El domingo 1 de agosto de 2004, cerca del mediodía, cientos de familias recorrían los pasillos, realizaban sus compras o almorzaban en el patio de comidas del supermercado Ycuá Bolaños Botánico, situado en el barrio Trinidad de Asunción. Nadie imaginaba que, en cuestión de minutos, aquel moderno edificio se transformaría en el escenario de la mayor tragedia ocurrida en Paraguay en tiempos de paz. El fuego comenzó en la chimenea de la parrilla. Los peritajes determinaron que un tramo curvo del conducto se encontraba obstruido por grasa, carbonilla, cenizas y residuos acumulados durante la cocción. El intenso calor encendió esos materiales y las llamas se extendieron por el espacio existente entre el cielorraso y la cubierta, alcanzando elementos aislantes y combustibles. Cuando parte de la estructura cedió, una oleada de fuego, humo tóxico y temperaturas extremas cayó sobre el salón de ventas. El desastre no fue únicamente consecuencia de las llamas. Las graves deficiencias constructivas, la falta de mantenimiento, la ausencia de medidas adecuadas de protección y las dificultades para evacuar convirtieron el edificio en una gigantesca trampa. Un peritaje incorporado al juicio estableció que tres puertas permanecían cerradas, aunque otras estaban abiertas; los procesos judiciales posteriores consideraron que el cierre y la obstrucción de accesos agravaron decisivamente el resultado. Entre cuerpos de bomberos, policías, médicos, vecinos y ciudadanos anónimos se desplegó una desesperada operación de rescate mientras hospitales, ambulancias y servicios de emergencia quedaban desbordados. El saldo estremeció al continente: cerca de 400 personas perdieron la vida, centenares sufrieron quemaduras, intoxicaciones y lesiones permanentes, y varias continuaron registradas como desaparecidas. Detrás de las cifras quedaron familias enteras destruidas, niños sin padres, padres sin hijos y sobrevivientes obligados a convivir para siempre con las heridas físicas y emocionales de aquella mañana. La búsqueda de justicia fue larga, conflictiva y dolorosa. El primer juicio terminó en diciembre de 2006 entre sillas arrojadas, enfrentamientos y protestas callejeras cuando dos jueces se inclinaron por considerar las muertes como homicidios culposos. Más de setenta magistrados llegaron a excusarse de intervenir en una causa que puso a prueba a todo el sistema judicial paraguayo. En un nuevo proceso, la Justicia condenó por homicidio con dolo eventual a Juan Pío Paiva, propietario de la empresa, a doce años de prisión; a su hijo Víctor Daniel Paiva, a diez; y al guardia Daniel Areco, a cinco. El directivo Humberto Casaccia recibió una pena de dos años y seis meses. El constructor Bernardo Ismachowiez también fue condenado a dos años por haber incumplido las reglas técnicas de cuidado y haber puesto en riesgo la vida de quienes ingresaban al edificio. Hoy, parte del antiguo supermercado se conserva como el Sitio de Memoria y Centro Cultural 1A Ycuá Bolaños. Allí permanecen vestigios del edificio, fotografías, objetos aportados por los familiares y estructuras levantadas para recordar a quienes nunca regresaron a sus hogares. Ycuá Bolaños dejó de ser solamente el nombre de una tragedia: se convirtió en una advertencia permanente sobre el precio de la negligencia, la irresponsabilidad empresarial, la falta de controles y el desprecio por la seguridad humana. Porque aquel 1 de agosto no ardió únicamente un supermercado. Ardieron familias, proyectos y futuros. Pero entre sus ruinas también nació una lucha colectiva por la verdad, la memoria y una justicia que Paraguay continúa reclamando: ni olvido, ni indiferencia, ni puertas cerradas frente a la vida. #YcuaBolaños #Paraguay #Asuncion #1DeAgosto #Memoria #NuncaMas #HistoriaDelParaguay #Justicia #Tragedia #SeguridadContraIncendios #YcuaBolanos #ParaguayHistory #AsuncionParaguay #NeverForget #HistoricalMemory #FireSafety #RememberTheVictims #LatinAmericanHistory
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sábado, 1 de agosto de 2020
