayanca-el-primer-politico-entrevistado-por-los-andes

jueves, 22 de marzo de 2018

El día en que Tyrone Power pasó por Mendoza En una extensa gira de 32 mil kilómetros por América Latina, el galán de Hollywood hizo escala en la provincia para conectar con Chile.

En la mañana del 21 de noviembre de 1938, una efervescencia inédita se vivía en el aeropuerto mendocino de “Los Tamarindos”. Es que miles de muchachas esperaban la llegada de él, el guapísimo Tyrone Power.  La noticia del astro de Hollywood se había esparcido días antes de su llegada a través de los medios locales. Y, claro, el suceso se convirtió en multitudinario. Pues Power era uno de los más grandes actores del momento. Nadie quería perderse la posibilidad de verlo en persona y, con suerte, llevarse un papelito con su dedicatoria. En ese contexto, el actor charló con Los Andes; pues el galán estaba de gira por América Latina para tener contacto con las audiencias cinematográficas de esta parte del mundo y publicitar su imagen. Power fue entrevistado en la cantina de la estación aérea, ante varios periodistas que charlaron con él a través de un intérprete. Aquí, la entrevista:     “Si bien nuestro cielo no prestó color -mañana opaca fué la de ayer- a la bienvenida de Tyrone Power, el galán cinematográfico que en un vuelo de acelerado ritmo está recorriendo los países americanos, la mujer mendocina supo suplir esta ausencia de colorido natural con un desbordante regocijo, trasunto recatado de quien sabe cuántos instantes de admiración tributada a la figura del que hasta hoy sólo se conociera en ese terreno de lejanía del séptimo arte, creador de modernos ídolos. La expectativa se agrandaba en la intimidad de los corrillos, de murmullos crecientes, y en no pocas oportunidades se traslucía a través de la inquietud con que se avistaba el horizonte como urgiendo al avión a evadirse de las nubes plomizas del oeste.”
Llega un avión
“No podía faltar -tan cargado de interrogantes estaba el ambiente- la sorpresa más o menos festiva, motivada por la contenida ansia del público de ver descender cuanto antes al actor. Haciendo giros en torno a la pista de aterrizaje apareció de pronto el avión, avivándose de esta suerte las conversaciones, salpicadas ahora de exclamaciones jubilosas. Pero esos tensos minutos dieron paso luego a otros de no menos intenso fastidio, ya que el avión que llegaba a tierra no era el que traía hasta Mendoza al comediante. Unos minutos apenas y ya se decía la llegada de otro, pero entonces ya había cundido la desconfianza entre los concurrentes y se prefería el no tornar a dar bienvenidas a pasajeros desconocidos no esperados...” 
“Renovada, no obstante, la afirmación de otro avión, se fué el público desplazando hasta los linderos del campo de aterrizaje, en donde ya se encontraba ubicado un piquete de agentes de la policía departamental. “A los pocos minutos, en verdad, se avistó el avión, el cual, luego de pasar frente al compacto grupo de espectadores, dió vuelta al campo y se detuvo frente a las oficinas aduaneras. Inminente ya la aparición de Tyrone Power, acreció el interés del público, en modo especial del femenino, de suerte que cuando aquél apareció por la puerta, una avalancha jubilosa le rodeó, diciendo en alta voz sus primeras impresiones tan pintorescas como sinceras, de las cuales, sin duda indiscretamente, confiamos algunas:
-“... Es idéntico a como aparece en las películas...”
-“... Y cuánta simpatía personal...”
-“... Es más buen mozo que Robert Taylor...”
“El remolino femenino elevaba su algazara a medida que el galán repartía sonrisas y estrechaba las manos de algunas personas, al mismo tiempo que con paso elástico se dirigía a la Aduana. A la entrada de ésta se ubicó la policía para no permitir el paso más que a determinadas personas, lo cual, indudablemente, tuvo sus tropiezos, ya que el entusiasmo llevaba a algunos circunstantes a tratar de burlar esa disposición, utilizando para ello ardides en donde no estaba ausente la picardía femenina, más acentuada, si se quiere, por criolla.”
Impresiones de Tyrone Power
“Ya en el reparo de la Aduana y mientras se revisaban los pasaportes del astro cinematográfico, se entabló una animada conversación entre aquél y los circunstantes; amena por el espíritu jovial del huésped, a quien no faltó en todo su curso la palabra ingeniosa o el ademán simpático. Simpatía ésta que conquistó prestamente y anuló también el consabido protocolo. “Requerido éste por el cronista, se refirió en primer término a la óptima impresión que traía de su jira, meramente turística, señalando su gratitud por la cordialidad con que le habían recibido todos los públicos sudamericanos. Habló luego de su carrera cinematográfica, señalando a ‘Suez’, película que está anunciada entre nosotros para la temporada venidera, como el trabajo que ha requerido del mayor esfuerzo y más dedicación, pese a que posee films de la categoría artística de ‘Lloyd de Londres’ y ‘En el viejo Chicago’, en los que no escatimó su entusiasmo de actor ni sus facultades interpretativas. ‘Jessie James’ figura también entre sus últimas producciones, habiendo ya sido estrenada con halagador éxito en Estados Unidos.”
Su actuación en las tablas
