El 5 de mayo de 1893 nació Ivo Pelay, seudónimo artístico de Guillermo Juan Robustiano Pichot, en La Plata, provincia de Buenos Aires —algunas referencias lo ubican específicamente en Ensenada, por entonces vinculada al partido platense—. Fue letrista, autor teatral, periodista, guionista, director y hombre de radio, una figura enorme de la cultura popular argentina del siglo XX. Murió en Buenos Aires el 28 de agosto de 1959. La imagen adjunta muestra un retrato en blanco y negro, de rasgos sobrios y gesto serio, que remite a la estética de las viejas galerías de autores teatrales y compositores de tango. Detrás de ese rostro aparece un creador incansable: en 1911, cuando todavía era muy joven, estrenó su primera obra, “Mala vida”, en el Teatro Nacional. Desde entonces desarrolló una producción teatral extraordinaria, con alrededor de 200 piezas estrenadas, entre dramas, sainetes, comedias, revistas musicales y juguetes cómicos. Pelay fue un verdadero trabajador de la escena. Escribió solo y también en colaboración con autores importantes de su tiempo, como Florentino Iriarte, Antonio Botta, Alberto Ballestero, Ricardo Hicken, Francisco Payá y Pascual Contursi, entre otros. Su teatro se movía con facilidad entre el humor porteño, el costumbrismo, la sátira social, el melodrama y el espectáculo musical, en una época en la que los escenarios eran uno de los grandes centros de entretenimiento popular. También dejó una marca profunda en el tango y la canción criolla. Compuso letras para sus propias obras y trabajó junto a músicos de enorme prestigio, entre ellos Gerardo Matos Rodríguez y, especialmente, Francisco Canaro, con quien logró algunos de sus mayores éxitos. Entre sus títulos más recordados aparecen “La muchachada del centro”, “Yo no sé por qué te quiero”, “Adiós pampa mía”, “Casas viejas”, “¿Dónde hay un mango?”, “Los amores con la crisis” y “Me enamoré una vez”. Todo Tango también registra como suya la letra de “Se dice de mí”, milonga con música de Canaro que más tarde quedaría asociada para siempre a Tita Merello. Su actividad no se limitó al teatro y la música. Trabajó en el diario Crítica, publicó versos en revistas, escribió para la radio y también incursionó en el cine. En 1938 dirigió “El diablo con faldas”, película argentina protagonizada por Florencio Parravicini, Celia Gámez y Pedro Maratea, estrenada el 20 de abril de ese año. La relación de Ivo Pelay con Mendoza tuvo un capítulo especial en la Fiesta de la Vendimia. En la década de 1950 realizó guiones y ejerció tareas de dirección dentro de la fiesta mayor de los mendocinos. Registros históricos de Vendimia mencionan su participación en espectáculos de esa década, cuando la celebración todavía combinaba elementos de revista, teatro, música, poesía, desfile y gran puesta escénica. Recordar a Ivo Pelay es rescatar a un autor que atravesó casi todos los lenguajes populares de su época: el escenario, el tango, el diario, la radio, el cine y la fiesta pública. Fue uno de esos creadores capaces de escribir para el público masivo sin perder oficio, ritmo ni sentido teatral. Su nombre pertenece a esa generación que hizo reír, cantar y emocionarse a la Argentina urbana del siglo XX. #IvoPelay #GuillermoPichot #TangoArgentino #TeatroArgentino #FranciscoCanaro #AdiósPampaMía #SeDiceDeMí #TeatroDeRevista #SaineteCriollo #CulturaArgentina #FiestaDeLaVendimia #MendozaAntigua #MendozAntigua #ArgentineTango #ArgentineTheatre #TangoHistory #VintageArgentina #CulturalHistory #OldBuenosAires #MendozaHistory
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lunes, 4 de mayo de 2026
5 de Mayo de 1893, nace Ivo Pelay: el hombre que escribió teatro, tango y Vendimia con pulso popular
El 5 de mayo de 1893 nació Ivo Pelay, seudónimo artístico de Guillermo Juan Robustiano Pichot, en La Plata, provincia de Buenos Aires —algunas referencias lo ubican específicamente en Ensenada, por entonces vinculada al partido platense—. Fue letrista, autor teatral, periodista, guionista, director y hombre de radio, una figura enorme de la cultura popular argentina del siglo XX. Murió en Buenos Aires el 28 de agosto de 1959. La imagen adjunta muestra un retrato en blanco y negro, de rasgos sobrios y gesto serio, que remite a la estética de las viejas galerías de autores teatrales y compositores de tango. Detrás de ese rostro aparece un creador incansable: en 1911, cuando todavía era muy joven, estrenó su primera obra, “Mala vida”, en el Teatro Nacional. Desde entonces desarrolló una producción teatral extraordinaria, con alrededor de 200 piezas estrenadas, entre dramas, sainetes, comedias, revistas musicales y juguetes cómicos. Pelay fue un verdadero trabajador de la escena. Escribió solo y también en colaboración con autores importantes de su tiempo, como Florentino Iriarte, Antonio Botta, Alberto Ballestero, Ricardo Hicken, Francisco Payá y Pascual Contursi, entre otros. Su teatro se movía con facilidad entre el humor porteño, el costumbrismo, la sátira social, el melodrama y el espectáculo musical, en una época en la que los escenarios eran uno de los grandes centros de entretenimiento popular. También dejó una marca profunda en el tango y la canción criolla. Compuso letras para sus propias obras y trabajó junto a músicos de enorme prestigio, entre ellos Gerardo Matos Rodríguez y, especialmente, Francisco Canaro, con quien logró algunos de sus mayores éxitos. Entre sus títulos más recordados aparecen “La muchachada del centro”, “Yo no sé por qué te quiero”, “Adiós pampa mía”, “Casas viejas”, “¿Dónde hay un mango?”, “Los amores con la crisis” y “Me enamoré una vez”. Todo Tango también registra como suya la letra de “Se dice de mí”, milonga con música de Canaro que más tarde quedaría asociada para siempre a Tita Merello. Su actividad no se limitó al teatro y la música. Trabajó en el diario Crítica, publicó versos en revistas, escribió para la radio y también incursionó en el cine. En 1938 dirigió “El diablo con faldas”, película argentina protagonizada por Florencio Parravicini, Celia Gámez y Pedro Maratea, estrenada el 20 de abril de ese año. La relación de Ivo Pelay con Mendoza tuvo un capítulo especial en la Fiesta de la Vendimia. En la década de 1950 realizó guiones y ejerció tareas de dirección dentro de la fiesta mayor de los mendocinos. Registros históricos de Vendimia mencionan su participación en espectáculos de esa década, cuando la celebración todavía combinaba elementos de revista, teatro, música, poesía, desfile y gran puesta escénica. Recordar a Ivo Pelay es rescatar a un autor que atravesó casi todos los lenguajes populares de su época: el escenario, el tango, el diario, la radio, el cine y la fiesta pública. Fue uno de esos creadores capaces de escribir para el público masivo sin perder oficio, ritmo ni sentido teatral. Su nombre pertenece a esa generación que hizo reír, cantar y emocionarse a la Argentina urbana del siglo XX. #IvoPelay #GuillermoPichot #TangoArgentino #TeatroArgentino #FranciscoCanaro #AdiósPampaMía #SeDiceDeMí #TeatroDeRevista #SaineteCriollo #CulturaArgentina #FiestaDeLaVendimia #MendozaAntigua #MendozAntigua #ArgentineTango #ArgentineTheatre #TangoHistory #VintageArgentina #CulturalHistory #OldBuenosAires #MendozaHistory
5 de Mayo de 1925 - Horacio Ballvé: el marino argentino que corrigió brújulas, miró al sur y abrió camino a la ciencia polar
