El 9 de agosto de 1988, la televisión latinoamericana perdía a uno de esos artistas que parecen destinados a no morir nunca del todo. En la Ciudad de México se apagaba la vida de Ramón Valdés, pero comenzaba definitivamente la leyenda de Don Ramón, aquel vecino flaco, bigotudo, desempleado, eternamente perseguido por catorce meses de renta y capaz de convertir una mirada, un gesto de fastidio o una simple entrada en escena en una carcajada. Había nacido en Ciudad de México el 2 de septiembre de 1923, según las fichas biográficas del Sistema de Información Cultural de México y de la UNAM, dentro de una numerosa familia que terminaría dando varios nombres célebres a la comedia mexicana: sus hermanos Germán “Tin Tan” Valdés, Manuel “El Loco” Valdés y Antonio “El Ratón” Valdés también hicieron carrera en el espectáculo. Antes de convertirse en una estrella, Ramón conoció algo que años después parecería escrito especialmente para Don Ramón: pasó por distintos trabajos y oficios y convivió con épocas de estrechez económica. Su hermano Tin Tan le abrió las puertas del cine y en 1949 apareció en Calabacitas tiernas. Luego llegaron decenas de películas —más de cincuenta según la Secretaría de Cultura mexicana— y títulos como El rey del barrio, Simbad el Mareado y Escuela de vagabundos, compartiendo la pantalla en aquella extraordinaria época del cine mexicano con figuras de la talla de Cantinflas, Pedro Infante y Tin Tan. En 1968, su destino se cruzó definitivamente con el de Roberto Gómez Bolaños, “Chespirito”. Valdés comenzó a participar en aquellos primeros proyectos humorísticos que desembocarían en Los Supergenios de la Mesa Cuadrada, Chespirito y, finalmente, en el universo de El Chavo del 8. A comienzos de los años setenta apareció el personaje que acabaría devorando cualquier pronóstico: Don Ramón, padre de la Chilindrina, enemigo involuntario del Señor Barriga, víctima habitual de las bofetadas de Doña Florinda y eterno experto en escapar del trabajo. El secreto, sin embargo, estaba mucho más allá del libreto. Valdés tenía una extraordinaria naturalidad para la comedia; el propio Gómez Bolaños llegó a considerarlo uno de sus cómicos predilectos. Don Ramón podía ser haragán, malhumorado y buscavidas, pero también era orgulloso, protector, noble y profundamente humano. Quizás por eso millones de espectadores dejaron de verlo simplemente como un personaje: lo reconocieron como alguien que podía vivir al lado de sus propias casas. La fama de El Chavo del 8 atravesó México y se multiplicó por toda América Latina. Pero el extraordinario elenco comenzó a fracturarse hacia finales de los años setenta. Carlos Villagrán dejó el ciclo y Ramón Valdés terminó alejándose en 1979. Durante años circularon distintas explicaciones; familiares del actor sostuvieron posteriormente que el deterioro del clima interno y su incomodidad ante la creciente intervención de Florinda Meza en decisiones del programa influyeron decisivamente. Valdés, que evitaba las confrontaciones, prefirió marcharse. Regresó brevemente al universo de Chespirito en 1981, y posteriormente volvió a trabajar junto a Villagrán en la producción venezolana Federrico y, ya en sus últimos años, en ¡Ah qué Kiko!. Mientras su personaje continuaba haciendo reír a medio continente, su salud comenzó a deteriorarse. Su nieto Miguel Valdés explicó décadas después que Ramón padeció un cáncer que se originó en el estómago y posteriormente alcanzó la médula ósea. Incluso durante aquella etapa conservó el humor que lo había acompañado toda la vida: según el relato familiar, cuando Édgar Vivar, el inolvidable Señor Barriga, fue a visitarlo, Ramón todavía tuvo ánimo para bromear con que ya no podría pagarle la renta. Finalmente, aquel 9 de agosto de 1988, Ramón Valdés murió en Ciudad de México. Se fue el hombre, pero Don Ramón se negó a acompañarlo. Décadas después continúa apareciendo en televisores, plataformas, memes y recuerdos familiares; nuevas generaciones que ni siquiera habían nacido cuando murió saben perfectamente quién es cuando escuchan hablar de los catorce meses de renta, del Necaxa o de aquel padre que podía discutir con toda la vecindad y, al instante siguiente, mostrar un corazón enorme. Ramón Valdés pasó buena parte de su carrera interpretando personajes secundarios hasta encontrar al personaje que parecía escrito con pedazos de su propia vida. Y ocurrió algo extraordinario: terminó siendo, para millones, el verdadero corazón de la vecindad. Aquel 9 de agosto la risa perdió a uno de sus grandes artesanos; América, en cambio, ganó un personaje eterno. #RamónValdés #DonRamón #ElChavoDel8 #Chespirito #9DeAgosto #Efemérides #HistoriaDeLaTelevisión #TelevisiónMexicana #CineMexicano #TinTan #México #HumorLatinoamericano #CulturaPopular #Nostalgia #MendozAntigua #RamonValdes #DonRamon #ElChavo #MexicanTelevision #LatinAmericanTV #ComedyLegend #TVHistory #MexicanCinema #PopCulture #TelevisionHistory
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domingo, 9 de agosto de 2020