Recordó el cronista que Tyrone Power había luchado intensamente para conquistar Broadway, la famosa Vía Blanca neoyorquina que conduce a la gloria de Hollywood, requiriéndole, por ello, experiencias en el arte escénico y la posibilidad de que retorne a él.“-Por ahora, no -nos dice resueltamente, para agregar después en forma más pausada, como requerido por una voluntad interior- más tarde, es imposible... Sin duda se arremolinan en sus recuerdos los primeros afanes teatrales de 1933 en Chicago, los sacrificios con la Compañía de la Exposición Mundial, hasta los posteriores realizados al lado de la prestigiosa artista Katharine Cornell, interpretando con la cual ‘Romeo y Julieta’ y ‘Santa Juana’ le descubrió el productor de la 20 Century Fox, Darryl E. Zanuck, que le abrió la senda del estrellato y le permitió actuar al lado de Madeleine Carroll, de Loretta Young, de Sonja Henie, de Norma Shearer y de tantas otras artistas a quienes él, sin duda, admirara más de una vez desde una butaca, encendida la imaginación de fantasías de fama y fortuna, de retribución, de sacrificios hasta el momento estériles...”
Firmando autógrafos
“Entretanto la charla jira por todos los temas, evocativa por momentos, reidera en otros, crece la impaciencia del público que se asoma a puertas y ventanas para contemplar a Power, de forma que nos vemos en la necesidad de restringir el caudal de nuestras preguntas. Por ello, una vez que el actor expresa que en el año venidero ha de ser ardua su labor pero que aún no sabe los títulos de sus próximas películas, cedemos nuestro lugar. Alguien insinúa pasar hasta la cantina, y al hacerlo irrumpe en la sala la ola de circunstantes, remozados nuevamente los ánimos y dispuestas las exteriorizaciones. Literalmente cercado, recibe con sonrisas todos esos cumplidos que él no comprende en su expresión oral pero que aquilata por lo cordial de los rostros, florecientes en sonrisas, y por lo amistoso del ademán. La admiradora más dispuesta le solicita el pañuelo que lleva en el bolsillo superior del saco a cambio del suyo, pero su actitud sólo atina a librarlo del requerimiento, y decir que ha perdido la cuenta de los que ha dejado desparramados a lo largo de su camino. La actitud provoca un motín muy femenino pero no aminora el deseo de tener un recuerdo, y por ello le alarga un papelito para que aquél estampe su firma. Esa actitud causa un revuelo y rompe el último dique, siendo entonces la tarea de todos la de conseguir un autógrafo. Matizando su labor con algunas frases festivas, de entre las que se destaca la reclamación risueña de ‘¡policía, policía!’, que no tiene otro fin que el de poner una nota festiva más en el ambiente, Tyrone Power, el fugaz y grato huésped de Mendoza, insume sus vacaciones en rubricar con su propio puño el acta de una total simpatía popular americana hacia su persona.
Itinerario de su viaje
“Momentos después, continuaba viaje el intérprete de ‘Idilio incógnito’, rumbo a nuestra metrópoli. Power pasará seis días en Buenos Aires y un día en Montevideo. El lunes subsiguiente saldrá en el avión de la Pan American Airways para Río de Janeiro, donde permanecerá una semana, durante la cual visitará a San Pablo y Santos. “El 6 de diciembre saldrá de Río para Recife. En esta ciudad pasará la noche, y el 7 por la mañana emprenderá vuelo para Belem, donde también pernoctará. El 8 de diciembre partirá de Belem para Puerto España, donde invertirá un día y una noche, y el 10 de diciembre, siempre en aeroplano, se dirigirá a San Juan de Puerto Rico, de donde marchará a Miami el día 11 del mismo mes. El 14 abandonará Miami rumbo a Los Angeles a donde llegará el día 15. “Durante su viaje Power recorrerá 32.000 kilómetros, insumiendo en ello por los menos seis semanas. Será éste el viaje aéreo más largo emprendido por cualquier astro de la pantalla.”
Rumbo al Plata
“Finalizada la entrevista, el actor fue invadido por las jóvenes -y no tanto- para pedirle autógrafos.  “Luego se indicó que los pasajeros del vuelo de Panagra deberían regresar. Abordó su avión con destino a Buenos Aires y cuando comenzaron a ponerse en marcha los motores, por la ventanilla del avión, Tyrone agitó su mano despidiéndose de nosotros.”
El cine, un espectáculo cada vez más masivo
Nuestro diario fue uno de los medios nacionales que dio cuenta de cómo el cine y sus estrellas ocupaban cada vez más espacios entre las prácticas masivas. En esta edición de Los Andes del martes 22 de noviembre de 1938, además del despliegue periodístico sobre la llegada de Tyrone Power, se lucen otros titulares: “‘La venganza de Bulldog Drummond’ estrenaráse en el Cine Independencia”, “Estrenará ‘Turbión’ en su función nocturna de mañana el Buenos Aires”, “‘Yo traicioné’ anuncia como estreno para la fecha el C. Centenario”, entre más.
Dato curioso
Tyrone Power regresaría a Mendoza el 16 de setiembre de 1946 en su avión particular, acompañado por el actor César Romero (su amigo y coprotagonista de varios proyectos), junto otros directivos de la 20th Century Fox. En su breve visita fueron recibidos por varios empresarios del cine local, que agasajaron a los visitantes estadounidenses. Ellos emprendieron luego su viaje hacia el aeroparque metropolitano.