El 5 de mayo de 1925 falleció el capitán de navío Horacio Ballvé, una figura poco recordada pero fundamental en la historia científica y naval argentina. Marino, técnico e inventor, Ballvé dejó su nombre asociado al “deflector Ballvé”, un instrumento magnético creado para compensar los errores de los compases de navegación, un problema que se había vuelto cada vez más importante con la aparición y expansión de los buques de hierro. Como alférez de fragata, y con apenas 23 años, diseñó ese deflector para mejorar la precisión de los compases magnéticos utilizados por la Armada. Su talento técnico llevó a que la Armada Argentina lo enviara a perfeccionarse en magnetismo en el Observatorio de Saint-Maur, en Francia. Allí profundizó conocimientos que luego aplicaría en la navegación, la investigación científica y los estudios geofísicos. Su trabajo alcanzó reconocimiento internacional, al punto de ser condecorado por Francia y Alemania, según registros navales. Pero su aporte más trascendente estuvo ligado al extremo sur argentino. A comienzos del siglo XX, Ballvé impulsó la instalación de un observatorio meteorológico y magnetológico en el grupo de islas Año Nuevo, frente a la costa norte de la Isla de los Estados, en Tierra del Fuego. El proyecto fue aprobado el 25 de septiembre de 1901 y las construcciones se completaron en febrero de 1902; los materiales fueron transportados por el aviso Azopardo. El observatorio funcionó en la Isla Observatorio, perteneciente al grupo Año Nuevo, bajo la conducción de Ballvé. Las observaciones comenzaron en febrero de 1902 y se mantuvieron hasta el 31 de diciembre de 1917, convirtiendo al sitio en un punto clave para los estudios meteorológicos, magnéticos y geofísicos del Atlántico Sur. Aquella iniciativa no fue aislada. Formó parte de un contexto internacional de creciente interés científico por las regiones australes y antárticas. La Argentina se comprometió entonces a establecer un observatorio magnético y meteorológico en la zona de la Isla de los Estados, en sintonía con los planes científicos de comienzos del siglo XX. Ballvé también recomendó fortalecer el estudio y la presencia argentina en las regiones polares. Esa visión contribuyó al envío de José María Sobral junto a la expedición antártica sueca de Otto Nordenskjöld, una experiencia que luego quedaría ligada a los primeros grandes pasos argentinos en la exploración científica del sur. Por eso, recordar a Horacio Ballvé no es solo mencionar a un inventor naval. Es rescatar a uno de los precursores argentinos de la ciencia aplicada al mar, la navegación y las regiones australes. Su deflector ayudó a corregir brújulas; su observatorio ayudó a medir el clima y el magnetismo del extremo sur; y su mirada estratégica anticipó la importancia que la Argentina tendría en la investigación antártica. #HoracioBallvé #ArmadaArgentina #HistoriaArgentina #IslaAñoNuevo #IslaObservatorio #IslaDeLosEstados #TierraDelFuego #CienciaArgentina #AntártidaArgentina #Meteorología #MagnetismoTerrestre #JoséMaríaSobral #HistoriaNaval #MendozAntigua #ArgentineHistory #NavalHistory #PolarScience #AntarcticHistory #ScientificHeritage #MaritimeHistory
“Hay un buen empleo para su hijo”: la publicidad de 1944 que prometía ascenso social desde un aula Pitman
En abril de 1944, en la Ciudad de Mendoza, un pequeño aviso gráfico de las Academias Pitman ofrecía una promesa poderosa para muchas familias: preparar a los jóvenes para conseguir “un buen empleo” en el comercio, de manera rápida y eficaz. La publicidad, de fuerte tono aspiracional, decía en grandes letras: “Hay un buen empleo para su hijo”, y apuntaba directamente a los padres que buscaban para sus hijos una salida laboral concreta en el mundo administrativo. La imagen muestra una estética muy propia de la publicidad de mediados del siglo XX: letras gruesas, mensajes directos, contrastes fuertes y una ilustración simbólica. En el ángulo superior izquierdo aparece una mano señalando un escritorio o mueble de oficina, como si indicara el camino hacia el trabajo estable, moderno y respetable. El aviso no vende solamente un curso: vende una oportunidad de progreso. El texto central sostiene que el hijo podría iniciarse en el comercio con “un buen empleo rápidamente y bien” mediante las Academias Pitman. La propuesta ofrecía formación práctica en saberes muy demandados por oficinas, comercios, empresas y organismos públicos: máquina, es decir, mecanografía; taquigrafía; contabilidad; secretariado y otros conocimientos comerciales que en la imagen se leen parcialmente. Al pie figura la sede: Academias Pitman, Catamarca 6, lo que ubica el anuncio en el circuito educativo y laboral de la Mendoza urbana de 1944. La elección de esas materias no era casual. La taquigrafía, definida por la Real Academia Española como la técnica de escribir tan rápido como se habla mediante signos y abreviaturas, era una habilidad clave para secretarios, empleados administrativos, periodistas, escribientes y personal de oficina. El nombre Pitman remitía al sistema creado por Sir Isaac Pitman, educador inglés que desarrolló un método taquigráfico fonético y publicó en 1837 Stenographic Sound Hand, obra que ayudó a difundir su sistema. En la Argentina, las Academias Pitman se convirtieron en una institución emblemática de la capacitación comercial. Investigaciones académicas señalan que la propuesta que luego se consolidaría como Academias Pitman tuvo sus antecedentes en Buenos Aires desde 1919, se unificó bajo ese nombre hacia 1927 y se expandió durante la década de 1930 con sedes, publicidad gráfica, radio, enseñanza por correspondencia y cursos orientados al empleo administrativo. El aviso mendocino refleja exactamente ese espíritu: cursos breves, prácticos y orientados a conseguir trabajo. Pitman ofrecía conocimientos de mecanografía, estenografía y contabilidad para formar empleados capaces de desempeñarse en oficinas públicas y privadas, en un país donde crecían la burocracia estatal, el comercio, las empresas, los bancos, las compañías de seguros y los escritorios administrativos. Según la investigación de Graciela Queirolo, estos cursos apuntaban a varones y mujeres de sectores trabajadores que buscaban movilidad ocupacional, prestigio social y mejores salarios mediante la capacitación práctica.
Aunque este aviso habla específicamente de “su hijo”, la historia de Pitman también estuvo muy vinculada a la formación laboral femenina, especialmente en tareas de dactilografía, taquigrafía y secretariado. De hecho, los estudios sobre sus publicidades muestran que la institución adaptaba sus mensajes según el público al que se dirigía: en algunos casos interpelaba a jóvenes varones que aspiraban a empleos administrativos de jerarquía; en otros, a mujeres que buscaban insertarse en el mundo de la oficina.
Vista desde hoy, esta publicidad es mucho más que un simple anuncio de cursos. Es una fotografía del deseo de progreso de una época. En la Mendoza de 1944, aprender a escribir a máquina, tomar dictado en taquigrafía, llevar libros contables o desempeñarse como secretario podía significar el ingreso a un mundo laboral nuevo: menos físico, más urbano, más moderno y asociado a la estabilidad de la oficina.
Por eso, este pequeño aviso resume una transformación social profunda. En pocas líneas, condensa la esperanza familiar de ascenso, el prestigio del empleo administrativo, la expansión de la educación práctica y la confianza en que un curso breve podía abrir la puerta a un futuro mejor. En tiempos en que la máquina de escribir era sinónimo de modernidad, Pitman prometía algo mucho más grande que aprender un oficio: prometía entrar al mundo del trabajo con herramientas para avanzar.
