martes, 30 de junio de 2026

ROSAS Y EL GAUCHO: LA FRASE QUE REVELÓ DÓNDE ESTABA EL VERDADERO PODER DE LA ARGENTINA


En diciembre de 1829, mientras Buenos Aires salía de una etapa sangrienta marcada por la caída y fusilamiento de Manuel Dorrego, una figura comenzaba a ocupar el centro de la escena política argentina: Juan Manuel de Rosas. No llegaba solamente como estanciero poderoso ni como jefe federal. Llegaba como un hombre que había comprendido algo que muchos dirigentes de su tiempo no quisieron ver: que el país real no estaba únicamente en los salones ilustrados de Buenos Aires, sino también en la campaña, en los gauchos, en los peones, en los orilleros, en los hombres de trabajo y de acción. La Legislatura bonaerense lo designó gobernador con facultades extraordinarias, y desde ese momento Rosas se convirtió en una figura decisiva de la historia argentina. Gobernó Buenos Aires en dos períodos: de 1829 a 1832 y de 1835 a 1852, años atravesados por guerras civiles, tensiones entre unitarios y federales, disputas por la organización nacional, conflictos exteriores y una profunda transformación del poder político rioplatense. En ese contexto aparece una de sus declaraciones más reveladoras. Ante el diplomático oriental Santiago Vázquez, Rosas reconoció que respetaba los talentos de hombres como Bernardino Rivadavia y otros dirigentes ilustrados de su época. Pero también señaló, con enorme claridad política, el error que a su juicio habían cometido: gobernaban para la gente instruida de la ciudad, mientras despreciaban a los hombres de las clases bajas y de la campaña, a quienes él llamaba “la gente de acción”. Esa frase encierra una clave histórica fundamental. Rosas entendía que los gauchos, peones rurales y sectores populares no eran una masa secundaria ni un simple instrumento de guerra. Eran el corazón social y militar de la provincia. Eran quienes sostenían las montoneras, defendían las estancias, conocían los caminos, cabalgaban la frontera y podían decidir el rumbo de una guerra civil. Por eso Rosas dijo que le había sido necesario “hacerse gaucho”: hablar como ellos, conocer sus códigos, proteger sus intereses y ganarse su confianza. No era una frase pintoresca. Era una definición de poder. Rosas comprendió que no se podía gobernar la Argentina profunda desde el desprecio cultural, ni imponer modelos políticos europeos ignorando la realidad social de la campaña. Allí se marca una de las grandes diferencias entre el proyecto unitario rivadaviano y el federalismo rosista. Mientras buena parte del unitarismo veía en el gaucho un obstáculo para la “civilización”, Rosas vio una fuerza política decisiva. Mientras unos pensaban el país desde la ciudad letrada, Rosas construyó poder desde la estancia, la frontera, el vínculo personal, la lealtad, el símbolo, la costumbre y la identificación popular. Esto no significa negar las zonas oscuras de su gobierno ni las fuertes discusiones que su figura sigue provocando. Rosas continúa siendo uno de los personajes más debatidos de la historia argentina. Para la tradición liberal fue símbolo de autoritarismo; para el revisionismo histórico, un defensor del orden federal y de la soberanía frente a las presiones internas y extranjeras. Esa disputa historiográfica sigue viva hasta hoy. Pero aquella frase conserva una potencia indiscutible: muestra a Rosas como un político que entendió el peso de las mayorías rurales en una Argentina todavía desorganizada, atravesada por guerras, caudillos, fronteras interiores y luchas por el mando. Rosas no despreciaba la inteligencia de los hombres ilustrados. De hecho, comenzaba reconociendo sus talentos. Lo que cuestionaba era su desconexión con el país real. Su crítica no iba contra el conocimiento, sino contra una elite que pretendía gobernar sin comprender a quienes trabajaban, combatían y sostenían la vida cotidiana de la campaña. Por eso esta frase sobrevivió al tiempo. Porque no habla solamente de Rosas. Habla de una Argentina partida entre ciudad y campo, entre elite y pueblo, entre proyecto importado y realidad criolla, entre teoría política y fuerza social. En esas palabras aparece una verdad incómoda del siglo XIX argentino: quien quisiera gobernar el país no podía darle la espalda al gaucho, al peón, al soldado de campaña, al hombre común. Rosas lo entendió antes que muchos. Y por eso, para amarlo o discutirlo, para reivindicarlo o cuestionarlo, sigue siendo imposible ignorarlo. Rosas comprendió que el poder no estaba solo en los libros ni en los despachos. También estaba en la tierra, en el caballo, en la frontera y en la voz profunda del pueblo rural. #JuanManuelDeRosas #Rosas #HistoriaArgentina #Federalismo #UnitariosYFederales #BuenosAires1829 #Gauchos #CampañaBonaerense #RevisionismoHistorico #Rivadavia #SantiagoVazquez #ArgentinaDelSigloXIX #Caudillos #HistoriaViva #MemoriaArgentina #PatriaCriolla #MendozAntigua #ArgentineHistory #Federalism #GauchoCulture #LatinAmericanHistory #HistoricalMemory #PoliticalHistory #ArgentinaHistory

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