Por Carlos Campama
http://losandes.com.ar/article/view?slug=el-dia-en-que-tyrone-power-paso-por-mendoza

lunes, 12 de marzo de 2018

Educación laica y matrimonio civil: dos cambios que hicieron crujir al país. En las sociedades, el planteo de revisiones profundas en su estructura generan fuertes debates.

La historia de la humanidad está sujeta a cambios ideológicos permanentes, fenómeno que nos caracteriza como seres pensantes y marca el destino de generaciones. La cultura va modificándose en dicha marcha al ritmo de los nuevos paradigmas. Así, mucho de lo que aceptamos hace algunos años como normal hoy parece terrible y decadente. Atravesamos uno de esos momentos críticos, en el que ni el humor se salva ante la vara de lo “políticamente correcto”. Situaciones que recuerdan a la advertencia de Ortega y Gasset, para quien “... una exageración es siempre la exageración de algo que no es...”.
Generalmente, estos momentos de turbulencia suelen verse reflejados en la legislación. En nuestro país el laicismo, que planteaba una separación clara entre Estado y Religión, generó momentos de tensión a fines del siglo XIX. 
Durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, a pesar de ser el gran fomentador de la educación, no llegó a sancionarse una ley al respecto. Con Nicolás Avellaneda, su sucesor, tampoco. La situación era apremiante. Y semejante tarea quedó en manos de Roca, quien en 1881 -poco después de asumir su primer mandato- creó el Consejo Nacional de Educación y nombró a Sarmiento a cargo. Aun cuando ambos hombres se detestaban, Julio Argentino entendió que no podía dar tamaña responsabilidad a nadie más. Por su parte, el sanjuanino dejó de lado su orgullo y se puso a trabajar. Ese mismo año se llamó a un Congreso Pedagógico para tratar el tema y las discusiones sobre la Ley de Educación se extendieron por años. 
Los debates parlamentarios muestran que la norma causaba rechazo en gran parte de los representantes. Uno de los discursos más resonantes a favor de la ley fue el del diputado Emilio Civit, basando sus puntos en nuestra historia sin atacar al catolicismo. La 1.420 se volvió realidad. El desacuerdo llegó a extremos de tal desobediencia, por parte de miembros de la Iglesia Católica, que Roca terminó expulsando al nuncio apostólico del país -dándole 24 horas para abandonarlo- y rompiendo relación con el Vaticano. 
A pesar de todo esto la ley no elimina la educación religiosa, reservando un espacio en el art. 8, donde leemos: “La enseñanza religiosa solo podrá ser dada en las escuelas públicas por los ministros autorizados de los diferentes cultos, a los niños de su respectiva comunión, y antes o después de las horas de clase”. De todos modos condujo, en la práctica, hacia una enseñanza laica real. 
Diez años más tarde de haberse aprobado la norma, el noventa por ciento de los argentinos sabía leer y escribir: nuestro país resolvió el problema del analfabetismo antes que gran parte de Europa.
Otra de las grandes discusiones legales, que mantuvo en vilo a los argentinos, llegó cuatro años más tarde con la Ley de Matrimonio Civil. En este debate intervinieron grandes figuras, como Wilde, del Valle y Goyena. El liberalismo opositor se plegó al Gobierno para enfrentar a la facción católica, encabezada por Estrada. Entre los argumentos esgrimidos por los promotores de la norma se encontraba el de atraer a los inmigrantes de cualquier religión. Ante esto Estrada esgrimió en el Congreso: “... si hubiéramos de construir la República de manera que los inmigrantes, cualquiera fuese su procedencia, su manera de sentir y de pensar, nada encontraran que difiera de su modo de ser, fuera menester que así como se nos exige abstenernos de declararnos católicos, es decir de tener religión, se nos exigiera abstenernos de tener doctrinas, leyes, opiniones, artes, civilización y carácter, en una palabra; a fin de que la inmigración, aceptada para cultivar la tierra y afanarse en las industrias, pudiera desvirtuar por completo el carácter nacional, y convertir a la República en una inmensa factoría, gobernada desde un hotel...”. 
Las discusiones no quedaban en el Senado o en Diputados. En Mendoza el periódico “El Ferrocarril” de Nicolás Villanueva publicó en diversas entregas los artículos del proyecto. La prensa liberal presionaba para la sanción de la ley. Por entonces, salió a la luz un crimen horrendo que estremeció al país y cuyas crónicas llegaron hasta los periódicos españoles. El cura de Olavarría, Pedro Castro Rodríguez, estaba casado y había matado a su esposa e hija, una niña de diez años. Tras lo cual, falsificó documentos y consiguió un ataúd grande diciendo que se trataba de una mujer muy obesa y las sepultó juntas. “¡Espantoso debía ser ver a aquel monstruo arreglando a sus víctimas en el cajón! -leemos en “El Mosquito”, que cubrió la noticia en sus páginas-. ¡El miserable tuvo que sentarse sobre la tapa para hacer fuerza y poder hacer penetrar los tornillos! ¡¡¡Una vela alumbraba la horrorosa escena!!!”. Como el crimen tardó en descubrirse Castro Rodríguez celebró varios matrimonios luego del hecho. Una de las tapas de “El Mosquito” lo muestra rodeado de los fantasmas de sus víctimas llevando a cabo una ceremonia nupcial. 