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La noche en que Mendoza fue a reírse: Pepe Ratti, “Mamá Liberata” y el viejo Teatro Municipal de 1944
La imagen adjunta corresponde a un antiguo aviso teatral publicado en abril de 1944 en la Ciudad de Mendoza. La pieza promociona en el Teatro Municipal el estreno de la comedia “Llegó Mamá Liberata”, presentada como “la más formidable pieza cómica del año” y anunciada con una promesa directa al público: una obra para reír “a mandíbula batiente”. El diseño del anuncio es típico de la gráfica teatral de mediados del siglo XX: grandes letras inclinadas, estrellas decorativas, recuadros llamativos, precio destacado y el retrato del actor como principal gancho de atracción. En el margen superior se informa que habría función familiar a las 18:30 y función de noche a las 22. También se anuncia para el día siguiente, domingo, una programación reforzada con tres funciones: matiné, familiar y noche. La entrada de platea para la sección familiar aparece marcada en $1,60, un detalle que permite imaginar el teatro como entretenimiento popular y accesible para distintos públicos. El nombre central del aviso es Pepe Ratti, presentado como garantía de éxito. Ratti fue una figura reconocida del teatro argentino: nació en Rosario en 1897, murió en Buenos Aires en 1957, fue hermano de César Ratti y desarrolló una carrera vinculada al teatro y al cine nacional. La base Cine Nacional lo registra como actor y consigna su participación en la película “La virgencita de madera” de 1937. El Instituto Nacional del Teatro también recuerda la importancia del dúo formado por César y José —Pepe— Ratti, una dupla popular dentro de la escena cómica argentina. La obra “Llegó Mamá Liberata” aparece mencionada en registros teatrales como una pieza de René Cossa y Pedro Aleandro, presentada por la Compañía Nacional de Pepe Ratti en circuitos teatrales del país. Su llegada a Mendoza muestra cómo las compañías porteñas y nacionales recorrían el interior con repertorios de fuerte atractivo popular: comedias, sainetes, piezas familiares y espectáculos pensados para convocar a grandes audiencias. El escenario elegido tampoco era menor. El antiguo Teatro Municipal de Mendoza fue uno de los grandes espacios culturales de la provincia. Investigaciones sobre la historia teatral mendocina señalan que Mendoza tuvo una intensa vida escénica y que, por su ubicación entre Buenos Aires y Chile, recibía compañías nacionales y extranjeras que incluían a la provincia en sus giras. Además, el Teatro Municipal fue conocido como el “Coliseo del Pueblo” y llegó a funcionar como un centro privilegiado tanto para representaciones teatrales como para proyecciones cinematográficas. Este aviso, entonces, no es solo una publicidad antigua. Es una pequeña ventana a la Mendoza de 1944: una ciudad que todavía encontraba en el teatro una experiencia colectiva, familiar y popular. En una época sin televisión y con la radio, el cine y el escenario como grandes formas de entretenimiento masivo, una comedia de Pepe Ratti prometía exactamente eso: llenar la sala, provocar carcajadas y convertir una noche común en una fiesta teatral. Décadas después, la imagen conserva el pulso de aquel mundo perdido: el viejo Teatro Municipal, las funciones de matiné, los precios impresos, la estética de los avisos de diario y el brillo de una cartelera que invitaba a los mendocinos a reunirse frente al escenario para reír juntos. #PepeRatti #LlegóMamáLiberata #TeatroMunicipalMendoza #Mendoza1944 #HistoriaDeMendoza #TeatroArgentino #TeatroPopular #ComediaArgentina #MendozaAntigua #CulturaMendocina #AvisosAntiguos #MendozAntigua #ArgentineTheatre #OldMendoza #VintageTheatre #TheatreHistory #HistoricMendoza #ArgentineCulture
20 de Mayo de 1820 - El Termómetro del Día: el primer periódico mendocino que nació en plena tormenta política
El 20 de mayo de 1820, en medio de los primeros sacudones de la llamada anarquía nacional, comenzó una etapa decisiva para la vida pública de Mendoza: ese día apareció El Termómetro del Día, considerado el primer periódico mendocino. Su nacimiento no fue un hecho menor. Ocurrió en un país todavía sin organización estable, después del derrumbe del poder central y en un tiempo marcado por guerras civiles, autonomías provinciales y profundos debates sobre el rumbo político de las antiguas Provincias Unidas. La Batalla de Cepeda, ocurrida el 1 de febrero de 1820, forma parte de ese clima de ruptura institucional y enfrentamiento interno. El periódico estuvo a cargo de don Juan Escalante, propietario, editor y redactor de aquella primera experiencia periodística local. Los Andes recuerda que en 1820 funcionaban en Mendoza distintas imprentas, entre ellas la del gobierno provincial, la de la Sociedad Lancasteriana y la Imprenta Escalante, vinculada precisamente con Juan Escalante, figura central de esos comienzos gráficos y periodísticos en la provincia. Desde su primer número, Escalante dejó clara una idea muy moderna para su tiempo: el periódico no debía ser solamente un espacio de largas disquisiciones intelectuales, sino una herramienta útil para informar al pueblo. En la portada, prácticamente anticipó una tensión que atravesaría toda la historia de la prensa: la diferencia entre los periódicos de opinión doctrinaria y los periódicos dedicados a comunicar noticias, decisiones oficiales y hechos concretos. Escalante sostenía que en los periódicos de su época se había escrito mucho y con gran erudición, pero no siempre con el lenguaje ni el interés que necesitaba el público común. Según su mirada, los artículos cargados de reflexiones interminables podían cansar a los lectores, porque la sociedad, acostumbrada a ver repetirse día a día las escenas del “teatro político”, buscaba algo más directo: conocer las resoluciones de los magistrados, la situación de los pueblos, el avance de la guerra, los progresos del sistema de independencia y los acontecimientos informativos de interés general. Por eso, El Termómetro del Día nació con una intención muy clara: acercarse al “genio del pueblo”, hablarle de manera más concreta y evitar adornos literarios innecesarios. Escalante incluso afirmaba, con modestia y cierta ironía, que no pretendía llenar sus páginas con flores retóricas que no brotaban del “estéril jardín” de su literatura. En otras palabras, quería hacer un periódico menos solemne, menos abstracto y más atento a las necesidades informativas de los mendocinos. La experiencia fue breve, pero dejó una huella fundacional. De acuerdo con trabajos presentados en la Biblioteca Nacional, El Termómetro del Día circuló entre el 20 de mayo y el 4 de julio de 1820, bajo la dirección de Juan Escalante, y luego fue continuado por La Gaceta de Mendoza, publicada desde el 8 de julio hasta el 9 de septiembre de ese mismo año. Otras investigaciones señalan que el periódico alcanzó a publicar siete números y un ejemplar extraordinario, antes de cerrar el 4 de julio de 1820. Ese dato confirma su corta duración, pero también su enorme valor histórico: fue la primera señal de una prensa mendocina que nacía al calor de la crisis política, cuando los periódicos empezaban a convertirse en tribunas de opinión, información y combate ideológico. En sus páginas también aparecieron las primeras poesías de Juan Gualberto Godoy, considerado el primer poeta mendocino. Godoy fue militar, político y escritor, y más tarde sería recordado como una figura relevante de la cultura cuyana y de los inicios de la literatura popular y gauchesca en la región. Argentina.gob.ar lo reconoce como militar, político y escritor argentino, además de diputado por San Juan en el Congreso de la Confederación Argentina en 1854. Así, El Termómetro del Día no fue solo el primer periódico de Mendoza. Fue una pequeña ventana abierta en medio del desorden nacional, una voz impresa que intentó ordenar la información, acercar la política al pueblo y registrar el pulso de una sociedad que empezaba a vivir la prensa como parte de su vida pública. Aunque duró apenas unas semanas, su aparición marcó el comienzo de una tradición periodística mendocina que, desde entonces, acompañaría los debates, las crisis, las ideas y las transformaciones de la provincia. #ElTermómetroDelDía #PeriodismoMendocino #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #JuanEscalante #JuanGualbertoGodoy #PrensaArgentina #AnarquíaDelAñoXX #HistoriaArgentina #Cuyo #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricPress #JournalismHistory #OldMendoza #CuyoHistory
