20 de junio de 1820. Buenos Aires. Provincias Unidas del Río de la Plata. Mientras la ciudad atravesaba una de las jornadas más caóticas de su historia política, marcada por la llamada Anarquía del Año XX, se apagaba la vida de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano. Tenía apenas 50 años. Había nacido el 3 de junio de 1770 y moría en su casa natal, en la actual avenida Belgrano 430, enfermo, olvidado por muchos y en una pobreza que contrasta brutalmente con la grandeza de su obra. Según la evocación histórica del Ejército Argentino, falleció a las siete de la mañana del 20 de junio de 1820, luego de dictar su testamento semanas antes. Belgrano no fue solamente el creador de la bandera. Fue abogado, economista, político, militar, periodista, educador y uno de los cerebros más lúcidos de la Revolución. Estudió en el Real Colegio de San Carlos y luego en España, en las universidades de Valladolid y Salamanca, donde tomó contacto con las ideas de Rousseau, Voltaire, Adam Smith y Quesnay. Al regresar a Buenos Aires en 1794 fue nombrado Primer Secretario del Consulado, cargo desde el cual impulsó ideas de educación, trabajo, industria, agricultura y progreso económico. En 1810 estuvo entre los protagonistas de la Revolución de Mayo. Tras la caída del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y la formación del primer gobierno patrio, fue designado vocal de la Primera Junta, junto a figuras como Juan José Castelli, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Juan Larrea y Domingo Matheu. Desde ese momento, su vida quedó definitivamente entregada a la causa revolucionaria. Su destino lo llevó del escritorio al campo de batalla. Encabezó campañas militares, asumió responsabilidades para las que no se había formado como soldado profesional y aceptó mandos en tiempos de escasez, improvisación y peligro. El 27 de febrero de 1812, a orillas del río Paraná, en Rosario, hizo flamear por primera vez la bandera celeste y blanca frente a las baterías Libertad e Independencia. Ese gesto, que hoy parece inevitable, fue entonces una decisión audaz: darle a la revolución un símbolo propio. La bandera fue oficialmente consagrada con esos colores por el Congreso de Tucumán el 20 de julio de 1816. Después vendría una de las gestas más duras de la independencia: el Éxodo Jujeño. El 23 de agosto de 1812, ante el avance realista desde el norte, Belgrano ordenó la retirada del pueblo jujeño hacia Tucumán bajo la estrategia de tierra arrasada: abandonar la ciudad, destruir todo lo que pudiera servir al enemigo y resistir desde el sacrificio colectivo. Esa marcha dolorosa permitió reorganizar las fuerzas patriotas y fue clave para la victoria posterior en Tucumán. El 24 de septiembre de 1812, desobedeciendo la orden de retroceder hasta Córdoba, Belgrano decidió enfrentar al ejército realista en Tucumán. Muchos historiadores consideran aquella batalla como la que salvó a la Revolución de Mayo. Meses después, el 20 de febrero de 1813, el Ejército del Norte, bajo su mando, obtuvo la victoria en la Batalla de Salta, asegurando el control del norte argentino. Pero Belgrano también fue grande fuera del combate. Tras los triunfos de Tucumán y Salta, la Asamblea le otorgó 40.000 pesos como premio. Lejos de quedarse con esa fortuna, destinó el dinero a la creación y sostenimiento de escuelas. Su idea de patria no terminaba en la bandera ni en el campo de batalla: empezaba en la educación, el trabajo y la formación del pueblo. En 1816, su voz volvió a pesar en los días decisivos del Congreso de Tucumán. Belgrano propuso una monarquía constitucional encabezada por un Inca como forma de gobierno, un proyecto pensado para unir al mundo rioplatense con los pueblos andinos y ganar legitimidad internacional en una Europa dominada por la restauración monárquica. La propuesta generó adhesiones, rechazos y debates intensos, pero demuestra la profundidad continental de su mirada política. Sus últimos días fueron de dolor, enfermedad y abandono. La tradición histórica recuerda que padeció hidropesía avanzada y que, ya sin recursos, entregó su reloj de oro al médico Joseph Redhead como gesto de gratitud. El relato resume una paradoja inmensa: el hombre que había dado todo por la patria no tenía casi nada para sí mismo. Hoy sus restos descansan en el atrio de la Basílica y Convento de Santo Domingo, en Buenos Aires, a pocos metros del lugar donde nació. Allí, su mausoleo recuerda al patriota de la Revolución de Mayo, de la Independencia y de la Bandera Argentina. Manuel Belgrano murió pobre, pero dejó una riqueza imposible de medir: una bandera, una idea de nación, una ética pública, una fe profunda en la educación y un ejemplo de entrega absoluta. Cada 20 de junio, cuando flamea la celeste y blanca, no se recuerda solamente a un símbolo patrio. Se recuerda a un hombre que eligió servir antes que enriquecerse, construir antes que destruir, educar antes que dominar, y morir con dignidad antes que abandonar la causa de la libertad. #ManuelBelgrano #DíaDeLaBandera #20DeJunio #BanderaArgentina #HistoriaArgentina #PróceresArgentinos #IndependenciaArgentina #RevoluciónDeMayo #ÉxodoJujeño #BatallaDeTucumán #BatallaDeSalta #CongresoDeTucumán #PatriaArgentina #HistoriaViva #MendozAntigua #ArgentinaHistory #ArgentineFlag #FlagDay #ManuelBelgranoLegacy #HistoryLovers #SouthAmericanHistory #IndependenceHistory #PatrioticHistory #Argentina
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lunes, 20 de junio de 2022