Así, el abominable suceso fue utilizado para golpear a la Iglesia en esta contienda. Sin embargo, hubo quienes trataron de diferenciar los tantos. En el citado diario de Villanueva, por ejemplo, leemos una reflexión al respecto: “... El hombre no es la religión, y todos los crímenes que el hombre pueda cometer (...) no pueden (...) manchar la religión (...) Aún es más indigno e innoble el proceder de aquellos que, por la prensa o de palabra, injurian y calumnian a todos los sacerdotes en general por el pecado de uno...” (El Ferrocarril, Mendoza, 1888). 
El matrimonio civil fue aprobado, volviéndose el único con validez según nuestro derecho positivo, debiéndose verificar en presencia de un oficial público. Además, cualquier ministro religioso antes de celebrar alguna unión debía exigir el acta civil para no caer en dificultades penales. 
Como vemos, las discusiones apasionadas sobre la necesidad o no de nuevas leyes, no constituyen un fenómeno original entre los argentinos.
Esperemos acompañar con inteligencia los desafíos que plantea nuestra contemporaneidad, permitiendo a los debates tomar la altura intelectual de la que aún parecen carecer.   



Por Luciana sabina  
http://losandes.com.ar/article/view?slug=educacion-laica-y-matrimonio-civil-dos-cambios-que-hicieron-crujir-al-pais-l-sabina




lunes, 26 de febrero de 2018

El descanso final de la familia San Martín Los restos del Libertador y sus descendientes corrieron un curioso destino, pero descansan en los lugares que deseaban para ellos.