YPF contra los gigantes del petróleo: la guerra de la nafta que cambió la Argentina
Entre 1918 y 1943, la historia del petróleo argentino no se jugó solamente en los pozos, sino también en las destilerías, los surtidores, los depósitos, los precios y la venta al público. Ese tramo del negocio —conocido como downstream, es decir, la refinación, distribución y comercialización de combustibles— fue el escenario de una disputa decisiva entre el Estado argentino, las empresas privadas y los grandes trust petroleros internacionales. La historia venía de antes. En 1906, el empresario austríaco Emilio Schiffner instaló en Campana, provincia de Buenos Aires, una pequeña refinería que trabajaba con materias primas importadas. Allí comenzó a tomar forma una actividad clave: la destilación del petróleo. De ese proceso no salía únicamente nafta, sino también otros derivados esenciales, como gasoil, kerosene, fuel oil, asfaltos y solventes. La nafta inicial, obtenida mediante un calentamiento moderado del crudo, era todavía un producto primario, cuya calidad dependía del tipo de hidrocarburo procesado. Más tarde, YPF la denominaría nafta industrial y la utilizaría como disolvente. En 1911, aquella planta de Campana pasó a manos de la West India Oil Company, conocida como WICO, subsidiaria de la Standard Oil de New Jersey. Con esa operación, la compañía se convirtió en la gran protagonista del mercado local. Según Petrotecnia, WICO amplió la refinería de Campana y hacia 1916 llegó a abastecer más del 90% del mercado argentino de derivados del petróleo, ya fuera con productos importados o elaborados en el país a partir de crudos extranjeros. Desde esa posición dominante, WICO podía influir sobre los precios minoristas de la nafta y el kerosene. En momentos de escasez, ese poder se volvía especialmente sensible: los valores subían, los usuarios protestaban y el combustible comenzaba a ser visto no solo como una mercancía, sino como un bien estratégico para la economía nacional. La respuesta estatal empezó a consolidarse con los yacimientos patagónicos. En 1913, en Comodoro Rivadavia, comenzó la destilación de productos argentinos para abastecer necesidades locales. En 1919, una planta de bandera nacional inició una actividad similar en Plaza Huincul, Neuquén. Eran instalaciones de escala reducida, pensadas para procesar crudos cerca de los yacimientos y cubrir consumos regionales. Pero el país necesitaba mucho más. El giro fundamental llegó con YPF. El 3 de junio de 1922, durante la presidencia del radical Hipólito Yrigoyen, se creó por decreto la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Poco después, ya bajo el gobierno de Marcelo T. de Alvear, el general e ingeniero Enrique Mosconi asumió la conducción de la empresa y convirtió al petróleo en una causa de soberanía económica. Argentina.gob.ar recuerda que bajo Mosconi comenzó a hablarse de “nacionalismo petrolero”, con YPF entendida como herramienta para garantizar la soberanía nacional. La gran apuesta de Mosconi fue integrar todas las etapas del negocio: extracción, refinación, transporte y venta. Esa estrategia se hizo visible el 23 de diciembre de 1925, cuando YPF inauguró la Destilería de La Plata, ubicada en Ensenada, cerca del principal centro consumidor del país. La planta marcó un antes y un después: permitió aumentar la producción de destilados livianos, especialmente naftas, y su capacidad superó a la de las demás refinerías argentinas sumadas. Para 1930, YPF distribuía sus productos mediante 12 plantas de almacenaje y 2.320 surtidores repartidos entre la Capital Federal y el resto del país. Entre 1906 y 1943, el mapa refinador argentino fue creciendo de manera acelerada. A la pionera planta de Campana se sumaron Comodoro Rivadavia, Plaza Huincul, La Plata, Campo Durán, Elordi, Dock Sud, Godoy Cruz, San Lorenzo y Luján de Cuyo. La refinería de Godoy Cruz, inaugurada en 1936, sería reemplazada hacia 1940/1941 por la de Luján de Cuyo, que llegó a convertirse en la segunda refinería más importante del país. Petrotecnia señala que Luján de Cuyo nació en 1940 y, tras ampliaciones posteriores, pasó a operar con crudos cuyanos y neuquinos. El otro gran actor privado fue Shell, que ingresó al país en la década de 1910 a través de la Anglo Mexican Petroleum Products Company. En sus comienzos importaba combustibles y abastecía, entre otros clientes, a ferrocarriles británicos, frigoríficos y compañías eléctricas. La propia Shell Argentina recuerda que en 1922 lanzó su primera marca de nafta, Energina, y que en 1923 inauguró el depósito de Casa Amarilla, en La Boca, conectado con vagones tanque desde Dock Sud. En 1931, Shell inauguró su refinería de Dock Sud, construida por Diadema Argentina S.A. La obra demandó alrededor de diez meses y una inversión millonaria; procesaba unas mil toneladas diarias de crudo y permitió lanzar al mercado combustibles elaborados localmente, cuando antes muchos subproductos eran importados. Mientras tanto, la Argentina cambiaba a toda velocidad. El automóvil dejaba de ser una rareza de élite y se convertía en símbolo de modernidad urbana. El crecimiento del parque automotor, la industrialización incipiente, los ferrocarriles, las usinas, las fábricas y los hogares multiplicaron la demanda de combustibles. Petrotecnia señala que hacia mediados de la década de 1920 el país importaba anualmente más de 360 millones de litros de nafta, 94 millones de litros de kerosene y 250.000 toneladas de fuel oil, en un contexto en el que el parque automotor rondaba las 179.800 unidades. La refinación también evolucionó. Los avances tecnológicos permitieron obtener gasolinas más puras, más estables y con mejores propiedades antidetonantes, necesarias para motores cada vez más exigentes. La relación fue directa: a medida que mejoraban los automóviles, también debía mejorar la calidad de la nafta. El consumo argentino de combustibles pasó de más de 5 millones de toneladas en 1922 a más de 10 millones hacia comienzos de la década de 1940, lo que muestra la enorme expansión del mercado. Esa transformación también llegó al surtidor. Los nuevos equipos permitían filtrar impurezas y mostrar al automovilista cuántos litros cargaba. En los años veinte comenzaron a aparecer surtidores importados, entre ellos los de la marca Wayne Pump Company, representados por Torcuato Di Tella. Luego, mediante acuerdos industriales, la empresa SIAM empezó a fabricar surtidores en el país. Desde 1927, por contrato con YPF, los surtidores SIAM se incorporaron a la red de venta de la empresa estatal. La tabla muestra algo revelador: WICO ya no era la única reina del mercado. Shell había logrado una red de surtidores incluso mayor, mientras YPF todavía ocupaba una posición minoritaria frente a las petroleras extranjeras. Sin embargo, el avance estatal empezaba a modificar las reglas de juego. El punto de quiebre llegó hacia 1929, cuando YPF dejó atrás el contrato de comercialización con