sábado, 3 de enero de 2026

Misterios y Moralidad Implacable: Crónicas de Infanticidio y Rituales Fúnebres en la Mendoza del Siglo XIX


La vida de la infancia en la Mendoza del siglo XIX estuvo marcada por una profunda contradicción entre una estricta moral social y prácticas funerarias extremas. Entre expedientes judiciales y la necrópolis, emergieron relatos de infanticidios que evidenciaron el miedo, la culpa y el castigo social que padecían las mujeres. A finales del siglo XIX, las muertes de niños en circunstancias sospechosas fueron frecuentes. La sociedad mendocina aplicaba parámetros morales implacables: los hijos naturales carecían de derechos y sus madres quedaban expuestas a la injuria. En este contexto, el infanticidio se volvió una práctica extendida, con el diario Los Andes reportando al menos quince casos entre 1893 y 1903, siendo estos solo una fracción de los que ocurrieron. El Misterio de Guaymallén (1897): El 9 de noviembre de 1897, se encontró el cadáver de un párvulo abandonado en un pequeño ataúd en la puerta del cementerio de Guaymallén. La investigación llevó a la joven Serafina Mercado, quien negó el embarazo, pero terminó reconociendo el parto y afirmando que el niño había nacido muerto. Mercado explicó que, por falta de recursos para un entierro formal, resolvió enterrar el cuerpo en el fondo de su casa. Aunque fue encarcelada, dos meses después el juez dictaminó su libertad por "no haber mérito para condenarla". La Tragedia de la Calle Espejo (1895): Un peón descubrió el pequeño cadáver de un niño enterrado superficialmente mientras realizaba una huerta en calle General Espejo. Este caso involucró a una familia de clase alta y terminó silenciado. El Suicidio por la Vergüenza (1899): El escarnio social alcanzó a Eleuterio Iriarte, un hombre de Las Heras que se ahorcó en su patio. Su desesperación se debió a que su esposa e hija habían sido detenidas por infanticidio. Iriarte se enteró al regresar de Lavalle y murió consumido por el temor a la deshonra pública. En contraste con estos crímenes ocultos, la muerte de otros niños se celebró a través de perturbadores rituales festivos llamados "velorios del angelito". La sociedad percibía la muerte infantil no solo como luto, sino como una celebración porque el niño se convertía en ángel. Estos funerales fueron anunciados con repiques y cuetes (fuegos artificiales). Los cuerpos se vistieron con ropas de raso y se adornaron con valiosas alhajas. La fiesta incluía bailes, abundante comida, juegos y, frecuentemente, exceso de alcohol. Estos excesos provocaron conflictos y hasta violencia, como narró Faustino Velloso en Tucumán. Con la llegada de la modernidad y la transformación de los valores a fines del siglo XIX, estas prácticas comenzaron a ser condenadas como vulgares e irrespetuosas y fueron empujadas hacia el olvido. Sin embargo, estas historias permanecieron en los archivos y cementerios, conservando la memoria de una Mendoza atravesada por el dolor y los rituales extremos. #InfanciaXIX #MendozaNegra #VelorioDelAngelito #HistoriaFuneraria #mendozantigua 

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