Hasta la década de 1860, el suministro de agua potable en la ciudad de Buenos Aires era notoriamente problemático. Gran parte de la población dependía del Río de la Plata, mientras que el agua subterránea era de mala calidad.🚫 Problemas de Abastecimiento (c. 1750) La escasez de agua segura para el consumo era generalizada, y las opciones disponibles presentaban serios inconvenientes: El agua extraída de la primera napa (pozos de balde, de 18 a 23 varas de profundidad) era generalmente salobre, barrosa y con frecuencia contaminada, siendo inútil para la mayoría de los usos domésticos. Los ciudadanos más acaudalados construían aljibes en los patios para recolectar el agua de lluvia de las azoteas. Sin embargo, esta solución era escasa porque su construcción era costosa y solo viable en casas con azotea plana, siendo la mayoría de las viviendas cubiertas con tejas. A pesar de ser el método preferido por los pudientes, el agua recolectada seguía necesitando tratamiento. La mayoría de los porteños coloniales dependían del río, fuente del agua que hoy, según el texto, "no aprobaría hoy el más elemental análisis bromatológico". La provisión estaba a cargo de los "aguateros", figuras emblemáticas de la ciudad que utilizaban carretas pesadas tiradas por una yunta de bueyes. Estos comerciantes se adentraban en el Río de la Plata para buscar agua, supuestamente más limpia, que luego vendían en las calles. Aunque las autoridades señalaban puntos específicos para la toma de agua, el aguatero a menudo desobedecía, sacándola de donde le convenía, incluso si estaba revuelta y fangosa. El viajero Concolorcorvo (Calixto Bustamante Carlos Inca), en 1773, criticó que los aguadores recogían el líquido sucio y jabonoso en la orilla, cerca de donde se lavaba toda la ropa de la ciudad, para evitar la molestia de adentrarse en la corriente del río. El agua que llegaba a los hogares era turbia y llena de impurezas, por lo que requería procesos de purificación antes de ser bebida o utilizada para cocinar: El método más común era dejar el agua en reposo durante al menos 24 horas en grandes tinajones de barro para que los sedimentos "cenagosos" precipitaran y el agua se aclarara. También se empleaban filtros de barro cocido. Algunos añadían un trozo de alumbre a los tinajones para acelerar la clarificación y purificación. En verano, el agua se calentaba tanto durante el tránsito bajo el sol ardiente que "estaba como caldo" y no se podía tomar al llegar. La problemática del suministro solo se resolvió décadas más tarde. En 1869, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, se inauguró finalmente el primer servicio de cloacas y agua corriente potable de la ciudad de Buenos Aires. #AguaterosBA #BuenosAiresColonial #HistoriaDeBuenosAires #SarmientoObras #RíoDeLaPlata #mendzantigua
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sábado, 10 de enero de 2026
1750💧 La Odisea del Agua en la Buenos Aires Colonial: De las Carretas del Plata al Aljibe
Hasta la década de 1860, el suministro de agua potable en la ciudad de Buenos Aires era notoriamente problemático. Gran parte de la población dependía del Río de la Plata, mientras que el agua subterránea era de mala calidad.🚫 Problemas de Abastecimiento (c. 1750) La escasez de agua segura para el consumo era generalizada, y las opciones disponibles presentaban serios inconvenientes: El agua extraída de la primera napa (pozos de balde, de 18 a 23 varas de profundidad) era generalmente salobre, barrosa y con frecuencia contaminada, siendo inútil para la mayoría de los usos domésticos. Los ciudadanos más acaudalados construían aljibes en los patios para recolectar el agua de lluvia de las azoteas. Sin embargo, esta solución era escasa porque su construcción era costosa y solo viable en casas con azotea plana, siendo la mayoría de las viviendas cubiertas con tejas. A pesar de ser el método preferido por los pudientes, el agua recolectada seguía necesitando tratamiento. La mayoría de los porteños coloniales dependían del río, fuente del agua que hoy, según el texto, "no aprobaría hoy el más elemental análisis bromatológico". La provisión estaba a cargo de los "aguateros", figuras emblemáticas de la ciudad que utilizaban carretas pesadas tiradas por una yunta de bueyes. Estos comerciantes se adentraban en el Río de la Plata para buscar agua, supuestamente más limpia, que luego vendían en las calles. Aunque las autoridades señalaban puntos específicos para la toma de agua, el aguatero a menudo desobedecía, sacándola de donde le convenía, incluso si estaba revuelta y fangosa. El viajero Concolorcorvo (Calixto Bustamante Carlos Inca), en 1773, criticó que los aguadores recogían el líquido sucio y jabonoso en la orilla, cerca de donde se lavaba toda la ropa de la ciudad, para evitar la molestia de adentrarse en la corriente del río. El agua que llegaba a los hogares era turbia y llena de impurezas, por lo que requería procesos de purificación antes de ser bebida o utilizada para cocinar: El método más común era dejar el agua en reposo durante al menos 24 horas en grandes tinajones de barro para que los sedimentos "cenagosos" precipitaran y el agua se aclarara. También se empleaban filtros de barro cocido. Algunos añadían un trozo de alumbre a los tinajones para acelerar la clarificación y purificación. En verano, el agua se calentaba tanto durante el tránsito bajo el sol ardiente que "estaba como caldo" y no se podía tomar al llegar. La problemática del suministro solo se resolvió décadas más tarde. En 1869, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, se inauguró finalmente el primer servicio de cloacas y agua corriente potable de la ciudad de Buenos Aires. #AguaterosBA #BuenosAiresColonial #HistoriaDeBuenosAires #SarmientoObras #RíoDeLaPlata #mendzantigua
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