la firma F. J. Auger y empezó a vender por cuenta propia sus productos refinados. Mosconi trazó entonces una estrategia doble: aumentar la capacidad de refinación y reducir el precio de la nafta. Como la crisis económica internacional dificultó nuevas grandes obras, concentró su ofensiva en el precio. En junio de 1929, YPF aplicó una primera rebaja de dos centavos por litro. La medida buscaba beneficiar al consumidor, disputar mercado y golpear el poder de los trust petroleros. Según El Historiador, una vez integrada en extracción, refinación y comercialización, YPF pudo enfrentar una verdadera “guerra de precios” y obligar a distribuidoras extranjeras como Standard Oil y Dutch-Shell a moderar sus pretensiones. El precio de la nafta variaba entonces entre 24 y 34 centavos por litro, según la región, por fletes e impuestos locales. Mosconi avanzó con nuevas rebajas hasta lograr un precio base unificado de 20 centavos por litro, aunque en la práctica persistieron diferencias provinciales por cargas fiscales. Aquella política hizo que Argentina tuviera durante varios años una de las naftas más baratas de América Latina. La disputa no era solamente comercial. Era política, económica e ideológica. Para las compañías privadas, el petróleo era un negocio. Para Mosconi y buena parte del radicalismo, era un recurso estratégico que debía servir al desarrollo nacional, abaratar los costos productivos y proteger al consumidor. El debate venía cargado de tensiones internacionales: investigaciones históricas recuerdan que, tras la Primera Guerra Mundial, la dependencia energética argentina del carbón importado hizo que el petróleo se volviera un tema central de soberanía, industria y poder estatal. Por eso, la historia del downstream entre 1918 y 1943 no habla solo de destilerías, surtidores y marcas comerciales. Habla de una Argentina que descubrió que el combustible movía mucho más que motores: movía trenes, fábricas, cosechas, ciudades, precios, soberanía y poder. En esa batalla entre YPF, WICO, Shell y otras compañías importadoras, se jugó una parte decisiva del siglo XX argentino: la pelea por decidir si el petróleo sería apenas una mercancía o una herramienta para construir autonomía nacional. #YPF #Mosconi #PetróleoArgentino #HistoriaArgentina #NacionalismoPetrolero #StandardOil #ShellArgentina #WICO #NaftaNacional #SoberaníaEnergética #Radicalismo #IndustriaArgentina #MendozAntigua #OilHistory #ArgentineOil #EnergySovereignty #FuelHistory #IndustrialHistory #LatinAmericaHistory (Fuente: https://bdigital.uncu.edu.ar/)
Cuando Montes de Oca era una barranca de carros, caballos y tranvías: la vieja Buenos Aires que desapareció
Esta antigua fotografía muestra la Barranca de Montes de Oca, en el barrio porteño de Barracas, transitada por chatas de carga, coches tirados por caballos y tranvías a sangre. La imagen aparece catalogada sin fecha precisa y fue difundida por Buenos Aires Historia con fuente en la colaboración de Rumbo Sur. La escena pertenece a una Buenos Aires anterior al dominio absoluto del automóvil. Sobre la calzada se mezclan distintos ritmos urbanos: las chatas, usadas para transportar mercaderías pesadas; los carruajes particulares o de alquiler; y los tranvías a caballo, que durante décadas fueron parte fundamental del transporte público porteño. La propia Legislatura de la Ciudad recuerda que el tranvía comenzó a funcionar en Buenos Aires como medio de tracción a sangre desde 1863 y que recién en 1897 llegaría el tranvía eléctrico. La avenida Montes de Oca fue una de las arterias históricas de Barracas. Antes de recibir ese nombre, era conocida como la Calle Larga de Barracas, un camino clave hacia el sur, vinculado al movimiento de carretas, tropas, quintas, pulperías y al tránsito hacia la zona del Riachuelo. Crónicas barriales recuerdan que por allí pasaban carretas y tropas, y que el sector tuvo fuerte presencia de quintas y familias tradicionales. Barracas, a su vez, debe su nombre a las antiguas construcciones precarias levantadas desde fines del siglo XVIII en la orilla izquierda del Riachuelo, utilizadas para guardar cueros y otros productos destinados al comercio y al embarque. Ese origen portuario, comercial y trabajador explica la intensa circulación que muestran imágenes como esta. nLa fotografía no solo registra una calle: captura una etapa de transición. Allí conviven la ciudad de los caballos, el transporte de carga, los primeros sistemas urbanos de movilidad y una avenida que todavía conservaba el aire de barranca, camino comercial y corredor barrial. Montes de Oca aparece como una postal viva de aquella Buenos Aires que crecía hacia el sur, entre quintas, adoquines, rieles, carros y el pulso cotidiano de Barracas. #Barracas #MontesDeOca #BuenosAiresAntigua #HistoriaPorteña #TranvíasACaballo #Chatas #CochesAntiguos #RumboSur #MemoriaUrbana #MendozAntigua #OldBuenosAires #HistoricBuenosAires #UrbanHistory #HorseTram #VintageTransport #ArgentinaHistory
1940 - El tren que desafió la cordillera: la estación del Trasandino donde los Andes se volvieron camino
Esta fotografía, tomada hacia 1940 por Einar Altschwager, muestra una estación del Ferrocarril Trasandino en plena Cordillera de los Andes. La imagen forma parte del registro patrimonial chileno y está catalogada por Memoria Chilena como “Estación del Ferrocarril Trasandino en la Cordillera de Los Andes, 1940”, perteneciente a la colección del Museo Histórico Nacional de Chile. La escena permite asomarse a una época en la que cruzar la cordillera en tren era una verdadera aventura de ingeniería y resistencia. Se observan vagones detenidos, pasajeros en movimiento, vías que se abren paso entre montañas nevadas y una estación ubicada en un paisaje extremo, donde el ferrocarril parecía desafiar la roca, la nieve, el viento y la altura. Algunas referencias patrimoniales identifican esta imagen con la Estación Juncal, situada a unos 2.250 metros sobre el nivel del mar, en el tramo chileno del Ferrocarril Trasandino. En publicaciones sobre la ciudad de Los Andes, la fotografía aparece mencionada como “Estación Juncal del Ferrocarril Trasandino en la cordillera de los Andes, ca. 1940”, también atribuida a Einar Altschwager y conservada en la colección del Museo Histórico Nacional. El Ferrocarril Trasandino fue una de las obras más ambiciosas de integración entre Chile y Argentina. Su objetivo era unir las redes ferroviarias de ambos países atravesando la Cordillera de los Andes, conectando Los Andes, en Chile, con Mendoza, en Argentina, y permitiendo enlazar los puertos de Valparaíso y Buenos Aires. Memoria Chilena recuerda que el proyecto fue impulsado por los hermanos Juan y Mateo Clark a comienzos de la década de 1870. La construcción fue una auténtica epopeya. Las obras comenzaron en 1887 del lado argentino y en 1889 del lado chileno, después de años de demoras por dificultades financieras, técnicas y políticas. El tendido debió enfrentar pendientes pronunciadas, quebradas, nieve, avalanchas, túneles, puentes y tramos de cremallera, en una de las geografías más exigentes de Sudamérica. Finalmente, el ferrocarril fue inaugurado en abril de 1910, en el contexto del Centenario de ambas repúblicas.Durante sus primeras décadas, el Trasandino fue mucho más que un medio de transporte: fue símbolo de modernidad, comercio, turismo, integración regional y audacia técnica. Memoria Chilena señala que, en sus primeros veinte años de operaciones, movilizó un promedio anual cercano a 100.000 pasajeros y unas 25.000 toneladas de carga, pese a las dificultades administrativas y climáticas. Sin embargo, la cordillera también imponía sus límites. El servicio sufrió interrupciones por temporales, aludes y problemas económicos. En 1934, un gran