El 23 de agosto de 1973, a las 10:03 de la mañana, un hombre enmascarado y armado con una subametralladora irrumpió en el Kreditbanken de Norrmalmstorg, en pleno centro de Estocolmo. Se llamaba Jan-Erik Olsson y lo que pretendía ser un asalto terminó convirtiéndose en uno de los episodios criminales más famosos del siglo XX. Olsson abrió fuego dentro del banco, hirió a un policía y tomó como rehenes a cuatro empleados —tres mujeres y un hombre— mientras el edificio quedaba rápidamente rodeado por las fuerzas de seguridad. Sus exigencias parecían sacadas de una película: tres millones de coronas suecas y moneda extranjera, un automóvil rápido con el tanque lleno, armas y, sobre todo, que llevaran hasta el banco a Clark Olofsson, un conocido delincuente que se encontraba preso en Norrköping. El gobierno sueco aceptó trasladar a Olofsson y hasta colocó un Ford Mustang preparado para una posible huida, pero las autoridades se negaron a permitir que los delincuentes escaparan llevándose a los rehenes. Durante las siguientes jornadas, secuestradores y cautivos quedaron encerrados en la bóveda del banco, mientras Suecia seguía prácticamente en tiempo real un drama que se extendió unas 130 horas. La tensión llegó a extremos inquietantes: Olsson llegó a telefonear al primer ministro Olof Palme y amenazó con matar a una rehén si no obtenía vía libre. Cuando la policía comenzó a perforar el techo de hormigón de la bóveda para preparar un operativo, Olsson colocó lazos alrededor del cuello de los cautivos y los sujetó a las cajas de seguridad como advertencia ante un posible ataque con gas. Finalmente, el 28 de agosto, la policía introdujo gas lacrimógeno a través de las perforaciones. A las 21:28 el operativo había concluido: Olsson y Olofsson se rindieron y los cuatro rehenes salieron sin lesiones físicas graves. Pero lo que convertiría aquel asalto en un fenómeno mundial apareció después. Durante el cautiverio, algunos rehenes habían comenzado a mostrar confianza hacia sus captores y, al mismo tiempo, un profundo temor a que una intervención policial terminara provocando una masacre. La empleada Kristin Enmark llegó incluso a comunicarse con Olof Palme defendiendo una salida que evitara una irrupción policial. Aquellas reacciones desconcertaron a los observadores y el psiquiatra y criminólogo sueco Nils Bejerot, asesor de la policía durante la crisis, utilizó inicialmente la expresión “síndrome de Norrmalmstorg”; con el tiempo, el fenómeno pasaría a conocerse internacionalmente como “síndrome de Estocolmo”. La expresión quedó asociada a situaciones extremas en las que una víctima puede desarrollar sentimientos positivos, confianza, empatía o conductas de cooperación hacia quien controla su vida, interpretadas muchas veces como mecanismos de supervivencia frente al miedo, el aislamiento y la imposibilidad de escapar. Sin embargo, medio siglo después conviene hacer una aclaración fundamental: el “síndrome de Estocolmo” no constituye un diagnóstico reconocido en las principales clasificaciones psiquiátricas y la investigación científica disponible es limitada; una revisión publicada en Acta Psychiatrica Scandinavica encontró pocos estudios, ausencia de criterios diagnósticos validados y una fuerte dependencia de casos difundidos por los medios. Apenas unos meses después, otro episodio llevaría el concepto nuevamente a los titulares. El 4 de febrero de 1974, Patricia “Patty” Hearst, nieta del magnate periodístico William Randolph Hearst, fue secuestrada en California por el Symbionese Liberation Army. El 3 de abril anunció en una grabación que se había unido al grupo y el 15 de abril apareció armada durante el asalto a un banco de San Francisco. Su caso fue presentado durante décadas como otro ejemplo del fenómeno, aunque las circunstancias de coerción, abuso y responsabilidad de Hearst continúan siendo objeto de análisis histórico y psicológico. Aquel intento de robo iniciado una mañana de agosto de 1973 no solo paralizó Estocolmo: dejó una expresión instalada en el lenguaje mundial durante más de medio siglo. Y quizá su aspecto más fascinante siga siendo el mismo: bajo una amenaza extrema, la mente humana puede desarrollar estrategias de supervivencia mucho más complejas de lo que parece desde afuera. #SíndromeDeEstocolmo #Estocolmo #Suecia #Historia #Efemérides #UnDíaComoHoy #HistoriaCriminal #Norrmalmstorg #Kreditbanken #JanErikOlsson #ClarkOlofsson #Psicología #HistoriaDelSigloXX #StockholmSyndrome #Stockholm #Sweden #OnThisDay #History #TrueCrimeHistory #HostageCrisis #Psychology #Norrmalmstorg
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domingo, 23 de agosto de 2020