De pie frente al canal de La Mancha, el anciano ilustre sintió un fuerte malestar. No se quejó, pero su hija advirtió todo. Se acercó, lo sostuvo y le preguntó si estaba bien. Con tranquilidad y en francés, el metal de su voz respondió: “Es la tempestad que me lleva al puerto”.  La profecía no tardó en cumplirse. José Francisco de San Martín murió pocos días más tarde –el 17 de agosto de 1850– a los setenta y dos años, dejando en la orfandad a los suyos y a gran parte del continente americano. Treinta años más tarde, el 20 de mayo de 1880, Montevideo recibió con una salva de veintiún cañonazos sus restos que, procedentes de Francia, llegaron al país vecino en el barco “Villarino”.  Los argentinos de entonces conocieron cada detalle a través de los periódicos. La recepción fue majestuosa e incluyó numerosas embarcaciones.
Pasados ocho días los venerables despojos arribaron a Buenos Aires. Al bajar el féretro, Domingo Faustino Sarmiento –que no iba a perderse tamaña oportunidad– los recibió y pronunció las primeras palabras en el muelle.  Pronto, el cortejo fúnebre se trasladó hasta la porteña Plaza San Martín. Allí esperaban el presidente Nicolás Avellaneda y sus ministros, junto a invitados del extranjero. Se pronunciaron discursos y avanzaron por la mítica calle Florida, para terminar a las cuatro de la tarde en Plaza de Mayo. Espléndidos caballos tiraban de la carroza donde iba el ataúd, mientras la multitud arrojaba flores al ilustre guerrero. El mal tiempo castigó a la ciudad, envolviendo todo bajo una fuerte lluvia y dando un aspecto aún más solemne al lúgubre cortejo.   Los restos del General San Martín llegaron a la Argentina, el destino que quería “para su corazón”, 30 años después de su muerte.
San Martín fue velado durante 24 horas en la Catedral Metropolitana. Una crónica del diario La Prensa señala: “...Durante toda la noche los guerreros y los descendientes de los fundadores de la patria marcharon severos y tristes bajo el pálido resplandor de los cirios, para rendir postrer homenaje a su antiguo jefe...”. Finalmente se lo depositó allí, donde actualmente es custodiado a diario por sus granaderos. Se cumplió así la voluntad póstuma del Libertador, expresada claramente en su testamento: “Desearía que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires”.   Por entonces aún vivía Mariano Balcarce, yerno de San Martín, y Josefa Balcarce, nieta menor del prócer. Ambos permanecieron en Francia junto al marido de esta, habitando el pequeño castillo que Balcarce compró. Merceditas había fallecido cinco años antes y su primogénita, María Mercedes, en 1860. Hacia 1904 sólo quedaba Josefa. Anciana, viuda y sin descendientes, convirtió la casa familiar en un hogar para personas de la tercera edad sin recursos. Buscando mejorar las condiciones de sus huéspedes tomó un curso de enfermería y amplió el espacio comprando terrenos aledaños. Cuando la sombra negra de la muerte se posó sobre el Viejo Continente, esta digna nieta de dos grandes militares, participó de la Primera Guerra Mundial. Transformó momentáneamente su albergue en el Hospital Auxiliar N° 89, adquiriendo un centro de operaciones muy moderno para entonces. Cumplió ochenta años entre soldados malheridos y moribundos, a quienes consolaba en sus últimos momentos.  En reconocimiento, Francia le otorgó la Legión de Honor. Su fundación aún existe, refugió a muchas familias judías durante la Segunda Guerra Mundial y hoy es un asilo de ancianos. Josefa murió en abril de 1924 a los ochenta y siete años, extinguiendo la sangre del Gran Capitán.  