aluvión en el lado argentino destruyó varios kilómetros de vías y paralizó el ferrocarril durante una década; recién en 1944 se reinauguró el servicio. Más tarde, las tensiones diplomáticas por el conflicto del Beagle y nuevos daños en la infraestructura llevaron al cierre del transporte de pasajeros en 1979 y del servicio de carga en 1984. Desde entonces, el Trasandino permanece sin funcionamiento regular. Por eso, esta imagen de 1940 no es solo una postal ferroviaria. Es el retrato de una época en que el tren prometía unir océanos, países y montañas. En esa estación cordillerana, entre rieles, vagones y cumbres nevadas, quedó detenida una de las grandes utopías técnicas del Cono Sur: convertir los Andes, durante siglos frontera natural y desafío para arrieros y viajeros, en un corredor de hierro entre Chile y Argentina. #FerrocarrilTrasandino #TrenTrasandino #CordilleraDeLosAndes #EstaciónJuncal #LosAndesChile #Mendoza #Valparaíso #BuenosAires #EinarAltschwager #MemoriaChilena #MuseoHistóricoNacional #HistoriaFerroviaria #TrenesAntiguos #ChileArgentina #PatrimonioFerroviario #MendozAntigua #TransAndeanRailway #RailwayHistory #AndesMountains #ChileHistory #ArgentinaHistory #HistoricRailway #CulturalHeritage
4 de Mayo de 1813 - Saturnino Segurola: el cura que llevó la vacuna contra la viruela al pueblo de Buenos Aires
El 4 de mayo de 1813, en Buenos Aires, Saturnino Segurola fue designado al frente del sistema público de vacunación contra la viruela, una tarea destinada a administrar gratuitamente la vacuna a la población. En un tiempo en que las epidemias podían arrasar barrios enteros, aquella decisión fue mucho más que una medida sanitaria: representó uno de los primeros esfuerzos organizados de salud pública en el Río de la Plata. Segurola no era médico, sino sacerdote, pero su figura quedó profundamente ligada a la historia de la vacunación argentina. Había nacido en Buenos Aires en 1776, se formó en el Real Colegio de San Carlos y fue un hombre de enorme curiosidad intelectual: se interesó por la historia, la educación, los libros, las ciencias naturales y también por los avances médicos de su época. La vacuna contra la viruela era entonces una innovación reciente. El médico inglés Edward Jenner había demostrado en 1796 que la inoculación con material de viruela vacuna podía proteger contra la viruela humana, enfermedad temida por su alta mortalidad y por las marcas que dejaba en quienes sobrevivían. La Organización Mundial de la Salud recuerda que aquella fue la primera vacuna exitosa de la historia y que, gracias a campañas globales de vacunación, la viruela fue declarada erradicada en 1980. En Buenos Aires, los primeros impulsos vacunatorios se habían dado desde comienzos del siglo XIX. Durante la epidemia de 1804, Saturnino Segurola y el médico Cosme Argerich fueron recordados como promotores decisivos de la vacunación. En 1805, con apoyo del virrey Sobremonte, se inició una campaña más organizada para aplicar la vacuna contra la viruela de manera gratuita. La tarea no era sencilla. Muchas personas desconfiaban de la vacuna, temían sus efectos o no comprendían todavía su importancia. Por eso, Segurola debió actuar no solo como administrador, sino también como difusor, educador y convencido defensor de la inmunización. Su misión consistía en conservar el virus vacuno, promover su aplicación y convencer a la población de que vacunarse podía salvar vidas. En 1813, en plena etapa revolucionaria, su designación consolidó esa labor dentro de un marco institucional más amplio. Mientras las Provincias Unidas luchaban por organizarse políticamente y sostener la guerra de independencia, también comenzaban a construirse herramientas básicas de salud pública. La vacunación gratuita contra la viruela mostraba que el nuevo orden no solo debía formar ejércitos y gobiernos, sino también proteger la vida de sus habitantes. La importancia de Saturnino Segurola está justamente allí: fue uno de los primeros grandes promotores de la vacunación en Buenos Aires. En una época sin hospitales modernos, sin antibióticos y sin sistemas sanitarios desarrollados, entendió que la prevención podía cambiar el destino de una comunidad. Su nombre quedó asociado a una idea poderosa y todavía vigente: la salud pública también se construye con ciencia, organización, confianza social y compromiso colectivo. Aquel nombramiento de 1813 recuerda a un hombre que, desde la fe y la cultura ilustrada, ayudó a abrir el camino de la vacunación en la Argentina. #SaturninoSegurola #Vacunación #Viruela #HistoriaArgentina #BuenosAiresAntigua #SaludPública #VacunaContraLaViruela #CosmeArgerich #EdwardJenner #MedicinaArgentina #HistoriaDeLaMedicina #RevoluciónDeMayo #Efemérides #MendozAntigua #VaccinationHistory #SmallpoxVaccine #PublicHealth #ArgentineHistory #MedicalHistory #HistoricalMemory
4 de Mayo de 1936 - nace, Pepe Vilanova: el maestro sanjuanino que convirtió la cerámica en memoria, monumento y arte público
El 4 de mayo de 1936 nació en Santa Lucía, San Juan, José “Pepe” Vilanova, ceramista, escultor, docente y una de las figuras fundamentales de las artes visuales sanjuaninas del siglo XX. Su obra quedó profundamente ligada a la materia: barro, cerámica, madera, hierro, bronce, vidrio y otros materiales que transformó en formas cargadas de identidad, memoria y fuerza expresiva. Diversas biografías lo registran como nacido en Santa Lucía y fallecido en la ciudad de San Juan el 2 de agosto de 2016. Desde joven mostró una inclinación clara hacia el trabajo manual y artístico. En 1957 egresó como Técnico Constructor de la Escuela Industrial “Domingo Faustino Sarmiento” y luego cursó parte de la carrera de Arquitectura en la Universidad Nacional de Cuyo, entre 1961 y 1964. También tomó cursos libres de pintura en el espacio cultural Refugio, con Eduardo Lenzano y Jane Volpiansky, y estudió cerámica con el ingeniero Ernest Kizner, disciplina que se convertiría en el centro de su lenguaje artístico. A mediados de la década de 1960, junto a los artistas Federico Blanco, Luis Suárez Jofré y Justo Barboza, fue uno de los fundadores del Instituto Superior de Artes —ISA—, creado en 1965 como parte de la Universidad Provincial Domingo Faustino Sarmiento. Con la creación de la Universidad Nacional de San Juan, en 1973, el ISA pasó a integrarse a esa casa de estudios, y Vilanova continuó su tarea como profesor de Cerámica en el Departamento de Artes Visuales de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes. Su labor docente fue tan importante como su producción artística. Durante más de cuarenta años formó nuevas generaciones de artistas, transmitiendo no solo técnicas, sino también una forma de comprender el oficio: investigar, experimentar, construir herramientas propias y dialogar con los materiales hasta encontrarles una voz. Fue recordado como un trabajador incansable, inventor de procedimientos, máquinas y soluciones para su taller y para el de otros creadores. A lo largo de su carrera realizó más de treinta exposiciones individuales y dejó una producción abundante que incluye esculturas, murales, piezas cerámicas, afiches, escenografías y obras de carácter monumental. En San Juan, su presencia artística puede apreciarse en espacios públicos y religiosos, como el “Homenaje a los primeros jesuitas de Argentina”, el “Monumento a Rivadavia” y el “Vía Crucis” de la capilla de la Universidad Católica de Cuyo, entre muchas otras obras. Su producción también trascendió los límites provinciales y llegó a otras regiones argentinas. Pepe Vilanova fue mucho más que un ceramista: fue un constructor de símbolos. Su arte unió tradición artesanal, búsqueda contemporánea y vocación pública. En sus piezas aparece una San Juan profunda, hecha de tierra, memoria, espiritualidad, oficio y paisaje. Cada obra parece recordar que la cerámica no es solo una técnica antigua, sino una forma de convertir el fuego, el barro y la mano humana en permanencia. Murió en San Juan el 2 de agosto de 2016, a los 80 años, dejando un legado enorme en la cultura provincial. Su nombre sigue asociado a la enseñanza artística, a la escultura pública y a una manera de crear desde el interior argentino con identidad propia. Pepe Vilanova no solo modeló barro: modeló una parte esencial de la memoria visual de San Juan. #PepeVilanova #JoséVilanova #SanJuan #SantaLucía #ArteSanjuanino #CerámicaArgentina #EsculturaArgentina #InstitutoSuperiorDeArtes #UNSJ #ArtesVisuales #CulturaDeSanJuan #MonumentoARivadavia #ArtePúblico #MendozAntigua #ArgentineArt #CeramicArt #SculptureArt #SanJuanHistory #VisualArts #CulturalHeritage