1 DE AGOSTO DE 2004: YCUÁ BOLAÑOS SE CONVIRTIÓ EN UNA TRAMPA MORTAL — LA HERIDA QUE PARAGUAY JAMÁS PUDO CERRAR
El domingo 1 de agosto de 2004, cerca del mediodía, cientos de familias recorrían los pasillos, realizaban sus compras o almorzaban en el patio de comidas del supermercado Ycuá Bolaños Botánico, situado en el barrio Trinidad de Asunción. Nadie imaginaba que, en cuestión de minutos, aquel moderno edificio se transformaría en el escenario de la mayor tragedia ocurrida en Paraguay en tiempos de paz. El fuego comenzó en la chimenea de la parrilla. Los peritajes determinaron que un tramo curvo del conducto se encontraba obstruido por grasa, carbonilla, cenizas y residuos acumulados durante la cocción. El intenso calor encendió esos materiales y las llamas se extendieron por el espacio existente entre el cielorraso y la cubierta, alcanzando elementos aislantes y combustibles. Cuando parte de la estructura cedió, una oleada de fuego, humo tóxico y temperaturas extremas cayó sobre el salón de ventas. El desastre no fue únicamente consecuencia de las llamas. Las graves deficiencias constructivas, la falta de mantenimiento, la ausencia de medidas adecuadas de protección y las dificultades para evacuar convirtieron el edificio en una gigantesca trampa. Un peritaje incorporado al juicio estableció que tres puertas permanecían cerradas, aunque otras estaban abiertas; los procesos judiciales posteriores consideraron que el cierre y la obstrucción de accesos agravaron decisivamente el resultado. Entre cuerpos de bomberos, policías, médicos, vecinos y ciudadanos anónimos se desplegó una desesperada operación de rescate mientras hospitales, ambulancias y servicios de emergencia quedaban desbordados. El saldo estremeció al continente: cerca de 400 personas perdieron la vida, centenares sufrieron quemaduras, intoxicaciones y lesiones permanentes, y varias continuaron registradas como desaparecidas. Detrás de las cifras quedaron familias enteras destruidas, niños sin padres, padres sin hijos y sobrevivientes obligados a convivir para siempre con las heridas físicas y emocionales de aquella mañana. La búsqueda de justicia fue larga, conflictiva y dolorosa. El primer juicio terminó en diciembre de 2006 entre sillas arrojadas, enfrentamientos y protestas callejeras cuando dos jueces se inclinaron por considerar las muertes como homicidios culposos. Más de setenta magistrados llegaron a excusarse de intervenir en una causa que puso a prueba a todo el sistema judicial paraguayo. En un nuevo proceso, la Justicia condenó por homicidio con dolo eventual a Juan Pío Paiva, propietario de la empresa, a doce años de prisión; a su hijo Víctor Daniel Paiva, a diez; y al guardia Daniel Areco, a cinco. El directivo Humberto Casaccia recibió una pena de dos años y seis meses. El constructor Bernardo Ismachowiez también fue condenado a dos años por haber incumplido las reglas técnicas de cuidado y haber puesto en riesgo la vida de quienes ingresaban al edificio. Hoy, parte del antiguo supermercado se conserva como el Sitio de Memoria y Centro Cultural 1A Ycuá Bolaños. Allí permanecen vestigios del edificio, fotografías, objetos aportados por los familiares y estructuras levantadas para recordar a quienes nunca regresaron a sus hogares. Ycuá Bolaños dejó de ser solamente el nombre de una tragedia: se convirtió en una advertencia permanente sobre el precio de la negligencia, la irresponsabilidad empresarial, la falta de controles y el desprecio por la seguridad humana. Porque aquel 1 de agosto no ardió únicamente un supermercado. Ardieron familias, proyectos y futuros. Pero entre sus ruinas también nació una lucha colectiva por la verdad, la memoria y una justicia que Paraguay continúa reclamando: ni olvido, ni indiferencia, ni puertas cerradas frente a la vida. #YcuaBolaños #Paraguay #Asuncion #1DeAgosto #Memoria #NuncaMas #HistoriaDelParaguay #Justicia #Tragedia #SeguridadContraIncendios #YcuaBolanos #ParaguayHistory #AsuncionParaguay #NeverForget #HistoricalMemory #FireSafety #RememberTheVictims #LatinAmericanHistory
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