El 20 de Junio de 1820 - BELGRANO: EL HOMBRE QUE LE DIO BANDERA A LA PATRIA Y MURIÓ CASI EN SILENCIO
20 de junio de 1820. Buenos Aires. Provincias Unidas del Río de la Plata. Mientras la ciudad atravesaba una de las jornadas más caóticas de su historia política, marcada por la llamada Anarquía del Año XX, se apagaba la vida de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano. Tenía apenas 50 años. Había nacido el 3 de junio de 1770 y moría en su casa natal, en la actual avenida Belgrano 430, enfermo, olvidado por muchos y en una pobreza que contrasta brutalmente con la grandeza de su obra. Según la evocación histórica del Ejército Argentino, falleció a las siete de la mañana del 20 de junio de 1820, luego de dictar su testamento semanas antes. Belgrano no fue solamente el creador de la bandera. Fue abogado, economista, político, militar, periodista, educador y uno de los cerebros más lúcidos de la Revolución. Estudió en el Real Colegio de San Carlos y luego en España, en las universidades de Valladolid y Salamanca, donde tomó contacto con las ideas de Rousseau, Voltaire, Adam Smith y Quesnay. Al regresar a Buenos Aires en 1794 fue nombrado Primer Secretario del Consulado, cargo desde el cual impulsó ideas de educación, trabajo, industria, agricultura y progreso económico. En 1810 estuvo entre los protagonistas de la Revolución de Mayo. Tras la caída del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y la formación del primer gobierno patrio, fue designado vocal de la Primera Junta, junto a figuras como Juan José Castelli, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Juan Larrea y Domingo Matheu. Desde ese momento, su vida quedó definitivamente entregada a la causa revolucionaria. Su destino lo llevó del escritorio al campo de batalla. Encabezó campañas militares, asumió responsabilidades para las que no se había formado como soldado profesional y aceptó mandos en tiempos de escasez, improvisación y peligro. El 27 de febrero de 1812, a orillas del río Paraná, en Rosario, hizo flamear por primera vez la bandera celeste y blanca frente a las baterías Libertad e Independencia. Ese gesto, que hoy parece inevitable, fue entonces una decisión audaz: darle a la revolución un símbolo propio. La bandera fue oficialmente consagrada con esos colores por el Congreso de Tucumán el 20 de julio de 1816. Después vendría una de las gestas más duras de la independencia: el Éxodo Jujeño. El 23 de agosto de 1812, ante el avance realista desde el norte, Belgrano ordenó la retirada del pueblo jujeño hacia Tucumán bajo la estrategia de tierra arrasada: abandonar la ciudad, destruir todo lo que pudiera servir al enemigo y resistir desde el sacrificio colectivo. Esa marcha dolorosa permitió reorganizar las fuerzas patriotas y fue clave para la victoria posterior en Tucumán. El 24 de septiembre de 1812, desobedeciendo la orden de retroceder hasta Córdoba, Belgrano decidió enfrentar al ejército realista en Tucumán. Muchos historiadores consideran aquella batalla como la que salvó a la Revolución de Mayo. Meses después, el 20 de febrero de 1813, el Ejército del Norte, bajo su mando, obtuvo la victoria en la Batalla de Salta, asegurando el control del norte argentino. Pero Belgrano también fue grande fuera del combate. Tras los triunfos de Tucumán y Salta, la Asamblea le otorgó 40.000 pesos como premio. Lejos de quedarse con esa fortuna, destinó el dinero a la creación y sostenimiento de escuelas. Su idea de patria no terminaba en la bandera ni en el campo de batalla: empezaba en la educación, el trabajo y la formación del pueblo. En 1816, su voz volvió a pesar en los días decisivos del Congreso de Tucumán. Belgrano propuso una monarquía constitucional encabezada por un Inca como forma de gobierno, un proyecto pensado para unir al mundo rioplatense con los pueblos andinos y ganar legitimidad internacional en una Europa dominada por la restauración monárquica. La propuesta generó adhesiones, rechazos y debates intensos, pero demuestra la profundidad continental de su mirada política. Sus últimos días fueron de dolor, enfermedad y abandono. La tradición histórica recuerda que padeció hidropesía avanzada y que, ya sin recursos, entregó su reloj de oro al médico Joseph Redhead como gesto de gratitud. El relato resume una paradoja inmensa: el hombre que había dado todo por la patria no tenía casi nada para sí mismo. Hoy sus restos descansan en el atrio de la Basílica y Convento de Santo Domingo, en Buenos Aires, a pocos metros del lugar donde nació. Allí, su mausoleo recuerda al patriota de la Revolución de Mayo, de la Independencia y de la Bandera Argentina. Manuel Belgrano murió pobre, pero dejó una riqueza imposible de medir: una bandera, una idea de nación, una ética pública, una fe profunda en la educación y un ejemplo de entrega absoluta. Cada 20 de junio, cuando flamea la celeste y blanca, no se recuerda solamente a un símbolo patrio. Se recuerda a un hombre que eligió servir antes que enriquecerse, construir antes que destruir, educar antes que dominar, y morir con dignidad antes que abandonar la causa de la libertad. #ManuelBelgrano #DíaDeLaBandera #20DeJunio #BanderaArgentina #HistoriaArgentina #PróceresArgentinos #IndependenciaArgentina #RevoluciónDeMayo #ÉxodoJujeño #BatallaDeTucumán #BatallaDeSalta #CongresoDeTucumán #PatriaArgentina #HistoriaViva #MendozAntigua #ArgentinaHistory #ArgentineFlag #FlagDay #ManuelBelgranoLegacy #HistoryLovers #SouthAmericanHistory #IndependenceHistory #PatrioticHistory #Argentina
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