4 de Mayo de 1933, nace Andrés “Polaco” Krisak: el bandoneón rebelde que eligió Mendoza antes que la fama
El 4 de mayo de 1933 nació en San Francisco, Córdoba, Andrés “Polaco” Krisak, bandoneonista, compositor y una de las figuras más sensibles y originales del tango cuyano. Aunque había llegado al mundo en Córdoba, su destino artístico y afectivo quedó unido para siempre a Mendoza, provincia donde formó familia, tocó, compuso, trabajó y dejó una huella profunda en la memoria musical. Su acercamiento al bandoneón comenzó muy temprano. Los Andes recuerda que, durante su infancia, por los traslados familiares vinculados al trabajo ferroviario de su padre, Krisak tuvo contacto con maestros de distintas provincias y empezó a vincularse con el instrumento cuando tenía apenas 8 o 9 años. Antes de cumplir los quince, ingresó a la orquesta típica de Tito Martín, donde el pianista Osvaldo Tarantino lo bautizó “Polaco” por su aspecto. En aquellos años, el país todavía vivía una fuerte cultura radial: muchas emisoras tenían auditorios donde el público asistía a escuchar números musicales en vivo. Krisak recorrió buena parte de la Argentina en giras, hasta que en una de ellas llegó a Mendoza. Allí conoció a María Teresa Giménez, quien sería su esposa, y decidió quedarse definitivamente. Según Los Andes, por amor renunció al éxito que podía esperarle en Buenos Aires y se radicó en la provincia. En Mendoza integró varias formaciones, entre ellas las orquestas de los Hermanos Giunta, Juancito Olmedo y Rubén Ortega. En 1959 creó el cuarteto “Lo Que Vendrá”, junto a Cacho Morales, el “Negro” Domínguez y Héctor Villarreal. Hasta 1961 formó parte de la orquesta estable de LV 10 Radio de Cuyo, pero ese año los músicos fueron despedidos, golpe que marcó profundamente su carrera. La falta de trabajo estable lo obligó a alejarse del bandoneón durante veinticinco años. Para mantener a su familia, debió dedicarse a otras actividades: fue vendedor, fletero e inspector municipal. Años después confesó que dejó de tocar porque no podía vivir de la música sin condenar a su esposa e hijos a pasar necesidades. Su regreso llegó de la mano de Tito Francia, guitarrista fundamental de la música mendocina. Juntos formaron un dúo inolvidable, de enorme sensibilidad, donde el bandoneón de Krisak y la guitarra de Francia dialogaban con una intensidad única. Ese reencuentro artístico dejó registros muy valiosos y permitió redescubrir a un músico que parecía haber quedado injustamente escondido. Más tarde fue músico de la Orquesta Municipal de Mendoza, continuó como solista y participó en agrupaciones como el Quinteto Tan Gotan. Su talento recibió un reconocimiento mayor en 1987, cuando obtuvo el Premio Aníbal Troilo, que lo consagró como mejor bandoneonista. El jurado estuvo integrado por nombres enormes del tango: Horacio Salgán, Carlos García, Leopoldo Federico y Roberto De Filippo. Como compositor dejó piezas como “Año triste”, “Polaqueando”, “Decadencia” y otras obras que reflejan su universo musical: melancólico, intenso, profundamente tanguero y al mismo tiempo marcado por una sensibilidad mendocina. Los Andes lo definió como uno de los bandoneonistas más destacados del país y recordó que su dúo con Tito Francia se extendió durante décadas. Andrés “Polaco” Krisak murió en Mendoza el 16 de abril de 1995, aunque algunas referencias musicales consignan el 17 de abril. Su historia resume el destino de muchos artistas enormes del interior argentino: talento inmenso, reconocimiento tardío, dificultades económicas y una fidelidad absoluta a su tierra. Krisak pudo haber buscado fama en las grandes capitales, pero eligió Mendoza. Y allí, entre radios, orquestas, silencios, regresos y tangos hondos, convirtió su bandoneón en una voz inolvidable. #AndrésKrisak #PolacoKrisak #Bandoneón #TangoMendocino #TangoArgentino #TitoFrancia #LV10RadioDeCuyo #LoQueVendrá #PremioAníbalTroilo #MúsicaDeMendoza #HistoriaDeMendoza #CulturaMendocina #QuintetoTanGotan #MendozAntigua #ArgentineTango #Bandoneon #TangoHistory #MendozaMusic #ArgentineMusic #CulturalHeritage
4 de Mayo de 1931 - La sirena que desafió la censura: cuando Los Andes hizo sonar a Mendoza por la República española (Imagen Ilustrativa)
El 4 de mayo de 1931, en Mendoza, quedó registrado un episodio curioso y revelador del clima político de la época: pese a la disposición del gobierno de facto de José María Rosa (h), que prohibía a los diarios utilizar la sirena como recurso informativo, el diario Los Andes explicó que había hecho sonar sus toques para anunciar un acontecimiento internacional de enorme impacto: la caída de la monarquía española de Alfonso XIII y la proclamación de la Segunda República Española. La efeméride cuyana conserva este hecho como “Prohibiciones en Mendoza”. El contexto local era delicado. Tras el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930, encabezado por José Félix Uriburu, Mendoza quedó bajo una intervención federal de facto. Estudios sobre el lencinismo señalan que esa intervención fue encabezada por el nacionalista José María Rosa (hijo) y se extendió hasta febrero de 1932, en un período marcado por restricciones políticas y control sobre la participación pública. En ese escenario, la sirena de un diario no era un detalle menor. Antes de la inmediatez de la radio masiva, la televisión o internet, los periódicos usaban recursos sonoros para alertar a la población sobre noticias excepcionales. Un toque de sirena podía anunciar guerras, cambios de gobierno, muertes de figuras relevantes o acontecimientos que conmovían al mundo. Por eso, prohibir su uso significaba también intentar controlar la forma en que la noticia irrumpía en la calle. La noticia que motivó a Los Andes venía de España. El 14 de abril de 1931, tras el triunfo republicano en las elecciones municipales en las principales ciudades, se proclamó la Segunda República Española y el rey Alfonso XIII abandonó el país sin abdicar formalmente. La Real Academia de la Historia registra a Alfonso XIII como rey de España hasta ese momento de quiebre, mientras que las síntesis históricas sobre la Segunda República la ubican como el régimen democrático iniciado el 14 de abril de 1931, en reemplazo de la monarquía. Para Mendoza, como para muchas ciudades argentinas con fuerte presencia española e italiana, aquella noticia tenía una carga emocional y política especial. No era solo un cambio de régimen en Europa: era el derrumbe de una monarquía histórica y el nacimiento de una experiencia republicana que despertaba simpatías, debates, esperanzas y temores en todo el mundo hispanoamericano. Así, aquel episodio de mayo de 1931 revela mucho más que una infracción administrativa. Muestra a una Mendoza atravesada por censuras, controles y tensiones políticas, pero también por una prensa que buscaba marcar el pulso de la actualidad. La sirena de Los Andes, sonando pese a la prohibición, fue una pequeña escena de desobediencia periodística: una señal sonora que conectó a la ciudad con una noticia mundial y recordó que, incluso bajo gobiernos de facto, la información siempre encuentra caminos para hacerse oír. #LosAndes #Mendoza1931 #HistoriaDeMendoza #PrensaMendocina #JoséMaríaRosaHijo #GobiernoDeFacto #AlfonsoXIII #SegundaRepúblicaEspañola #RepúblicaEspañola #PeriodismoArgentino #Censura #MendozaAntigua #MendozAntigua #SpanishRepublic #AlfonsoXIII #PressHistory #MendozaHistory #ArgentineHistory #JournalismHistory #HistoricalMemory
