“Al fin me tengo que convencer de que soy un hombre de buena estrella”, escribió alguna vez Julio Argentino Roca en una carta dirigida a su hermano. La frase, cargada de confianza y destino, parece resumir una vida marcada por oportunidades decisivas. Una de ellas había comenzado mucho antes de que Roca alcanzara poder militar o político: en 1849, cuando él tenía apenas seis años, Justo José de Urquiza fundó en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, una institución llamada a transformar la educación argentina. Ese establecimiento fue el Colegio del Uruguay, luego conocido como Colegio Nacional del Uruguay y actualmente como Colegio Superior del Uruguay “Justo José de Urquiza”. Fue creado por Urquiza el 28 de julio de 1849 y su edificio comenzó a levantarse ese mismo año, frente a la plaza principal de Concepción del Uruguay, con proyecto del arquitecto francés Pedro Renom. Argentina.gob.ar lo reconoce como el más antiguo instituto laico de enseñanza secundaria del país y señala que allí se impartían estudios para profesiones liberales, cursos prácticos de comercio e instrucción militar. La creación del colegio no fue un simple gesto educativo. Respondía a una idea política de fondo: formar cuadros para una Argentina federal, organizada e institucional. Allí aparece una diferencia central entre Urquiza y Rosas. Ambos podían presentarse como federales, pero Urquiza buscaba avanzar hacia una organización nacional con instituciones, leyes y Constitución. Rosas, en cambio, sostuvo durante años una Confederación sin estructura constitucional definitiva. En términos simples: la confederación descansaba más en pactos políticos y delegaciones de poder; la federación constitucional exigía un contrato común que debía respetarse. Urquiza comprendió que la unidad nacional no se construía solo con ejércitos, pactos o pronunciamientos, sino también con educación. Por eso, el Colegio del Uruguay fue pensado como una usina de formación para jóvenes de distintas provincias. La Nación recuerda que la finalidad de Urquiza era preparar una élite política nacional con estudiantes llegados de todo el territorio y también del exterior. Esa política de becas resultó fundamental. Urquiza ofreció cupos para que las provincias enviaran alumnos a estudiar a Concepción del Uruguay. Así, el colegio se convirtió en un verdadero laboratorio federal: jóvenes de distintos puntos del país convivían, estudiaban, recibían instrucción militar, se formaban en letras, ciencias, derecho, comercio y política, y luego regresaban o se proyectaban hacia la vida pública nacional. Entre esos alumnos estuvo Julio Argentino Roca, nacido en San Miguel de Tucumán el 17 de julio de 1843. El Museo Roca señala que, tras la muerte de su madre, Roca fue enviado como pupilo al Colegio de Concepción del Uruguay junto con sus hermanos Celedonio y Marcos. También indica que fue becado a pedido de Urquiza y que allí se incorporó al curso de instrucción militar. Aquel paso por el colegio fue decisivo. Roca vivió su adolescencia bajo el rectorado del educador francés Alberto Larroque, en una etapa considerada de oro para la institución. Allí compartió ambiente con jóvenes provincianos que luego ocuparían lugares relevantes en la política, la literatura y la vida pública argentina, como Onésimo Leguizamón, Olegario V. Andrade, Victorino de la Plaza y Eduardo Wilde. El Colegio del Uruguay fue, junto con el Colegio Nacional de Buenos Aires y el Colegio Nacional de Monserrat, uno de los pilares de la educación secundaria preuniversitaria argentina. Su importancia patrimonial también es enorme: el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional, y La Nación destaca que fue el primer colegio laico, público y gratuito del país. Por eso, visitar hoy Concepción del Uruguay y recorrer ese colegio es entrar en una pieza viva de la historia nacional. Sus patios, aulas, archivo, biblioteca y museos conservan la memoria de un proyecto educativo que nació antes de la Constitución de 1853, pero que ya anunciaba una Argentina institucional, federal y moderna. La “buena estrella” de Roca no fue solo suerte personal. También fue el resultado de una política educativa pensada por Urquiza para formar dirigentes, unir provincias y dar herramientas a una generación que debía construir el Estado nacional. En ese cruce entre destino individual y proyecto colectivo, el Colegio del Uruguay aparece como una de las grandes joyas de la educación argentina. #ColegioDelUruguay #JustoJoseDeUrquiza #JulioArgentinoRoca #ConcepcionDelUruguay #EducacionArgentina #HistoriaArgentina #EntreRios #Federalismo #OrganizacionNacional #ConstitucionArgentina #AlbertoLarroque #ColegioNacional #EducacionPublica #PatrimonioHistorico #MendozAntigua #ArgentineHistory #EducationHistory #Federalism #HistoricSchools #NationalHeritage #CulturalHeritage #HistoricalMemory
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viernes, 1 de mayo de 2026
