domingo, 14 de enero de 2018

Mendoza, cuna de la libertad: así era la provincia que sostuvo en silencio la epopeya del Ejército de los Andes


Mendoza no fue solamente el escenario de la Gesta Libertadora: fue una provincia entera puesta al servicio de una causa continental. Detrás del brillo heroico del Ejército de los Andes existía un mundo cotidiano, laborioso y fascinante, que muchas veces queda opacado por la grandeza de la epopeya. Volver a esa Mendoza a través de los relatos de viajeros y cronistas permite verla de cerca, casi sentirla en sus caminos polvorientos, en sus acequias, en sus patios y en el esfuerzo silencioso de un pueblo que ayudó a hacer posible la libertad. San Martín organizó allí la gran empresa libertadora, y en suelo mendocino el ejército recibió oficialmente en 1816 el nombre de Ejército de los Andes; además, la provincia albergó talleres y maestranzas fundamentales para abastecerlo, en los que llegaron a trabajar alrededor de 700 operarios. Antes de 1810, las provincias del antiguo virreinato sostenían un comercio intenso y una economía regional mucho más dinámica de lo que suele imaginarse. Mariquita Sánchez de Thompson recordaba que en el interior había producción e industrias activas, mientras Buenos Aires ocupaba otro lugar dentro de ese esquema. A la capital virreinal llegaban lienzos desde Corrientes, frazadas y ponchos desde Córdoba, y desde Mendoza partían alfombras apreciadas, vino y una importante producción de frutas secas. Estudios sobre la economía cuyana confirman que Mendoza comerciaba vinos, aguardientes, tejidos, conservas, dulces, harina y frutos secos tanto con Chile como con otros mercados del actual territorio argentino. Entre las especialidades mendocinas sobresalían las pasas de uva secadas a la sombra, muy valoradas en la época, además de dulces, aceitunas, almendras y nueces. Pero el panorama cambió con la apertura posterior a la Revolución de 1810: la llegada masiva de manufacturas británicas, favorecida por la nueva dinámica comercial, golpeó con dureza a las economías regionales. Esa transformación fue percibida por contemporáneos como una verdadera crisis. La propia Mariquita lamentó que provincias antes ricas y activas hubieran quedado arruinadas por ese nuevo escenario económico. También la vida urbana tenía rasgos muy particulares. En tiempos en que hoy llamaríamos moderna a una ciudad por sus bicisendas, en aquella Mendoza la novedad eran los postes unidos con sogas de cuero colocados a lo largo de las veredas para proteger a los peatones cuando algún caballo se desbocaba. Y aunque no existían bocinas, las calles estaban lejos de ser silenciosas: los carros, todavía sin elásticos, producían un rechinar permanente que formaba parte del paisaje sonoro cotidiano. Eran años de cambios en las costumbres, especialmente por la apertura comercial y la irrupción de objetos extranjeros en la vida diaria. La Mendoza que conocieron los contemporáneos de San Martín fue descrita por varios viajeros europeos. Uno de ellos fue Sir Francis Bond Head, oficial del cuerpo de Royal Engineers británico entre 1811 y 1825, quien llegó al Río de la Plata a mediados de la década de 1820 vinculado a proyectos mineros y pasó por Mendoza con la mirada curiosa del extranjero. La ciudad le pareció pequeña, ordenada y limpia, con calles en ángulo recto, una plaza principal bien definida, casas de una planta con zaguán y patio, y construcciones de adobe blanqueado que, a sus ojos, tenían un aspecto simple pero prolijo. Un estudio académico de la UNCuyo recoge esas observaciones y confirma que varios viajeros coincidieron en destacar el trazado regular de la ciudad y sus viviendas bajas, de patios interiores y materiales modestos. Bond Head también dejó una imagen social muy viva de los mendocinos. Los describió como personas de aspecto sereno y respetable. En esos años gobernaba Juan de Dios Correas, a quien evocó como un caballero de buenos modales; y las mujeres mendocinas llamaron especialmente su atención, tanto por su presencia cotidiana en las ventanas durante el día como por la elegancia con que aparecían al atardecer en la Alameda, vestidas con refinamiento que el viajero comparó con Londres o París. A sus ojos, Mendoza ofrecía además una sociabilidad poco común: veía compañerismo, trato afable y escasa rivalidad entre sus habitantes. Pero esa mirada amable convivía con otra más crítica. A Bond Head le sorprendieron las grandes siestas mendocinas: relató calles desiertas, silencios profundos en pleno corazón de la ciudad y hasta ronquidos que se escapaban desde las casas. Tanto lo marcó esa quietud que llegó a ironizar con que en Mendoza no había mejor ocupación que dormir. Sin embargo, encontró encanto en la Alameda, paseo emblemático de la ciudad, que por las tardes se llenaba de gente, música y faroles de papel con forma de estrellas. Allí probó los helados, conocidos entonces como “nieves”, una costumbre llegada desde Chile y todavía poco conocida en Buenos Aires. La investigación de la UNCuyo sobre viajeros del siglo XIX también destaca a la Alameda como uno de los grandes espacios de reunión y distinción social de la Mendoza de aquellos años. No todo era amable para quien llegaba de paso. El inglés Peter Schmidtmeyer, que atravesó Mendoza en 1821 rumbo a Chile, dejó una de las descripciones más duras sobre los hospedajes. Según su experiencia, el viajero debía conformarse con cuartos pobres, muebles rotos, paredes agrietadas, techos en mal estado y una compañía nada agradable de pulgas, chinches y mosquitos. Tampoco esperaba demasiado del desayuno, que podía limitarse a unos mates y un cigarro. Su testimonio, recogido también por la bibliografía académica mendocina, muestra una provincia hospitalaria en el trato humano, pero todavía áspera y rudimentaria en sus comodidades materiales. Esa era, en definitiva, la Mendoza que acompañó a San Martín: una ciudad sobria, polvorienta, trabajadora y lejos de todo lujo, pero decisiva en la construcción de la independencia. Tal vez no impresionaba demasiado a ciertos viajeros europeos, pero su grandeza no estaba en la apariencia sino en lo que supo dar. Entre acequias, viñedos, talleres, postas y paseos, la provincia sostuvo con esfuerzo cotidiano una de las empresas libertadoras más extraordinarias de América del Sur. Por eso Mendoza no fue solo testigo de la libertad: fue una de sus cunas más firmes y más entrañables. #Mendoza #EjércitoDeLosAndes #SanMartín #GestaLibertadora #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #PatrimonioCuyano #MemoriaHistórica #CunaDeLaLibertad #MendozaAntigua #ArmyOfTheAndes #SanMartin #ArgentineHistory #MendozaHistory #SouthAmericanHistory #LiberationCampaign #CulturalHeritage #OnThisDay #HistoricMendoza #RioplatenseHistory

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