4 de Mayo de 1929 - La Púa: el semanario rebelde de San Rafael que salió “cuando se le daba la gana” y pinchó la vida cultural mendocina (Imagen Ilustrativa)
El 4 de mayo de 1929 comenzó a circular en San Rafael, Mendoza, una publicación tan breve como singular: La Púa, un semanario que se presentaba con una definición cargada de ironía: “satírico, inofensivo e impersonal”. Desde su propia declaración de identidad, dejaba claro que no pretendía ser un periódico solemne ni previsible, sino una hoja mordaz, libre y juguetona dentro del ambiente cultural sanrafaelino. Su frase de presentación era toda una declaración de estilo: decía ser el “único semanario que tiene la virtud de salir cuando se le da la gana”, y prometía que “La Púa rayará todos los discos de la vida”. Esa metáfora musical resumía su espíritu: intervenir, incomodar con humor, pinchar la rutina, dejar marca en los temas cotidianos y mirar la realidad desde el costado satírico. La publicación estuvo dirigida por el poeta Rafael Mauleón Castillo, una figura importante de la cultura mendocina. Mauleón Castillo, nacido en 1902 y fallecido en 1969, fue poeta, editor y promotor cultural; años después fundaría Brigadas Líricas, un sello que desde San Rafael proyectó poesía hacia distintos lugares de América y Europa. El Gobierno de Mendoza lo recuerda como un actor clave en la difusión literaria provincial, y Los Andes destaca su papel como escritor “puente” y promotor de iniciativas culturales en San Rafael. Aunque La Púa tuvo una existencia muy corta, alcanzó a reunir colaboraciones de nombres destacados de la literatura argentina y cuyana, entre ellos Alfredo Bufano, Fausto Burgos, Pedro Corvetto y Arturo Capdevila. La referencia aparece consignada en efemérides culturales cuyanas, que citan como fuente la obra El Periodismo en Mendoza, de Jorge Oviedo. Su aparición debe ubicarse en una etapa de gran movimiento cultural en el sur mendocino. San Rafael no era solo un oasis productivo ligado a la vitivinicultura, el comercio y el crecimiento urbano; también comenzaba a consolidarse como un espacio de escritores, docentes, periodistas, artistas y editores. En ese clima, una publicación como La Púa funcionaba como pequeña tribuna de humor, crítica y literatura. Más que un simple semanario local, La Púa fue una chispa cultural. Su nombre, su tono y su manera de presentarse revelan una Mendoza inquieta, capaz de reírse de sí misma, desafiar la solemnidad periodística y abrir lugar a la creación literaria. Fue breve, sí, pero dejó una señal clara: en San Rafael también había una voz dispuesta a pinchar la superficie de la vida cotidiana con sátira, poesía y libertad. #LaPúa #SanRafael #Mendoza #RafaelMauleónCastillo #AlfredoBufano #FaustoBurgos #PedroCorvetto #ArturoCapdevila #PeriodismoMendocino #PrensaMendocina #LiteraturaMendocina #CulturaDeMendoza #SanRafaelAntiguo #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentineLiterature #HistoricPress #SatiricalPress #CulturalHeritage #LiteraryHistory
domingo, 3 de mayo de 2026
4 de Mayo de 1926, nace Pascual Pérez: el León Mendocino que salió de Tupungato, ganó el oro olímpico y conquistó el mundo
El 4 de mayo de 1926 nació en Tupungato, Mendoza, Pascual Nicolás Pérez Alonso, conocido para siempre como Pascual Pérez o “El León Mendocino”. Fue uno de los boxeadores más extraordinarios de la historia argentina: campeón olímpico, campeón mundial peso mosca y símbolo de una época en la que el boxeo popular podía convertir a un muchacho humilde del interior en héroe nacional. Su vínculo con el ring comenzó siendo muy joven. A los 16 años se inició en el boxeo en el Deportivo Rodeo de la Cruz, en Mendoza. Con una estatura baja para el promedio —BoxRec lo registra con 1,50 m—, compensaba cada desventaja física con velocidad, precisión, potencia y una agresividad técnica que lo volvió temible en la categoría mosca. Entre 1946 y 1947 fue campeón mendocino, argentino y latinoamericano, y luego ganó el torneo selectivo para integrar la representación olímpica argentina. Su gran consagración amateur llegó en los Juegos Olímpicos de Londres 1948, donde obtuvo la medalla de oro en peso mosca, una de las grandes conquistas del deporte argentino. Olympics lo registra oficialmente como ganador del oro en la categoría 51 kg / flyweight masculino. Aquel triunfo olímpico fue apenas el comienzo. En 1952 pasó al profesionalismo y construyó una carrera impresionante: 92 combates, con 84 victorias, 7 derrotas, 1 empate y 57 triunfos por nocaut. Esa marca lo ubica dentro de un grupo selecto de boxeadores capaces de superar los 50 nocauts, algo poco común en las divisiones livianas. El momento cumbre llegó el 26 de noviembre de 1954, cuando venció al japonés Yoshio Shirai y se convirtió en campeón mundial peso mosca. Con esa victoria hizo historia: fue el primer boxeador argentino en obtener una corona mundial y, además, el único argentino que logró reunir dos conquistas mayores: oro olímpico y título mundial profesional. Su reinado se extendió hasta 1960, con nueve defensas exitosas del cinturón. Pascual Pérez no fue solo un campeón: fue un peleador de clase mundial. Defendió su título dentro y fuera del país, enfrentó rivales en distintos escenarios internacionales y llevó el nombre de Mendoza y de la Argentina a lo más alto del boxeo. Su estilo ofensivo, su pegada desproporcionada para el peso mosca y su valentía lo colocaron entre los grandes nombres de la división. La memoria deportiva lo ubica junto a figuras históricas como Miguel Canto y Jimmy Wilde, y en la Argentina suele aparecer junto a Carlos Monzón entre los máximos boxeadores nacionales. En total, obtuvo 18 títulos a lo largo de su trayectoria. En 1995 fue incorporado al Salón Internacional de la Fama del Boxeo, reconocimiento reservado a los nombres mayores de la historia mundial del ring. Años después, en 2004, la Confederación Sudamericana de Boxeo lo declaró de oficio campeón sudamericano, una reparación simbólica para quien ya era leyenda. Pero su final fue doloroso. Después de la gloria, los aplausos y las noches grandes, Pascual Pérez terminó sus días con dificultades económicas y problemas de salud. Murió en Buenos Aires el 22 de enero de 1977, a los 50 años. Su historia combina grandeza deportiva y abandono social: la de un campeón inmenso que le dio a la Argentina oro olímpico, título mundial y orgullo popular, pero que no siempre recibió en vida el reconocimiento que merecía. Pascual Pérez fue mucho más que un boxeador. Fue el muchacho de Tupungato que peleó contra gigantes, el mosca que pegaba como pesado, el mendocino que hizo sonar el himno argentino en Londres y el campeón que abrió el camino mundial para el boxeo nacional. Su nombre sigue brillando como una leyenda: pequeño de cuerpo, enorme en la historia. #PascualPérez #LeónMendocino #Tupungato #Mendoza #BoxeoArgentino #PesoMosca #CampeónOlímpico #Londres1948 #CampeónMundial #HistoriaDelBoxeo #DeporteArgentino #RodeoDeLaCruz #BoxeoMendocino #MendozAntigua #ArgentineBoxing #OlympicChampion #FlyweightChampion #BoxingHistory #MendozaHistory #SportsLegend










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