domingo, 2 de agosto de 2020

2 DE AGOSTO DE 1816: LA PATRIA ACABABA DE NACER Y YA LE ROBABAN SUS SECRETOS — EL MISTERIO DEL ACTA QUE ARGENTINA NUNCA RECUPERÓ


El 2 de agosto de 1816, apenas veinticuatro días después de que el Congreso de Tucumán declarara la Independencia de las Provincias Unidas en Sud América, un asalto ocurrido en los caminos de Córdoba abrió uno de los enigmas más inquietantes de la historia argentina: la desaparición de documentos fundamentales del Congreso y su posible relación con el destino del Acta original firmada el 9 de julio. La nueva nación todavía no tenía fronteras consolidadas, Constitución ni una autoridad reconocida por todas las provincias, y las rivalidades entre Buenos Aires, Córdoba y el movimiento federal de José Gervasio Artigas amenazaban con fracturarla antes de que pudiera organizarse. La delicada misión había sido confiada a Cayetano Grimau y Gálvez, un joven oficial porteño de apenas 21 años y ayudante mayor del Regimiento Nº 8. Debía recorrer a caballo el largo trayecto entre Tucumán y Buenos Aires para entregar al director supremo Juan Martín de Pueyrredón un paquete de correspondencia oficial y documentación confidencial. A pesar de la importancia de la carga, Grimau emprendió el viaje sin una verdadera escolta y pobremente armado: algunas reconstrucciones señalan que solo llevaba un sable roto. Al llegar a Córdoba, el gobernador José Javier Díaz —cercano al artiguismo y enfrentado políticamente con el poder porteño— le proporcionó un acompañante que tampoco portaba armas. Durante el camino se sumaron tres jinetes encabezados por José García, conocido como “el Inglés”, un hombre vinculado a las fuerzas de Artigas. Afirmaron que también transportaban correspondencia y propusieron continuar juntos. Grimau sospechó, pero aislado en territorios inseguros tenía pocas alternativas. En la mañana del 2 de agosto, cerca de la posta cordobesa de Cabeza de Tigre, el grupo se cruzó con una galera en la que viajaba el sacerdote Miguel Calixto del Corro, diputado de Córdoba ante el Congreso de Tucumán, acompañado por seis hombres armados con espadas y pistolas. Paradójicamente, el diputado llevaba mucha más protección que los papeles reservados de la Independencia. Mientras García y Del Corro conversaban apartados, Grimau descendió del caballo y se alejó unos metros para atender una necesidad fisiológica. Entonces fue sorprendido por la espalda: un hombre le apoyó un arma de fuego y otro lo amenazó con un facón. Le exigieron que entregara todos los pliegos destinados a Buenos Aires. Nadie de la numerosa comitiva intervino. Los asaltantes se llevaron la documentación y desaparecieron por los caminos cordobeses, mientras el acompañante de Grimau regresaba a la ciudad alegando que, sin papeles que custodiar, su misión había terminado. El joven oficial continuó hasta Buenos Aires, denunció lo ocurrido y quedó sometido a una investigación, aunque finalmente fue considerado inocente. Las sospechas alcanzaron al gobernador Díaz y al diputado Del Corro, pero nunca pudo demostrarse judicialmente su participación. Aquí comienza el gran misterio. Durante décadas se afirmó que Grimau llevaba el Acta original de la Independencia; sin embargo, los especialistas no coinciden. Una interpretación sostiene que el documento firmado por los congresales permanecía asentado en el libro de sesiones públicas y que lo robado fue una copia o correspondencia secreta. Otra teoría considera posible que el manuscrito haya llegado posteriormente a Buenos Aires y se perdiera entre archivos oficiales, préstamos particulares o incluso en el taller del litógrafo suizo César Hipólito Bacle, quien habría necesitado contemplar las firmas originales para reproducirlas. Ninguna hipótesis pudo probarse definitivamente. En 1916, durante los preparativos del Centenario, el gobierno de Victorino de la Plaza ordenó buscar el documento sin obtener resultados. Medio siglo después, el 4 de mayo de 1966, los salesianos del Colegio Pío IX entregaron al presidente Arturo Illia ocho legajos con aproximadamente tres mil fojas pertenecientes al Congreso de Tucumán. Allí aparecieron numerosos documentos históricos que habían pasado por manos particulares, pero no el manuscrito autógrafo del Acta. El Archivo General de la Nación conserva ejemplares y documentos de época en castellano, quechua y aimara, testimonios de la decisión de difundir la Independencia entre las poblaciones andinas, aunque el destino de la pieza firmada continúa envuelto en incertidumbre. Mendoza también estaba escrita en aquellos papeles: Tomás Godoy Cruz y Juan Agustín Maza fueron los dos representantes mendocinos que firmaron la declaración del 9 de julio. Por eso, aquel asalto no fue solamente el robo de una correspondencia. Fue una imagen brutal de la nación que intentaba nacer: libre frente a España, pero dividida por rivalidades internas, caminos inseguros y proyectos políticos enfrentados. Más de dos siglos después, los papeles robados nunca regresaron y el Acta original permanece como uno de los mayores tesoros perdidos de la historia argentina. #IndependenciaArgentina #ActaDeLaIndependencia #CongresoDeTucumán #HistoriaArgentina #Efemérides #UnDíaComoHoy #CayetanoGrimau #CabezaDeTigre #MisteriosDeLaHistoria #JoséGervasioArtigas #MiguelCalixtoDelCorro #TomásGodoyCruz #JuanAgustínMaza #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #ArgentineIndependence #ArgentinaHistory #DeclarationOfIndependence #HistoricalMystery #LostDocuments #CongressOfTucuman #LatinAmericanHistory #OnThisDay #HistoricalArchives


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