martes, 24 de marzo de 2020

El 24 de Marzo de 2002, en Cambridge, Inglaterra. Murió el sabio que renunció a hacerse rico para salvar vidas: César Milstein, el Nobel argentino que cambió la medicina para siempre


El 24 de marzo de 2002, en Cambridge, Inglaterra, murió César Milstein, uno de los científicos argentinos más extraordinarios del siglo XX. Había nacido el 8 de octubre de 1927 en Bahía Blanca y en 1984 recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, compartido con Georges Köhler y Niels K. Jerne, por sus aportes decisivos al desarrollo de los anticuerpos monoclonales, una herramienta que transformó la inmunología, el diagnóstico y los tratamientos modernos. Milstein creció en una familia de inmigrantes judíos de Europa del Este y desde muy joven mostró una curiosidad científica fuera de lo común. A los 13 años, la lectura de Los cazadores de microbios, de Paul de Kruif, le despertó la vocación investigadora. Luego se trasladó a Buenos Aires para estudiar en la Universidad de Buenos Aires, donde completó su formación de grado y obtuvo el doctorado en química. Su tesis fue distinguida como la mejor del año por la Sociedad Química Argentina, una señal temprana del talento que ya asomaba con fuerza. A fines de los años cincuenta viajó becado a Cambridge, donde profundizó sus estudios y trabajó junto a figuras de primer nivel como Frederick Sanger. Regresó a la Argentina en 1961 para dirigir la División de Biología Molecular del Instituto Nacional de Microbiología, pero tras el golpe de Estado de 1962 y la intervención del instituto volvió a Inglaterra. Allí, en el MRC Laboratory of Molecular Biology, desarrolló la etapa más brillante de su carrera: en 1975, junto a Köhler, publicó la técnica que permitió obtener anticuerpos monoclonales, un descubrimiento que abrió el camino a enormes avances en medicina y biotecnología. Pero si su grandeza científica fue inmensa, su dimensión humana lo volvió todavía más admirable. Milstein rechazó patentar su hallazgo porque estaba convencido de que el conocimiento debía estar al servicio de toda la humanidad. Esa decisión le hizo perder una fortuna, pero multiplicó el impacto de su descubrimiento en laboratorios, hospitales y centros de investigación de todo el mundo. En diciembre de 1999, volvió a la Facultad de Exactas de la UBA para dar una de sus últimas charlas, titulada “La curiosidad como fuente de riqueza”, una frase que resume como pocas su forma de entender la ciencia: no como negocio, sino como búsqueda, compromiso y legado. Su muerte, a los 74 años, apagó una vida ejemplar, pero no su influencia. Hoy, millones de diagnósticos y tratamientos siguen llevando, en silencio, la marca de su inteligencia y de su generosidad. #CesarMilstein #NobelArgentino #Ciencia #Medicina #AnticuerposMonoclonales #UBA #BahiaBlanca #Memoria #HistoriaArgentina #MendozAntigua

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