martes, 16 de junio de 2020

16 DE JUNIO DE 1955: EL DÍA EN QUE EL CIELO CAYÓ SOBRE PLAZA DE MAYO


El 16 de junio de 1955, la Argentina vivió una de las jornadas más oscuras y dolorosas de su historia. En pleno mediodía, aviones de la Armada Argentina, con apoyo de sectores de la Fuerza Aérea, bombardearon y ametrallaron la Casa Rosada, la Plaza de Mayo y zonas cercanas con el objetivo de asesinar al presidente Juan Domingo Perón y quebrar al gobierno constitucional. No fue una batalla entre ejércitos: fue un ataque contra el corazón político del país y contra una ciudad en movimiento, repleta de trabajadores, transeúntes, empleados públicos y civiles indefensos. La masacre no surgió de la nada. Perón había sido reelecto en 1951 con más del 60% de los votos, pero desde entonces distintos sectores militares, civiles y políticos comenzaron a conspirar contra su gobierno. La violencia ya había dado señales brutales: el 15 de abril de 1953, bombas colocadas durante una concentración de la CGT en Plaza de Mayo dejaron muertos, heridos y mutilados. A fines de 1954 y durante 1955, el conflicto entre el gobierno peronista y sectores de la Iglesia católica se volvió cada vez más abierto. Medidas como la ley de divorcio, la separación entre Iglesia y Estado, la suspensión de la enseñanza religiosa y la quita de privilegios a instituciones religiosas profundizaron una ruptura que terminó mezclándose con la conspiración cívico-militar. Investigaciones históricas señalan que sectores del laicado y del clero se sumaron a la ofensiva opositora que buscaba desplazar a Perón por medio de una salida armada. Aquella mañana, la conspiración se demoró por problemas de coordinación y clima, pero cerca del mediodía comenzó el horror. Más de cien bombas —entre 9 y 14 toneladas de explosivos— cayeron sobre la Casa Rosada, Plaza de Mayo, Plaza Colón y edificios públicos del centro porteño. En tierra, fuerzas rebeldes intentaron avanzar, mientras tropas leales resistían desde la Casa de Gobierno y el Ministerio de Ejército. Los aviones llevaban pintado el lema “Cristo Vence”, una frase que quedó marcada para siempre como símbolo de aquella alianza entre fanatismo político, odio y violencia golpista. La ofensiva se desarrolló en sucesivas oleadas, desde las 12:40 hasta cerca de las 17:40, e incluyó también la participación de cazas Gloster Meteor, que ametrallaron zonas céntricas con cañones de 20 milímetros. El saldo fue estremecedor. El Archivo Nacional de la Memoria registra al menos 309 víctimas fatales y un número indeterminado de heridos; otras investigaciones oficiales identifican 308 víctimas y advierten que la cifra real pudo ser mayor por cuerpos que no pudieron ser reconocidos. Hubo además cientos de heridos, muchos de ellos civiles que simplemente estaban trabajando, caminando o viajando por el centro de Buenos Aires. El golpe fracasó ese día, pero la herida quedó abierta. Tres meses después, en septiembre de 1955, otro levantamiento militar derrocó finalmente al gobierno constitucional de Perón e instaló la dictadura autodenominada “Revolución Libertadora”. Durante décadas, el bombardeo fue silenciado, minimizado o escondido bajo capas de olvido. Recién muchos años después el Estado argentino impulsó investigaciones, reconocimientos y reparaciones para las víctimas. El 16 de junio de 1955 no debe recordarse como una fecha más. Fue el día en que argentinos bombardearon a argentinos. El día en que el odio político se convirtió en fuego sobre civiles. El día en que la Plaza de Mayo, símbolo de la vida pública argentina, quedó cubierta de humo, sangre y memoria. Porque la historia no se tapa con silencio. Se recuerda. Se cuenta. Se transmite. #BombardeoPlazaDeMayo #16DeJunio1955 #HistoriaArgentina #MemoriaHistórica #PlazaDeMayo #CasaRosada #NuncaMas #Peronismo #ArgentinaHistory #ArgentineHistory #HistoricalMemory #NeverAgain #BuenosAires #LatinAmericanHistory

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