El colegio de Urquiza que formó presidentes: la “buena estrella” que encendió la educación nacional
“Al fin me tengo que convencer de que soy un hombre de buena estrella”, escribió alguna vez Julio Argentino Roca en una carta dirigida a su hermano. La frase, cargada de confianza y destino, parece resumir una vida marcada por oportunidades decisivas. Una de ellas había comenzado mucho antes de que Roca alcanzara poder militar o político: en 1849, cuando él tenía apenas seis años, Justo José de Urquiza fundó en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, una institución llamada a transformar la educación argentina. Ese establecimiento fue el Colegio del Uruguay, luego conocido como Colegio Nacional del Uruguay y actualmente como Colegio Superior del Uruguay “Justo José de Urquiza”. Fue creado por Urquiza el 28 de julio de 1849 y su edificio comenzó a levantarse ese mismo año, frente a la plaza principal de Concepción del Uruguay, con proyecto del arquitecto francés Pedro Renom. Argentina.gob.ar lo reconoce como el más antiguo instituto laico de enseñanza secundaria del país y señala que allí se impartían estudios para profesiones liberales, cursos prácticos de comercio e instrucción militar. La creación del colegio no fue un simple gesto educativo. Respondía a una idea política de fondo: formar cuadros para una Argentina federal, organizada e institucional. Allí aparece una diferencia central entre Urquiza y Rosas. Ambos podían presentarse como federales, pero Urquiza buscaba avanzar hacia una organización nacional con instituciones, leyes y Constitución. Rosas, en cambio, sostuvo durante años una Confederación sin estructura constitucional definitiva. En términos simples: la confederación descansaba más en pactos políticos y delegaciones de poder; la federación constitucional exigía un contrato común que debía respetarse. Urquiza comprendió que la unidad nacional no se construía solo con ejércitos, pactos o pronunciamientos, sino también con educación. Por eso, el Colegio del Uruguay fue pensado como una usina de formación para jóvenes de distintas provincias. La Nación recuerda que la finalidad de Urquiza era preparar una élite política nacional con estudiantes llegados de todo el territorio y también del exterior. Esa política de becas resultó fundamental. Urquiza ofreció cupos para que las provincias enviaran alumnos a estudiar a Concepción del Uruguay. Así, el colegio se convirtió en un verdadero laboratorio federal: jóvenes de distintos puntos del país convivían, estudiaban, recibían instrucción militar, se formaban en letras, ciencias, derecho, comercio y política, y luego regresaban o se proyectaban hacia la vida pública nacional. Entre esos alumnos estuvo Julio Argentino Roca, nacido en San Miguel de Tucumán el 17 de julio de 1843. El Museo Roca señala que, tras la muerte de su madre, Roca fue enviado como pupilo al Colegio de Concepción del Uruguay junto con sus hermanos Celedonio y Marcos. También indica que fue becado a pedido de Urquiza y que allí se incorporó al curso de instrucción militar. Aquel paso por el colegio fue decisivo. Roca vivió su adolescencia bajo el rectorado del educador francés Alberto Larroque, en una etapa considerada de oro para la institución. Allí compartió ambiente con jóvenes provincianos que luego ocuparían lugares relevantes en la política, la literatura y la vida pública argentina, como Onésimo Leguizamón, Olegario V. Andrade, Victorino de la Plaza y Eduardo Wilde. El Colegio del Uruguay fue, junto con el Colegio Nacional de Buenos Aires y el Colegio Nacional de Monserrat, uno de los pilares de la educación secundaria preuniversitaria argentina. Su importancia patrimonial también es enorme: el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional, y La Nación destaca que fue el primer colegio laico, público y gratuito del país. Por eso, visitar hoy Concepción del Uruguay y recorrer ese colegio es entrar en una pieza viva de la historia nacional. Sus patios, aulas, archivo, biblioteca y museos conservan la memoria de un proyecto educativo que nació antes de la Constitución de 1853, pero que ya anunciaba una Argentina institucional, federal y moderna. La “buena estrella” de Roca no fue solo suerte personal. También fue el resultado de una política educativa pensada por Urquiza para formar dirigentes, unir provincias y dar herramientas a una generación que debía construir el Estado nacional. En ese cruce entre destino individual y proyecto colectivo, el Colegio del Uruguay aparece como una de las grandes joyas de la educación argentina. #ColegioDelUruguay #JustoJoseDeUrquiza #JulioArgentinoRoca #ConcepcionDelUruguay #EducacionArgentina #HistoriaArgentina #EntreRios #Federalismo #OrganizacionNacional #ConstitucionArgentina #AlbertoLarroque #ColegioNacional #EducacionPublica #PatrimonioHistorico #MendozAntigua #ArgentineHistory #EducationHistory #Federalism #HistoricSchools #NationalHeritage #CulturalHeritage #HistoricalMemory
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