🔥🏦 23 DE AGOSTO DE 1973: SEIS DÍAS DE TERROR EN UN BANCO Y EL NACIMIENTO DEL “SÍNDROME DE ESTOCOLMO” — EL ROBO QUE CAMBIÓ PARA SIEMPRE LA FORMA DE ENTENDER A LOS REHENES —
El 23 de agosto de 1973, a las 10:03 de la mañana, un hombre enmascarado y armado con una subametralladora irrumpió en el Kreditbanken de Norrmalmstorg, en pleno centro de Estocolmo. Se llamaba Jan-Erik Olsson y lo que pretendía ser un asalto terminó convirtiéndose en uno de los episodios criminales más famosos del siglo XX. Olsson abrió fuego dentro del banco, hirió a un policía y tomó como rehenes a cuatro empleados —tres mujeres y un hombre— mientras el edificio quedaba rápidamente rodeado por las fuerzas de seguridad. Sus exigencias parecían sacadas de una película: tres millones de coronas suecas y moneda extranjera, un automóvil rápido con el tanque lleno, armas y, sobre todo, que llevaran hasta el banco a Clark Olofsson, un conocido delincuente que se encontraba preso en Norrköping. El gobierno sueco aceptó trasladar a Olofsson y hasta colocó un Ford Mustang preparado para una posible huida, pero las autoridades se negaron a permitir que los delincuentes escaparan llevándose a los rehenes. Durante las siguientes jornadas, secuestradores y cautivos quedaron encerrados en la bóveda del banco, mientras Suecia seguía prácticamente en tiempo real un drama que se extendió unas 130 horas. La tensión llegó a extremos inquietantes: Olsson llegó a telefonear al primer ministro Olof Palme y amenazó con matar a una rehén si no obtenía vía libre. Cuando la policía comenzó a perforar el techo de hormigón de la bóveda para preparar un operativo, Olsson colocó lazos alrededor del cuello de los cautivos y los sujetó a las cajas de seguridad como advertencia ante un posible ataque con gas. Finalmente, el 28 de agosto, la policía introdujo gas lacrimógeno a través de las perforaciones. A las 21:28 el operativo había concluido: Olsson y Olofsson se rindieron y los cuatro rehenes salieron sin lesiones físicas graves. Pero lo que convertiría aquel asalto en un fenómeno mundial apareció después. Durante el cautiverio, algunos rehenes habían comenzado a mostrar confianza hacia sus captores y, al mismo tiempo, un profundo temor a que una intervención policial terminara provocando una masacre. La empleada Kristin Enmark llegó incluso a comunicarse con Olof Palme defendiendo una salida que evitara una irrupción policial. Aquellas reacciones desconcertaron a los observadores y el psiquiatra y criminólogo sueco Nils Bejerot, asesor de la policía durante la crisis, utilizó inicialmente la expresión “síndrome de Norrmalmstorg”; con el tiempo, el fenómeno pasaría a conocerse internacionalmente como “síndrome de Estocolmo”. La expresión quedó asociada a situaciones extremas en las que una víctima puede desarrollar sentimientos positivos, confianza, empatía o conductas de cooperación hacia quien controla su vida, interpretadas muchas veces como mecanismos de supervivencia frente al miedo, el aislamiento y la imposibilidad de escapar. Sin embargo, medio siglo después conviene hacer una aclaración fundamental: el “síndrome de Estocolmo” no constituye un diagnóstico reconocido en las principales clasificaciones psiquiátricas y la investigación científica disponible es limitada; una revisión publicada en Acta Psychiatrica Scandinavica encontró pocos estudios, ausencia de criterios diagnósticos validados y una fuerte dependencia de casos difundidos por los medios. Apenas unos meses después, otro episodio llevaría el concepto nuevamente a los titulares. El 4 de febrero de 1974, Patricia “Patty” Hearst, nieta del magnate periodístico William Randolph Hearst, fue secuestrada en California por el Symbionese Liberation Army. El 3 de abril anunció en una grabación que se había unido al grupo y el 15 de abril apareció armada durante el asalto a un banco de San Francisco. Su caso fue presentado durante décadas como otro ejemplo del fenómeno, aunque las circunstancias de coerción, abuso y responsabilidad de Hearst continúan siendo objeto de análisis histórico y psicológico. Aquel intento de robo iniciado una mañana de agosto de 1973 no solo paralizó Estocolmo: dejó una expresión instalada en el lenguaje mundial durante más de medio siglo. Y quizá su aspecto más fascinante siga siendo el mismo: bajo una amenaza extrema, la mente humana puede desarrollar estrategias de supervivencia mucho más complejas de lo que parece desde afuera. #SíndromeDeEstocolmo #Estocolmo #Suecia #Historia #Efemérides #UnDíaComoHoy #HistoriaCriminal #Norrmalmstorg #Kreditbanken #JanErikOlsson #ClarkOlofsson #Psicología #HistoriaDelSigloXX #StockholmSyndrome #Stockholm #Sweden #OnThisDay #History #TrueCrimeHistory #HostageCrisis #Psychology #Norrmalmstorg
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