Dada su condición de heroína local, la nieta menor de San Martín descansa en el pueblo francés de Brunoy, donde por algunos años cierta calle llevó su nombre.  El resto  de la familia corrió con otra suerte. Hacia 1951 el gobierno mendocino gestionó la repatriación de los despojos de sus padres y hermana para ubicarlos en la Basílica de San Francisco. En aquella oportunidad el traslado desde Europa estuvo a cargo del guardacostas “Pueyrredón”, que regresaba de un viaje de instrucción de los cadetes del último año de la Escuela Naval Militar. Esta vez no fueron recibidos por Domingo Faustino, sino por Juan Domingo. Los primeros días de diciembre de aquel año el presidente Perón encabezó el emotivo acto.
Ingresando al puerto el “Pueyrredón” recibió saludos de inmediato. Los buques surtos en las dársenas hicieron oír sus sirenas, mientras tripulantes y transeúntes rindieron homenaje agitando sus sombreros. Simultáneamente sobrevoló la zona una escuadrilla de cazas de la Fuerza Aérea Nacional.  Merceditas, llamada por su padre “La Mendocina”, murió en Francia en 1875. Su cuerpo arribó a nuestra provincia en 1951 y fue recibido con honores. En los alrededores la multitud se agolpaba con banderas argentinas y una banda de música ejecutaba melodías sacras. Desde el puerto, los restos fueron trasladados por un puñado de Granaderos a Caballo al Instituto Nacional Sanmartiniano, donde se levantó una capilla ardiente.  Al día siguiente, una delegación integrada por miembros de dicho Instituto, junto a legisladores mendocinos, fueron los encargados de acompañar el traslado en tren a Mendoza. Entre estos se encontraban Alejandro Mathus Hoyos y Lorenzo Soler, por entonces senadores nacionales.    
El jueves 13 de diciembre de 1951 por la mañana “La Mendocina” (como llamaba San Martín a Merceditas), regresó a la tierra que la vio nacer.  Al vislumbrarse a lo lejos el esperado tren aumentó la expectativa de las personas que, agolpadas en el andén, aguardaban hacía horas. La locomotora que lucía en su frente el escudo nacional llegó a destino y todo se volvió silencio. El suspenso fue interrumpido por la marcha fúnebre, interpretada por la banda policial. Tras dicha interpretación los encargados del traslado descendieron y una delegación de Granaderos a Caballo, junto con cadetes del Liceo Militar General Espejo. llevaron en hombros las urnas hasta tres jeeps con adornos florales.  El cortejo se movilizó a Casa de Gobierno, donde se efectuó un concurrido acto en la antigua Sala de la Bandera. Al día siguiente las cenizas fueron depositadas en el interior de la Basílica de San Francisco, donde actualmente podemos visitarlas.  Para que todos pudieran homenajear a Merceditas se cerró el comercio durante algunas horas. Además, miles de alumnos de las escuelas de la provincia fueron parte del cortejo.   “Mendoza, que creyó en él en el tiempo de su misión en Cuyo para merecer en recompensa la gratitud perdurable del héroe, no podía recibir sin profunda emoción las cenizas humanas de mucho de lo que más amara el conductor del Ejército de los Andes. Tras las urnas cinerarias, marchó el pueblo en imponente procesión de Fe y de respeto” (Los Andes, 1951)

Por Luciana Sabina
http://losandes.com.ar/article/view?slug=el-descanso-final-de-la-familia-san-martin

lunes, 19 de febrero de 2018

Adrienne Bolland, la aviadora que venció al coloso En 1921 llegó a Mendoza esta aviadora francesa con la intención de cruzar la cordillera de los Andes en su aeroplano.