9 DE AGOSTO DE 1988: EL DÍA QUE LA VECINDAD QUEDÓ EN SILENCIO — MURIÓ RAMÓN VALDÉS, EL HOMBRE QUE CONVIRTIÓ A “DON RAMÓN” EN EL VECINO MÁS QUERIDO DE AMÉRICA
El 9 de agosto de 1988, la televisión latinoamericana perdía a uno de esos artistas que parecen destinados a no morir nunca del todo. En la Ciudad de México se apagaba la vida de Ramón Valdés, pero comenzaba definitivamente la leyenda de Don Ramón, aquel vecino flaco, bigotudo, desempleado, eternamente perseguido por catorce meses de renta y capaz de convertir una mirada, un gesto de fastidio o una simple entrada en escena en una carcajada. Había nacido en Ciudad de México el 2 de septiembre de 1923, según las fichas biográficas del Sistema de Información Cultural de México y de la UNAM, dentro de una numerosa familia que terminaría dando varios nombres célebres a la comedia mexicana: sus hermanos Germán “Tin Tan” Valdés, Manuel “El Loco” Valdés y Antonio “El Ratón” Valdés también hicieron carrera en el espectáculo. Antes de convertirse en una estrella, Ramón conoció algo que años después parecería escrito especialmente para Don Ramón: pasó por distintos trabajos y oficios y convivió con épocas de estrechez económica. Su hermano Tin Tan le abrió las puertas del cine y en 1949 apareció en Calabacitas tiernas. Luego llegaron decenas de películas —más de cincuenta según la Secretaría de Cultura mexicana— y títulos como El rey del barrio, Simbad el Mareado y Escuela de vagabundos, compartiendo la pantalla en aquella extraordinaria época del cine mexicano con figuras de la talla de Cantinflas, Pedro Infante y Tin Tan. En 1968, su destino se cruzó definitivamente con el de Roberto Gómez Bolaños, “Chespirito”. Valdés comenzó a participar en aquellos primeros proyectos humorísticos que desembocarían en Los Supergenios de la Mesa Cuadrada, Chespirito y, finalmente, en el universo de El Chavo del 8. A comienzos de los años setenta apareció el personaje que acabaría devorando cualquier pronóstico: Don Ramón, padre de la Chilindrina, enemigo involuntario del Señor Barriga, víctima habitual de las bofetadas de Doña Florinda y eterno experto en escapar del trabajo. El secreto, sin embargo, estaba mucho más allá del libreto. Valdés tenía una extraordinaria naturalidad para la comedia; el propio Gómez Bolaños llegó a considerarlo uno de sus cómicos predilectos. Don Ramón podía ser haragán, malhumorado y buscavidas, pero también era orgulloso, protector, noble y profundamente humano. Quizás por eso millones de espectadores dejaron de verlo simplemente como un personaje: lo reconocieron como alguien que podía vivir al lado de sus propias casas. La fama de El Chavo del 8 atravesó México y se multiplicó por toda América Latina. Pero el extraordinario elenco comenzó a fracturarse hacia finales de los años setenta. Carlos Villagrán dejó el ciclo y Ramón Valdés terminó alejándose en 1979. Durante años circularon distintas explicaciones; familiares del actor sostuvieron posteriormente que el deterioro del clima interno y su incomodidad ante la creciente intervención de Florinda Meza en decisiones del programa influyeron decisivamente. Valdés, que evitaba las confrontaciones, prefirió marcharse. Regresó brevemente al universo de Chespirito en 1981, y posteriormente volvió a trabajar junto a Villagrán en la producción venezolana Federrico y, ya en sus últimos años, en ¡Ah qué Kiko!. Mientras su personaje continuaba haciendo reír a medio continente, su salud comenzó a deteriorarse. Su nieto Miguel Valdés explicó décadas después que Ramón padeció un cáncer que se originó en el estómago y posteriormente alcanzó la médula ósea. Incluso durante aquella etapa conservó el humor que lo había acompañado toda la vida: según el relato familiar, cuando Édgar Vivar, el inolvidable Señor Barriga, fue a visitarlo, Ramón todavía tuvo ánimo para bromear con que ya no podría pagarle la renta. Finalmente, aquel 9 de agosto de 1988, Ramón Valdés murió en Ciudad de México. Se fue el hombre, pero Don Ramón se negó a acompañarlo. Décadas después continúa apareciendo en televisores, plataformas, memes y recuerdos familiares; nuevas generaciones que ni siquiera habían nacido cuando murió saben perfectamente quién es cuando escuchan hablar de los catorce meses de renta, del Necaxa o de aquel padre que podía discutir con toda la vecindad y, al instante siguiente, mostrar un corazón enorme. Ramón Valdés pasó buena parte de su carrera interpretando personajes secundarios hasta encontrar al personaje que parecía escrito con pedazos de su propia vida. Y ocurrió algo extraordinario: terminó siendo, para millones, el verdadero corazón de la vecindad. Aquel 9 de agosto la risa perdió a uno de sus grandes artesanos; América, en cambio, ganó un personaje eterno. #RamónValdés #DonRamón #ElChavoDel8 #Chespirito #9DeAgosto #Efemérides #HistoriaDeLaTelevisión #TelevisiónMexicana #CineMexicano #TinTan #México #HumorLatinoamericano #CulturaPopular #Nostalgia #MendozAntigua #RamonValdes #DonRamon #ElChavo #MexicanTelevision #LatinAmericanTV #ComedyLegend #TVHistory #MexicanCinema #PopCulture #TelevisionHistory
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