Cada 26 de julio se conmemora el Día Internacional de Conservación del Ecosistema de Manglares, establecido por la Conferencia General de la UNESCO en 2015 para crear conciencia sobre un ambiente tan extraordinario como vulnerable. Los manglares existen en la frontera donde la tierra, los ríos y el océano se encuentran: allí soportan mareas, salinidad, suelos con poco oxígeno y condiciones que resultarían mortales para la mayoría de los árboles. No son simples bosques costeros; son auténticas fortalezas naturales que protegen comunidades, sostienen la biodiversidad y ayudan a combatir el cambio climático. La fecha también conserva la memoria de una lucha ambiental nacida mucho antes de su reconocimiento oficial. El 26 de julio de 1998, comunidades y organizaciones ecologistas participaron en Muisne, Ecuador, de una acción para recuperar una zona de manglar ocupada por un estanque camaronero ilegal. Durante aquella movilización murió de un ataque cardíaco el activista micronesio de Greenpeace Hayhow Daniel Nanoto. Desde entonces, movimientos defensores de los manglares comenzaron a recordar esa jornada como un día internacional de acción, resistencia y defensa de las poblaciones costeras. Aunque se encuentran en más de 120 países y territorios tropicales y subtropicales, los manglares representan menos del 1 % de todos los bosques tropicales del mundo. La evaluación más reciente de la FAO calculó que en 2020 ocupaban aproximadamente 14,8 millones de hectáreas. Indonesia, Brasil, Nigeria, México y Australia concentran en conjunto cerca del 47 % de la superficie mundial, pero estos ecosistemas también se extienden por amplias regiones de América Latina, el Caribe, África, Asia y Oceanía. Sus raíces entrelazadas forman una barrera capaz de reducir la energía de las olas, contener la erosión y disminuir los daños causados por tormentas, inundaciones y marejadas. La UNESCO señala que una franja de manglar de 500 metros puede reducir la altura de las olas entre un 50 y un 99 %, una capacidad decisiva para comunidades expuestas a huracanes, tsunamis y al aumento del nivel del mar. Al mismo tiempo, sus raíces retienen sedimentos y contaminantes, contribuyendo a mejorar la calidad del agua que llega a estuarios, praderas marinas y arrecifes de coral. También son una gigantesca maternidad natural. Peces, moluscos y crustáceos encuentran entre sus raíces refugio durante las primeras etapas de su vida; aves migratorias, reptiles, mamíferos e innumerables organismos dependen de ellos para alimentarse, reproducirse o descansar. Por eso, cuando desaparece un manglar, no se pierde solamente un conjunto de árboles: se debilitan la pesca artesanal, la seguridad alimentaria, las economías locales y la supervivencia de comunidades enteras. Bajo el agua y el barro esconden otro poder extraordinario. Los manglares se encuentran entre los ecosistemas con mayor densidad de carbono del planeta y pueden almacenar, en promedio, alrededor de 1.000 toneladas de carbono por hectárea entre su vegetación y sus suelos. Mientras permanecen sanos, ayudan a retirar carbono de la atmósfera; cuando son talados, drenados o degradados, parte de ese carbono acumulado durante siglos puede regresar al ambiente. Sin embargo, su supervivencia continúa amenazada por la expansión urbana, la agricultura, las infraestructuras costeras, la contaminación, la tala y determinadas formas de acuicultura. Entre 2000 y 2020 se perdieron alrededor de 677.000 hectáreas de manglares, aunque la FAO registró una desaceleración de la pérdida durante la segunda década. La restauración y la expansión natural permitieron recuperar nuevas superficies, demostrando que estos bosques pueden volver cuando se protegen las mareas, el suelo y las condiciones necesarias para su regeneración. Defender los manglares no significa solamente proteger paisajes exóticos. Significa conservar alimento, empleo, biodiversidad, agua limpia y una defensa natural para millones de personas. Allí donde sus raíces se aferran al barro, el mar pierde fuerza, la vida encuentra refugio y el carbono queda atrapado bajo la tierra. El 26 de julio nos recuerda que, mientras el mundo construye muros de cemento contra el avance del océano, la naturaleza ya había creado una muralla más poderosa, viva y silenciosa. Salvar los manglares es proteger la costa, el clima y el futuro de quienes todavía no han nacido. #DíaDeLosManglares #Manglares #EcosistemaManglar #ConservaciónAmbiental #Naturaleza #Biodiversidad #CambioClimático #Océanos #BosquesAzules #CarbonoAzul #ProtecciónCostera #MedioAmbiente #PlanetaTierra #WorldMangroveDay #MangroveConservation #SaveTheMangroves #BlueCarbon #ClimateAction #OceanConservation #CoastalProtection #Biodiversity #ProtectNature
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miércoles, 24 de julio de 2024