Cuando apenas empezaba el año 1921 llegó a Mendoza una muchachita francesa, de 25 años, llamada Adrienne Bolland. Ella tenía un único e inusual objetivo: cruzar los Andes en aeroplano, una aventura impensable para las mujeres de su época.
Su estadía causó gran alboroto en “la ciudad de barro”; como llamaba Alejandro Santamaría Conil a nuestra provincia. De hecho, algunos opinaban que la aviadora francesa no sobreviviría a la travesía. Pese a los malos augurios, a los comentarios y las dudas Adrienne se entregó a su suerte y quedó inmortalizada en la historia al cruzar el macizo andino con éxito.
El domingo 20 de marzo de ese año, Bolland fue entrevistada por un cronista de diario Los Andes, que la esperó en el Grand Hotel para charlar con ella sobre la temeraria empresa que iba a realizar. Aquel lujoso hotel, ubicado en aquellos años en la calle Gutiérrez 148, era uno de los más importantes que tenía la provincia.
Un día después la nota fue publicada junto a un retrato de Adrienne; que fue tomado días antes en Buenos Aires y publicado por la recientemente desaparecida revista “El Gráfico” en su número 91 -del sábado 19 de marzo-. Este dato es curioso e interesante pues una práctica como la aviación estaba en aquellos años muy vinculada al deporte, de allí la noticia en “El Gráfico”.
Reproducimos aquí el texto con que el periodista de nuestro diario plasmó para la historia una de las pocas entrevistas que le hicieran a Bolland, antes de que emprendiera su hazaña:
“Tal como lo anunciáramos, ayer por la tarde llegó a Mendoza la aviadora francesa Adrienne Bolland, quién, según se ha dicho, intentará en breve la travesía aérea de la cordillera.
Un público muy numeroso esperó en la estación ferroviaria la entrada del convoy, demostrando una explicable curiosidad por conocer a la arriesgada sportman que sin duda, habrá de ratificar ampliamente, entre nosotros, la merecida fama y el justo renombre cimentado en Buenos Aires.
Enseguida de llegar entrevistamos en el hotel, donde se aloja, Mlle. Bolland.
Gentil, amable, realzando su sonrisa con la viveza de sus ojos verdes, que dan mucha vida y expresión a su semblante juvenil, la aviadora francesa comenzó por agradecer el saludo que le presentamos en nombre de Los Andes.
Y después, ya entablada la conversación sobre el tema relativo a su próxima tentativa, nos dijo:
- Desde el tren he visto las primeras estribaciones andinas. La cordillera me ha parecido realmente soberbia, colosal... Solo ansío cuanto antes iniciar mis vuelos para verlas desde lo alto...
- ¿Cuándo comenzarán sus ensayos preliminares?
- En cuanto esté listo el hangar que comenzará a ser armado hoy.
Una vez hecho ese trabajo, mi mecánico, René Dugenier (Duperrier), iniciará la preparación del motor del Caudron 80 H.P., tarea que ha demorar cuatro o cinco días más y entonces, entraré de lleno a la labor. Haré, como es natural, algunos ensayos previos, imprescindibles y una vez que se haya presentado la oportunidad propicia, intentaré la difícil travesía...

