miércoles, 5 de agosto de 2020

5 DE AGOSTO DE 1991: SŌICHIRŌ HONDA, EL HOMBRE QUE CONVIRTIÓ LOS FRACASOS EN MOTORES


El 5 de agosto de 1991 moría en Tokio, a los 84 años, Sōichirō Honda, uno de los ingenieros y empresarios más extraordinarios del siglo XX. No había heredado una gran fábrica ni pertenecía a una poderosa familia industrial. Su imperio comenzó entre herramientas, bicicletas averiadas, motores desarmados y una obsesión que lo acompañaría durante toda su vida: comprender cómo funcionaban las máquinas y descubrir la forma de hacerlas mejores. Había nacido el 17 de noviembre de 1906 en la aldea de Kōmyō, actual jurisdicción de Hamamatsu, en la prefectura japonesa de Shizuoka. Su padre era herrero y más tarde se dedicó a vender y reparar bicicletas. A los 15 años, Sōichirō dejó su hogar y viajó solo a Tokio para convertirse en aprendiz del taller automotor Art Shokai. Allí limpió pisos, cuidó niños, reparó vehículos y participó en la construcción de un automóvil de competición equipado con el motor usado de un avión. Seis años después regresó a Hamamatsu y abrió una sucursal propia. Su ingenio era tan reconocido que comenzaron a llamarlo el “Edison de Hamamatsu”. Pero reparar máquinas ajenas ya no le alcanzaba. En 1936 creó Tōkai Seiki para fabricar anillos de pistón. Sus primeros diseños fracasaron y la empresa estuvo cerca de quedarse sin dinero. Honda comprendió entonces que la intuición no bastaba: con 30 años comenzó a asistir como oyente a clases nocturnas de metalurgia en la Escuela Técnica de Hamamatsu. Después de numerosos ensayos logró perfeccionar sus piezas y levantar una compañía que llegó a reunir cerca de 2.000 trabajadores. La Segunda Guerra Mundial, sin embargo, destruyó aquel esfuerzo: una de sus fábricas fue arrasada por un bombardeo y otra quedó devastada por un terremoto. En medio de las ruinas del Japón de posguerra, Honda volvió a empezar. En septiembre de 1946 creó el Honda Technical Research Institute y comenzó a colocar pequeños motores generadores procedentes del Ejército en bicicletas, el principal medio de transporte de una población golpeada por la escasez. Cuando aquellos motores se agotaron, desarrolló el Tipo A, su primer propulsor propio. El 24 de septiembre de 1948 nació oficialmente Honda Motor Company y, en agosto de 1949, apareció la Dream Tipo D, la primera motocicleta completa fabricada íntegramente por la empresa. Ese mismo año conoció a Takeo Fujisawa. Honda dominaba la ingeniería; Fujisawa comprendía las finanzas, las ventas y la organización empresarial. Eran tan diferentes como complementarios: uno imaginaba y construía, el otro encontraba la manera de llevar esos inventos hasta millones de personas. La posterior aparición de la Super Cub, económica, resistente y fácil de conducir, abrió las puertas del mercado internacional. En junio de 1959 se estableció American Honda en Los Ángeles y la marca debutó en el legendario Tourist Trophy de la Isla de Man. Dos años después obtuvo victorias en las categorías de 125 y 250 centímetros cúbicos. Honda no se conformó con dominar las dos ruedas. En 1963 ingresó formalmente en la industria automotriz con la pequeña camioneta T360 y el deportivo S500. En 1964 llevó su propia tecnología a la Fórmula 1 y, apenas un año después, obtuvo su primera victoria en el Gran Premio de México. Aquellas carreras no eran únicamente publicidad: se convirtieron en laboratorios extremos donde los motores, materiales y diseños debían demostrar su resistencia frente a los mejores del mundo. El gran automóvil popular de la compañía llegaría en 1972 con el Honda Civic. Su tamaño compacto, bajo consumo y posterior motor CVCC —capaz de superar las exigentes normas estadounidenses de emisiones sin utilizar convertidor catalítico— lo transformaron en el vehículo perfecto para una época marcada por la contaminación urbana y la crisis petrolera de 1973. El Civic recibió además el premio al Automóvil del Año en Japón durante tres años consecutivos. En 1973, Sōichirō Honda y Takeo Fujisawa anunciaron juntos su retiro. No conservaron la presidencia honoraria ni se aferraron al poder: permitieron que una nueva generación tomara el mando. Tampoco impusieron a sus hijos como herederos de la compañía. Para ellos, Honda debía pertenecer a quienes demostraran capacidad para conducirla, no simplemente a quienes llevaran su apellido. Hoy, aquel pequeño taller surgido entre las ruinas proyecta su tecnología sobre motocicletas, automóviles, generadores, maquinaria, motores marinos y aeronaves. Sin embargo, el legado más profundo de Sōichirō Honda no puede medirse solamente en fábricas o vehículos. Su verdadera obra fue demostrar que un fracaso no siempre es el final: a veces es apenas una pieza defectuosa que debe ser estudiada, corregida y puesta nuevamente en marcha. #SoichiroHonda #Honda #HistoriaAutomotriz #HistoriaDelMotor #Motociclismo #Ingenieria #Innovacion #Japon #Formula1 #HondaCivic #Emprendedores #GrandesInventores #Efemerides #MendozAntigua #HondaHistory #AutomotiveHistory #MotorcycleHistory #EngineeringHistory #JapaneseHistory #MotorsportHistory #Innovation #ThePowerOfDreams


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