26 DE JULIO: LOS BOSQUES QUE DETIENEN AL MAR — MANGlARES, LA MURALLA VIVA QUE PROTEGE EL FUTURO DEL PLANETA
Cada 26 de julio se conmemora el Día Internacional de Conservación del Ecosistema de Manglares, establecido por la Conferencia General de la UNESCO en 2015 para crear conciencia sobre un ambiente tan extraordinario como vulnerable. Los manglares existen en la frontera donde la tierra, los ríos y el océano se encuentran: allí soportan mareas, salinidad, suelos con poco oxígeno y condiciones que resultarían mortales para la mayoría de los árboles. No son simples bosques costeros; son auténticas fortalezas naturales que protegen comunidades, sostienen la biodiversidad y ayudan a combatir el cambio climático. La fecha también conserva la memoria de una lucha ambiental nacida mucho antes de su reconocimiento oficial. El 26 de julio de 1998, comunidades y organizaciones ecologistas participaron en Muisne, Ecuador, de una acción para recuperar una zona de manglar ocupada por un estanque camaronero ilegal. Durante aquella movilización murió de un ataque cardíaco el activista micronesio de Greenpeace Hayhow Daniel Nanoto. Desde entonces, movimientos defensores de los manglares comenzaron a recordar esa jornada como un día internacional de acción, resistencia y defensa de las poblaciones costeras. Aunque se encuentran en más de 120 países y territorios tropicales y subtropicales, los manglares representan menos del 1 % de todos los bosques tropicales del mundo. La evaluación más reciente de la FAO calculó que en 2020 ocupaban aproximadamente 14,8 millones de hectáreas. Indonesia, Brasil, Nigeria, México y Australia concentran en conjunto cerca del 47 % de la superficie mundial, pero estos ecosistemas también se extienden por amplias regiones de América Latina, el Caribe, África, Asia y Oceanía. Sus raíces entrelazadas forman una barrera capaz de reducir la energía de las olas, contener la erosión y disminuir los daños causados por tormentas, inundaciones y marejadas. La UNESCO señala que una franja de manglar de 500 metros puede reducir la altura de las olas entre un 50 y un 99 %, una capacidad decisiva para comunidades expuestas a huracanes, tsunamis y al aumento del nivel del mar. Al mismo tiempo, sus raíces retienen sedimentos y contaminantes, contribuyendo a mejorar la calidad del agua que llega a estuarios, praderas marinas y arrecifes de coral. También son una gigantesca maternidad natural. Peces, moluscos y crustáceos encuentran entre sus raíces refugio durante las primeras etapas de su vida; aves migratorias, reptiles, mamíferos e innumerables organismos dependen de ellos para alimentarse, reproducirse o descansar. Por eso, cuando desaparece un manglar, no se pierde solamente un conjunto de árboles: se debilitan la pesca artesanal, la seguridad alimentaria, las economías locales y la supervivencia de comunidades enteras. Bajo el agua y el barro esconden otro poder extraordinario. Los manglares se encuentran entre los ecosistemas con mayor densidad de carbono del planeta y pueden almacenar, en promedio, alrededor de 1.000 toneladas de carbono por hectárea entre su vegetación y sus suelos. Mientras permanecen sanos, ayudan a retirar carbono de la atmósfera; cuando son talados, drenados o degradados, parte de ese carbono acumulado durante siglos puede regresar al ambiente. Sin embargo, su supervivencia continúa amenazada por la expansión urbana, la agricultura, las infraestructuras costeras, la contaminación, la tala y determinadas formas de acuicultura. Entre 2000 y 2020 se perdieron alrededor de 677.000 hectáreas de manglares, aunque la FAO registró una desaceleración de la pérdida durante la segunda década. La restauración y la expansión natural permitieron recuperar nuevas superficies, demostrando que estos bosques pueden volver cuando se protegen las mareas, el suelo y las condiciones necesarias para su regeneración. Defender los manglares no significa solamente proteger paisajes exóticos. Significa conservar alimento, empleo, biodiversidad, agua limpia y una defensa natural para millones de personas. Allí donde sus raíces se aferran al barro, el mar pierde fuerza, la vida encuentra refugio y el carbono queda atrapado bajo la tierra. El 26 de julio nos recuerda que, mientras el mundo construye muros de cemento contra el avance del océano, la naturaleza ya había creado una muralla más poderosa, viva y silenciosa. Salvar los manglares es proteger la costa, el clima y el futuro de quienes todavía no han nacido. #DíaDeLosManglares #Manglares #EcosistemaManglar #ConservaciónAmbiental #Naturaleza #Biodiversidad #CambioClimático #Océanos #BosquesAzules #CarbonoAzul #ProtecciónCostera #MedioAmbiente #PlanetaTierra #WorldMangroveDay #MangroveConservation #SaveTheMangroves #BlueCarbon #ClimateAction #OceanConservation #CoastalProtection #Biodiversity #ProtectNature
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