- ¿Sus impresiones?
- Favorables, desde luego. Tengo confianza en mi Caudron y los vuelos de estudio servirán para orientarme, proporcionándome al mismo tiempo, una serie de observaciones muy útiles y necesarias, sin duda. Los hechos dirán después...
 Y Adrienne Bolland, subrayando esta última frase con su habitual y franca sonrisa, propia de quienes como ella, están habituadas a desafiar el peligro y a salvar los obstáculos con la serenidad característica de los que dominan el espacio”.
La intrépida aventura de una mujer
Mademoiselle Bolland llegó a Mendoza. Estuvo varios días con los preparativos, hasta que en la madrugada del 31 de marzo, muy temprano, Adrienne arribó al aeródromo de Los Tamarindos con el objetivo de cumplir un sueño. En el hangar, su mecánico, un joven de 27 años llamado René Duperrier preparaba el avión para emprender aquel viaje junto a su asistente Crochard.
Llevaba como vestimenta un mameluco, campera, gorro y botas de cuero, previsto para soportar las bajas temperaturas.
A las 7 de la mañana, el avión Caudron de 80 HP estaba listo. La aviadora se acomodó en la nave y partió rumbo a la cordillera. Al llegar a Uspallata, las condiciones meteorológicas comenzaron a ser desfavorables; fuertes vientos, hacían que el avión perdiera altura.
En una sabia decisión, la aviadora regresó a Mendoza y su máquina aterrizó en el campo de Los Tamarindos.
Luego del fallido viaje, la Bolland, decidió realizar la travesía al otro día, el 1 de abril.
Muy temprano, Bolland, llegó al campo de aviación dispuesta a cruzar los Andes. Su aeroplano, un Caudron “petit” G3, fue sacado del hangar hasta la improvisada pista.
Todo estaba listo, Adrienne, llevaba entre sus manos un bolso con un puñal, tres cebollas para combatir la puna y un pan candeal como alimento.
Se subió a la cabina, estrechó fuerte la mano de su mecánico, en agradecimiento de su importante labor y con una simpática sonrisa, se dirigió al público diciendo: “Hasta la vista señores”. Eran las 6.30 de la mañana; entonces se dio la señal y la máquina se deslizó hacia el sudeste. En una rápida carrera, comenzó a tomar altura y la nave se remontó hasta alcanzar unos 3.000 metros de altura en dirección a las nevadas cumbres de la cordillera, siguiendo la línea del ferrocarril y el telégrafo.
En Uspallata, después de casi una hora de haber despegado desde los Tamarindos, la nave sobrevoló la estación ferroviaria y se perdió en la inmensidad de la cordillera. Al llegar a Las Cuevas, el avión alcanzó los 4.850 metros de altura, batiendo el récord mundial realizado por una mujer. Adrienne comenzó a preocuparse por la estructura de la nave, ya que su altitud máxima era de 4.000.
Después de salir de Mendoza, los anteojos que llevaba le apretaban mucho. Antes del vuelo se había vendado las manos con papel y se había colocado unos gruesos guantes de cuero para resguardarse del frío. Esto no le permitía tener gran movilidad. Cuando estaba sobrevolando Punta de Vacas llevó la mano al rostro para tratar de acomodar el anteojo que le molestaba.
Al forcejear con el guante, el anteojo se rompió y cayó al vacío debiendo efectuar el vuelo con la cara descubierta y sin protección.
Comenzó a sentir el viento frío que cortaba su rostro y afectaba sus ojos, pero su meta era llegar a Santiago. Cuando llegó al Río Blanco, un fuerte viento hizo sacudir el avión, aunque pudo sortear este inconveniente.
Luego pasó por el pueblo de Los Andes, a las 10 de la mañana.
Un dolor intenso sintió en los ojos, que estaban desprotegidos, pero supo resistir. Sólo faltaban 10 minutos de viaje para llegar a Santiago.
El aeroplano comenzó a descender y de repente se empezaron a ver las pequeñas casas. Localizó la pista y con unos suaves giros la joven francesa aterrizó ante una multitud que la ovacionaba. Al salir de la máquina, su rostro estaba amoratado por el intenso frío que había soportado. Valió el sacrificio y su sueño se hizo realidad: ser la primera mujer aviadora en vencer la cordillera de los Andes.
Cincuenta años después, regresaría a Mendoza para rememorar aquella hazaña.  
Dato curioso
Cuenta la escritora francesa Coline Béry en su libro “Adrienne Bolland ou les ailes de la liberté” (“Adrienne Bolland o las alas de la libertad”), que antes de partir a Chile la aviadora se puso debajo de su mameluco de algodón marrón, varias páginas de papel del diario Los Andes, que pidió que le guardaran durante una semana. Luego se calzó un pulóver de cuello alto y, por encima, un kimono de seda traído de China.
Después de concretar su hazaña, y gracias a la utilización de un aceite para avión llamado Autoline que pertenecía a la Compañía General de Aceites de Buenos Aires, Bolland fue entrevistada por varias revistas de la época.
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